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Full text of "Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana .."

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in  2017  with  funding  from 

University  of  Illinois  Urbana-Champaign  Alternates 


https://archive.org/details/enciclopediauniv10unse 


ENCICLOPEDIA  UNIVERSAL  ILUSTRADA 


EUROPEO-AMERICANA 


ENCICLOPEDIA 

VN1VEKSAL  [I  VSTl'  ADA 

EVKOPEO-AMEFUCANA 


ETIMOLOGÍAS 

Sánscrito,  Hebreo,  Griego,  Latín,  Árabe,  lenguas  indígenas  americanas,  etc. 
VERSIONES  DE  LA  MAYORÍA  DE  LAS  VOCES  EN 

Francés,  Italiano,  Inglés,  Alemán,  Portugués,  Catalán 
Esperanto 


TOMO  X 


BARCELONA 

José  Espasa  é  Hijos,  Editores 

579 -CALLE  DE  LAS  CORTES -579 


Es  PROPIEDAD  DE  LOS  EDITORES 


PAUTA  PAPA  LA  COLOCACIÓN  DE  LAS  LÁMINAS 


Páginas 


Páginas 


La  C  Á  TRAVÉS  DE  LOS  SIGLOS  .... 

Caballería,  I . 

Caballería,  II . 

Caballo,  I,  II  y  III . ) 

Número  de  cabezas  de  ganado  caballar^ 
EN  LAS  PROVINCIAS  DE  ESPAÑA  (Mapa)  ./ 

Caballo  (Estudio) . 

Caballo  (Arte) . 

Cabezas  de  clavo  . 

Mapa  Mundi  con  los  cables  telegráficos 

submarinos . 

Ciudad  del  Cabo  (Plano) . 

Colonia  del  Cabo  y  demás  países  del  Sur) 

de  Africa  (Mapa) . I 

Colonia  del  Cabo  (Mapas  geológico  y  mi-Á 

ñero) . . / 

Mapa  de  las  islas  de  Cabo  Verde. 

Cabra,  I  y  II . 

Mapa  de  la  isla  de  Cabrera  .... 
Cacatúa  (P  lis  solo phus  Leadleateri)  . 
Cáceres  (Mapa  de  la  provincia)  .  .  .) 

Cáceres  (Plano  de  la  capital).  .  .  .) 

Cactáceas . 


6 

32 

40 

64 


72 

80 

120 

144 

172 


176 

184 

192 

204 

245 

248 

264 


Cachemira,  I  y  II  (vistas) . 

Cádiz  (Mapa  de  la  provincia)  .  .  .  .} 

Cádiz,  I  y  II  (vistas) . ) 

Cádiz  (Plano  de  la  capital)  .... 

Bahía  de  Cádiz  (Mapa) . 

Producción  de  Café  y  Cacao  (Mapa). 
Cairo-El  (Plano  de  la  ciudad).  .  .  A 

Cairo-El  (Alrededores) . ) 

Cairo  (El),  I,  II  y  III  (vistas).  .  .  .) 

Cairo  (El),  IV . ) 

Departamento  de  Cajamarca  .... 
Calcuta  (Plano  de  la  capital).  .  .  .1 

Calcuta  (vistas) . ) 

Cáliz . 

Calvario,  I  y  II . 

Callao  (Plano  de  i.a  ciudad)  .... 
Mapa  de  la  provincia  de  Camagüey  (antes 

Puerto-Príncipe) . 

Camaleón  de  Fischer  (Camaleo  Fischeri)  . 

Camarones  (Mapa) . 

Camerón  (D.  Y.) . . 

Las  Bodas  de  Caná . 

Mapas  del  Canadá . 


272 

320 

328 

336 

384 

456 

464 

488 

616 

816 

936 

992 

1036 

1040 

1080 

1146 

1342 

1352 


270549 


ABREVIATURAS 


a.  dej.  C. 
adj.  .  .  . 
adj.  ant.  .  .  . 


adv.  afirm.  . 
adv.  ant.  .  .  . 
adv.  c. 
adv.  1. 
adv.  m. 
adv.  neg.  .  .  . 
adv.  t. 

Aerost.. 
af.  .  .  . 


Antol.  .  . 
Apic .  .  . 


arm . 

armór . 

Arquit.  .  .  . 
Arquit.  hidr. 
Arguit.  mil.. 
Arquit.  nav. . 
Arqueol.  .  . 
Art.  cul.  .  . 
Art.  dec.  .  . 
Artill.  .  .  . 
Art.  mil.  .  . 
Art.  ó  arts.  . 
Art.  y  Of.  . 
Astrol.  .  .  . 
Astro n.  .  .  . 

aum . 

Aut . 

Avia . . 

Avie . . 

ayunt . 


verbo  activo. 

Bact . 

Bacteriología. 

Conquil.  .  .  .  . 

ablativo. 

bail . 

bailiato. 

Constr . 

absoluto. 

Balist . 

Balist  ida. 

cóntrac . 

Acústica. 

Ball . 

Ballestería. 

Coreog . 

acusativo.  t 

B.  art . 

Bellas  Artes. 

corrup . 

antes  de  Jesucristo 

berb.  . 

berberisco.  • 

'Cosmogr.  .  .  . 

adjetivo. 

b.  gr . 

bajo  griego. 

Cosmol.  .  .  .  . 

i»  anticuado. 

Bibl.  .  ...  . 

Biblia.  *  * 

’Criln. 

A  dministr ación . 

Bibliogr.  .  .  , 

.  Bibliografía. 

Crist . 

adverbio. 

Biog . 

Biografía. 

Cronol’. 

»  afirmativo. 

Biol.  . 

Biología. 

Danz . 

»  anticuado. 

Blas . 

Blasón. 

Dactilog.  .  .  . 

»  dg  cantidad. 

b.  lat . 

bajo  latín. 

Dactilol.  .  . 

»  de  lugar. 

Bot . 

Botánica. 

dat . 

>  de  modo. 

bret.  .  *  .  .  . 

bretón. 

de . 

»  negativo . 

borg . 

borgoñón. 

dec . 

»  de  tiempo. 

burl.  . 

burlesco. 

•deol. 

Aerostación. 

c . 

ciudad. 

def. . 

'afijo. 

C.  a . 

Casa  ayuntamiento. 

•defect. '  .  .  .  / 

afluente. 

C.  A . 

Centro  América. 

defin. . 

aforismo. 

cabeza. 

Agricultura. 

Cabest . 

Cabestrería. 

Dep . 

Agrimensura . 

Cale . 

Calcografía. 

dep . 

Agronomía. 

1  cald.  .  .  .  .  . 

caldeo. 

dep.  mar.  .  .  . 

anteiglesia. 

Caligr . 

Caligrafía. 

depon . 

alemán. 

Canal.,  .  .  .  . 

Canalización.. 

Der, . 

Albañileria. 

Cant . 

Cantería. 

deriv . 

Algebra. 

cant.  .  .  .  . 

cantón. 

Dermat.  .  .  . 

alemán  moderno. 

cant.  an.  .  .  . 

cantón  antiguo. 

despect . 

Alpinismo. 

cap.  ..:... 

capital. 

desús.  .... 

Alquimia. 

capit, . 

capitanía. 

Dial . 

altitud. 

Carp. . 

Carpintería. 

dial . 

ambiguo. 

Carr . 

Carreteras. 

Dib . 

americanismo. 

carr . 

carretera  * 

Análisis. 

carr.  gen.  .  .  . 

»  general. 

Did.  .... 

Análisis  matemático. 

Carro c . 

Carrocería. 

dim . 

Anatomía. 

cart . 

cartería. 

Dinám.  .  .  .  . 

anglo-sajón. 

Cartog . 

Cartografía. 

dióc.  . 

anticuado. 

caá. . 

caserío. 

Dióp. . 

antiguo  alemán. 

catal . 

catalán. 

Dipl.  . 

antiguo*  francés. 

Catóp. . 

Catóptrica. 

dist . 

antigüedad. 

célt . 

céltico. 

dogm . 

dór . 

Antología. 

’  celtíb.  .  .  .  . 

celtíbero. 

Apicultura. 

Cer.  ...... 

Cerería. 

dram.  ...... 

Aplicado  á  personas. 

Cerám . 

Cerámica. 

Der.  can.  .  .  . 

árabe. 

Cerraj.  .  ..  ..  „ 

E 

Arbor  icultura. 

Cetr.  .  .  .  .  . 

Cetrería. 

Eban . 

arcaico . 

Cieñe,  ecl.  .  . 

Ciencias  eclesiásticas . 

Econ . 

Arciprestazgo. 

Cicl.  . 

Ciclismo. 

Econ.  dojn.  .  . 

archipiélago. 

Cineg . 

Cinegética. 

Econ.  pol.  .  . 

Aritmética. 

Cir . 

Cirugía. 

Econ.  rur.  .  . 

Armería. 

circ.  terr.  .  .  . 

círculo  territorial. 

edif.  . 

armenio. 

cit . 

citado,  da. 

Elect . 

armórico. 

Arquitectura. 

cm . 

colect . 

centímetro, 
colectivo,  va. 

elíp . 

E.  M. . 

»  hidráulica. 

com . 

común  de  dos. 

Rnc  . 

*  militar. 

Comer.  .... 

Comercio. 

ENE . 

•  naval. 

comp . 

compuesto,  ta. 

ENO . 

Arqueología. 

compar.  .  _ _ _ 

comparativo. 

Entom . 

Arte  culinario. 

conc . 

concejo. 

Epigr . 

Artes  decorativas. 

cond . 

condicional. 

epist . 

Artillería. 

Conf. . 

Confitería. 

confluencia. 

epí  t 

Arte  militar. 

confl . 

Equit . 

artículos. 

conj . 

conjunción. 

Erpet . 

Artes  y  Oficios. 

conj.  advers.  . 

»  adversativa. 

^scand . 

Astrologia. 

conj.  comp. 

»  comparativa 

Esc  en . 

Astronomía. 

conj.  cond.  .  . 

»  condicional. 

escol . 

aumentativo. 

conj.  copulat.  . 

»  copulativa. 

esc.  púb.  .  .  . 
Escul . 

Autom  ovilismo . 

conj.  distrib.  . 

»  distributiva. 

Aviación. 

conj.  disyunt.  . 

»  disyuntiva. 

Esgr . 

Avicultura. 

conj.  ilat.  .  .  . 

>  ilativa. 

Espel. . 

ayuntamiento.  | 

conjug . 

conjugación. 

Estad.  .... 

Criminalogía. 


Dactilografía . 
Dactilología. 


decorativo,  a. 

declináción. 

definición. 


Deportes. 


Dermatología . 
despectivo,  va. 
desusado,  da. 


dogmático. 


Derecho  canónico. 
Este. 


Economía  doméstica. 
»  política. 

»  rural. 

edificio  ó  casa. 


Epigrafía. 


Equitación. 

Erpetologia. 

escandinavo. 


Estát.  .....  Estática. 

Esten . Estenografíe.,  . 

Estét . Estética. 

ESE . Eátesureste. 

ESO.  .....  Estesuroeste. 

esp .  español. 

Est . Estado. 

est . estación. 

Etim . Etimología. 

etióp.  ......  etiópico. 

Etn . Etnología. 

Etnogr . Etnografía. 

exclam . exclamación. 

Expl.  .....  Explosivos. 
explet.  ....  expletivo,  va. 
explic.  ....  explicación. 

expr . .  expresión. 

expr.  adv.,  ...  >  adverbial, 

expr.  elíp.  .  .  >  elíptica, 

expr.  prov.  .  .  >  proverbial. 

ext . extensión. 

f.  . ,  substantivo  femenino. 

fáb.,  fab.  .  .  .  fábrica,  fabricación, 

fam.  .  .  .  .  .  .  familiar. 

Farm . Farmacia. 

F.  c . Ferrocarriles. 

f.  c.  ......  ferrocarril. 

felig.  ......  feligresía. 

fen.  ......  fenicio. 

fest . festivo. 

fig.  •  •  ,  .  figurado,  da. 

Filat.  ....  Filatelia. 

Filol . Filología. 

Filos.  .....  Filosofía. 
finí.  ......  finlandés. 

Fis . Física. 

Fistol . Fisiología. 

flam . flamenco. 

fol . .  folio. 

for . forense. 

form.  ......  formado,  da. 

Fort.  .....  Fortificación. 

Fotog .  Fotografía. 

fr . frase. 

fr.  proverb.  ,  .  frase  proverbial, 

franc.  .....  francés. 

Fren.  .....  Frenología. 

Frenop . Frenopatía. 

Fund. . Fundición. 

fund . fundador. 

fut . futuro. 

Galv.  .....  Galvanismo . 


Galvano. 

Gen . . 

gén . 

Genealog.  .  . 

gener . 

genit  .  .  .  .  , 

Geod. . 

Geog . 

Geog.  ant.  .  . 
Geog.  hist.  .  . 
Geog.  7 


Galvanoplastia. 

Génesis. 


genero. 

Genealogía. 
general, 
genitivo. 

Geodesia. 

Geografía. 

»  antigua. 

»  histórica. 

»  militar. 

Geogn . Geognosia. 

Geol. .  Geología. 

Geom .  Geometría. 

Germ . Germania. 

germ . germanesco. 

gerund . gerundio. 

Gimn .  Gimnasia. 

Ginec . Ginecología. 

Glíp . Glíptica. 

Gnom . Gnomónica. 

gob . gobierno. 

gót . gótico. 

lr-  . griego. 

Grao .  Grabado. 

Graf. . Grafologia. 

Gram . Gramática. 

gr.  mod.  .  .  .  griego  moderno. 

Guarn . Guarnicionería. 

babit . habitante. 

tac . hacienda. 

Hac.  púb.  ...  »  pública. 


Hagiog.  .  . 

hebr.  .  .  . 

Heráld.  .  . 

Hidr.  .  .  . 

Hidrog.  .  . 

Hidrom.  .  . 

Hidrost.  .  . 

ABREVIATURAS 

Hig .  Higiene. 

hiperb . hiperbólico. 

Hip . Hípica. 

Histol.  ....  Histología. 

Hist . . Historia. 

Hist.  ant.  ....  »  antigua . 

Hist.  ecl .  ■  »  eclesiástica. 

Hist.  gr.  ...  »  griega. 

Hist.  legis.  .  .  »  Legislativa. 

Hist.  nat .  »  natural. 

Hist.  or.  ...  “  oriental. 

Hist.  reí.  ...  »  religiosa. 

Hist.  rom.  .  .  »  romana. 

Hist.  sagr.  .  .  »  sagrada. 

hol.  .  .  ...  holandés. 

Hort . .  Horticultura. 

I . iglesia.  ,  ,  .  . 

I.  c.  .  .  .  .  .  .  iglesia  y  casa.  . 
Iconog.  ....  Iconograjia. 

Ictiol . Ictiología. 

id . .  .  .  ídem.  .  . 

imp .  impersonal. 

imper . .  imperativo. 

imperf..  ....  imperfecto. 

Impr.  .....  Ii7tprenta. 

incóg .  desconocido. 

indef.  .....  indefinido. 

Indum . Indumentaria. 

Ind . Industria. 

indef .  indefinido. 

indet.  .  .  .  .  .  indeterminado., 

indio. . indicativo. 

inf.  ......  infinitivo. 

Ingen . Ingeniería. 

ingl . .  inglés. 

insep . .  inseparable. 

int.  ......  intensivo,  va.  „ 

interj . .  interjección. 

interr . interrogativo. 

intrans.  ....  intransitivo.  .  , 

inus .  inusitado. 

inv . invariable. 

irón.  ......  irónico,  ca. 

irl . .  irlandés. 

irreg . irregular. 

itera . iterativo. 

Jard . Jardinería. 

J.  C . Jesucristo. 

Jin . Jineta. 

joc . jocoso. 

jón . jónico. 

Joy .  Joyería. 

jud . judicial. 

jurisd . jurisdicción. 

Jurisp .  Jurisprudencia. 

juz . juzgado. 

kg . kilogramos. 

kms .  kilómetros. 

kms.2  .....  »  cuadrados. 

1 . lugar. 

land . landgraviato. 

lat . latín. 

lat . latitud  ( Geog.). 

lat.  mod.  .  .  .  latín  moderno. 

Legis  l.  ....  Legislación. 

lib . libro. 

Ling . Lingüistica. 

Lit . Literatura. 

lit . literalmente. 

Litog . Litografía. 

Liturg .  Liturgia. 

loe.  ...*..  locución. 

Lóg . Lógica. 

long .  longitud. 

lot .  lotería, 

lug.  .  . 


M.  ó  m. 


lugar, 
substantivo  masculino 
murió  ó  muerto. 


m.  adv . modo  adverbial. 

Magn . Magnetismo . 

Malacol .  Malacología. 

Maquin.  .  .  .  Maquinaria. 
Manuf.  ....  Manu  acturas. 

Mar . Marina. 

Masón . Masonería. 

Mat . Matemáticas. 

Mat.  méd.  .  .  .  Materia  médica. 
m.  conjun.  .  .  modo  conjuntivo. 

Mecán . Alee  única. 

Mecanog.  .  .  .  Mecanografía. 
Mee.  rae.  .  .  .  Mecánica  racional. 


Med . 

mejic.  .  .  . 
Met .•  .... 

metáf.  .... 

Metal.  .  .  , 
metapl.  .  , 

metát.  ... 
Meteor.  /  .  . 
Métr.  .... 

Metrol.  .  .<  . 
AHI.  ...... 

Mil.  ant.  .  . 
Alin.  ..... 

Alineral.-  .  . 
Mist.  .... 

Mit . 

Mit.  afr,  .  . 
Mit.  initer.  . 
Mit.  esc.  .  .  . 
Alit.  ind.  .  . 
Mit.  or.  .  .  . 
Mit.  per s.  :  . 
Mit.  teut.  .  .. 

mod . 

mod.  adv.  .  . 
Mont.  .  .  .  . 
Mor :  .... 

ms.  adVS.  .  . 
Mus. ..... 

m.  y  f.  .  .  . 

N.  ó  n.  ... 
Nat.  .... 

nat . . 

Náut.  .... 

Nav . 

N.  B.  .  .  .  . 
NE.  ..... 

neg . 

negat.  .... 

neol . . 

neumát.  .  .  . 
neut.  .  .  .  . 
NNE.  .... 
NNO.  .  .  .  . 

NO . 

nominat.  .  . 

norm . 

not . 

n.  patr.  .  .  . 
N.  Recop.  . 
Núm.  ó  núms. 
Numis.  .  .  . 

O . 

obis . 

Obr.  púb.  .  . 

obs . . 

Obst . 

Occid . 


.  Medicina. 

.  mejicano. 

.  Metafísica. 

.  metáfora. 

.  Metalurgia. 

.  metaplasmo. 

.  metátesis. 

.  Aleteorologia. 

.  Métrica. 

,  Metrología. 

.  Milicia. 

s>  ■  antigua. 

.  Minería. 

.  Alineralogia. 

.  Alistica. 

Mitología. 

.  »  africana. 

.  »  americana. 

.  »  escandinava. 

.  »  india.- 

»  07tental. 

.  »  persa. 

»  teutónica. 

.  milímetro-.  ■ 

•.  moderno. 

.  modo  adverbial. 

.  Alonteria. 

.  Moral. 

.  modos  adverbiales. 

.  Música. 

.  masculino  y  femenino. 
.  nació  ó  nacido,  norte. 
.  Natación. 

.  natural.  - 
.  Náutica. 

Navegación. 

.  Nota  Bene. 

.  Nordeste. 

.  negación. 

.  negativo,  va. 

.  neologismo. 

.  neumático. 

.  neutro. 

.  Nornordeste. 

.  Nornoroeste. 

.  Noroeste. 

.  nominativo. 

.  normando. 

.  notaría. 

.  nombre  patronímico. 
Nueva  Recopilación. 
Número,  números. 
Nu7nis7!tática. 

Geste. 

obispado. 

Obras  públicas. 
observación. 
Obstetricia. 
Occidental. 


Ocean.  .  . 

.  .  0cea7iografia. 

Odón.  .  .  . 

Oft . 

ONE.  .  .  . 

ONO.  .  .  . 

Opt . 

or . 

Orat.  .  .  . 

ord . 

Organ .  .  . 

Orfeb.  .  .  . 

Ornit.  .  . 

.  .  Ornitología. 

Orog.  .  .  . 

Ortogr.  .  . 

OSE. 

OSO. 


p.  pr. 


Pag . 

Paleog.  .  .  . 
Paleon.  .  .  . 
p.  anal.  .  .  . 
Panop.  .  .  . 

parr . 

Part . 

part . 

part.  comp.  . 
part.  conjunt. 


Oestesureste. 

Oestesuroeste. 

participio. 

>  activo. 

»  de  futuro. 

»  pasivo. 

»  presente, 

poco  usado, 
página. 

Paleografía. 
Paleo7itologia . 
por  analogía. 
Pa7ioplia. 
parroquia. 

Partida,  Partidas, 
partícula. 

»  comparativa. 
»  conjuntiva. 


ABREVIATURAS 


part.  disy.  .  .  , 

.  partícula  disyuntiva. 

part.  insjp.  . 

»  inseparable. 

part.  jud.  .  . 

.  partido  judicial. 

Past . 

.  Pastelería. 

Pat . 

.  Patología. 

Pedag.  .  .  . 

.  Pedagogía. 

Pelet . 

.  Peletería. 

Perf.  .  .  .  . 

.  Perfumería. 

perf.  .  .  .  . 

.  perfecto. 

períf.  .  .  .  . 

.  perífrasis. 

perm . 

.  permanente. 

pers . 

.  personal. 

Persp.  .  .  . 

.  Perspectiva. 

Petrog.  .  .  . 

.  Petrografía. 

p.  ex . 

.  por  extensión. 

Pint.  .... 

.  Pintura. 

Piscic . 

.  Piscicultura. 

Pirot . 

.  Pirotecnia. 

P-  j . 

.  partido  judicial. 

pl . 

.  plural. 

Plat . 

.  Platería. 

pobl . . 

.  población. 

Poét.  .  .  .  . 

.  Poética. 

poét . 

.  poético. 

pol . . 

,  polaco. 

Polit . 

.  Política. 

pop . 

.  popular. 

por  antonom. 

.  por  antonomasia. 

por  excel.  .  .  , 

.  por  excelencia. 

porext.  .  .  . 

.  por  extensión. 

port . 

.  portugués. 

pos. . 

.  posesivo. 

Pr-, . 

.  provincia. 

práct . 

.  práctica. 

pral . 

.  principal. 

pref.  .... 

.  prefijo. 

Prehist.  .  .  . 

.  Prehistoria. 

prep.  .... 

.  preposición. 

prep. insep. 

.  »  inseparable. 

pres . 

.  presente. 

pret  .... 

.  pretérito. 

prim . 

.  primitivo. 

princip.  .  .  . 

.  principado. 

priv . 

.  privativo. 

proced.  .  .  . 

.  procedimiento. 

prod . 

.  producción, producto. 

pron . 

.  pronombre. 

Prop . 

.  proposición,  propio. 

Pros . 

.  Prosodia. 

prov . 

.  Provincial  de. . . 

provenz.  .  . 

.  provenzal. 

pro ver b.  .  . 

.  proverbio. 

Psicol.  .  .  . 

.  Psicología. 

púb. .... 

.  público,  ca. 

Quim .  Química. 

Radiog . Radiografía. 

R.  D . Real  Decreto. 

ref.,  refs.  ...  refrán,  refranes, 
reg . regular. 

Reloj . Relojería. 

Repost . Repostería. 

Teleg. .  Telegrafía. 

temp . temperatura. 

Teol.  .  Teología. 

Terap . Terapéutica. 

Terat .  Teratología . 

térm . término. 

teutón . teutónico. 

Tint . Tintorería. 

Tip .  Tipografía. 

Toe .  Tocología. 

R.  O .  Real  Orden. 

RR.  DD.  .  .  .  Reales  Decretos. 

RR.  OO.  .  .  .  Reales  Ordenes, 

rom . romano,  na 

Topog . Topografía. 

Toxico  l .  Toxicologia. 

Trigon .  Trigonometría. 

TlíV  Turismo 

■y  ^ 

nlt*  nlHmr}  ma 

Sagr.  Esc.  .  .  Sagrada  Escritura. 

sánscr . sánscrito. 

Sast . Sastrería. 

U.  m.  c . Usase  más  como... 

usáb . usábase. 

Sed . Secta. 

Sed.  reí.  ...  »  religiosa. 

Selv . Selvicultura. 

sent . sentido. 

separat . separativo. 

serb . serbio. 

Serie . Sericultura. 

serv . servicio. 

Sider . Siderografía. 

. simple. 

n . sinónimo. 

. singular. 

nt . sintesis. 

. siríaco. 

.  situado,  da. 

SO . Suroeste. 

Sociol.  ....  Sociología. 

SS .  Su  Santidad. 

SSE . Sursudeste. 

SSO .  Sursuroeste. 

sub .  subalterno. 

subj . subjuntivo. 

suf . .  .  sufijo. 

superl . superlativo. 

s .  y  adj .  substantivo  y  adj  etivo . 

Tdct.  mil.  .  .  .  Táctica  militar. 

Taq .  Taquigrafía. 

Taurom.  .  .  .  Tauromaquia. 

Teat . Teatro. 

Tecnol . Tecnología. 

tel . telegráfico. 

telef. .  telefónico. 


V . Véase. 

. . verbo. 

v.  a . verbo  activo. 

v.  a.  ant.  ...  »  »  anticuado. 

vasc . vascuence. 

v.  aux . verbo  auxiliar. 

v.  dep.  ....  »  deponente, 

v.  defect.  ...  »  defectivo. 

vec . vecino. 

Venat . Venateria . 

vers . versículo. 

Veter. .  Veterinaria. 

v.  frec . verbo  frecuentativo. 

v.  gr . verbigracia. 

Vid.  .  Vidriería. 

v.  imp . verbo  impersonal. 

v.  irr .  »  irregular. 

Vit .  Viticultura. 

Vitr .  Vitraria. 

viv.  ../...  vivienda. 

viz . vizcaíno. 

v.  n . verbo  neutro. 

v.  n.  ant.  ...  »  »  anticuado. 

voc.  -i . vocablo. 

vocat . vocativo. 

Vol.  .  Volatería. 

vol . volumen. 

v.  r .  verbo  reflexivo. 

v.  rec . verbo  recíproco. 

vulg . vulgar. 

Zool. . Zoología . 

Zootec . Zootecnia. 


Las  equivalencias  de  las  voces  en  francés ,  italiano ,  inglés,  alemán,  portugués,  catalán  y  esperanto  se  expresan 
respectivamente  con  las  abreviaturas:  F.,  It.,  In.,  A.,  P.,  C.  y  E. 

Los  nombres  de  las  naciones  americanas  y  de  las  diversas  provincias  de  España,  se  abrevian  en  la  forma  corriente. 


C.  Tercera  letra  del  abecedario  castellano  y  se¬ 
gunda  de  sus  consonantes.  Su  nombre  es  ce.  Segui¬ 
da  inmediatamente  de  la  e  ó  de  la  i ,  suena  como  la 
zeda,  como  en  cepa ,  cirio.  En  los  otros  casos  tiene  el 
sonido  fuerte  de  la  ha,  como  en  casa,  comer,  cura, 
clase,  clemente,  clima,  cloro,  .clueca,  ,  cráneo,  crear j 
crimen,  crónica,  crudo,  artefacto,  defecto,  convicto, 
octógono.  ||  Como  signo  de  orden,  la  c  indica  el  ter¬ 
cer  objeto  de  una  serie,  y  la  tercera  serie  de  un  todo. 

¡¡  Signifícase,  también  con  la  c  el  conjunto  de  voces 
que  en  un  diccionario  comienzan  con  ella. 

Acepciones  principales 

I.  Abreviaturas.  V.  Abreviaturas  y  los  demás 
epígrafes  de  este  artículo. 

II.  Algebra.  Se  le  emplea  desDués  de  A  y  B 
para  designar  coeficientes. 

III.  Análisis  matemático.  Se  usa  para  indicar 
constante  arbitraria. 


íCCC 


*0  C  C  c 


■o 

ccc.zt  $  cícc c c £  ¿C C C 

9  10  11  12  13  14  15  16  17  "  íg  '  '  ~ 19  " 

Marcas  pe  cerámica  con  la  letra  C 

III).  —  2.  Cerái 


1.  Cerámica  italiana  (Deruta,  siglos 
siglos  xvii  y  xviii).  —  3.  Cerám 
(Ruán,  siglo  xvm).  —  5.  Cerám 
austriaca  (Chovau).  — 7.  Cerám 
-8.  Porcelana  francesa,  ni 


«cesa  (Ruán, 
áca  francesa  fVarages).  —  4.  Cerámica  francesa 
:a  francesa  (Ruán,  siglo  xvm).  —  6.  Porcelana 
:a  holandesa,  fábrica  (le  Cornelisz,  1628  (Delft). 
dudosa. — 9.  Cerámica  inglesa  (Worcester). — 


10.  Porcelana  rusa  (Moscou).  —  11.  Sévres.  —  12.  Porcelana  rusa  (San  Pi 
burgo  (Catalina  II,  1762-95).  —  13.  Cerámica  francesa  (París)!  —  14.  Cerám  ca 
francesa  (Orleáus).  —  15.  Cerámica  francesa  (Orleáns).  —  16.  Estrasburgo.  — 
17.  Cerámica  francesa  (Tournai).  —  18  y  19.  Porcelana  inglesa' (Caughley). 


IV.  Aritmética.  Letra  numeral  que  en  la  nu 
meración  romana  equivale  á  ciento,  y  que  se  usa 
también  en  castellano.  Cuando  se  le  ponía  una  línea 

enciclopedia  universal,  tomo  x.  —  1.  C 


encima,  C,  valía  cien  mil.  Repetida,  combinada  con 
otras  letras  y  vuelta  al  revés,  representa  diferentes 
valores;  CC,  doscientos;  XC,  noventa;  CIO,  mil; 
10.  quinientos. 

V.  Artillería.  En  la  nomenclatura  del  mate¬ 
rial  de  artillería  la  c  es  abreviatura  d q  cañón:  Ce.  sig¬ 
nifica  á  cargar  por 
la  culata:  Có .,  re¬ 
firiéndose  á  los 
morteros  antiguos, 
quiere  decir  cónico; 

Cpa.,  aplicado  al 
material  es  abrevia¬ 
tura  de  campana:  Cr..  quiere  decir  corto,  y  Cro  carro. 
Los  franceses  designan  por  y  C.¿  dos  variedades  de 
pólvoras  ordinarias,  destinadas  á  los  cañones  modelo 
1870,  hoy  anticúa  los  v  fuera  de  servicio,  y  los  ale¬ 
manes  por  C/G8  una  pólvora  prismática  hexagonal,  v 
por  C/69  otra  más  moderna,  del  tipo  de  las  balistita ?. 

VI.  Cerámica.  V.  los  grabados 
adjuntos. 

VIL  Comercio.  Se  emplea  como 
abreviatura  de  cuenta.  Se  combina 
también  con  otras  letras,  como,  por 
eiemplo:  C/a ,  cuenta  abierta;  C/c, 
cuenta  corriente;  M/e ,  mi  cuenta; 
N/c,  nuestra  cuenta;  S/c,  su  cuenta. 
||  En  las  facturas  inglesas  C.  O.  D. 
significa  cash  on  delivery  (pago  á  la 
entrega).  ||  Con  una  -a  superpuesta 
(C.a)  indica  compañía.  ||  En  las  cuen¬ 
tas  francesas  suele  ser  abreviatura  de 
céntimo. 

VIII.  Cronología.  En  el  calenda¬ 
rio  romano  era  la  c  la  tercera  de  las 
letras  nundinales,  designaba  el  ter¬ 
cer  día  dentro  de  cada  novenario  v  los 
días  en  que  se  reunían  los  comicios. 

IX.  Derecho.  En  el  procedi¬ 
miento  judicial  romano,  en  el  que  los  jueces  vota¬ 
ban  ñor  tablillas,  la  letra  o.  puesta  en  éstas,  era 
abreviatura  de  condemno.  También  en  el  Derecho 


C.  Cornelisz. 
1628. 


2 


C 


romano  civil  se  usaba  la  c  como  abreviatura  de 
muchos  términos,  tales  como  causa  (verbigracia, 
I.  D.  C.,  inris  dicendi  causa),  colonia  (C.  E.  C.. 
colonis  ejus  coloniae ;  M.  C.  F.,  municipio  colonia 
foro)]  consilio  (D.  C.  S.,  de  consilii  senlentia ;  O.  C., 
ope  consilii)  y  otros.  Después  de  la  P,  y  con  ella, 
equivalía  á  Paires  conscripti ,  paetum  conventum  ó 
ddeicomissum.  C.  C.,  significaba  consilium  cepit  ó 
cansa  cognita;  S.  C.,  Senatus  consultum;  C.  V.,  cen- 
tum  viri,  y,  en  tiempos  posteriores,  clarissimi  viri: 
T.  C.,  Testamenti  causa ,  etc. 

X.  Diplomática.  En  los  documentos  antiguos 
indicaba  la  palabra  Christus  ó  cum  que  encabezaba 
cartas  y  diplomas.  Con  una  a  superpuesta  (Ca)  era 
abreviatura  de  carta  ó  causa;  con  una  i  (C1),  cui, 
y  con  una  r  (Cr),  cur. 

XI.  Electricidad.  Se  usa  como  inicial  de  Capa¬ 
cidad. 

XII.  Epigrafía  y  Arqueología.  La  c  se  usaba 
en  los  monumentos  romanos  como  sigla  que  indicaba 


Letra  C,  realzada  con  una  miniatura 
(de  una  carta  magna,  de  Carlos  II 
de  Inglaterra);  > 


cónsul,  conscriptas , 
calendas,  civis,  civi- 
tas,  Caesar  y  censas, 
códice.  Invertida  en 
esta  forma  O  equi¬ 
valía  á  Caia.  En  las 
palabras  compues¬ 
tas  •  !  la  O  vuelta  se 
leía  con,  verbigracia, 

:  OLIB,  conlibertus ., 
La  C  angular,  en 
esta  forma  C  ,  es 
muy  rara  en  la  epi¬ 
grafía  clásica,  aun¬ 
que  no  tanto  en  la 
cristiana. 

El  empleo  de  la 
C  unida  á-  la>S  se 
encuentra  en  las  inscripciones  arcaicas  en  lugar  de 
X.  letra  compuesta.  Así  en  monedas  de  Galba  se 
lee  PACS  en  vez*de  PAX,  si  bien  en  algunas  oca¬ 
siones  se  añade  la  S  á  la  X,  así  PAXS. 

La  c  fué  usada  como  sigla  en  la  epigrafía  romana 
v  cristiana,  significando:  Cajus ,  Cenlurio,  Civis ¿ 
Cohors ,  Conjux,  Cón¬ 
sul.  Consnlaris,  etc. 

■  Combinada  con  otras 
letras  se  usaba  en  las 
siguientes  abreviaturas: 

íC  B .  Civis  Bonus , 
Cónjugi  bonae. 

C  .  B  .  M.  Conjugi 
’oene  merenti. 

CC.  Curiae  consul¬ 
to,  Consensu  civitatis , 
Calumniae  causa,  causa  cognita,  causa  commissa.  cau¬ 
sa  comenta,  conjugi  carae,  conjugi  carissimae,  consi¬ 
lium  capit,  causae  conjectio,  Collegium  centóñnriorum, 
Collegii  consensu,  curator  coloniae,  cum  cultu. 

C.  C.  V.  V.  Clarissimi  viri. 

CEN.  Cenlurio. 

C.  E.  T.  F.  I.  Conjugi  ejus  testamento  deri  jussit. 

C.  F.  Caji  filia,  Caji  flius,  castissima  femi- 
na,  clarissima  femina,  carissima  femina,  clarissimus 
flius.  concordes  fecerunt,  conjugi  fecit,  conjux  fecit. 
curavit  faciendum,  curavit  ñeri. 

C.  G.  Conjugi  gratissimae. 


Letra  C  del  libro  de  Las  vías  de 
Dios,  (lliblioteca  Nacional,  París) 


C.  H.  Cognovit  haeredem,  curavit  haeres,  curavit 
lioc,  cusios  haeredum. 

C.  H.  M.  Consecravit  hoc  monumentum,  curavit 
bañe  memoriam. 

C.  K.  Conjugi  karissimae. 

C.  K.  L.  C.  S.  L.  F.  C.  Conjugi  karissimae 
loco  concesso  sibi  libenter  Jieri  curavit. 

O.  LEG.  Centu  rio  legionis. 

CL.  F.i  ni  .  . 

OL  F  Clarissima  filia. 

C.  L.  P.  Cum  lacrimis  posuerunt. 

C.  M.  F.  Curavit  monumentum  deri. 

C.  N.  Cneus,  Caji  nepos. 

C.  O.  Conjugi  optiniae. 

C.  O.  B.  Q.  Cum  ómnibus  bonis  quiescat. 

COH.  I.  oo  EQ.  Cohortis  primae  milliarii  equi- 
tatus. 

CON.  O.  S.  P.  Conjugi  optimae  sepulcrum  posuit. 
COS.  ó  COSS.  Cónsul  ó  Cónsules. 

COS.  DES.  Cónsul  desigualas. 

C.  P.  Constantinopolis ,  Caji  prouepos ,  claras 


|  Cum  sais  dlíis. 


puer. 

C.  P.  S.  E.  Causam  posuit  sui  edicti  ó  cura 
pecunia  sua  ó  curavit  proprio  sumptu  erigí. 

C.  P.  STAT.  Curaveruut  ponendum  statuam. 

C.  P.  T.  Cansa  publici  testamenti. 

C.  R:  Civis  romanas,  curarunt  re fici. 

C.  R.  S.  Christo  resurrecto  sacrum. 

C.  S.'  Cum  sais: 

C.  SA.  L.  Comes  sacrarum  laxgitionum. 

C.  S.  F. 

C.  S.  FL. 

C.  S.  H.  Communi  sumptu  haeredum,  concessu 
suorum  haeredum ,  cum  suis  haeredibus ,  curavit 
sibi  hoc. 

C.  S.  H.  E.  Corpore  situs  hic  est. 

C.  S.  H.  S.  S.  Communi  sepulcro  hic  siti  sunt, 
cum  suis  hic  siti  sunt. 

C.  S.  P.  T.  Ni.  Conjugi  suae  posuit  titulum  mérito. 

Ci.  V.  Clarissimus  viri,  centumvir,  consnlaris  vir, 
curator  viarum,  carissirnus  vir. 

í  íCá.  V.  P.  V.  Communi  volúntate  pwbli ce  votum. 

XIII.  Farmacia.  En  el  formulario  antiguo  en¬ 
traba  dar.  o  en  diversas  abreviaturas  como  c  c.  ( cor¬ 
nil  cervi);  cochleat  (coclileatim,  á  cucharadas);  co— 
lat  ( colatura ),  cuélese;  enq  (coque  ó  co - 
quatur),  cuézase;  cyat  ( cijathus j,  taza  ó 
vaso.  Modernamente  se  usa  muy  á  me¬ 
nudo  la  abreviatura  C.  S.  (cantidad  su¬ 
ficiente). 

XIV.  Ferrocarriles.  En  las  marcas 
puestas  al  material  móvil  de  los  ferroca¬ 
rriles.  indica  los  coches  de  viajeros  de  tercera  cla^e. 

XV.  Filatelia.  La  letra  c  está  representada  en 
algunos  de  los  matasellos  de  los  distritos  postales 
de  Londres  establecidos  en  el  año  1856.  Como  se  ve 
en  el  grabado  adjunto  se  encuentran  las  letras  C.  X. 
( Charing  Cross); 

L.  C.  (Ludgate  Cir- 
cus );  C.  S.  (Camión 
Street):  E.C.;  W.C. 

En  la  administra¬ 
ción  inglesa  de  co¬ 
rreos  de  Constan- 
tinopla  se  mataban 

los  sellos  con  la  obliteración  empleada  en  Malta  y 
;  Gibraltar  con  la  sola  diferencia  de  usarse  la  letra  c 
I  para  aquélla  y  la  M  V  la  G  para  las  dos  últimas. 


Matasellos  empleado  en  la  ofic'na 
de  correo  inglesa  de  Constantiitopla 


c 


3 


Filigranas  de;  papel,  con  la  letra  C  4 

1.  París  (1464). —2.  Genova  (1,449)  y  Ñapóles  (1450).  — 3.  Austria  (1326  á  38)..,— 4.  Saumur  (1532).  -  5.  Aviñón  (1400),  Foix  (14oy 
yPerpiñán  (1414). -  6.  Gray  (1578).  —  7.  Ñápeles  (Í550).  —  8.  Troyes  (1458)  y  Utreelit  (1468).  -  9.  Dresde  (1551).  —  10.  Béi-amo 
(1348).  — 11.  BeneVeáto  '(iíxtá).  12.  Gex  (1533).—  13.  Dringenberg  (1593).  — 14.  Gsnábrtick  (1593)  y‘ Ufelefeld  (1592).  —  15.  Bruns¬ 
wick  (1592). —  16.  Ttírcello  (1319),  Arto  s  (1319)  y  Genova  (1822)  — 17.  Eppeisheím  (1494),  Saint-M iliiel  (1499)  y  Maguncia  (1510). 
—  18.  Grillen  (1544).— 19.  Bplopia  (1505).— 20.  Klingenberg  (1582),  Brema  (J591).  y.  Constanza  (1585), -21.  Metz  (1598).— 22.  Soui- 
Hy  (1407).  — 23.  Molckwitz  (1589).— 24.  Ñapóles  (fecha  desconocida).  —  25.  Grenoble  (1436)  y  Limoges  (1445) _ 26.  Sión  (1535). 


Matasellos  usado  en  San 
Thomas  por  ,1a  oficina 
inglesa,  de  1860  á  1877 
(Antillas  danesas). 


Del  año  1857  al  1880  se  usó  el  tamaño  11  X  6 
milímetros,  y  del  1880  al  1885  el  de  8  X  6;  Desde 
dicho  último  año  la  obliteración  se  hace  por  medio 
de  matasellos  de  fecha. 

En  América  se  usaron  los  matasellos  siguientes 
correspondientes  á  las  oficinas  inglesas  de:  C.  28. 
Montevideo;  C.  30,  Valparaíso;  C.  35,  Panamá; 

C.  36,  Arica;  C.  37,  Col- 
ww  dera;  C.  38,  Callao;  C.  40, 

1  -i-  Coquimbo;  C.  41,  Guara- 

wfi'Ér1  inas;  C.  56 ,  Caítá'gena ; 

C.  57,  Grey-Town;  C.  58. 
Habaná;  C.  59,  Jacmel ; 
C.  60,  La  Guavra;  C.  61, 
Puerto  Rico;  C.  62,  Santa 
Martha;  C:  63,  Tampico; 
C.  64,  Verácruz;  C.  81,  Bahía;  C.  82.  Pernambu— 
co;  G.  83.  Río  Janeiro;  C.  86,  Porto  Plata;  C.  87, 
Santo  Domingo;  C.  88,  St.  Jago  de  Cuba,  con  los 
cuales  se  anulaban  los  sellos  ingleses  que  franquea¬ 
ban  la  correspondencia. 1 

Los  modelos  y  tamañds  son  los  de  los  grabados 
adjuntos. 

XVI.  Filigranas  de  pagel.  V.  los  adjuntos  gra¬ 
bados. 

XVII.  Física.  Nombre  con  que  se  designa  á 
una  de  las  rayas  de  Fraunhofer  en  la  región  roja  del 
espectro  solar.  Es  debida1  al  hidrógeno  y  tiene  un 

número  de  vibraciones  igual  á  6562*9  Á  ,  ó  sea 
diez  milésimas  de  ,  milímetro.  La  raya  (c)  es  debida 

al  hierro  y  su  longitud  de  onda  es  4957*6  A.  El 
calor  específico  ó  presión  constante  se  suele  desig¬ 
nar  por  C  ó  cp  y  el  calor  específico  á  volumen  cons¬ 
tante  por  c  ó  cr.  La  relación  de  ambos  se  desio-na 

Por  7: 

C 

7  =  * 

XVIII.  Fonética.  Ante  a,  o,  u  y  precediendo  á 


cualquier  consonante,  suena  k;  antes  de  las  vocales 
llamadas  anteriores  (e,  i),  suenas.  Hallándose  en  fin 
de  palabra  tléne  sonido  de  k.  Ejemplos:  casa=kasa , 
coco~koko.  culpa— k'ulpa,  clase  —  Miase,  crudot= 
krudo ,  rectilíneo=rektilineo ,  vecino— veziito,  cereza= 
zereza,  tic-tac  =  tik-tuk.  Por  el  órgano  de  áu  ])roduc- 
ción  es  consonánte  gutural  ó  velaría,  que  se  forma  con 
el  golpe  del  velo  del  paladar  contra  el  dorso  póáterioí 
de  la  lengua  (la  c-k),  ó  chocando  la  raíz  de  la  len¬ 
gua  contra  la  parte  inmediata  del  paladar  óseo  (!á 
c-z).  'Por  sd  formación  la  c-k  es  explosiva,  producién¬ 
dose  sin  salir  por  un  momento  en  nada  el  aire  por  la 
boca  v  por  las  narices;  la  c-z  es  bontinua-fricativa. 
Por  el  juego  de  las  cuerdas  vocales  la  c-k  v  la  c-z 
son  mudas,  sordas  ó  afónicas .  Por  la  tensión  muscu¬ 
lar  la  c-k  es  tensa,  pronunciada  can  energía:  la  c-z 
es  media.  Por  su  represé  litación  gráfica  es  simple  (c) 
y  compuesta  (ch):  la  segúnda  constituye  úna  nueva 
especie  de  consonante. 

La  diferencia  dé  sonido  entré  la  K  y  la  C  suave  es 
producto  de  lentas  transformaciones  hasta  que  líegá 
un  momento  que  el  efecto  de  estas  transformaciones 


La  letra  C  según  los  materiales  usados 

1.  Tallada  en  madera,  por  Lewis  F.  Day.  — 2.  Abierta  en  metal, 
por  Carpenter  y  Lewis  F.  Day.  —  3.  Repujada  en  metal,  por 
Lewis  F.  Day.  —  4.*  Bordada,  por  Lewis  F.  Day. 

se  manifiesta  por  la  aparición  de  un  nuevo  sonido, 
que  no  es  otra  cosa  que  el  resultado  de  aquellas  al¬ 
teraciones.  •  >■)'•  ; 

Puede  suponerse  éon  fundamentó  cjue  en  ’latín  la 
c  sónaba  corho  gutural,  no  sólo  ante  a.  o.  n,  sino 
también  ante  e.’ij  así  el  pretérito  cecini,  del  verbo 
cano,  se  pronunciaba  kehini .  pues  no  tendría*  éxplí^- 


4 


C 


cación  posible  el  que  se  pronunciasen  de  distinta 
manera  las  letras  radicales  de  un  mismo  verbo,  se¬ 
gún  las  vocales  que  les  siguiesen. 

En  las  lenguas  neolatinas  se  pronuncia  de  tres 
maneras  la  c  débil;  así  en  castellano  suena  como 
la  z;  en  francés  y  catalán  como  s  silbante,  y  en  ita¬ 
liano  como  ch.  En  inglés  la  c  tiene  los  dos  sonidos 
de  k  y  de  s,  V  lo  mismo  en  alemán.  En  el  idioma 
auxiliar  internacional  esperanto  la  c  ante  e.  i,  suena 
como  ts;  leciono ,  lección,  se  pronuncia  letsiono ;  con 
un  acento  circunflejo  tiene  el  sonido  de  ch  española: 
cénalo  ===  caballo,  se  pronuncia  chcvalo.  Ante  a ,  o,  u 
no  se  usa.  substituyéndola  la  k. 

En  inscripciones  se  cambiaba  con  mucha  frecuen¬ 
cia  por  G,  como  Cneus ,  Gneus.  Durante  la  Edad 
Media  solía  permutarse  por  G  cuando  tenía  sonido 
fuerte,  como  puede  verse  en  documentos  de  los  si¬ 
glos  v  á  xii. 

Con  frecuencia  se  mudaba  en  K,  como  Kaballus, 
Karolus  f  Cabullas,  Carolus). 

Al  pasar  la  c  al  castellano,  en  sílaba  directa  se  ha 
conservado,  mas  entre  vocales  se  ha  convertido  en 
g,  como:  conteutus,  contento;  /urca,  horca;  me  r  cari . 
mercar;  spica,  espiga;  decollare,  degollar;  perconta- 
ri,  preguntar;  socer,  suegro.  La  letra  c  se  combina 
con  otras  consonantes,  originando  las  formas  si¬ 
guientes: 

Cl.  r=  ll.  Clamare,  llamar;  clave,  llave. 

Ct  =  ch.  Lucía ,  lucha;  factura ,  fecho  ó  hecho; 
pecíits,  pecho;  lectus,  lecho. 

Te  =j.  Viaticas,  viaje;  usaticum,  usaje;  haere- 
ticus.  hereje. 

Nc=j.  Monachus,  monje;  canónicas,  canonje 
ó  canónigo. 

Se  ==  z  ó  c.  Piscis,  pez;  fascis,  haz;  cognoscere, 
conocer:  discípulos,  discípulo. 

Algunas  veces  se  ha  cambiado  en  ch;  cantor e . 
chantre;  cimice,  chinche. 

XIX.  Geometría.  Sentido  análogo  á  la  A. 

XX.  Gramática.  Uso  ortográfico  de  la  C. 

El  sonido  fuerte  de  c  termina  frecuentemente  síla¬ 
ba;  ac-to,  efec-to,  iuvic-to .  oc- favo,  fruc-tíf ero.  Sólo 
termina  palabra  en  ruc.  nombre  de  una  ave  fabulo¬ 
sa,  y  en  algunas  palabras  de  origen  extranjero,  como 
clac,  coñac,  frac,  cinc. 

Además  se  escriben  con  c,  l.°  las  palabras  en  que 
esta  precede  con  sonido  fuerte  ó  de  k,  á  las  vocales 
a.  o,  a,  ó  bien  á  una  consonante:  cámara,  colegio, 
cubo,  clase,  cromo;  2.°  las  palabras  en  que  precede 
con  sonido  de  z  á  e,  i:  cetro,  cincha.  En  otras  que 
terminan  en  z,  también  se  convierte  esta  en  c:  paz, 
paces;  juez,  jueóes;  feliz,  jelic.es. 

Se  exceptúan  zen,  Zendaresta,  zéugma ,  zigzag, 
zipizape,  zirigaña  / zis ,  zas.'  ¿ ziszás ! 

La  c  (cedilla)  se  usaba  antes  para  expresar  un 
sonido  parecido  al  de  la  z.  Hoy  sólo  se  emplea 
cuando  se  copian  textos  con  ortografía  anticuada  ó 
se  quiere  representar  con  nuestros  caracteres  el  so¬ 
nido  de  la  letra  árabe  <zad. 

XXI.  Hidrografía.  En  los  trabajos  hidrogrᬠ
ficos  se  acostumbra  usar  la  letra  C  principalmente 
para  señalar  en  las  cartas  y  planos  marinos  la  exis¬ 
tencia  v  el  punto  de  situación  de  los  accidentes  y 
objetos  cuyos  respectivos  nombres  genéricos^en  el 
idioma  del  país  en  que  se  trazan,  tienen  por  inicial 
dicha,  letra. 


Ordinariamente  se  indica  en  las  cartas  españolas 
la  calidad  del  fondo  cuando  es  de  cascajo,  conchuela 
ó  coral,  por  medio  de  abreviaturas,  cuya  primera  le¬ 
tra  es  C,  del  respec¬ 
tivo  modo  siguien¬ 
te:  C.°,  C.a  y  CV 

XXII.  Imprenta. 

V.  más  adelante  Ti¬ 
pografía. 

XXIII.  Lingüis¬ 
tica.  La  lengua  an¬ 
tigua  distinguía  la 
pronunciación  de  la 
f  sorda  y  la  z  sono¬ 
ra,  que  daban  un  so¬ 
nido  que  puede  re¬ 
presentarse  por  tz  y 
dz  :  placa,  hacer. 

Ambos  sonidos  se  confundieron  á  partir  del  si¬ 
glo  xvii  en  uno  solo  representado  por  c  ó  por  z.  Y 
si  la  ortografía  moderna  distingue  c  y  z,  lo  hace 
para  usar  la  una  ante  a,  o,  u,  y  la  otra  ante  e,  i-, 
sin  atender  nada  á  la  antigua  ortografía  etimológi¬ 
ca,  pues  las  silabas  ce,  ci  se  escribían  constante¬ 
mente  con  z,  que  era  sonora:  dize,  haze.  La  C  dura 
procede  de  una  C  latina:  cabeza^capitia;  de  una  q: 
cuadro'f>  quadrum,  de  k  germánica:  claro"J>  klar. 
La  c-z  proviene  de  c  latina:  cierto^> certnm;  de  t 
ante  i  semivocal:  paciencia^ patientia;  de  s:  ceda- 
zo'j>setaceum\  de  se:  cetro  sceptrum . 

Algunos  nombres  geográficos  de  localidades  y 
pueblos  de  Méjico  aparecen  escritos  con  la  C  inicial 
al  revés,  en  esta  forma  O.  Con  ella  se  ha  querido 
representar  un  sonido  especial  de  la  lengua  maya, 
hablada  por  los  indígenas*del  Yucatán,  v" que  equi¬ 
vale  fonéticamente  al  sonido  que  resulta  de  la  X  y 
la  C.  Por  consiguiente  aquellos  nombres  geogrᬠ
ficos  irán  escritos  en  nuestra  Enciclopedia  con  las 
iniciales  Xc. 

En  las  lenguas  quechua  y  aymará,  habladas  en  el 
Perú,  tiene  esta  letra  tres  pronunciaciones  diversas,; 
la  primera  es  igual  á  la  c  castellana;  la  segunda  es 
más  áspera,  como  la  k,  y  la  tercera  muy  áspera  y 
casi  gutural.  Para  indicar  estos  sonidos  no  se  ha  se¬ 
guido  siempre  la  misma  ortografía,  exceptuando 
cuando  el  sonido  de  la  c  es  igual  al  castellano;  para 
indicar  el  sonido  más  áspero  unos  han  usado  de  la 
doble  CC.  mientras  que  otros  la  han  indicado  por 
la  misma  C  atravesada  en  medio  con  una  línea  hori¬ 
zontal.  ó  con  acento,  como  si  fuera  vocal;  y  la  ter¬ 
cera  generalmente  la  expresan  con  la  k.  La  doble 
CC  antes  de  e,  i .  suena,  pues,  como  Q.  pero  más 
gutural;  verbigracia,  Cerro  se  pronuncia  Quero. 

XXIV.  Liturgia.  En  los  calendarios  de  la  an¬ 
tigua  liturgia  cristiana  la  C  señalaba  el  martes.  Hoy 
es  la  letra  dominical  de  los  años,  cuyo  primer  do¬ 
mingo  cae  en  3  de  Enero.  En  liturgia  ocurren  indi¬ 
caciones  partióulares  como  estas:  R.  C.  (misa  de), 
réquiem  canta  tur;  P.  R.  C. ,  prohíbe  tur  réquiem  cantas. 

XXV.  Lógica.  Se  la  emplea  en  los  modos  del 
silooismo  como  inicial  de  Celarent ,  de  la  primera 
figura,  v. de  Celantes.  Cesare  y  Gamestres,  de- las 
otras  tres  figuras,  para  indicar  que  al,  reducir  estos 
tres  modos  á  la  primera  figura  debe  hacerse  según 
el  modelo  Celarent.  Además  se  la  ve  en  medio  de  pa¬ 
labra  en  Barnco  y  Bocardo,  también  modos  del  silo¬ 
gismo.  dando  á  entender  que  si  se  quiere  reducir 
estos^modos  al  correspondiente  de  la  primeie  figura 


Cees  artísticas 


1.  Cifra  de  Claudio  de  Francia,  for¬ 
mada  por  la  letra  C  y  el  cordón  de 
San  Francisco.  (Castillo  de  Blois.) 
— 2.  Marca  de  una  fábrica  de  cerᬠ
mica  de  Deruta  (Italia)  del  siglo  xv 


(Barbara)  es  preciso  convertir  por  contraposición  la 
proposición  convencionalmente  expresada  en  la  vo¬ 
cal  precedente  á  la  c. 

XXVI.  Marcas  diversas.  V.  los  adjuntos  gra¬ 
bados. 

XXVII.  Marina.  Algunas  sociedades  de  regis¬ 
tro  y  clasificación  del  material  flotante  tienen  adop¬ 
tada  la  letra  C  co¬ 
mo  una  de  las  mar¬ 
cas  que  asignan  á 
los  buques  de  ma¬ 
dera .  Emplean  la 
dicha  letra  sola  ó 
unida  á  cifras  ó  á 
otras  letras,  en  las 
siguientes  formas: 
la  Nederlandsche 
V er einiging  de 
Amsterdam,  asig¬ 
na  C  á  los  buques 
que,  con  arreglo  á 
su  particular  escala  gradual,  incluye  en  la  tercera 
clase,  primera  división;  el  Veritas  Austro- Ungaro  de 
Trieste,  designa  por  C.  II.  I.  y  por  C.  II.  II.  los 
barcos  que  clasifica  como  de  tercera  clase  é  incluve 
respectivamente  en  la  primera  y  segunda  división; 
el  Norske  Veritas  de  Cristianía,  para  la  misma  clase 
tercera  y  divisiones  primera  y  segunda  usa  C.  I. 
y  C.  2..  v  el  Germanischer  Lloyd  de  Berlín,  CL 
y  CK. 

XXVIII.  Música.  En  la  historia  de  la  música 
ha  tenido  siempre  gran  importancia  la  letra  c.  En  la 
notación  boeciana  ocupa  el  ter¬ 
cer  grado  y  equivale  al  do;  se¬ 
gún  la  octava  á  que  pertenece, 
se  escribe  mayúscula,  minúscu¬ 
la  ó  minúscula  con  uno,  dos  ó 
más  trazos  encima.  En  el  si¬ 
glo  x  se  pensó  seriamente  en 
poner  orden  á  la  escritura  mu¬ 
sical  neumática,  muy  embrolla¬ 
da  hasta  entonces,  y  se  quiso 
fijar  su  lugar  tomando  un  pun¬ 
to  ti e  partida;  al  efecto,  se  trazó  en  el  pergamino 
una  línea,  conviniéndose  que  todos  los  signos  que 
en  ella  se  encontrasen,  representarían  la  misma 
nota.  La  nota  ut.  actualmente  llamada  do.  fué  la 
que  sirvió  de  punto  de  partida  para  trazar  aquella 
línea,  la  cual  fué  el  origen  de  la  pauta  que  hov  se 
usa  con  el  nombre  de  pentagrama.  Esta  línea  ríe  do 
ó  de  C,  que  casi  siempre  se  escribía  de  color  ama¬ 
rillo  en  los  manuscritos,  se  colocaba  sola  entre  los 
dos  pentagramas  de  sol  y  de  fa  constituyendo  las 
tres  una  pauta  teórica  de  11  líneas. 

Los  alemanes  y  los  ingleses  designan  todavía  con 
la  letra  c  el  primer  grado  de  la  escala  diatónica  mo¬ 
derna,  que  en  el  clavijero  del  piano  está  también 
designado  por  dicha  letra. 

En  el  sistema  de  solmisación  por  mutanzas,  usado 
antiguamente,  recibía  la  C  mayúscula  diversos  nom¬ 
bres;  si  se  cantaba  por  la  propiedad  de  natura  se 
llamaba  sol-fa-ut  (C  sol  fa  ut ),  y  si  por  la  propie¬ 
dad  de  recuadro  ó  de  bemol,  tomaba  el  nombre  de 
sol-ut  (C  sol  ut).  Era,  por  lo  tanto,  la  C  la  tercera 
letra  de  las  seis  que  reDresentaban  los  seis  sonidos 
de  la  escala  antigua.  Una  especie  de  C  en  esta  for- 

ma’  >  indica  el  compasillo  ó  compás  de  cuatro 


Murcadel  maestro  es¬ 
padero  toledano  Lu¬ 
pus  ó  Lope  Aguado 
(liijo  de  Juanes  de 
Mulcto)  y  de  Zamo- 
rano  (el  Toledano). 


12  3  4 


1.  Segundo  punzón  ó  contramarca  de 
los  plateros  de  París  (siglos  xvii  y 
xviii).  —  2  y  3.  Punzones  ingleses, 
1520  y  1680.  (Contrastes  de  los  pla¬ 
teros  de  Londres.)  —  4.  Punzón  de 
Felipe  y  Jacobo  Caffierl  (1678-1755). 
—  5.  Monograma  de  un  pintor  de  vi¬ 
drieras  de  Troycs. 


c  5 

tiempos,  y  el  mismo  signo  atravesado  por  una  línea 

vertical  representa  el  compás  mayor  ó  de  dos 

por  cuatro.  No  obstante,  no  fué  la  letra  c  la  que  dió 
origen  al  signo  representativo  de  los  citados  compa¬ 
ses,  sino  que  aquél  debe  buscarse  en  el  semicírculo. 
En  efecto,  el  compás  de  tres  tiempos  llamado  per¬ 
fecto,  se  representaba  por  el  círculo,  símbolo  de  la 
perfección:  y  por  el  contrario,  el  de  dos  ó  de  cuatro, 
que  eran  considerados  como  imperfectos,  se  repre¬ 
sentaban  por  el  semicírculo. 

Vuelta  al  revés  y  en  esta  forma  designa  la 

clave  de  fa.  sea  en  3.a  ó  en  4.a  línea.  Antes  del  si¬ 
glo  xvm,  en  la  música  italiana  y  alemana,  puesta 
la  C  al  principio  de  un  fragmento,  indicaba  el  ada¬ 
gio.  Luego  fué  la  abreviatura  de  cantas:  acomnaña- 
dade  la  B,  en  esta  forma  C.  B..  significaba  colbasso 
y  también  contrabajo,  y  repetida.  C.  C.  quería  decir 
col  canto.  En  los  antiguos  tratados  de  cauto  grego¬ 
riano,  la  c  minúscula  se  traducía  por  celeriter.  v  era 
uno  de  los  signos  llamados  romanianos .  por  haber 
sido  hallados  en  un  libro  del  monje  Romanas  de  la 
abadía  de  San  Galo  (Suiza). 

XXIX.  Nán  ica.  En  los  distintos  procedimien¬ 
tos  empleados  para  comunicar  los  buques  entre  sí 
ó  con  tierra  se  hace  uso  de  la  c.  representada  simbó¬ 
licamente  de  maneras  diversas,  y  á  cuya  letra  es 
aplicable  cuanto  en  general  se  ha  dicho  al  tratar  de 
la  B  en  el  epígrafe  Marina.  Aparte  claves  espe¬ 
ciales  en  el  Código  Internacional  de  Señales,  está 
asignado  para  representar  la  c  el  gallardete  blanco 
con  disco  rojo  en  el  centro,  el  cual  gallardete,  en  la 
tabla  numérica  simboliza  el  3,  é  izado  solo  su  signi¬ 
ficación  absoluta  es  Si,  y  cuando  se  utiliza  para 
señales  entre  remolcador  y  buque  remolcado,  se  in¬ 
terpreta  su  significado  por  No  está  amarrado  el  re¬ 
molque,  y  el  mismo  código,  en  las  señales  de  gran 
distancia,  asigna  á  ¡a  c  la  formada  por  un  cono,  con 
el  vértice  hacia  arriba  y  dos  bolas.  Cuando  se  comu¬ 
nica  haciendo  uso  del  alfabeto  Morse,  en  que  se 
representa  la  c  por  dos  rayas  y  dos  puntos,  alternados 
tales  signos  y  dando  comienzo  por  raya,  según  sea 
el  procedimiento  empleado,  se  substituyen  los  puntos 
y  rayas  por  destellos  ó  sonidos  prolongados  ó  breves 
según  ya  se  ha  dicho.  De  varias  otras  formas  se  re¬ 
presenta  la  c  en  telegrafía  naval,  lo  que  puede  verse 
en  los  artículos  Semáforo,  Señales,  etc.,  ya  men¬ 
cionados  al  tratar  de  la  A  y  de  la  B. 

XXX.  Numismática .  En  las  monedas  aus¬ 
tríacas  es  siuno  característico  de  la  Ceca  de  Praga. 
En  las  anticuas  monedas  france-as  acuñadas  en 
Saint- Lo  y  en  Caen  ana  rece  una  c,  v  repetida  (cc) 
en  las  acuñadas  en  Besanzón.  En  las  monedas  de 
Luis  XII  y  Francisco  I.  la  letra  c  colocada  al  prin¬ 
cipio  ó  final  de  la  leyenda  indica  que  fueron  acu¬ 
ñadas  en  los  talleres  particulares  de  Guillermo  Cal- 
vet,  Juan  Chamal,  Lorenzo  Chennevelles  ó  Carlos 
Martín. 

XXXI.  Paleografía .  La  letra  c  del  alfabeto 
latino  se  deriva,  como  otras  letras,  de  un  carácter 
griego;  mas  estas  dos  letras  no  han  conservado  el 
mismo  valor.  Después  de  haber  tenido  como  en  griego 
el  signo  de  una  gutural  dulce,  la  c  representó  en 
latín  el  sonido  de  una  gutural  dura,  h  o  mofo  na  de 
la  K,  á  la  cual  llegó  á  substituir.  Siendo  necesario 


6 


C 


expresar  la  gutural  dulce,  cuyo  sonido  no  había 
desaparecido  de  la  lengua,  tuvo  que  modificarse 
ligeramente  el  signo  de  la  c,  apareciendo  así  la  G,. 
modificación  que  se  realizó  á  mediados  del  siglo  v 
de  Roma.  Los  dos  signos  c  y  G  provienen,  pues,  de 
uno  solo,  el  de  la  T  (gamma)  griega. 

Puede  establecerse  fácilmente  la  derivación  de 
esta  letra  comparando  los  caracteres  griegos  eolo- 
dóricos  con  los  caracteres  arcaicos  cadmeos  derivados 
del  fenicio.  Los  fenicios  lo  habían  tomado,  sin  duda, 
de  un  ideograma  egipcio. 

Es  la  c  uno  de  los  signos  que  menos  transforma¬ 
ciones  ha  sufrido  en  el  transcurso  de  los  tiempos. 
La  c  capital  de  las  antiguas  inscripciones  persiste 
durante  varios  siglos  en  las  inscripciones  lapidarias 
y  en  los  manuscritos.  A  partir  del  siglo  vi,  parale¬ 
lamente  con  la  antigua  forma,  aparece  una  c  cua¬ 
drada,  muy  frecuente  en  las  inscripciones,  aunque 
rara  en  los  manuscritos.  La  c  uncial  ó  semiuncial 
no  se  distingue  de  la  capital  rústica  de  los  manus¬ 
critos;  desde  el  siglo  v  hasta  el  xi  se  modificó  muy 
poco  el  signo  en  cuestión,  y  únicamente  se  nota 
una  tendencia  á  trazarla  en  dos  partes,  dando  más 
importancia  á  la  superior.  La  c  de  los  grafitos  y  de 
las  tabletas  de  cera  no  se  distingue  de  la  de  los 
manuscritos  sino  por  el  instrumento  con  que  se  tra¬ 
zaba  y  por  las  materias  sobre  las  que  se  escribía. 
Las  formas  especiales  de  esta  letra  se  notan  mejor 
en  las  escrituras  cursivas.  En  su  forma  manuscrita 
la  rama  inferior  de  la  c  termina  en  punta. 

En  los  papiros  que  nos  han  conservado  los  mode¬ 
los  de  la  antigua  cursiva,  la  c  es  una  letra  casi  siem¬ 
pre  mayor  que  los  demás  caracteres  y  formada  de 
dos  partes.  Este  signo,  más  ó  menos  modificado, 
persistió  hasta  el  siglo  xi,  encontrándose  en  ciertas 
escrituras  diplomáticas.  La  c  minúscula  aparece 
siempre  como  un  pequeño  signo  que  se  trazaba  en 
dos  rasgos  y  se  unía  á  la  letra  siguiente.  En  las  es¬ 
crituras  llamadas  nacionales,  la  c  no  tiene  caracteres 
particulares,  no  distinguiéndose  de  la  misma  letra 
de  las  escrituras  latinas.' 

Durante  el  segundo  período  de  la  Edad  Media  la 
c  va  tomando  poco  á  poco  formas  angulosas,  como 
todas  las  demás  letras;  aparece  en  las  inscripciones 
lapidarias  y  en  las  leyendas  sigilográficas  en  el 
siglo  xiv,  y  persiste  en  las  mayúsculas  góticas  de  las 
centurias  siguientes.  En  el  artículo  Alfabeto  pue¬ 
den  verse  las  distintas  formas  que  ha  tomado  la 
letra  c  en  el  transcurso  de  los  tiempos. 

En  la  paleografía  latino-cristiana  de  la  Edad  Me¬ 
dia  se  usaban,  entre  otras,  las  siguientes  abrevia¬ 
turas: 

ca,  causa. 

cap.  capella,  capitulas. 
cda  .  cujusdam. 
cl.  v.,  clarissimus  vir. 
cmunis,  communis. 
cnct,  conclusit. 
cnstm,  constructum. 
coione,  communione. 
coitas .  communitas. 
cosí,  cousilium. 
ctigere.  contingere. 
cyi.s,  cuius. 

XXXII.  Pintura.  V.  los  grabados  que  ilustran 
el  artículo  referente  á  la  letra  C. 

XXXIII.  Poesía.  En  la  poesía  la  letra  c  al  prin¬ 


cipio  de  una  composición  poética  significa  abrevia¬ 
tura  de  Carmen,  que  en  la  latinidad  clásica  signi¬ 
ficó  á  la  vez  verso  y  epopeya  ó  canto  heroico  de  redu¬ 
cidas  proporciones.  En  ediciones  de  versos,  latinos 
muy  esmeradas,  pertenecientes  á  los  siglos  xvi  y 
xvn,  y  en  que  aparecían  numerados  los  versos  de 
cinco  en  cinco,  al  llegar  á  cien  se  ponía  la  c.  no  sólo 
como  numeración  indicadora  de  verso  centésimo  de 
la  obra,  sino  también  como  expresión  de  la  quinta 
primera  parte  del  canto,  que  no  solía  exceder  de 
500  versos. 

En  la  poesía  griega,  la  letra  K  (correspondiente 
á  la  c  latina)  servía  para  numerar  el  párrafo,  libro, 
canto  ó  composición  de  una  serie  numerada.  Así 
vemos,  por  ejemplo,  que  en  la  litada  de  Homero,  el 
libro  K  (c)  corresponde  ai  canto  ó  libro  décimo  del 
mismo  poema  en  que  se  narra  la  expedición  de 
Ulises  y  Diomedes  al  campo  enemigo.  En  las  fiáfbulas 
de  Esopo  la  misma  letra  señala  la  titulada  Ailouros 
/tai  myes  (el  gato  y  los  ratones);  en  los  Diálogos  de 
Luciano  aparece  dicha  letra  numerando  el  diálogo 
entre  Menipo  v  Pintón;  en  las  odas  de  Anacreonte 
esta  letra  corresnonde  á  la  oda  á  la  Rosa,  en  ciertas 
ediciones,  y  en  otras  A  la  Primavera .  Lo  mismo  se 
observa  en  las  colecciones  epigramáticas  y  episto¬ 
lares  en  que  la  letra  indicada  sirve  de  numeración  á 
una  de  dichas  obras  poéticas.  En  los  idilios  de  Teó- 
crito  la  referida  numeración  es  tan  importante  que 
ha  llegado  hasta  á  suprimir  por  completo  el  título 
del  idilio,  ya  que  son  conocidos  con  el  nombre  de 
Idilio  A,  Idilio  13,  etc.,  más  que  con  el  subtítulo 
que  les  acompaña.  En  las  odas  pindáricas  la  nume¬ 
ración  literal  llegaba  hasta  á  repetirse  para  la  estrofa, 
la  antistrofa  y  el  épodos,  llegando  raras  veces  hasta 
la  letra  c,  que  por  corresponder  al  número  diez  hu¬ 
biera  exigido  un  número  excesivo  de  aquéllas. 

La  letra  c  en  las  antiguas  aulas  de  retórica  y 
poética  de  Alemania.  Francia  é  Inglaterra,  puesta 
por  el  profesor  al  pie  de  una  composición  poética, 
significaba  Censura,  que  equivalía  á  censurado  favo¬ 
rablemente  ó  sea  una  fórmula  semejante  al  Visto 
bueno  de  nuestros  días. 

XXXIV.  Química.  En  las  fórmulas  de  química 
la  c  representa  el  elemento  químico  carbono.  A  la 
vez  es  la  representación  del  átomo  de  este  elemento, 
cuyo  peso  es  12.  En  las  fórmulas  expresadas  ei. 
equivalentes  no  representa  el  peso  del  átomo,  sino 
solamente  6  partes  en  peso  de  carbono. 

XXXV.  Radioactividad.  Cuando  se  ponen  en 
presencia  del  radio  varios  cuerpos,  la  superficie  ele 
estos  se  cubre  de  un  depósito  radioactivo,  cuya  acti¬ 
vidad  varía  rápidamente  al  principio  cuando  se  les 
deja  solos,  y  muy  lentamente  después.  Al  depósito 
cuva  radioactividad  varía  rápidamente  se  le  consi¬ 
dera  formado  de  radium  A.  13  y  C.  Y  al  mucho 
menos  activo  pero  más  duradero,  de  radium  D,  E 
y  F.  (V.  Radioactividad.) 

XXXVI.  Taquigrafía..  En  el  sistema  Garriga 
la  c  ante  a,  o,  u,  ó  sea  con  sonido  fuerte  de  k  ó  q, 

se  expresa  con  el  signo  X  ,  en  tanto  que  la  C 

ante  e,  i,  ó  sea  con  sonido  suave  de  t,  se  escribe 
con  el  signo  — . 

La  escuela  catalana  escribe  los  sonidos  ca.  co,  cu, 
que,  qni  con  la  letra  k  cuyo  signo  es  ¡  y  los  sonidos 
ce,  ci,  los  de  la  a?  y  los  de  la  %  con  la  letra  s,  cuyo 
signo  es 


La  C  á  través  de  los  siglos 


cccc  tCCO  Cí  CC  CCCCKfíCl 

1  2  3  4  5  6  7  6  9  10  11  12  13  t5  16  17 


De  un  libro  irlandés  (siglo  vn).  —  2  Romana  (s¡a4o  vn)  —  3  Uncial  •  •.  ,  T,  ... 

?*-  5  -ydf  ,la  (siglo  v^niS  Jg io  ,v,.  -  S  ¡'oLídaiS  nt°  S 

tabeas  españolas,  poKF.  Lucas  (1577).  -  9.  Hizantma  mayúscula  (sido _ o¡ Ron  anLd  L  ' 

.  Lombarda,  inicial  (siglo  IH). — 12.  Anglosajona  -13.  De 'un  manuscrito  español ‘(si -lo  van—14  Ív!n  ‘a 

:ínS;  a(Sí%XC^,^imrÍegt  '1’°  l^  T  ^  Ve?aI  'Sí  ^  ~  1 Fra"cT*  (siglovil  GóS 

rda  n  "  So  (  ^  b  Vi.  M  -  ¡  ^^-1  ’’  InSlaterra)  -  2  1.  Carácter  nortea, ncricanp  (1902).  -21.  Lom- 

*21.  Carácte^norieanierícan^!*— *25*'  O^Ti^Hupp^^lfaPeUi'ornaii^ént^6— 'tíG^Mayú.-ciila^poii'tiificales  *por 
Vmrsal  —01  P  /"f  Ils'1  CISIo).  ~ 28-  Por  Lew.s  F.  Day  -29  De  Alberto  Durero  (siglo  xv/).  -  30.  Alema- 
cn  .no' ‘  Vdo xvn  34  Al!""!  S'na  !,incclad'’>  -)<,r  Lewis  F.  Day.  -  32.  Rasgueada  por  Lewis  F.  Day  -33.  Por 
-  no  s.^lo  xu)t-.l  Alperto  Dinero  isiglo  xvi).  —  35.  Romanas.  Museo  Británico  (150  á  300  de  1  C  ) 

j,.r  ,a,,:::n\al  He  aí0e,e! [I r :n*  £riesa  <334  aA  de)-  c.  >  -  3<.  ingesa  ( i joo>.  -  39.  ¿1^0  (S,- 

>  Vvi)  42  l  ,pPOr  X'iSr-  7  i-  Ausburgo  por  .1.  Bocatins  (1473)  -42.  Fundida  en 

x\i).  -  43.  Le  Puy  (Madera;.  Siglo  xn.  -  44.  Anglosajón  (siglo  vm).  Ms.  -  45  Ale- 
•  Yciar.  -47.  Redondilla  española  (siglo  xtx).  -  48  Alcma- 
'•  Romana,  por  Tagliente.  (Venecia,  1521). -51.  Fundida 
.  Por  .(•  Ostaus  (1590).  -  53  Por  Walter  Crane. — 
(siglo  vn).  —  56.  Italiana  (siglos  xv  y  xvi).  Ms  — 
Luis  XV,  por  Laurent.  —59.  Do  la  m,,,;,*  a.» 


(173S).  —  49 
una  campar 
.  Alemania  ti 


•  -Ms.  -ii; 


43.  Le’ Puy 

.  Española  (siglo  xvi),  por  j. 

de  Vespasiano  (siglo  xvi).  -  ....  - 

(siglo  XVI).  -  52.  Letras  de  cañamazi 
Franz  Stuck.  —  55.  Anglosajona 
'  ‘  ’  ‘  Franc 


er).  —60.  A 
?  de 


do  Pisa).  —66.  |  im 
r  (1519).  -63.  Por 


or  Wyss.  —  61.  Gótic; 
n  -61.  Por  Vicentino  (siglo  x 
Ricardo  II.  (Abadía  de  Westn 
ino  (siglo  XVI).  —  69.  Italiana, 


3  (1 


ster.  Londres,  1400). 
r  Cresci  (1570).  —  70. 


-  62.  Por  Wal- 
nerador  Enrique  Vil. 
6 1  i  or  Dame I  Hoti- 


C.  A.  —  CAABA 


7 


Para  los  otros  sistemas,  así  como  para  las  notas 
tironianas.  véase  el  artículo  Taquigrafía. 

XXXVII.  Tauromaquia.  Figura  en  el  hierro  de 
varias  ganaderías  de  reses  bravas,  bien  sola  y  con 


Hierros  con  la  letra  C  usados  para  marcar  reses 

BRAVAS  EN  LAS  PRINCIPALES  GANADERÍAS  ESPAÑOLAS 

1.  Don  Francisco  Aranda,  antes  CiburI  (Jerez  de  la  Frontera).  — 
2.  Don  Joaquín  Castrillón  (Jerez  de  la  Frontera).  —  3.  .Mar¬ 
qués  de  Cullar  de  Baza  (Úbeda).  —  4.  Don  Juan  Carrasco 
(Miradores).  —  5.  Marqués  de  los  Castelloues  ( Madrid ).  — 
6.  Don  Vicente  Vázquez  (Madrid).  —  7.  Marqués  de  Comillas. 

distintas  formas  ó  acompañada  de  otra  letra  ó  con  al¬ 
gún  emblema.  En  los  adjuntos  grabados  reproduci¬ 
mos  varias  de  estas  marcas. 

XXXVIII.  Tipografía.  Cada  uno  de  los  tipos 
movibles  con  que  se  imprime  esta  letra.  ||  Punzón  gra¬ 
bado  en  hueco  que  sirve  á  los  fundidores  para  pro¬ 
ducir  este  tipo .  ||  La  signatura  tipográfica  correspon¬ 
diente  al  tercer  pliego  de  una  obra  cuando  se  expre 
san  estas  signaturas  por  letras  en  vez  de  números. 
XXXIX.  Trigonometría.  Sentido  análogo  á  la  A. 
XL.  Valores  públicos  y  papel  moneda.  En  las 
emisiones  de  Deuda  pública  la  letra  C  designa  la 
tercera  serie  de  los  títulos  emitidos.  El  valor  nomi¬ 
nal  de  los  títulos  de  esta  serie  se  fijó  en  21,000  rea¬ 
les  para  la  Deuda  diferida  del  3  por  100,  en  40.000 
reales  para  la  amortizable  de  1.a  clase  y  en  20.000 
reales  para  la  de  segunda  (800  pesos,  170  libras 
y  4,320  francos  para  la  exterior)  por  el  Reglamento 
de  17  de  Octubre  de  1851  (art.  51).  La  Instrucción 
de  10  de  Noviembre  1870  determinó  su  valor  en 


RA 


Filigranas  de  papel  con  las  letras  C.  A. 
Viceucía  (Italia),  1529  á  1542.  — Udíne  (1533) 

2,500  pesetas  para  los  de  la  Deuda  interior,  y  en 
800  pesos  fuertes  para  la  exterior.  Los  de  la  comisión 
de  1881  (amortizable  del  4  por  100)  . son  de  5,000 
pesetas,  tipo  que  no  ha  variado  posteriormente. 
V.  Deuda. 

En  las  emisiones  de  billetes  de  Banco,  la  serie  C 
suele  ser  la  tercera  de  las  emitidas.  V.  Banco  (Ban¬ 
co  de  España). 

C.  A.  Abreviatura  de  las  palabras  Ca 

latinas  Caesar  Augustas,  Caesar  Au¬ 
gusta ,  Caesar  Augur  v  Colonia  Augusta.  Marca  <*ei  pia- 
CA.  ( Etim .  Del  lat.  guare.) 

Conj.  causal  ant.  Porque. 

Ca.  Abreviatura  de  Camilus,  Cato  y  Causa. 
Ca.  m.  Germ.  Organo  sexual  masculino. 

Ca.  Quím.  Símbolo  químico  del  calcio. 

¡CA!  iuterj.  fam.  ¡QuiÁ! 


aA 


CAÁ.  Nombre  guaraní  dé  la  hierba  mate,  y  en 
general  de  toda  clase  de  hierba  ó  planta.  Entra  en  la 
composición  de  innumerables  palabras,  nombres  geo¬ 
gráficos  v  botánicos 
del  Brasil,  Para¬ 
guay  ,  Argentina  y 
Uruguay.  También 
es  genérico  de  cier¬ 
tas  regiones  del  Bra¬ 
sil  cai-rgapo,  bosque 
sumergido;  caátin- 
ga.  bosque  claro;  cad-guazú ,  bosque  grande,  etc. 

CAAB.  Biog.  Judío  del  siglo  vil  da  nuestra  era, 
n.  en  Jerusalén.  Se  convirtió  al  islamismo  al  caer  su 
ciudad  natal  en  poder  de  Ornar  y  debido  á  las  expli¬ 
caciones  que  le  dió  el  conquistador  acerca  de  aquella 
religión.  Caab  filé  colmado  de  honores,  y  Ornar  se 
vanagloriaba  de  su  conversión,  que  apreciaba  en 
más,  decía,  que  la  conquista  de  Jerusalén. 


Marcas  de  cerámica  francesa  deRuán 
(siglo  xvin)  y  liourges  (siglo  xvui) 


^5  í  & & 

Monogramas  con  las  letras  C.  A. 

1  y  2,  de  Aníbal  Carra  che;  3  y  4,  del  grabador  y  arquitecto  Pedro 
Cottard  (siglox\u),y  5,  de  Claudio  de  Lorena,  duque  de  Guisa  (1583) 

CAABA.  Hist.  reí.  Famoso  templo  de  la  Meca, 
cuya  visita  siquiera  una  vez  en  la  vida  debe  hacer 
todo  mahometano  personalmente  ó  por  medio  de  pro¬ 
curador.  Conforme  con  el  significado  de  la  palabra 
árabe,  tiene  la  Caaba  la  forma  de  un  cubo  de  bloques 
urises,  de  dimensiones  desiguales,  groseramente  ta¬ 
llados;  elevado  sobre  un  pedestal  de  12  pies  sobre  el 
nivel  del  suelo,  de  12  metros  de  ancho.  13  de  largo  v 
poco  más  de  14  de  altura.  Está  cubierto  por  un  rico 
pabellón  de  seda  negro,  flotante  al  viento  y  que  se  re¬ 
nueva  todos  los  años.  Según  Procopio,  el  primer  velo 
fué  donativo  al  templo  de  un  rey  hangarita.  siete  si¬ 
glos  antes  de  venir  Mahoma  al  mundo.  Hállase  casi 
en  el  centro  de  un  patio  de  doscientos  á  doscientos 
cincuenta  pasos,  rodeado  de  columnas  en  cuatro  órde¬ 
nes  por  el  lado  de  oriente  y  tres  órdenes  por  los  otros 
tres  lados,  en  número  de  448;  están  unidas  en  sus 
bases  por  una  balaustrada  poco  elevada  y  en  sus  re- 
, mates  por  barras  de  plata  y  aparecen  montadas  por 
arcos  árabes  sobre  los  que  se  alzan  52  cupulitas.  En 
los  espacios  intercolumnares  cuelgan  lámparas  en 
abundancia.  Etilo  exterior  este  claustro  va  precedi¬ 
do  de  siete  minaretes  asimétricamente  distribuidos. 
En  la  Caaba  se  penetra  por  una  sola  abertura  con 
puerta  ricamente  decorada,  al  Norte, 
á  que  da  acceso  una  escalera  movible, 
que  se  le  aplica  en  el  solo  período  de 
las  peregrinaciones  y  cuando  se  quiere 
asear  el  templo.  El  interior  lo  forma  una 
sala  adornada  con  inscripciones  árabes, 
de  pavimento  de  mármol  dispuesto  en 
mosaicos  y  de  doble  bóveda  sustentada 
por  tres  columnas  de  áloe,  octógonas, 
por  entre  las  que  cuelgan  varias  lám¬ 
paras  de  oro  macizo  que  alumbran  el 
recinto.  A  una  altura  de  cinco  pies  y 
en  el  ángulo  que  mira  al  NE.,  encadenada  al  muro 
se  halla  la  célebre  piedra  negra,  de  figura  ovalada, 
de  siete  pulgadas  de  diámetro,  que  parece  mejor  un 


e 


arca  de  la 
ganadería 
de  D.  Joa¬ 
quín  Pé¬ 
rez  de  la 
Conciia. 
(Sevilla  .) 


8 


CAABEIRO  —  CaACUPE 


agregado  de  aerolitos.  La  tradición  árabe  la  hace  pie¬ 
dra  preciosa  traída  del  paraíso  por  el  arcángel  Ga¬ 
briel.  De  un  brilló  deslumbrador,  hasta  el  extremo 
de  no  poder  resistirlo  la  vista  á  una  distancia  respe¬ 
table,  convirtióse  en  el  color  negro  actual  por  la 
abundancia  de  lágrimas  que  sobre 
ella  derramó  Mahpma  para  bien  del 
género  humano  oprimido  por  ¡os  ma¬ 
les  de  los  pecados,  ó  bien  según  otra 
tradición,  por  la  impiedad  de  los 
hombres  al  imprimir  en  ella  sus  be¬ 
sos.  Los  fieles  deben  besarla  con  res¬ 
peto  profundo  y  ella  constituye  el 
punto  de  llegada  de  las  peregrina¬ 
ciones.  Guárdasela  en  caja  de  plata. 

Los  cármatas  al  apoderarse  de  la  Me¬ 
ca  en  938,  se  llevaron  la  estimada 
reliquia,  que  no  quisieron  ceder  por 
5.000  monedas  de  oro  que  por  su  res¬ 
cate  ofrecieron  los  árabes. '  Después 
de  habe'la  poseído  durante  veintidós 
años,  la  devolvieron  espontáneamen¬ 
te.  A  los  cuatro  lados  de  la  Caaba, 
en  cuatro  reducidos  edificios,  se  co¬ 
locan  los  imanes  de  los  cuatro  ritos 
musulmanes  ortodoxos,  para  dirigir 
las  oraciones  de  los  creyentes  de  sus 
comuniones.  A  corta  distancia  de  la 
misma,  por  la  parte  oriental,  se  ofre¬ 
ce  la  llamada  estación  de  Abrahdm,  en 
que  hav  una  piedra  en  la  que  los  ára¬ 
bes  creen  que  aquel  patriarca  se  paró 
cuando  construyó  la  Caaba.  Preten¬ 
den  que  lleva  impresa  la  huella  de 
sus  pasos  y  la  guardan  encerrada  en 
una  caja  de  hierro.  Hacia  el  N.  de  la 
Caaba  vese  la  piedra  blanca .  en  un 
recinto  semicircular  de  50  codos  de 
largo,  y  es  venerada  como  sepultura  de  Ismael:  por 
una  canal  de  oro  recibe  las  aguas  de  lluvia  que 
caen  del  templo.  En  el  SE.  existe  el  pozo  Zemzem, 
que.  según  la  tradición,  sirvió  para  apagar  la  sed 
de  Agar  é  Ismael  en  su  peregrinación  por  el  de¬ 
sierto.  El  destino  de  la  Caaba  en  la  antigüedad  fué 
el  de  honrar  á  ciertas  divinidades  del  paganismo. 
Mahomá  encontró  allí  360  estatuas  de  hombres, 
águilas,  leones,  etc.,  que  mandó  destruir,  con  el 
fin  de  purificar  el  templo  y  destinarlo  al  culto  del 
Dios  único,  objeto  de  la  fe  del  islamismo.  Los  fie¬ 
les  islamitas  dicen  que  fué  construida  primeramente 
por  Adán:  destruida  por  el  diluvio,  fué  reedifica¬ 
da  por  Abrahám,  con  ayuda  de  su  hijo  Ismael;  que 
en  tiempos  posteriores  fué  varias  veces  reconstrui¬ 
da.  hasta  que  en  681  Ibn  ez-Zobeir  le  dió  la  forma 
que  hoy  tiene,  y  en  1627  se  la  restauró  de  manera 
completa.  Adán  la  construyó  según  el  modelo  de 
un  templo  que  Dios  le  permitió  ver  en  el  cielo.  Su 
historia  es  antiquísima.  Nabucodonosor  la  atacó  en 
una  de  sus  correrías. 

CAABEIRO.  Geog.  Comarca  de  Galicia  que 
formaba  una  jurisdicción  en  la  antigua  prov.  de  Be- 
tanzos.  arzobispado  de  Santiago  de  Compostela: 
comprendía  varias  feligresías,  hoy  pertenecientes  á 
las  parroquias  de  San  Juan  y  San  Braulio  de  Caa- 
beiro,  en  el  p.  j.  de  Puentedenme,  prov.  de  la  Coru¬ 
lla.  La  jurisdicción  de  Caabeiro,  que  tenía  por  capi¬ 
tal  á  Capela,  era  de  señorío  del  prior  y  canónigos  de 
la  colegiata  de  San  Juan  de  Caabeiro,  habiéndose 


trasladado  la  caoitalidad  á  Cabañas  después  de  su¬ 
primida  la  mencionada  colegiata. 

CAABI.  Filol.  Voz  guaraní  que  significa  monte. 
Entra  en  la  composición  de  varios  lugares  geogrᬠ
ficos,  como  Caabi-Curuzú }  estancia  de  la  Argentina, 


prov.  de  Corrientes,  partido  de  Lavalle;  Caabi-Jo- 
bay .  en  la  misma  prov.,  partido  de  Concepción,  etc. 

CAAB  IBN  ZOHAaR.  Biog.  V.  Kaab  ben 

Z OH A IR. 

CAACATI.  Geog.  Dep.  de  la  prov.  de  Corrien¬ 
tes  (República  Argentina),  á  orillas  del  Paraná  y  de 
los  esteros  Maloya  y  Longaniza.  Tiene  2,753  kiló¬ 
metros  cuadrados  y  12,000  habits.  Su  cabecera  es 
el  mun.  del  mismo  nombre,  á  40  kms.  del  Paraná; 
1,800  habits.  La  mayor  parte  del  departamento 
consta  de  terrenos  anegadizos.  La  parte  seca  (320 
kilómetros  cuadrados)  tiene  plantaciones  de  tabaco, 
caña  y  cereales.  Hay  algún  bosque  de  palmeras  En 
el  pueblo  hav  iglesia  parroquial  que  data  de  1820, 
estación  meteorológica,  juzgado  de  paz,  comisaría, 
escuelas,  etc.,  y  unas  45  manzanas  edificadas.  En 
este  departamento  se  encuentra  el  Rincón  de  Ven¬ 
ces,  donde  el  genera]  Urquiza  al  invadir  la  provincia 
derrotó  al  ejército  correntino.  en  27  de  Noviembre 
de  1847. 

CAACICA.  f.  Bot.  Nombre  vulgar  de  la  especie 
Eupborbia  pilulifera  L..  de  la  familia  de  las  titimalá- 
ceas.  También,  se  denomina  Caatia. 

CAACUPÉ.  Geog.  Pobl.  y  partido  de  la  Repú¬ 
blica  del  Paraguay,  en  el  tercer  distrito,  sobre  la 
cordillera  de  los  Altos;  6.080  habits.  Ha  progresado 
rápidamente,  contando  hoy  con  centros  literarios  y 
recreativos,  hermosos  edificios,  bastante  comercio 
é  industria,  tranvías,  servicio  telefónico,  etc.  San¬ 
tuario  de  la  Virgen  de  la  Concepción  de  los  Milagros 


9 


CA  AF-WATER  - 

en  la  cúspide  inmediata,  lugar  de  peregrinación. 

CA  AF-WATER.  Geog.  Afluente  del  río  Garnsck 
(Escocia),  en  el  condado  de  Avr.  Desemboca  cerca 
de  Dalrv,  y  tiene  un  curso  de  11  kms. 

CAAGUANÉ.  Geog.  Arroyo  de  la  prov.  de  Bue¬ 
nos  Aires  (República  Argentina),  partido  de  Bara- 
dero.  Es  afluente  de  la  derecha  del  Arrecifes. 

CAAGUAZÚ.  Geog.  Llanuras  de  la  República 
Argentina,  prov.  de  Corrientes,  dep.  de  Concepción, 
donde  hubo  un  encuentro  entre  las  tropas  del  gene¬ 
ral  Echagüe,  que  había  invadido  la  provincia,  v  el 
general  Paz.  jefe  de  los  correntinos,  quien  salió  ven¬ 
cedor  (Noviembre  de  1841).  Estos  llanos  se  extien¬ 
den  hasta  el  Paraguay,  y  están  cubiertos  de  inmen¬ 
sos  bosques  de  cedros.  ||  Dep.  de  la  gobernación  de 
Chaco  con  más  de  1,000  habits. 

Caaguazú.  Geog.  Pobl.  y  partido  de  la  República 
del  Paraguay,  en  el  sexto  distrito,  con  importante 
comercio  de  hierbas,  y  5.605  habits. 

Caaguazú  (Cordiliera  de).  Geog.  Serranías  del 
Paraguay,  pertenecientes  al  sistema  de  Mbaracavú, 
del  cual  se  bifurcan  hacia  el  S.  y  el  O.,  despren¬ 
diendo  numerosos  ramales.  Esta  cordillera  se  ori¬ 
gina  del  .ángulo  formado  por  los  dos  sistemas  orográ- 
ficos  de  Amambay  y  Mbaracavú  y  sigue  primero  la 
dirección  SO.,  luego  la  del  S.  cruzando  los  partidos 
de  San  Joaquín.  Ihú,  Caravaó,  Caaguazú.  Villa 
Rica,  Caazapá,  San  Juan  Nepomuceno,  Yegros, 
Yutí.  San  Pedro  del  Paraná,  Boví,  Jesús  y  Trini¬ 
dad.  acabando  en  Villa  Encarnación.  Constituye  un 
conjunto  de  sierras  y  cerros  aislados  á  menudo.  Sus 
principales  estribaciones  son,  cerca  de  Villa  Rica, 
una  que  se  dirige  al  occidente,  la  cordillera  de  Ibi- 
turuzú,  que  luego  se  llama  cordillera  de  los  Altos, 
y  llega  hasta  el  partido  de  Emboscada,  junto  al  río 
Paraguay,  puerto  de  Arecutacuá.  A  su  vez  des¬ 
prende  esta  serranía  varios  ramales  al  N.  y  S.  de  los 
cuales  citaremos  los  cerros  de  Ibituruzú.  de  Ibitipa- 
né.  etc. 

CAAIGUAS.  Etnogr.  Indios  nómadas  que  habita¬ 
ban  en  el  Alto  Uruguay.  Eran  una  rama  de  los  gua- 
ranís,  aunque  de  idioma  distinto. 

CAAL.  Geog.  Caserío  de  Guatemala,  dep.  de 
Huehuetenango,  mun.  de  Malacatáu,  con  minas  de 
plomo,  y  100  habits. 

CAAMA.  m.  Zool.  V.  Alcéi.afo. 

CAAMAÑO.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de  la  Co¬ 
rana,  en  el  mun.  de  Son.  parroquia  de  Santa  María 
de  Caamaño.  V.  Santa  María  de  Caamaño. 

Caamaño  (Angel).  Biog.  Autor  dramático  v  re¬ 
vistero  taurino,  n.  en  Madrid  en  1861,  más  conoci¬ 
do  por  el  seudónimo  del  Barquero.  En  su  juventud 
fué  encuadernador,  cajista,  torero  y  corista,  dedi¬ 
cándose  por  fin  á  la  literatura  v  habiendo  conseguido 
un  nombre  en  la  crítica  taurina,  especialidad  que 
cultiva  con  acierto.  Ha  colaborado  en  todos  los  pe¬ 
riódicos  de  toros  qse  se  publican  en  España,  ha 
fundado  algunos  y  en  la  actualidad  es  redactor  del 
Heraldo  de  Madrid,  periódico  en  el  que  entró  al 
fundarse.  También  ha  cultivado  con  éxito  el  teatro, 
al  que  ha  dado  las  siguientes  obras,  todas  en  un 
acto:  Sección  lírico-dramática,  Coma  del  Centro  Ba¬ 
rrabás  (1889),  Entre  militares  (1890),  Chicoleonte 
(1895  ¡,  Heraldo  de  Madrid  (1896),  La  cena  de  Noche- 
Buena  (1896).  Huelga  de  cómicos  (1897).  La  nieta 
de  su  abuelo  (1898),  La  marusiña  (1899),  Tiempo 
revuelto  (1900),  La  osa  mayor  (1 900).  El  chico  de  la 
portera  (1901),  Postales  madrileñas  (1902).  El  cnche- 


-  CAAPIRANGA 

rito  (1903),  Las  chismosas  (1904),  El  lazo  verde 
(1908),  Toros  en  Aranjnez  (1908),  Pascualica  (1909), 
El  alegre  manchego  (1909),  y  Vencedores  y  vencidos 
(1910).  Tiene  otras  varias  en  ensayo  (Octubre, 
1910),  v  bastantes  inéditas,  habiendo  publicado, 
fuera  del  teatro,  Cabezas,  cabecillas  y  cabezotas  y 
Agraz  en  polvo. 

Caamaño  (José  María  Plácido).  Btog.  Presidente 
de  la  República  del  Ecuador,  n.  en  Guayaquil  en 
1838  y  m.  en  Sevilla  en  1901.  Estudió  derecho  y 
teología  en  el  seminario  de  su  ciudad  natal,  y  com¬ 
pletó  su  educación  en  la  universidad  de  Quito.  Par¬ 
tidario  del  dictador  Veintimilla,  al  principio  del  go¬ 
bierno  de  éste  conspiró  más  tarde  contra  él,  por  lo 
que  fué  desterrado  al  Perú  en  1882.  En  la  capital 
peruana  organizó  una  expedición  que,  partiendo  del 
Callao  en  14  de  Abril  de  1883.  desembarcó  tres 
días  más  tarde  en  territorio  del  Ecuador:  marchando 
sobre  Guayaquil  uniéronse  á  los  revolucionarios  los 
genetales  Salazar,  Sarasti  y  Alfaro  con  las  tropas  de 
su  mando:  la  plaza  fué  tornada  por  analto,  v  en  11 
de  Octubre  del  mismo  año  Caamaño  era  proclamado 
presidente  ad  interim  por  la  Convención  Nacional 
convocada  por  los  caudillos  triunfantes,  ven  17  de 
Febrero  de  1884  presidente  efectivo  de  la  República 
del  Ecuador.  En  6  de  Febrero  de  1886  fué  objeto 
de  una  tentativa  de  asesinato,  de  la  que  escapó  arro¬ 
jándose  á  un  río.  Aunque  Caamaño  representaba  el 
partido  conservador  de  su  país,  votaron  no  obstante 
su  elección  algunos  de  sus  adversarios  políticos; 
bajo  su  administración  se  establecieron  en' el  Ecua¬ 
dor  telégrafos,  escuelas,  corporaciones  científicas  v 
otras  manifestaciones  de  civilización  y  cultura.  En 
1888  cesó  en  la  presidencia  de  la  República,  siendo 
nombrado  entonces  ministro  de  su  país  en  los  Esta¬ 
dos  Unidos,  v  al  dejar  este  cargo  ocupó  el  gobierno 
de  la  provinvia  del  Guayas.  En  1895.  acusado  de 
intervención  en  un  asunto  que  por  aquella  época 
apasionó  los  ánimos  en  el  Ecuador,  se  vió  obligado 
á  emigrar,  residiendo  desde  entonces  hasta  la  fecha 
de  su  muerte  en  España.  Pertenecía  á  la  Real  Aca¬ 
demia  déla  Historia,  al  Círculo  Artístico  y  Literario 
de  Madrid,  á  la  Asociación  Colombina  de  Huelva 
y  ^  Ateneo  Hispalense.  Muy  digna  de  notarse  es 
la  circunstancia  de  que,  aunque  se  calumnió  á  Caa¬ 
maño,  m.  en  Sevilla  en  la  mayor  pobreza,  habiendo 
perdido  los  bienes  de  fortuna*  que  había  adquirido 
honradamente  antes  de  subir  á  la  presidencia  de  la 
República. 

CAAMOUCO.  Geog.  V.  San  Vicente  de  Caa- 
mouco. 

CAANA .Geog.  Aldea  del  Perú,  dep.  del  Puno, 
prov.  de  Chucuito.  mun.  de  Yunguvo. 

CAANGUÁS  o  CAAYÉS.  Etnogr.  Tribu  in¬ 
dia  del  Paraguay  y  Argentina,  territorio  del  Chaco. 

CAANTO.  Mit.  Hijo  <del  Océano  y  de  Tet.is. 
Enviado  por  su  padre  para  rescatar  á  su  hermana 
Melia,  que  había  sido  robada  por  Apolo,  al  encon¬ 
trarla  en  brazos  de  su  raptor,  en  venganza  pegó 
fuego  al  bosque  Ismetiio,  en  Tebas,  consagrado  á 
aquél.  El  dios  castigó  su  audacia  matándolo  de  un 
flechazo. 

CAAPEBA.  f.  Bot.  ( Caaprba  Mili.)  Género  de 
plantas  de  la  familia  de  las  menospermáceas,  sinó¬ 
nimo  de  Cissamvelus  L. 

CAAPIRANGA.  Grog.  Isla  fluvial  del  Brasil 
en  el  Río  Blanco,  afluente  del  Negro.  Estado  de 
Amazonas. 


10 


CAA-POAM  —  CABA 


Cab  inglés  y  cab  automóvil 


CAA-POAM.  Geog.  Isla  del  río  Capim.  en  el 
Brasil,  listado  de  Pará. 

CAAPUCÚ.  Geog.  Pool,  y  partido  del  Para¬ 
guay.  décimocuarto  distrito,  con  0.713  ’nabits.  y 
ricos  camoos  donde  se  cría  numerosos  rebaños  de 
toda  clase  de  ganado.  Antes  de  la  campaña  gloriosa 
contra  la  Triple  alianza  formaba  un  departamento. 
Su  nombre  viene  de  un  cerro  cercano.  En  sus  pro¬ 
ximidades  hay  minas  de  hierro  de  las  cuales  en  1853 
se  fundió  material  de  guerra. 

CAARRERAS  RAMÍREZ  Y  ORTA  (Juan 
Agustín).  Biog.  V.  Carreras  Ramírez  y  Orta 
(Juan  Agustín). 

CAATH.  Biog.  bíbl.  El  segundo  de  los  tres  hijos 
de  León,  con  Gersón  y  Merari,  ascendiente  de  una 
rama  tripartida.  Los  caatitas  componen  cuatro  estir¬ 
pes:  Amram,  lsaar,  Hebrón  y  Oziel.  El  primero  fué 
padre  de  Moisés  y  de  Aarón;  una  de  las  descenden¬ 
cias  más  ilustres  de  los  caatitas  fué  la  de  los  corsi¬ 
tas.  provenientes  de  lsaar.  V.  Génesis,  c.  46:  Exo¬ 
do.  c.  6.  Números,  3;  Josué,  21  (donde  se  habla  del 
sitio  que  ocuparon  los  caatitas  en  Palestina). 

C  A  ATI  A.  f.  Bot.  V.  Caacica. 

CAATITAS.  Hist.  bíbl,  V.  Caatti. 

CAAUA.  Geog.  Isleta  del  lago  Titicaca  en  el 
Perú. 

CAAZAPÁ.  Geog.  Pobl.  y  partido  (antes  depar¬ 
tamento)  de  la  República  del  Paraguay,  en  la  parte 
meridional  del  noveno  distrito,  atravesado  por  la 
cordillera  de  Caaguarú  con  bellos  campos  profusa¬ 
mente  regados  de  ríos  y  arroyos  en  los  que  pasta 
gran  número  de  cabezas  de  ganado  mayor  y  menor. 
Cultivos  de  tabaco.  Preciosas  maderas  de  exporta¬ 
ción.  La  población  fué  fundada  por  los  jesuítas  en 
1607  para  reducir  á  los  indios  caazapás.  existiendo 
aún  el  templo  que  construyeron.  El  partido  cuenta 
16.341  habits.  Los  principales  centros  de  población 
son  Cnracará-i,  Estación  Maciel,  Santa  Tereza  v  Es¬ 
tación  Sosa  que  por  ser  paradas  del  ferrocarril  están 
en  vías  de  prosperidad. 

CAB.  (Etim. — Abreviatura  del  francés  cabriolet .) 
m.  Coche  oriundo  de  Inglaterra,  donde  recibe  el 
nombre  de  hansom-cab,  por  haber,  sido  inventado 
por  el  arquitecto  Hansom  en  183L  Este  coche  está 
montado  sobre  dos  ruedas  en  unos  2  m.  de  diáme¬ 
tro-,  y  su  caja,  de  madera,  se  cierra  por  delante  con 
una  portezuela  de  dos  cristales,  teniendo  adpmás 
una  ventana  á  cada  lado.  Lo  característico  de  este 


vehículo  es  que  el  pescante  va  en  la  parte -alta  de  la 
trasera,  de  modo  que  permita  al  cochero  ver  y  guiar 
al  caballo.  En  esta  forma  el  que  ocupa  el  coche  puede 
mirar  sin  ningún  obstáculo  delante,  pero  es  preciso, 
dada  la  altura  y  posición  del  pescante,  atender  al 
equilibrio  del  carruaje.  El  cab  francés,  reformado 
por  Kellner.  tiene  cuatro  ruedas  y  su  caja  de  made¬ 
ra  es  parecida  á  un  mílord  con  la  capota  echada. 
Tiene  también  las  portezuelas  por  delante  V  cristales 
laterales,  pero  el  pescante  va  en  la  parte  anterior 
como  en  los  otros  carruajes. 

Cab.  m.  Metrol.  Medida  de  capacidad  usada  entre 
los  antiguos  hebreos,  para  líquidos  y  áridos.  Equi¬ 
valía.  para  los  primeros,  á  un  litro  escaso,  y  para 
los  segundos  á  más  de  27  litros. 

CABA.  Geog.  Pueblo  de  Fdipinas,  en  la  isla  de 
Luzón.  prov.  de  la  Unión:  3,950  habits. 

Caba,  Geog.  Río  de  la  isla  de  Luzón  (Filipinas) 
en  la  provincia  de  Pangasinán;  nace  en  el  monte 
Tonglón,  toma  la  dirección  N.  y  O.,  pa«a  por  el 
pueblo  de  Aringav  y  desemboca  en  el  golfo  de  Pin¬ 
garen. 

Caba  y  Casamitjana  (Antonio).  Biog.  Pintor  es¬ 
pañol.  n.  en  Barcelona  en  1838  y  m.  en  la  misma 
ciudad  en  24  de  Enero  de  1907.  Era  hijo  de  Jaime 
Caba.  adornista  y  constructor  de  las  improvisadas 
salas  de  baile  llamadas  entoldados.  Habiendo  demos¬ 
trado  su  afición  á  la  pintura,  recibió  Antonio  Caba 
algunas  lecciones  de  Gabriel  Planella,  profesor  de  la 
Escuela  de  Bellas  Artes,  ingresando  después  como 
aprendiz  en  el  obrador  de  un  pintor  de  brocha  gor¬ 
da.  cuvo  oficio  no  satisfizo  las  aspiraciones  del  joven 
artista:  después  de  permanecer  algún  tiempo  al  lado 
de  un  adocenado  dibujante  llamado  Espluga,  cuyos 
procedimientos  rutinarios  para  la  copia  del  antiguo 
se  asimiló  rápidamente,  ingresó  en  la  Escuela  de  la 
Lonja  de  Barcelona,  sostenida  por  la  junta  de  co¬ 
mercio.  en  donde  á  la  sazón  explicaba  la  Teoría  é 
historia  de  las  Bellas  Artes.  Pablo  Milá  y  Fontanals. 
desempeñando  la  cátedra  de  dibujo  Claudio  Lo- 
renzale,  ferviente  adepto  de  la  escuela  artística  de 
los  puristas  neocristianos.  iniciada  por  Minardi  y 
Overbeck:  además  de  los  estudios  de  las  obras  de 
Fra  Angélico,  Per.ugino.  Giotto  y  Rafael.  Cornelius 
v  Kaulback.  realizó  Caba  otros  estudios  más  perso¬ 
nales.  recorriendo  en  comoañía  de  Tomás  Padró  y 
de  Agustín  Rigalt  las  comarcas  de  su  país  en  las 
que  abundan  grandes  monumentos  arquitectónicos. 


CABA 


11 


históricas  tumbas  y  admirables  retablos  de  una  ri¬ 
quísima  escuela  llena  de  carácter;  con  estas  excur¬ 
siones,  obtuvieron,  los  tres  jóvenes  artistas  especia- 
lísimos  estudios  que  sirvieron  de  base  á  muchas  de 
sus  obras.  Habiendo  obtenido  Antonio  Caba  los  pri- 
mios  de  la  Escuela  de  Barcelona,  trasladóse  á  Ma¬ 
drid  (1858)  en  compañía  de  Agustín  Rigalt.  ingre¬ 
sando  en  la  Escuela  superior  de  Pintura,  y  recibien¬ 
do  las  lecciones  de  Federico  Madr&zo;  á  su  regreso 
pintó,  por  encargo  de  la  junta  del  teatro  del  Liceo, 
la  composición  que  adorna  el  techo  de  la  sala  de  es  ¬ 
pectáculos,  representando  El  Acero  de  Madrid ;  en 
esta  obra,  colocada  en  primera  línea  entre  las  de¬ 
más  que  figuran  á  su  lado,  adelantóse  el  autor  á  mu¬ 
chos  artistas  de  su  tiempo,  demostrando  las  mayo¬ 
res  dotes  y  su  reconocida  personalidad  para  la  gran 
decoración:  la  naturalidad  en  la  colocación  de  las 
figuras,  el  ambiente  cortesano  de  toda  la  composi¬ 
ción,  la  fidelidad  de  la  indumentaria,  junto  con  la 
corrección  del  dibujo  y  el  acierto  en  el  color,  de¬ 
muestran  lo  que  su  autor  hubiese  podido  realizar  más 
tarde  á  no  reinar  en  su  ciudad  natal  tan  meng’uado 
ambiente  artístico.  Después  de  realizar  una  rápida 
excursión  á  Roma,  estudió  algún  tiempo  en  París, 
ingresando  (con  el  número  28  entre  600  aspirantes) 
en  la  escuela  imperial  de  bellas  artes  en  el  estudio  de 
Gleyre,  pintor  helenista  que  se  inspiraba  en  ideales 
arqueológicos.  En  1863.  regresó  á  Barcelona,  en 
donde  pintó  tres  composiciones  representando  Ara¬ 
gón,  Asturias  y  Cataluña,  para  el  café  de  España;  el 
mismo  año  obtuvo  la  pensión  de  Madrid  ofrecida  por 
la  Diputación  provincial,  con  el  lienzo  Dar  d  Dios 
lo  que  es  de  Dios .  y  al  César  lo  que  es  del  César.  Du¬ 
rante  la  segunda  estancia  que  realizó  en  la  corte, 
recibió  los  consejos  del  erudito  pintor  Carlos  Luis  de 
Ribera  y  pintó  para  la  exposición  de  1864.  el  lienzo. 
La  heroína  de  Peralada,  obteniendo  segunda  medalla 
y  siendo  adquirida  la  obra  por  el  Estado  (Museo 


Moderno,  número  56  del  catálogo).  En  esta  obra 
la  personalidad  de  Caba  se  despoja  de  las  conven¬ 
ciones  impuestas  por  las  primeras  enseñanzas  reci¬ 


bidas.  para  adoptar  formulas  rtíás  en'consonancia  con 
su  temperamento;' el  caballo  que  figura  en  el  citado 
lienzo  demuestra  el  fruto  de  su  estancia  en  Madrid 


Dibujo  original  de  A.  Caba.  (Colección  Caseilas) 


y  la  influencia  ejercida  por  la  obra  de  Velázquez. 
La  muerte  de  su  padre  obligóle  á  regresar  á  Bar¬ 
celona.  debiendo  emplear  gran  parte  de  su  tiempo 
en  la  dirección  del  negocio  que  era  el  sostén  de  toda 
la  familia.  En  1874  hizo  oposiciones  pa^a  la  cátedra 
de  colorido  y  composición  de  la  Escuela  de  Bellas 
Artes  de  Barcelona,  de  la  cual  era  auxiliar  desde 
1865;  en  el  lienzo  de  Caba,  representando  el  Arre¬ 
pentimiento  de  Judas,  brillan  todas  las  cualidades 
necesarias  para  demostrar  las  condiciones  que  para 
la  enseñanza  del  arte  tenía  el  concursante,  mientras 
que  en  la  obra  de  Simón  Gómez,  que  también  dis¬ 
putaba  la  plaza  vacante,  la  superioridad  déla  factura 
y  la  personalidad  del  colorido  no  aparecen  secunda¬ 
das  por  la  composición  v  por  otros  pormenores  in¬ 
hábiles.  Al  obtener  la  cátedra,  realzó  Caba  la  ense¬ 
ñanza  de  la  escuela  de  Barcelona,  logrando  tan 
crecido  número  de  discípulos,  que  no  era  suficiente 
el  espacioso  estudio  destinado  á  la  enseñanza.  Y  no 
hallando  en  Barcelona  ambiente  para  la  pintura  de¬ 
corativa,  género  del  cual  sólo  quedan  de  su  mano 
algunos  bocetos  y  un  techo  para  la  casa  Brusi  (La 
Aurora,  el  Día  y  la  Noche),  dedicóse  á  pintar  retra¬ 
tos,  obteniendo  justificada  nombradla  é  incesantes 
encargos.  Entre  ellos,  descuellan  los  de  las  hijas  del 
marqués  de  Santa  Cruz,  el  de  su  profesor  Claudio  Lo- 
renzale  v  los  de  un  grandísimo  número  de  personali¬ 
dades  de  la  buena  sociedad  barcelonesa.  En  ellos,  á 
la  corrección  y  elegancia  del  dibujo,  une  otras  dotes 
de  retratista  que  mantienen  el  interés  de  la  obra  ar¬ 
tística  cuando  otras  de  su  época  resultan  anticuadas. 


12 


CABABURI  —  CABACUGUM 


Bibliogr.  M.  Rodríguez  Codolá,  Antonio  Caba 
( La  I  anguardia,  de  Barcelona,  números  del  17  y  27 
de  Febrero,  5  y  19  de  Marzo  y  10  de  Abril  de 
1907):  Acta  de  la  sesión  'pública  celebrada  el  día  17 
de  Marzo  de  1907  (Academia  provincial  de  Bellas 
Artes,  págs.  13  á  16,  Barcelona  1907). 

CABABURI.  Geog.  Río  del  Brasil,  afluente  de 
la  orilla  N.  del  Negro,  en  el  Estado  de  Amazonas. 
Sus  aguas  son  blancas  y  ricas  en  pescado.  En  sus 
orillas  hay  infinidad  de  insectos,  particularmente 
mosquitos. 

CABABURIQUI.  Geog.  Lago  del  Brasil,  en  la 
orilla  derecha  del  Purus,  Estado  de  Amazonas. 

CABAÑAL,  Geog.  Dos  ríos  del  Brasil:  el  pri¬ 
mero  en  el  mun.  de  Uberaba  (Minas  Geraes)  y  el 
segundo  afluente  del  Paraguay,  más  abajo  de  las 
bocas  del  Cipotuba  (Matto  Grosso). 

CABACÁN.  Geog.  Río  de  la  isla  de  Mindanao 
(Filipinas).  Se  supone  que  nace  en  una  vertiente  de 
los  montes  del  volcán  Apo,  y  vierte  sus  aguas  en  el 
Río  Grande. 

CABALAS,  Geog.  Laguna  del  Brasil,  en  el 
mun.  de  Purificacao  (Bahia)  ||  Isla  del  río  San  Fran¬ 
cisco,  frente  la  cascada  de  Fura  Olho. 

CABACEIRA.  f.  prov.  Gal.  Cesta,  canasta. 

Cabaceira.  Geog.  Aldea  de  la  próv.  de  Lugo, 
agregado  al  mun.  de  Meira.' 

Cabaceira.  Geog.  Pequeña  península  del  Africa 
oriental  portuguesa,  prov.  de  Mozambique.  En  ella 
existe  el  fuerte  llamado  de  Mesuril. 

CÍabaceira.  Geog.  Sierra  del  Brasil,  Estado  de 
Bahia,  mun.  de  Santa  Ana  de  ¡os  Brejos. 

Cabaceira  Grande.  Geog.  Territorio  del  Africa 
oriental  portuguesa,  en  la  prov.  y  dist.  de  Mozam¬ 
bique.  Está  regido  por  un  jefe  indígena,  el  cual  rinde 
vasallaje  á  Portugal  en  el  acto  de  recibir  la  investi¬ 
dura,  y  cuyo  nombramiento  queda  sujeto  á  la  apro¬ 
bación  del  gobernador  general  de  Mozambique. 

Cabaceira  Grande  (Nossa  Senhora  dos  Reme¬ 
dios  de).  Geog.  Pueblo  de  la  colonia  portuguesa  de 
Mozambique,  en  el  territorio  de  Cabaceira  Grande. 
El  año  1855  tué  atacada  por  los  zimbos,  siendo  pa¬ 
sados  á  cuchillo,  tras  una  lucha  desesperada,  los 
habitantes  portugueses  y  mercaderes  europeos  que 
en  ella  residían. 

Cabaceira  Pequeña.  Geog.  Territorio  del  Africa 
oriental  portuguesa,  en  la  prov.  y  dist.  de  Mozam¬ 
bique,  lindante  cou  el  de  Cabaceira  Grande.  Está 
muy  poblado. 

Cabaceira  Pequeña  (Sao  Joao  Baptista).  Geog. 
Pueblo  de  la  colonia  portuguesa  de  Mozambique,  en 
el  territorio  de  Cabaceira  Pequeña.  Se  halla  cerca 
de  la  aldea  de  Nossa  Senhora  dos  Remedios  de  Ca¬ 
baceira  Grande  v  tiene  una  capilla  y  una  mezquita 
para  las  distintas  prácticas  religiosas  de  sus  habi¬ 
tantes.  Cuando  el  gobernador  de  la  provincia  fué 
depuesto  y  preso,  el  brigadier  Juan YicenteCardinás 
mandó  construir  en  este  lugar  un  fuerte  llamado  de 
Santo  Antonio. 

CABACEIRA S.  Geog.  Villa  y  mun.  del  Estado 
de  Parahyba  del  Norte  (Brasil),  en  la  orilla  derecha 
del  Taperoá,  afluente  del  Parahyba,  con  cultivos  de 
algodón,  caña  dulce,  mandioca,  tabaco,  etc.  Gana¬ 
dería.  Iglesia  y  casa  de  caridad.  El  municipio  com¬ 
pran  le  los  dist.  de  su  nombre,  Barra  de  San  Mi¬ 
guel.  Bo  iocougó,  MattaVirgem,  Cruz  y  Boqueirao; 
15,000  habits. 

CABACEIRO.  Geog.  Sierra  del  Brasil,  al  Norte 


del  mun.  de  Santa  Helena,  Estado  de  Marañón.  || 
Isla  del  mun.  de  Angra  dos  Reis,  Estado  de  Río 
Janeiro. 

CABACERA.  Geog.  Caserío  de  Canarias,  agre¬ 
gado  al  mun.  de  Ingenio. 

CABACÉS,  Geog.  Mun.  de  309  edifs.  y  890 
habitantes,  perteneciente  á  la  prov.  de  Tarragona, 
en  el  p.  j.  de  Falset,  formado  por  el  lugar  de  aquel 
nombre  y  varios  edifs.  diseminados.  Está  sit.  en  las 
escabrosidades  del  Montsant,  y  en  su  término  hay 
numerosos  manantiales  que  dan  fuerza  motriz  y  sir¬ 
ven  para  el  riego.  Produce  trigo,  almendras,  aceite 
y  vino;  fábricas  de  aguardientes.  Dista  16  kms.  de 
Aseó,  que  es  la  estación  más  próxima.  Antiguamen¬ 
te  se  llamó  este  pueblo  Fuentes  claras.  Conserva  un 
antiquísimo  templo  romano,  además  de  la  iglesia 
parroquial  y  dos  ermitas.  Es  patria  del  célebre  na¬ 
turalista  P.  Longinos  Navás,  S.  J. 

CABACITOS.  m.  pl.  Bot.  Nombre  vulgar  de  la 
especie  Acetabularia  vulgaris  Fuck  ( Petiza  acetaba- 
lum  L.)  hongo  de  la  familia  de  los  pezizáceos.  V.  el 
artículo  Acetábula. 

CABACO.  m.  Art.  y  Of.  Nombre  que  dan  los 
carpinteros  de  ribera  al  zoquete  ó  tarugo  que  sobra 
después  de  labrar  un  palo. 

Cabaco  (El).  Geog.  Mun.  de  190  edifs.  y  484 
habitantes,  de  la  prov.  de  Salamanca,  en  el  p.  j.  de 
Sequeros,  formado  'por  aquel  lugar  v  varios  edificios 
diseminados.  Está  sit.  en  una  de  las  vertientes  de  un 
montecillo,  ramificación  de  la  sierra  de  Francia,  y 
cerca  del  valle  de  las  Batuecas.  Produce  patatas,  hor¬ 
talizas  y  cereales.  Dista  27  kms.  de  Fuente  de  San 
Esteban  que  es  la  est.  más  próxima. 

CABALO  (Antonio  VazL  Biog.  Jurisconsulto 
portugués,  n.  en  Coimbra  y  m.  en  la  misma  ciudad 
en  1595;  fué  profesor  de  la  universidad  de  su  ciudad 
natal  y  diputado  del  Santo  Oficio.  Colaboró  en  las 
Allegares  de  dereito  presentadas  al  cardenal-rey  por 
la  duquesa  de  Braganza. 

CABAQOS.  Geog.  Sierra  del  Brasil,  Estado  de 
Bahia,  mun.  de  Santo  Antonio  da  Gloria  do  Curral 
dos  Bois.  ||  Isla  del  río  San  Francisco  en  el  Estado 
de  Pernambuco.  ||  Laguna  y  río  del  mismo  Estado 
en  los  términos  de  Victoria  y  Aguas  Bellas  respec¬ 
tivamente.  Otra  laguna  hay  en  Alagoas  mun.  de 
Palmeira  dos  Indios.  ||  Río  del  Estado  de  Alagoas, 
afluente  del  San  Francisco  frente  al  puerto  de  Pi- 
ranhas. 

Cabacos  (Santo  Adriao).  Geog.  Pueblo  y  feligre¬ 
sía  de  Portugal,  en  el  dist.  de  Vizeu,  concejo  de 
Moimenta  da  Beira,  archidiócesis  de  Braga;  650  ha¬ 
bita  ntes. 

Cabacos  (San  Miguel).  Geog.  Pueblo  y  feligresía 
de  Portugal  en  el  dist.  de  Vianna  do  Castello  con¬ 
cejo  de  Ponte  do  Lima,  archidiócesis  de  Braga,  cer¬ 
ca  del  río.Neiva;  670  habits. 

CABACÜ.  Geog.  Barrio  rural  y  caserío  de  Cuba, 
prov.  de  Oriente,  mun.  de  Baracoa  con  juzgado 
municipal  y  2.000  habits. 

CABACUA.  Geog.  Rancho  del  Estado  de  Oasa¬ 
ca  (Méjico)  mun.  y  dist.  de  Silacayoapan,  con  100 
habitantes. 

CABACUGUM.  Geog.  Isleta  del  archipiélago 
de  las  Filipinas,  sit.  cerca  de  la  de  Samar,  y  de  una 
extensión  de  4  kms.  de  largo  por  2  de  ancho.  Sus 
costas  son  muy  peligrosas  para  las  embarcaciones  á 
causa  de  sus  muchos  escollos  y  bajíos.  En  el  centro 
de  la  isla  se  levanta  un  monte. 


CABACUNGAN  —  CABAL 


CABACUNGÁN.  Geog.  Río  de  la  isla  de  Luzón 
(Filipinas),  que  sirve  de  límite  á  las  provincias  de 
Hocos  Norte  y  de  Cagaván.  Nace  al  pie  de  los 
montes  que  separan  estas  dos  provincias,  se  dirige 
hacia  el  N.  y  desagua  en  el  mar  después  de  un  cur¬ 
so  de  cerca  de  32  kms. 

Cabacungán.  Geog.  Aldea  de  la  isla  de  Mindanao 
(Filipinas),  en  la  prov.  de  Misamis.  ||  Punta  de  la 
costa  N.  de  la  isla  de  Luzón  que  se  halla  en  el  tér¬ 
mino  de  Bangui,  prov.  de  llocos  Norte,  y  en  el  pe¬ 
queño  trecho  de  la  playa  del  gran  seno  que  se  forma 
en  dicha  costa  septentrional. 

CABACHI.  Geog.  Pueblo  de  Méjico,  Estado  de 
Sonora,  dist.  de  Hermosilla,  mun.  de  San  José  de 
Punas;  230  habits. 

CABADA.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de  Lugo, 
agregado  al  mun.  de  Monforte. 

Cabada  (La).  Geog.  Barrio  del  mun.  de  Riotuer- 
to,  en  la  prov.  de  Santander,  célebre  por  haberse 
establecido  en  él  una  fundición  fundada  por  el  rev 
Carlos  III.  En  ella  se  fundieron,  durante  los  cua¬ 
renta  años  que  subsistió,  más  de  medio  millón  de 
quintales  de  hierro  que  se  sacaba  de  las  minas  de 
aquellos  alrededores.  Había  también  escuelas  de  mi¬ 
neralogía.  metalurgia,  matemáticas  y  dibujo. 

EABADE.  m.  Indum.  Nombre  de  un  uniforme^ 
usado  por  los  griegos  modernos. 

CABADELANTE.  (Etim.  —  De  cabo  y  adelan¬ 
te .)  m.  adv.  ant.  En  adelante. 

CABADES,  KAVADÉS  ó  KOBAD.  Biog. 
Rey  persa  que  comenzó  á  reinar  en  485.  Era  hijo  de 
Firuz  y  sucedió  á  su  hermano  Balasch.  pero  habien¬ 
do  aceDtado  las  doctrinas  heterodoxas  de  Mazdah, 
que  predicaba  la  comuqidadfde  bieqes  v  de  mujeres, 
fué  destronado  y  encerrado  en  una  prisión,  siendo 
libertado  por  una  hermana  suya  con  la  cual  tenía  un 
hijo.  Permaneció  un  año  oculto  en  la  capital  de  su 
reino  y  al  cabo  de  este  tiempo  pasó  á  Turquía  obte¬ 
niendo  del  rey  que  le  cediese,  mediante  la  promesa 
de  una  fuerte  recompensa.  30,000  hombres  con  los 
cuales  recuperó  el  trono  después  de  la  batalla  de 
Kirdusi.  No  disponiendo  después  de  la  suma  necesa¬ 
ria  para  cumplir  su  compromiso,  la  pidió  prestada  á 
Anastasio,  v  como  éste  se  la  negase  invadió  sus  es¬ 
tados.  Más  tarde,  cuando  se  disponía  á  invadir  la 
Armenia,  fué  vencido  por  Belisario,  guerreó  con  los 
romanos  y  m.  en  521  dejando  por  heredero  á  su 
hijo  Anuxirwan. 

Cabades  Magí  (Agustín).  Biog.  Religioso  mer- 
cedario,  que  floreció  en  la  segunda  mitad  del  si¬ 
glo  xvm.  Fué  superior  del  convento  de  su  orden  en 
Valencia  y  profesor  de  teología  de  la  universidad  de 
la  misma  capital.  En  1784  publicó  un  tratado  de 
teología  con  el  título  de  Institntiones  theologicae  in 
nsum  tgr o mtm  adornaiae.  que  fué  denunciado  al  San¬ 
to  Oficio  hacia  1793,  y  su  autor  reducido  á  prisión, 
de  la  cual  salió  después  de  haber  abjurado  de  sus 
errores. 

CABADIÑA.  Geog.  Lugar  de  la, prov.  de  Pon-* 
tevedra.  agregado  al  mun.  de  Puenteáreas. 

CABADOSA.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  Pon¬ 
tevedra.  agregado  al  mun.  de  Cercedo. 

CABADOS  DE  PÉREZ.  Geog.  Rancho  del 
Estado  de  Guanajuato  (Méjico),  mun.  y  dist.  de 
Salamanca:  65  habits. 

CABADYI  ó  KABADJI(Oghlu).  Biog.  Mili¬ 
tar  turco,  jefe  de  los  yamnks^ne  en  1807  destronó  al 
sultán  Selim  III,  después  de  un  combate  que  convir- 


13 

tió  las  calles  de  Constantinopla  en  ríos  de  sangre. 
Hizo  asesinar  también  á  los  principales  dignatarios 
de  la  corte  y  proclamó  á  Mustafá  IV  sucesor  de  Se- 
lim  III.  Durante  un  año  fué  el  verdadero  dueño  del 
país,  ya  que  ni  el  mismo  sultán  tomaba  decisión  al¬ 
guna  sin  antes  consultársela,  cometiendo  toda  clase 
de  excesos.  Fué  asesinado  en  1808,  á  instigación  de 
Mustaf  Bairajdar,  antiguo  general  de  Seliin  III. 

CABAGÁN.  Geog.  Río  de  la  isla  de  Luzón  (Fi¬ 
lipinas),  en  la  prov.  de  Cagayán,  que  se  une  al  río 
de  este  nombre  después  de  un  curso  de  32  kms. 

Cabagán.  Geog.  Barrio  rural  de  Cuba.  prov.  de 
SantaClara,  mun.  y  á  2  kms.  de  Trinidad,  con  juz¬ 
gado  municipal  y  1,267  habits.  Su  cabecera  es  el 
caserío  de  Guanayara  á  9  kms.  de  Trinidad.  Lo  rie¬ 
ga  el  río  Cabagán  que  desagua  en  la  costa  S.  entre 
el  río  Hondo  y  el  de  Guanayara.  |¡  Sierra  del  mismo 
mun.  cuya  altura  principal  es  el  Pico  Blanco. 

Cabagán  Nuevo.  Geog.  Pueblo  de  la  isla  de  Lu¬ 
zón  (Filipinas),  prov.  de  Isabela;  5,300  habits. 

Cabagán  Viejo.  Geog.  Pueblo  de  la  isla  de  Lu¬ 
zón,  en  la  prov.  de  Isabela;  3,900  habits.  Produce 
arroz,  maíz  y  tabaco. 

CABAGRA.  Geog.  Río  de  Costa  Rica.  Es  uno 
de  los  primeros  afluentes  del  Río  Grande  .de  Terra- 
ba,  riega-lasilanürasTle'Cábarga,  comarca  de  Pun- 
tarenas.  Desagua  en  el  Coto.  j|  Dist.  de  la  jurisdic¬ 
ción  de  Golfo  Dulce,  comarca  de  Puntarenas;  150 
habitantes.  Abarca  fértiles  llanos  donde  pace  abun¬ 
dante  ganado.  L  ué  centro  de  misiones  franciscanas 
cuyo  convento  destruyeron  los  indios  en  1761.  El 
pueblo  de  Cabagra  fué  trasladado  entonces  á  Tres 
Ríos,  cerca  de  Cartago. 

CABAHIBAS. '  JSth'ogr.  Indios  del  Brasil,  que 
viven  en  una  región  inmediata  á  la  de  los  indios 
Apiacás.  Estado  de  Matto  Grosso. 

CABAIGUAN.  Geog.  Población  de  Cuba  agre¬ 
gada  al  mun.  de  Sancti  Spiritus,  prov.  de  Santa  Cla¬ 
ra;  2,912  habits. 

CABAILS.  Etnogr.  Indígenas  de  Berberí^  (Afri¬ 
ca  del  Norte).  V.  Kabails. 

CABAJAY.  Geog.  Riachuelo  de  la  isla  de  Lu¬ 
zón  (Filipinas),  en  la  prov.  de  Albav.  Vierte  süs 
aguas  en  la  ensenada  de  Albav.  > 

CABAL.  1.a  acep.  F.  Juste.— It.  Giusto,  esatto. 

—  In.  Precise  —  A.  Richtig,  genau.  —  P.  y  C.  Cabal. 

—  E.  Gusta,  plena.  =  3.a  acep.  F.  Parfait.  —  It.  Com¬ 
pleto.— In.  Accomplished.  —  A.  Vollkommen.— P.  Cabal. 

C.  Complert.  —  E.  Plena.  (Etim.  —  D e  cabo,  extre¬ 
mo.)  adj.  Ajustado  á  peso  v  medida.  ¡|  Se  dice  de  lo 
que  cabe  á  cada  uno.  [|  fig.  Completo,  acabado.  || 
adv.  m.  Cabalmente,  justamente.  •}}  m.  Requisito, 
circunstancia  que  completa  ó  perfecciona  alguna 
cosa. 

Al  cabal,  m.  adv.  ant.  Cabalmente,  al  justo.  || 
Andar  por  su  cabal,  fr.  ant.  Vivir  á  su  libre  vo¬ 
luntad,  sin  respeto  ni  miramiento.  ||  Les  tiene  de 
salir  por  sus  cabales,  fr.  usada  en  el  lenguaje 
carcelario,  con  la  Wal  sigiiíf^an  los  presos  que  un 
sentenciado  no  ha  obtenido  gracia  ni  favor  en  el  tri¬ 
bunal  sino  que  se  le  ha  condenado  con  todo  el  rigor 
de  la  ley.  ||  Por  su  cabal,  m.  adv.  ant.  Con  mucho 
empeño,  con  fuerte  ahinco.  ||  Por  sus  cabales,  m. 
adv.  Cabalmente  ó  perfectamente.  ||  Por  su  justo 
precio.  ||  Por  el  orden  regular, 
i.  Cabal,  m.  Bot.  Nombre  vulgar. q,ue  se  da  en  las 
islas  Filipinas  á  la  especie  Fagraea  volubilis  Wall., 
de  la  familia  de  las  estricnáceas.  .ci  * 


ü:4 


CABAL  — 

Cabal,  m.  Der.  for.  En  el  Alto  Aragón  se  desig¬ 
na  con  esta  palabra  la  cantidad  de  bienes  (general¬ 
mente  una  pequeña  suma  de  dinero  ó  un  corto  núme¬ 
ro  de  ovejas)  que  con  sus  ahorros  van  formando  cada 
uno  de  los  asociados  extraños  á  la  familia  que  for¬ 
man  parte  de  la  comunidad  doméstica  mientras  per¬ 
manecen  en  ella  y  que  se  les  entrega  cuando  llegan 
á  una  edad  avanzada,  por  lo  cual  á  estos  asociados 
se  les  denomina  cabuleros.  V.  Comunidad  (Comuni¬ 
dad  doméstica ). 

Cabal.  Hist.  (Indicando  «cabala»,  corrillo,  cama¬ 
rilla.)  Designación  por  acróstico  de  la  comisión  que 
formaban  dentro  del  Consejo  privado  de  Carlos  II 
de  Inglaterra  los  cinco  consejeros  Cliñbrd,  Arling- 
ton,  Buckingham,  Ashlev  y  Londerdale  (de  1669  á 
1673),  cuyas  iniciales  forman  aquella  palabra.  El 
r$y  utilizó,  el  concurso  de  este  ministerio  en  1671 
para  emanciparse  del  Parlamento  en  lo  referente  á 
subsidios*  aliándose  estrechamente  á  Luis  XI V, 
quien  le  aseguraba  cuantiosas  pensiones.  Cuando  el 
Parlamento  hizo  fracasar  la  política  religiosa  del  rey 
en  1673  con  el  bilí  de  Test,  obligándole  á  la  paz  con 
Holanda  en  1674,  se  disolvió,  el  ministerio  Cabal, 
ocupando  el  cargo  de  primer  ministro  el  conde  de 
Danbv. 

Btbliogr.  Ranke,  Englische  Geschichte  im  XVI 
und  XVII  Jahrhnndert  (Leipzig,  1877-79);. Burnet, 
History  of  my  own  Times  (Londres,  1847). 

Cabal.  Geog.  Pobl.  agropecuaria  de  la  República 
Argentina,  prov.  y  á  61  kms.  de  Santa  Fe,  dist..  de 
Emilia,  con  est.  del  f.  c.  de  Santa  Fe  á  Reconquis¬ 
ta,  entre.  Llambi  Campbell  v  Emilia.  ||  Colonia  de  la 
prov.  de  Entre  Ríos,  cerca  de  la  estación  Hernán¬ 
dez,  dep.  de  Nogoyá. 

Cabal  (Ignacio).  Biog.  Político  americano,  n.  en 
Buga  (Colombia),  en  ,1801  y  m.  en  1841.  A  los  ca¬ 
torce  años  de  edad  alistóse  en  las  filas  republicanas 
como  ayudante  de  su  tío  el  general  José  María  Ca¬ 
bal,  á  cuyo  lado  se  halló  en  Palo,  recibiendo  allí  una 
herida.  Prisionero  poco  después  y  llevado  á  Bogotá, 
obtuvo  la  libertad  á  condición  que  residiese  en  el 
Chocó.  En  1821  volvió  al  servicio,  peleó  en  Pichin¬ 
cha  y  Yaguachi,  saliendo  herido  de  ambos  comba¬ 
tes.  Su  falta  de  salud  le  obligó  á  dejar  el  Servicio  en 
1823  y  le  impidió  aceptár  las  ofertas  del  general 
Sucre,  quien  desde  Lima  le  brindaba  con  el  grado 
de  general.  En  1828  sostuvo,  fiel  al  gobierno,  la  pla¬ 
za  de  Palmira;  defendió  la  Constitución  en  1830-31 
v  en  1840-41,  época  en  la  cual  fué  comandante  de 
la  antigua  provincia  de  Cauca,  Vencedor  en  la  Chan¬ 
ca.  se  retiró  á  su  hogar  dedicándose  á  las  faenas 
agrícolas. 

Cabal  (José  María),  Biog.  Naturalista  y  general 
colombiano  (1770-1816).  Formó  parte  de  la  expedi¬ 
ción  científica  de  José  Celestino  Mutis,  y  en  1812 
fué  presidente  de  las  ciudades  confederadas  del  Cau¬ 
ca.  Fué  jefe  de  estado  mayor  del  general  Nariño  en 
1814,  y  después  obtuvo  el  mando  en  jefe  del  ejérci¬ 
to,  distinguiéndose  en  varias  batallas  y  especial¬ 
mente  en  la  del  Palo,  en  la  que  derrotó  á  los  espa¬ 
ñoles.  Hecho  después  prisionero  por  Morillo,  fué 
fusilado  con  otros  de  sus  compañeros. 

Cabal  (Miguel).  Biog.  Político  americano,  n.  en 
Buga  (Colombia)  en  1814.  Diputado  y  senador  por 
el  Cauca,  representante  del  Congreso  v  jefe  munici¬ 
pal  de  Buga.  Ejerció  la  presidencia  de  la  Cámara 
provincial  del  Cauca  y  fué  vicegobernador  de  esta 
sección. 


CABALA 

Cabal  (N.).  Biog.  General  peruano,  que  contri¬ 
buyó  eficazmente  á  la  independencia  de  su  país.  Eu 
1815  venció  al  general  español  Vidanrázaga,  cerca 
de  Cartagena;  más  tarde  recogió  los  restos  del  ejér¬ 
cito  de  N.ariño,,  que  había  caído  en  poder  del  enemi¬ 
go,  y  le  condujo  hasta  Popaván  sin  que  le  ocurrie¬ 
se  contratiempo  alguno.  Se  mostró,  constantemente 
como  uno  de  los  más  bravos  defensores  de  la  nueva 
República. 

CABALA.  Geog.  Afluente  del  río  Cunene,  Afri¬ 
ca  occidental  portuguesa,  en  la  prov.  de  Angola. 
Nace  al  N.  de  Caconda,  riega  el  dist.  de  Mossame- 
des  y  toma  después  el  nombre  de  Calapé. 

CABALA.  F.  Cabale.— It.  y  C.  Cabala.— In.  Cab- 
bala,  Cabala.  —  A.  Kabbala.  —  P.  Cabala.  —  E.  Kabalo. 
(Etim. — Del  heb.  cabbalah,  tradición,)  f.  Entre  los 
judíos,  tradición  oral  que  expliea  y  fna  el  sentido  de 
la  Sagrada  Escritura.  ||  fig.  Cálculo  supersticioso 
para  adivinar  una  cosa.  ||  fig.  y  fam.  Negociación 
secreta  y  artificiosa. 

Cabala.  Lit.  y  Filos.  En  la  antigua  literatura 
judaica  cabala  era  el  cuerpo  total  de  la  doctrina  reli¬ 
giosa  recibida,  con  excepción  del  Pentateuco.  Así, 
pues,  incluía  los  profetas  y  los  hagiógrafos,  lo  propio 
que  las  tradiciones  orales  incorporadas  en  tiempos 
posteriores  en  la  Mischna.  A  partir  del  siglo  x  <le 
nuestra  era  se  consideró  la  cábala  como  ciencia  se¬ 
creta  y  misteriosar  de  los  judíos,  un  sistema  de  teoso¬ 
fía,  destinado  por  tanto  á  explicar  el  universo  por  la 
creación  del  ser  uno  y  absoluto.  Los  misterios  que 
los  cabalistas  se  proponen  desentrañar  en  los  seres 
de  la  naturaleza  se  contienen  en  el  Sagrado  Texto  y 
,de  él  suelen  sacarse  comúnmente  en  virtud  de  la  tra¬ 
dición  recibida  de  los 
antepasados:  habba- 
lah  (heb.)  significa 
tradición.  Algunos 
cabalistas,  como  Pi¬ 
co  de  la  Mirándola. 

Reuchlin  y  Schikard, 
hacen  derivar  la  doc¬ 
trina  cabalística  déla 
inspiración  de  Dios  á 
Adán,  á  Abraham,  á 
Moisés,  que  la  reci¬ 
bió  en  el  Sinaí  jun¬ 
to  con  las  Tablas  de 
la  Ley.  á  Esdras  y  á 
los  últimos  profetas. 

También  pretenden 
que  la  enseñase  Dios 
á  los  ángeles  después 
de  la  caída'  del  pri¬ 
mer  hombre  y  que  á 
éste  le  transmitió  sus 
verdades  y  misterios 
principales  el  ángel. 

Raziel .  García  Blan¬ 
co  dice  que  proviene 
de  las  famosas  dispu¬ 
tas  habidas  entre  el 
rabino  Hillel  el  Viejo  Hombre  arquetpo 

|  v  su  discípulo  Scham- 

mav,  de  donde  se  originaron  las  diferencias  que  siem¬ 
pre' dividieron  á  los  judíos  en  tres  sectas:  samarita- 
nos,  karaítas  y  talmudistas.  Divídese  á  la  cábala  en 
especulativa  y  práctica.  La  primera  invest'ga  los  sen¬ 
tidos  recónditos  relativos  á  la  Sagrada  Escritura,  y  á 


CABALA 


los  misterios  de,  la  naturaleza  y  Ja  creación;  la  prácti¬ 
ca  pretende  obrar  milagros  en  la  curación  de  un  en¬ 
fermo.,  la  expulsión  de  un  demonio,  etc. ,  en  el  hecho 
de  invocar  ó  escribir  el  tetragramático  nombre  (a)  dp- 
nay  ó  ciertos  pasajes  ó  palabras  de  la  Biblia,  en  tabli¬ 
llas  colgándolas  descuello  delinte- 
resado,  La  especulativa  se  la  subdi¬ 
vide  en  artificial  ó  simbólica  y  real  ó 
dogmática.  Para  descifrar  los  altísi¬ 
mos  sentidos  de  la  Biblia  se  prescri¬ 
ben  determinadas  reglas  hermenéu¬ 
ticas.  Así,  las  palabras  de.  diferen¬ 
tes  versos  de  la  Sagrada  Escritura  i 
que  se  considera  acompañados  de  un 
sentido  recóndito  se  colocan  vertical¬ 
mente  una,s ,  encima  de  otras  resul¬ 
tando  nuevas  palabras  de  las  letras 
en  lectura  vertical.  La,s  palabras  se 
disponen  en  forma,  de  cuadro  para 
poder  ser  leídas  verticalmente  ó  en 
bustrófedon.  Las  palabras  se  juntan 
total  me  nte -,y  se  las  separa  de  nue¬ 
vo,  etc.  A  reglas  de  este  orden  res¬ 
ponden  las  tres  variedades  de  cábala 
artificial:  la  gematria  (corrupción  de 
geoni  tria),  el  notgricon  y  la  teman- 
ra.  La  gematria  considera  el  valor 
numérico  de  la  palabra  ó  palabras 
del  texto,,  p(u\'P,  sentido  se  indaga, 
el  cual  será  el  de  otra  palabra  extra¬ 
ña.  cuyas  letras  sumen  el  mismo  va¬ 
lor  numérico  que  aquella  ó  aquellas. 

Así.  en  e.1  Génesis,  XLIX,  10,  se 
lee:  «No  se  le  quitará,  la  vara  de 
mando  á,Judá,  ni  (faltará)  el  legis¬ 
lador  ()a  pntorcha  suprema)  de  entre 
los  de  su  generación  (descendencia) 
hasta  que  venga  el  Pacífico  (Schsiluh 
yabosch).»  Suman  los  cabalistas,  pa¬ 
ra  saber  quién  es  el  pacifico,  los  va¬ 
lores  de  número  de  las  palabras  he¬ 
breas  «hasta  que  venga  el,  pacifico » 
que  dan:  yod  —  10,  beth  =  2,  aleph 
=  1 ,  schin  =  300,  yod  =10,  lamed 
=  30,  lie  =  5,  total,  358.  Como  que 
los  valores  de  las  letras  que  entran 
en  la  palabra  Maschiah  son  igual¬ 
mente  358,  el  pacifico  será  el  Me¬ 
sías.  Por  #1  notaricon  se  juntan,  á 
manera  de  acróstico,  las  letras  ini— 


a  5 

que  se  ocupa  en  el  mundo  sublunar,  esto  es,  el  de 
los  fenómenos.  , 

La  doctrina  principal  de  la  verdadera  cábala,  que 
es  la  más  reciente,  abraza  la  naturaleza,, de  la  divi¬ 
nidad,  las  divinas  emanaciones,  la  cosmogonía,  la 


Árbol  cabalístico 


ciales  ó  las  finales  de  las  palabras  de  una  frase,  cuyo 
sentido  quiere  interpretarse  para  con  la  palabra  re¬ 
sultante  descubrir  éste.  Así,  las  palabras  hebreas  que 
corresponden  á  las  tres  primeras  de  las  que  dijo 
Abrahám  á  Isaac  en  el  acto  de  sacrificarle:  Deus  pro- 
videbit  sibi  victimam  holocausti,  fili  mi  (Gén.  XXII,  8) 
empiezan  por  aleph,  vod,  lamed,  que  unidas  forma¬ 
rán  la  voz  ail .  heb.,  carnero ,  v  en  efecto,  el  carnero 
se  halla  indicado  en  el  versículo  13.  En  la  ternura 
el  nuevo  sentido  sacado  de  una  palabra  sale  trans¬ 
poniendo  las  letras  de  que  se  compone,  ó  separándo¬ 
las  de  manera  que  formen  diferentes  palabras,  ó  sea 
un  procedimiento  anagramático.  La  cábala  dogmática 
exDÜca  los  sentidos  ocultos  de  ciertas  palabras  de  la 
Biblia  con  aplicación  á  los  fenómenos  de  la  historia 
de  la  creación.  Es  de  dos  especies:  la  ciencia  de  la 
mercava ,  que  trata  del  mundo  supralunar,  ó  sea  de 
la  teología  y  la  metafísica,  y  la  ciencia  del  bereschitk, 


creación  de  los  ángeles  y,  el  hombre,  sus  destinos  y 
el  significado  de  la  verdadera  ley.  Es,  pues,  doctri¬ 
na  filosófíco-mística .  En  filosofía  es  emanaciomsta. 
Contiénese  en  los  libros  Jezirah  (creación)  y  fiohar 
( resplandor ).  Según  el  contenido  del  Zoliar ,  Dios  se 
manifestó  gradualmente  por  medio  de  emanaciones. 
Está  por  encima  de  todas  las  cusas  y  es  infinito  y 
como  tal  se  llama  En  Soph.  Es  el  espacio  del  uni¬ 
verso  conteniendo  el  Todo,  por  más  que  el  un,iyei;sp 
no  es  su  espacio.  Es  incomprensible  y  desconocido 
para  nuestra  inteligencia.  Así,  es  como  si  no-fuera,': 
es  la  nada  (a'in).  El  gran  espacio  que  llena  estaba 
invadido  de  luz,  resplandeciente'.  Dotado  del  potber 
de  crear,  procedió  ante  todo.á  producir  la  masa,  del 
universo.  Para  ello  el  En  Sop.h  efectuó  dos  movir 
rnientos:  uno  de  contracción  sobre  el.  seno  de  sp 
propia  substancia,  produciendo  así  un  inme,nso  vacío 
orbicular  que  quedó ,  iluminado,  pon  .IpZi  máft  t.euue 


16 


CABALA. 


que  la  indicada;  y  otro  de  expansión,  por  el  que  la 
substancia  ensófica  volvió  á  ocupar  aquel  espacio 
que  había  quedado  vacío.  Como  Dios  es  perfectísi- 
mo  y  de  ponerse  en  contacto  con  el  mundo  de  la 
creación  quedaría  profanado,  dotado  como  estaba 
del  deseo  y  !a  intención  de  crear,  lo  efectuó  por  la 
mediación  de  las  diez  inteligencias  ó  Sephiroth  que 
de  él  emanan.  Como  estas  inteligencias  son  los  ele¬ 
mentos  constitutivos  del  hijo  de  Dios,  Adán  Cadmon, 
el  hombre  que  Ezequiel  (C.  I.)  contempló  en  visión, 
fué  quien  primero  recibió  la  manifestación  de  Dios 
en  la  palabra  y  el  obrar.  La  primera  manifestación 
de  la  voluntad  primordial  divina  es  la  primera  se- 
phirah  ó  emanacióu,  que  produjo  las  otras  nueve,  y 
de  éstas  la  segunda  produjo  la  tercera,  ésta  la  cuar¬ 
ta  y  así  con  las  demás.  Hé  aquí  los  diez  Sephirot: 
(lj  Corona,  (2)  Sabiduría,  (3)  Inteligencia,  (4) 
Amor.  (5)  Justicia,  (6)  Belleza,  (7)  Triunfo,  (8)  Glo¬ 
ria,  (9)  Base,  (10)  Reino.  Los  Sephiroth  son  repre¬ 
sentados  en  diez  cifras  dispuestas  en  tres  columnas 
(V.  las  figs.  Hombre  arquetipo  y  Arbol  cabalístico'). 
En  su  totalidad  son  llamados  el  hombre  arquetipo  ó 
primordial,  el  hombre  celeste,  ó  sea  el  que  vió  en  el 
carro  misterioso  el  profeta  Ezequiel  ( loe.  cit.).  De  las 
tres  columnas  la  de  la  derecha,  en  número  de  tres 
Sephiroth,  representa  los  elementos  masculinos,  de 
los  que  el  2.°  engendra  al  4.°  V  éste  al  7.°.  y  es  la 
columna  de  la  misericordia ;  la  de  la  izquierda  (3,  5, 
8)  es  la  columna  de  la  justicia  y  la  forman  los  ele¬ 
mentos  femeninos;  la  del  medio  .es  la  columna  central, 
de  conciliación  (1.  6,  9).  La  primera  pareja,  Sabi¬ 
duría  é  Inteligencia,  está  unida  por  la  primera  po¬ 
tencia.  la  Corona;  la  seg-unda*  (núms.  4  y  5),  Amor 
y  Justicia,  emanada  de  la  anterior,  va  unida  por  la 
potencia  Belleza  (6);  la  tercera.  Triunfo  y  Gloria 
(7  y  8).  va  unida  por  la  Base  (9).  De  aquí  resultan 
tres  tríadas.  Estas  diez  potencias  se  agrupan  en 
tres  tríadas  dentro  de  la  década,  denominadas  pol¬ 
la  potencia  que  une  á  cada  una  de  las  parejas.  La 
triada  Corona  representa  el  llamado  Mundo  Intelec  ¬ 
tual  y  constituye  la  divina  cabeza  del  hombre  ar¬ 
quetipo;  la  segunda  tríada,  Belleza,  representa  el 
Mundo  Afectivo  ó  Moral,  y  constituye  el  pecho  y 
brazos  del  hombre  arquetipo;  la  tercera  tríada,  Base, 
es  el  órgano  genital,  que  con  las  piernas  constituye 
á  aquélla;  la  décima  Sephira  une  ¡as  nueve  restan¬ 
tes  unidades  y  constituye  el  Mundo  Material:  es  lla¬ 
mada  Reino  y  Reina  ó  Matrona  como  mundo  mate¬ 
rial.  Por  razón  de  la  capacidad  de  la  tríada  Belleza 
se  dice  entre  los  cabalistas  que  ésta  es  el  Sagrado 
Rey  ó  simplemente  el  Rev,  y  de  la  unión  del  Rey  con 
la  Reina,  en  la  que  se  comprenden  todos  los  Sephi¬ 
roth.  se  produjo  el  universo  en  su  propia  imagen. 
De  hecho,  cada  Sephira  es  una  trinidad  en  sí  misma, 
dotada  de  carácter  absoluto  que  recibe  de  lo  alto  y 
comunica  con  los  seres  inferiores.  Las  tríadas  se  las 
distingue  también  por  los  colores:  el  grupo  de  la 
derecha  es  blanco,  el  de  la  izquierda  es  encarnado, 
el  del  medio  azul,  amarillo  ó  verde.  La  explicación 
por  uniones  sexuales  de  las  obras  de  Dios  es  uno  de 
los  rasgos  que  distinguen  la  cábala.  Los  mundos 
hubiéranse  producida  en  la  existencia  antes  que  el 
En  Sonh  se  hubiera  manifestado  en  la  forma  huma¬ 
na  de  las  emanaciones,  pero  hubieran  luego  pere¬ 
cido  por  faltarles  la  acción  de  los  sexos  opuestos  de 
los  Sephirot. 

El  universo  consta  de  cuatro  diferentes  mundos, 
cada  uno  de  los  cuales  se  explica  por  especial  siste¬ 


ma  sefírico  de  una  década  de  emanaciones.  Son:  el 
Mundo  de  las  Emanaciones,  derivado  directamente 
del  En  Soph  y  llamado  el  Hombre  Celestial  ó  Ar- 
quetípico:  tal  es  el  mundo  Aziláh;  el  mundo  Beriáh 
(de  Baráh ,  crecer),  que  contiene  las  formas  puras  ó 
substancias  simples,  considerados  como  esencias  in¬ 
teligentes  y  espirituales;  el  Mundo  Jeziráh  (de  ja- 
zar,  formar),  ó  sea  el  de  las  esferas  celestes,  de  las 
almas  ó  de  los  ángeles;  el  Mundo  Asijjah  (de  asah. 
hacer),  que  es  el  de  las  obras  materiales  de  Dios. 
En  el  mundo  espiritual  operan  los  tres  primeros 
Sephiroth,  en  el  psíquico  los  tres  siguientes,  en  el 
material  el  séptimo  hasta  el  noveno.  En  el  hombre 
pertenece  al  mundo  espiritual  el  alma  espiritual  e 
inmortal  (neschama),  al  psíquico  el  espíritu  animador 
( ruah ),  al  último  el  espíritu  vivificante  (nephesch). 
El  universo  sería  incompleto  si  no  hubiera  sillo  for¬ 
mado  el  hombre,  que  es  la  cima  de  la  creación  y  el 
microcosmos.  La  forma  humana  está  configurada  se¬ 
gún  las  cuatro  letras  que  constituyen  el  Tetragram- 
maton.  La  cabeza  está  en  la  forma  del  yod,  los  bra¬ 
zos  v  hombros  son  parecidos  al  he.  el  pecho  al  van. 
las  dos  piernas  con  las  espaldas  al  he.  Lo  mismo  que  . 
-los .Sephirot  de  que  emana,  el  alma  de  cada  hombre 
tiene  diez  potencias,  que  constan  de  una  trinidad  de 
tríadas.  Las  almas  recorren  diferentes  cuerpos,  hasta 
que  son  purificadas  y  paran  en  el  mundo  de  los  es¬ 
píritus.  La  última  alma  que  entrará  en  la  vida  te¬ 
rrena  será  la  del  Mesías.  Observación  importante  del 
Zohar  es  que  la  creación  no  es  ex  nihilo,  sino  que 
todo  es  expansión  ó  evolución  de  los  Sephiroth. 

Lo  contrario  se  establece  en  el  Libro  de  la  Crea¬ 
ción  (Sepher  Jeziráh).  Según  éste,  el  mundo  ha  sido 
creado  por  Dios  de  la  nada.  Este  libro  representa  un 
sistema  cabalístico  anterior  al  expuesto,  y  es  de  una 
filosofía  más  inocente,  menos  atrevida.  Dase  gran 
importancia  á  las  22  letras  del  alefato  hebreo,  que, 
con  los  diez  Sephiroth.  son  los  instrumentos  de  que 
Dios  se  valió  para  crear  el  mundo.  Son  todos  los  ele¬ 
mentos  juntos  las  32  vías  maravillosas  de  la  Sabidu¬ 
ría.  Los  Sephiroth  son  nacidos  uno  de  otro  por  evo¬ 
lución  y  son  en  número  infinito.  Las  22  letras  d i v í — 
dense  en  tres  grupos:  una  tríada  importante,  que 
representa  el  mundo  material,  las  tres  temperaturas 
del  año  (calor,  frío,  templado)  y  las  tres  partes  del 
hombre,  cabeza,  vientre  y  pecho  (alma  inteligente, 
alma  física  y  alma  sensible);  las  siete  letras  b,  g,  d, 
k,  f,  t,  r,  dotadas  de  pronunciación  doble,  por  lo 
que  representan  el  principio  dualístico,  de  oposición, 
que  por  doquier  se  halla  en  el  mundo:  vida  y  muerte, 
bien  y  mal.  etc.;  además  representan  los  siete  pla¬ 
netas,  los  siete  días  de  la  semana,  las  siete  puertas 
del  alma  (ojos,  narices,  oídos  y  bocaj,  los  siete  cie¬ 
los  y  climas  terrestres;  las  otras  12  letras,  que  re^ 
presentan  las  12  fronteras  del  espacio  (las  12  ariscas 
del  cubo),  los  12  signos  del  zodíaco,  los  12  instru¬ 
mentos  del  alma  (manos,  pies,  riñones  y  otras  vís^ 
ceras). 

La  consecuencia  de  la  explicación  expuesta  de  la 
cábala  más  reciente  es  que  nuestro  mundo  es  de  los 
cuatro  el  ínfimo,  el  de  la  materia,  el.  como  el  más 
distante  del  En  Soph.  privado  de  las  cualidades  es¬ 
pirituales  de  los  otros  tres.  De  aquí  la  existencia 
entre  nosotros  de  gran  número  de  influencias  ma¬ 
lignas  dotadas  de  personalidad  con  el  nombre  de 
demonios  (klipot).  Estos  bastarían  á  ahogar  tó'd'o 
crennen  de  bien  si  la  substancia  ensófica  no  pene¬ 
trara  en  nosotros.  A  ella  se  debe  la  elevación  y  la 


CABALA  —  CABALEIRO 


17 


espiritualización  del  mundo  y  la  constitución  de  las 
inteligencias  y  potencias  de  la  tierra,  los  espíritus 
animales  y  vitales  y  los  humanos  y  divinos.  En  lo 
moral  y  lo  religioso  se  prescribía  al  hombre  dismi- 
nuvera,  con  la  fuerza  de  su  pensamiento  y  la  santi¬ 
dad  de  su  alma,  la  distancia  que  le  aleja  del  foco 
supremo,  Dios,  y  llegar  así  á  ser  vaso  de  elección 
capaz  de  atraer  á  sí  y  comunicar  á  otros  los  rayos 
de  la  esencia  ensófica. 

Para  formarse  más  clara  idea  del  sistema  sefírico. 
váase  la  figura  del  Arbol  cabalístico  en  la  página  15. 
Los  nombres  de  los  Sephiroth  están  dispuestos  de 
manera  que  los  superiores  afluyen  á  los  inferiores 
por  medio  de  22  canales.  Cerca  del  cuarto  canal  es¬ 
tán  colocados  los  32  senderos  de  la  sabiduría  y  las 
50  puertas  de  la  luz  que  dan  acceso  á  la  sabiduría 
suprema  y  á  la  luz,  Dios.  Moisés  no  logró  llegar 
más  que  á  la  puerta  49  y  Josué  no  pasó  de  la  47. 
Ni  Salomón  franqueó  la  50. 

De  los  dos  libros  citados  en  que  se  explica  la  doc¬ 
trina  de  la  cabala,  el  Jezirah.  ya  en  el  siglo  x  de 
nuestra  era,  pasaba  como  libro  muy  antiguo;  la  tra¬ 
dición  lo  remonta  al  tiempo  del  patriarca  Abraham 
ó  al  rabi  Akiba,  contemporáneo  de  Barcoquebas 
(135  de  J.  C.);  pero  probablemente  fué  compuesto 
á  mediados  del  siglo  ix.  El  Zoar  se  atribuía  gene¬ 
ralmente  á  Simón  ben  Johai  (siglo  n  de  nuestra  era); 
pero  se  admite  fundadamente  que  fué  escrito  en  Es¬ 
paña.  Parece  no  admitir  duda  que  la  escribió  Schem 
Tob,  de  León)  en  1300.  Por  lo  menos  fué  él  quien 
primero  lo  conoció.  El  Zoar  es  la  Biblia  de  los  ca¬ 
balistas.  Es  un  comentario  cabalístico  del  Pentateu¬ 
co  escrito  en  arameo,  ó  mejor  una  vasta  recopilación 
en  que,  al  lado  de  la  doctrina  del  redactor  ó  redac¬ 
tores,  entraron  buen  número  de  obras.  De  él  se  hizo 
la  primera  edición  en  Mantua  (1558-1560);  luego 
en  Cremona  (compl.,  1560),  Dublín  (1623).  Ams- 
terdam  (1670),  Sulzbach  y  Francfort  (1677-1684) 
por  Knorr  y  Rosen  y  Rosenroth,  con  el  título  K ab¬ 
bala  denudata;  Amsterdam  (1714,  1728.  1772  y 
1805).  y  Krotoschin  (1844-1858).  El  Jezirah  no  es, 
á  pesar  de  contener  una  filosofía  y  una  gnosis,  un 
escrito  propiamente  cabalístico.  Hanse  hecho  de  él 
estas  ediciones:  la  de  Reuchlin,  con  traducción  lati¬ 
na  (1517),  impreso  en  Basilea  en  1587;  en  hebreo, 
en  Mantua  (1562);  con  traducción  latina,  en  Ams¬ 
terdam  (1642),  y  traducido,  anotado  y  explicado,  en 
Francfort  (1894)  por  Goldschmidt. 

De  muy  lejos  venía  preparada  la  cábala  filosófica 
hebrea  (V.  Judaísmo).  Pero  principalmente  en  los 
judíos  de  la  escuela  de  Alejandría  se  encuentran  las 
teorías  de  que  ha  de  desarrollarse  más  tarde  el  mis¬ 
ticismo  cabalístico.  No  dejó  la  cábala  seguramente 
de  tomar  mucho  del  Talmud  del  persismo,  del  que 
derivó  en  gran  parte  la  teoría  de  los  ángeles,  de  los 
filósofos  griegos,  escritores  romanos,  cristianos  y 
mahometanos.  Asimismo  el  gnosticismo,  el  magis¬ 
mo,  el  sofismo,  la  teología,  la  tipología  y  el  misti¬ 
cismo.  Particularmente  en  tiempo  del  Renacimiento, 
la  teosofía  cabalística  ejerció  notable  influencia  en 
la  Iglesia  cristiana.  El  parecido  que  se  pretendía  ver 
entre  muchas  verdades  de  la  cábala  y  del  cristianis¬ 
mo,  favoreció  las  conversiones  de  cabalistas  á  la  fe 
cristiana.  En  1450  un  grupo  de  judíos  conversos  en 
España,  capitaneados  por  Pablo  de  Heredia,  Vidal 
de  Zaragoza  y  Dávila,  publicaron  recopilaciones  de 
tratados  cabalísticos  para  probar  por  ellas  la  doctri¬ 
na  cristiana.  Pablo  Rici,  profesor  de  Pavía  v  médico 

ENCICLOPEDIA  UNIVERSAL.  TOMO  X.  - 2. 


de  Maximiliano  I.  inducido  por  el  ejemplo  de  aqué¬ 
llos,  tradujo  al  latín  la  obra  cabalística  Las  puertas 
de  la  Luz  (1516),  en  cuyo  fondo  se  inspiraron  Pico 
de  la  Mirándola  y  Reuchlin  para  hacerse  entusiastas 
cabalistas.  De  la  Mirándola  elogió  ante  Sixto  V  lo 
útil  de  la  cábala  para  el  cristiano,  en  forma  que  con¬ 
siguió  de  él  fueran  traducidos  escritos  para  ser  estu¬ 
diados  en  la  Iglesia.  Reuchlin  fué  un  apóstol  no  me¬ 
nos  celoso  de  la  cábala,  logrando  ganar  á  muchas 
notabilidades  para  su  causa.  Entre  ellas  debe  citar¬ 
se  el  papa  León  X,  que  emprendió  el  estudio  de  las 
lenguas  orientales  para  descifrar  los  secretos  de  aque¬ 
lla  teosofía.  En  varias  épocas  hanse  producido,  por 
abuso  en  las  prácticas  cabalísticas,  movimientos 
populares  que  consideraban  próxima  la  venida  del 
Mesías.  Hay  que  citar  el  de  Avila,  en  1295;  en  Is- 
tria,  en  1502;  en  Italia  y  otras  partes,  en  1530;  en 
Esmirna  v  Turquía  europea,  en  1648,  y  en  Polonia, 
al  fin  del  siglo  xvm. 

Bibliogr.  Frank,  La  Kabbale  ou  la  Philosophie 
religieuse  des  Hébreux  (París,  1843,  1889);  Se- 
llinek,  Meses  ben  Schemtob  de  León  und  sein  Ver- 
hdltniss  zum  Sohar  (Leipzig,  1851);  Sellinek,  Bei- 
trdge  tur  Geschichte  der  Kabbala  (Leipzig,  1852j; 
Graetz,  Gnosticismus  tti\d  Judenthum  (Krostoschin, 
1846);  Knorr  de  Rosenroth,  La  Kabbala  denudata. 
Los  escritos  de  Reuchlin  y  Pico  de  la  Mirándola; 
Frank,  Deux  mémoires  sur  la  Cabbale  (París,  1839, 
Acad.);  Freystadt,  Philosophia  cabbalistica  et  pan— 
theismus  ( Regiomontano,  1832);  Ginsburg,  The 
Kabbalali,  its  doctrines,  developmcnt  and  literature , 
an  essay  (Londres,  1865);  Eif.  Lévi,  La  Science  des 
esprits,  re'vélation  da  dogme  sécret  des  Kabbalistes 
(París,  1865). 

Cabala.  Mil.  Dícese  de  cualquier  proyecto  ima¬ 
ginado  y  desarrollado  lejos  del  teatro  de  la  guerra 
pretendiendo  demostrar  que  puede  vencer  tal  ó  cual 
enemigo.  A  los  autores  de  tales  cabalas  se  les  llama 
crónicamente  tácticos  ó  estrategas  de  café. 

CABALANGAY.  m.  Hist.  Hombre  libre,  entre 
los  tagalos  filipinos;  vasallo  que  dependía  directa¬ 
mente  del  jefe  del  Barangav  (V.),  como  indica  el 
prefijo  común  en  tagalo  ca  y  balangay  (Barangay). 
El  cabalangav  estaba  al  servicio  del  pueblo  ó  baran¬ 
gay  y  se  hallaba  sometido  al  príncipe  ó  Maguinoo, 
que  lo  destinaba  á  la  guerra,  á  que  labrara  sus  tie¬ 
rras  ó  á  que  remara  en  sus  embarcaciones. 

CABALAR.  (Etim. — De  cábala.)  v.  n.  ant. 
Conspirar,  intrigar,  reunirse  con  algún  fin  ilegal. 

Cabalar.  (Etim. — De  cabal.)  v.  a.  ant.  Ajustar, 
completar  alguna  cosa,  coronar  el  número,  ocupar  el 
puesto,  llenar  la  medida. 

Cabalar.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de  la  Coruña, 
agregada  al  mun.  de  Somozas.  ||  Lugar  de  la  pro¬ 
vincia  de  Pontevedra,  agregada  al  mun.  de  Lama. 

Cabalar.  Geog.  Río  de  la  prov.  de  Orense,  en  el 
p.  j.  de  Puebla  de  Trives,  que  se  forma  de  las  afluen¬ 
cias  de  la  encañada  del  Teso  ó  Peña,  y  después  de 
un  curso  de  5‘5  kms.  de  S.  á  E.  desagua  en  el  río 
Bibev. 

CABALARIO,  RIA.  adj.  Propio  de  las  cába- 
las.  ||  m.  Libro  de  cábalas.  ||  Conjunto  de  ellas.  || 
El  que  las  forma. 

CABALEIRO.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de  Pon¬ 
tevedra.  agregada  al  mun.  de  Valga.  ||  Lugar  de  la 
prov.  de  Pontevedra,  agregado  al  mun.  de  la  capital. 

Cabaleiro  (Camilo).  Biog.  Sacerdote  y  escritor 
español  contemporáneo,  á  quien  se  debe:  Método 


18 


CÁBALEIROS — -  CABALGADA 


práctico  para  confesarse  y  preparar  á  recibir  la  sagra¬ 
da  Comunión  (1880),  Método  teórico  y  práctico  para 
rezar  el  Santo  Rosario  (1884),  y  Novena  al  apóstol 
Santiago  el  Mayor  (1890). 

CABALEIROS.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de 
Pontevedra,  agregada  al  raun.  de  Mos.  ||  Lugar  de 
la  prov.  de  Orense,  agregado  al  mun.  de  Lobera.  |[ 
V.  San  Jülián  de  Cabaleiros. 

CABALERIA  ó  NANCELLES.  Geog.  Cabo 
de  la  isla  de  Menorca,  en  su  costa  N.,  al  O.  del 
cabo  de  Levante;  es  alto,  acantilado  y  muy  saliente. 

CABALERIZA.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de  la 
Coruña,  agregada  al  mun.  de  G'ée. 

CABALERO.  (Etim. — De  cabalo,  forma  ant.  de 
caballo .)  m.  ant.  Soldado  de  á  caballo  que  servía  en 
la  guerra. 

Cabalero.  ra.  Der.  for.  El  asociado  extraño  á  la 
familia  que  forma  parte  de  la  sociedad  denominada 
Comunidad  doméstica  en  el  Alto  Aragón.  V.  Cabal 
y  Comunidad  ( Comunidad  doméstica). 

CABALES.  Amor.  Estar  en  sus  cabales.  Frase 
que  significa  estar  en  su  juicio,  tener  cabal  y  entero 
su  entendimiento. 

CABALETA.  f.  Mús.  Palabra  derivada  del  ita¬ 
liano  cabaletta,  y  que  designa  el  movimiento  vivo 
que  termina  con  frecuencia  las  arias  de  una  ópera. 
Unas  veces  se  canta  á  solo,  y  otras  acompañada  por 
el  coro  ó  por  uno  de  los  personajes.  Se  llamó  caba¬ 
letta  ó  cappelleta  porque  en  un  principio  se  compuso 
en  movimiento  a  capella. 

CABALFUSTE.  m.  ant.  Antiguamente  lo  mis¬ 
mo  que  cabalhueste . 

CABALGADA.  1  .a  acep.  F.  é  In.  Cavalcade,  raid. 
— It.  Cavalcata. — A.  Kavalkade. — P.  Cavalgada. — C.  Ca- 
valcada. —  E.  Kabalkado,  rajdantaro.  (Etim. — De  cabal¬ 
gar.)  f.  Tropa  de  gente,  regularmente  de  á  caballo 
que  salía  á  correr  el  campo.  ||  Servicio  que  solían 
hacer  los  vasallos  al  rey,  saliendo  en  cabalgada  por 
su  orden  |¡  Despojo  ó  presa  que  se  hacía  en  las  ca¬ 
balgadas  sobre  las  tierras  del  enemigo.  |¡  Cabalga¬ 
ta.  ||  ant.  Correría,  hostilidad. 


Cabalgada  doble.  La  que  hacía  una  partida  en¬ 
trando  dos  veces  en  las  tierras  del  enemigo  antes  de 
vblver  al  lugar  de  donde  salió. 

'■  Cabalgada.  Art.  mil.  Expedición  que  un  cuerpo 
más  ó  menos  numeroso  de  tropas  ejecuta,  trasladán¬ 


dose  rápidamente  á  gfrán  distancia  del  grueso  de  su 
ejército,  para  caer  sobre  un  flanco,  ó  mejor  sobre  la 
retaguardia  del  enemigo,  ya  sea  con  el  fin  de  adqui¬ 
rir  noticias,  ó  ya,  principalmente,  para  causarle  al¬ 
gún  daño.  La  importancia  de  esta  clase  de  operacio¬ 
nes,  cuando  han  sido  bien  preparadas  y  se  dirigen 
con  resolución  é  inteligencia,  no  es  necesario  encare¬ 
cerla,  si  se  considera  cuánto  interesa  en  la  guerra 
conservar  expedita  la  línea  de  comunicaciones  y  la 
magnitud  de  los  daños  que  un  enemigo  audaz  puede 
causar  en  poco  tiempo  á  espaldas  del  ejército.  Las 
vías  férreas  pueden  ser  inutilizadas  con  gran  facili¬ 
dad,  cortándolas  ó  volando  sus  obras  de  fábrica,  é 
igualmente  fácil  es  incendiar  las  estaciones  y  destruir 
las  líneas  telegráficas,  privando  así  al  enemigo,  aun¬ 
que  sólo  sea  transitoriamente,  de  recibir  órdenes  v 
noticias,  é  incomunicándolo  con  su*  base  de  operacio¬ 
nes;  los  inmensos  convoyes  de  víveres,  municiones  y 
material  de  guerra  que  circulan  por  las  cai-reteras 
quedan  asimismo  á  merced  del  agresor,  y  hasta  los 
mismos  depósitos,  de  donde  proceden  los  recursos 
de  todo  género  que  el  ejército* necesita  para  vivir, 
pueden,  por  un  golpe  de  audacia,  caer  en  manos  de- 
aquél;  y  fácil  es  imaginar  la  perturbación  que  todo 
esto  produce  en  cualquier  momento,  pero  más  toda¬ 
vía  cuando,  en  vísperas  quizá  de  una  gran  batalla,  no- 
llegan  las  municiones  esperadas  con  impaciencia,  ó 
cuando  en  medio  de  un  país  escaso  de  recursos  han 
sido  tal  vez  pasto  de  las  llamas  los  víveres  de  que  se- 
carece.  La  utilidad  de  las  cabalgadas  sube  de  punto- 
ai  principio  de  las  hostilidades,  cuando  terminada  lar 
movilización  de  sus  tuerzas,  avanzan  los  ejércitos  ha¬ 
cia  la  frontera  para  concentrarse.  Retrasar  entonces 
la  concentración  del  adversario  equivale  á  ganar 
tiempo  para  efectuar  cómodamente  la  propia,  y  acaso* 
de  esto  dependa  el  poder  llevar  la  guerra  al  país  ene¬ 
migo,  ahorrando  al  propio  los  horrores  de  la  invasión. 
En  tales  circunstancias,  pues,  una  división  de  caba¬ 
llería,  animada  de  buen  espíritu  y  guiada  por  un  ge¬ 
neral  inteligente  y  animoso,  puede,  después  de  ven¬ 
cer  á  la  caballería  contraria,  internarse  en  el  país 
enemigo,  y  marchando  resueltamen¬ 
te  sobre  la  retaguardia  de  éste,  in¬ 
troducir  el  desorden  en  sus  fuerzas,, 
cortando  las  comunicaciones,  inter¬ 
ceptando  órdenes  y  correos,  sorpren¬ 
diendo  columnas  aisladas  y  llevando 
á  todas  partes  la  destrucción  y  el  in¬ 
cendio.  Procediendo  de  esta  manera,, 
afirma  el  general  Sheridan  que  un- 
cuerpo  de  10,000  jinetes  decididos- 
basta  para  impedir  la  concentración* 
de  un  ejército  diez  veces  mayor,  y 
aunque  nosotros  no  compartimos  opi¬ 
nión  tan  optimista,  creemos  indu¬ 
dable  que  cónstituirá  un  obstáculo- 
serio.  que  dificultará  en  alto  grado- 
aquella' operación.  A  veces  también- 
estas  expediciones  revisten  un  mar¬ 
cado  carácter  político,  como  verbi¬ 
gracia,  cuando  se  dirigen  á  una  co¬ 
marca  en  la  que  alienta  el  espíritu* 
de  rebelión  ó  dé  mal  encubierta  hos¬ 
tilidad  hacia  el  enemigo,  y  se  supone  que  la  pobla¬ 
ción  espera  impaciente  la  ocasión  de  alzarse  en  ar¬ 
mas  para  sacudir  su  yugo;  ó  cuándo  conviene,  por 
el!  Contrario,  castigarla  porque  se  muestra  demasía— 
dó  favórable  á  él,  ó  se  trata  simplemente  de  reali- 


La  Cabalgada.  —  Fragmento  del  triunfo  de  la  muerte,  por  Andrés  Orcagua 
(Campo  Santo  de  Pisa) 


CABALGADA 


zar  un  acto  de  presencia  que  levante  el  prestigio  de 
las  armas  y  sea  medio  eficaz  para  consolidar  una 
alianza  ó  para  contener  la  defección  de  un  auxiliar 
poco  seguro. 

Siendo  la  celeridad  condición  indispensable  para 
esta  clase  de  operaciones,  no  es  necesario  decir  que 
la  fuerza  encargada  de  su  ejecución  debe  ser  preci¬ 
samente  de  caballería;  la  infantería  por  sí  sola  no  es 
á  propósito  para  estas  empresas,  y  en  combinación 
con  la  caballería  sería  para  ésta  un  lastre  embara¬ 
zoso,  aunque  fuera  montada,  pues  seguramente  no 
tendría  la  resistencia  necesaria  para  seguirla,  y  per¬ 
turbaría  la  marcha  de  la  columna,  pudiendo  originar 
el  fracaso  de  la  expedición;  una  pequeña  fracción  de 
artillería  á  caballo,  será  en  cambio  para  aquélla  un 
poderoso  auxiliar,  según  ha  demostrado  la  experien¬ 
cia.  Como  esta  columna  ha  de  alejarse  á  distancia 
considerable  de  la  comarca  ocupada  por  el  núcleo  de 
su  ejército  para  invadir  la  que  ocupa  el  enemigo, 
quedará  desde  el  principio  completamente  desligada 
de  aquél  y  habrá  de  obrar  por  consiguiente  con  ab¬ 
soluta  independencia,  no  pudiendo  contar  mientras 
dure  la  expedición  más  que  con  sus  propias  fuerzas 
para  hacer  frente  á  todas  las  eventualidades.  Con¬ 
viene  por  eso  que  la  fracción  destacada  sea  bastante 
fuerte  para  que  un  encuentro  imprevisto  no  compro¬ 
meta  el  resultado  de  la  operación;  pero  no  se  debe 
caer  en  exageraciones,  porque-á  medida  que  crece 
su  fuerza  crecen  también  las  dificultades  de  dirigirla 
y  mantenerla,  disminuyendo  á  la  vez  la  rapidez  de 
su  marcha  y  la  posibilidad  de  que  ésta  pase  inadver¬ 
tida,  que  es  la  garantía  principal  del  éxito  de  la  ca¬ 
balgada.  Una  columna  compuesta  de  uno  á  tres  re¬ 
gimientos  de  caballería,  con  una  batería  á  caballo, 
bastará  por  lo  regular  para  alcanzar  el  fin  que  se 
persigue.  La  duración  de  la  expedición  ha  de  ser 
forzosamente  pequeña,  pues  de  otro  modo  se  agota¬ 
ría  la  resistencia  del  ganado  y  se  correría  el  peligro 
de  quedarse  sin  caballería  á  la  mitad  de  la  campaña. 
Por  regla  general  aquélla  no  excederá  de  cuatro  días, 
durante  los  cuales  se  podrá  recorrer  hasta  300  kiló¬ 
metros,  á  razón  de  70  á  80  por  día,  pudiéndose  re¬ 
basar  estas  cifras  si  la  expedición  no  dura  más  de 
veinticuatro  horas.  Para  alcanzar  estas  velocidades, 
se  requiere  qne  la  caballería  marche  completamente 
libre  de  trabas  y  obstáculos:  así,  pues,  prescinde  de 
las  columnas  de  víveres  (debiendo  vivir  mientras  se 
pueda  sobre  el  país,  y  llevar  consigo,  solamente  como 
reserva  para  casos  extraordinarios,  un  par  de  racio¬ 
nes  de  campaña  por  hombre  y  por  caballo),  é  igual¬ 
mente  de  las  de  municiones,  que  se  substituyen  por 
algunos  caballos  de  baste,  los  suficientes  para  con¬ 
tar  con  una  pequeña  reserva  de  cartuchos  por  cara¬ 
bina.  No  se  llevan  tampoco  ambulancias,  que  nin¬ 
gún  servicio  útil  podrían  prestar,  optándose  por  de¬ 
jar  los  heridos  y  enfermos  en  los  caseríos  ó  pueblos 
por  donde  pase  la  columna:  y  aunque  en  algunas 
grandes  expediciones  ha  sabido  aquélla  arrastrar 
consigo  un  tren  ligero  de  puentes,  no  parece  que 
esto  deba  aconsejarse,  siendo  preferible  que  la  caba¬ 
llería  se  ejercite  en  tiempo  de  paz  en  atravesar  á 
nado  los  ríos  que  no  puedan  vadearse  fácilmente  v 
sin  peligro.  J 

La  cabalgada  es  siempre  una  operación  arriesga¬ 
da,  que  debe  prepararse  con  el  mavor  sigilo  y  con 
perfecto  estudio  del  terreno  que  se  ha  de  reconocer, 
cuya  topografía,  red  de  comunicaciones  y  datos  esta¬ 
dísticos  debeq. ser  exactamente  conocidos,  así  como 


19 

la  distribución  de  las  fuerzas  enemigas,  situación  de 
sus  depósitos,  etc.;  pero  una  vez  resuelta,  debe  con¬ 
ducirse  con  verdadera  audacia  para  no  retroceder 
ante  imprevistos  obstáculos,  y  sobre  todo^con  gran 
tino,  serenidad  y  astucia  para  esquivar  cualquier 
encuentro  que  pudiera  ser  desfavorable  para  la  colum¬ 
na.  Debe  tenerse  presente  que  el  combate  no  es  por 
lo  regular  el  objeto  principal  de  la  cabalgada,  sino 
todo  lo  más  un  medio  para  conseguir  sus  fines  de 
destrucción;  por  consiguiente,  si  conviene  ahuyen¬ 
tar  ó  aniquilar  las  pequeñas  partidas  ó  patrullas  que 
se  encuentren  en  el  camino,  porque  esto  al  cabo  con¬ 
tribuye  al  efecto  moral  de  la  expedición,  que  es  en 
ocasiones  su  aspecto  más  importante,  y  si  además 
será  necesario  muchas  veces  sostener  ligeras  escara¬ 
muzas  con  las  fuerzas  que  custodian  las  estaciones, 
depósitos  ó  puentes,  se  debe  rehuir,  como  regla  ge¬ 
neral,  todo  encuentro  que  entretenga  oque  no  se  en¬ 
table  en  condiciones  muy  ventajosas  y  de  gransupe- 
rioiidad  de  fuerzas,  á  fin  de  que  sea  de  muy  corta 
duración.  El  tiempo  tiene  en  esta  clase  de  operacio¬ 
nes  un  valor  mucho  más  grande  que  en  ninguna 
otra,  porque  si  se  malgasta,  acaso  se  malogre  la  sor¬ 
presa,  y  con  ello,  no  sólo  peligra  el  fruto  de  la  expe¬ 
dición,  sino  la  seguridad  misma  de  la  columna.  En 
estas  escaramuzas  tiene  su  principal  empleo  el  com¬ 
bate  á  pie  con  la  carabina;  la  artillería,  cuya  dota¬ 
ción  de  municiones  es  muy  reducida,  procurará  eco¬ 
nomizarlas,  reservándolas  para  casos  extremos  ó  para 
proteger  la  retirada.  El  itinerario  de  la  cabalgada, 
perfectamente  estudiado  antes  de  emprender  la  mar¬ 
cha,  procurará  huir  de  desfiladeros  y  pasos  difíciles, 
en  los  que  un  puñado  de  hombres  resueltos  puede 
detener  á  una  fuerza  considerable,  y  pasará  prefe¬ 
rentemente  por  los  caminos  menos  frecuentados,  á 
fin  de  no  llamar  la  atención  al  recorrerlos.  La  vuelta 
de  la  columna  debe  hacerse  por  regla  general  por 
otro  camino,  á  fin  de  evitar  que,  conociéndolo  el  ene¬ 
migo,  tenga  tiempo  de  reunir  las  tropas  necesarias 
para  cortarle  el  paso.  El  objeto,  bien  definido,  de  la 
expedición,  y  el  punto  ó  puntos  adonde  se  dirige, 
han  de  mantenerse  secretos  con  el  mavor  cuidado- 
únicamente  el  jefe  superior  debe  saberlos.  Las  pre¬ 
cauciones  durante  la  marcha  de  aquélla  serán  las 
mismas  que  debe  observar  toda  columna,  sin  más 
diferencia  que  la  de  llevar  sus  servicios  de  explora¬ 
ción  y  seguridad  más  próximos  al  grueso.  La-  reta¬ 
guardia,  bajo  cuya  protección  inmediata  se  efectúan 
las  destrucciones  á  la  ida  y  la  retirada  de  toda  la 
columna  á  la  vuelta,  tiene  que  ser  más  fuerte  que  de 
ordinario.  La  vanguardia,  bastante  fuerte  también, 
reconoce  y  registra  caminos  y  caseríos,  intercepta 
correos  y  despachos  y  procura  con  ahinco  adquirir 
noticias  del  enemigo  para  adivinar  sus  planes  v  po¬ 
der  frustrarlos  con  más  facilidad.  Si  al  regreso' de  la 
columna  ésta  se  viera  acosada  por  fuerzas  enemigas, 
tratará  de  despistarlas  y  detenerlas,  volando  á  su 
paso  los  puentes,  y  rehuirá  el  combate  con  insisten¬ 
cia,  a  menos  de  verse  cortada  por  pequeños  destaca¬ 
mentos,  á  través  de  los  cuales  se  abrirá  paso  á  toda 
costa;  pero  si  la  persecución  es  muy  activa  ó  el  ca¬ 
mino  está  cortado  por  fuerzas  superiores  y  hav  pocas 
probabilidades  de  escapar,  no  vacilará  el  jefe'en  di¬ 
vidir  las  suyas  en  pequeños  grupos  para  facilitar  así 
la  salvación  del  mayor  número.  Hemos  dicho  que  el 
objeto  de  la  cabalgada  es  principalmente  destruir- 
pero  no  á  ciegas,  por  el  prurito  bárbaro  de  destruir 
y  de  incendiar,  siho  con  medida,  limitando  el  daño 


20 


CABALGADA 


á  lo  puramente  indispensable  para  las  necesidades 
de  la  guerra,  que  consisten  en  cortar  las  comunica¬ 
ciones  del  enemigo  para  entorpecer  su  acción  y  en 
privarle  de  recursos.  En  casi  todos  los  ejércitos 
cuentan  los  regimientos  de  caballería  con  un  cierto 
número  de  soldados  instruidos  en  el  servicio  de  za¬ 
padores;  en  el  nuestro  se  emplean  para  las  destruc¬ 
ciones  de  que  estamos  tratando  los  petardos  de  pi- 
crinita,  que  prepara  la  fábrica  de  explosivos  de  Gra¬ 
nada,  dirigida  por  el  cuerpo  de  artillería. 

No  todos  los  países  se  prestan  para  llevar  á  cabo 
estas  operaciones:  las  comarcas  montañosas  ó  muy 
quebradas  son  poco  á  propósito,  por  lo  fatigoso  que 
es  para  el  ganado  el  recorrerlas  y  porque  en  ellas 
pierde  la  caballería  su  libertad  de  acción;  además, 
siendo  por  lo  común  forzados  los  pasos  que  existen 
para  el  regreso  de  la  columna,  es  muy  fácil  intercep¬ 
tarlos  y  destruirla;  las  comarcas  ricas  y  muy  pobla¬ 
das,  con  abundancia  de  comunicaciones,  son  tam¬ 
bién  muy  peligrosas,  sobre  todo  si  la  población  es 
hostil,  porque  será  difícil  que  el  avance  de  la  colum¬ 
na  pase  inadvertido,  y  dada  la  voz  de  alarma  el  fra¬ 
caso  de  la  expedición  es  seguro;  por  el  contrario  los 
países  llanos  y  poco  poblados  se  prestan  admirable¬ 
mente  para  ellas.  Tampoco  se  podrá  emprender  ope¬ 
raciones  de  este  género  sin  contar  con  una  gran 
abundancia  de  excelente  caballería,  bien  instruida 
v  animada  de  espíritu  aventurero  y  ofensivo;  pues 
claro  es  que  cuando  el  efectivo  de  aquella  arma  es 
apenas  suficiente  para  cubrir  los  fatigosos  servicios 
que  tiene  encomendados  en  la  guerra,  mal  se  podrá 
distraer  de  ella  una  fracción  tan  importante  como  la 
que  se  necesita  para  estas  empresas.  Todo  esto  ex¬ 
cluye  naturalmente  en  muchas  ocasiones  la  posibili¬ 
dad  de  ejecutarlas,  siendo  muchos  los  que  opinan 
que  en  una  guerra  europea  ni  siquiera  podrán  inten¬ 
tarse,  como  no  las  intentaron  los  alemanes  en  la  de 
1870,  á  pesar  de  que  después  de  las  primeras  bata¬ 
llas  quedó  afirmada  de  un  modo  brillante  la  superio¬ 
ridad  de  su  caballería  sobre  la  francesa;  y  no  se 
puede  dudar,  sin  embargo,  de  que  aquélla  dió  en  el 
curso  de  la  campaña  pruebas  evidentes  de  su  auda¬ 
cia  ó  iniciativa. 

Historia.  El  origen  de  la  cabalgada,  tal  como  la 
hemos  definido  anteriormente,  hay  que  buscarlo  in¬ 
dudablemente  en  las  correrías  ó  expediciones  de  pi¬ 
llaje  propias  del  estado  de  hostilidad  entre  pueblos 
que  no  han  salido  todavía  de  las  tinieblas  de  la  bar¬ 
barie.  Fueron  frecuentes  sobre  todo  en  el  transcurso 
de  la  Edad  Media,  y  tan  comunes  en  nuestra  patria 
en  la  época  de  la  Reconquista  que  pocas  comarcas  pu¬ 
dieron  considerarse  libres  de  sufrir  sus  efectos  mien¬ 
tras  duró  aquella  lucha.  A  veces  se  juntaban  varios 
señores  bajo  la  dirección  del  más  esforzado  ó  de  ma¬ 
yor  autoridad  para  correr  la  tierra  y  fazer  mal  á  sus 
enemigos,  reuniendo  entre  todos  fuerzas  bastantes  pa¬ 
ra  no  temer  ya  el  mostrarse  descubiertamente;  pero  las 
precauciones  durante  la  marcha,  para  dar  el  golpe 
sobre  seguro,  eran  siempre  las  mismas.  Lo  esencial 
era  la  sorpresa,  y  valiéndose  de  ella  talaban  los  cam¬ 
pos  del  adversario,  incendiaban  sus  caseríos,  sa¬ 
queándolos,  y  6e  retiraban  á  sus  hogares  llevando 
consigo  los  despojos  de  aquél,  entre  los  que  se  con¬ 
taban  á  menudo  buen  número  dé  cautivos. 

Si  la  historia  no  lo  consignase  explícitamente, 
bastaría  leer  el  Fuero  de  las  cabalgadas  ó  las  Parti¬ 
das  para  comprender  lo  comunes  que  debieron  de  ser 
entonces  tales  expediciones.  El  Fuero  de  las  cabal¬ 


gadas  expone  el  orden  y  plan  con  que  deben  realizar¬ 
se,  las  reglas  á  que  debían  someterse  tanto  los  ca¬ 
balgadores  como  el  pillaje.  Es  de  advertir  que  este 
fuero,  descubierto  por  el  padre  Jaime  Villanueva  en 
1807  en  la  Biblioteca  de  Perpiñán,  es  una  compila¬ 
ción  de  disposiciones  que  unos  creen  tomadas  de  los 
fueros  municipales,  y  que  otros,  con  evidente  error, 
han  remontado  al  tiempo  de  Carlomagno.  Sea  de 
esto  lo  que  quiera,  dicho  fuero  no  sólo  nos  suminis¬ 
tra  noticias  sobre  los  extremos  indicados,  sino  que 
prueba  que  la  palabra  cabalgada  no  se  aplicaba  so¬ 
lamente  á  expediciones  realizadas  por  la  caballería, 
ni  aun  á  expediciones  por  tierra,  sino  también  á  ex¬ 
pediciones  realizadas  por  peones  y  por  mar,  ya  que 
en  el  título  VII  se  habla  de  cabalgadores  de  caballo 
y  de  pie,  y  en  el  XXII  de  las  cabalgadas  en  naves ,  o 
en  galeras  ó  en  otros  bajeles. 

Las  Partidas  dedican  la  ley  28  del  título  XXIII 
de  la  Partida  2.a  á  tratar  de  las  cabalgadas  dicien¬ 
do  de  ellas  que  tienen  lugar  «cuando  parten  algu¬ 
nas  compañías  sin  hueste  (ó  cuando  se  apartan  de 
ésta)  para  ir  apresuradamente  á  correr  algún  lugar 
para  hacer  daño  á  sus  enemigos ».  En  esto  distin¬ 
guen  las  Partidas  las  cabalgadas  de  las  algaras  (en 
las  que  se  ocupa  la  ley  siguiente),  ya  que  en  éstas  se 
corre  la  tierra  para  «robar  lo  que  h¡  fallaren»,  si  bien 
es  de  advertir  que  también  en  aquéllas  tenía  lugar 
el  pillaje,  pero  no  como  objeto  exclusivo.  Podían  ser 
de  dos  clases:  concejeras,  que  se  hacían  con  tantas 
gentes  que  se  atrevieran  á  armar  tiendas  y  á  encen¬ 
der  fuego  al  menos  una  vez  realizado  su  objeto,  y 
encubiertas ,  que  se  hacen  con  poca  gente  que  no 
quiere  ser  descubierta  mientras  se  halle  en  país  ene¬ 
migo.  Había  además  las  cabalgadas  dobles,  que  te¬ 
nían  lugar  cuando  los  que  iban  en  cabalgada,  una 
vez  hecha  su  presa,  y  antes  de  llegar  con  ella  al  si¬ 
tio  de  donde  salieron,  volvían  otra  vez  á  tierra  de 
los  enemigos  para  hacerles  daño.  Las  Partidas  orde¬ 
nan  que  los  que  vayan  en  cabalgada  cabalguen  de 
prisa  (de  donde  el  nombre),  no  lleven  cosas  que  les 
sirvan  de  estorbo,  anden  más  de  noche  que  de  día, 
cuenten  con  guías  que  les  conduzcan  por  sitios  ocul¬ 
tos  y  por  los  lugares  bajos,  tengan  de  día  atalayas 
v  descubridores  y  de  noche  escuchas  y  rondas  y  que 
ios  caudillos  ó  jefes  sean  entendidos  en  este  género 
de  ataque. 

La  creación  de  los  ejércitos  permanentes,  á  prin¬ 
cipios  de  la  Edad  Moderna,  aunque  contribuyó  á 
cambiar  el  aspecto  de  la  guerra,  no  suprimió  las 
cabalgadas,  encomendadas  por  lo  común  á  la  caba¬ 
llería  ligera,  pero  las  hizo  menos  frecuentes  á  medi¬ 
da  que  aquéllos  fueron  creciendo  en  importancia  y 
se  prestó  mayor  atención  á  las  operaciones  regula¬ 
res;  y  el  continuo  progreso  moral  de  la  sociedad, 
que  ha  ido  suavizando  poco  á  poco  los  usos  de  la 
guerra,  ha  acabado  por  transformarlas,  proscribien¬ 
do  el  botín  individual  y  reduciendo  los  daños  que 
causan  á  lo  puramente  indispensable  para  las  nece¬ 
sidades  militares.  La  historia  de  la  guerra  de  la  In¬ 
dependencia  y  la  de  nuestras  contiendas  civiles  ofre¬ 
cen  notables  ejemplos  de  cabalgadas  realizadas  por 
nuestros  audaces  guerrilleros,  burlando  con  su  astu¬ 
cia  el  poder  de  las  tropas  regulares;  pero  donde  es¬ 
tas  expediciones  adquieren  una  importancia  y  des¬ 
arrollo  jamás  igualados  es  en  la  guerra  de  Secesión 
de  los  Estados  Unidos  (1861-65).  en  la  que  el  ge¬ 
neral  confederado  Stuart  V  los  federales  Stoneman, 
Grierson,  Sheridan  y  Sherman  llevan  á  cabo  con 


21 


CABALGADOR ■ 

singular  fortuna  sus  atrevidos  raids.  que  serán  siem¬ 
pre  merecedores  de  detenido  estudio  por  su  admira¬ 
ble  dirección  y  brillantes  resultados.  Entre  las  ope¬ 
raciones  más  famosas  de  este  género  se  encuentra  el 
raid  que  llevó  á  cabo  el  primero  en  el  mes  de  Junio 
de  1862,  partiendo  de  Richmond  el  día  12  al  frente 
de  1,200  caballos  y  dos  piezas  de  artillería  en  direc¬ 
ción  al  N.,  rodeando  completamente  el  ejército  de 
Mac  Clellan  y  destruyendo  de  paso  sus  almacenes, 
sorprendiendo  destacamentos,  quemando  convoyes, 
haciendo  prisioneros  y  llevando  la  alarma  á  todo  el 
país.  Perseguido  al  fin  activamente  por  una  brigada 
de  caballería  federal,  la  crecida  del  Chickahominy , 
que  no  pudo  vadear,  le  obligó  á  improvisar  una  pa¬ 
sarela,  por  la  que  atravesó  el  río  en  pocas  horas  con 
toda  su  gente,  llegando  al  punto  de  partida  en  la 
tarde  del  14,  sin  haber  tenido  más  que  una  baja  v 
llevando  importantes  noticias  del  enemigo,  165  pri¬ 
sioneros  y  260  caballos.  Pocos  días  después  (el  22 
de  Agosto)  el  mismo  Stuart  se  colocaba,  mediante 
una  atrevida  marcha,  á  retaguardia  del  ejército  de 
Pope  y,  arrojándose  sobre  él  en  una  noche  tempes¬ 
tuosa,  al  frente  de  2,000  caballos,  sorprendía  su 
campamento,  cogiéndole  300  prisioneros  v  documen¬ 
tos  de  importancia,  entre  ellos  el  libro  de  despachos 
del  general,  sin  haber  tenido  una  sola  baja  y  ha¬ 
biendo  recorrido  70  kms.  en  veinticuatro  horas.  No 
menos  notable  fué  el  raid  que  efectuó  Grierson  (del 
17  de  Abril  al  2  de  Mayo  de  1863)  con  tres  regi¬ 
mientos  de  caballería,  marchando  desde  Lagrange 
hacia  la  frontera  N.  del  Misisipí  para  cortar  las  co¬ 
municaciones  del  ejército  de  Johnston  y  destruir 
cuanto  pudiera  ser  de  utilidad  para  éste,  cometido 
que  desempeñó  admirablemente,  destruyendo  la  vía 
férrea  en  una  gran  extensión,  quemando  fábricas, 
almacenes  y  depósitos,  dispersando  patrullas,  ha¬ 
ciendo  una  porción  de  prisioneros  y  llegando  á 
Vicksburgo,  después  de  recorrer  300  kms..  sin  que 
la  caballería  enemiga  pudiera  darle  alcance.  Los 
raids  de  Stoneman  y  de  Sheridan  son  asimismo  me¬ 
morables  por  el  acierto  con  que  ambos  caudillos  su¬ 
pieron  manejar  una  imponente  masa  de  10,000  ca¬ 
ballos,  fuerza  la  más  importante  que  se  ha  reunido 
hasta  ahora  para  emplearla  en  operaciones  de  esta 
índole.  La  columna  de  Sheridan  llevaba  además  con¬ 
sigo  hasta  20  piezas  de  artillería  y  un  tren  ligero  de 
puentes;  su  expedición  duró  treinta  y  seis  días,  y  du¬ 
rante  ellos  se  apoderó  de  más  de  6,000  caballos"  Fa¬ 
moso  es  también  en  la  historia  militar  contemporᬠ
nea  el  raid  del  general  Gurko  en  la  guerra  turco- 
rusa  (Julio  de  1877),  que  llevó  la  alarma  hasta  el 
corazón  de  Turquía.  Dueño  de  Tirnova  (Bulgaria) 
partió  dicho  general  en  dirección  á  los  Balkanes,  al 
frente  de  un  cuerpo  de  6.000  jinetes,  y  encontrando 
el  paso  de  Schipka  ocupado  por  fuerzas  considera¬ 
bles,  y  no  juzgando  prudente  atacarlo  de  frente, 
atravesó  la  cordillera  por  una  senda  mal  vigilada, 
al  E.  de  dicho  punto,  y  apareció  de  improviso  á  su 
retaguardia,  obligando  á  los  turcos  á  abandonarlo; 
se  apoderó  entonces  de  Yeni-Zagra  y  bajando  sus 
fuerzas  por  los  valles  del  Tundja  y  del  Maritza,  ade¬ 
lantaron  sus  patrullas  hasta  las  mismas  puertas  de 
Andrinópolis  y  de  Filipópolis,  en  medio  de  la  cons¬ 
ternación  general.  Desgraciadamente  para  los  rusos, 
la  llegada  de  Suleimán  Bajá  les  obligó  á  evacuar  la 
Rumelia,  y  así  el  único  fruto  que  produjo  esta  ope¬ 
ración  fué  la  ocupación  del  citado  paso  de  Schipka, 
que  quedó  en  su  poder  durante  el  resto  de  la  cam- 


-  CABALGATA 

paña.  Las  guerras  recientes,  anglo-boer  y  ruso- 
japonesa,  no  nos  ofrecen  ningún  ejemplo  notable  de 
operaciones  de  esta  clase.  En  la  última,  el  general 
Mitsckenko  emprendió  un  raid  cuyo  objetivo  era  la 
plaza  de  Inken,  punto  de  partida  "de  las  líneas  de 
etapas  de  los  japoneses  (Enero  de  1905);  pero  mal 
preparado  y  ejecutado  con  excesiva  lentitud  (160 
kilómetros  en  cuatro  días)  y  poco  acierto,  no  dió  re¬ 
sultado  favorable.  Tampoco  obtuvo  gran  éxito  otro 
que  dirigió  el  mismo  general  después  de  la  batalla 
de  Mukden  (Mayo  de  1905)  con  dos  divisiones  de 
caballería  y  12  piezas,  para  reconocer  la  fuerza  y 
situación  del  ala  izquierda  del  enemigo.  Por  su  par¬ 
te  los  japoneses  llevaron  á  cabo  algunos  raids  atre¬ 
vidos  y  fructíferos,  pero  de  muy  poca  importancia 
por  la  escasez  de  la  fuerza  encargada  de  realizarlos. 

CABALGADOR,  RA.  m.  y  f.  Persona  que  ca¬ 
balga.  ||  m.  ant.  Montador,  poyo. 

Cabalgador.  Mil.  ant.  Los  documentos  más  an¬ 
tiguos  que  hacen  referencia  á  asuntos  militares  sue¬ 
len  llamar  cabalgadores  ó  cabalgadores  á  los  hombres 
armados  que  tomaban  parte  en  las  cabalgadas,  bajo 
la  dirección  de  los  almocadenes  y  del  adalid  encar¬ 
gado  de  conducirlos. 

Cabalgador.  Geog.  Monte  de  la  prov.  de  Albace¬ 
te,  en  el  p.  j.  de  Alcaraz,  sit.  junto  á  los  límites  con 
la  prov.  de  Ciudad  Real;  alcanza  una  altura  de  997 
metros. 

cabalgadura.  F.  Monture. —  It.  Cavalcatu- 
ra.  — In.  Ridinghorse.  —  A.  Reitthier.  —  P.  Cavalgadu- 
ra>  —  C.  Cavallería.  —  E.  Rajdbesto,  sargbesto.  f.  Bestia 
en  que  se  cabalga  ó  se  puede  cabalgar.  ¡|  Bestia  de 
carga. 

CABALGAR.  2.a  acep.  F.  Chevaucher.  —  It. 
Cavalcare.  —  In.  To  ride.  —  A.  Reiten.  — P.  Cavalgar.— 
C.  Cavalcar.  —  E.  Radji.  (Etim.  —  Del  b.  lat.  cabal- 
care;  del  lat.  caballas ,  caballo.)  v.  n.  Subir  ó  mon¬ 
tar  á  caballo.  U.  t.  c.  a.  ||  Andar  ó  pasear  á  caballo. 

||  v.  a.  Cubrir  el  caballo  ú  otro  animal  á  su  hem¬ 
bra.  Montar  en  sus  afustes  las  piezas  de  artillería.  || 
m.  ant.  Conjunto  de  los  arreos  y  arneses  para  andar 
á  caballo. 

Deriv.  Cabalgante. 

Cabalgar,  v.  n.  Equit.  Se  dice  del  caballo  cuan¬ 
do  yendo  á  la  pierna  ó  de  costado  cruza,  como  debe, 
las  extremidades  de  la  parte  opuesta  á  que  marcha 
por  encima  de  las  otras,  marchando  sesgadamen¬ 
te  y  moviendo  antes  el  cuarto  trasero  que  el  de¬ 
lantero. 

Cabalgar.  Mil.  ant.  Llamábase  antiguamente 
cabalgar  ó  encabalgar  la  artillería,  la  maniobra  de  co¬ 
locar  el  cañón  sobre  su  cureña. 

cabalgata.  F.  Cortége,  cavalcade. —  It.  Caval- 
cata.  —  In.  Pageant.  —  A.  Aufzug,  Festzug.  — P.  Caval- 
gada.  — -C.  Cavalgata.  (Etim.  —  De  cabalgada.)  f. 
Reunión  de  muchas  personas  que,  ya  con  el  objeto 
de  pasear,  ya  con  el  de  divertirse  en  alguna  función 
ó  día  de  campo,  salen  á  caballo,  y  más  comúnmen¬ 
te  en  burros.  ||  Comparsa  de  jinetes. 

Cabalgata.  Hist.  Las  cabalgatas  históricas  v  ar¬ 
tísticas  constituyen  uno  de  los  espectáculos" más 
apropiados  en  los  festejos  públicos  de  las  grandes 
ciudades.  Deben  su  origen  á  los  cortejos  formados 
para  recibir  á  los  soberanos  en  sus  visitas  á  las 
principales  ciudades  de  sus  reinos,  así  como  á  las 
reuniones  de  los  jinetes  que  tomaban  parte  en  los 
torneos.  En  nuestros  días,  la  ciudad  que  más  se  ha 
distinguido  en  la  formación  de  cabalgatas  ha  sido 


Cabalgata 


Séquito  del  rey  Rodolfo  de  Habsburgo 


Grupo  representando  el  alzamiento  en  masa  del  T.irol  (1809) 
(Viena.  Fiestas  del  cincuentenario  del  reinado  de  Francisco  José,  1908) 


Cabalgata 


Tres  grupas  que  liguran  eu  la  cabalgata  ceiebraúa  anualmente  en  Tokio 


24 


CABALHÜESTE  —  CABALLA 


Viena;  las  más  notables  organizáronse  en  ocasión 
de  las  bodas  de  plata  de  los  emperadores  de  Austria 
(24  de  Abril  de  1879)  y  en  1908  en  celebración  del 
cincuentenario  del  reinado  de  Francisco  José;  en 
París  son  dignas  de  mención  la  del  centenario  de  la 
batalla  de  Valmy  (21  de  Septiembre  de  1892),  la  de 
las  Vendimias  (Exposición  Universal  de  1900)  y  la 
de  la  Vache  enragée  y  del  Buey  gordo.  Notabilísima 
tué  la  que  se  celebró  en  Bruselas  en  1885  en  cele¬ 
bración  del  cincuentenario,  del  establecimiento  de 
los  ferrocarriles  en  Bélgica;  en  ella  desfilaron,  histó¬ 
ricamente  agrupados,  todos  los  medios  de  transpor¬ 
te.  En  España  fué  notabilísimo  el  cortejo  histórico 
(V.  esta  palabra)  ó  cabalgata  organizado  en  Madrid 
al  celebrarse  el  centenario  de  Calderón  (21  de  Mayo 
de  1881)  y  la  de  la  Exposición  Universal  de  Barce¬ 
lona  (1888),  ciudad  en  la  que  figuran  lucidas  cabal¬ 
gatas  en  los  principales  festejos  de  carácter  popular. 
En  Francia  celébranse  periódicamente  las  del  Car¬ 
naval  de  Niza  y  las  de  Juana  de  Arco  en  Orleáns; 
en  Inglaterra  las  cabalgatas  ó  cortejos  históricos 
tienen  el  carácter  de  representación  teatral  ( pageant ). 
ejecutándose  ejercicios,  desfiles  y  bailes.  En  los  Es¬ 
tados  Unidos,  celebróse  en  Chicago  en  1894  la  que 
conmemoró  el  descubrimiento  de  América.  En  el 
Extremo  Oriente  distínguense  los  japoneses  y  sia¬ 
meses  por  el  lujo  y  proporciones  de  sus  cabalgatas. 

CABALHÜESTE  (Etim.  —  De  cabal  fuste.) 
Equit.  Silla  de  montar,  usada  antiguamente  por  los 
hombres  de  armas,  que  tenía  un  arco  de  madera  de¬ 
lante  y  otro  detrás,  que  ceñían  al  jinete  hasta  más 
arriba  de  la  cintura  para  que  fuese  más  seg’uro  en¬ 
cima  de  su  caballo.  Decíase  también  cabalfuste  y  ca¬ 
balhuste. 

CABALÍ  A.  f.  ant.  C  ABALA. 

CABALIÁN.  Geog.  Mun.  de  unas  500  casas  y 
2,880  habits.,  en  las  islas  Filipinas,  prov.  de  Levte, 
dióc.  de  Cebú.  Está  el  pueblo  sit.  en  la  falda  de  un 
monte  casi  en  el  centro  de  la  isla.  Cruzan  el  tér¬ 
mino  varios  ríos;  produce  arroz,  abacá,  tabaco,  caña 
dulce,  patay  y  frutas.  ||  Lugar  agregado  al  término 
de  Sogot,  en  la  costa  E.  de  la  isla  de  Leyte. 

CABALIANI  ó  C  ABAL  JAN  I.  Geog.  Río  del 
Perú,  afluente  del  Cujar,  que.  con  el  Curiujar,  for¬ 
man  el  Purus.  La  navegación  de  este  río  es  dificul¬ 
tosa,  aun  con  canoas. 

CABALICÓ  adj.  Germ.  Digno,  prudente. 

CABALIE  ó  CABALIS.  Geog.  ant.  País  del 
Asia  Menor,  entre  la  Frigia  y  la  Licia,  cuyas  prin¬ 
cipales  ciudades,  que  eran  Enoanda,  Balbura,  Bu¬ 
bón  y  Cibvra,  formaban  una  confederación  conocida 
con  el  nombre  de  7 'etrapolis  Cibyratica.  Esta  duró 
hasta  el  siglo  iv  de  nuestra  era,  siendo  disuelta  en 
tiempo  de  Murena. 

CABALINO.  NA.  (Etim.— Del  lat.  caballi- 
nus.  perteneciente  al  caballo.)  adj.  Poét.  Que  tiene 
relación  con  el  caballo  Pegaso.  ||  f.  Nombre  que  die¬ 
ron  los  poetas  á  la  fuente  Hipocrene.  ó  la  que  abrió 
el  Pegaso  con  el  pie  en  el  monte  Helicón. 

CAB ALISAN.  Geog.  Monte  de  la  isla  de  Luzón 
(Filipinas),  cerca  del  pueblo  de  San  Nicolás,  al  E. 
de  la  prov.  de  Pangasinán.  ||  Río  y  pequeño  lugar 
junto  al  citado  monte. 

CABALISMO,  m.  Arte  de  la  cábala. 

CABALISTA.  F.  Cabaliste.  —  It. ,  P.  y  C.  Caba¬ 
lista. —  In.  Cabbalist.  —  A.  Kabbalist. — E.  Kabalisto. 
m.  El  que  profesa  la  cábala.  ||  Intrigante. 

CABALÍSTICA,  f.  Ciencia  de  las  cábalas. 


CABALÍSTICO,  CA.  adj.  Perteneciente  ó  re¬ 
lativo  á  la  cábala. 

Deriv.  Cabalísticamente. 

CABALITIÁN.  Geog.  Isleta  perteneciente  al 
archipiélago  de  Filipinas,  próxima  á  la  de  Luzón  y 
á  la  costa  de  la  prov.  de  Pangasinán,  entre  las  pun¬ 
tas  de  Sual  y  de  la  Pastora. 

CABALITO.  adv.  m.  dim.  de  Cabal.  ||  Cabal¬ 
mente.  ||  Entre  la  gente  macarena  se  usa  en  senti¬ 
do  negativo. 

CABALIZAR.  (Etim. — De  cábala.)  v.  n.  Ejer¬ 
cer  la  cábala,  reducir  á  práctica  la  ciencia  ó  teoría 
cabalística. 

CABALMENTE,  adv.  m.  Precisa,  justa  ó  per¬ 
fectamente. 

CABALO.  m.  ant.  Caballo. 

Cabalo.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  Pontevedra, 
agregado  al  mun.  de  Pazos  de  Borbéu.  ¡|  Aldea  de 
la  prov.  de  Pontevedra,  agregada  al  mun.  de  Bueu. 

CABALÓN.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  Ponte¬ 
vedra,  agregado  al  mun.  de  Puenteáreas 

CABALONGA,  f.  Bot.  Nombre  vulgar  que  se 
da  en  algunos  países  de  la  América  tropical  ó  la  es¬ 
pecie  Feuillea  cordifolia  L.  de  la  familia  de  las  brio- 
niáceas. 

Cabalonga.  Geog.  Sierra  de  la  República  Argen¬ 
tina,  prov.  de  Jujuy,  que  ofrece  los  cerros  Inca- 
huasi,  Galán,  etc.,  en  los  límites  con  la  República 
de  Bolivia.  Su  cumbre  principal  es  el  Icahuasi,  de 
4,500  m.  de  altura.  Arroyos  auríferos.  Se  prolonga 
entre  Salta  y  Catamarca  con  los  nevados  de  Cachi, 
Cerros  Blancos  v  sierra  de  Culampajá. 

CABALORIA.  Geog.  Alquería  de  la  prov.  de 
Salamanca,  agregada  al  mun.  de  Sotoserrano. 

CABALOS.  Geog.  V.  Cástrelos 

CABALUYÁN.  Geog.  Isla  del  archipiélago  fili¬ 
pino,  cerca  de  la  de  Luzón,  y  dentro  del  golfo  de 
Lingaven. 

CABALZAR  (Domingo).  Biog.  Asceta  bene¬ 
dictino  del  monasterio  de  San  Pedro  y  San  Pablo, 
llamado  Augia  mayor,  m.  en  Suiza  en  1736.  Escri¬ 
bió  un  tratado  sobre  el  Santísimo  Sacramento,  pu¬ 
blicado  en  Augsburgo  con  el  título  de  Allgemeines 
Wclt-Feur  Góttlicher  Lieben ;  otro,  Tágliche  Hans- 
Ordnugig  und  Schuldigheit  der  Eltern  gegm  den  Kin- 
dern  und  entgegen-ibidem ,  y  Tractatus  de  SS .  Coráis 
Jesu ,  en  Constanza.  Además,  dejó  manuscrita  una 
obra  que  trata  de  la  instrucción  de  las  personas  de 
cualquier  estado  y  condición. 

CABALLA.  F.  Maquereau  — It.  Maccarello,  scom- 
bro.  —  In.  Mackerel.  —  A.  Makrele.  —  P.  Cavalla.  — 
C.  Barat.  —  E.  Skombro.  f.  Ictiol.  Nombre  vulgar  de 
los  peces  pertenecientes  al  género  Scomber  Art., 
de  la  familia  de  los  escómbridos,  orden  de  los  acan- 
tópteros,  subclase  de  los  teleósteos. 

El  género  Scombert  Art.  comprende  peces  de  cuer¬ 
po  alargado,  más  ó  menos  comprimido,  adelgazado 
hacia  la  cola,  cubierto  de  escamas  pequeñas  todas 
iguales;  primera  aleta  dorsal  con  radios  espinosos 
débiles  V  muy  separada  de  la  segunda;  detrás  de 
ésta,  así  como  entre  la  anal  y  la  caudal,  cinco  ó  seis 
pínulas  ó  falsas  aletas  con  pocos  radios- cada  una; 
aletas  pectorales  enfrente  de  la  primera  dorsal.  Com¬ 
prende  este  género  unas  doce  especies  que  viven  en 
los  mares  de  las  regiones  templadas  y  tropicales, 
con  excepción  de  las  costas  sudamericanas  del  At¬ 
lántico.  En  las  costas  de  Europa  son  comunes  las 
dos  siguientes: 


CABALLA  —  CABALLAJE 


Scomber  scomber  L.  (caballa  común,  V.  lám.  Pe¬ 
ces,  III,  fi g.  5),  de  cuerpo  muy  alargado  cuva  lon¬ 
gitud  puede  llegar  á  50  cm,,  con  un  peso  de  un  ki¬ 
logramo,  cabeza  más  larga  que  la  altura  del  cuerpo, 
hocico  puntiagudo,  boca  hendida  hasta  debajo  de  los 
ojos,  lengua  lisa,  aletas  pectorales  pequeñas,  esca¬ 
mas  pequeñas  y  delicadas;  un  pequeño  repliegue  de 
la  piel  á  cada  lado  de  la  cola;  dorso  azul  acerado  con 
brillo  metálico  verdoso  y  numerosas  fajas  transver¬ 
sales  onduladas  estrechas  de  color  negro  azulado: 
costados  y  vientre  plateados;  aletas  verdosas;  vejiga 
natatoria  nula.  Vive  esta  especie  en  el  Mediterráneo, 
en  el  Atlántico  desde  los  30°  á  los  71°  de  lat.  N..  y 
en  las  regiones  occidentales  del  mar  Báltico;  habi¬ 
ta  generalmente  en  aguas  profundas;  se  acerca  á  las 
costas  para  desovar,  reuniéndose  á  veces  en  grandes 
bandadas,  en  primavera  ó  verano;  se*  alimenta  de 
peces  y  es  muy  voraz.  La  hembra  produce  aproxi¬ 
madamente  medio  millón  de  huevos  en  cada  época 
de  desove.  La  carne  de  este  pez  es  comestible  y  muy 
apreciada  en  algunos  países;  en  las  costas  de  Fran¬ 
cia,  Holanda,  Inglaterra,  Noruega  y  en  la  América 
del  Norte  se  practica  la  pesca  de  la  caballa  en  gran 
escala,  destinándose  la  mayor  parte  del  producto  de 
esta  pesca  á  la  preparación  de  conservas  (caballas 
en  salazón  ó  ahumadas);  sólo  las  costas  de  América 
dan  ya,  al  año,  de  300,000  á  400,000  toneladas  de 
caballas  saladas.  Los  antiguos  romanos  preparaban 
con  caballas  pasadas  y  diferentes  especias  una  de 
sus  salsas  de  pescado. 

S.  eolias  L.,  muy  semejante  á  la  especie  anterior, 
de  la  que  se  distingue  por  su  menor  talla  y  por  tener 
el  dorso  azul  verdoso  y  algunas  manchas  verde- 
negruzcas  en  el  vientre.  Su  área  de  difusión  es  apro¬ 
ximadamente  la  de  la  caballa  común,  si  bien  no  lle¬ 
ga  tan  al  Norte. 

Caballa.  Pese.  Se  clasifica  la  caballa  según  la 
época  en  que  se  pesca,  en  caballa  de  verano  y  caballa 
de  invierno.  La  pesca  de  la  primera,  aunque  no  es  la 
de  mejor  clase,  es  la  más  importante,  pues  la  segun¬ 
da  se  presenta  con  más  escasez,  por  lo  que  son  pocos 
los  pescadores  que  se  dedican  á  perseguirla.  Es 
pesca  muy  lucrativa,  y  el  período  ordinario  de  ella 
suele  durar  unos  dos  meses,  comenzando  al  mediar 
Mayo  y  terminando  á  mediados  de  Julio  en  que  em¬ 
pieza  á  escasear.  Antes  la  pesca  de  la  caballa  se 
hacía  solamente  con  curricanes,  pero  hace  ya  algún 
tiempo  que  empezaron  á  usarse  redes  de  deriva  ten¬ 
didas  á  flor  de  agua,  hoy  muy  generalizadas. 

El  curricán  es  un  cordel  largo,  con  una  plomada 
oval  de  peso  hasta  de  un  kilogramo,  que  lleva  dos 
anzuelos  colocados  á  alturas  diferentes;  la  pesca  con 
esta  arte  se  practica  del  siguiente  modo:  una  em¬ 
barcación,  tripulada  por  cuatro  ó  seis  hombres,  sale 
á  la  mar  de  8  á  10  millas  de  la  costa,  con  buena 
brisa  y  cielo  cubierto.  Cuando  se  observa  la  caballa, 
que  generalmente  da  saltos  en  la  superficie,  se  tien¬ 
den  seis  ú  ocho  cordeles,  ó  más,  los  cuales  quedan 
por  la  popa  de  la  embarcación  que  va  á  toda  vela. 
Cada  anzuelo  lleva  un  pedazo  de  trapo  rojo,  ó  una 
carnada  de  tripas  de  la  propia  caballa.  El  pez.  que 
es  muy  voraz,  muerde  bien  y  la  pesca  suele  ser  con¬ 
siderable. 

Para  pescar  con  redes  de  deriva,  es  necesario 
alejarse  más  todavía  de  la  costa.  La  malla  de  estas 
redes  tiene  unos  4  cm.,  y  cada  red  66  m.  de  largo 
y  80  mallas  de  altura.  Son  fabricadas  de  hilo  muy 
fino  de  cáñamo,  lino  ó  algodón.  Un  tren  de  redes 


25 

se  compone  de  25  á  50.  pero  comúnmente  de  40, 
las  cuales  desarrollan  una  extensión  de  2,400  me¬ 
tros,  con  una  profundidad  de  3‘20  m. 

Esta  cortina  de  redes  se  mantiene  vertical  por 
medio  de  flotadores  de  corcho  en  la  relinga  supe¬ 
rior  y  pequeñas  piedras  ó  plomadas  en  la°inferior. 
La  embarcación  mantiene  las  redes  tendidas  en  la 
dirección  conveniente  y  la  caballa  cae  en  el  arte 
muv  bien,  particularmente  por  la  noche  y  con  cielo 
cubierto.  Las  embarcaciones  destinadas  á  esta  pesca 
salen  á  la  mar  por  la  tarde,  permanecen  toda  la  no¬ 
che  con  las  redes  tendidas  y  vuelven  al  puerto  por 
la  mañana. 

También  se  pesca  la  caballa,  en  las  costas  de  No¬ 
ruega,  con  redes  fijas,  con  buitrones  y  con  redes  de 
arrastre.  Las  redes  fijas  se  tienden  entre  dos  aguas 
ó  en  el  fondo,  pero  este  modo  de  pescar  es  poco  pro¬ 
ductivo  cuando  las  noches  son  claras;  sin  embargo, 
da  buenos  resultados  cuando  la  caballa  persigue 
muj  cerca  de  la  costa  los  cardúmenes  de  arenques 
recién  nacidos.  Los  buitrones  y  redes  de  arrastre 
dan  buen  resultado  cuando  la  caballa,  en  otoño,  pe¬ 
netra  en  las  ensenadas. 

Caballa.  Art.  cul.  Para  preparar  las  caballas 
á  la  parrilla,  se  vacian  y  parten,  sazonándolas  des¬ 
pués  y  rociándolas  con  aceite  para  cocerlas  á  la  parri¬ 
lla,  revolviéndolas,  en  lo  cual  se  invertirán  treinta 
minutos.  Se  aderezan  en  una  fuente  caliente  y  sír- 
vense  con  manteca.  Para  guisarlas  con  arroz  hacen 
falta  dos,  que  deben  cortarse  en  pedazos.  Se  cuecen 
después  con  cebolla  y  puerro  picados,  añadiendo 
agua  caliente  y  haciendo  hervir  el  líquido.  Se  añade 
sal  y  pimienta  y  lueg'o  500  gramos  de  arroz,  cocien¬ 
do  durante  un  cuarto  de  hora.  Se  servirá  en  una 
fuente  caliente.  Las  caballas  marinadas  se  cuecen  en 
agua  salada  y  acidulada,  dejándoles  después  en  un 
vaso  estrecho.  Por  otra  parte,  se  hace  hervir  un  vaso- 
de  vinagre  con  hojas  de  laurel,  granos  de  pimienta, 
clavo,  un  poco  de  sal,  añadiendo  después  la  mitad 
de  su  volumen  de  buen  aceite.  Se  hierve  algunas 
veces  y  se  echa  la  salsa  marinera  sobre  el  pescado. 
Veinticuatro  horas  después  se  aderezan  las  caballas 
con  la  salsa  marinera  y  pedazos  de  limón.  Las  ca¬ 
ballas  con  guisantes  se  preparan  machacando  una 
cebolla  con  manteca  ó  aceite  y  añadiendo  los  peda¬ 
zos  de  dos  de  aquellos  pescados.  Se  cuecen  v  sazo¬ 
nan,  añadiendo  medio  litro  de  guisantes  desgrana¬ 
dos  y  un  brote  de  perejil.  Se  hace  saltar  la  salsa 
durante  unos  minutos  y  se  espolvorea  con  harina, 
cubriendo  después  con  agua  caliente.  Se  hace  hervir 
el  líquido  y  cubre  la  cacerola,  retirándola  á  un  lado. 
Se  cuece  la  salsa  durante  un  cuarto  de  hora,  sazo¬ 
nándola  para  darle  buen  gusto,  y  ligándola  con  dos 
yemas  de  huevo. 

CABALLADA.  (Etim.  — De  caballo.)  f.  Amér . 
Manada  de  caballos  y  yeguas.  ||  ant.  Cabalgata.  || 
Yeguada.  ||  fig.  Acción  grosera.  ||  amer.  Rond. 
Despropósito,  dicho  ó  hecho  fuera  de  razón.  ||  pl.  Pa¬ 
labras  soeces. 

Caballada.  Mil.  Marcha  de  alguna  extensión  y 
efectuada  rápidamente  por  un  grupo  de  jinetes. 

Caballada.  Geog.  Rancho  del  Estado  de  Nuevo- 
León  (Méjico),  mun.  de  Aramberri;  100  habits. 

Caballada.  Geog.  Arroyo  del  Uruguav,  dep.  de 
Colonia.  Corre  á  2  kms.  cíe  esta  villa  y  tiene  10  de 
curso. 

CABALLAJE.  (Etim. — De  cabedlo.)  m.  Monta 
de  yeguas  y  borricas.  ||  Precio  que  se  paga  por  ella. 


26 


CABALLAR  —  CABALLERÍA 


CABALLAR,  adj.  Perteneciente  ó  relativo  al 
caballo.  ||  Parecido  á  él. 

Caballar,  m.  ant.  Mar.  Borda. 

Caballar.  Geog.  Mun.  de  la  prov.  de  Segovia, 
partido  judicial  de  la  capital,  formado  por  la  villa  de 
aquel  nombre,  el  barrio  de  Pavía  y  varios  edificios 
diseminados  por  el  término:  454  habits.  La  villa 
está  situada  al  pie  de  un  pequeño  monte  en  terreno 
fértil,  regado  por  las  aguas  de  un  riachuelo  que  se 
forma  por  las  fuentes  de  Fresnera,  Redonda  y  San¬ 
ta.  Produce  cereales,  aceite,  vino,  legumbres  y  fru¬ 
tas;  cría  de  ganado.  Dista  27  kms.  de  Segovia,  que 
es  la  est.  más  próxima. 

CAB ALLARIA.  f.  ant.  Caballería.  ||  Hazaña 
ó  hecho  de  armas. 

CABALLAS  ó  PUERTO  CABALLAS. 

Geog.  Ensenada  de  la  costa  del  Perú,  á  6  millas  y 
media  al  SE.  de  la  desembocadura  del  lea.  También 
se  llama  Nazca. 

CABALLAZO,  m.  aum.  de  Caballo.  ||  Caballo 
fie  extraordinaria  alzada,  ó  de  mucho  hueso.  ||  amer. 
Méj.  Encontrón  que  da  un  jinete  á  otro,  ó  á  alguno 
fie  á  pie,  echándole  encima  el  caballo. 

CABALLEAR,  v.  n.  fam.  Andar  frecuente¬ 
mente  á  caballo. 

CABALLEIRA.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de 
Orense,  agregada  al  mun.  de  Pungin. 

CABALLEIRAS.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de 
Orense,  agregada  al  mun.  de  Gomesende. 

CABALLEJO,  m.  dim.  de  Caballo.  ||  Caba¬ 
llete  (potro  de  madera  en  que  se  daba  tormento). 

CABALI.ER  (Jaime).  Biog.  Jurisconsulto  es¬ 
pañol  del  siglo  xiv,  n.  en  Valencia.  De  su  vida  se 
sabe  solamente  que  desempeñó  el  cargo  de  anotador 
á  los  fueros  de  Valencia. 

Caballer  ó  Cavaller  (Luis).  Biog.  Poeta  espa¬ 
ñol  del  siglo  xvn,  más  conocido  por  el  Valenciano 
por  ser  natural  de  dicha  región.  Escribió  numerosas 
composiciones  de  bastante  mérito,  muchas  de  las  que 
se  publicaron  en  1623. 

CABALLERA  (Perspectiva),  f.  Bell.  art. 
Consiste  en  presentar  los  objetos  bajo  un  ángulo  vi¬ 
sual,  como  sería  el  de  un  observador  colocado  en  un 
punto  más  alto.  Penétrase  de  ese  modo  en  el  inte¬ 
rior  de  un  conjunto  de  construcciones,  abarcando  de 
una  ojeada  su  disposición  y  pudiéndose  apreciar  al 
mismo  tiempo  el  aspecto  pintoresco.  V.  Geometral. 

Caballera.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  Huesca, 
agregado  al  mun.  de  Santa  Liestra  y  San  Quilez.  || 
Lugar  de  la  prov.  de  Gerona,  agregado  al  mun.  de 
Freixanet. 

Caballera.  Geog.  Sierra  de  la  prov.  de  Cádiz,  en 
el  p.  j.  de  San  Roque;  está  sit.  entre  los  ríos  Hoz- 
garganta  y  Guadiaro.  ||  Sierra  de  la  prov.  de  Córdo¬ 
ba,  distante  16  kms.  de  Hinojosa,  al  NO.  de  la  pro¬ 
vincia.  ||  Sierra  de  la  prov.  de  Gerona,  en  el  p.  j.  de 
Puigcer^lá:  está  sit.  entre  los  ríos  Ter  y  Freser,  en 
dirección  paralela  á  la  de  Portólas;  alcanza  una  altu¬ 
ra  de  2.027  m.  ||  Monte  de  la  prov.  v  p.  j.  de  Hues¬ 
ea.  en  el  término  de  Bolea;  es  un  ramal  de  la  sierra 
de  Grafal. 

CABALLERANGO,  m.  amer.  Méj.  Caballeri¬ 
zo,  mozo  de  muías. 

CABALLERATO.  (Etim.— De  caballero .)  m. 
Derecho  ó  título  que  goza  el  secular  por  disposición 
pontificia,  para  percibir  pensiones  eclesiásticas,  aun 
después  de  haber  contraído  matrimonio.  ||  La  pensión 
misma.  |¡  ant.  Categoría  intermedia  entre  la  nobleza 


y  el  estado  llano  que  el  rey  concedía,  por  privelegio 
ó  gracia,  á  los  naturales  de  Cataluña. 

CABALLEREAR,  v.  n.  Haperiidel  caballero. 
caballeresco.  F.  Chevalemque. — It.  Cava- 
lleresco. — In.  Knightly,  chivalrous. — A.  Ritterlich. — P¡. 
Cavalleiroso. — C.  Cavallerésch. — E.  Kavalira.  adj.  Propio 
de  caballero.  ||  Perteneciente  ó  relativo  á  los  caba¬ 
lleros  de  los  siglos  medios.  ||  Dícese  especialmentfe 
de  los  libros  ó  composiciones  poéticas  en  que  se 
cuentan  las  fabulosas  hazañas  de  los  antiguos  pala¬ 
dines  ó  caballeros  andantes. 

Deriv.  Caballerescamente. 

CABALLERETE,  m.  dim.  de  Caballero.  ||= 
Caballero  joven,  presumido  en  su  traje,  en  sus  di¬ 
chos  y  acciones. 

CABALLERÍA.  1.a  acep.  F.  Monture. — It.  Caval- 
catura. — In.  ^Klount. — A.  Reitthier. — P.  Cavalgadura. — 
C.  Cavallería. — E.  Rajdbesto.=2.a  acep.  F.  Cavalerie. — 
It.  v  C.  Cavallería. — In.  Cavalry,  horse. — A.  Kavallerie, 
Reiterei. — E.  Kavalerio.=l 3.a  acep.  F.  Chevalerie. — It-. 
y  C.  Cavallería. — In.  Chivalry. — A.  Reitkunst. — P.  Cava- 
liaría. — E.  Rajdistaro.  (Etim. — De  caballo  y  caballero. 
según  las  acepciones.)  f.  Cualquier  animal  solípedo 
que,  como  el  caballo,  sirve  para  cabalgar  en  él.  Llᬠ
mase  mayor  si  es  muía  ó  caballo,  y  menor  si  es  bo¬ 
rrico.  ||  Cuerpo  de  soldados,  con  sus  respectivos  caba¬ 
llos,  que  es  parte  de  un  ejército.  ||  Cualquiera  porción 
del  mismo  cuerpo.  ||  Cualquiera  de  las  órdenes  mi¬ 
litares  que  ha  habido  y  hay  en  España,  como  la  de 
la  Banda,  Santiago.  Calatrava,  etc.  ||  Preeminencia 
y  exenciones  de  que  goza  el  caballero.  ||  Instituto 
propio  de  los  caballeros  que  hacían  profesión  de  las 
armas.  ||  Cuerpo  de  nobleza  de  una  provincia  ó  lu¬ 
gar.  ||  Conjunto,  concurso  ó  multitud  de  caballe¬ 
ros.  ||  Servicio  militar  que  se  hacía  á  caballo.  ||  Por¬ 
ción  que  de  los  despojos  tocaba  á  cada  caballero  en 
la  guerra.  ||  Porción  de  tierra  que  se  repartía  á  los 
caballeros  que  habían  contribuido  á  la  conquista  ó  á 
la  colonización  de  un  territorio.  ||  Suerte  de  tierra, 
que  por  la  corona,  señores  ó  comunidades  se  daba 
en  usufructo  á  quien  se  comprometía  á  sostener  en 
guerra  y  en  paz  un  hombre  de  armas  con  su  caballo. 

||  Arte  y  destreza  de  manejar  el  caballo,  jugar  las 
armas  y  hacer  otros  ejercicios  propios  de  los  caba¬ 
lleros.  ||  ant.  Generosidad  y  nobleza  de  ánimo  pro¬ 
pios  del  caballero.  ||  ant.  Expedición  militar.  || 
prov.  Ar.  Rentas  que  señalaban  los  ricoshombres  á 
los  caballeros  que  acaudillaban  para  la  guerra. 

Caballería  andante.  Profesión,  regla  ú  orden  de 
los  caballeros  aventureros.  ||  Caballería  de  carga. 
Acémila.  ||  Caballería  de  silla.  Parte  de  la  silla 
de  montar  que  forma  el  asiento  del  jinete.  ||  Caba¬ 
llería  de  tiro.  La  que  se  emplea  en  el  arrastre 
de  vehículos.  ||  Andarse  uno  en  caballerías. 
fr.  fig.  y  fam.  Hacer  galanterías  ó  cumplimientos 
sin  necesidad.  ||  Hacer  caballerías.  Sinónimo  de 
hacer  gallardías,  bizarrear  con  orgullo,  hollarse  con 
garbo  y  moverse  con  lozanía  y  brío  haciendo  corvetas 
y  escarceos.  En  este  sentido  fué  usado  por  los  clási¬ 
cos  castellanos,  entre  ellos  Valderrama,  Solís  y  Hur¬ 
tado  de  Mendoza. 

Caballería.  Art.  mil.  La  caballería  constituye  en 
los  ejércitos  modernos  una  de  las  tres  armas  de  com¬ 
bate,  cuyo  papel,  en  otro  tiempo  preponderante  V 
decisivo,  continúa  siendo  muy  importante,  á  pesar 
de  que  el  continuo  progreso  de  las  armas  de  fuego  y 
de  los  métodos  de  tiro  ha  limitado  indudablemente 
el  campo  de  su  acción  táctica.  Las  propiedades  ca- 


CABALLERIA 


racterísticas  de  esta  arma  son  la  movilidad  y  la  i ho- 
lencia  de  su  choque  con  el  enemigo,  y  ambas,  tienen 
por  base  la  utilización  de  la  fuerza  y  veleidad  del 
caballo,  que  es  su  elemento  eseppial.  Por  su  movili¬ 
dad  es  la  caballería  útilísima  para  la  rápida  transmi¬ 
sión  de  órdenes,  partes  y  noticias;  para  ocupar  con 
prontitud,  adelantándose  al  enemigo,  posiciones  que 
conviene  conservar;  para  acosar  y  sorprender  desta¬ 
camentos.  convoyes  y  patrullas,  destruir  vías  férreas 
y  telegráficas,  efectuar  requisiciones,  etc.  En  ella  se 
funda  también  el  empleo  de  esta  arma  en  los  servi¬ 
cios  de  seguridad,  exploración  y  reconocimiento 
(V.  Exploración),  que  constituyen  actualmente  en 
todos  los  ejércitos  upa  de  las  misiones  principales  de 
la  caballería.  Por  la  violencia  de  su  choque  ha  tenido 
en  todo  tiempo  una  importancia  capital  para  destruir 
en  un  momento  dado  la  resistencia  de  una  tropa,  va 
quebrantada  por  la  acción  de  las  otras  armas,  ó  pa¬ 
ralizar  el  empuje  de  un  enemigo  que  avanza  amena¬ 
zador,  cuando  faltan  otros  medios  para  detenerle;  v 
es  el  arma  clásica  de  los  finales  de  batalla,  que  se 
sacrifica  cuando  es  necesario  para  proteger  la  retira¬ 
da  de  las  demás,  ó  sirve  para  completar  la  derrota 
del  contrario,  aniquilando  los  últimos  núcleos  orga¬ 
nizados  que  quedan  sobre  el  campo  de  batalla,  v 
para  recoger  los  frutos  de  la  victoria,  haciendo  pri¬ 
sioneros.  cogiendo  trofeos  y  persiguiendo  sin  descan¬ 
so  á  los  fugitivos. 

Esta  acción  táctica  de  la  caballería  ha  sido  en  es¬ 
tos  últimos  tiempos  puesta  en  duda,  siendo  muchos 
los  escritores  técnicos  que  opinan  que  ha  pasado 
completamente  á  la  historia  y  que  no  cabe  ya  pensar 
que  la  caballería  avance  sobre  el  campo  de  batalla, 
como  lo  hacía  antiguamente,  y  pueda  llegar  á  deci¬ 
dir  con  su  intervención  el  éxito  de  un  combate.  Los 
que  tal  afirman  fundan  su  parecer  en  la  creciente 
eficacia  de  los  fuegos,  que  hace  punto  menos  que 
imposible  todo  ataque  de  frente,  y  en  los  ejemplos 
para  ellos  concluyentes  que  suministra  la  historia  de 
las  grandes  campañas  modernas,  y  en  particular 
de  la  guerra  franco-alemana.  Pero  un  examen  dete¬ 
nido  de  la  cuestión  demuestra  que  no  es  razonable 
llegar  á  conclusiones  tan  absolutas,  y  que,  así  como 
no  faltarán  seguramente  ocasiones  en  que  sea  nece¬ 
sario  lanzar  caballería  contra  caballería,  puede  tam¬ 
bién  ser  útil  y  conveniente  en  el  curso  del  combate 
hacer  jugar  esta  arma  contra  la  infantería  ó  la  arti¬ 
llería.  Para  apreciar  si  un  ataque  á  fondo  contra  estas 
armas  tiene  ó  no  probabilidades  de  éxito,  hay  que 
prescindir  un  poco  de  las  conclusiones  demasiado 
optimistas  que  se  deducen  de  las  experiencias  de  tiro 
de  los  polígonos  y  ponerse  en  la  realidad;  y  ésta  nos 
dice  que  al  realizarse  el  avance  de  la  caballería  con¬ 
tra  la  infantería  las  circunstancias  que  influyen  en  el 
desarrollo  del  combate  son,  poco  más  ó  menos,  las 
siguientes:  por  parte  de  la  caballería,  su  entrada  de 
refresco  en  la  acción,  aparición  súbita  y  por  sorpre¬ 
sa;  velocidad  considerable  y  masas  desplegadas  en 
líneas  compactas  pero  delgadas,  que  ofrecen  poco 
blanco  en  sentido  de  la  profundidad,  y  por  la  de  la 
infantería,  el  cansancio  de  largas  horas  de  lucha,  su 
quebranto  indudable  por  el  fuego  enemigo,  que  la  ha¬ 
brá  diezmado,  privándola  de  buen  número  de  jefes  y 
oficiales,  la  necesidad  de  efectuar  un  cambio  de  fren¬ 
te,  ó  en  caso  contrario  de  recibir  á  la  caballería  con 
fuego  oblicuo,  que  perderá  por  serlo  gran  parte  de  su 
eficacia,  y  la  impresión  moral  desfavorable  ante  el 
avance  impetuoso  de  aquéjla,  que  amenguará  toda- 


S7 

vía  más  el  efecto  útil  de  sus  fuegos.  Enfrente  de  la 
artillería  el  problema  del  choque  se  plantea  de  otro 
modo,  pues  como  para  atacar  á  las  baterías  no  nece- 
sita  la  caballería  la  cohesión  que  es  indispensable 
para  atacar  á  las  otras  armas,  cargará  en  guerrilla’, 
es  decir,  en  pequeños  grupos  formados  en  una  fila  v 
separados  por  intervalos,  formación  que  presenta 
muy  poco  blanco  á  los  tiros  de  aquéllas.  Claro  «es 
que  la  artillería  puede  con  sus  ráfagas  cqbrir  de 
proyectiles  el  suelo  en  toda  la  extensión  de  la  zona 
batida  por  sus  fuegos,  y  que,  en  tales  condiciones  el 
éxito  del  ataque  de  frente  es  por  lo  menos  muy  du  ¬ 
doso.  Pero,  dada  la  extensión  de  las  líneas  de  arti¬ 
llería  que  requiere  el  modo  actual  de  combatir  de 
esta  arma  y  la  dificultad  que  muchas  veces  existe 
de  proteger  debidamente  los  flancos,  no  será  difícil 
que  se  presente  ocasión  para  atacarlas  por  un  flanco 
y  hasta  por  retaguardia.  Ante  un  ataque  de  flaneo,  ó 
simplemente  oblicuo,  se  encuentra  la  artillería  en 
situación  mucho  más  desfavorable  que  las  demás 
armas,  porque  sus  cambios  de  frente  son  más  lentos 
y  de  más  difícil  ejecución,  y  como  el  tiempo  emplea¬ 
do  en  la  maniobra  es  totalmente  perdido  para  su  de¬ 
fensa,  puede  ocurrir  que  no  se  halle  en  condiciones 
de  rechazar  un  ataque  tan  brusco  con  la  necesaria 
energía,  sobre  todo  si  aquél  se  conduce  con  habili¬ 
dad  y  decisión.  Vemos,  pues,  que  las  condiciones  en 
que  se  encuentra  la  caballería  en  su  lucha  contra  las 
demás  armas  no  son  realmente  tan  desfavorables 
como  se  quiere  suponer,  v  siendo  así.  no  se  concibe 
que  se  pretenda  prescindir  voluntariamente  de  su 
cooperación  en  el  combate,  haciéndola  asistir  á  él 
impasible  é  inactiva.  En  cuanto  á  los  ejemplos  que 
se  suelen  invocar  en  demostración  de  lo  infructuoso 
de  sus  ataques,  fácil  es  ver  también  que  nada  prue¬ 
ban  y  que  la  falta  de  éxito  de  aquéllos  no  estuvo  en 
el  ataque  en  sí,  sino  en  la  manera,  sumamente  de¬ 
ficiente,  como  se  llevó  á  cabo.  La  carga  de  la  brigada 
Michel  en  Woerth  fracasó  por  no  haberse  reconoci¬ 
do  el  terreno  que  aquélla  debía  recorrer,  el  cual  no 
podía  ser  más  desfavorable  para  el  movimiento  de  la 
caballería,  pues  se  hallaba  surcado  de  zanjas  y  cu¬ 
bierto  de  cepas  altas.  Sin  embargo,  la  brigada  atra¬ 
vesó  la  línea  de  combate,  yendo  á  perecer  misera¬ 
blemente  en  medio  de  las  calles  del  pueblecillo  de 
Morsbronn  y  llegando  algunos  jinetes  en  su  furiosa 
intrepidez  hasta  las  mismas  casas  de  Walburg.  Tam¬ 
bién  la  división  Bonnemain  cargó  sobre  la  infantería 
alemana  delante  de  Reichshofen,  sin  tener  para  nada 
en  cuenta  la  configuración  del  terreno,  cruzado  por 
fosos  cenagosos  y  cubierto  de  plantaciones  de  lúpu-- 
lo.  En  tan  desfavorables  condiciones,  llegaron  no 
obstante  los  coraceros  hasta  tocar  casi  á  la  infantería 
enemiga;  pero  en  vez  de  precipitarse  sobre  ella  para 
rematar  gloriosamente  aquel  sangriento  episodio, 
hicieron,  mal  dirigidos,  una  conversión  inexplicable 
y  siguieron  galopando  4  lo  largo  de  la  línea  de  fue¬ 
go  y  á  cortísima  distancia  de  ella,  como  si  buscaran 
una  muerte  Cierta  sin  el  menor  provecho  para  sus 
armas.  Ambos  ataques  fracasaron,  pues,  por  faltas 
imputables  sólo  á  los  encargados  de  dirigirlos,  v  qui¬ 
zá  hubieran  alcanzado  un  éxito  brillante-  6i  se  hu-^ 
bieran  conducido  con  inteligencia.  Pero  la  injusticia 
de  los  que  califican  de  inútil  á  la  caballería  sobre  el 
campo  de  batalla,  es  más  evidente  todavía  si  conside¬ 
ramos  que,  aun  sin  alcanzar  una  victoria  indiscutible, 
j  el  resultado  de  la  carga  puede  ser  ventajoso  porque 
I  pa.raliqe  momentáneamente  el  avance  del  enemigo,  ó 


28 


CABALLERIA 


permita  abandonar  con  orden  una  posición,  ó  procu¬ 
re  un  descanso  bienhechor  á  la  infantería  propia, 
que,  gracias  á  él,  podra  tal  vez  rehacerse  y  mejorar 
sus  disposiciones  de  combate,  y  en  tal  concepto  no 
puede  reputarse  como  un  fracaso  porque  no  se  haya 
llegado  á  poner  en  luga  al  enemigo,  ó  porque  el  re¬ 
sultado  se  haya  logrado  á  costa  de  sensibles  pérdi¬ 
das,  pues  con  el  armamento  actual  no  hay  que  pen¬ 
sar  en  que  se  alcance  ningún  objetivo  táctico,  ni  por 
ésta,  ni  por  las  otras  armas,  sin  doloroso  v  cruento 
sacrificio.  En  la  batalla  de  Rezonville  la  6.a  di¬ 
visión  de  caballería  prusiana  inició  una  carga  contra 
la  infantería  francesa,  sin  la  debida  preparación;  el 
terreno  en  que  debía  ejecutarse  era  demasiado  estre¬ 
cho  para  el  movimiento  de  una  masa  tan  considera¬ 
ble  de  jinetes,  y  el  enemigo,  que  se  había  reforzado 
considerablemente,  estaba  demasiado  entero  para 
poderlo  arrollar.  En  su  consecuencia  el  general  de¬ 
tuvo  sus  fuerzas  antes  del  choque  y  se  retiró  pausa¬ 
damente.  bajo  la  protección  de  dos  escuadrones  de 
ulanos.  El  ataque,  aunque  no  se  llevó  á  efecto,  per¬ 
mitió  el  avance  de  la  artillería,  que  pudo  tomar  po¬ 
siciones  más  favorables,  á  la  altura  de  Flavignv.  En 
la  misma  batalla  seis  escuadrones  de  la  brigada 
Bredow  cargaron  intrépidamente  contra  el  VI  cuer¬ 
po  francés,  atravesando  la  primera  línea  enemiga  y 
arrollando  su  artillería;  cayeron  después  sobre  la  se¬ 
gunda  línea,  que  apenas  pudo  resistir  el  ímpetu  de 
aquellos  valientes,  y,  al  ser  atacados  á  su  vez  por 
fuerzas  superiores  de  caballería,  se  abrieron  paso  otra 
vez  á  través  de  la  primera  línea,  volviendo  á  su  cam¬ 
po  reducidos  á  la  mitad,  pero  cubiertos  de  gloria.  El 
ataque  iniciado  por  el  mariscal  Canrobert  contra 
Vionville  había  quedado  totalmente  interrumpido,  y 
los  alemanes,  que  no  disponían  de  un  solo  batallón 
en  reserva  y  estaban  á  punto  de  ser  envueltos  por  el 
ala  izquierda,  pudieron  esperar  la  llegada  de  refuer¬ 
zos,  que  les  llevó  el  X  cuerpo.  En  ambos  casos  el 
objetivo  táctico  del  momento  se  había  alcanzado, 
aunque  á  costa  de  pérdidas  considerables  (las  de  la 
brigada  Bredow  ascendieron  á  16  oficiales,  361  sol¬ 
dados  y  461  caballos),  y  no  es  iógico  suponer  que  en 
lo  sucesivo  no  podrán  repetirse  estos  hechos,  aunque 
la  potencia  del  nuevo  armamento  los  haga  tal  vez 
aún  más  sangrientos,  porque  las  necesidades  del 
combate  pueden  exigir  en  cualquier  ocasión  el  sacri¬ 
ficio  de  la  caballería,  y  el  heroísmo  es  fruto  de  todos 
los  tiempos  y  no  de  una  época  determinada.  Lo  que 
se  debe  procurar  es  que  el  sacrificio  no  sea  estéril,  y 
esto  dependerá  principalmente  de  que  el  general  de 
caballería  sepa,  no  sólo  aprovechar  con  rapidez  v 
decisión  el  momento  propicio  para  obrar,  sino  tam¬ 
bién  prevenirlo,  á  fin  de  que  cuando  este  instante, 
siempre  fugaz,  llegue,  encuentre  sus  escuadrones 
preparados  y  en  disposición  adecuada  para  el  avan¬ 
ce.  Si  el  momento  está  bien  elegido,  la  carga  podrá 
ser  decisiva;  pero  si  se  ha  cometido  un  error  de 
apreciación,  su  resultado  será  un  desastre  irremedia¬ 
ble.  Por  eso  en  un  general  de  caballería  son  de  esti¬ 
mar,  aún  más  que  la  decisión,  el  juicio  sagaz  v  la 
ojeada  certera,  que  permiten  apreciar  con  exactitud 
las  circunstancias  del  momento,  y  la  serenidad  y 
sangre  fría,  que  hacen  que  aquellas  cualidades  no 
resulten  sacrificadas  á  los  ardorosos  estímulos  de  la 
impaciencia. 

La  caballería  es  el  arma  de  la  ofensiva  impetuosa 
y  arrolladora;  sus  cualidades  características  son  la 
acometividad  y  la  audacia,  y  en  combinación  con  las 


otras  armas,  que  poseen  en  alto  grado  la  fuerza  de¬ 
fensiva  de  que  ella  carece,  su  acción  propia  v  pecu¬ 
liar  no  puede  ser  otra  que  ebcombate  al  arma  blanca, 
que  se  resuelve  en  el  choque.  Por  eso  su  armamento 
principal  consiste  en  la  lanza  y  en  el  sable;  el  ma¬ 
nejo  de  aquélla  es  difícil  y  requiere  una  instrucción 
esmerada  y  una  larga  práctica,  que  no  siempre 
puede  adquirir  el  soldado  en  el  corto  tiempo  que 
permanece  en  filas;  la  experiencia  de  las  pasadas 
guerras  demuestra  que  su  efecto  material  es  insig¬ 
nificante,  debido  á  la  facilidad  con  que  se  puede 
esquivar  ó  parar  el  golpe  de  un  arma  tan  larga 
como  poco  certera;  pero  se  le  atribuye  un  efecto 
moral  tan  grande,  que  ha  bastado  para  que  se  con¬ 
serve  en  todos  los  ejércitos,  á  pesar  de  aquellos  in¬ 
convenientes.  La  que  usan  nuestros  regimientos  de 
lanceros  es  tubular,  de  acero  sin  soldadura,  y  está 
acanalada  longitudinalmente  para  aumentar  su  rigi¬ 
dez;  tiene  3  m.  de  largo  y  pesa  2'250  kg.  El  sable 
es  el  arma  más  ordinaria  de  la  caballería;  su  forma, 
que  le  permite  herir  de  corte  y  de  punta,  ha  sufrido 
notables  variaciones  en  el  transcurso  del  tiempo, 
siendo  más  ó  menos  curvo  según  que  se  haya  dado 
la  preferencia  al  tajo  ó  á  la  estocada.  Hoy  se  consi¬ 
dera  ésta  más  segura  y  eficaz  que  aquél  y  por  eso  el 
sable  suele  ser  recto  (espada),  para  herir  preferente¬ 
mente  de  punta.  En  nuestro  ejército  se  halla  en  uso 
desde  1907  la  espada  presentada  por  el  marqués  de 
Puerto  Seguro,  que  reúne  excelentes  condiciones 
para  su  manejo  y  ha  sido  declarada  reglamentaria 
con  carácter  provisional.  Aunque  más  seguro  que 
la  lanza  para  herir,  podemos  decir  del  efecto  mate¬ 
rial  del  sable  lo  mismo  que  hemos  dicho  del  de 
aquélla.  El  número  de  heridas  causadas  por  el  arma 
blanca  durante  la  guerra  de  1870-71  no  llegó  á  0‘76 
por  100  (incluyendo  en  este  número  las  de  bayone¬ 
ta),  lo  cual  prueba  que  la  eficacia  de  la  caballería  en 
el  combate  no  depende  tanto  del  estrago  material 
que  produce  como  del  efecto  moral,  del  temor  inven¬ 
cible  que  causan  su  avance  furioso,  su  actitud  re¬ 
suelta  y  su  generoso  desprecio  de  la  vida.  Por  eso 
muchos  opinan  que  la  cuestión  del  armamento  es  en 
ella  de  orden  secundario,  porque  su  verdadera  arma 
es  el  caballo.  Cuando  la  caballería  obra  indepen¬ 
diente,  como  sucede  por  ejemplo  en  la  exploración, 
en  los  raids  y  en  comisiones  especiales,  no  puede 
prescindir  del  empleo  del  fuego,  y  esto  ha  traído 
consigo  la  necesidad  de  que  se  ejercite  en  el  com¬ 
bate  á  pie,  á  cuya  instrucción  se  concede  actual¬ 
mente  en  todos  los  ejércitos  la  mayor  importancia. 
El  arma  de  fuego  de  la  caballería  es  la  carabina, 
generalmente  corta  para  que  no  embarace  los  movi¬ 
mientos  del  caballo  ni  del  jinete,  que  se  lleva  en  las 
marchas  suspendida  del  lado  derecho  de  la  silla, 
dentro  de  un  estuche  de  cuero,  y  que  se  puede 
poner  á  la  espalda,  en  bandolera,  cuando  se  presu¬ 
me  que  el  enemigo  no  está  lejos.  La  reglamentaria 
en  España  es  la  Maüser,  modelo  1895,  que  tiene  su 
alza  graduada  hasta  1.400  m.  Además  de  las  armas 
ofensivas,  ha  usado  también  la  caballería  desde  la 
más  remota  antigüedad  las  defensivas,  que  hoy  ha 
abandonado  ya  totalmente,  conservando  sólo  algunos 
institutos  especiales,  como  recuerdo  v  por  respeto  á 
la  tradición,  el  casco  y  la  coraza.  Hasta  ahora  el 
combate  á  pie  de  la  caballería  ha  tenido  casi  exclu¬ 
sivamente  un  carácter  circunstancial  y  puramente 
defensivo;  para  poder  ejecutar  reacciones  ofensivas 
1  era  preciso  mantener  una  reserva  montada,  y  para 


Caballería 


CABALLERIA 


30 

atacar  al  enemigo  la  guerrilla  debía  montar  también 
rápidamente  y  hacer  uso  del  arma  blanca;  de  manera 
que  cesaba  el  combate  preparatorio  á  pie  y  se  deci¬ 
día  el  éxito  de  la  lucha,  como  de  ordinario,  á  caba¬ 
llo.  Pero  actualmente  parece  que  se  dibuja  la  ten¬ 
dencia  á  imprimir  también  á  aquél  un  carácter 
ofensivo,  á  fin  de  que  la  caballería  pueda  bastarse  á 
sí  misma  en  todas  ocasiones,  para  lo  cual  se  ha 
ha  adoptado  recientemente  en  Alemania  (y  se  cree 
que  Francia  seguirá  su  ejemplo)  una  carabina  larga, 
pon  alza  graduada  hasta  2,000  m.  y  provista  de  un 
puchillo-bayoneta,  á  semejanza  de  la  que  usa  ya, 
hace  tiempo  la  caballería  rusa.  Con  la  adopción  del 
cuchillo  parece  que  se  suprimirá  el  sable,  quedando 
Ja  lanza  como  arma  única  para  combatir  á  caballo. 
Esta  reforma,  que  algunos  consideran  peligrosa 
para  el  espíritu  de  la  caballería,  dará  á  esta  arma 
una  elasticidad  y  holgura  mucho  mayores  que  las 
que  tiene  hoy  en  día,  pero  no  alterará  probablemen¬ 
te,  so  pena  de  convertirla  equivocadamente  en  una 
infantería  montada,  la  importancia  relativa  de  sus 
dos  maneras  de  combatir;  así,  pues,  el  combate  á 
pie,  de  empleo  muy  frecuente  en  el  porvenir,  cree¬ 
mos  que  no  pasará  de  ser  un  medio  auxiliar,  aunque 
eficacísimo,  para  que  puedan  llenar  su  compleja 
misión  las  masas  de  caballería  que  operan  indepen¬ 
dientes,  pero  la  verdadera  acción  táctica  del  arma 
seguirá  siempre  siendo  el  choque. 

Este  requiere  para  ser  eficaz  que  la  fr.acción  que 
lo  ejecute  ofrezca  una  gran  cohesión,  presente  la 
mayor  fuerza  posible  y  marche  en  los  últimos  mo¬ 
mentos  á  toda  velocidad.  Las  dos  primeras  condi¬ 
ciones  dependen  exclusivamente  de  la  formación 
que  adopte,  y  hoy  se  admite  que  ninguna  las  satis¬ 
face  tan  bien  como  la  formación  en  línea.  Esta  será, 
pues,  la  más  ventajosa  y  es  la  que  se  recomienda 
particularmente  en  los  combates  contra  caballería, 
en  los  que  adquieren  aquellas  condiciones  su  valor 
máximo.  La  fuerza,  que  depende  del  número  de 
sables  de  que  se  dispone  en  el  momento  del  choque, 
puede  aumentarse  si  en  vez  de  cargar  en  línea  se 
carga  en  una  sola  fila  compacta  y  sin  solución  de 
continuidad;  pero  aunque  esta  formación  ha  sido 
preconizada  por  autoridades  muy  competentes  v 
presenta  además  las  ventajas  de  disminuir  la  vulne¬ 
rabilidad  de  la  tropa  que  carga  y  de  extender  el 
frente,  lo  cual  permite  desbordar  el  del  adversario  v 
atacarle  de  flanco,  son  muchos  los  técnicos  que  con¬ 
sideran  todavía  indispensable  la  segunda  fila  para 
aumentar  la  impulsión  de  la  primera  y  cubrir  sus 
bajas.  Tanto  esta  formación  como  la  línea  carecen 
;de  la  flexibilidad  necesaria  para  maniobrar,  en 
cuanto  los  efectivos  son  algo  crecidos  y  tienen  ade¬ 
más  el  inconveniente  de  desordenarse  con  facilidad 
cuando  hay  que  recorrer  distancias  considerables; 
jpor  eso,  para  aproximarse  al  enemigo  deberá  adop¬ 
tar  la  caballería  una  formación  en  columna,  que  la 
permita  moverse  con  desembarazo,  aprovechar  para 
ocultarse  las  desigualdades  del  terreno  v  sorprender 
al  contrario  en  situación  desfavorable,  cayendo  si  es 
posible  sobre  un  flanco,  ó  atacándole  por  retaguar¬ 
dia.  La  columna  doble,  y  mejor  aún  la  línea  de 
columnas,  se  prestan  admirablemente  para  ello  y  no 
debe  efectuarse  su  despliegue  para  formar  en  línea 
sino  al  llegar  á  corta  distancia  del  enemigo.  Cuando 
la  fuerza  que  carga  es  bastante  grande,  la  formación 
de  combate  debe  ser  escalonada,  pudiendo  aplicarse 
las  reglas  que  preceden  al  primer  escalón,  que  es  el 


destinado  á  chocar  más  pronto  con  el  adversario;  ei 
segundo  escalón,  que  sigue  á  aquél  á  corta  distan¬ 
cia,  en  formación  más  compacta,  forma  en  línea  de 
columnas  al  desplegar  el  primero  en  línea,  atiende 
principalmente  á  la  seguridad  de  los  flancos  y  sirve 
también  para  reiterar  el  choque,  determinando  el 
éxito  de  la  lucha,  ó  para  sostener  la  retirada  del 
primer  escalón,  arrojándose  con  ímpetu  sobre  ei 
•flanco  del  enemigo.  El  tercero  constituve  una  re¬ 
serva  á  las  inmediatas  órdenes  del  jefe  que  dirige  la 
carga  y  sirve,  como  el  segundo,  para  acudir  con  su 
esfuerzo  al  punto  decisivo,  ó  proteger  la  retirada  dé¬ 
los  demás,  sobre  todo  si  se  aproximan  nuevas  fuerzas 
enemigas  al  lugar  del  combate.  Unicamente  cuando- 
falta  espacio  para  el  despliegue,  ó  no  hay  tiempo 
que  perder,  ó  cuando  convenga  reiterar  repetidas 
veces  el  ataque  sobre  un  punto  determinado,  carga 
la  caballería  en  columna,  pues  esta  formación  no  es 
suficientemente  fuerte,  y  presenta  en  cambio  una 
gran  vulnerabilidad.  Contra  la  artillería,  v  á  veces 
también  contraía  infantería  en  orden  disperso  puede- 
cargar  el  primer  escalón  á  discreción ,  ó  sea  en  gue¬ 
rrilla,  formación  esta  muy  favorable  por  su  poca 
vulnerabilidad  y  la  gran  extensión  del  frente  que 
ocupa;  el  segundo  escalón  avanza  en  este  caso  eu 
línea  hacia  un  flanco,  y  se  arroja  desplegando  tam¬ 
bién  en  guerrilla,  sobre  los  sostenes;  el  tercero, 
también  en  línea,  obra  como  reserva,  para  proteger 
la  retirada,  ó  ataca  á  su  vez  á  las  reservas  del  ene— 
migo.  La  acción  de  las  masas  de  caballería  está  má» 
sujeta  todavía  que  la  de  las  otras  armas  á„la  natura¬ 
leza  y  configuración  del  terreno;  si  esté-no  ofrece- 
accidentes  que  la  permitan  cubrirse  v  aparecer  de 
improviso,  por  sorpresa,  será  muy  difícil  que  la 
carga  dé  buen  resultado:  si  no  hay  espacio  bastante 
libre  para  el  despliegue  y  en  la  proximidad  del  ene¬ 
migo  el  suelo  no  se  presenta  firme,  unido  y  exento- 
de  obstáculos,  mejor  que  correr  á  un  desastre  seguro 
será  volver  grupas  y  renunciar  al  choque.  Por  eso 
es  indispensable  antes  de  cargar,  efectuar  un  reco¬ 
nocimiento  previo  del  terreno.  La  niebla  y  la  obs¬ 
curidad  hacen  inseguros  los  movimientos  de  la  ca¬ 
ballería,  pero  pueden  á  veces  tener  un  gran  valor 
para  acercarse  impunemente  al  enemigo. 

La  unidad  táctica  de  la  caballería  es  el  escuadrón,, 
que  cuenta  en  todos  los  ejércitos  de  100  á  150  caba¬ 
llos  y  se  divide  en  tres  ó  cuatro  secciones,  cada  una 
mandada  por  un  oficial.  La  unidad  orgánica  es  el 
regimiento,  que  se  compone  de  cuatro  escuadrones, 
ó  de  seis  (como  en  Italia).  En  nuestro  país  tiene- 
cuatro  escuadrones  activos  y  uno  de  depósito.  Como- 
unidades  superiores  existen  la  brigada  (de  dos  ó  tres 
regimientos)  y  la  división  que  se  forma  por  la  agru¬ 
pación  de  dos  ó  tres  brigadas.  Algunas  veces  se  ha» 
reunido  dos  ó  tres  divisiones  para  constituir  cuerpos 
de  ejército  especiales,  como  sucedió,  verbigracia,  en 
la  campaña  de  Rusia  (1812);  pero  semejantes  masa» 
de  caballería  son  impropias  para  moverse  harmóni¬ 
camente,  v  la  dificultad  de  mantenerlas  reunidas  j 
de  alimentarlas,  ha  hecho  que  no  se  cuente  con  ellas; 
actualmente  en  ningún  plan  serio  de  organización. 

En  el  combate,  como  en  el  servicio  de  seguridad,, 
hay  que  distinguir  el  empleo  de  la-caballería  en  in¬ 
mediata  relación  con  las  otras  armas  (caballería  divi¬ 
sionaria)  y  en  grandes  masas  ó  divisiones  que,  ante» 
y  después  de  la  batalla,  se  adelantan  al  ejército  á 
distancia  de  una  ó  varias  jornadas  y  operan  por  lo- 
tanto  con  bastante  independencia  é  iniciciativa  ( ca — 


CABALLERÍA 


31 


frailería  independiente).  La  reunión  de  estas  grandes 
masas  de  jinetes  se  funda  en  la  imperiosa  necesidad 
de  mantener  siempre  el  contacto  con  el  enemigo, 
para  adquirir  noticias  acerca  de  su  fuerza  y  situación, 
y  de  ocultar  al  propio  tiempo  los  movimientos  de  las 
tropas  propias,  objeto  que  adquiere  grandísima  im¬ 
portancia  desde  el  comienzo  mismo  de  las  operacio¬ 
nes.  Sabido  es,  en  efecto,  que  en  la  guerra  el  éxito 
depende  muchas  veces  de  la  sorpresa:  el  ejército  que 
pudiera  movilizarse  antes  que  el  contrario  y  lograse 
caer  sobre  éste  cuando,  mal  preparado  todavía,  no 
está  en  condiciones  de  resistir  el  choque,  tendría 
mucho  adelantado  para  decidir  á  su  favor  el  resul¬ 
tado  de  la  lucha;  pero  dado  el  desarrollo  que  ha  al¬ 
canzado  hoy  la  publicidad,  es  imposible  que  una  po¬ 
tencia  pueda  con  su  movilización  sorprender  á  otra. 
Esta  empezará  á  movilizarse  en  cuanto  lo  haga  la 
primera,  y  como  las  disposiciones  para  acelerar  este 
período  crítico  son  aproximadamente  iguales  en  todos 
los  países  bien  organizados,  es  probable  que  los  dos 
adversarios  estén  al  mismo  tiempo  preparados  para 
entrar  en  campaña.  Las  masas  de  combatientes  se 
dirigen  entonces  á  aquellos  puntos  de  la  frontera 
que,  según  las  consideraciones  militares,  geográficas 
ó  políticas,  se  consideran  más  favorables  para  el  co¬ 
mienzo  de  las  operaciones  y  es  de  importancia  capi¬ 
tal  que  esta  concentración  se  efectúe  con  gran  rapi¬ 
dez  y  con  el  mayor  sigilo,  única  manera  de  poder  sor¬ 
prender  al  enemigo  y  evitar  ser  sorprendido  por  él. 
La  protección  de  esta  operación  y  del  avance,  que  es 
su  consecuencia,  corresponde  precisamente  á  las  divi¬ 
siones  de  caballería,  cuya  movilización  se  anticipa 
unos- cuantos  días  á  la  del  resto  del  ejército,  y  que 
cuentan  con  la  fuerza  y  resistencia  necesarias  para 
establecer  por  delante  de  aquél  una  túpida  cortina 
que  oculta  á  las  investigadoras  miradas  del  contrario 
los  movimientos  de  las  tropas  propias  proporcionán¬ 
doles  la  seguridad  de  no  ser  atacadas  por  éste  du¬ 
rante  su  marcha,  al  mismo  tiempo  que  para  destacar 
patrullas  que  reconozcan  las  fuerzas  y  propósitos  del 
enemigo,  ó  romper  violentamente  la  red  protectora 
que  forma  la  caballería  contraria  y  llegar  hasta  las 
cabezas  de  columna,  obligándolas  á  detenerse  y  des¬ 
plegar,  y  consiguiendo  así  hacerlas  perder  tiempo  é 
infundirlas  el  temor  de  la  sorpresa.  Como,  por  su 
parte,  la  caballería  enemiga  procura  obrar  del  mismo 
modo,  claro  es  que  ambas  deberán  sostener  frecuen¬ 
tes  escaramuzas,  y  como  á  medida  que  los  dos  ejér¬ 
citos  avanzan  disminuye  la  distancia  que  separa  sus 
frentes  respectivos,  que  es  el  terreno  en  donde  aqué¬ 
llas  operan,  es  inevitable  el  choque  entre  ellas,  cho¬ 
que  que  será  probablemente  el  primer  episodio  de  la 
batalla  general,  pasado  el  cual  se  retiran  hacia  los 
extremos  de  la  línea  de  fuego  para  esperar  allí  el 
momento  propicio  de  intervenir  activamente  en  el 
combate  ó  de  emprender  la  persecución  del  adversa¬ 
rio  ó  proteger  la  retirada,  según  el  resultado  de  la 
lucha.  También  incumbe  á  las  divisiones  de  caballe¬ 
ría  independientes  la  misión  de  llevar  á  cabo  expedi¬ 
ciones  lejanas  ó  raids  (V.  Cabalgada)  contra  la  línea 
de  comunicaciones  del  enemigo  y  hasta  contra  su 
misma  base  de  operaciones,  interceptando  convoyes, 
destruyendo  puentes  y  perturbando  los  servicios  to¬ 
dos  que  aquél^va  estableciendo  trabajosamente  á  su 
éspaMa.  De  lo'"  expuesto  se  deduce  que  para  cumplir 
su  misión  la  caballería  independiente  necesita  poseer 
una  fuerza  ofensiva  y  defensiva  considerable:  la  ¡pri¬ 
mera  se  la  da  su  agrupación  en  grandes  masas:  para 


aumentar  la  segunda,  que  es  siempre  el  punto  débil 
de  esta  arma,  sirven  la  artillería  á  caballo  y  las  ame¬ 
tralladoras.  Una  división  de  caballería  independiente 
se  organiza  hoy  reuniendo  dos  ó  más  brigadas  de 
esta  arma,  á  las  que  se  agregan  un  grupo  ^de  dos 
baterías  generalmente)  de  artillería  á  caballo,  una 
sección  de  ametralladoras  (de  ocho  por  lo  regular), 
una  columna  ligera  de  municiones;  el  número  nece¬ 
sario  de  columnas  de  víveres,  una  ambulancia  mon¬ 
tada  y  las  secciones  indispensables  de  zapadores 
de  caballería  y  de  telegrafía  óptica.  Francia  añade  á 
todos  estos  elementos  un  fuerte  destacamento  de 
infantería  ciclista. 

Examinando  la  organización  de  esta  arma  en  los 
diferentes  ejércitos  europeos,  se  nota,  en  general, 
la  existencia  de  tres  clases  de  caballería:  pesada  ó 
de  reserva,  ligera  y  de  línea ,  aunque  por  respeto  á  la 
tradición  se  conservan  todavía  gran  número  de  ins¬ 
titutos  entre  los  cuales  no  hay  diferencias  aprecia¬ 
bles.  La  caballería  pesada  está  formada  por  hombres 
corpulentos,  fornidos  y  de  elevada  estatura,  monta¬ 
dos  en  caballos,  también  de  gran  alzada  y  peso  (ca- 
rabineros,  coraceros) ;  la  ligera  se  compone  de  hom¬ 
bres  ágiles,  de  poca  talla,  y  caballos  pequeños, 
resistentes  y  veloces  (cazadores ,  húsares,  cosacos ),  v 
la  de  línea  es  un  término  medio  entre  ambas  (lance¬ 
ros,  dragones,  ulanos).  Atendiendo  á  estas  diferencias, 
Alemania  tiene  coraceros,  ulanos,  reitres  (Sajón ia), 
dragones,  húsares,  cazadores  y  chevaulégers  (,Ba- 
viera);  Italia  lanceros  y  cavallegeri,  Austria  drago¬ 
nes,  húsares  y  ulanos;  Inglaterra  coraceros,  drago¬ 
nes,  lanceros  y  húsares;  Francia  coraceros,  dragones, 
cazadores,  húsares,  cazadores  de  Africa  y  spahis: 
Rusia  coraceros,  dragones,  ulanos,  húsares  y  cosa¬ 
cos.  Tales  diferencias  no  se  fundan,  sin  embargo,  en 
nada  esencial,  pues  hoy  se  admite  que  el  empleo 
táctico  de  todas  las  clases  de  caballería  es  idéntico; 
todas  han  de  servir  indistintamente  para  la  explora¬ 
ción  y  para  el  combate  á  pie  y  á  caballo.  La  única 
razón  que  abona  la  existencia  de  diversos  institutos 
es  la  desigualdad  inevitable  del  ganado  que  se  pro¬ 
duce  en  todos  los  países  y  la  conveniencia  de  uni¬ 
ficarlo  en  lo  posible,  agrupándolo  por  tipos  de  anᬠ
logas  condiciones  á  fin  de  dar  á  los  regimientos  ho¬ 
mogeneidad  y  cohesión,  más  indispensables  en  esta 
arma  que  en  otra  alguna.  En  España,  donde  se  ca¬ 
rece  en  absoluto  de  caballos  de  gran  alzada  v  corpu¬ 
lencia,  propios  para  la  caballería  pesada  y  no  abun¬ 
dan  tampoco  los  soldados  de  gran  talla,  fuera  de  las 
regiones  montañosas,  cuyos  naturales  no  son  precisa¬ 
mente  los  más  aptos  para  el  servicio  de  esta  arma, 
aquella  distinción  tiene  todavía  menos  razón  de  ser, 
y  no  existe  actualmente  más  que  caballería  de  linea 
(lanceros  y  dragones)  y  ligera  (cazadores  y  húsares), 
que  apenas  se  distinguen  entre  sí  más  que  por  el 
uniforme  que  visten.  La  proporción  de  la  caballería 
con  las  demás  armas,  muy  variable  según  las  épo¬ 
cas  y  países,  se  ha  conservado  en  Europa  casi  inal¬ 
terable  desde  las  guerras  napoleónicas,  hallándose 
comprendida  entre  1/s  y  d/7  del  efectivo  de  la  infan¬ 
tería,  ó  entre  1/6  y  */12  de  la  fuerza  total  en  presu¬ 
puesto.  La  importancia  de  su  servicio  en  campaña  y 
lo  lento  y  complejo  de  su  instrucción,  que  hace  di¬ 
fícil  reponer  sus  bajas,  y  más  difícil  todavía  crear  uni¬ 
dades  nuevas  durante  la  guerra,  aconsejan  mantener 
sobre  las  armas  la  mayor  proporción  posible  de  ca¬ 
ballería,  pero  ésta  tiene  un  límite,  que  depende  por 
uná  parte  del  desarrollo  de  la  producción  hípica  en 


32 


CABALLERIA 


el  país,  y  por  otra  del  estado  más  ó  menos  próspero 
de  la  hacienda,  pues  esta  arma  es  de  mantenimiento 
muy  costoso.  En  nuestra  patria  dicha  proporción  es 
de  1/7  del  total,  ciíra  muy  aceptable  y  que  no  es  ne¬ 
cesario  rebasar,  sobre  todo  si  se  considera  que  en 
naciones  tan  prósperas  como  Alemania,  Italia  v  Bél¬ 
gica  se  aproxima  mucho  á  1/9  v  que  en  la  misma  In¬ 
glaterra  no  pasa  de  V-12-  Toda  la  fuerza  activa  del 
arma  forma  hoy  28  regimientos  en  el  territorio  de  la 
península,  á  los  que  hay  que  añadir  un  regimiento 
de  seis  escuadrones  (el  de  Taxdirt )  en  Melilla,  el 
escuadrón  de  Escolta  Real  y  los  escuadrones  sueltos 
de  Mallorca,  Menorca,  Tenerife,  Gran  Canaria  v 
Ceuta.  De  los  28  regimientos,  ocho  son  de  lanceros, 
tres  de  dragones,  dos  de  húsares  y  15  de  cazadores; 
de  estos  últimos  14  constituyen  la  caballería  divisio¬ 
naria,  afectos  cada  uno  á  una  división  orgánica;  los 
dos  regimientos  de  húsares,  con  otros  dos  de  lance¬ 
ros,  forman  una  división  de  caballería,  agregada 
al  l.er  cuerpo  de  ejército;  el  2.°  cuerpo  y  el  6.°  cuen¬ 
tan  con  una  brigada  cada  uno,  de  dos  regimientos 
de  lanceros;  el  4.°  con  otra  de  dragones  (tres  regi¬ 
mientos)  y  los  tres  regimientos  restantes  están  agre¬ 
gados  á  los  cuerpos  3.°,  5.°  y  7.°  La  siguiente  lista 
comprende  los  nombres  y  números  de  estas  uni¬ 
dades: 

Regimientos  de  lanceros:  Núm.  1.  Rev.  —  Núme¬ 
ro  2.  Reina.  —  Núm.  3.  Príncipe.  —  Núm.  4.  Bor- 
bón.  — Núm.  5.  Farnesio.  —  Núm.  6.  Villavicio- 
sa.  —  Núm.  7.  España. — Núm.  8.  Sagunto. 

Regimientos  de  dragones:  Núm.  9.  Santiago. — 
Núm.  10.  Montesa.  — Núm.  11.  Numancia. 

Regimientos  de  húsares:  Núm.  19.  Princesa.  _ 

Núm.  20.  Pavía. 

Regimientos  de  cazadores:  Núm.  12.  Lusitania.  — 
Núm.  13.  Almansa.  —  Núm.  14.  Alcántara. — 
Núm.  15.  Talayera.  —  Núm.  16.  Albuera. — Núme¬ 
ro  17.  Tetuán.  —  Núm.  18.  Castillejos. — Núm.  21. 
Alfonso  XII. — Núm.  22.  Sesma.  —  Núm.  23.  Vi- 
llarrobledo.  —  Núm.  24.  Alfonso  XIII.  —  Núm.  25. 
Galicia.  —  Núm.  26.  Treviño.  —  Núm.  27.  María 
Cristina. — Núm.  28.  Vitoria. 

La  fuerza  normal  de  estos  regimientos  es,  según 
el  último  presupuesto,  de  364  hombres  y  289  caba¬ 
llos,  lo  que  da  un  promedio  de  90  y  72,  respectiva¬ 
mente,  por  escuadrón,  cifra  muy  escasa  si  se  atiende 
á  las  razones  anteriormente  expuestas,  y  que,  dedu¬ 
ciendo  las  inevitables  bajas  de  ganado  y  la  partida 
de  potros  en  doma,  difícilmente  llegará  á  representar 
un  efectivo  real  de  60  caballos  útiles  por  escuadrón. 
No  es  mucho  mejor  la  situación  de  los  regimientos 
de  la  división  independiente,  que  sólo  tienen  asig¬ 
nados  469  hombres  y  387  caballos.  Un  sólo  regi¬ 
miento,  el  de  Mana  Cristina,  afecto  á  la  primera 
división  orgánica,  presenta  un  conjunto  de  fuerza 
aceptable,  pues  cuenta  con  509  hombres  y  428  ca¬ 
ballos,  es  decir,  126  y  107,  respectivamente,  por 
escuadrón.  Por  último,  el  de  Taxdirt,  creado  recien¬ 
temente  para  Melilla,  y  que  se  compone  de  seis  es¬ 
cuadrones,  tiene  un  efectivo  de  183  hombres  v  150 
caballos  por  escuadrón,  cifras  que  no  conviene  reba¬ 
sar  en  pie  de  guerra. 

Historia 

La  caballería  existe  como  arma  desde  los  tiem¬ 
pos  más  remotos:  los  babilonios,  los  egipcios  y,  so¬ 
bre  todo,  los  asirios,  la  emplearon  en  la  guerra,  v 
todo  hace  presumir  que  tuvo  su  origen  en  el  Asfa 


ó  en  la  costa  N.  del  Africa,  en  cuyos  lugares  adqui¬ 
rió,  desde  muy  antiguo,  un  desarrollo  é  importancia 
que  no  logró  alcanzar  en  Europa  hasta  muchos  siglos 
después.  Los  griegos  no  la  conocieron  en  los  pri¬ 
meros  tiempos  de  su  historia;  y  cuando,  en  contacto 
con  los  pueblos  asiáticos,  pudieron  apreciar  sus  ven¬ 
tajas,  la  escasez  de  caballos  de  su  país  no  les  permi¬ 
tió  prestarle  la  atención  que  merecía.  Así  la  propor¬ 
ción  de  esta  arma  en  los  ejércitos  de  la  antigua  Gre¬ 
cia  no  pasó  de  1/12  hasta  los  tiempos  de  Filipo  y 
Alejandro,  que  le  dieron  algún  mayor  incremento, 
lambién  los  romanos  la  tuvieron  al  principio  en 
poca  estima,  sirviéndose  sus  soldados  ( céleres )  del 
caballo  solamente  para  trasladarse  con  rapidez  de  un 
sitio  á  otro,  como  infantería  montada,  pues  solían 
pelear  á  pie.  Más  adelante,  cuando  la  guerra  contra 
Pirro  les  hizo  comprender  la  conveniencia  de  contar 
con  una  caballería,  si  no  muy  numerosa,  por  lo 
menos  escogida,  se  alistó  en  ella  la  flor  de  la  juven¬ 
tud  romana  (equiles),  y  si  á  pesar  de  esto  nunca  pudo 
pasar  de  V13  la  proporción  de  la  caballería  regular, 
que  se  dividía  en  turmas  de  32  jinetes,  supieron  su¬ 
plir  esta  escasez  con  los  numerosos  contingentes  de 
caballería  irregular  que  les  suministraban  los  pue¬ 
blos  aliados  (caballería  númida,  tracia,  española,  et¬ 
cétera).  En  aquellas  remotas  épocas  era  la  infantería 
el  arma  preponderante,  y  aunque  la  Historia  regis¬ 
tra  los  nombres  de  algunas  batallas  (como,  por 
ejemplo,  la  de  Arbelas)  en  que  el  ataque  impetuoso 
de  una  masa  considerable  de  caballería^  decidió  el 
éxito  del  combate,  casi  siempre  era  aquélla  la  que 
conquistaba  con  su  esfuerzo  y  con  su  sangre  la  vic¬ 
toria.  Los  galos  y  los  germanos  apenas  tuvieron 
caballería,  y  aun  las  tribus  que  la  tenían  acostum¬ 
braban  á  servirse  del  caballo  como  elemento  de  trans¬ 
porte,  pero  no  para  combatir.  Fué  necesaria  la  inva¬ 
sión  asoladora  de  las  hordas  procedentes  del  Asia 
(como  ¡os  huimos  y  los  ávaros)  para  que  los  pueblos 
europeos  diesen  más  importancia  á  esta  arma,  cuva 
preponderancia  quedó  afirmada  de  un  modo  indis¬ 
cutible  al  surgir  el  feudalismo  de  entre  las  ruinas 
del  colosal  imperio  romano.  Aquél  representó,- efec¬ 
tivamente,  el  triunfo  de  la  caballería;  en  su  tiempo, 
los  señores,  protegidos  por  el  pesado  arnés,  que  les 
hacía  invulnerables  para  el  despreciado  peón,  llega¬ 
ron  con  su  séquito  de  hombres  de  armas  y  escude¬ 
ros,  también  montados,  á  constituir  el  núcleo  de  los 
ejércitos,  mientras  que  la  plebeya  infantería,  mal 
armada  y  sin  cohesión  alguna  ni  disciplina,  apenas 
se  consideraba  útil  para  llenar  los  cometidos  más 
secundarios,  ó  para  ofrecerse  como  víctima  propi¬ 
ciatoria  al  furor  de  la  caballería  enemiga  cuando  la 
propia  se  veía  obligada  á  rehacerse  á  su  amparo.  El 
choque  en  este  tiempo  no  era  más  que  una  serie  de 
encuentros  personales,  en  los  que  vencían  el  valor 
y  el  esfuerzo  individual,  pero  en  los  que  no  se  vis¬ 
lumbraba  un  destello  siquiera  de  arte.  La  aparición 
de  las  armas  de  fuego  y  su  progresivo  perfecciona¬ 
miento  devolvieron,  al  comenzar  la  Edad  Moderna, 
á  la  infantería  su  antiguo  predominio  táctico,  ha¬ 
ciendo  desterrar  poco  á  poco  las  armas  defensivas, 
que  ya  no  protegían  lo  bastante  á  los  jinetes  contra 
la  espantable  furia  de  las  balas.  ocurre  entonces 
un  fenómeno  muy  particular:  aquella  misma  caba¬ 
llería,  acostumbrada  á  acuchillar  á  mansalva  á  los 
indefensos  peones,  y  que  maldice  las  nuevas  armas 
porque  vienen  á  dar  al  traste  con  su  orgullosa  su¬ 
perioridad,  se  apresura  á  desembarazarse  del  pesado 


■ 


Cabal 


Enciclopedia  Universal 


José  Espassj 


1.  Herreruelo  ó  pistolete,  siglo  xvi.  —  2.  Hombre  de  armas,  siglo  xvi.  — 3.  Caballo  coraza,  siglo  xvn.  —  4. 

—  8.  Mosquetero  de  la  guardia,  1702  y  1703.  —  9.  Dragón,  1705  —  10.  Húsar  de  la  Muerte,  1705.  —  11  Coracero  del 

_  14.  Portaguión  de  Numancia,  1737.—  15.  Regimiento  de  la  Reina  (de  línea),  1703.  —  16  Lusitania  (dragones), 
les,  1775.  -  21.  Regimiento  de  Sagunto  (dragones),  1775  — 22.  Regimiento  de  Alcántara  (de  línea),  1775.  —  23. 

(de  línea),  1789.  —  28  Lanza  de  Ceuta,  1789.  —  29.  María  Luisa  (carabineros),  1793  y  1795.  —  30.  Húsares  españoles 
dia  de  corps,  1802.  —  31.  Carabineros  reales,  1802.  —  35.  Algarbe  (de  línea),  1802.  —  36.  Reina  (cazadores),  1802.  — 

—  41.  Fernando  VII  (granaderos  á  caballo),  1808.  —  42.  Granada  (dragones),  1808.  —  43.  Coraceros  españoles,  1810. 

47.  Pavía  (dragones),  181 


I  a  ™bf°:  f?'°  X7J:  -  5-  Dragón,  siglo  xvn.  -  6.  Timbalero,  siglo  xvn.  -  7.  Caballería  de  línea,  1702  y  1703. 
|en  o  Real  alemán,  1  /3o  -  12.  limDalero  de  caballería  de  línea  y  trompeta,  1735.  -  13.  Portaestandarte  de  Farnesio, 
1789 Tr  Y  “  8-  ganadero  á  caballo,  1737.  -  19.  Guardia  de  corps,  1775.  -  20.  Carabineros  rea- 
i-o-  Carab,nf 0  rea1’  1  /S9.  -2o.  Farnesio  (de  línea),  1789  -  26  Pavía  (dragón),  1789.  -  27  Montesa 

r  '  *  H‘roeS  eSpanoleS’  180°-  ~  3'2-  Guardia  de  honor  del  generalísimo  príncipe  de  la  Paz,  1800.  -  33.  Guar¬ 

da  (húsares),  1803.  -  38.  Carabineros  reales,  1803.  -  39.  Infante  (de  línea),  1805.  -  40.  Sagunto  (dragones),  1  Sü5 

i.  cer°5)’  "  45'  EspaBa  <de  1¡nea)'  ’815'  ~  46-  Alcán,ara'  <d' i8>5-  - 


jos,  editores 


Artículo  Caballería 


Caballería 


25  26  27  28  -29  30  3)  32 

Oficiales.  —  Cazadores.  1.  Gala.  —  2.  Diario. — 3.  Diario  con  capote. — Dragones:  4.  Gala.  —  5.  Diario.  -* 
6.  Diario  con  capote.  —  Húsares:  7.  Gala.  —  8.  Media  gala.  —  9.  Diario  invierno.  —  10.  Diario  verano.  — 
Tropa.  —  Cazadores:  11.  Gala.  —  12.  Diario.  —  13.  Campaña.  —  14.  Faena.  —  15.  Ordenanza.  —  Dragones : 
16,  17  y  18.  Gala.  —  19  y  20.  Diario.  —  21.  Faena  — Húsares:  22  y  23.  Gala.  —  24.  Diario.  — 25.  Campaña. 
—  26.  Faena.  —  27.  Ordenanza.  —  Lanceros:  28  y  29  Gala.  —  30.  Diario.  —  31.  Faena.  —  32.  Ordenanza. 


ENCICLOPEDIA  UNIVERSAL.  TUMO  X.  - 3. 


34 


CABALLERIA 


lanzón  para  echar  mano  de  la  pistola,  del  pedreñal 
ó  de  la  escopeta,  y  sugestionada  por  el  inesperado 
prestigio  del  nuevo  armamento,  adapta  á  él  sus  for¬ 
maciones  y  su  táctica:  el  ataque  impetuoso  y  el 
combate  cuerpo  á  cuerpo  ceden  su  puesto  á  la  carga 
ceremoniosa  al  paso  ó  al  trote,  y  al  duelo  á  distancia 
con  el  arma  de  fuego  disparada  desde  el  caballo. 
Suele  formar  entonces  la  caballería  escuadrones  pro¬ 
fundos,  hasta  de  15  filas,  con  20  á  30  caballos  de 
frente,  separados  por  intervalos  y  distancias  de  dos 
ó  tres  pasos;  para  combatir,  la  primera  fila  avanza 
al  trote,  dispara  y,  corriéndose  hacia  los  costados 
del  escuadrón,  marcha  á  rehacerse  detrás  de  la  úl¬ 
tima  para  volver  á  cargar  sus  armas;  avanza  entre¬ 
tanto  la  segunda,  y  luego  las  demás,  repitiendo  la 
misma  maniobra;  y  sólo  cuando  el  enemigo,  que¬ 
brantado,  comienza  á  ceder,  se  le  echa  encima  todo 
el  escuadrón  espada  en  mano  para  acabar  de  desor¬ 
ganizarlo.  Entonces  aparecen  también  los  dragones 
como  un  arma  nueva,  verdadera  infantería  montada 
que  se  bate  casi  siempre  á  pie,  ya  para  preparar  el 
ataque,  ya  para  defender  puntos  importantes  del 
campo  de  batalla.  Gustavo  Adolfo  elevó  la  impor¬ 
tancia  táctica  de  la  caballería,  restringiendo  el  em¬ 
pleo  del  fuego  y  restableciendo  la  carga  al  galope, 
con  los  escuadrones  formados  en  tres  filas,  de  las 
cuales  las  dos  primeras,  al  llegar  á  corta  distancia 
del  enemigo,  disparaban  sus  armas  y  dejaban  el 
campo  libre  á  la,  tercera,  que  acababa  de  desbara¬ 
tarlo  con  el  choque  al  arma  blanca.  Siguiendo  la 
misma  táctica,  la  caballería  de  Cromwell  cosechó 
muchos  laureles  y  mantuvo  á  gran  altura  su  repu¬ 
tación,  cuando  era  general  la  decadencia  de  esta 
arma  en  el  resto  de  Europa.  Al  terminar  el  si¬ 
glo  xvii,  la  caballería  francesa,  que  era,  indudable¬ 
mente,  la  más  numerosa  (*/$>  de  la  infantería)  y  la 
mejor  del  continente,  se  componía  de  gendarmes 
(caballería  pesada,  de  reserva ),  regimientos  de  linea, 
carabineros,  dragones  y  húsares;  todos  estaban  arma¬ 
dos  con  espada  y  pistola,  pero  los  de  línea,  cara¬ 
bineros  y  húsares,  tenían,  además,  carabina,  y  los 
dragones  usaban  un  fusil  con  bayoneta.  Su  formación 
normal  para  el  combate  era  en  tres  filas,  á  seis  pasos 
de  distancia,  que  avanzaban  sucesivamente  al  trote 
ó  al  galope  hasta  ponerse  á  distancia  eficaz  de  tiro; 
el  choque  tenía  lugar  á  los  mismos  aires,  con  los  es¬ 
cuadrones  en  línea.  Federico  II  de  Prusia  aumentó 
la  caballería  ligera  y  fué  el  restaurador  del  verda¬ 
dero  empleo  táctico  del  arma,  dando  su  merecida 
importancia  al  choque  en  orden  cerrado,  al  ímpetu 
de  la  carga  y  al  combate  con  el  arma  blanca,  v  se¬ 
cundado  por  generales  como  Zieten  y  Sevdlitz,  y 
conociendo  con  su  perspicaz  ojeada  los  defectos  de 
la  táctica  lineal,  entonces  en  uso.  alcanzó  en  la  gue¬ 
rra  de  los  Siete  Años,  con  la  caballería  reunida  en 
grandes  masas,  sus  más  brillantes  triunfos.  El  prin¬ 
cipio  por  él  establecido  de  que  la  caballería  no  debe 
nunca  dejarse  atacar  á  pie  firme,  sino  que  debe  res¬ 
ponder  al  ataque  con  el  ataque,  pues  sólo  así,  car¬ 
gando  con  decisión  y  con  la  mayor  velocidad  posi¬ 
ble.  es  como  puede  alcanzar  del  choque  el  deseado 
fruto,  es  todavía  hoy  el  principio  fundamental  de  la 
táctica  del  arma.  Durante  su  tiempo  se  redujo  el 
fondo  de  la  formación  de  combate  á  dos  filas,  y  la 
proporción  de  la  caballería  con  la  infantería  se  man¬ 
tuvo,  poco  más  ó  menos,  en  la  relación  de  1/3.  Tam¬ 
bién  en  las  guerras  de  Napoleón  jugó  la  caballería 
un  papel  muy  importante,  y  dirigida  por  caudillos 


como  Murat,  Lasalle,  Bessiéres,  etc.,  dejó  sentir 
muchas  veces  el  peso  de  su  poder  sobre  el  campo  de 
batalla,  arrojándose  sobre  el  enemigo  en  grandes 
masas  para  arrebatarle  súbitamente  la  victoria,  ó 
acabar  con  sus  últimos  conatos  de  resistencia  y  per¬ 
seguirle  con  implacable  saña.  Napoleón  asignó, 
además,  á  la  caballería,  su  nueva  misión  estratégica, 
la  exploración,  que  es  tal  vez  actualmente  la  fase 
más  importante  del  empleo  de  esta  arma  d,urante  la 
guerra.  En  1861-65  tuvo  lugar  una  de  las  más 
encarnizadas  y  gigantescas,  y  á  la  vez  más  llenas 
de  enseñanzas  que  registra  la  Historia  de  todos  los 
países:  la  guerra  de  Secesión  de  la  América  del 
Norte;  y  en  ella  aparece  otra  nueva  aplicación  de  la 
caballería,  llamada  á  producir  en  lo  futuro  grandes 
resultados  si  se  emplea  con  inteligencia.  Nos  refe¬ 
rimos  al  raid  ó  cabalgada  (V.  esta  palabra),  es  decir, 
á  la  expedición  lejana,  á  gran  distancia  del  centro 
de  operaciones,  que  inmortalizó  los  nombres  de 
Stuart  y  Sheridan  y  más  tarde  el  de  Gurko  en  los 
Balkanes  (1877).  Del  escaso  éxito  táctico  alcanzado 
por  la  caballería  durante  la  guerra  franco-alemana, 
por  causas  en  general  no  imputables  á  ella,  sino  á 
su  mala  dirección,  ha  nacido  la  creencia,  evidente¬ 
mente  exagerada,  de  los  que  suponen  que  el  choque 
contra  un  enemigo  bien  instruido  y  provisto  de 
armamento  moderno  no  será  en  lo  sucesivo  posible, 
á  causa  de  las  enormes  perdidas  que  aquélla  sufriría 
en  hombres  y  ganado,  v  de  la  dificultad  de  repo¬ 
nerlos.  El  papel  poco  airoso  que,  por  circunstancias 
especiales,  lia  desempeñado  después  en  las  guerras 
del  Transvaal  y  en  la  Mandchuria,  ha  robustecido 
aquella  opinión  y  acrecentado  la  importancia  que  se 
concede  por  los  técnicos  al  combate  á  pie.  Inglaterra 
la  primera,  como  resultado  de  su  propia  experiencia 
en  la  lucha  con  los  boers,  se  ha  apresurado  á  supri¬ 
mir  la  lanza  y  á  incluir  en  el  nuevo  reglamento  los 
preceptos  que  marcan  esta  nueva  orientación.  Ale¬ 
mania  ha  dado  también  un  paso  decisivo  á  favor  del 
combate  á  pie,  con  la  reciente  adopción  del  cuchillo- 
bayoneta  para  la  caballería  y  la  supresión  del  sable, 
que  es  su  consecuencia;  pero  sin  renunciar  al  choque, 
para  el  que  ofrecerá  siempre  ocasión  el  curso  fluc- 
tuante  de  la  lucha,  si  se  sigue  con  atención  y  con 
verdadero  interés  y  deseo  de  intervenir  en  ella  para 
auxiliar  á  las  armas  hermanas.  La  conservación  de 
la  lanza  y  las  frecuentes  y  aparatosas  cargas  de  las 
maniobras  imperiales  demuestran  bien  claramente 
cuál  es  el  criterio  que  domina  en  sus  centros  direc¬ 
tores.  Estas  nuevas  corrientes,  poco  favorables  al 
empleo  táctico  del  arma  según  los  patrones  clásicos 
no  ha  amenguado,  sin  embargo,  de  modo  notable  su 
importancia.  Si  la  eficacia  del  armamento  moderno 
ha  restringido  las  ocasiones  de  intentar  un  ataque  á 
fondo  como  antiguamente,  haciendo  que  no  pueda 
hoy  la  caballería  recoger  laureles  sino  regándolos 
abundantemente  con  su  sangre,  la  exploración  y  el 
raid  le  ofrecen  ancho  campo  para  ejercitar  una  acti¬ 
vidad  tan  útil  como  fecunda.  Sería,  sin  embargo, 
un  error  creer  que  estas  serán  en  lo  por  venir  sus 
únicas  aplicaciones  y  que  ha  pasado  ya  completa¬ 
mente  la  época  de  las  cargas;  pues,  para  decirlo  de 
una  manera  gráfica,  si  la  caballería  ha  de  ser  ante 
todo  el  ojo  vigilante  del  ejército,  preciso  es  también 
que  sea,  cuando  llegue  el  momento  propicio  para 
obrar,  el  puño  vigoroso  que  aseste  al  adversario  va¬ 
cilante  el  golpe  de  gracia  que  le  derribe  y  anonade. 

Circunscribiéndonos  ahora  á  nuestra  patria  dire- 


CABALLERÍA 


35 


mos  que  la  caballería  fué  durante  la  Reconquista  el 
.arma  preponderante,  sino  exclusiva,  de  los  ejércitos. 
Armados  á  la  ligera  y  montados  en  caballos  veloces 
como  el  viento,  los  musulmanes  erigen  eu  sistema  de 
guerra  la  algara ,  ó  sea  la  correría  audaz,  encamina¬ 
da  más  bien  á  saquear  y  destruir  que  á  conservar  lo 
conquistado;  por  su  parte  los  cristianos  imitan  á  sus 
enemigos,  y  las  órdenes  militares  y  los  poderosos 
señores  rivalizan  en  ejercitar  este  género  singular  de 
guerra,  que  hace  necesarios  ocho  siglos  de  lucha  te¬ 
naz  y  constante  para  recuperar  el  territorio  perdido 
•en  pocos  meses.  Esta  magna  empresa,  para  la  que 
se  necesitaba  el  concurso  de  todas  las  clases  sociales, 
.impidió  que  el  feudalismo  echara  en  España  raíces 
tan  hondas  como  en  el  resto  de  Europa,  y  fué  la  cau¬ 
sa  de  que  sus  reyes  conservaran  casi  siempre  mayor 
autoridad  y  poder  que  en  otras  partes.  No  faltaron, 
sin  embargo,  magnates  turbulentos  y  ambiciosos, 
que  en  algunas  ocasiones  desconocieron  la  autoridad 
ireal  y  hasta  llegaron  á  poner  en  grave  aprieto  á  los 
mismos  monarcas;  para  tenerlos  sujetos  é  imponerles 
respeto.  Alfonso  XI  sostuvo  á  sueldo,  mientras  vi¬ 
vió,  una  tropa  escogida  de  á  caballo,  suficiente  para 
aquel  fin;  pero  sus  sucesores  no  se  cuidaron  de  imi¬ 
tar  su  ejemplo,  y  así  fué  creciendo  la  insolencia  de 
la  nobleza,  que  en  tiempo  de  Enrique  IV  hizo  al  dé¬ 
bil  monarca  juguete  de  sus  ambiciones  y  discordias. 
Deseosos  los  Reyes  CatólicQs  de  robustecer  su  auto¬ 
ridad  y  poner  coto  á  tales  desmanes,  organizaron 
•después  ile  la  conquista  de  Granada  un  cuerpo  de 
■2,500  caballos,  dividido  en  compañías  de  100  pla- 
.zas,  que  se  denominó  de  Guardias  viejas  de  Castilla 
y  puede  considerarse  como  el  origen  de  las  milicias 
permanentes  en  nuestra  patria.  Eu  él  había  caballe¬ 
ría  pesada  (hombres  de  armas,  que  debían  tener  un 
caballo  crecido,  arnés  completo,  escudo,  lanza,  es¬ 
pada  y  estoque  ó  daga),  y  ligera  (armada. á  la  jine¬ 
ta,  con  armadura  ligera,  lanza,  adarga,  espada  v 
puñal).  Felipe  el  Hermoso  trajo  consigo  más  tarde 
una  compaña  montada  de  archeros  de  Borgoña  (véa¬ 
se  esta  palabra),  que  se  empleó  en  la  guardia  inme¬ 
diata  de  las  personas  reales,  y  Fernando  el  Católico 
al  volver  de  Italia  vino  también  acompañado  de  otro 
cuerpo  de  caballería  ligera,  denominado  de  estradio- 
tes,  cuyas  armas  eran  la  lanza,  la  espada  y  el  marti¬ 
llo  de  armas.  Estas  fueron  las  primeras  tropas  per¬ 
manentes  de  caballería  que  hubo  en  España.  En 
1509,  al  organizarse  el  ejército  que  debía  marchar  á 
la  conquista  de  Oran,  se  crearon  los  escopeteros  á  ca¬ 
ballo,  armados  con  escopeta  y  espada  de  dos  manos, 
y  en  1512  queda  la  caballería  formada  por  26  com¬ 
pañías  de  línea  y  17  de  estradiotes,  todas  de  100 
plazas,  con  una  sección  de  escopeteros  cada  una. 
Felipe  II  suprimió  los  estradiotes,  substituyéndolos 
por  herreruelos,  llamados  también  pistoletes,  porque 
llevaban  una  pistola  larga,  colgada  del  arzón  delan¬ 
tero,  y  agregó  un  pelotón  de  arcabuceros  montados 
á  cada  compañía  de  línea.  En  1656  anarece  lo  uni¬ 
dad  orgánica  superior  de  la  caballería:  el  trozo,  com¬ 
puesto  de  11  compañías  de  corazas  y  una  de  carabi¬ 
neros,  cuyo  mando  directo  correspondía  al  comisario 
general  que  mandaba  todo  el  trozo.  A  mediados  del 
siglo  xvii  se  introducen  también  en  nuestro  ejército 
los  dragones,  agrupados  en  tercios  de  fuerza  v  com¬ 
posición  variable  (8  á  22  compañías  de  50  á  1 00  pla¬ 
zas);  Felipe  V  reorganizó  la  caballería,  dividiéndola 
en  regimientos  de  tres  escuadrones,  compuestos  cada 
uno  de  cuatro  compañías;  aquéllos  recibieron  nom¬ 


bres  particulares,  dejando  de  llamarse  por  el  de  su 
jefe,  como  había  sido  costumbre.  La  agrupación  de 
dos  ó  tres  regimientos  constituyó  la  brigada.  A  cada 
escuadrón  se  agregó  en  1722  una  compañía  de  ca¬ 
rabineros,  que,  reunidos  poco  después,  formaron  la 
brigada  de  Carabineros  Reales,  brillante  cuerpo  de 
la  casa  real,  que  fué  disuelto  cien  años  más  tarde 
(1822).  El  armamento  de  los  carabineros  consistía 
entonces  en  carabina,  espada  y  dos  pistolas:  el  de 
los  dragones  en  fusil  con  bayoneta,  pistola  y  sable; 
la  lanza  había  sido  abolida  en  los  últimos  años  del 
reinado  de  Carlos  II,  conservándola  solamente  la 
compañía  de  Lanzas  de  Ceuta,  que  subsistió  desde 
1584  hasta  fines  del  siglo  pasado.  Empresa  vana 
sería  el  pretender  seguir  paso  á  paso  los  capricho¬ 
sos  cambios  de  organización  y  las  efímeras  reformas 
que  ha  sufrido  la  caballería  desde  principios  del  si¬ 
glo  xviii,  alterando  incesantemente  y  sin  necesidad 
sus  cuadros,  armamento  é  indumentaria,  para  vol¬ 
verlos  á  restablecer  en  seguida  ó  modificarles  nueva¬ 
mente.  Así,  pues,  nos  limitaremos  á  reseñar  algunos 
de  los  más  importantes.  Al  comenzar  el  siglo  xix  se 
componía  la  caballería  española  de  12  regimientos 
de  línea,  seis  de  cazadores  y  seis  de  húsares:  para 
organizar  estos  últimos  cuerpos  se  habían  suprimido 
en  1803  los  dragones,  que  se  restablecieron  apenas 
pasados  dos  años;  es  de  advertir  que  ya  había  habi¬ 
do  también  en  1742  un  regimiento  de  húsares,  que 
se  extinguió  en  1749.  En  1815  se  crearon  los  lan¬ 
ceros.  clasificados  como  caballería  de  línea,  v  se  su¬ 
primió  de  nuevo  el  instituto  de  dragones,  pues  aun¬ 
que  siguieron  algunos  cuerpos  llamándose  así,  no 
eran  en  realidad  otra  cosa  que  caballería  ligera.  En 
cada  regimiento  de  línea  se  creó  una  compañía  de 
flanqneadores  y  una  de  granaderos  (la  primera  del 
primer  escuadrón)  en  cada  regimiento  de  dragones. 
En  1818  desaparecen  todas  las  designaciones  espe¬ 
ciales  y  queda  la  caballería  distribuida  en  13  re¬ 
gimientos  de  linea  y  9  ligeros.  En  1838  se  aumen¬ 
ta  á  cada  uno  de  ellos  una  compañía  de  tiradores,  v 
en  1814  vuelven  á  aparecer  los  nombres  antiguos, 
quedando  constituidas  las  fuerzas  activas  del  arma 
por  18  regimientos  (1  de  coraceros.  11  de  lance¬ 
ros  y  6  de  cazadores!;  el  escuadrón  deja  de  ser 
unidad  superior  para  convertirse  en  la  unidad  tácti¬ 
ca  del  arma  y  desaparecen  las  compañías.  Tres  años 
más  tarde,  todos  los  regimientos  se  convierten  en 
lanceros,  quedando  como  cazadores  sólo  dos  escua¬ 
drones  sueltos  ( Galicia  y  Mallorca),  y  en  1850.  nue¬ 
va  reorganización  deja  la  caballería  distribuida  en 
2  regimientos  de  carabineros,  13  de  lanceros  y  8 
escuadrones  de  cazadores.  Resucitan  algunos  años 
después  (en  1859)  los  coraceros,  y  como  habían  vuel¬ 
to  á  formarse  los  regimientos  de  cazadores  y  los  de 
húsares  (1855).  quedan  las  fuerzas  del  arma  en  1867 
con  la  composición  siguiente:  dos  regimientos  de  co¬ 
raceros.  dos  de  carabineros,  ocho  de  lanceros,  cuatro 
de  cazadores  y  dos  de  húsares.  En  1874  se  suprimen 
definitivamente  (?)  los  carabineros  y  coraceros,  y  á 
cada  regimiento  de  lanceros  se  aumenta  un  escua¬ 
drón  de  cazadores;  pero  tan  extraña  amalgama  no 
podía  subsistir,  y  al  año  siguiente  se  agrupan  los 
quintos  escuadrones  v  con  ellos  se  forman  tres  nue¬ 
vos  regimientos  de  cazadores.  Para  no  fatigar  al 
lector  cerraremos  esta  breve  reseña,  pasando  de  un 
salto  al  año  1885.  en  que  se  crean  los  dragones  (en 
el  nombre  solamente,  pues  no  se  diferencian  de  los 
cazadores  más  que  en  el  uniforme),  quedando  ocho  re- 


36 


caballería 


gimientos  de  lanceros,  cuatro  de  dragones,  14  de  ca¬ 
zadores  y  dos  de  húsares,  con  dos  escuadrones  suel¬ 
tos,  organización  que,  con  ligeras  diferencias,  sub¬ 
siste  todavía  actualmente  (V.  anteriormente). 

Bibliogr.  Conde  de  Clonard,  Historia  orgánica 
de  las  armas  de  Infantería  y  Caballería  (Madrid, 
1851-59);  Guzmán,  Estudios  sobre  organización  y 
táctica  de  Caballería  (Valladolid,  1866);  Tournelle, 
Manual  del  servicio  de  la  caballería  ligera  en  campa¬ 
ba  (Madrid,  1878);.  Barbasán,  Teoría  de  la  táctica 
(Madrid.  1899);.  Banús.  Táctica  elemental  (Barcelo¬ 
na,  1885);  El  arte  de  la  guerra  á  principios  del  si¬ 
glo  XX  (Madrid,  1907);  Dolía,  El  arma  de  caballe¬ 
ría  ante  la  guerra  y  los  combates  (Madrid,  1905); 
S.  P..  Cavalry  in  Action  in  Wars  of  the  Future  (Lon¬ 
dres,  1905);  Géróme,  Essai  historique  sur  la  tactique 
de  la  cavalerie  (París,  1895);  Bernhardi,  La  nostra 
cavalleria  nella  guerra  delV  avvenire  (Roma,  1905); 
Niessel,  T endances  actuelles  de  la  caxallerie  alientan- 
de  (Limoges,  1905);  Rossbach,  Aufklárung  und 
Führung  der  Kavallerie  (Berlín,  1905);  Pédoya,  La 
Cavalerie  dans  la  guerre  russo-japonaisse  et  dans 
l1  avenir  (Limoges,  1906);  de  Tournache,  La  cavale¬ 
rie  depuis  1870,  Les  Réglements,  Les  Echellons  et  le 
combat  (Nancy,  1906);  Cardinal  v.  Widdern,  Ver- 
■wéndnng  und  Führung  der  Kavallerie  1870  bis  zur 
Kapitulation  von  Sedan  (Berlín,  1906);  v.  Pelet-Nar- 
bonne,  Cavalry  on  Service  (trad.  inglesa,  Londres, 
1906);  Sauz,  Utilidad  de  la  caballería  en  los  ejércitos 
modernos  (Madrid,  1906);  v.  Pelet-Narbonne,  Der 
Kavalleriedienst  (Berlín,  1908);  Iradier,  Nueve  me¬ 
ses  entre  los  jinetes  franceses  (Madrid,  1909);  Czer- 
bien,  Kavalleristische  Studien  (Viena,  1909);  Jáhns. 
Ross  und  Reitcr  (Leipzig,  1872);  Denison,  History 
of  cavalry  (Londres,  1877);  Schmidt.  Instruhtionen 
der  Reüerei  (Berlín,  1886);  v.  Bissing.  Massen  Oder 
Teilführung  der  Kavallerie  (Berlín,  1900);  v.  Kleist, 
Die  Offizierpatrouille  (Berlín.  1902);  Die  Tatigkeit 
der  Kavalleriedivisionen  im  Kriege  (Berlín,  1884); 
príncipe  de  Hohenlohe- Ingelfingen ,  Militarische 
Rriefe  über  Kavallerie  (Berlín,  1886);  v.  Miihl- 
wertg'-Gávtner ,  Die  ósterreichische  Kavallerie  in 
Feldzügen  des  18  J áhrhunderts  und  der  neuesten  Zeit 
(Viena,  1881);  v.  Suttner,  Reiterstudien  (Viena. 
1880);  v.  Rothenan.  Die  neuere  Kriegsgeschichte  der 
Kaoallerie  (Munich,  1891). 

Academia  de  Caballería 

Hállase  establecida  desde  el  año  1852  en  Valla¬ 
dolid,  en  un  edificio  de  nlanta  octogonal,  construido 
para  cárcel  v  reformado  convenientemente  para  al¬ 
bergar  con  decoro  este  importante  centro  de  ense¬ 
ñanza.  que  ha  llegado  á  colocarse,  gracias  á  los  des¬ 
velos  de  una  inteligente  dirección,  á  la  altura  de 
los  mejores  de  Europa.  Tiene  cuadras  para  250  ca¬ 
ballos  y  dos  picaderos  cubiertos,  con  instalación  de 
luz  eléctrica,  que  permite  utilizarlos  por  la  noche 
cuando  las  circunstancias  lo  exigen;  gimnasio,  sala 
de  armas  y  de  esgrima,  etc.  Como  material  de  en¬ 
señanza  cuenta  la  Academia  con  excelentes  gabine¬ 
tes  de  Telegrafía  v  Ferrocarriles.  Agricultura  é  Hi- 
pología,  Física  y  Química,  Topografía.  Fortificación 
y  Armas  portátiles,  una  magnífica  biblioteca  y  un 
bien  provisto  guadarnés  en  el  que  se  conservan  una 
colección  completísima  de  modelos  de  las  monturas 
que  se  usan  en  los  diferentes  países  y  ejércitos  del 
mundo  y  otra  de  las  que  ha  usado  l*i  caballería  espa¬ 
ñola  desde  los  tiempos  más.  remotos  hasta  nuestros 


días.  Es  notable  la  instalación  del  gabinete  de  tele¬ 
grafía  dispuesto  de  manera  que  permite  realizar  la- 
enseñanza  de  esta  clase  en  forma  esencialmente- 
práctica,  contando  con  ocho  estaciones  fijas  y  mate¬ 
rial  para  otras  cuatro  de  campaña;  dos  de  las  prime¬ 
ras  son  del  sistema  Breguet,  una  del  sistema  Estien- 
ne,  otras  dos  tienen  aparatos  Hugues  y  las  tres  res¬ 
tantes  Morse,  que  pueden  enlazarse  con  las  tres 
estaciones  de  campaña  del  mismo  sistema,  formando- 
así  una  línea  de  seis  estaciones,  que  comunican  in¬ 
distintamente  entre  sí  á  lo  largo  de  la  línea.  Una 
particularidad  digna  de  mención  es  que  cada  una  de- 
las  estaciones  tiene  sus  pilas  y  accesorios  (galvanó¬ 
metros,  pararrayos,  timbres,  conmutadores,  etc.)  de¬ 
distintos  sistemas,  constituyendo  así  una  variada  co¬ 
lección  de  aparatos,  de  gran  utilidad  para  el  estudio- 
de  esta  interesante  rama  de  la  electricidad.  Comple¬ 
tan  este  curioso  gabinete  los  diversos  tipos  que  posee- 
de  heliógrafos  y  teléfonos,  que  tan  importantes  ser¬ 
vicios  prestan  en  las  campañas  modernas,  y  los  mo¬ 
delos  de  los  aparatos  que  componen  el  material  fijo 
de  ferrocarriles,  ingeniosamente  instalados  á  lo  lar¬ 
go  de  una  vía  férrea  de  32  m.  de  desarrollo,  por  la 
que  puede  circular  un  pequeño  tren,  compuesto  de 
locomotora,  ténder,  una  plataforma  y  un  furgón,  al 
que  puede  adaptarse  una  rampa  de  las  reglamentarias 
para  el  embarque  del  ganado.  También  es  curioso  el 
gabinete  de  Agricultura,  dotado  de  numerosos  y  va¬ 
riados  modelos  de  maquinaria  agrícola,  semillas,  etc. 
Los  alumnos,  después  de  su  ingreso  en  la  Academia,, 
cursan  en  ella  tres  años  antes  de  pasar  como  segun¬ 
dos  tenientes  á  los  regimientos  del  arma,  durante  los- 
cualeSí  adquieren  los  conocimientos  teóricos  indis¬ 
pensables  hoy  para  desempeñar  con  brillantez  su 
misión  en  el  ejército,  haciendo  además  de  las  prác¬ 
ticas  generales,  las  de  herrado,  equitación  y  doma 
de  potros,  que  los  convierten  en  excelentes  jinetes, 
v  las  de  reconocimientos,  exploración,  telegrafía  y 
levantamiento  de  planos,  de  que  no  puede  prescindir 
hov  la  caballería,  porque  constituyen  uno  de  sus¬ 
más  importantes  cometidos  en  la  guerra.  Como  mues¬ 
tra  de  lo  bien  hermanadas  que  van  en  esta  Academia 
las  enseñanzas  teóricas  con  la  práctica,  merece  citarse- 
el  croquis  de  los  alrededores  de  Valladolid  en  un 
radio  de  20  kms.,  escala  de  1  :  50,000,  levantado 
por  los  alumnos  en  sus  prácticas  de  topografía.  Re¬ 
cientemente  se  ha  establecido  en  esta  Academia  el 
internado  en  forma  análoga  á  como  lo  está  en  la  de 
Infantería,  comenzando  por  los  alumnos  de  primer 
año  v  siguiendo  el  orden  de  menor  á  mayor  edad 
para  los  aue  cursan  el  segundo,  hasta  cubrir  el  nú¬ 
mero  de  plazas  que  permite  alojar  en  buenas  condi¬ 
ciones  la  capacidad  algo  reducida  del  local  disponible- 
para  ello. 

Bibliogr.  Nuestra  Academia  (en  la  Rev.  de  Caba¬ 
llería). 

Colegio  de  Santiago,  para  huérfanos  de  caballería 

Fué  creado  por  Real  orden  de  19  Noviembre  1891 , 
v  su  objeto  es  proporcionar  amparo  é  instrucción  á 
íos  huérfanos  de  los  generales,  jefes  y  oficiales  del 
arma  de  caballería  y  de  los  profesores  de  Equitáción. 
Hállase  establecido  en  Valladolid.  Los  varones  se 
admiten  en  el  colegio  desde  la  edad  de  9  años,  pu- 
diendo  permanecer  en  él  hasta  cumplir  los  20;  las 
hembras  desde  los  10  hasta  los  18.  La  instrucción 
que  los  primeros  reciben  en  el  establecimiento  com¬ 
prende  la  primaria,  el  bachillerato,  idiomas,  dibujó 


CABALLERIA 


37 


y  la  preparación  para  carreras  militares  y  civiles; 
pero  mientras  pertenecen  al  colegio  pueden  seguir 
los  estudios  de  una  facultad,  siempre  que  se  puedan 
cursar  en  la  misma  población  donde  aquél  reside. 
Los  que  no  pueden  ó  no  quieren  seguir  esta  clase  de 
estudios  han  de  optar  entre  una  carrera  especial 
•(magisterio,  comercio,  correos  y  telégrafos,  aduanas, 
Banco  de  España,  sobrestante  de  Obras  Públicas, 
etcétera),  profesión  (taquígrafo,  delineante,  litó¬ 
grafo  ,  etc.),  ú  oficio  que  le  permita  llenar  sus  nece¬ 
sidades  cuando  salga  del  Colegio.  Las  hembras 
reciben  la  instrucción  propia  de  su  sexo,  pudiendo 
estudiar  las  carreras  de  iryiestra  normal  y  superior, 
teneduría  de  libros,  telégrafos  y  teléfonos,  institu¬ 
trices,  y,  en  una  palabra,  cuantas  puedan  propor¬ 
cionarles  un  medio  decoroso  de  vivir. 

Depósitos  de  reserva  de  Caballería 

Creados  por  Real  decreto  de  2  de  Noviembre  de 
1904,  en  substitución  de  los  regimientos  de  reserva 
suprimidos  en  la  misma  fecha,  su  objeto  es  llevar  los 
registros,  la  documentación,  el  alta  y  baja  y  residen- 
~cia  de  los  individuos  de  tropa  procedentes  de  las 
secciones  del  arma,  en  situación  de  segunda  reserva, 
y  iiacer  la  estadística  del  ganado  de  silla  que  puede 
utilizarse  para  el  servicio  del  ejército  en  tiempo  de 
guerra,  y  efectuar,  si  llega  el  caso,  la  requisa  de 
■este  ganado  con  arreglo  á  los  preceptos  legales.  Con 
los  elementos  de  hombres  y  ganada  de  que  dispon¬ 
gan  estos  depósitos  se  organizarán  en  caso  de  gue¬ 
rra  los  regimientos  de  reserva  que  puedan  crearse. 
Son  14  y  están  situados  por  orden  correlativo  en 
Madrid,  Badajoz,  Sevilla,  Granada,  Córdoba,  Valen¬ 
cia.  Murcia.  Gerona.  Reus,  Zaragoza.  Burgos,  Vi¬ 
toria,  Valladolid  y  Lugo. 

Depósitos  de  sementales  de  Caballería 

Llenan  para  la  producción  del  ganado  de  silla 
propio  para  los  servicios  del  ejército  los  mismos  fines 
•que  el  de  Hospitalet  (V.  Artillería)  para  la  del  ga¬ 
nado  de  tiro  de  esta  arma.  Son  seis,  que  se  hallan 
•establecidos  respectivamente  en  Jerez,  Córdoba, 
Baeza,  León,  Zaragoza  y  Alcalá  de  Henares.  Para 
facilitar  la  monta  se  ha  dividido  el  territorio  en  re¬ 
giones  pecuarias,  cada  una  de  las  cuales  es  atendida 
pnr  las  paradas  de  uno  de  estos  depósitos.  Así,  el  l.° 
atiende  á  las  provincias  de  Cádiz,  Sevilla  y  Huelva; 
el  2.°  á  las  de  Córdoba  y  Badajoz;  el  3.°  á  las  de  Jaén, 
Ciudad  Real,  Albacete, 'Valencia,  Alicante,  Murcia, 
Almería,  Granada.  Málaga  y  Canarias;  el  4.°  á  las 
ele  León,  Oviedo,  Santander,  Palencia,  Valladolid, 
Zamora,  Orense,  Pontevedra.  Lugo  y  Coruña;  el  5.° 
á  las  de  Zaragoza,  Huesca,  Teruel,  Castellón,  Soria, 
Logrpño,  Burgos,  Alava,  Vizcaya,  Guipúzcoa,  Na¬ 
varra  y  Baleares;  y  el  G.°  á  las  de  Madrid,  Guada- 
lajara,  Cuenca,  Toledo,  Cáceres,  Salamanca,  Avila 
y  Segovia.  No  se  incluyen  aquí  las  provincias  cata¬ 
lanas  porque  dependen  del  depósito  de  Hospitalet, 
antes  citado.  Están  dirigidos  por  coroneles,  ven  ellos, 
lo  mismo  que  en  los  establecimientos  de  remonta, 
practican  un  año  los  segundos  tenientes,  del  arma 
(1  por  regimiento),  haciendo  su  aprendizaje  de  los 
servicios  respectivos. 

Escolta  Real 

Fué  creada  por  Real  decreto  de  19  de  Abril  de 
187.)  y  constituye  actualmente  un  escuadrón  de  150 
•caballos,  que  está  encargado  de  la  escolta  v  servicio 


de  las  personas  reales  fuera  de  palacio.  Depende  de 
la  sección  de  caballería  en  lo  relativo  á  su  régimen 
administrativo  y  organización,  y  del  comandante  ge¬ 
neral  de  alabarderos  en  lo  concerniente  á  su  servi¬ 
cio.  Su  jefe  es  un  coronel  de  caballería  y  cuenta  con 
un  personal  escogido  de  oficiales  y  tropa.  Para  el 
ingreso  de  los  individuos  de  esta  última  se  requieren 
las  condiciones  siguientes:  pertenecer  ó  haber  perte¬ 
necido  al  arma  de  caballería,  haber  observado  inta¬ 
chable  conducta,  no  tener  más  de  treinta  años  de 
edad,  y  estatura  mínima  de  1‘704  m.  sin  defecto 
personal  alguno.  Los  oficiales  perciben  una  gratifi¬ 
cación  para  entretenimiento  de  vestuario  y  los  indi¬ 
viduos  de  tropa  un  haber  considerablemente  mavor 
que  en  los  regimientos  y  gozan  de  ciertas  ventajas  á 
que  les  da  derecho  su  reglamento.  Los  caballos  son 
también  escogidos  y  de  una  alzada  de  7  cuartas  y 
G  dedos. 

Escuela  Central  de  Tiro  de  Caballería 
Constituye  la  4.a  sección  del  organismo  del  mismo 
nombre  del  ejército.  Su  misión  es  fomentar,  perfeccio¬ 
nar  y  difundir  en  el  arma  los  conocimientos  referen¬ 
tes  á  la  dirección  y  efecto  de  los  fuegos  de  la  caballe¬ 
ría,  manteniéndolos  constantemente  á  la  altura  de 
los  progresos  de  las  ciencias  militares,  y  á  la  vez  uni¬ 
ficar  los  métodos  de  enseñanza  en  los  regimientos  de 
tan  importante  ramo  de  la  instrucción.  Para  ello 
organiza  cada  año  un  curso  complementario  de  seis 
meses,  al  que  se  destinan  los  segundos  tenientes 
promovidos  á  este  empleo  en  la  Academia  del  arma, 
después  de  llevar  por  lo  menos  seis  meses  de  servi¬ 
cio  en  filas,  y  uno  ó  más  cursos  especiales  de  dos  me¬ 
ses  para  los  capitanes  v  primeros  tenientes  del  arma. 
La  escuela  central  de  tiro  de  caballería  es,  á  la  vez 
que  centro  de  instrucción,  comisión  técnica  de  estu¬ 
dios  y  experiencias,  y  como  tal  está  encargada  dé 
determinarlas  condiciones  que  deben  reunir  los  mo¬ 
delos  de  armamento  y  municiones  de  la  caballería, 
ensayar  las  armas  portátiles  y  ametralladoras  que 
ésta  usa  en  el  extranjero  y  estudiar  y  proponer  las 
reglas  que  deben  seguirse  en  la  ejecución  de  sus 
fuegos,  métodos  de  enseñanza,  material  de  blancos, 
telémetros,  etc.,  para  la  práctica  y  ejecución  del 
tiro,  y  examinar  las  memorias  que  acerca  de  este 
punto  redactan  anualmente  las  secciones  del  arma, 
procurando  con  la  crítica  elevada  é  imparcial  de  ellas 
unificar  en  todos  los  regimientos  la  instrucción  del 
tiro  y  de  sus  aplicaciones  al  cohíbate. 

Establecimientos  de  remonta  \le  Caballería 
Tienen  por  objeto  adquirir  de  los  ganaderos  y  cria¬ 
dores  el  número  de  potros  necesario  para  cubrir  los 
servicios  propios  del  ganado  de  silla  del  ejército,  re¬ 
criándolos  en  dehesas  y  cortijbs,  cuya  explotación 
está  encomendada  al  personal  que  tiene  su  destino  en 
dichos  establecimientos.  Por  regla  general  los  potros 
se  adquieren  á  la  edad  de  dos  ó  tres  años,  siempre 
que  reúnan  ciertas  condiciones  de  sanidad,  alzada  v 
desarrollo,  y  siendo  preferidos  para  ellos  los  capones 
y  los  productos  de  sementales  del  Estado.  Para  más 
pormenores,  V.  Remonta. 

Hasta  fines  del  siglo  xvm  los  cuerpos  de  caba¬ 
llería  se  remontaban  directamente,  con  caballos  de 
compra,  ó  por  requisición,  teniendo  cada  regimiento 
su  remonta  particular  en  el  punto  que  consideraba 
más  á  propósito.  En  1828  todas  ellas  quedaron  re¬ 
ducidas  á  tres  establecimientos  generales,  situados 


38 


CABALLERIA 


en  Ubeda,  Baeza  y  Ecija.  que  andando  el  tiempo,  y 
uespués  de  mil  vicisitudes  que  sería  prolijo  referir, 
han  venido  á  convertirse  en  los  cuatro  estableci¬ 
mientos  actuales  localizados  en  Ubeda,  Córdoba, 
Ecija  y  Jaén.  Están  dirigidos  por  coroneles,  auxi¬ 
liados  por  el  personal  necesario  de  oficiales  v  tropa. 

Junta  facultativa  de  Caballería 
Creada  por  Real  decreto  de  12  de  Mayo  de  1910. 
Depende  del  estado  mayor  central  y  tiene  por  objeto 
informar  en  cuantos  asuntos  se  le  consulten  referen¬ 
tes  á  los  servicios  propios  del  arma,  proponiendo  asi¬ 
mismo  las  innovaciones  que  considere  convenientes, 
dentro  de  la  especialidad  de  aquéllos.  Su  presidente 
es  el  general  jefe  de  la  sección  de  caballería  del  mi¬ 
nisterio  de  la  Guerra,  y  los  vocales  son  los  coroneles 
que  tienen  su  destino  en  estado  mayor  central,  es¬ 
cuela  central  de  tiro  (4.a  sección),  escuela  de  Equi¬ 
tación  y  el  inás  antiguo  de  los  que  mandan  regimien¬ 
to  en  Madrid. 

Museo  de  Caballería 

Ha  sido  creado  por  Real  decreto  de  l.°  de  Mar¬ 
zo  de  1899  para  que  en  él  se  reúnan  y  conserven 
los  documentos,  armas  y  objetos  que”  perpetúen 
glorias  y  recuerdos  del  arma,  estableciéndose  provi¬ 
sionalmente  en  la  Academia  de  Valladolid.  En  1904 
se  ha  trasladado  al  palacio  de  Bellas  Artes  en  Ma¬ 
drid,  instalándose  en  los  locales  cedidos  á  este  fin 
por  el  ministerio  de  Instrucción  pública.  A  pesar 
del  corto  tiempo  transcurrido  desde  su  fundación 
contiene  valiosos  trofeos,  recuerdos  históricos  y  ob¬ 
jetos  de  no  escaso  mérito  procedentes  algunos  de 
donativos,  como  el  muy  valioso  hecho  recientemente 
por  el  marqués  de  Puerto-Seguro,  que  comprende 
un  gran  número  de  sables  y  espadas  de  combate, 
modelos  de  los  que  usan  en  todos  los  países  los  dis¬ 
tintos  institutos  de  la  caballería. 

Sección  de  Caballería 

Una  de  las  ocho  secciones  en  que  está  dividido 
para  su  régimen  el  ministerio  de  la  Guerra.  Tiene 
á  su  cargo  el  despacho  de  los  asuntos  del  personal 
del  arma  (escalas  activa  y  de  reserva)  y  del  cuerpo 
de  equitación  militar,  ocupándose  también  en  la 
tramitación  de  los  asuntos  de  la  dirección  general 
de  cría  caballar  y  remonta,  en  lo  que  se  refiere  al 
ganado  de  silla.  Su  jefe  es  un  general  de  brigada 
procedente  del  arma. 

Yeguada  militar 

Se  creó  en  1893  para  ensayar  la  cría  de  potros  v 
los  cruzamientos  de  las  yeguas  con  sementales  de 
determinadas  razas  y  tipos,  con  el  fin  de  mejorar 
las  condiciones  de  los  caballos  de  silla  del  ejército 
y  crear  además  variedades  propias  para  carreras  v 
tiro  ligero  y  pesado.  Instalada  provisionalmente  en 
la  dehesa  de  Moratalla,  como  una  dependencia  de  la 
remonta  de  Córdoba,  ha  dado  tan  excelentes  resul¬ 
tados  que  recientemente  se  ha  convertido  en  un  es¬ 
tablecimiento  independiente,  dirigido  por  un  tenien¬ 
te  coronel. 

Caballería,  f.  Bot.  {Caballería  R.  y  P.)  Género 
de  plantas  de  la  familia  de  las  mirsináceas.  cuyas 
especies  se  confunden  actualmente  con  las  del  gé¬ 
nero  Myrsine  L. 

Caballería.  Hist.  Origen  y  desarrollo  de  la  insti¬ 
tución.  «La  caballería,  como  dice  Cantú,  es  el  inci¬ 


dente  más  notable  que  ofrece  la  historia  de  Europa, 
en  el  período  comprendido  entre  el  establecimiento 
del  cristianismo  y  la  Revolución  francesa.  Mezcla 
de  sentimientos,  usos  é  instituciones,  difícil  de  de¬ 
finir  y  de  conocer,  como  no  sea  por  sus  efectos,  la 
caballería  aparece  como  una  exaltación  de  generosi¬ 
dad  que  llevaba  á  respetar  y  proteger  al  débil,  cual¬ 
quiera  que  éste  fuese;  á  mostrarse  liberal  hasta  la 
prodigalidad,  á  venerar  á  la  mujer,  convertida  en 
objeto  de  un  amor  noble,  que  elevaba  las  facultades 
morales,  dirigiéndolas  al  bien;  todo  esto  impregnado 
con  un  tinte  particular  de  una  especie  de  carácter 
religioso  que  dominaba  las  acciones,  consagraba  las 
hazañas  y  depurabq  el  objeto  de  ellas.»  El  desarro- 
11o  de  la  caballería  ofrece  un  paralelismo  tan  nota¬ 
ble  con  el  del  feudalismo,  y  ambas  instituciones- 
tienen  tantos  puntos  comunes,  que  alg'unos  escrito¬ 
res  han  llegado  á  suponer  que  las  dos  no  eran  en. 
realidad  más  que  una  sola.  Los  orígenes  de  la  eaba- 
lería  se  hallan  envueltos  en  la  fábula,  que  atribuye- 
su  creación  al  rey  Artur  ó  Artús  de  Bretaña,  funda¬ 
dor  de  la  Tabla  Redonda,  y  á  Carlomagno,  con  sus¬ 
legendarios  doce  pares  ó  paladines .  Pero  la  crítica- 
moderna  rechaza  estas  invenciones,  nacidas  proba¬ 
blemente  cuando  ya  aquélla  florecía  en  toda  Euro¬ 
pa,  y  que  no  tuvieron  otro  fin  que  el  de  ennoblecer 
su  origen,  v  al  investigar  este  punto  se  remonta 
hasta  los  tiempos  de  los  germanos,  y  recuerda  las 
costumbres  de  este  pueblo,  tau  bien  descritas  por 
Tácito:  su  espíritu  belicoso,  tan  arraigado  que  cuan¬ 
do  una  tribu  vivía  en  paz,  para  que  los  jóvenes  no- 
estuvieran  ociosos  los  enviaba  lejos  en  busca  de- 
aventuras  guerreras;  su  ambición  de  gloria,  sólo  sa¬ 
tisfecha  con  la  perspectiva  de  ingresar  en  el  Wal- 
halla,  terrible  paraíso  que  Thor  ofrecía  como  pre¬ 
mio  á  los  valientes,  y  en  el  cual  éstos  debían  pasar 
toda  la  eternidad  combatiendo  hasta -hacerse  pedazos,, 
y  resucitando  para  volver  á  combatir;  sus  senti¬ 
mientos  religiosos,  rayanos  en  la  superstición  y  su- 
respeto  á  la  mujer,  que  era  un  verdadero  culto:  todo- 
indica  que  existía  ya  en  el  corazón  de  aquel  pueblo 
el  gérmen  de  los  sentimientos  que,  madurados  más- 
tarde  al  calor  de  la  civilización  romana  y  bajo  la> 
influencia  fecunda  del  cristianismo,  debían  dar  lu¬ 
gar  al  nacimiento  de  la  caballería.  Muchos  de  Ios- 
usos  que  ésta  estableció  existían  también  entre  los 
germanos  desde  la  más  remota  antigüedad.  Así,  por¬ 
ejemplo,  refiere  Tácito  que  cuando  el  joven  germano- 
llegaba  á  la  edad  en  que  podía  ya  empuñar  las 
armas,  reuníanse  los  guerreros  de  la  tribu  en  asam¬ 
blea,  y  si  después  de  un  examen  riguroso  le  consi¬ 
deraban  digno  de  tal  honor,  sus  más  próximos  pa¬ 
rientes,  ó  el  mismo  príncipe,  le  entregaban  solem¬ 
nemente  la  lanza  y  el  escudo.  Esta  costumbre,  que- 
equivale  á  la  ceremonia  de  la  iniciación,  se  perpetuó- 
hasta  mucho  tiempo  después  de  la  caída  del  imperio 
romano,  y  subsistía  aún  en  tiempo  de  Carlomagno, 
quien  consta  que  otorgó  al  gobernador  de  los  friso- 
nes  el  privilegio  de  elevar  á  la  categoría  de  guerre¬ 
ro  [miles)  á  las  personas  que  fueran  de  su  agrado, 
dándoles  la  acolada,  con  arreglo  á  la  costumbre,  v 
él  mismo  ciñó  solemnemente  la  espada  á  su  hijo 
Luis  (791)  al  cumplir  éste  los  trece  años,  como  éste 
lo  hizo  á  su  vez  (838)  con  su  hijo  y  sucesor  Carlos 
el  Calvo.  Ennodio  nos  habla  va  de  torneos  en  el  si¬ 


glo  vi.  y  la  historia  consigna  que  Luis  el  Germánico 
y  Carlos  el  Calvo  celebraron  juegos  militares  des¬ 
pués  de  su  victoria  de  Fontenav.  Una  de  las  causas 


CABALLERIA 


39 


que  más  contribuyeron  al  desarrollo  de  la  caballería, 
como  al  del  feudalismo,  fué  el  cambio  radical  que 
sufrió  la  organización  militar  entre  los  pueblos  ger¬ 
mánicos  hacia  el  siglo  yin.  Hasta  entonces  el  ele¬ 
mento  principal  de  los  ejércitos  había  sido  la  infan¬ 
tería.  estando  todos  los  hombres  libres  sujetos  al 
servicio  militar;  pero  á  partir  de  aquella  época  la 
caballería  adquirió  una  preponderancia  absoluta, 
que  logró  conservar  hasta  los  comienzos  de  la  Edad 
Moderna.  Y  como  para  combatirá  caballo  se  reque¬ 
ría  una  instrucción  mucho  más  completa  que  para 
pelear  á  pie  y  una  práctica  constante  en  el  manejo 
de  las  armas,  y  como  por  otra  parte  la  índole  del 
servicio  y  el  sostenimiento  del  caballo  imponían  dis¬ 
pendios  que  sólo  podían  sufragar  los  que  poseían 
algún  patrimonio  ó  feudo,  fué  sucesivamente  redu¬ 
ciéndose  el  número  de  los  varones  que  estaban  en 
condiciones  de  poder  tomar  las  armas,  llegando  á 
ser  esto  como  un  privilegio  reservado  á  los  escogi¬ 
dos.  Así  surgió  la  caballería,  extendiéndose  rápida¬ 
mente  por  toda  Europa,  y  aun  por  fuera  de  ella.  El 
desarrollo  del  feudalismo  durante  el  siglo  xi  contri¬ 
buyó  á  robustecer  la  naciente  institución,  y  del 
mismo  modo  que  los  feudos  se  transmitieron  por  he¬ 
rencia.  de  padres  á  hijos,  transmitióse  también  la 
calidad  de  caballero,  y  ésta  tué  creciendo  en  digni¬ 
dad  é  importancia  á  medida  que  se  iba  restringien¬ 
do  el  número  de  hombres  libres  que  Dodían  aspirar 
á  ella.  Entonces  fué  cuando  se  introdujeron  fórmu¬ 
las  y  ritos  solemnes  para  el  ingreso  de  los  preten¬ 
dientes  en  la  caballería  y  se  crearon  grados  v  je¬ 
rarquías  dentro  de  ella,  se  adoptó  el  uso  del  blasón 
y,  en  una  palabra,  se  completó  la  organización  de 
aquélla.  También  influyeron  de  un  modo  decisivo 
en  su  desarrollo  las  Cruzadas,  pues  constituyendo 
la  caballería  feudal  el  núcleo  de  los  ejércitos  que  á 
ellas  concurrieron,  al  mezclarse  allí  los  caballeros 
procedentes  de  los  países  latinos  y  germánicos, 
adoptaron  todos  y  difundieron  después  por  toda 
Europa  los  usos  establecidos  en  la  Champaña  y  en 
los  Países  Bajos  meridionales,  en  donde  aquella 
institución  había  alcanzado  ya  su  mavor  floreci¬ 
miento.  Además  adquirió  entonces  ésta  un  matiz 
religioso  y  de  elevado  idealismo,  añadiéndose  á  la 
obligación  que  tenía  el  caballero  de  ser  fiel  á  su 
señor,  defenderle  contra  sus  enemigos  y  proteger  al 
débil  contra  la  tiranía  del  más  fuerte,  la  de  defender 
la  cristiandad,  proteger  á  la  Iglesia  y  combatirá  los 
infieles.  Por  regla  general,  para  calzar  la  espuela 
dorada,  símbolo  de  la  caballería,  era  necesario  ser 
noble  y  descender  de  linaje  de  caballeros:  pero  no 
se  debe  creer  por  eso  que  aquélla  constituyese  nun¬ 
ca  una  casta  enteramente  cerrada,  pues  como  todo 
caballero  gozaba  de  la  prerrogativa  de  crear  otros 
nuevos,  fué  bastante  fácil  en  algunos  países  el  trán¬ 
sito  del  estado  llano  á  la  caballería,  y  hasta  en  la 
misma  Francia,  cuyos  reyes  prohibieron  en  el  si¬ 
glo  xm  á  sus  vasallos  conferir  aquella  dignidad  á 
quien  no  fuese  noble,  fueron  muchos  los  villanos 
que  llegaron  á  alcanzarla,  y  los  mismos  reves  la 
otorgaron  á  quien  tuvieron  por  conveniente,  sin  re¬ 
parar  en  su  origen,  aunque  favoreciendo  con  ella 
principalmente  á  jurisconsultos  y  letrados  (chevaliers 
es  lote).  En  cuanto  á  los  nobles  era  costumbre  que 
fuesen  todos  caballeros;  pero  esta  costumbre  secón- 
virtió  en  ley  en  Francia  durante  el  siglo  xm,  en 
cuyo  tiempo  las  ordenanzas  reales  les  impusieron 
esta  obligación,  castigando  con  fuertes  multas  á  los 


que  no  hubieran  cumplido  este  requisito  al  llegar  á 
los  veinticuatro  años. 

Organización  de  la  caballería 
La  educación  del  futuro  caballero  comenzaba  des¬ 
de  la  más  tierna  infancia.  Apenas  llegado  á  la  edad 
de  siete  años  se  le  mandaba  al  castillo  de  algún 
poderoso  barón,  que  solía  ser  el  señor  feudal  de  su 
padre,  para  que  recibiese  á  su  lado  la  instrucción 
correspondiente  á  su  clase,  desempeñando  al  mis¬ 
mo  tiempo  las  funciones  de  doncel  ( domicellus )  ó 
paje  ( vassaletus ),  que  aunque  implicaban  cierta  ser¬ 
vidumbre.  pues  debía  acompañar  constantemente  á 
sus  señores,  escanciarles  el  vino  en  las  comidas  v 
prestarles  otra  multitud  de  servicios  domésticos,  se 
consideraban  ennoblecidas  por  la  elevada  alcurnia 
de  aquellos  á  quienes  se  tributaban.  A  los  catorce 
años  el  doncel  pasaba  á  la  categoría  de  escudero  (ar- 
miger),  recibiendo  solamente  una  espada  y  calzando 
la  espuela  de  plata.  En  este  nuevo  estado  se  agre¬ 
gaba  al  servicio  personal  de  algún  caballero,  á 
quien  debía  acompañar  desde  entonces  en  sus  via¬ 
jes,  en  la  caza  y  en  todas  las  funciones  marciales. 
El  escudero  cuidaba  de  los  caballos  y  de  las  armas 
de  su  señor,  le  trinchaba  los  manjares,  le  tenía  el 
estribo  para  cabalgar  y  le  ayudaba  á  vestir  la  arma¬ 
dura  para  el  combate  ó  para  el  torneo.  Siempre 
detrás  de  él  y  dispuesto  á  socorrerle,  le  levantaba 
del  suelo  y  le  daba  un  caballo  de  respeto  si  caía 
derribado  en  algún  encuentro,  ó  lo  retiraba  de  la 
liza  si  estaba  herido.  Los  prisioneros  estaban  bajo 
su  custodia  v  en  las  marchas  llevaba  del  diestro  el 
caballo  de  batalla  de  su  señor.  De  él  anrendía  en 


(Museo  Nacional,  Florencia) 

cambio  el  manejo  de  las  armas  y  los  usos  de  la  ca¬ 
ballería,  tomándole  por  modelo  de  sus  acciones,  é 
imitando  su  intrepidez,  generosidad  y  cortesía,  y 
á  su  lado  se  adiestraba  en  toda  clase *de  ejercicios 
físicos,  propios  para  desarrollar  sus  fuerzas  ó  adqui¬ 
rir  agilidad  y  soltura,  como  les  juegos  de  sortija 


CABALLERÍA 


40 

y  de  la  barra,  correr  cubierto  con  una  pesada  co¬ 
raza;  derribar  las  empalizadas  y  pelear  con  el  pilar, 
maniquí  representando  un  caballero  armado;  escalar 
una  fortaleza  ó  dirigir  la  tropa  que  en  simulacro  de 
combate  defendía  ó  atacaba  una  posición.  A  estos 
ejercicios  se  unía  la  elección  de  la  dama  á  quien 


había  de  dedicar  sus  proezas,  y  á  la  que  había  de 
adorar  de  por  vida  (en  ocasiones  sin  conocerla)  v  sin 
que  le  fuera  concedido  cambiar  de  amor,  cosa  no  per¬ 
mitida  á  los  caballeros.  El  escudero  podía  usar  las 
mismas  armas  ofensivas  que  los  caballeros  y  vestir 
la  misma  armadura,  pero  sin  casco,  ni  cuja  para  la 
lanza,  y  llevando  en  vez  de  botas  unos  botines  de 
becerro  con  espuelas  de  plata,  para  distinguirse 
de  aquéllos.  Hecho  su  aprendizaje  y  habiendo  cum¬ 
plido  fielmente  sus  deberes,  el  escudero  alcanzaba  la 
dignidad  de  caballero  generalmente  al  cumplir  los 
veintiún  años.  La  ceremonia  de  armarse  caballero 
fué  muy  sencilla  hasta  mediar  el  siglo  xn,  consis¬ 
tiendo  esencialmente  en  la  entrega  de  las  armas  al 
neófito  por  un  caballero,  que  solía  ser  un  poderoso 
barón,  su  señor  feudal  y  á  veces  el  mismo  rey.  La 
escena  tenía  lugar  por  lo  común  en  la  parte  exterior 
del  castillo  de  aquél  y  en  presencia  de  la  multitud. 
El  padrino  ó  padrinos,  pues  á  veces  eran  más  de 
uno,  vestían  al  aspirante  la  armadura  y  el  yelmo,  le 
ceñían  la  espada,  le  calzaban  las  espuelas  doradas 
y  uno  de  ellos  le  daba  la  pescozada,  es  decir,  un 
golpe  con  la  palma  de  la  mano  en  el  pescuezo,  ó  á 
veces  un  bofetón  en  la  mejilla.  Más  tarde  la  pesco¬ 
zada  se  substituyó  por  el  espaldarazo  ó  acolada,  que 
consistía  en  uno  ó  varios  golpes  dados  de  plano  con 
la  espada  en  la  espalda  del  neófito,  ó  bien  uno  en  el 
pescuezo  y  otro  en  cada  hombro.  En  uno  y  otro 
caso  el  significado  simbólico  de  la  ceremonia  era  el 
mismo,  siendo  la  opinión  más  admitida  que  repre¬ 
sentaba  la  últimannjuria  que  podía  recibir  el  caba¬ 
llero  sin  tomar  venganza  de  ella.  Hecho  esto  se  le 
dirigían  breves  palabras,  á  veces  reducidas  á  la  sola 
exhortación  de  que  fuese  esforzado  y  leal,  y  en  se¬ 
guida  el  novel  caballero  saltaba  sobre  su  corcel,  sin 
tomar  los  estribos,  galopaba  un  momento,  entre  las 
aclamaciones  de  la  muchedumbre,  y  daba  unos  cuan¬ 
tos  golpes  con  sus  armas  contra  un  maniquí,  cubier¬ 
to  á  veces  con  una  armadura  ó  con  un  yelmo.  Este 
sencillo  ceremonial  se  complicó  mucho  andando  el 
tiempo,  cuando  el  ideal  religioso  exaltado  por  las 


Cruzadas  se  fundió  con  el  ideal  caballeresco.  La  ca¬ 
ballería  se  convirtió  entonces  en  una  especie  de  sa¬ 
cerdocio  y  la  iniciación  del  caballero  pasó  casi  á  la 
categoría  de  un  sacramento.  El  aspirante  se  prepa¬ 
raba  para  recibirlo  con  ayunos  y  oraciones,  hacía  pe¬ 
nitencia,  confesaba  y  comulgaba  y  á  veces  se  lavaba 
todo  el  cuerpo,  vistiéndose  de  blan¬ 
co.  como  símbolo  de  la  pureza  “que 
había  adquirido.  En  tanto,  los  pa¬ 
drinos  y  el  que  había  de  armarle  ca¬ 
ballero  comían  alegremente,  ponien¬ 
do  en  mesa  aparte  al  neófito,  pero' 
con  la  prohibición  de  comer,  hablar 
y  reirse.  Luego  se  ponía  éste  un 
manto  rojo  para  mostrar  su  propó¬ 
sito  firme  de  derramar  su  sangre  por 
la  religión  y  se  le  cortaba  la  cabe¬ 
llera  en  señal  de  servidumbre;  des¬ 
pués  pasaba  toda  la  noche  velando 
sus  armas.  Al  día  siguiente  entra¬ 
ba  en  la  iglesia,  acompañado  de  sus 
padrinos,  con  la  espada  colgada  del 
cuello,  y  presentándola  al  sacerdo¬ 
te,  era  bendecida  por  éste:  se  arro¬ 
dillaba  después  delante  del  que  de¬ 
bía  armarle  caballero,  y  éste  le  di¬ 
rigía  algunas  preguntas,  á  las  que 
contestaba  jurando  derramar  su  sangre  en  defen¬ 
sa  del  rey,  de  la  religión  v  de  la  patria,  de  las 
mujeres,  de  los  huérfanos  y  *de  los  oprimidos,  obe¬ 
decer  á  sus  superiores,  ser  como  un  hermano  para 
sus  iguales  y  cortés  con  todo  el  mundo,  no  aceptar 
pensión  de  príncipe  extranjero,  no  faltar  jamás  á  su 
palabra  y  no  manchar  sus  labios  con  la  mentira  ó  la 
calumnia.  En  seguida  sus  padrinos  y  las  damas  allí 
presentes  le  vestían  la  armadura,  le  calzaban  las  es¬ 
puelas  doradas  y  le  ceñían  la  espada.  Cuando  estaba 
compuesto  ( adoubement  era  el  nombre  propio  de  esta 
ceremonia  en  la  caballería  francesa),  se  levantaba  el 
señor  de  su  silla  y  le  daba  un  espaldarazo,  dicién- 
dole:  En  el  nombre  de  Dios,  de  San  Miguel  y  de  San 
Jorge  (ern  España  se  decía  también  de  Santiago )  te 
hago  caballero ;  se  denodado,  valeroso  y  leal.  Después 
tomaba  el  caballero  su  lanza  v  su  escudo,  saltaba 
á  caballo  y  blandía  sus  armas  en  la  iglesia  y  á  las 
puertas  del  castillo,  terminando  la  fiesta  con  un  ban¬ 
quete,  un  torneo  ú  otras  diversiones,  en  las  que  to¬ 
maba  parte  el  pueblo,  que  contribuía  con  su  dinero 
y  con  su  presencia  al  esplendor  de  aquélla.  No  siem¬ 
pre  era  posible  un  ceremonial  tan  complicado:  á 
veces  se  confería  la  preciada  dignidad  sobre  el  cam¬ 
po  de  batalla  como  premio  al  valor  demostrado  en 
el  combate,  y  entonces  se  reducía  á  ceñir  al  ao-ra- 
ciado  la  espada,  ó  presentársela  por  la  guarnición, 
sin  más  formalidades  que  la  prestación  del  juramento 
y  la  acolada;  á  veces  también  se  otorgaba  á  un  di¬ 
funto.  en  cuyo  caso  se  llevaban  delante  del  ataúd  la 
bandera,  la  espada  y  la  armadura.  La  facultad  de 
conferir  la  caballería  era  exclusiva  de  los  caballeros, 
quienes  podían  transmitirla,  cualquiera  que  fuese  su 
categoría  social,  hasta  á  los  príncipes  y  á  los  mismos 
reyes  (Francisco  I  de  Francia  fué  armado  por  Ba- 
yardo);  y  mediante  este  acto,  el  que  confería  la  dig¬ 
nidad  y  el  que  la  recibía  quedaban  ligados  por  una 
especie  de  parentesco  espiritual  que  les  vedaba  hacer 
armas  uno  contra  otro.  Es  dudoso,  no  obstante,  que 
el  privilegio  de  conferir  un  caballero  tal  dignidad 
á  otro  fuese  general  en  los  primeros  tiempos  de  la 


Caba 


49.  Madrid  (cazadores),  1815.  —  50.  Iberia  (húsares!,  1815.  —  51.  Pavía  (ligeros),  1818.  —  52.  Algarbe  (de  línea), 

(de  línea),  1824.  —  57.  Granadero  de  la  Guardia  real,  1824.  —  58.  Coracero  de  la  Guardia  real,  1824.  59. 

62.  Uniforme  de  gala,  1824.  —  63.  Trompeta  de  húsares,  1833.  —  Gl.  Princesa  (húsares),  1833.  —  65.  Caballo  ligero 
1835.  —  68.  Albuera  (ligero),  1835.  -  69.  Castilla  (lancero),  1841.  —  70.  Cataluña  (cazador),  1841.  —  71. 

75.  Bailén  (cazadores),  1844. —  76.  María  Cristina  (cazadores),  1844.  —  77.  Rey  (coraceros),  1844.  —  78.  Montesa 
bineros,  1817.-83.  Cazador,  1847.  — 84.  Batidor,  1847.  —  85.  Bailén  (cazadores),  1850.-  86.  Almansa  (lanceros), 
1856.  — 92.  Cazadores,  1856.  -93.  Lanceros,  1856.—  94.  Coracero.  1859.  —  95.  Cazador,  1859.  —  96.  Húsares  (Pavía), 


ría,  II 


3.  Principe  (de  linea),  1821.  —  54.  Voluntarios  de  España  (ligeros),  1821.  —  55.  Santiago  (ligero),  1824.  —  56.  Príncipe 
►  i  Guardia  real,  1824.  —  60.  Lancero  de  la  Guardia  real,  1824.  —  61.  Guardia  de  corps.  Pequeño  uniforme  1824.  - 
is  de  la  persona  del  rey),  1834.  —  66.  Granadero  á  caballo  (guardias  de  la  persona  del  rey),  1834.  -  67.  Reina  (de  línea) 
de  linea),  1843.  -  72.  Trompeta  (de  línea),  1843.  -  73.  Batidor  (de  línea;,  1843  -  74.  León  VII  (de  línea),  1813  - 
'  ’  Calatrava  (batidor),  1844.  —  80.  Calatrava  (lancero),  1844.  —  81.  Príncipe  (lanceros),  1847.  —  82  Cara- 

7.  Principe  (lanceros),  1850.  -  88  Lancero,  1851.  -  89  Cazador,  1851.  -  90  Carabinero,  1851.  -  91.  Carabineros 
i  97.  Húsares  (Calatrava),  1859.  —  98.  Milicias  disciplinadas  (Cuba),  1861.  —  99.  Rurales  de  Fernando  VII  (Cuba),  1861* 


CABALLERIA 


41 


-caballería,  pues  aunque  tal  hecho  parece  deducirse 
de  los  relatos  de  las  novelas  caballerescas,  la  rigu¬ 
rosa  crítica  histórica,  como  dice  sir  Harris  Nicolás, 
demuestra  que  en  la  práctica  únicamente  armaban 
caballeros  los  reyes,  príncipes  ú  otros  poderosos 
magnates.  En  Inglaterra  existieron  unos  estatutos, 
■en  vigor  desde  Enrique  III,  que  clasificaban  los  in¬ 
dividuos  que  podían  ser  armados  por  el  rey  ó  por  los 
sherifs;  en  documentos  de  los  siglos  xi  y  xn  consta 
que  en  tales  épocas  los  obispos  y  abades  podían 
armar  caballeros,  y  en  todo  tiempo  los  jefes  ó  gene¬ 
rales  de  los  ejércitos  reales  disfrutaron  igual  privi¬ 
legio.  Ejemplos  de  esto  sé  encuentran  en  el  reinado 
de  Isabei  de  Inglaterra,  pues  en  él  armaron  caballe¬ 
ros  sir  Enrique  Sidnev  en  1583  y  el  conde  de  Essex 
•en  1505.  También,  además  de  Francisco  I,  fueron 
armados  caballeros  muchos  reyes,  después  de  subir 
al  trono,  por  sus  propios  súbditos:  Eduardo  III  de 
Inglaterra  por  el  conde  de  Lancaster;  Eduardo  VI 
por  Somerset,  y  Luis  IX  de  Francia  por  Felipe,  du¬ 
que  de  Borgoña.  En  ciertos  casos  los  reyes  confe¬ 
rían  á  ciertos  magnates  ó  altos  funcionarios  el  privi¬ 
legio  de  armar  caballeros,  y  el  duque  de  Somerset 
•lo  había  recibido  de  Eduardo  VI,  á  quien  después  él 
hizo  caballero.  Isabel  de  Inglaterra  dio  tal  autoriza¬ 
ción  á  sus  generales  para  que  armasen  caballero  al 
que  juzgasen  digno  de  tal  dignidad,  é  igual  distin¬ 
ción  alcanzó  de  Jacobo  II  en  168G  el  duque  de  Al- 
bemarle  al  ser  nombrado  gobernador  de  Jamaica. 

Las  prerrogativas  de  que  gozaron  los  caballeros 
fueron  muchas:  además  de  la  que  antes  se  mencio¬ 
na,  que  era  de  las  más  apreciadas,  estaban  exentos 
de  toda  clase  de  impuestos  v  gabelas;  sus  armas 
y  caballos  no  podían  serles  embargados  por  deudas; 
si  un  caballero  quedaba  prisionero  no  se  le  encerraba 
nunca  bajo  llave;  su  palabra  de  honor  bastaba  para 
•que  se  le  dejase  en  libertad,  bajo  promesa  de  entre¬ 
gar  su  rescate;  sólo  ellos  podían  sentarse  á  la  mesa 
•del  rey,  distinción  á  que  no  eran  acreedores  ni  aun 
•los  príncipes  de  sangre  real  mientras  no  alcanzaban 
•esta  dignidad;  recibían  los  tratamientos  de  don,  se¬ 
ñor  ó  monseñor ,  y  sus  mujeres  el  de  señora ,  y  sólo 
á  ellos  estaba  permitido  justar  con  otros  caballeros, 
•cualesquiera  que  fuesen  su  condición  y  riqueza,  pues 
-esta  dignidad  establecía  entre  los  que  la  poseían  una 
igualdad  que  borraba  toda  diferencia,  hija  del  naci¬ 
miento  ó  de  la  fortuna,  lo  que  se  expresaba  diciendo 
que  todos  los  caballeros  eran  pares.  Cierto  es  que 
■entre  ellos  existieron  diversas  catéógorías,  tales  como 
•la  de  bachiller  ó  noble  doncel,  que  servía  bajo  la  ban- 
•dera  de  otro  señor,  y  la  de  mesnadero ,  señor  rico 
y  poderoso  que  podía  levantar  y  sostener  50  hom¬ 
bres  de  armas  cuando  el  rev  llamaba  á  la  guerra, 
mientras  que  al  bachiller  le  seguían  sólo  algunos  va¬ 
sallos  llamados  clientes.  El  bachiller  llevaba  pen¬ 
sión  ó  estandarte  cortado  en  puntas  ó  banderolas,  y 
•el  mesnadero  una  bandera  cuadrada  en  la  punta  de 
la  lanza.  Pero  estas  diferencias  lueron  puramente 
feudales  y  no  afectaban  á  la  calidad  de  aquéllos; 
•dentro  de  la  institución  lo  único  que  daba  a  algunos 
•cierta  superioridad  sobre  los  demás  era  la  fama  de 
«us  proezas  ó  de  sus  virtudes.  Si  grandes  eran  los 
privilegios  y  la  consideración  de  que  gozaba  el  ca¬ 
ballero  en  todas  partes,  también  era  terrible  el  cas¬ 
tigo  que  le  alcanzaba  al  faltar  á  sus  deberes,  come¬ 
tiendo  delito  de  lesa  majestad,  cobardía,  traición, 
herejía,  incesto,  etc.  Puesto  sobre  un  tablado  ó  sobre 
<in  carro,  veía  hacer  pedazos  sú  armadura,  borrar  el 


blasón  de  su  escudo  y  arrastrar  éste  por  el  suelo, 
atado  á  la  cola  de  un  caballo.  Se  le  quitaban  las 
espuelas,  los  heraldos  pregonaban  su  nombre  con 
los  calificativos  de  traidor,  villano  y  desleal,  y  hasta 
los  sacerdotes  fulminaban  contra  él  las  más  tremen¬ 
das  imprecaciones.  Para  borrar  el  carácter  sagrado 
que  se  le  había  conferido  en  el  acto  de  la  investidu¬ 
ra,  se  le  echaba  agua  caliente  por  la  cabeza,  y  ten¬ 
diéndole  después  sobre  un  zarzo  y  cubierto  con  un 
paño  mortuorio,  se  le  llevaba  á  la  iglesia,  donde  se 
le  rezaban  las  preces  de  los  difuntos.  En  ocasiones, 
á  la  degradación  seguía  la  muerte,  y  siempre  los 
descendientes  del  degradado  quedaban  incapacitados 
para  ser  caballeros  y  para  presentarse  en  la  corte 
ó  servir  en  la  hueste,  so  pena  de  ser  arrojados  de 
ellas  y  azotados  ignominiosamente. 

Aventuras  caballerescas 

El  caballero  novel,  criado  en  una  atmósfera  de 
admiración  hacia  las  acciones  brillantes  de  sus  ante¬ 
pasados,  se  consideraba  obligado  á  ilustrar  su  nom¬ 
bre,  realizando  heroicas  proezas  que  lo  hicieran  fa¬ 
moso  hasta  en  las  más  lejanas  tierras,  y  digno  de 
pasar  á  la  posteridad  con  la  aureola  de  la  gloria. 
Sus  armas  eran  blancas,  y  en  su  escudo  no  había 
todavía  empresa  ni  divisa.  Resuelto,  pues,  á  ga¬ 
narlas  con  su  esfuerzo,  si  no  era  llamado  por  su 
señor  para  marchar  á  la  guerra,  salía  de  la  casa  pa¬ 
terna  para  correr  el  mundo  en  busca  de  aventuras 
que  le  permitieran  probar  la  intrepidez  de  su  alma 
y  la  fuerza  de  su  brazo.  Otros,  mal  avenidos  con 
la  ociosidad  á  que  la  paz  de  su  nación,  les  conde¬ 
naba,  ó  deseosos  de  mejorar  el  estado  de  su  for¬ 
tuna,  abandonaban  también  su  hogar,  y  entraban  al 
servicio  de  algún  príncipe  extranjero,  famoso  por  su 
valor  ó  por  su  esplendidez.  Muchos  venían  á  Espa¬ 
ña,  en  donde  la  Reconquista  les  brindaba  ocasión 
de  pelear  con  los  infieles;  otros  vagaban  por  los  ca¬ 
minos,  siendo  un  verdadero  peligro  para  los  cami¬ 
nantes,  ó  acudían  á  las  ciudades  en  las  que  se  cele¬ 
braban  justas  y  torneos,  para  lucir  su  fuerza  y  su 
destreza.  Si  por  acaso  lograba  enderezar  algún  en¬ 
tuerto  ó  vencer  en  singular  combate  á  algún  renom¬ 
brado  paladín,  cuyas  armas  y  caballo  le  pertenecían 
desde  aquel  momento,  ó  podía  llevar  á  feliz  término 
alguna  empresa  peligrosa,  de  las  que  dan  fama  y 
honor  ó  riqueza,  las  aspiraciones  del  caballero  se 
veían  al  punto  satisfechas  y  podía  volver  á  su  viejo 
castillo  á  gozar  del  merécido  descanso.  No  se  conce¬ 
bía  el  caballero  sin  una  dama  á  quien  tributar  ideal 
y  fervorosa  adoración.  Este  amor,  puramente  plató¬ 
nico  á  menudo,  porque  la  desigualdad  de  clase  ú 
otras  circunstancias  lo  hacían  á  veces  imposible,  le 
impulsaba  también  á  llevar  á  cabo  las  más  arriesga¬ 
das  aventuras  para  enaltecer  el  nombre  de  su  dama 
y  alcanzar  por  este  medio  su  amor  ó  merecer  siquie¬ 
ra  su  afecto.  Muchas  veces  esta  abnegación  era  in¬ 
útil,  por  ignorar  aquélla  el  culto  respetuoso  de  que 
era  objeto.  Pero  aparte  de  esta  devoción,  que  llena¬ 
ba  toda  su  vida,  porque  las  leves  de  la  caballería 
exigían  que  este  amor  fuese  único,  imponiendo  al 
caballero  como  obligación  la  fidelidad  y  constancia 
inquebrantables,  era  deber  de  honor  para  él  no  em¬ 
plear  jamás  la  violencia  con  mujer  alguna,  aunque  la 
hubiera  ganado  por  las  armas.  Este  delicado  proce¬ 
der.  verdadero  homenaje  rendido  por  aquél  á  la  de¬ 
bilidad  y  á  la  hermosura,  contrastaba  con  las  cos¬ 
tumbres  bárbaras  de  la  época  y  contribuía  induda— 


42 


CABALLERIA 


blemente  á  suavizarlas  por  la  eficacia  del  ejemplo. 
El  caballero  era  bien  acogido  en  todas  partes:  la 
humilde  choza,  lo  mismo  que  la  rica  abadía  ó  la  so¬ 
litaria  ermita,  le  abrían  sus  puertas  para  ofrecerle 
franca  hospitalidad;  el  castillo  señorial  bajaba  su 
puente  para  recibirle,  y  las  mismas  damas  no  se  des¬ 
deñaban  de  salir  á  darle  la  bienvenida  y  tenerle  el 
estribo  para  que  echase  pie  á  tierra.  Su  llegada  al 
castillo  rompía  la  triste  monotonía  de  la  vida  que  en 
él  llevaban  encerrados  sus  moradores,  y  en  su  honor 
se  disponían  banquetes  suntuosos,  bailes  y  alegres 
reuniones,  en  las  que  brillaba  por  su  cortesía,  reci¬ 
biendo  el  tributo  de  admiración  debido  á  sus  haza¬ 
ñas,  á  no  ser  que  deseara  reservar  su  nombre  y  con¬ 
dición,  con  pretexto  de  algún  voto  que  así  se  lo  exi¬ 
giese.  Estos  votos  que  solían  hacer  los  caballeros, 
eran  con  frecuencia  extravagantes;  tales  como  el  de 
no  comer  á  manteles,  ni  dormir  más  que  en  el  suelo, 
ó  llevar  una  cadena  colgada  del  cuello,  ó  no  mirar 
más  que  con  un  ojo,  hasta  dar  cima  á  algún  hecho 
glorioso,  tomar  venganza  de  alguna  ofensa  ó  romper 
cierto  número  de  lanzas,  proclamando  que  su  dama 
era  la  más  virtuosa  ó  la  más  bella  del  orbe.  Los  vo¬ 
tos  más  solemnes  solían  ser  los  que  se  hacían  sobre 
un  faisán  ó  sobre  un  pavo  real.  Para  esta  ceremonia, 
una  dama  ó  doncella,  ricamente  ataviada,  presenta¬ 
ba  solemnemente  sobre  una  fuente  un  pavo  real  ó 
faisán  asado  con  sus  plumas  más  vistosas;  después 
de  ser  visto  por  todos  los  caballeros  reunidos  para 
una  expedición,  iban  sucesivamente  diciendo:  Voto 
á  Dios  antes  que  á  nada  y  á  la  gloriosísima  Virgen 
su  Madre,  y  después  de  ellos  á  las  damas  y  al  pavo. 
En  estos  casos  considerábanse  esclavos  de  su  voto  y 
lo  cumplían  fielmente,  arrostrando  las  mayores  fa¬ 
tigas  y  peligros,  sin  quitarse  la  armadura  más  que 
por  la  noche,  y  dando  de  lado  á  todas  las  demás  em¬ 
presas  para  dedicarse  exclusivamente  á  ésta. 

Entre  las  instituciones  más  curiosas  nacidas  de  la 
caballería. ^figuran  las  lides  caballerescas  que  se  co¬ 
nocieron  con  los  nombres  de  justas,  torneos  y  pasos 
de  armas  y  los  tribunales  ó  cortes  de  amor,  cuya  des¬ 
cripción  hallará  el  lector  con  todos  sus  pormenores 
en  los  epígrafes  respectivos.  Otra  de  las  particula¬ 
ridades  más  características  de  aquélla,  fué  sin  duda 
la  fraternidad  que  se  establecía  á  menudo  entre  dos  ó 
más  caballeros,  que  sumaban  sus  esfuerzos  para  rea¬ 
lizar  empresas  comunes.  Los  hermanos  de  armas  adop¬ 
taban  vestidos  y  divisas  semejantes,  corrían  los  mis¬ 
mos  riesgos  v  penalidades,  reunían  sus  bienes,  par¬ 
tían  sus  ganancias  y  se  comprometían  á  auxiliarse 
mutuamente  y  á  continuar  de  tal  manera  unidos  has¬ 
ta  la  muerte.  A  veces  este  pacto  se  robustecía  con 
ceremonias  solemnes,  tales  como  la  de  comulgar 
juntos  para  santificarlo,  ó  la  de  mezclar  su  sangre, 
que  bebían  luego  con  el  vino,  y  el  vínculo  así  con¬ 
traído  tenía  tanta  fuerza  que  solía  sobreponerse  á 
toda  otra  consideración,  incluso  el  amor  del  caballe¬ 
ro  á  su  dama.  Sólo  la  fidelidad  al  rev,  á  la  religión 
y  á  la  patria,  como  deberes  primordiales  del  caballe¬ 
ro.  estaban  por  encima  del  compañerismo  de  los  her¬ 
manos  de  armas.  Hemos  dicho  antes  que  las  Cruza¬ 
das  infundieron  en  la  caballería  el  espíritu  religioso, 
exaltado  por  la  aspiración  entonces  unánime  de  re¬ 
conquistar  los  Santos  Lugares  con  el  sepulcro  del 
Salvador  del  mundo.  De  esta  fusión  de  los  ideales 
religioso  y  caballeresco  nacieron  las  Ordenes  milita¬ 
res  religiosas  (V.  este  epígrafe),  que  conservando  su 
carácter  guerrero  reducían  á  sus  miembros  á  la  con¬ 


dición  de  religiosos,  imponiéndoles  reglas  y  deberes, 
particulares.  De  estas  órdenes,  las  más  antiguas- 
fueron  las  de  los  Caballeros  Hospitalarios  y  Templa¬ 
rios.  que  pronto  se  hicieron  poderosísimas,  siguién¬ 
dolas  en  antigüedad  la  Orden  Teutónica  y  las  de- 
Calatrava,  Santiago  y  Alcántara,  en  Castilla  y  León; 
la  de  Montesa,  en  Aragón;  la  del  Cristo,  de  Portu¬ 
gal.  y  otras. 

Después  de  terminadas  las  luchas  con  los  sarrace¬ 
nos,  se  fundaron  otras  órdenes  como  las  de  la  Estre¬ 
lla  v  San  Miguel,  en  Francia;  del  Toisón  de  Oro* 
en  Borgoña.  por  el  duque  Felipe  el  Bueno ,  y  la  de- 
la  Jarretiera,  en  Inglaterra,  por  Eduardo  III,  aun¬ 
que  éstas  no  conservaron  el  espíritu  y  costumbres 
de  la  caballería,  sirviendo  más  bien  como  distincio¬ 
nes  concedidas  por  los  reyes  á  personajes  notables. 

Decadencia  de  la  caballería 

La  primitiva  caballería,  aunque  no  pudo  eximirse 
completamente  de  la  rudeza  y  barbarie  propias  de- 
su  tiempo,  vino  á  cumplir  una  misión  de  oiden  y 
de  paz,  y  tuvo  un  carácter  esencialmente  militar* 
v,  por  decirlo  así,  épico.  Sus  costumbres,  tal  como 
aparecen  en  las  novelas  del  ciclo  carlovingio  y  de¬ 
más  libros  de  caballería,  fueron  austeras  y  viriles, 
y  sus  ideales  levantados  y  generosos,  como  que  ten¬ 
dían  ante  todo  á  la  defensa  de  la  religión  y  de  la 
patria,  del  rey  y  de  la  justicia.  Pero  poco  á  poco*, 
bajo  la  influencia  de  la  civilización,  fué  desvián¬ 
dose  de  su  verdadero  objeto;  una  galantería  insí¬ 
pida  substituyó  á  la  rudeza  de  antes,  y  el  ideal  caba¬ 
lleresco  se  empequeñeció  cada  vez  más  al  cifrarse 
en  alcanzar  una  fama  efímera  por  medio  de  accio¬ 
nes,  á  veces  extravagantes,  y  sin  otra  finalidad  siem¬ 
pre  que  la  vanagloria,  ó  en  el  amor  frívolo,  ó  en 
el  medro  personal.  Ciertamente  no  por  eso  men¬ 
guó  el  valor  demostrado  por  los  caballeros  en  todas 
ocasiones,  y  en  sus  páginas  consigna  la  Historia 
mil  hazañas  maravillosas  que  así  lo  demuestran; 
pero  este  valor,  alentado  por  sentimientos  mezqui¬ 
nos,  ó  mal  empleado  en  estériles  aventuras,  merece- 
más  propiamente  el  nombre  de  temeridad.  Por  otra 
parte,  el  lujo  desenfrenado  que  se  introdujo  en  la 
sociedad  durante  el  último  período  de  la  Edad  Me¬ 
dia,  se  reflejó  también  en  la  caballería,  haciéndola 
perder  su  sencillez  y  austeridad  primitivas,  y  reve¬ 
lándose  en  la  magnificencia  de  las  armaduras  y  dé¬ 
los  vestidos,  en  el  fausto  desplegado  en  la  ceremo¬ 
nia  de  la  investidura,  y  en  todas  las  funciones  caba¬ 
llerescas,  y  convirtiéndose  en  muchas  ocasiones  en» 
loca  prodigalidad  y  despilfarro.  Resultó  de  aquí  que 
por  un  mal  entendido  concepto  de  la  generosidad- 
que  le  imponía  su  estado,  el  caballero  cuyas  rentas, 
muchas  veces  sobrado  modestas,  no  le  permitían 
sostener  aquel  lujo  deslumbrador,  contraía  sin  repa¬ 
ro  deudas  que  luego  no  podía  satisfacer,  y  vendía  su- 
espada  al  mejor  postor,  ó  perdía  todo  escrúpulo  en 
cuanto  á  los  medios  de  hacer  fortuna  para  seguir  vi¬ 
viendo  con  arreglo  á  su  clase.  Algunos  abusaron  de 
tal  manera  del  derecho  de  la  fuerza,  que  convirtie¬ 
ron  su  profesión  en  un  bandolerismo  descarado,  asal¬ 
tando  y  saqueando  los  conventos,  ó  deteniendo  á  los 
viajeros  en  el  camino  y  llevándolos  secuestrados  á; 
sus  castillos  para  exigir  por  su  libertad,  sobre  todo- 
si  eran  mercaderes  ó  judíos,  un  elevado  rescate. 
Este  mal  llegó  á  estar  tan  extendido  en  todos  los 
países,  que  el  legado  pontificio  Campano  escribía 
en  1471  que  la  Alemania  entera  no  era  más  que  uñar 


CABALLERÍA 


43 


guarida  de  bandidos;  y  lo  mismo,  poco  más  ó  mencs, 
sucedía  por  entonces  en  Francia,  en  Italia  y  en  Es¬ 
paña.  Pero  aun  sin  llegar  á  tales  extremos  de  licen¬ 
cia,  el  espíritu  inquieto  de  la  caballería  terminó  por 
ser  un  peligro  para  la  paz  pública,  pues  si  al  princi¬ 
pio  se  instruían  los  caballeros  en  las  letras  y  en  el 
conocimiento  de  las  leyes  para  poder  cumplir  su  mi¬ 
sión  de  amparar  al  oprimido,  al  perderla  institución 
su  carácter  primitivo  desdeñaron  aquéllos  toda  ins¬ 
trucción,  y  sujetos  sólo  á  las  prácticas  externas  de  la 
religión  y  extraños  á  toda  idea  de  justicia  y  de  sa¬ 
ber,  puede  decirse  que  no  existía  para  ellos  el  dere¬ 
cho  ajeno,  ni  conocían  más  ley  que  su  capricho,  y 
así,  por  los  más  fútiles  motivos,  se  enredaban  en  in¬ 
terminables  contiendas  con  sus  vecinos,  sin  respetar 
ni  siquiera  el  carácter  sagrado  de  los  mismos  prín¬ 
cipes  eclesiásticos. 

El  siglo  xii  había  marcado  el  apogeo  de  la  caba¬ 
llería;  pero  los  síntomas  de  su  decadencia  manifestᬠ
ronse  ya  en  el  xiv,  como  consecuencia,  principal¬ 
mente.  de  la  transformación  que  se  inició  en  la  orga¬ 
nización  militar  al  presentarse  como  factor  nuevo  é 
importante  en  los  ejércitos,  enfrente  de  la  caballería 
feudal,  la  infantería  de  las  ciudades  y  concejos,  con 
sus  mazas  cerradas,  erizadas  de  picos,  y  sobre  todo 
al  aparecer  las  armas  de  fuego,  que  esta  última  pudo 
emplear  antes  que  aquélla.  Las  funestas  jornadas  de 
Crécv  v  Poitiers  fueron  para  la  caballería  el  primer 
aviso  de  que  su  tiempo  había  pasado,  y  al  repetirse 
su  fracaso  en  las  no  menos  funestas  de  Grandson  y 
Morat.  la  preponderancia  de  la  infantería  íué  ya  un 
hecho  consumado.  Desde  aquel  momento  la  brillante 
caballería  había  perdido  su  antiguo  prestigio,  y  con 
él  su  razón  de  ser.  Su  desaparición  total  no  podía  ya 
retrasarse  mucho.  A  ella  contribuyeron  los  monar¬ 
cas,  organizando  milicias  permanentes  para  robuste¬ 
cer  su  autoridad,  y  destruyendo  el  feudalismo  que 
les  hacía  sombra.  Aun  se  acentuó  más  su  descrédito 
cuando  aquéllos  hicieron  caballeros,  en  premio  de 
sus  servicios,  á  menestrales  y  letrados  que,  ajenos  al 
ejercicio  de  las  armas,  no  supieron  estimar  una  digni¬ 
dad  exclusivamente  militar  por  su  abolengo.  Su  deca¬ 
dencia  fué,  pues,  aumentando  de  día  en  día,  y  puede 
decirse  que  dejó  de  existir  á  la  muerte  del  emperador 
Maximiliano  I,  llamado  por  esto  el  último  caballero, 
pues  si  bien  Francisco  I  se  propuso  resucitarla,  y  to¬ 
davía  en  su  tiempo  se  personificó  brillantemente  en 
el  famoso  Boyardo  el  caballero  sin  miedo  y  sin  tacha . 
su  existencia  fué  desde  entonces  puramente  nominal, 
y  en  España  terminaron  con  ella  los  Reyes  Católicos 
y  el  cardenal  Cisneros.  Hasta  la  insana  literatura 
caballeresca  (que  tanto  había  contribuido  á  falsear  el 
espíritu  de  la  institución  con  su  afectada  galantería 
v  los  relatos  de  sus  maravillosas  aventuras),  conde¬ 
nada  por  la  Iglesia,  prohibida  por  Carlos  I  en  el 
Nuevo  Mundo,  y  cuya  prohibición  en  España  soli¬ 
citaron  las  Cortes  de  Valladolid,  recibió  poco  des¬ 
pués  un  golpe  de  muerte  con  la  publicación  del  Qui¬ 
jote.  En  los  tiempos  modernos  ha  aparecido  otra 
nueva  clase  de  caballería,  puramente  honorífica  (véa¬ 
se  Condecoración,  órdenes  militares  y  civiles), 
creada  por  los  gobiernos  para  premiar  el  mérito  en 
todas  sus  manifestaciones,  que  no  tiene  nada  de  co¬ 
mún  con  la  que  hemos  descrito. 

La  caballería  de  España 

La  antigua  distinción  de  que  los  romanos  rodea¬ 
ban  al  que  tenía  y  mantenía  caballo  propio,  continuó 


y  se  acrecentó  en  España  durante  la  Edad  Media,  á 
causa  de  las  necesidades  que  imponía  la  guerra  de  la 
Reconquista.  Según  el  Fuero  de  Molina  los  caballe¬ 
ros  eran  los  únicos  que  tenían  derecho  á  los  oficios  6 
cargos  públicos  del  Concejo  llamados  portiellos.  El 
de  Cuenca  (Lev  III,  capítulo  16)  determina  que  nin¬ 
gún  vecino  puede  aspirar  al  cargo  de  juez  ó  alcalde- 
si  no  mantiene  de  un  año  antes  caballo  de  silla  ó  que 
valga  20  maravedís.  Según  el  citado  Fuero  de  Moli¬ 
na,  el  vecino  que  tuviera  dos  yugos  de  bueyes,  con 
heredades  competentes,  y  cien  ovejas,  debía  mante¬ 
ner  caballo  de  silla.  Todos  los  que  hacían  el  servicio 
militar  con  las  armas  y  caballo  de  las  condiciones 
establecidas  por  los  fueros  (el  de  Cáceres  exige  que 
el  caballo  valga  15  maravedís  ó  más,  y  no  traiga 
ataharre;  el  de  Sanabria  que  valga  15  maravedís  «é 
non  sea  sardinero  niu  pase  puerto»;  el  de  Alcalá  que 
valga  20  maravedís  ó  más  «é  non  ande  á  pacer  des¬ 
de  S.  Miguel  fasta  marzo,  et  non  trayere  albarda», 
añadiendo  que  el  propietario  debía  tener  casa  pobla¬ 
da  todo  el  año  con  hijos,  ó  con  mujer  ó  con  mora,, 
y  haber  lanza,  escudo,  casco,  espada  y  espuelas,  ju¬ 
rando  los  alcaldes  que  las  armas  y  el  caballo  «eran 
derechos»)  estaban  exceptuados  de  tributos  [pechos), 
gozaban  honor  y  títulos  de  caballeros  y  formaban 
la  clase  más  alta  y  distinguida  del  pueblo,  constitu¬ 
yendo  un  atentado  gravísimo,  que  el  Fuero  de  Cuen¬ 
ca  castiga  con  el  pago  de  300  á  500  sueldos,  poner 
manos  violentas  en  sus  personas,  en  las  riendas  y 
frenos  de  sus  caballos  ó  hacerles  apearse  ó  bajar  de 
ellos  por  fuerza.  Las  armas  y  caballos  de  los  caba¬ 
lleros  no  podrían  ser  objeto  de  embargo  (Fuero  de 
Yanguas  y  Fuero  Viejo),  incurriendo  en  pena  el 
juez  ó  ministro  público  que  intentare  violar  esta  in¬ 
munidad.  En  algunos  concejos  (verbigracia/en  Sa¬ 
lamanca,  y  por  regla  general  en  Castilla)  gozaban 
sus  caballeros  del  privilegio  de  devengar  quinientos 
sueldos,  prerrogativa  sobre  la  que  se  ha  discutido 
mucho,  y  la  que,  según  el  padre  Burriel,  tiene  su 
origen  en  el  Fuero  del  conde  don  Sancho;  pero  Ga- 
riba}’  ha  puesto  en  claro  su  naturaleza,  probando- 
que  consistía  en  el  derecho  de  poder  exigir  dicha 
•suma  de  cualquiera  que  los  deshonrase'  ó  injuriase; 
y  Marina  remonta  el  origen  de  ella  al  Fuero  Juzgo, 
cuyas  leyes  admiten  la  compensación  de  500  suel¬ 
dos  en  ciertos  casos  de  homicidio  (Lev  14,  tít.  V,  li¬ 
bro  VI).  daño  (Ley  16.  título  4.°,  libro  VIII)  é-  in¬ 
juria  (Lev  3.a,  tít.  III,  libro  VII)  contra  persona 
noble,  disposición  que  se  conservó  en  los  fueros  mu¬ 
nicipales,  v  se  reprodujo  en  las  Cortes  de  Nájera  (tí¬ 
tulos  LXX,  LXXXIX  y  XCVI)  y  se  copió  en  el 
Fuero  Viejo  (leves  XII  y  XV  del  título  V,  ley  V 
del  tít.  VI  y  ley  IV  del  tít.  VII,  libro  I). 

En  las  Partidas  se  dedica  por  e1.  Rey  Sabio  todo  un 
título  (el  21  de  la  2.a  Partida)  á  tratar  «De  los  caua- 
lleros  é  de  las  cosas  que  les  conviene  fazer»,  forman¬ 
do  como  la  Carta  constitucional  ó  Código  de  la  Caba¬ 
llería  en  Castilla  y  León.  Don  Alfonso  equiparó  la 
caballería  á  la  milicia,  haciéndolas  sinónimas;  ningún 
arte  ó  oficio  impedía  pertenecer  á  ella;  pero  los  ca¬ 
balleros  debían  ser  escogidos  entre  las  personas  su¬ 
fridas,  fuertes,  experimentadas  en  hacer  daño  en  la 
guerra,  valientes,  y  linaje  derecho  desde  el  4.°  grado 
(bisabuelos),  debiendo  tener  en  sí  las  cuatro  virtudes 
de  ser  sabios,  bien  acostumbrados,  mañosos  y  leales, 
así  como  ser  entendidos  y  saber  conocer  si  las  armas 
y  los  caballos  son  buenos  ó  no.  Nadie  podía  hacerse 
caballero  á  sí  mismo;  tampoco  podían  armar  á  uno 


44 


CABALLERIA 


-caballero  las  mujeres  (aunque  fueran  reinas  ó  empe¬ 
ratrices,  pero  éstas  podían  mandar  que  otro  caballe¬ 
ro  los  armase),  los  desmemoriados  (locos),  los  meno¬ 
res  de  catorce  años,  los  clérigos  y  religiosos,  salvo 
.respecto  á  éstos  si  alguno,  siendo  él  caballero,  fuere 
nombrado  Maestre  de  Orden  de  Caballería  para  que 
mantuviese  hechos  de  armas.  No  podía  hacerse  ca¬ 
ballero:  á  quien  fuere  tan  pobre  que  tuviese  que  men¬ 
digar  ó  cometer  vilezas  para  vivir,  salvo  si  el  que 
hiciere  á  aquél  le  diese  antes  para  poder  vivir  desr 
ahogadamente;  á  los  débiles  (menguados  de  su  per¬ 
sona  ó  de  sus  miembros),  de  tal  modo  que  no  pu¬ 
dieran  manejar  las  armas;  los  personalmente  mer¬ 
caderes:  los  traidores  ó  alevosos;  los  condenados  á 
muerte,  salvo  remisión  de  la  pena  y  de  la  culpa,  y 
-los  que  hubiesen  recibido  la  Orden  de  Caballería  por 
•escarnio.  Se  prohíbe  recibir  y  dar  la  honra  de  caba¬ 
llero  por  precio  «ni  por  otra  cosa  que  fuese  en  ma¬ 
nera  de  compra».  Las  leyes  XIII  y  XIV  prescriben 
aninuciosamente  el  ceremonial  del  acto  de  armar  ca¬ 
balleros.  Una  vez  prestado  el  juramento  de  que  no 
recelaría  morir  por  su  religión,  primero,  por  su  señor 
natural  después  y  por  su  tiu’ra  en  tercer  lugar,  de¬ 
bía  el  armador  darle  una  pescozada,  para  que  se  acor¬ 
dase  de  lo  jurado,  diciéndole  «que  Dios  le  guie  en  su 
servicio  y  le  deje  cumplir  lo  que  allí  le  prometió»; 
después  de  lo  cual  le  besaba  «en  señal  de  fe,  de  paz 
v  de  hermandad»,  y  lo  mismo  debían  hacer  todos 
los  caballeros  que  se  encontrasen  en  el  lugar,  así 
•como  los  de  los  otros  lugares  adonde  el  nuevo  caba¬ 
llero  llegase  en  todo  aquel  año).  El  nuevo  caballero 
debía  obedecer  y  honrar  al  que  le  armó  y  al  padrino, 
quedando  obligado:'  á  no  luchar  contra  ellos,  salvo 
en  defensa  de  su  señor  natural,  y  aun  en  este  caso 
debía  procurar  no  herirlos  ni  matarlos  con  sus  pro¬ 
pias  manos,  á  no  ser  que  quisieran  matar  ó  herir  á  su 
señor;  á  apercibirlos  del  daño  que  corrieren,  salvo  si 
por  ello  pudiese  ó  hubiere  de  resultar  perjuicio  al 
señor  natural,  ó  sobrevenir  muerte,  desheredamiento 
•ó  deshonra  á  él  mismo  ó  á  sus  consanguíneos.  Estas 
obligaciones  sólo  duraban  tres  años  congelación  al 
padrino.  Las  Partidas  precisan  hasta  el  modo  como 
debían  cabalgar  y  la  manera  de  vestir;  prescriben  la 
continencia  en  el  comer,  beber  y  dormir,  y  que  en 
tiempo  de  paz  lean  ó  se  hagan  leer  las  historias  de  los 
grandes  hechos  de  armas;  les  señalan  sus  deberes  en 
el  orden  militar  y  en  el  social;  determinan  sus  privi¬ 
legios  (prelación  en  actos  públicos,  inviolabilidad 
del  domicilio,  no  poder  embargarles  los  caballos  ni 
las  armas,  no  poder  ser  Rey  sin  ser  antes  armado 
■caballero,  defenderse  en  juicio  en  cualquier  tiempo, 
aun  fuera  del  término  ordinario;  no  poderse  darles 
tormento,  fuera  del  caso  de  traición  contra  el  rey  ó 
el  reino;  aun  en  este  caso  no  se  les  podía  dar  muer¬ 
te  infamante;  la  prescripción  no  corría  contra  ellos 
mientras  estuviesen  en  hueste  ó  auseutes  por  otro 
servicio  del  rey  ó  del  Estadp;  poder  hacer  testamen¬ 
to  ó  legado  como  quisieren,  aun  cuando  no  observa¬ 
ren  todas  las  formalidades  legales,  etc.).  La  ca¬ 
lidad  de  caballero  se  perdía:  l.°  Por  alguno  de  los 
hechos  que  producían  la  expulsión  de  la  Orden  de 
Caballería,  que  eran:  vender,  malbaratar,  perder  al 
juego,  dar  á  malas  mujeres  ó  empeñar  en  taberna 
las  armas  ó  el  caballo,  estando  en  hueste  ó  frontera; 
hurtar  ó  hacer  hurtar  á  sus  compañeros  las  suyas; 
hacer,  á  Sabiendas,  caballero  á  quien  no  podía  ser¬ 
lo :  dedicarse  públicamente  al  comercio,  ó  tomar 
algún  trabajo  servil  para  ganar  dinero,  no  siendo 


cautivo.  2.°  Por  aquellos  hechos  en  que  se  incurría 
en  pena  de  muerte,  á  la  ejecución  de  la  cual  debía 
preceder  la  degradación.  Estos  hechos  eran1:  huir  en 
batalla,  desamparar  á  su  señor,  ó  á  castillo  ó  lugar 
que  tuvieren  por  él;  no  acudir  en  ayuda  de  aquél 
cuando  vieren  que  lo  iban  á  matar  ó  hacer  prisione¬ 
ro,  y  todos  los  otros  casos  en  que  se  incurriese  en  el 
delito  de  alevosía  ó  traición.  La  degradación  tenía  lu¬ 
gar  tanto  en  estos  casos  como  en  los  indicados  en  el 
número  l.°,  mandando  el  rey  á  un  escudero  que 
calzase  las  espuelas  y  ciñese  la  espada  al  que  iba  á 
ser  degradado,  y  que  le  cortase  después  la  cinta  de 
las  espaldas  (que  sujetaba  la  espada)  y  las  correas  de 
las  espuelas.  El  caballero  así  degradado  perdía  la 
calidad  de  tal  y  sus  privilegios,  quedando,  además, 
incapacitado  para  desempeñar  cualquier  oficio  real 
ó  concejil,  así  como  para  acusar  ó  desafiar  á  caballe- 
llero  alguno.  En  otros  muchos  lugares  tratan  las 
Partidas  de  los  caballeros,  disponiendo  que  no  pue¬ 
dan  ser  procuradores  de  otro  en  pleito,  mientras  an¬ 
duviesen  en  servicio  del  rey  ó  de  otro  señor,  ó  es¬ 
tuvieren  en  la  Corte,  salvo  si  se  tratase  de  asuntos 
pertenecientes  á  la  Caballería,  ó  para  librar  á  un 
pariente  de  servidumbre,  ó  para  defender  á  quien 
no  se  quisiese  oir  y  estuviese  preso  y  condenado  á 
muerte,  ó  cuando  la  parte  contraria  no  le  recusase  al 
contestar  á  la  demanda  (1.  1.  6.a  y  7.a,  tít.  V.  Par¬ 
tida  3.a);  que  paguen  para  reparar  las  fortalezas, 
castillos,  muros,  fuentes,  caños  y  otras  cosas  seme¬ 
jantes.  así  como  los  portazgos  (ley  20,  tít.  32,  Par¬ 
tida  3.a  y  ley  5,  tít.  7,  Part.  5.a);  que  puedan  hacer 
testamento,  con  todas  las  formalidades  legales,  en 
ciertos  casos,  cuando  sean  condenados  á  muerte  (ley 
15,  tít.  l.°,  Part.  6.a);  que  no  puedan  ser  arrendado* 
res  de  campos*  ó  heredades  ajenos  (ley  2.  tít.  8,  Par¬ 
tida  5.a);  que  tampoco  puedan  ser  curadores  de  al¬ 
gún  menor  cuando  estuvieren  empleados  en  servicio 
del  rey  ó  de  otro  señor  ó  en  la  Corte  (ley  14,  títu¬ 
lo  16,  Part.  6.a),  en  cuyos  casos  podrán  excusarse 
de  ser  tutores  (ley  3,  tít.  17.  Part.  6.a):  que  por  los 
delitos  que  cometan  contra  Orden  de  Caballería  sólo 
les  pueda  juzgar  el  rey  ó  el  caudillo  de  la  hueste; 
por  los  delitos  comunes  los  Adelantados,  y  por  las 
faltas  comunes  los  jueces  de  los  pueblos,  si  bien 
éstos  para  ejecutar  la  pena  debían  enviar  el  culpa¬ 
ble  al  alférez  del  rey  ó  al  caudillo  (ley  3.a,  tít.  29, 
Partida  7.a). 

La  Novísima  Recopilación  ,  conservando  en  sus 
privilegios  á  los  hidalgos,  conservó  los  dé  Ios-caba¬ 
lleros,  pues  éstos  eran  tales  (V.  Hidalguía).  Al 
abolirse  los  privilegios  de  la  nobleza,  claro  está  que 
se  abolieron  aquéllos. 

Bibliogr.  Sainte-Palav  de  la  Curne,  Fancienne 
chevalerie  (1759-81,  3  tomos);  Büsching,  Ritter- 
zeit  und  Ritterwesen  (Leipzig.  1824:  2  tomos); 
Falke,  Die  ritterliche  Gesellschaft  i  ni  Zeitaller  der 
Frauenkultur  (Berlín,  1862);  Schailtz.  Das  hofls’che 
Lelén  tur  Zeit  der  Minnesinger  (Leipzig.  1889.  2  to¬ 
mos):  Gautier,  La  chevalerie  (París,  1895;  3.a  edi¬ 
ción);  Roth  v.  Schreckenstein,  Die  Rittermarde  und 
der  Ritter stand  (Friburgo,  1886);  Henne  am  Rhvn, 
Geschichte  des  Rittertums  (Leipzig,  1893):  Mayer. 
Mittelalterliche  Verfassungsgeschic.hte  (Leipzig,  1899: 
2  tomos);  Wedel,  Dentschlands  Ritterschaft  (Gor- 
litz,  1904):  Freytag.  Bilder  aus  der  deutschen  Ver- 
gangenheit  (tomos  I  y  II);  Barthelemy.  Sur  la  guali- 
fication  du  dienalier  ( Reme  historique  -iiólilidire ): 
C.  Cantú,  Historia  Universal  (Barcelona,  tomó  19). 


CABALLERIA  —  CABALLERIZA 


4i> 


Caballería  (Libros  de).  Lit.  V.  Novelas  de 

CABALLERÍA. 

Caballería  Metrol.  Medida  agraria  usada  anti¬ 
guamente  v  que  todavía  se  suele  emplear  en  Anda¬ 
lucía  y  en  algunas  Repúblicas  sudamericanas.  Equi¬ 
vale  á  60  fanegas  ó  sea  3.863  áreas;  en  Cuba  á 
1,343  áreas,  y  en  Puerto  Rico  á  7.858;  en  el  Ecua¬ 
dor,.  Colombia  y  Venezuela  á  38,646;  en  Méjico  á 
42,795  ó  manzanas,  en  la  América  Central  á  4.472; 
en  Santo  Domingo  á  12,926  ó  10  cuadros,,  y  en  Chi¬ 
le  á  13,403  ó  sea  108  toesas.  Su  nombre  procede  de 
que  sirvió  de  tipo  en  el  reparto  de  tierras  conquista¬ 
das  al  enemigo,  que  se  hacía  entre  los  caballeros  que 
habían  a\  udado  á  tomarlas. 

Caballería  ó  Nauceli.és.  Geog.  Cabo  de  la  costa 
septentrional  de  Menorca,  el  cual  forma  un  gran 
promontorio  cuya  punta  occidental  está  constituida 
por  la  isla  de  Porros  y  la  oriental  por  el  cabo  de  Le¬ 
vante.  Tiene  80  m.  de  elevación,  es  acantilado  y  en 
su  punta  más  saliente  tiene  un  faro. 

Caballería  y  Portillo  (Francisco  de  la).  Biog. 
Religioso  jesuíta  y  escritor  español  del  siglo  xvii, 
n.  en  Viilarrobledo.  En  1751  era  maestro  de  teolo¬ 
gía  del  Colegio  Máximo  de  Alcalá  y  escribió  una 
Historia  de  la  Muy  Noble  y.  Muy  Leal  Villa  de  Villa- 
r robledo,, en  la  provincia'  de  la  Mancha  Alta,  con  al¬ 
gunos  elogios  y  vidas  de  sus  varones  ilustres  (Madrid, 
1751),  obra  que  fué  muy  elogiada  por  los  críticos 
de  la  época. 

CABALLERÍAS.  Der.  Se  considera  como  fal¬ 
ta,  señalándole  la  pena  de  5  á  50  pesetas  de  multa  y 
reprensión,  el  hecho  de  correr  caballerías  ó  carruajes 
por  las  calles,  paseos  y  sitios  públicos,  con  peligro 
de  los  transeúntes  ó  infracción  de  las  ordenanzas  y 
bandos  de  buen  gobierno  (número  5.°  del  art.  599 
del  Cód.  penal  español  de  1870).  También  se  con¬ 
sidera  como  falta  la  introducción  de  caballerías  en 
heredad  ajena  cuando  causaren  daño,  hecho  que  se 
pena  con  una  multa  de  0‘50  á  1*50  pesetas  por  cada 
caballería,  si  tuviera  logar  por  abandono  ó  negligen¬ 
cia  del  dueño  de  las  caballerías,  y  con  la  de  uno  á 
treinta  días  de  arresto  menor  si  se  introdujesen  de 
propósito,  elevándose  el  hecho  á  delito  si  hubiere  lu¬ 
gar  á  ello  por  la  cuantía  del  daño  causado,  y  siempre 
^hurto  ó  daño)  cuando  se  cometa  una  3.a  infracción 
en  el  espacio  de  treinta  días  (Arts.  611  y  612  del 
Cód.  penal  español  de  1870). 

Caballerías  de  lujo  (Impuesto  sobre).  Hac.  púb. 
V.  Carruajes  y  caballerías  de  lujo  (Impuesto 
sobre). 

Caballerías.  Geog.  Dos  ranchos  del  Estado  de 
Zacatecas  (Méjico),  en  los  muns.  de  Jalpa  (240  ha¬ 
bitantes)  y  Santa  Rita  (170  habits.)  ||  Rancho  del 
Estado  de  Michoacan,  mun.  de  Huango;  70  habi¬ 
tantes.  ||  Dos  lugares  del  Estado  de  Jalisco,  muni¬ 
cipio  de  San  Juan  de  Lagos  (190  habits.)  y  Atotonil- 
co  el  Alto  (180  habits.). 

CABALLERICERO.  m.  antier.  Costa  Rica. 
Dueño  de  una  caballeriza  ó  mozo  de  ella. 

CABALLERIL,  adj.  ant.  Perteneciente  al  ca¬ 
ballero. 

Deriv.  Caballerilmente. 

CABALLERISMO,  m.  Hidalguía. 

CABALLERITO,  m.  dim.  de  Caballero, 
caballeriza.  F.  Ecurie.  —  It.  Stalla.— In. 
Stud. — A.  Pferdestall.— P.  Cavalharica. — C.  Quadra  de 
cavalls. — E.  Cevalejo.  (Etim. — De  caballería.)  f.  Sitio 
ó  lugar  cubierto  destinado  para  estancia  de  los  caba¬ 


llos  y  bestias  de  carga.  ||  Conjunto  de  caballos  ó  mu- 
las  de  una  caballeriza.  ||  Conjunto  de  los  criados  ó 
dependientes  qim  la  sirven. 

Caballeriza.  Arquit.  urb.  y  rur.  Las  caballerizas 
ofrecen  en  su  instalación  diferencias  de  bastante  en¬ 
tidad,  según  que  se  destinen  para  caballos  de  traba¬ 
jo.  para  caballos  de  lujo  ó  para  la  cría  de  potros. 
Unas  y  otras,  deben  sin  embargo,  reunir  las  mismas 
condiciones  higiénicas,  propias  de  toda  habitación,  á 
saber;  buena  luz,  aereación  suficiente,  que  debe  pro¬ 
curarse  mediante  la  renovación  lenta  pero  continua 
del  aire  viciado,  y  abrigo  contra  la  humedad.  A  que- 
se  cumplan  tales  condiciones  contribuye  tanto  la 
buena  orientación  del  edificio  como  la  acertada  elec¬ 
ción  de  los  materiales  que  en  su  construcción  se  em¬ 
pleen.  Por  lo  que  á  la  orientación  se  refiere,  sabido 
es  que  en  nuestro  clima  la  más  favorable  es  siempre 
la  del  Mediodía;  la  exposición  al  E.  y  al  N.  hacen 
las  cuadras  frías,  y  esta  última  además  obscuras,  y 
si  aquéllas  miran  al  O.  suelen  sufrir  demasiado  la 
influencia  de  los  vientos  y  de  la  humedad.  Por  regla 
general,  cuando  no  haya  otro  remedio  que  hacer  la 
entrada  de  las  caballerizas  en  la  fachada  N.  ú  O.  de¬ 
ben  abrirse  al  menos  las  ventanas  para  su  ventila¬ 
ción  en  la  parte  opuesta. -Respecto  á  los  materiales 
de  construcción,  el  ladrillo  parece  más  conveniente 
para  las  paredes  que  la  piedra,  por  ser  más  seco,  y 
más  que  la  madera  por  su  mayor  duración.  El  suelo- 
ha  de  ser  resistente  é  impermeable,  siendo  en  estos 
conceptos  preferible  á  los  demás  el  pavimento  hecho- 
con  losas  de  piedra,  unidas  con  cemento  hidráulico. 
También  constituye  un  excelente  piso  el  hormigón, 
recubierto  con  una  capa  de  cemento,  que  ño  debe  ser 
lisa,  para  que  no  resulte  aquél  demasiado  resbaladi¬ 
zo.  El  ladrillo  no  es  á  propósito  para  el  suelo  ácausai 
de  su  poca  resistencia,  v  la  madera,  que  por  su  elas¬ 
ticidad  se:ía  un  pavimento  muy  recomendable,  se- 
gasta  demasiado  pronto  para-que  tenga  cuenta  em¬ 
plearla  en  caballerizas  ordinarias.  La  techumbre  de- 
cemento  de  madera  da  muy  buenos  resultados  poroso 
ligereza,  impermeabilidad  y  duración,  y  ofrece  ade¬ 
más  las  ventajas  de  ser  incombustible  y  de  conducir 
mal  el  calor.  La  de  tejas,  como  la  de  pizarra,  son  de¬ 
masiado  frías  en  invierno  y  calurosas  en  verano. 

Caballerizas  ordinarias.  La  primera  condición 
que  deben  reunir,  además  de  las  generales  que  se 
han  indicado  anteriormente,  es  la  de  ser  relativamente 
holgadas,  á  fin  de  que  los  caballos  puedan  acostarse- 
siempre  que  quieran  sin  molestar  á  los  que  tienen  al 
lado.  Esta  condición  es,  como  veremos  en  seguida,  la 
que  determina  las  dimensiones  que  deben  darse  SSjas- 
caballerizas,  pues  como  los  animales  están  en  ellas 
unos  al  lado  de  otros,  ó  en  filas  paralelas,  basta  fijar 
las  dimensiones  de  cada  plaza  para  determinar  las- 
del. conjunto.  Aquéllas  dependen  naturalmente  de  la 
alzada  de  los  ca¬ 
ballos,  pero  por  re¬ 
gla  general  puede 
admitirse  que  un 
caballo  de  alzada 
media  tiene  sufi¬ 
ciente  con  un  es¬ 
pacio  longitudinal  Caballé 

de  1  ‘5  por  2;4  me¬ 
tros  en  sentido  transversal,  á  cuya  última  cifra 
hay  que  añadir  de  (L50  á  0‘60  m.  para  el  ancho  del 
pesebre.  Cuando  los  caballos  se  colocan  en  una  sola 
fila  (fig.  1)  á  lo  largo  del  muro  del  fondo,  la  caballe- 


Fig.  1 

i  longít'idina!  sencilla 


46 


CABALLERIZA 


riza  se  llama  longitudinal  sencilla,  y  doble,  cuando  se 
•colocan  en  dos  filas,  que  pueden  á  su  vez  darse  frente 
(fig.  2)  ó  presentarse  mutuamente  las  «Tupas  (fig.  3). 
En  la  primera  se  deja  siempre  detrás  de  la  plaza  de 
los  caballos  un  pasillo  de  servicio  B;  en  el  testero 
opuesto  y  detrás  respectivamente  de  cada  animal, 
-se  suele  colgar  su  atalaje,  de  palomillas  á  propósito. 
Como  el  pasillo  debe  tener  de  1  á  1‘5  ra.  de  ancho 
y  el  espacio  necesario  para  colgar  los  atalajes  es 
de  0‘50  m.  por  lo  menos,  el  ancho  total  de  la  caba¬ 
lleriza  resulta  ser  de  4‘5  m.  como  mínimo,  pudiendo 
llegar  hasta  6  m.  como  máximo.  Mayor  anchura 
sería  demasiado  dispendiosa  v  enteramente  inútil, 
cuando  no  perjudicial.  A  veces  para  conservar  mejor 
el  atalaje,  que  al  fin  representa  en  las  cuadras  im¬ 
portantes  un  capital  considerable,  se  prefiere  guar¬ 
darlo  todo  junto  en  un  local  especial,  que  recibe  el 


Fig.  2 

Caballeriza  longitudinal  doble 


■nombre  de  guadarnés;  sin  embargo,  esto  que  es  lo 
general  tratándose  de  caballerizas  de  lujo,  no  es  muy 
frecuente  en  las  ordinarias,  porque  perjudica  induda¬ 
blemente  á  la  rapidez  del  servicio.  Más  común  es,  en 
las  grandes  cuadras  en  que  hay  mucho  movimiento, 
colgar  las  guarniciones  en  el  muro  de  frente  de  la 
caballeriza,  por  la  parte  exterior,  resguardándolas  de 
la  intemperie  por  un  pequeño  cobertizo.  En  estos  ca¬ 
sos  el  ancho  de  aquélla  puede  reducirse  á  4  m.  como 
mínimo.  Su  altura  no  debe  bajar  de  3‘5  m.  ni  exce¬ 
der  de  5,  porque  una  altura  excesiva  hace  la  cuadra 
muy  fría.  En  los  ángulos  se  coloca  un  arcón  para 
guardar  la  cebada  ó  avena  y  un  armario  para  conte¬ 
ner  el  botiquín,  vendajes,  trastos  de  limpieza,  etc. 
Aunque  en  la  figura  se  representan  dos  puertas  A, 
una  sola  basta  para  una  cuadra  de  no  muy  grandes 


dimensiones;  en  cuanto  á  ventanas,  se  suele  contar 
una  por  cada  dos  caballos.  Como  conviene  para  la 
vigilancia  que  haya  de  noche  un  mozo  en  la  cuadra, 
se  deja  á  veces  en  un  rincón  espacio  para  colocar 
una  cama  ó,  si  la  caballeriza  es  bastante  alta,  se  le 
arregla  un  cuarto  en  un  sobradillo  que  se  construye 


Fig.  4 

Caballeriza  transversal  sencilla 


á  mitad  de  altura  de  aquélla  y  al  que  se  sube  por 
medio  de  una  escalera  de  mano.  Cuando  el  número 
de  caballos  que  deben  alojarse  en  una  cuadra  es  bas¬ 
tan  te  considerable 
resulta  más  cómodo 
v  económico  colo¬ 
carlos  en  dos  filas, 
gru  pa  con  grupa 
(fig.  3),  con  un  pa¬ 
sillo  central  de  ser¬ 
vicio  .  Las  puertas 
A  se  pueden  abrir 
en  los  muros  latera¬ 
les  y  dejar  espacio 
en  los  ángulos  para  colocar  en  C  la  cama  del  mozo 
de  cuadra,  en  F  y  P  los  guadarneses.  botiquín  A  y 
en  S  el  arcón  de  la  cebada.  V.  V.  son  chimeneas 
que  contribuyen  á  la  ventilación  del  local.  Otra  dis¬ 
posición  igualmente  ventajosa  es  la  de  la  figura  2, 
que  resulta  de  colocar  las  dos  filas  frente  á  frente, 
separadas  por  un  tabique,  al  que  están  adosados  las 
pesebres,  ó  por  un  corredor  estrecho  que  sirve  para  la 
distribución  del  pienso.  Hav  dos  pasillos  de  servi¬ 
cio  B,  cada  uno  con  su  puerta,  que  se  reúnen  en  un 
paso  común  C.  donde  se  colocan  el  arcón  de  la  ceba¬ 
da  y  la  cama  para  el  encargado  de  la  vigilancia. 
Esta  disposición,  aunque  no  tan  económica  como  la 
anterior,  es  más  cómoda  porque  permite  suprimir  los 
guadarneses  v  tener  las  guarniciones  colgadas  detrás 
de  cada  caballo.  Si  éstos  fueran  muchos,  puede  la 
caballeriza  componerse  de  varias  naves  adosadas,  en 
las  que  se  repite  la  disposición  anterior,  abriendo 
puertas  de  comunicación  en  los  muros  medianeros 
para  facilitar  la  vigilancia  del  ganado  sin  tener  que 
salir  fuera  del  local.  También  se  suelen  colocar  á  ve¬ 
ces  los  pesebres  á  lo  largo  de  los  muros  laterales, 
resultando  enton¬ 
ces  la  caballeriza 
transversal  sencilla 
(fig.  4),  cuyo  cen¬ 
tro  está  ocupado 
por  el  cuarto  para 
el  mozo,  el  arcón 
y  los  armarios  de 
botiquín  y  demás 
accesorios.  La  ca¬ 
balleriza  transversal  doble  (fig.  5),  se  compone  de 
dos  caballerizas  sencillas  del  mismo  género,  separa¬ 
das  por  el  alojamiento  para  el  mozo  y  el  guadarnés. 

Pormenores  de  la  instalación.  El  suelo  de  las  ca¬ 
ballerizas  debe  presentar  una  ligera  inclinación  de  la 
cabeza  á  los  pies  del  caballo,  á  fin  de  que  escurra 
hacia  atrás  los  orines,  que  se  recogen  en  una  canal 
longitudinal,  cubierta  por  una  plancha  de  hierro 
agujereada,  que  los  conduce  fuera  del  local,  desem¬ 
bocando  en  el  depósito  por  medio  de  un  sifón,  para 
evitar  olores  desagradables.  Otras  veces,  en  lugar  de 
la  canal  se  hace  un  simple  reguero  descubierto,  en  el 
que  se  abren  sumideros  de  cierre  hidráulico  (fig.  6), 
por  donde  escapan  los  orines  á  la  alcantarilla.  La 
inclinación  del  suelo  no  debe  ser  muy  pronunciada, 
porque  fatiga  á  los  caballos,  hasta  el  punto  de  que 
algunos  atribuyen  á  este  cansancio  de  ¡a  estabula¬ 
ción  en  cuadras  muv  pendientes  la  infecundidad  que 
se  observa  en  muchas  yeguas  ó  la  insuficiencia  pro- 
lífica  de  algunos  sementales.  Para  reducir  al  mínimo 
la  diferencia  de  nivel  entre  las  manos  v  los  pies  de 
los  caballos,  se  ha  propuesto  dar  á  las  plazas  que 


Caballeriza  transversal  dublé 


CABALLERIZA 


47 


ocupan  éstos  dos  pendientes  opuestas:  una  que  com¬ 
prende  el  tercio  anterior  de  aquéllas,  inclinada  hacia 
el  pesebre  (V2  cm.  Por  metro),  y  la  otra  que  com¬ 
prende  los  dos  tercios  restantes,  inclinada  hacia 
atrás  (1  cm.  por  metro);  de  esta  manera  la  dife¬ 
rencia  entre  los  aplomos  es  imperceptible.  También 
hay  quien  propone  dar  al  suelo  dos  ligeras  pen¬ 
dientes  en  sentidos  contrarios  á  los  que  acabamos 
de  indicar,  de  manera  que  corresponda  al  centro  de 


Fig.  6 

Sumidero  con  cierre  hidráulico 


gravedad  del  caballo  un  ligero  albañal  que  conduz¬ 
ca  los  orines  á  los  sumideros.  Las  puertas  de  las 
caballerizas  deben  ser  anchas  para  dar  fácil  paso 
á  los  caballos  (2‘25  á  2‘40  m.),  y  abrirse  hacia 
afuera,  pudiendo  rebatirse  sobre  la  pared.  Las  ven¬ 
tanas  no  deben  estar  bajas,  á  fin  de  que  la  luz  no 
hiera  directamente  los  ojos  de  los  animales,  ni  sus 
cabezas  se  encuentren  dentro  de  las  corrientes  de 
aire  que  se  producen  al  abrirse  aquéllas.  Para  que  la 
ventilación  sea  conti¬ 
nua  es  también  con¬ 
veniente  que  las  ven¬ 
tanas  estén  cerca  del 
techo,  lo  cual  facili¬ 
ta  la  evacuación  del 
aire  viciado  y  calien¬ 
te,  al  mismo  tiempo 
que  entra  aire  puro 
y  fresco  del  exterior, 
á  través  de  unas  ven¬ 
tosas  abiertas  en  la 
pared  á  poca  altura 
sobre  el  piso.  Las 
ventanas  se  abren  gi¬ 
rando  alrededor  de  uu  eje  horizontal  situado  en  el 
interior  de  la  construcción.  La  figura  7  indica  clara¬ 
mente  el  mecanismo  usado  para  abrirlas  y  cerrarlas. 
Cuando  no  basta  para  la  renovación  del  aire  esta 
combinación  de  ventanas  y  ventosas,  se  pueden  es¬ 
tablecer  chimeneas  de  aereación  que  la  complemen¬ 
ten.  En  las  caballerizas  ordinarias  los  animales 
están  á  menudo  unos  al  lado  de  otros,  sin  nin¬ 
guna  separación  entre  ellos.  Es  conveniente,  sin 
embargo,  sobre  todo  si  cocean,  separarlos  por  me¬ 
dio  de  vallas,  que  pueden  ser  fijas  ó  movibles.  Una 
valla  movible  puede  ser  un  simple  madero  cilin¬ 
drico,  ó  un  tablero  grueso  guarnecido  de  herrajes  v 
forrado  á  veces  con  estera  para  que  no  dañe  su  roce 
al  animal,  que  se  sujetan  por  un  extremo  al  pesebre 
y  se  suspenden  por  el  otro  de  una  cuerda  ó  varilla 


Ventana  de  caballeriza 


metálica  que  cuelga  del  techo  (fig.  8).  Como  ocurre 
con  frecuencia,  sobre  todo  á  los  animales  inquietos, 
que  se  montan  sobre  la  valla,  siendo  fácil  que  se  las¬ 
timen  con  los  esfuerzos  que  hacen  para  salir  de  esta 
situación,  es  indispensable  que  el  mecanismo  de 
suspensión  de  aqué¬ 
lla  sea  tal  que  pue¬ 
da  soltarse  sin  difi¬ 
cultad.  La  figura  9 
representa  dos  dis¬ 
posiciones  muy  in¬ 
geniosas  de  las  más 
usuales  que  no  re¬ 
quieren  explicación1 
ninguna;  la  de  la 
derecha  es  automᬠ
tica  y  hace  caer  la 

valla  tan  pronto  CO-  Valla  movible 

mo  se  ejerce  un  es¬ 
fuerzo  brusco  sobre  su  canto  superior.  Las  vallas 
fijas  (fig.  10)  forman  separaciones  más  completas 
que  las  movibles,  en  las  que  los  caballos  se  encuen¬ 
tran  enteramente  aislados  de  los  demás.  Estas  vallas 
se  hacían  antes  de  ladrillo;  hoy  se  hacen  más  común¬ 
mente  de  madera,  ó  de  madera  y  hierro,  con  una 
reja ,  que  permite 
á  los  caballos  ha¬ 
bituarse  á  la  vista 
de  los  demás,  im¬ 
pidiendo  al  mismo 
tiempo  que  puedan 
morderse.  El  pese¬ 
bre  en  las  caballe¬ 
rizas  ordinarias  es 
por  lo  regular  una  ^ 
especie  de  artesa  (j 
de  madera  que  co¬ 
rre  á  lo  largo  de  la 
pared; á  veces,  por 
encima  de  él  se  en¬ 
cuentra  un  rastri¬ 
llo  inclinado,  de  madera  ó  hierro,  que  sirve  para 
contener  el  heno.  Este  sistema  adolece  de  varios 
inconvenientes:  en  primer  lugar  la  madera,  impreg¬ 
nándose  de  la  saliva  y  mucosidades  del  caballo,  ad¬ 
quiere  un  olor  repugnante  y  acaba  por  pudrirse; 
luego,  la  colocación  elevada  del  heno  hace  fatigoso 
el  alcanzarlo,  y  al 


tirar  de  él  el  ani¬ 
mal  deja  caer  al 
suelo  parte  de  su 
ración,  que  se  des¬ 
perdicia  inútilmen¬ 
te,  al  mismo  tiem¬ 
po  que  recibe  so¬ 
bre  los  ojos  y  den¬ 
tro  de  las  orejas 
una  lluvia  de  polvo 
v  las  partículas  me¬ 
nudas  del  forraje. 

Por  eso  se  tiende 
hoy  á  substituir  es¬ 
te  sistema  por  otros 

más  perfectos,  empleándose  ya  con  frecuencia  pese¬ 
bres  de  piedra,  de  mármol,  de  cemento  armado  v 
hasta  de  tundición  y  de  hierro  esmaltado,  que  son 
mucho  más  limpios,  de  mayor  duración  y  de  capa¬ 
cidad  más  proporcionada  al  volumen  de  la  ración. 


Fig.  10 

Valla  fija 


48 


CABALLERIZA 


Conviene  que  su  fondo  esté  algo  inclinado  hacia  el 
centro,  donde  debe  haber  una  rejilla  de  lata  ó  de 
hierro  que  por  sus  agujeros  dé  salida  al  polvo,  tie¬ 
rra  y  piedrecillas  que  puedan  contener  los  alimen¬ 
tos,  materias  que  si  no  se  eliminan  dan  lugar  á  los 
llamados  cólicos  terreros.  Pero  sea  cualquiera  el  sis¬ 
tema  que  se  adopte,  la  altura  del  pesebre  debe  ser 
proporcionada  á  la  alzada  del  caballo  y  no  exce¬ 
der  nunca  de  la  de  los  encuentros.  Un  sistema  muy 
recomendable  es  el  que  presenta  al  lado  del  pese¬ 
bre  una  pequeña  pila  para  el  agua,  con  una  llave 
en  el  fondo  para  vaciarla  y  limpiarla.  En  otro,  cada 
pesebre  tiene  tres  artesas:  una  grande  para  el  heno 
ó  la  paja,  otra  más  pequeña  para  el  grano,  y  la 
tercera  para  el  agua.  El  caballo  se  ata  al  pesebre, 
que  tiene  con  este  objeto  una  ó  dos  anillas,  por  me¬ 
dio  de  un  ronzal  de  cuerda  ó  cuero,  ó  de  una  cade¬ 
na.  Este  último  sistema  es  el  peor,  por  las  dificulta¬ 
des  que  presenta  para  desengancharla  si  el  caballo 
se  ha  encabestrado  ó  es  urgente  desalojar  la  cuadra 
por  haber  ocurrido  algún  siniestro;  sobre  todo,  si  el 
animal  tira  de  la  cadena,  como  hace  por  instinto 
cuando  se  espanta,  es  casi  imposible  soltarla.  El 
ronzal  debe  dejar  al  caballo  cierta  libertad  de  movi¬ 
mientos,  alejando  el  riesgo  de  que  se  enrede  en  él 
para  evitar  accidentes.  Esto  se  consigue  si  aquél  se 
mantiene  siempre  tirante,  para  lo  cual  se  han  ideado 
diferentes  procedimientos,  como  por  ejemplo,  hacer 
que  termine  en  un  contrapeso  que  se  mueve  á  veces 
dentro  de  un  tubo  vertical;  el  ronzal  sale  al  exterior 
pasando  por  un  anillo  ó  una  polea  de  latón  fijos  á  la 
cara  anterior  del  pesebre;  de  esta  manera  el  contra¬ 
peso  mantiene  tenso  el  ronzal,  y  la  longitud  de  éste 
determina  el  grado  de  libertad  que  se  quiere  dejar  al 
animal.  Otra  disposición  consiste  en  hacer  que  el 
ronzal  termine  en  un  anillo  que  puede  resbalar  á  lo 
largo  de  una  barra  fija  al  pesebre  é  inclinada  por 
debajo  de  él  de  atrás  adelante.  Este  sistema  no  es  tan 
bueno  como  el  anterior,  porque  bajando  el  caballo  la 
cabeza  puede  él  ronzal  hacer  una  lazada  en  el  suelo 
y  aprisionar  una  de  las  manos  de  aquél.  Cuando  no 
hay  vallas  se  acostumbra  algunas  veces  á  atar  los 
caballos  á  dos  anillas,  situadas  á  ambos  lados  de  su 
plaza. 

Caballerizas  de  lujo.  Las  disposiciones  generales 
de  las  caballerizas  ordinarias  son  igualmente  aplica¬ 
bles  á  las  de  lujo,  pero  en  ellas  cada  caballo  ocupa 
una  plaza  limitada  por  vallas  fijas  como  la  de  la 
figura  10.  Estas  plazas  son  de  mayores  dimensiones 
que  las  ordinarias  (1‘75  X  3  m.  como  mínimo),  y  lo 


Fig.  11 

Pesebres  modernos  de  hierro  esmaltado 


mismo  sucede  con  el  pasillo  de  servicio,  que  suele 
tener  por  lo  menos  2  m.  de  ancho.  En  cada  plaza  se 
colocan,  generalmente  en  los  ángulos,  para  que  ocu¬ 
pen  menos  espacio,  un  pesebre  para  el  grano  y  otro 


mayor  para  el  heno  ó  la  paja,  ó  una  pila  para  el 
agua,  de  las  formas  representadas  en  la  parte  supe¬ 
rior  de  la  figura  11.  Como  en  estas  caballerizas  el 
gasto  es  cosa  secundaria,  se  emplean  en  su  cons¬ 
trucción  materiales 
escogidos  (maderas 
finas,  productos  ce¬ 
rámicos,  herrajes  ni¬ 
quelados,  etc.)  y  se 
procura  darles  un 
aspecto  lujoso  y  ele¬ 
gante.  El  guadar¬ 
nés  está  siempre  se¬ 
parado  ,  y  adquiere 
por  su  disposición  y 
por  el  valor  de  las 
guarniciones  que  en 
él  se  custodian  par¬ 
ticular  importancia. 

Caballerizas  con  compartimientos  aislados  ó  boxes . 
Los  sementales,  las  yeguas  con  rastra  y  algunas 
veces  los  caballos  de  precio,  se  alojan  en  compar¬ 
timientos  aislados  que  reciben  el  nombre  de  boxes, 
limitados  por  les  muros  exteriores  del  edificio  y  va¬ 
llas  ó  tabiques  de  separación,  suficientemente  eleva¬ 
dos,  dentro  de  los  cuales  están  los  animales  entera¬ 
mente  sueltos.  Los  boxes  se  agrupan  á  menudo  en 
dos  filas,  á  ambos  lados  de  un  pasillo  central,  ó 
en  una  sola  fila  con  un  pasillo  longitudinal,  en  el 
que  se  abren  las  puertas  de  aquéllos  y  las  que  dan 
salida  al  exterior.  Las  dimensiones  de  los  boxes  son 
variables  según  las  circunstancias:  3  m.  en  cuadro  ó 
2‘20  X  3 '90  m.  bastan  generalmente  para  un  caba¬ 
llo;  una  yegua  con  su  rastra  necesita  4  m.  en  cua¬ 
dro  ó  3‘20  m.  por  lo  menos.  El  pasillo  de  servicio 
debe  tener  1‘5  ó  2  m.  de  anchura,  y  las  puertas  de 
los  compartimientos  que  dan  á  él  deben  estar  pro¬ 
vistas  de  un  ventanillo  con  cristal  para  facilitar  la 
vigilancia.  En  el  piso  alto  del  edificio,  cuyo  suelo 
está  atravesado  por  la  chimenea  ó  chimeneas  de 
aereación,  se  establece  un  granero  con  depósito  de 
forraje.  Un  cobertizo  que  se  extiende  por  delante 
de  la  fachada  sirve  para  resguardar  á  los  caballos  de 
la  intemperie  cuando  se  hace  la  cura  y  mientras  se 
les  pone  el  atalaje.  El  suelo  de  los  boxes  sufre  me¬ 
nos  que  el  de  las  cuadras  ordinarias,  en  las  que  el 
caballo  ha  de  pisar  forzosamente  siempre  en  el  mis¬ 
mo  sitio;  puede,  por  consiguiente,  ser  menos  resis¬ 
tente.  Las  ventanas  se  disponen  lo  mismo  que  en  las 
caballerizas  ordinarias,  y  los  pesebres  se  colocan, 
como  hemos  dicho  para  las  cuadras  de  lujo,  en  ¡os 
ángulos  más  distantes  de  la  puerta.  Cuando  los  bo¬ 
xes  se  construyen  para  que  los  ocupen  yeguas  con 
sus  crías,  se  les  da  salida  á  ciertos  parques  cercados, 
de  la  misma  anchura  que  aquéllos,  pero  de  mayor 
longitud,  que  reciben  el  nombre  de  paddocks,  en  los 
que  viven  aquellos  animales  en  un  estado  de  li¬ 
bertad  muy  próximo  al  de  naturaleza.  El  boxe  les 
sirve  solamente  de  comedor  y  de  refugio  contra  la 
intemperie.  La  figura  12  da  idea  de  la  disposición 
de  aquél  en  este  caso.  El  pasillo,  cuando  es  para 
todo  servicio,  mide  2  m.  de  ancho  y  está  al  mismo 
nivel  del  piso  de  los  boxes;  cuando  sirve  sólo  para  la 
distribución  del  pienso  suele  ser  más  estrecho  y  es¬ 
tar  elevado  cerca  dé  1  m.  sobre  aquél. 

Caballerizas  Reales.  V.  Real  Casa. 

Caballeriza  Real  de  Córdoba.  La  fundó  en  1572 
Felipe  II  con  objeto  de  mejorar  la  cría  caballar, 


CABALLERIZA 

muy  descuidada  en  España  por  entonces.  A  princi¬ 
pios  del  siglo  pasado  existían  aún  400  yeguas  y  20 
caballos  padres,  disponiendo  la  caballeriza  de  cuatro 
dehesas  propias  y  dos  arrendadas.  El  edificio  de  la 
caballeriza,  reedificado  en  1755,  constaba  de  tres 
naves  de  100  m.  de  largo  por  unos  15  de  ancho. 
Había  además  una  caballeriza  para  caballos  enfer¬ 
mos  y  otra  de  reserva.  El  gobierno  y  dirección  de 
la  caballeriza  de  Córdoba  estaba  confiado  al  duque 
de  Alba,  marqués  del  Carpió,  que  llevaba  anexo  á 
este  último  título  el  cargo  de  caballerizo  mayor  per¬ 
petuo  de  la  Real  caballeriza  cordobesa.  Toda  la  de¬ 
pendencia  usaba  uniforme  y  librea  iguales  á  los 
empleados  de  las  Reales  caballerizas  de  la  corte. 

Caballeriza.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de  la  Co- 
ruña,  agregada  al  mun.  de  Cée. 

caballerizo.  F.  Chef  d’écurie,  écuyer. — 
It.  Stalliere.  —  In.  Head  groom.  —  A.  Stallmeister.  —  P. 
Chefe  de  cavalharica.  —  C.  Establer. —  E.  Cevalejestro,  ce- 
valestro.  m.  El  que  tiene  á  su  cargo  la  dirección, 
gobierno  y  cuidado  de  la  caballeriza  y  sus  depen¬ 
dencias. 

Caballerizo  de  campo  ó  del  rey.  Hist.  Este 
empleo  pertenece  á  la  alta  servidumbre  de  palacio  y 
lo  suelen  desempeñar  títulos  de  Castilla  ó  caballeros 
nobles  cuyos  méritos  y  adhesión  á  la  monarquía  han 
sido  anteriormente  acreditados.  Según  Suárez  Figue- 
roa,  en  su  Plaza  universal  de  todas  ciencias  y  artes. 
en  las  casas  reales  eran  los  caballerizos  los  príncipes 
más  principales,  y  en  las  casas  de  éstos  ocupaban 
tales  cargos  los  más  ilustres  señores,  desde  los 
tiempos  del  paganismo,  en  que  hasta  formaban  her¬ 
mandad  ó  cofradía  bajo  la  advocación  de  la  diosa 
Hipona.  Fernández  de  Andrada,  en  el  Libro  de  la 
Gineta  de  España,  supone  que  el  nombre  de  caballe¬ 
rizo  «se  deriva  de  su  principal  oficio,  que  consiste 
en  adiestrar  y  manejar  bien  los  caballos,  siendo  tan 
antiguo  su  origen  como  el  pelear  de  los  príncipes  en 
carros,  pues  dicho  servidor  era  el  que  manejaba  el 
carruaje  de  guerra  mientras  su  señor  combatía». 
En  tiempos  del  autor  (1599)  este  empleo  era  de  los 
más  estimados  y  principales  en  las  casas  de  los  re¬ 
yes,  príncipes  y  señores,  y  los  que  lo  desempeñaban 
«hombres  muy  preeminentes  y  entendidos  en  el 
arte  de  equitación,  valientes  y  determinados,  sabios 
en  letras,  teniendo  conocimientos  generales  de  todo, 
bien  dispuestos  de  cuerpo,  ágiles  y  muy  airosos». 
Sebastián  Covarrubias,  en  el  Tesoro  de  la  lengua 
castellana  ó  española,  dice  que  el  caballerizo  hacía  el 
oficio  del  estrator  entre  los  romanos,  poniendo  en 
el  caballo  al  príncipe  ó  señor.  Asimismo  en  el  Libro 
de  la  Cámara  del  Principe  D.  Juan  Fernández  de 
Oviedo  se  citan  pormenores  sobre  el  servicio  de  estos 
caballeros,  v  se  refiere  que  los  caballerizos  menores 
llevaban  el  guión  del  rey  en  los  juegos  de  cañas.  En 
las  ordenanzas  del  tiempo  de  Felipe  el  Hermoso  apa¬ 
recen  caballerizos  que  servían  por  trimestres  y  se¬ 
mestres,  y  en  las  Instrucciones  y  Etiquetas,  en  el 
reinado  de  la  casa  de  Austria,  figuran  los  caballeri¬ 
zos  del  rey  y  de  la  reina  en  todas  las  ceremonias, 
incluso  cuando  el  rey  partía  para  la  guerra,  llevan¬ 
do  el  estandarte  real,  que  tomaba  el  caballerizo  ma¬ 
yor  en  el  momento  del  combate.  En  tiempos  de  Car¬ 
los  II  existían  algunos,  cpmo  Sobremonte  y  Busti- 
11o,  que  desempeñaban  el  empleo  de  tenientes  de  los 
nobles  guardas  de  Archeros  de  Corps  y  de  la  Espa¬ 
ñola.  Por  último,  desde  Felipe  V  aparecen  los  caba¬ 
llerizos  con  el  aditamento  de  Campo  y  desempeñan- 


—  CABALLERO  49 

do,  con  pequeñas  diferencias,  los  mismos  servicios 
que  en  la  actualidad. 

Caballerizo  mayor  del  rey.  Hist.  Jefe  de  pala¬ 
cio  que  gobierna  las  caballerizas  reales,  la  armería 
y  otras  dependencias  y  á  cuyas  órdenes  están  el  pri¬ 
mer  caballerizo,  los  caballerizos  de  campo  y  demás 
dependientes  de  aquellas  dependencias.  Antigua¬ 
mente  había  caballerizo  mayor  del  rey,  de  la  reina, 
del  príncipe  y  princesa  de  Asturias  y  de  algunos 
infantes.  Es  empleo  de  los  más  elevados  de  la  real 
casa,  desempeñado  por  un  grande  de  España  de 
primera  clase. 

CABALLERO,  RA.  1.a  acep.  F.  Cavalier. — 
It.  Cavaliere. — In.  Rider. — A.  Reiter. — P.  Cavalheiro. — 
C.  Cavalier. — E.  Kavaliro.=3.a  acep.  F.  Gentilhorame. 
— It.  Gentiluomo,  galantuomo.  —  In  Knight,  nobleman. — 
A.  Edelmann. — P.  Cavalheiro. — C.  Cavalier. — E.  Sinjoro. 
(Etim.  —  De  caballo.)  adj.  Que  cabalga  en  caballo  ó 
en  otra  bestia.  ¡|  fig.  Seguido  de  nombres  regidos 
por  la  preposición  en ,  que  expresen  actos  de  volun¬ 
tad  ó  de  inteligencia,  como  propósito,  empeño,  por¬ 
fía ,  dictamen,  opinión ,  etc.,  dícese  de  la  persona 
obstinada,  que  no  se  deja  disuadir  por  ninguna  con¬ 
sideración.  |]  m.  Hidalgo  de  calificada  nobleza.  ||  El 
que  pertenece  á  alguna  de  las  órdenes  de  caballería, 
antiguas  ó  modernas.  ||  El  que  se  porta  con  nobleza 
y  generosidad.  [)  Persona  de  alguna  consideración  ó 
de  buen  porte.  ||  Baile  antiguo  español.  ||  ant.  Solda¬ 
do  de  á  caballo.  ||  amer.  Cuba.  V.  Ajo,  Fríjol,  Es¬ 
puela  y  Tabaco. 

Caballero  andante.  El  que  en  los  libros  de  ca¬ 
ballería  se  finge  que  anda  por  el  mundo  buscando 
aventuras.  ||  fig.  y  fam.  Hidalgo  pobre  y  ocioso  que 
anda  vagando  de  una  parte  á  otra.  ||  Caballero 
aventurero.  Caballero  andante,  1.a  acep.  ||  Ca¬ 
ballero  cuantioso.  Hacendado  que  en  las  costas 
de  Andalucía  y  otras  partes  tenía  obligación  de 
mantener  armas  y  caballos  para  salir  á  la  defensa 
de  la  costa  cuando  la  acometían  los  moros.  [[  Caba¬ 
llero  cubierto.  Grande  de  España  que  goza  dé  la 
preeminencia  de  ponerse  el  sombrero  en  presencia 
clel  monarca.  ||  fig.  y  fam.  Hombre  descortés  que  no 
se  descubre  cuando  lo  reclama  la  urbanidad.  ||  Caba¬ 
llero  de  alarde.  El  que  tenía  obligación  de  pasar 
muestra  ó  revista  á  caballo.  ||  Caballero  de  con¬ 
quista.  Conquistador  á  quien  se  repartían  las  tierras 
que  ganaba.  |]  Caballero  de  contía  ó  cuantía.  Ca¬ 
ballero  cuantioso.  ||  Caballero  de  espuela  dora¬ 
da.  El  que,  siendo  hidalgo,  era  solemnemente  ar¬ 
mado  caballero.  ||  Caballero  de  industria  ó  de  la 
industria.  Hombre  que,  con  apariencia  de  caba¬ 
llero,  vive  á  costa  ajena  por  medio  dé  la  estafa  ó 
del  engaño.  ||  Caballero  de  la  jineta.  Soldado  que 
montaba  á  la  jineta.  ||  Caballero  de  la  sierra.  Ca¬ 
ballero  de  sierra.  ||  Caballero  del  hábito.  El 
que  lo  es  de  alguna  de  las  órdenes  militares.  ||  Ca¬ 
ballero  de  mohatra.  Persona  que  aparenta  ser  ca¬ 
ballero ,  no  siéndolo,  Caballero  de  industria.  [¡ 
Caballero  de  premia.  El  que  estaba;  obligado  á 
mantener  armas  y  caballo  para  ir  á  la  guerra.  ||  Ca¬ 
ballero  de  sierra.  En  algunos  pueblos,  guarda  de 
á  caballo  de  los  montes.  ||  Caballero  gran  cruz.  El 
que  disfruta  de  una  gran  cruz.  ||  Caballero  mesna- 
dero.  Descendiente  de  un  jefe  de  mesnada.  ||  Caba¬ 
llero  novel.  El  que  aun  no  tenía  divisa,  por  no 
haberla  ganado  con  las  armas.  ||  Caballero  pardo. 
El  que,  no  siendo  noble,  alcánzaba  privilegios  del  rey 
para  no  pechar  y  gozar  las  preeminencias  de  hidalgo. 


enciclopedia  universal,  tomo  x. — 4. 


50 


CABALLERO 


A  caballero,  m.  adv.  Expresión  adverbial  que 
se  empleó  antiguamente  para  denotar  que  una  cosa 
estaba  más  elevada  que  otra,  ó  tenía  dominación 
sobre  ésta.  En  este  sentido  se  aplicaba  también  al 
tiro  fijante,  de  alto  á  bajo  (tirar  á  caballero).  ||  A 
LO  CABALLERO,  loe.  adv.  CABALLEROSAMENTE.  ||  Ar- 
mar  caballero  Á  uno.  fr.  Vestirle  las  armas  otro 
caballero  ó  el  rey  en  persona,  ciñéndole  la  espada  y 
dándole  el  espaldarazo,  con  otras  varias  ceremonias. 
Hoy  se  observa  y  practica  con  los  caballeros  de  las 
órdenes  militares  y  de  algunas  otras,  que  son  arma¬ 
dos  por  otro  de  su  respectiva  orden.  ||  Artero,  ar¬ 
tero,  mas  non  buen  caballero,  ref.  Reprende  á  los 
que  en  su  proceder  usan  de  alguna  astucia  para  en¬ 
gañar  á  otro.  ||  Caballero  en  buen  caballo,  el 
ruin  ni  bueno  ni  malo.  ref.  Todo  caballero  debe  te¬ 
ner  buen  caballo,  y  no  se  debe  montar  un  caballo 
cualquiera.'  ||  Caballero  tente  en  piernas,  mal  te 
harán  las  acelgas,  ref.  Hace  burla  de  los  gentiles- 
hombres  pobres.  ||  De  caballero  á  caballero,  fr. 
Entre  caballeros,  á  estilo  de  caballeros.  ||  loe.  adv. 
A  porfía,  entre  dos  que  desean  acreditarse  de  tales 
en  su  porte.  ||  Poderoso  caballero  es  don  dinero. 
fr.  proverb.  Encarece  lo  mucho  que  puede  el  dinero. 

||  Si  quieres  andar  caballero,  ata  corto,  piensa 
largo  y  hierra  somero,  ref.  Expresa  que  si  se  de¬ 
sea  tener  buen  caballo,  hay  que  atarle  corto,  darle 
mucho  de  comer  y  no  herrarlo  con  mucha  profundidad. 

Caballero.  Art.  y  Of.  Montón  ó  depósito  de  tie¬ 
rra  procedente  de  los  desmontes  y  colocada  á  un 
lado  de  éstos,  en  su  parte  superior,  por  no  haber 
convenido  utilizarla  en  los  terraplenes.  Estas  tierras 
deben  siempre  retirarse  de  la  orilla  de  la  arista  supe¬ 
rior,  dejando  una  banqueta  para  que  no  resbalen  y 
caigan  á  la  explanación.  En  los  casos  en  que  hay 
gran  cantidad  de  tierras,  es  necesario  para  su  insta¬ 
lación  expropiar  un  terreno  adjunto. 


Caballero.  Fort.  Por  caballero  se  entendía  anti¬ 
guamente  en  fortificación,  todo  terraplén  elevado 
que  se  construía  para  situar  en  él  artillería  con  bas¬ 
tante  dominación  sobre  el  campo.  Unas  veces  se  le¬ 
vantaba  el  caballero  en  medie  de  la  cortina;  otras,  y 
era  lo  más  general,  dentro  de  los  baluartes  y  con  la 
misma  forma  de  éstos  [caballero  de  baluarte ),  ya  en 
su  centro,  ya  hacia  la  gola,  constituyendo  así  como 
un  reducto  interior  de  aquéllos.  Vauban  los  ensan¬ 
chó,  y  retrasándolos  un  poco  los  hizo  á  la  vez  servir 
de  traveses  para  resguardar  á  la  cortina  contra  los 
tiros  de  enfilada.  Durante  los  siglos  xvi  y  xvii,  se 
emplearon  también  en  los  sitios  de  plazas  los  caballe¬ 
ros  de  trinchera  para  ver  desde  ellos  los  adarves  ’y 
poderlos  batir  fácilmente  con  la  artillería.  Esta  clase 
de  obras  solían  hacerse  de  tierra,  revistiéndolas  con 
cestones  y  faginas,  y  no  eran  más  que  una  reminis¬ 
cencia  de  las  antiguas  torres  de  sitio  de  varios  pisos 
(V.  Helépolo  y  Bastida),  que  servían  para  aproxi¬ 
marse  á  los  muros,  batiendo  los  adarves  desde  lo 
alto.  Los  caballeros  de  trinchera  fueron  muy  usados 
por  nuestros  ingenieros  en  las  guerras  de  Flandes 
(sitios  de  Ostende,  Breda,  etc.),  construyéndolos  á 
veces  á  costa  de  grandes  trabajos  y  dispendios,  por¬ 
que  no  pudiendo  excavar  el  suelo  era  preciso  levan¬ 
tarlos  á  fuerza  de  amontonar  faginas,  traídas  desde 
lejos.  Actualmente  los  caballeros  son  absolutamen¬ 
te  inútiles,  y  no  podrían  tampoco  subsistir,  dada  su 
enorme  mole,  ante  el  fuego  de  la  artillería  de  la  plaza. 

Caballero.  Hist.  V.  Caballería.  Hist. 

Caballero  en  plaza.  Llámasele  caballero ,  porque 
antiguamente  para  figurar  como  rejoneador  ó  alan- 
ceador  se  exigía  la  limpieza  de  sangre.  Fueron,  y 
aun  siguen  siendo  los  caballeros  en  plaza  el  princi¬ 
pal  distintivo  de  las  funciones  de  toros  llamadas  rea¬ 
les,  por  formar  parte  de  los  festejos  celebrados  pon 
motivo  de  las  bodas  de  los  reyes  de  España.  Ántij- 


CABALLERO 


51 


guamente  los  caballeros  é  hidalgos  tenían  que  pre¬ 
senciar  la  fiesta  á  caballo  en  el  redondel,  aunque  no 
tomaran  parte  en  la  lidia,  pues  los  andenes  y  balco¬ 
nes  se  destinaban  á  las  mujeres  ó  á  personas  que  por 
su  edad  ó  achaques  no  podían  defenderse  de  un  toro. 
En  1725  los  grandes  y  señores  de  la  corte  ocuparon 
estrados,  y  sólo  bajaron  al  redondel  hidalgos  y  caba¬ 
lleros  que,  protegidos  y  apadrinados  por  la  nobleza 
y  el  rey,  rompían  rejones  por  la  real  persona,  que 
los  nombró  caballerizos  efectivos  con  sueldo.  Con 
motivo  de  la  entrada  en  Madrid  del  rey  Fernando  VI 
se  dispuso  que  el  caballerizo  mayor  eligiese  para  ca¬ 
balleros  en  plaza  las  personas  distinguidas  de  entre 
aquellas  que  lo  solicitasen,  para  proponerle  los  nom¬ 
bramientos:  á  disposición  de  los  nombrados  caballeros 
se  ponía  un  carruaje  con  dos  muías  durante  su  estan¬ 
cia  en  Madrid,  dándoles  como  costas  del  viaje  9,000 
reales,  si  no  residían  en  la  corte.  Acompañados  del 
caballerizo  mayor,  elegían  de  las  cuadras  reales  los 
caballos  que  mejor  les  parecían,  y  si  algún  caballero 
prefería  montarlos  de  su  propiedad,  antes  se  los  com¬ 
praba  el  rey  para  cumplir  el  requisito  de  ser  de  S.  M. 
Hacíase  el  reparto  de  caballos  por  orden  de  antigüe¬ 
dad  de  los  caballeros,  y  éstos  salían  el  día  de  la  fun¬ 
ción  ricamente  vestidos,  también  por  cuenta  del  rev: 
hacían  el  despejo  los  alabarderos,  á  los  que  seguían 
100  lacayos  de  la  Real  Casa  para  cada  caballero, 
formados  en  dos  filas,  y  detrás  el  caballero  en  un  co¬ 
che  de  palacio  tirado  por  seis  caballos.  Parecidas  ce¬ 
remonias  se  siguieron  en  1765  con  motivo  de  las  bo¬ 
das  de  Carlos  IV  con  María  Luisa,  siendo  los  caba¬ 
lleros  objeto  de  grandes  regalos  y  atenciones  por 
parte  de  la  nobleza  y  de  los  padrinos.  Desde  enton¬ 
ces  se  ha  procurado  siempre  que  los  caballeros  me¬ 
rezcan  tal  nombre,  aunque  no  se  exija  acreditar  el 
linaje.  Antiguamenté.  una  vez  que  los  caballeros  con¬ 
cluían  de  alancear  los  toros,  y  tiempos  después  de  re¬ 
jonearlos,  desocupaban  el  circo,  y  en  él  quedaba  la 
-plebe  para  desjarretar  otras  reses.  En  la  actualidad, 
no  se  considera  al  caballero  en  plaza  como  un  lidia¬ 
dor,  sino  como  tal  caballero ,  del  cual  es  padrino  de 
campo  el  espada,  y  los  banderilleros  sus  pajes;  nadie 
puede  lidiar  mientras  él  pisa  la  arena,  y  los  toreros 
se  limitan  á  colocarle,  llevarle  ó  acercarle  el  toro,  á, 
librarle  del  peligro  y  á  servirle  en  todo,  como  los  pa¬ 
jes  á  su  señor.  V.  Funciones  reales. 

Caballero.  Mar.  ant.  Así  se  denominaba,  y  más 
comúnmente  caballero  entretenido,  el  hidalgo  que  en 
los  galeones  tenía  asignada  plaza  inmediata  inferior 
á  la  de  capitán  entretenido,  á  cuyo  empleo  ascendía 
al  existir  vacante  y  tener  probada  experiencia  mari¬ 
nera  y  militar. 

Caballero.  Ornit.  V.  Totano. 

Caballero.  Geog.  Monte  de  Africa,  en  la  Guinea 
española,  al  E.  del  río  Metona.  Lleva  este  nombre 
que  se  le  dió  en  honor  de  don  Juan  Pérez  Caballero, 
■ex  ministro  de  Estado,  subsecretario  de  aquel  minis¬ 
terio  cuando  se  hizo  la  expedición  en  1901. 

Caballero.  Geog.  Río  de  Cuba  en  el  mun.  de 
Trinidad,  prov.  de  Santa  Clara,  Se  une  al  Tabaya 
y  luego  cambia  su  nombre  por  el  de  Guaurabo. 

Caballero.  Geog.  Aldea  de  la  República  Domi¬ 
nicana,  dist.  y  muu.  de  Barahona. 

Caballero.  Geog.  Rancho  del  Estado  de  San 
Luis  de  Potosí  (Méjico),  mun.  de  Tierra  Nueva;  70 
habitantes.  ||  Hacienda  del  Estado  de  Tabasco,  mu¬ 
nicipio  de  Macuspana:  75  habits. 

Caballero.  Geog.  Población  y  partido  del  Para¬ 


guay,  en  el  quinto  distrito,  con  est.  de  f.  c.  que  la 
une  á  la  capital,  y  2,983  habits.  en  todo  el  partido. 

||  Río  afluente  del  San  José. 

Caballero.  Geog.  Pueblecito  del  Perú,  á  6  leguas 
de  Lima,  en  el  camino  al  Cerro  de  Pasco,  junto  al 
río  Chillón. 

Caballero.  Geog.  Arroyo  del  Urug’uav,  dep.  de 
Durazno.  Baja  de  la  Cuchilla  Grande  del  Durazno  y 
desemboca  en  el  Yi.  Tiene  entre  otros  afluentes  el 
arroyuelo  Sarandí  y  la  cañada  Abrojal,  ambos  por 
la  izquierda.  Frondosa  arboleda  en  su  curso  inferior. 

Caballero  (Marqueses  de).  Geneal.  Título  que, 
junto  con  el  de  vizconde  de  San  Jerónimo,  concedió 
Carlos  IV  á  su  ministro  y  general  Jerónimo  Caballe¬ 
ro  (m.  en  1804).  En  la  actualidad  ostenta  el  título 
don  Fernando  Moyano  y  Montoya. 

Caballero  (Antonio).  Biog.  Religioso  francisca¬ 
no  y  misionero  español,  n.  en  Baltanás  y  m.  en 
Cantón  (1603-1669).  Tomó  los  hábitos  en  1618, 
embarcando  para  la  China  en  1633,  donde  residió 
casi  constantemente.  No  son  para  contadas  las  pe¬ 
nalidades  que  sufrió  en  aquel  Imperio,  pero  de  todas 
ellas  salió,  y  logró  convertir  á  millares  de  personas, 
fundando  varias  iglesias  y  difundiendo  la  verdad  por 
todas  partes.  Fué  además  varón  erudito  y,  á  pesar 
de  la  dificultad  extraordinaria  que  representa,  apren¬ 
dió  el  chino  con  perfección.  Dejó  escritas  más  de  50 
obras,  en  castellano,  latín  y  chino,  pudiendo  citar 
entre  ellas:  Lapis  calaminaris  verae  doctrinae .  Decla- 
ratio  principa  et  finís  rerum  ornnium  (1859),  Relatio 
Sinae  Sectarum  (Chinan-Fú,  1662),  que  fué  tradu¬ 
cida  al  francés;  Discordancia  de  las  sectas  de  los  le¬ 
trados  de  China  con  la  ley  de  Dios,  en  chino;  Loores 
de  María  en  su  virginal  pureza  (1664);  Orígenes  de 
la  persecución  de  la  ley  cristiana  y  sus  ministros  en 
China  (1664),  Catecismo  cristiano,  en  chino  (1666); 
Compendio  de  la  ley  de  Dios,  en  chino  (1680),  y  La 
ley  de  Dios  es  piedra  imán,  en  chino  (1703). 

Caballero  (Bernardino).  Biog.  Militar  y  políti¬ 
co  paraguayo,  n.  en  Ibicuy  en  1831.  Era" soldado 
cuando  estalló  la  guerra  entre  el  Brasil  y  el  Para¬ 
guay  (1864),  ascendiendo  á  coronel  tres  años  más 
tarde.  Mandando  la  caballería  fué  derrotado  por  el 
mariscal  Caxiás,  que  disponía  de  fuerzas  superiores, 
pero  pocos  días  después  triunfó  en  el  ataque  de  Tu- 
vuty ,  haciendo  prisionero  á  un  batallón  de  artillería 
brasileño.  Casi  siempre  tuvo  que  luchar  con  fuerzas 
muy  superiores,  alcanzando  señaladas  victorias  y 
batiéndose  siempre  heroicamente.  Fué  hecho  prisio¬ 
nero  en  1870,  pero  obtuvo  la  libertad  pocos  meses 
después,  trasladándose  al  Paraguay  donde  se  le  nom¬ 
bró  ministro  de  la  Guerra.  También  desempeñó  una 
misión  diplomática  en  Europa  y  en  1880  fué  elegi¬ 
do  presidente  de  la  República,  cargo  que  desempeñó 
hasta  1885  y'en  el  que  alcanzó  gran  popularidad. 

Caballero  (Eugenio,  Manuel  Alvarez).  Biog. 
Jurisconsulto  español  del  siglo  xvm  y  comienzos 
del  xix;  n.  en  Piedrafita  (Asturias).  Fué  alcalde  ma¬ 
yor  y  corregidor  del  Ferrol,  fiscal  del  Tribunal  me¬ 
tropolitano  y  del  Supremo  Consejo'  de  las  órdenes 
militares.  Intervino  en  el  proceso  llamado  de  El  Es¬ 
corial,  contra  el  príncipe  Fernando  y  su  camarilla  é 
influyó  entre  sus  compañeros  para  que  la  causa  fue¬ 
se  sobreseída,  á  pesar  del  interés  de  María  Luisa  y 
Godoy  para  que  la  sentencia  fuese  condenatoria. 
Escribió:  Genealogía  de  la  casa  de  Caballero,  Notas 
al  Sumario  de  armas  y  linajes  de  Asturias  del  canó¬ 
nigo  don  Tirso  de  Avilés,  Carta  al  Tilmo .  señor  don 


53 


CABALLERO 


Pedro  Rodríguez  Campomanes  sobre  diversos  sucesos, 
industrias  y  mejoras  de  Asturias  (1780). 

Caballero  ^Fernán).  Biog.  V.  Fernán  Caba¬ 
llero. 

Caballero  (Francisco  E.).  Biog.  Jurisconsulto 
venezolano  que  ha  traducido  la  obra  de  Pradier  Fo- 
dera  Principios  generales  de  derecho,  de  política  y  de 
legislación  (1889). 

Caballero  (Horacio).  Biog.  Escritor  español  á 
quien  se  debe  una  obra  titulada  Geogenia  y  agrono¬ 
mía  del  Imperio  de  Marruecos  (1881). 

Caballero  (Isidro).  Biog.  Militar  uruguayo,  uno 
de  los  prohombres  del  partido  conservador  que  acau¬ 
dillaba  el  general  César  Díaz.  Secundando  á  éste  se 
sublevó  contra  el  presidente  Pereira,  pero,  dominado 
el  movimiento  revolucionario,  cayó  prisionero  v  fué 
fusilado,  junto  con  otros  jefes,  en  el  sitio  llamado 
Paso  de  los  Quinteros.  En  un  monumento  erigido  en 
el  cementerio  de  Montevideo  á  la  memoria  de  to¬ 
das  las  víctimas  de  aquella  guerra  está  grabado  su 
nombre. 

Caballero  (Jerónimo).  Biog.  Político  y  militar 
español,  m.  en  1804.  En  1744  acompañó  al  rey  don 
Carlos,  salvándole,  según  se  dice,  en  la  batalla  de 
Velletri.  A  su  regreso  á  Madrid  ocupó  elevados  car¬ 
gos  ascendiendo  en  1789  á  teniente  general.  Fué 
también  ministro  de  la  Guerra  y  desterrado  durante 
algún  tiempo,  volvió  después  al  favor  de  la  corte, 
siendo  nombrado  consejero  de  Estado. 

Caballero  (José).  Biog  Pedagogo  francés  de  la 
segunda  mitad  del  siglo  xix,  que  fué  profesor  de 
la  Escuela  Normal  de  Madrid  y  taquígrafo  del  Con¬ 
greso  de  diputados.  Se  le  debe:  Adiciones  al  Cate¬ 
cismo  de  Historia  Sagrada  del  Abad  Flcury,  El  buen 
hijo  (1877),  El  libro  de  los  deberes,  Gramática  ele¬ 
mental  de  la  lengua  castellana ,  y  Diccionario  general 
de  la  lengua  castellana . 

Caballero  (José  Agustín).  Biog.  Sacerdote,  teó¬ 
logo  y  periodista  español,  n.  y  m.  en  la  Habana 
(1771-1835).  Poseía  vastos  conocimientos  en  teolo¬ 
gía,  filosofía  y  lenguas  y  fué  catedrático  de  filosofía 
del  seminario  de  su  ciudad  natal.  Colaboró  en  el 
Papel  periódico,  primer  periódico  publicado  en  Cuba, 
y  en  El  Observador  Habanero.  Dejó  varios  sermones 
notables,  entre  ellos  el  que  pronunció  en  los  funerales 
de  Colón  celebrados  en  19  de  Enero  de  1796,  unas 
Lecciones  de  filosofía  escolástica  y  una  Memoria  so¬ 
bre  la  necesidad  de  reformar  los  establecimientos  uni¬ 
versitarios.  Tradujo  además  al  latín  la  Historia  de 
América,  de  Sepúlveda,  y  del  francés  algunos  traba¬ 
jos  de  Condillac. 

Caballero  (José  Alvarez).  Biog.  Escritor  del  si¬ 
glo  xvm,  n.  en  Sevilla,  fué  catedrático  de  humani¬ 
dades  y  sostuvo  polémicas  literarias  con  Juan  Pablo 
Forner,  el  cual  estrenó  en  Sevilla  una  loa  y  la  dió  á 
la  estampa  precedida  de  una  introducción  doctrinal. 
Caballero  rebatió  á  Forner  en  el  escrito  titulado 
La  loa  restituida  á  su  primitivo  ser  (1796).  Salió  á 
luz  un  trabajo  anónimo  firmado  por  Rosauro  de  Safo , 
en  que  se  defendía  á  Forner.  y  Alvarez  contestó  con 
su  Carta  familiar  de  don  Myias  Sobea  á  don  Rosauro 
de  Safo  (1796).  Imprimió  también  Caballero  un 
trabajo  intitulado  El  tirano  de  Europa. 

Caballero  (José  Antonio,  marqués  de).  Biog. 
Político  español,  n.  en  Zaragoza  (1770-1821).  Fué 
alcalde  de  corte  en  Sevilla,  fiscal  del  Consejó  Supre¬ 
mo  de  Guerra  v  en  1798  sucedió  á  Jovellanos  como 
ministro  de  Gracia  y  Justicia,  pero,  habiendo  inter¬ 


José  de  la  Luz  Caballero 


venido  en  el  motín  de  Aranjuez,  perdió  la  cartera, 
mas  después  se  afilió  entre  los  afrancesados  y  fué 
uno  de  los  firmantes  del  mensaje  pidiendo  á  Napo¬ 
león  que  ciñese  la  corona  de  España.  Fué  por  últi¬ 
mo  consejero  de  José  Bonaparte.  á  quien  siguió  á 
Francia,  no  regresando  á  España  hasta  1820. 

Caballero  (José  de  la  Luz).  Biog.  Pedagogo, 
filósofo  y  filólogo  español,  n.  y  m.  en  la  Habana 
(1800-1862).  Estudió  teología  en  el  seminario  de- 
San  Carlos,  del  cual  fué  profesor  de  filosofía  du¬ 
rante  tres  años,  ocupación 
que  aumentó  en  él  su  amor 
por  la  enseñanza  y  compren¬ 
diendo  que  ésta  no  estaba 
en  Cuba  á  la  altura  que  en 
otros  países,  emprendió  un 
viaje  por  Europa  (1828- 
1830),  visitando  los  princi¬ 
pales  centros  de  cultura  y 
teniendo  ocasión  de  enta¬ 
blar  relaciones  con  los  más 
eminentes  hombres  de  cien¬ 
cia,  entre  ellos  Humboldt. 

Regresó  á  la  Habana,  y  en 
1832  fundó  un  colegio  se¬ 
gún  sus  proyectos,  comenzando  las  clases  bajo  los= 
auspicios  más  lisonjeros,  pero  una  penosa  enferme¬ 
dad  le  obligó  á  interrumpir  la  obra  que  tanto  fruto- 
prometía.  En  1838  fué  nombrado  presidente  de  la 
Sociedad  Económica  y  en  1839  profesor  de  filosofía 
de  la  misma.  No  obstante  el  delicado  estado  de  su 
salud.  Caballero  desplegaba  gran  actividad  litera¬ 
ria  y  pedagógica.  Como  su  débil  naturaleza  no  po¬ 
día  resistir  tanto  trabajo,  cayó  enfermo  de  nuevo  y 
marchó  á  Europa  (1811),  pero  sus  enemigos  apro¬ 
vecharon  su  ausencia  para  acusarle  de  complicidad 
en  la  conspiración  contra  los  españoles,  si  bien  lo¬ 
gró  probar  su  inocencia.  Después  fundó  otro  colegio- 
ai  que  enviaron  sus  hijos  las  más  aristocráticas  fami¬ 
lias  de  la  Habana  y  la  muerte  le  sorprendió  en  esta 
labor.  Dejó  numerosas  obras  inéditas  de  las  que  Al¬ 
fredo  Zavas  ha  publicado  dos  tomos.  Obras  de  don, 
José  de  la  Luz  Caballero  (Habana,  1890). 

Bibliogr.  Enrique  Piñeyro,  Hombres  y  glorias: 
de  América  (París,  1903);  José  Ignacio  Rodríguez, 
Vida  de  D.  José  de  la  Luz  y  Caballero  (Nueva  York, 
1879);  Manuel  Sanguilv,  José  de  la  Luz  Caballero' 
(Habana,  1890). 

Caballero  (Juan).  Biog.  ¡Militar  español,  n.  en  el 
reino  de  Nápoles  (1712-1791),  que  después  de  ha¬ 
ber  servido  en  aquel  país  á  las  órdenes  de  don  Car¬ 
los.  acompañó  á  este  príncipe  á  España  cuando  vino^ 
á  tomar  posesión  del  trono  en  1759.  En  1774  de¬ 
fendió  á  Melilla  contra  el  rey  de  Marruecos,  y  en 
1779  asistió  al  bloqueo  de  Gibraltar,  pasó  después 
á  Italia,  en  donde  fué  encargado  de  poner  en  estado 
de  defensa  las  plazas  del  reino  de  las  Dos  Sicilias, 
y  á  su  regreso  á  España  fué  revestido  de  las  más 
grandes  dignidadés. 

Caballero  (Juan).  Biog.  Religioso  mercedario 
español,  n.  en  Cuzco  (Perú).  Aprendió  casi  todas 
las  lenguas  de  aquel  país  y  fué  profesor  de  quechúa 
concurriendo  á  su  clase  numerosos  extranjeros.  Do¬ 
lado  también  de  notable  elocuencia  logró  convertir 
á  numerosos  indígenas  y  se  hizo  pópular.ísimo  entré 
ellos.  Escribió  varios  cánticos  ¡espirituales,  en  que¬ 
chúa,  diversas  obras  en  avmará  y  pulcirta  y  otra  ti¬ 
tulada  De  la  descendencia  de  los.  Reyes  Incas. 


CABALLERO 


53 


Caballero  (Juan  Barón).  Biog.  Médico  español, 
n.  en  1852.  E.s  catedrático  de  anatomía  descriptiva 
y  embriología  de  la  universidad  de  Santiago  y 
director  del  Hospital  especial  de  sífilis.  Colabora  en 
muchas  revistas  científicas  y  literarias  y  sus  traba¬ 
jos  sobre  anatomía,  patología  mental  y  sífilis  han 
sido  traducidos  al  francés,  alemán,  inglés  y  ruso. 
Es  autor  de  dos  obras  de  anatomía  y  de  numerosas 
novelas,  cuentos,  poesías  y  trabajos  de  crítica,  y  en 
un  concurso  internacional  celebrado  en  París  obtu¬ 
vo  el  primer  premio  por  su  monografía  sobre  el  es¬ 
tupor  melancólico.  Se  le  debe  un  procedimiento 
■especial  para  la  curación  del  chancro  blando  y  está 
■condecorado  con  la  medalla  de  los  Sitios  de  Zara¬ 
goza  por  ser  descendiente  directo  de  uno  de  los 
héroes  de  la  Independencia. 

Caballero  (Lucas).  Biog.  Político  colombiano 
■contemporáneo,  que  durante  la  guerra  de  Panamá 
desempeñó  las  funciones  de  jefe  de  estado  mayor 
del  ejército  revolucionario,  y  en  1905  fué  nombrado 
ministro  de  Hacienda.  Es  también  distinguido  escri¬ 
tor  y  orador  elocuente. 

Caballero  (Manuel).  Biog .  Coronel  de  ingenie¬ 
ros  español  que  estuvo  en  el  sitio  de  Zaragoza  en 
1808  y  escribió  una  relación  de  su  defensa. 

Caballero  (Manuel).  Biog.  Musicógrafo  español 
á  quien  se  deben  Gramática  filarmónica  (Valencia, 
1850),  y  Teoría  de  la  música  (Valencia,  1879). 

Caballero  (Manuel).  Biog.  Escritor  español  del 
■siglo  xix,  á  quien  se  deben  las  obras  Nociones  de 
Jisiología  é  higiene ,  v  Compendio  de  filosofía  moral. 

Caballero  (Manuel  Fernández).  Biog.  V.  Fer¬ 
nández  Caballero  (Manuel). 

Caballero  (Pablo  Domingo).  Biog.  Filólogo  es¬ 
pañol,  profesor  de  segunda  enseñanza,  m.  en  Lérida 
•en  1877.  Es  autor  de  una  Gramática  práctica  espa¬ 
ñola  y  de  otros  notables  escritos  sobre  la  excelencia 
de  este  idioma. 

Caballero  (Raimundo  Diosdado).  Biog.  Teólogo 
y  jesuíta  español,  n.  en  Palma  (1740-1820).  Al  ser 
expulsada  su  orden  marchó  á  Roma  dedicándose  por 
completo  á  la  literatura.  Se  le  debe:  Breve  satisfac¬ 
ción  del  abate  Filiberto  Parripalma,  que  es  el  seudó¬ 
nimo  que  empleó  en  casi  todas  sus  obras.  Be  prima 
typhographiae  híspanla  aetate  specimen,  Medios  para 
■estrechar  más  la  unión  entre  españoles,  americanos  y 
europeos,  Consideraciones  americanas,  Osseroazione 
calla  patria  del  pittore  Giuseppe  de  Ribera,  detto  lo 
Spagnoletto,  Observaciones  americanas  y  suplemento 
■critico  de  la  Historia  de  Méjico,  y  El  heroísmo  de  Her¬ 
nán  Cortés  confirmado  por  las  censuras  enemigas.  Es¬ 
cribió  además  dos  suplementos  á  la  Biblioteca  de 
escritores  de  la  Compañía  de  Jesús ,  que  se  publica¬ 
ron  en  Roma.  El  primero  llevaba  por  título  Biblio¬ 
teca  Scriptorum  Societatis  J esa  supplementa.  Supple- 
mentum  primum  y  fué  editado  en  1814,  V  el  segundo, 
■que  intituló  Supplementum  alterum ,  vió  la  luz  por  vez 
primera  en  1816. 

Caballero  (Ramón).  Biog.  Periodista  y  poeta 
español  del  último  tercio  del  siglo  xix.  Fué  redactor 
de  La  Correspondencia  de  España,  El  Imparcial  v  El 
País,  de  Madrid,  y  escribió:  Cantares  populares, 
Gorjeos  del  alma  (1884),  La  casa  maldita  (1885), 
Sueños  de  madre  (1887),  y  Leyenda. 

Caballero  (Ricardo).  Biog.  Pedagogo  español 
del  siglo  xix,  autor  de  una  obra  que  fué  durante 
muchos  años  de  texto  en  las  escuelas  de  niños  y 
adultos  titulada  Tesoro  del  artesano. 


Caballero  (Toribio  T.).  Biog.  Escritor  español 
que  perteneció  al  Cuerpo  de  Aduanas  y  autor  de  las 
obras:  Las  aduanas  españolas  (1882),  y  La  protección 
y  el  libre  cambio  antela  producción  española  (1883). 

Caballero  de  la  Rosa  (El).  Biog.  V,  López  de 
Zárate  (Francisco). 

Caballero  de  Puga  (Eduardo).  Biog.  Escritor  y 
periodista  español,  n.  en  Madrid  en  1847,  Fqndó 
El  Criterio  Nacional  y  perteneció  á  la  redacción  de 
La  Iberia  y  de  La  Prensa.  Escribió  los  Rituales  del 
aprendiz,  compañero  y  maestro  fracmasones  y  dió  al 
teatro  las  obras  Dos  Cartas,  Un  pensamiento ,  Ardid 
cómico,  Romea  y  otras. 

Caballero  de  Rodas  (Manuel  María).  Biog. 
Periodista  español,  n.  en  Estepa  (1815-1874),  di¬ 
rector  del  periódico  Las  Indias  y  colaborador  de  otras 
muchas  publicaciones.  Es  autor  de  las  obras  Com¬ 
pendio  dialogado  de  Historia  de  España,  Las  islas  Fi¬ 
lipinas  y  más  allá,  y  El  libro  de  los  deberes,  que  se 
publicó  en  1876  después  de  su  muerte. 

Caballero  de  Salazar  (Isabel).  Biog.  Pianista 
colombiana  contemporánea  que  ha  dado  conciertos 
en  distintas  ciudades,  siendo  muy  aplaudida.  Ha 
residido  largo  tiempo  en  los  Estados  Unidos. 

Caballero  Infante  y  Luazo  (Francisco).  Biog. 
Escritor  y  arqueólogo  español,  n.  en  la  Habana  en 
1847.  Estudió  derecho  y  filosofía  y  letras  en  la 
Universidad  de  Sevilla,  de  la  que  fué  profesor  auxi¬ 
liar  en  1870,  pasando  después  á  Valencia,  de  cuya 
Universidad  fué  secretario,  y  por  último  otra  vez  á 
Sevilla  con  el  mismo  cargo.  Posee  Caballero  una 
de  las  mejores  colecciones  arqueológicas^de  Sevilla, 
que  bien  merece  el  calificativo  de  museo,  abundando 
los  objetos  de  arte  más  curiosos  egipcios,  romanos  y 
árabes,  tanto  en  cerámica,  metal  y  piedra,  como  en 
maderas  v  metales  preciosos.  Es  además  escritor  dis¬ 
tinguido  y  gran  conocedor  de  los  clásicos.  Escribió: 
Santa  Teresa  de  Jesús  y  sus  obras,  Sófocles,  conside¬ 
rado  como  la  más  elevada  personificación  de  la  trage¬ 
dia  griega ;  Aristófanes  y  la  comedia  griega,  El  senti¬ 
miento  en  Homero  y  Virgilio,  Lucernas  cristianas,  sus 
clases  é  importancia,  traducida  al  italiano;  Monedas 
árabes  de  Valencia,  Monedas  árabes  de  Denla,  y  San 
Gregorio  VII,  traducida  al  italiano. 

Caballero  y  Bellido  (Ernesto).  Biog.  Director 
del  Instituto  de  Pontevedra  y  catedrático  de  física 
y  química  del  mismo,  n.  en  Salamanca  en  5  de 
Agosto  de  1858.  Es  autor  de  las  obras  Técnica  de 
las  preparaciones  microscópicas  sistemáticas  y  El  Mi¬ 
croscopio,  declaradas  ambas  de  relevante  mérito  pol¬ 
la  Real  Academia  de  Ciencias  de  Madrid,  habiendo 
sido  los  procedimientos  (que  son  originales  del  autor) 
adoptados  por  varios  especialistas  extranjeros.  Ha 
sido  pensionado  por  la  junta  de  Ampliación  de  Es¬ 
tudios  para  el  estudio  de  las  diatomeas  de  Galicia  y 
para  dar  un  curso  práctico,  en  Madrid,  de  química 
de  las  preparaciones  microscópicas  de  diatomeas  por 
los  procedimientos  por  él  descubiertos. 

Caballero  y  Fernández  de  Rodas  (Antonio). 
Biog.  Militar  español,  n.  en  Madrid  en  3  de  Abril 
de  1816  v  m.  en  la  misma  villa  en  26  de  Diciem¬ 
bre  de  1876.  Estudió  en  la  Academia  de  ingenieros 
v  después  pasó  al  arma  de  infantería  con  el  grado 
de  subteniente,  tomando  parte  en  la  primera  guerra 
carlista  y  teniendo  ocasión  de  distinguirse  por  su 
valor,  lo  que  le  captó  las  simpatías  de  sus  superiores. 
En  1854,  cuando  el  pronunciamiento  de  Vicálvaro, 
Caballero,  que  hasta  entonces  había  permanecido 


54 


CABALLERO 


fiel  al  gobierno,  se  pasóla  los  sublevados  en  plena 
acción  junto  con  otros  muchos  de  sus  compañeros, 
entre  ellos  Echagüe,  entonces  coronel  del  regimien- 


Antonio  Caballero  y  Fernández  de  Rodas 
(Autor  desconocido.  Museo  de  Artillería,  Madrid) 

to  de  infantería  del  Príncipe.  Al  declararse  la  guerra 
de  Africa,  Caballero  formó  parte  de  las  tropas  expe¬ 
dicionarias  y  su  valor  y  pericia  le  valieron  el  ascenso 
á  brigadier.  Al  regresar  á  Madrid  tuvo  una  cues¬ 
tión  con  el  célebre  orador  Nicolás  María  Rivero, 
v  en  el  duelo  que  fué  su  desenlace  resultó  herido 
Rivero,  lo  que  restó  no  poca  popularidad  al  general 
ya  que  en  aquella  época  su  contrincante  era  el  ídolo 
del  pueblo  de  Madrid.  Fué  desterrado  con  el  duque 
de  la  Torre  y  otros  generales,  permaneciendo  algún 
tiempo  en  Canarias  v  regresando  á  la  Península  para 
preparar  el  movimiento  de  1868,  del  que  fué  uno  de 
los  más  activos  factores.  Firmó  el  Manifiesto  de  Cᬠ
diz,  y  en  la  batalla  de  Alcolea  mandaba  una  división, 
contribuyendo  no  poco  al  triunfo  de  las  fuerzas  re¬ 
volucionarias  y  siendo  ascendido  por  su  comporta¬ 
miento  á  teniente  general.  Fué  después,  director 
general  del  arma  de  artillería  y  se  puso  más  tarde 
al  frente  de  la  columna  que  operó  contra  los  repu¬ 
blicanos  armados  de  Andalucía,  á  los  que  consiguió 
dominar  en  breve  tiempo,  si  bien  se  lé  acusa  de  que 
para  apoderarse  de  Málaga  colocó  á  las  esposas  é 
hijos  de  los  revolucionarios  á  la  cabeza  de  las  tuer¬ 
zas  que  mandaba. 

Caballero  y  Góngora  (Antonio).  Biog.  Prelado 
español  del  siglo  xvmque  siendo  arzobispo  de  Nue¬ 
va  Granada  (1782)  sucedió  al  virrey  Juan  ó  Manuel 
de  Torrezal  Díez^-y  Pimienta.  Inauguró  su  mando 
concediendo  uná  completa  amnistía,  arregló  los  lími¬ 
tes  de  las  diócesis  de  Nueva  Granada,  Quito  y  Ve¬ 
nezuela.  fundando  la  diócesis  de  Antioquia.  tomento 
la  agricultura  y  la  instrucción  v  fundó  el  Instituto 
de  Ciencias  Naturales.  En  1785  dimitió  «ambos  car¬ 
gos,  .  pasad  dd  á  España,  donde  fué  obispo  de  Cór¬ 
doba  y  t  cardenal. . 


Caballero  y  López  (Vicente).  Biog.  Escultor 
español,  n.  en  Madrid  en  1838  y  m.  en  Valladolid 
en  1878.  Fué  discípulo  de  la  Real  Academia  de  San 
Fernando  y  de  Siró  Pérez.  Trabajó  (1859)  en  las 
obras  de  restauración  de  la  iglesia  de  San  Vicente 
(Avila)  y  en  las  del  palacio  arzobispal  de  Valladolid» 
en  cu  va  ciudad  se  estableció  desempeñando  el  cargo- 
de  profesor  de  dibujo  en  la  escuela  de  Bellas  Artes. 

Caballero  y  Martínez  (Ricardo).  Biog.  Au¬ 
tor  dramático  español  de  fines  del  siglo  xix,  que 
dió  al  teatro  Ecos  de  nochebuena,,  Para  una  mo¬ 
dista...  un  sastre  (1875),  El  quinto  mandamiento. 
Fiestas  de  antaño.  Los  cazadores  (1879),  El  tiempo  es 
oro ,  La  caridad  en  la  guerra,  La  familia  de  Agame-, 
non,. y  La  tia  de  mi  mujer.  Publicó,  además,  loas  en 
honor  de  Eslava  y  de  Julián  Romea  y  un  tomo  de 
poesías  titulado  Cantos  del  Pueblo  (Madrid,  1884). 

Caballero  y  Morgay  (Fermín).  Biog.  Escritor 
y  político  español,  n.  en  Barajas  de  Meló  en  7  de 
Julio  de  1800,  y  m.  en  Madrid  en  .17  de  Junio- 
de  1876.  Estudió  la  carrera'eclesiástica  con  objeto  de 
poder  cobrar  las  rentas  de  un  beneficio  vinculado 
en  su  familia,  pero  en  1820  renunció  á  la  Iglesia 
para  dedicarse  al  foro,  cultivando  á  la  vez  la  botá^ 
nica,  la  agricultura  y  la  geografía,  lo  que  hizo  de  él» 
siendo  aún  muv  joven,  un  hombre  de  no  común  ilus¬ 
tración.  En  1822  fué  nombrado  profesor  interino  de 
geografía  y  cronología  de  la  universidad  de  Madrid,, 
interviniendo  en  1824  en  el  conflicto  entre  el  mar¬ 
qués  de  Malpica  y  los  pueblos  radicadós  en  el  tér¬ 
mino  de  sus  propiedades.  Afiliado  al  partido  progre¬ 
sista,  tuyo  que  abandonar  Madrid  en  1823,  no  re¬ 
gresando  á  la  corte  hasta  después  de  la  muerte  de- 
Fernando  VII.  Después  fué  sucesivamente  individuo 
de  la  Comisión  de  división  territorial,  comisionado- 
para  proponer  un  plan  de  censo' de  población  y  para 


Fermín  Caballero  y  Morgay,  por  M.  de  Ojeda 
(Ministerio  de  Agricultura,  Industria  y  Comercio.  Madrid) 

el  arreglo  de  los  Cinco  Gremios,  adjunto  del  Ayun¬ 
tamiento  de  Madrid,  vocal  de  la  Comisión  de  Esta¬ 
dística  general  de  España  y  jefe  de  sección  dej) 


CABALLERO  —  CABALLEROSO 


55 


ministerio  de  la  Gobernación;  ocupó  por  entonces 
la  alcaldía  de  Madrid,  desplegando  asombrosas  dotes 
de  actividad.», inteligencia  y  energía,  iniciando  entre 
otros  provectos  el  de  la  nueva  división  de  la  capital, 
la  formación  de  un  pensó  v  una  estadística  bastante 
exacta,  y  levantó  su  plano  topográfico  de  ia  pobla¬ 
ción,  consignando  sus  estudios  y  observaciones  en 
la  interesante  obra  Noticias  topográficas  estadísticas 
de  Madrid.  En  las  Cortes  y  en  la  prensa  fué  un  en¬ 
tusiasta  propagandista  de  las  doctrinas  económi¬ 
cas  de  Mendizábal,  y  al  formar  ministerio  Joaquín 
María  López  (1843),  se  encargó  de  la  cartera  de 
Gobernación,  que  sólo  desempeñó  siete  meses,  á  cau¬ 
sa  de  los  disgustos  que  amargaron  su  vida,  por  lo 
que  se  retiró  de  la  política  activa.  Fué  también  dipu¬ 
tado  y  senador  y  presidente  de  la  sociedad  geogrᬠ
fica  de  Madrid,  creada  tres  meses  antes  de  su  muer¬ 
te.  Como  dato  digno  de  mencionarse  citaremos  el  de 
que,  habiendo  desempeñado  elevados  cargos  políti¬ 
cos  y  siendo  popularísimo  en  España,  no  poseía  nin¬ 
guna  condecoración.  Se  le  debe:  Derecho  español 
é  historia  del  mismo ,  Mapa  exacto  de  la  guerra  de 
Turquía  (1828),  Corrección  fraterna  al  presbítero  doc¬ 
tor  don  Sebastián  Miñano,  autor  de  un  Diccionario 
geográfico  estadístico  de  España  y  Portugal  (1828), 
La  Turquía  victoriosa  (1829),  Cuadro  político  de  las 
cinco  partes  del  mundo  ( 1829),  Añadiduras  á  la  co¬ 
rrección  fraterna  (1830),  El  dique  contra  el  torrente 
(1830),  La  cordobada  (1830),  Noticias  sobre  Turquía 
(1830),  Apuntamientos  de  historia  (1831),  Epítome 
y  vocabulario  de  botánica,  Manual  de  la  lengua  ingle¬ 
sa,  El  sepulturero  de  los  periódicos  (1834),  Interro¬ 
gatorio  para  la  descripción  de  los  pueblos,  Nomencla¬ 
tura  geoprádca  de  España  (1834),  FcytpníñCaballeép 
á  sus  detractores  (1837).  El  gobierno  y  las  Cortes,  del 
Estatuto  (1837),  Fisonomía  náturol  y  política  de  los 
diputados  á  Cortes  de  1834,  1835  y  1836;  Voz  de 
alerta  á  los  españoles  constitucionales  (1.839).  PerÁci.á 
geográfica  de  Miguel  de  Cervantes,  demostrada  en  la 
historia, de  don  Quijote  de  la\ Mancha¡:{\$>A(X)\  Casa¬ 
miento  de  doña  Mearía  Cristina _  con  don  Fernando , 
Muñoz  (1840),  Manual  de  geografía,  Los  españoles 
pintados  por  sí  mismos ,  (1843),  Manual  geográfico 
administrativo  de  la,  monarquía  española,  (1844),  Si¬ 
nopsis  geográfica  (1848), .  Mefiíorifo  sobre  el  fomento 
de  la  población J rural,  que  fué, traducida  al  ¿portu¬ 
gués  (1866),  Reseña  geggráfico-e&tadística  de  España 
(1867).  Discursos  de  recepción  ep,  las  Academias  de 
la  Historia  y  de  Cienciqp  morales  y  políticas y  Con¬ 
quenses  ilustres,  en  cuatro  torpes.  La  mayoría  dé 
estas  obras  fueron  impresas  en,, M^dr-j 

Caballero  y  Ocio!(Juají).  Bjo'g.  Sacerdote  meji¬ 
cano,  n.  en  Querótaro  en  1644,  y  m.  en  Abril  de 
1707;  estudió  teología,  en  la  ciudad  de  Méjico  y,  re¬ 
cibiendo  después  ,  órdenes  sagradas,  confiáronse]? 
importantes  cargos,  tanto  civiles  como  eclesiásticos', 
pero  no  quiso  aceptar  el  de  Adelantado  de  Califor¬ 
nia,  rehusando  también  dos  obispados  en  España 
que  le  fueron  ofrecidos  cuando  la  fama  de  su^  yir-j-, 
tudes  é  inagotable  caridad  llegaron  hasta  1  adopte 4 
Heredero  de  una  inmensa  fortuna,  gastó  tpdo  su 
caudal  en  fundaciones,  benéficas,  como  hospicios, 
hospitales,  dotes  para  doncellas  pobres  y  socorros 
para  inmigrantes  desvalidos.  También  fundó  y  dotó 
una  iglesia  en  España,  en  Logroño,  la  ciudad  natal 
de  su  padre,  y  facilitó  á  los  jesuítas  mejicanos  gran¬ 
des  cantidades  con  las  que  les  fué  posible  empren¬ 
der  sus  misiones  en  California.  En  1699  distribuyó 


cuanto  le  quedaba,  reservándose  sólo  para  sí  un  cru¬ 
cifijo  v  pasó  el  resto  de  sus  días  en  la  mayor  pobre¬ 
za,  rechazando  siempre  toda  clase  de  honores. 

Caballero  y  Valero  (Víctor).  Biog.  Poeta  y 
periodista  español,  n.  y  m.  en  Cádiz  (1838-1874). 
Residió  en  la  Habana,  donde  colaboró  en  varios  pe¬ 
riódicos,  entre  ellos  el  Album  de  lo  bueno  y  dé  lo 
bello.  Escribió  La  Azucena  del  Valle  y  otras  leyen¬ 
das,  la  revista  dramática  Verá  V.  lo  que  lia  dejado  el 
año  73,  y  el  juguete  cómico  Poderoso  caballero  es  don 
Dinero. 

Caballero  y  Villar  (José  María).  Biog.  Médico, 
v  escritor  español,  n.  en  Santiago  de  Galicia  en 
1833.  Ingresó  en  el  cuerpo  de  sanidad  militar  en 
1862,  licenciándose  dos  años  más  tarde  por  el  mal 
estado  de  su  salud.  Después  ha  ejercido  su  profesión 
en  distintas  localidades  y  últimamente  en  Vitoria, 
habiendo  sido  agraciado  con  numerosas  condecora¬ 
ciones,  por  los  valiosos  servicios  que  ha  tenido  oca¬ 
sión  de  prestar.  Pertenece  á  distintas  academias  cien¬ 
tíficas  y  literarias  y  ha  escrito:  ¡Robre  Luisa! ,  novela 
(Santiago,  1885);  Diccionario  tecnológico  de  ciencias 
médicas  (Vitoria,  1886),  Higiene  de  la  mujer  (Vito¬ 
ria,  1889),  Apuntes  clínicos  (Vitoria,  1890),  Consi¬ 
deraciones  clínicas  acerca  de  la  etiología  y  terapéutica 
de  la  neumonía  (Logroño,  1893),  El  escorbuto  y  su 
tratamiento ,  memoria  premiada  por  el  ministerio  de 
Marina  con  la  Cruz  del  Mérito  Naval;  Nociones 
\de  gimnástica  higiénica  (Vitoria,  1894),  Historia  de 
una  epidemia  de . viruela,  (.Vitoria*  1898),  y  el  libro, 
inédito  de  ópera  titulado  Rusindá. 

Caballero  y  Vill^rroel  (José).  Biog.,  Pintor, 
¡español,  n,,en  Barcarrota  (Badajoz)  en  1842.  Pen¬ 
sionado  por  un  particular,  trasladóse  á  Madrid. en 
donde  estudió,  en  la  escuela  especial  de  pintura.  En 
1867  la  Diputación  provincial  de  Badajoz  le  otorgó 
una  pensión  para  continuar  sus  estudios  en  Madrid. 
Pintó  varios  bodegones  y  retratos,  pero  se.  dedicó  es¬ 
pecialmente. á  copiar  obras,  del  Museo  Nacional. 

CABALLEROS  DEL  TRABAJO.  Sociol, 
Asociación  socialista  fundada  por  el  sastre  Stéwens 
en  1869  en  Filadelfia  (Estados  Unidos);  Su  funda¬ 
dor,  se  proponía  contrarrestar  el  póder  del  capital 
, .por  medio  de  cooperativas  y  Ja  obtención  de  refor¬ 
mas  políticas  que  permitieran  _á Jos  obreros  percibir 
i  íntegro  el  producto  de  §u  trabajo.  La  propaganda. 
1  emprendida,  desde  un  principio  dió.  tales  resultados, 
i  que  en  1885  contaba  . con  más  de  medio  millón  de 
asociados.  Desde  1890, á  causa  de  la  campaña  hecha 
contra  esta  sociedad  por  los  socialistas  exaltados  v 
por  Jos  .anarquistas,  disminuyó  grandemente  su  im¬ 
portancia.  El  mismo  nombre  fué; adoptado  en  Euro¬ 
pa  por  los. socialistas  militantes  que  pretenden  formar 
|  una  especie  de  francmasonería  deda  clase  obrera;  de 
la  que  ya  existen  algunas  logias  ea  Bélgica  v  Fran- 
;  cía,  aunque.no'es  probable  que  dadojsu  carácter  pros¬ 
peren  en,  (a  actualidad. 

1  Caballejos)  (Lqs).  Geog ,  Cortijada  del  mun.  de 
Vélez  Blanco,  prov.  de.  Almería.1 

caballerosidad/  F.  Nobles.se.  —  It.  Cava- 
lleria,  §entilezta.- — In.  GentLemanlines.s,  —  A.  Ritterlich.- 
keit.  —  P.  Cavalheirasidade.  —  C.  Cavallerositat.  —  E. 
Kavalireco.  f.  Calidad  de  caballeroso.  ||  Proceder  ca¬ 
balleroso. 

CABALLEROSO,  S A.  adj.  Propiú.  de  caba- 
llerosi  ,|[  Que  tiene  acciones  prppias.de  caballero.  || 

•  V’.  MaTW.O  CABALLEROSO!*  '  v  ;  \ 

Deriv.,  Caballerosamente. 


56 


CABALLEROTE  —  CABALLETE 


CABALLEROTE.  m.  aum.  de  Caballero.  ||  I 
fura.  Caballero  tosco  y  desairado  en  su  persona.  || 
amer.  Cuba.  V.  Cubera. 

CABALLERUELOS.  Géog.  Nombre  de  dos 
riachuelos  de  la  prov.  de  Avila,  en  el  p.  j.  del  Barco 
de  Avila;  riegan  el  término  municipal  de  Santa  Ma¬ 
ría  de  los  Caballeros  y  llevan  sus  aguas  al  Tormes. 

CABALLETE.  6.a  acep.  F.  Chevalet,  tréteau.  — 
It.  Cavalletto.  —  In.  Trestle,  horse.  —  A.  Píerd.  —  P. 
Cavalhete. — C.  Cavallet. — E.  Stablo.  m.  dim.  de  Ca¬ 
ballo.  ||  La  parte  horizontal  más  elevada  de  un 
tejado,  ¡j  Potro  en  que  se  daba  tormento.  ||  Madero 
en  que  se  quebranta  el  cáñamo.  ||  Pieza  de  los  gua- 
darneses  que  sirve  para  colocar  las  sillas  de  montar. 

||  Madero  horizontal  apoyado  por  cada  uno  de  sus 
extremos  en  otros  dos  que  forman  ángulo.  ||  Caba¬ 
llón  (lomo  de  tierra  arada  que  queda  entre  surco  y 
surco).  ||  Extremo  ó  parte  más  alta  de  la  chimenea. 

||  Elevación  que  la  nariz  suele  tener  en  medio.  }| 
Elevación  huesosa  que  tienen  las  aves  entre  las  pe¬ 
chugas.  ||  Atifle  (utensilio  de  barro  que  usan  los 
alfareros).  ||  amer.  Arg.  Utensilio  de  comedor  que 
consiste  en  una  barrita  de  metal,  horizontal,  y  pies 
de  la  misma  materia,  y  sirve  á  cada  comensal  para 
colocar  sobre  él  el  cuchillo  y  el  tenedor,  y  á  veces 
la  cuchara,  después  de  haberse  servido  de  ellos. 

Caballete.  Arquit.  Dícese  de  una  superficie  que 
ofrece  dos  planos  en  pendiente  tangentes  en  lo  alto 
y  terminados  por  la  extremidad  opuesta  en  un  plano 
horizontal.  También  se  dice  de  dos  superficies  incli¬ 
nadas  en  forma  de  V  vuelta,  cuyas  superficies  sue¬ 
len  ser  ligeramente  convexas.  ||  Placas  de  plomo  ó 
de  cinc  que  cubren  la  parte  más  alta  de  una  techum¬ 
bre.  Los  caballetes  están  á  veces  coronados  con 
cresterías  caladas  ó  espigas.  Existen  en  la  parte  más 
alta  de  ciertos  edificios  góticos  muy  hermosos  ejem¬ 
plares  de  caballetes  cuyos  bordes  inferiores  forman 
ornatos  flameantes.  Ciertos  pabellones  del  Louvre 
están  también  decorados  con  caballetes  cubiertos  de 
ricos  motivos  de  ornamentación.  Los  caballetes  de 
los  edificios  del  Renacimiento  ofrecen  casi  todos 
magníficos  ejemplares  de  esta  moda  ornamental.  || 
Parte  superior  de  un  edificio,  y  también  pieza  de 
armadura  sobre  la  cual  descansan  los  cabrios  en  lo 
alto  de  una  techumbre.  ||  Pieza  de  armadura  que 
forma  la  parte  superior  de  un  tejado. 

Caballete.  B.  art.  Caballete  es  el  soporte  de  un 
cuadro  en  vías  de  ejecución.  El  caballete  más  senci¬ 
llo  se  compone  de  dos  triángulos  ligados  en  alto  y 
bajo  por  travesanos  y  ofreciendo  el  aspecto  de  un 
triángulo  de  forma  muy  prolongada.  Otro  travesano 
llamado  cola  completa  el  trespié,  estando  colocado 
detrás,  y  puede,  con  auxilio  de  un  cuarto  de  círculo 
y  un  tornillo  de  presión,  acercarse  más  ó  menos  para 
dar  mayor  ó  menor  inclinación  al  caballete.  Otras 
veces  los  dos  montantes  están  llenos  de  agujeros,  en 
los  cuales  se  meten  dos  clavijas  que  sirven  de  punto 
de  apovo  al  cuadro.  Ahora  están  reemplazadas  por 
una  tablilla  movible  que  desciende  ó  se  baja  por 
medio  de  un  pasador  que  se  afianza  sobre  los  dientes 
de  una  cremallera.  Se  usa  con  más  frecuencia  en 
nuestros  días  otro  sistema  de  caballete,  el  cual  con¬ 
siste  en  una  especie  de  construcción  vertical  que 
reposa  sólidamente  sobre  dos  traviesas  en  ángulo 
recto  que  sirven  de  sostén,  guarnecidas  de  ruedeci- 
tas  y  ofreciendo  así  ancho  asiento  al  conjunto.  Sobre 
esta  construcción  se  mueve  verticalmente,  con  ayuda 
de  un  tornillo  sin  fin  y  de  una  tuerca,  la  tablilla  en 


la  cual  descansan  los  cuadros,  la  cual  se  alza  ó  baja 
á  voluntad  por  medio  de  una  sencilla  manivela. 

Los  escultores  se  sirven  también  de  caballetes 
para  modelar  bajos  relieves.  Estos  caballetes  son  en¬ 
teramente  semejantes  al  caballete  sencillo  de  los  pin¬ 
tores,  y  siempre  provisto  de  clavijas;  pero  son,  por 


I 


Caballetes  de  pintor 


el  contrario,  mucho  más  macizos  y  sólidos,  pues 
deben  soportar  peso,  á  veces  bastante  considerable, 
de  planchitas  cargadas  de  barro  húmedo.  ¡|  Ca¬ 
ballete  de  campo.  Caballete  ligero,  sea  de  haya,  sea 
de  nogal,  guarnecido  de  pivotes,  i’esortes,  pasadores 
v  ranuras,  que  se  puede  desmontar,  plegarse  y  trans¬ 
portarse  cómodamente.  |¡  Caballete  de  estudio.  Dícese 
indiferentemente  del  caballete  que  tiene  forma  de 
trespiés  y  del  caballete  derecho  provisto  de  la  cre¬ 
mallera.  ||  Caballete  de  mesa.  Caballetito  de  madera 
blanca,  encina  ó  madera  más  rica,  á  veces  decorado 
con  esculturas  ó  vestido  con  telas,  destinado  á  colo¬ 
carse  sobre  una  mesa  para  soportar  cuadritos,  prue¬ 
bas  de  grabados,  fotografías,  etc.  ||  Caballete  de  mo¬ 
delar.  Soporte  bastante  elevado  que  termina  en  una 
plataforma  circular  ó  cuadrada  que  se  mueve  giran¬ 
do  sobre  sí  misma  por  medio  de  un  pivote,  y  sobre 
el  cual  los  modeladores  colocan  la  masa  de  barro,  y 
los  escultores  el  bloque  de  piedra  ó  de  mármol  en  los 
cuales  trabajan.  ||  Caballete  para  morder.  Los  graba¬ 
dores  que  se  servían  antes  y  con  preferencia  del 
agua  fuerte  para  pasar,  lo  cual  exige  movimiento 
continuado,  colocaban  el  cobre  sobre  un  caballetito; 
una  cubeta  servía  de  receptáculo  al  líquido,  que 
vertía  luego  en  una  terrina  ó  la  retenía  para  regar 
de  nuevo  el  cobre.  Un  dibujante-grabador  del  siglo 
pasado  inventó  también  una  máquina  para  traque¬ 
tear,  movida  por  un  aparato  de  relojería  y  destinado 
á  agitar  continuamente  un  cobre  colocado  en  una 
cubeta  llena  de  agua  fuerte  que  puede  verterse. 

Caballete.  Const.  Apoyo  ligero  hecho  de  madera 
que  se  emplea  para  sostener  las  tablas  de  los  anda- 
mios  con  que  se  techa  un  edificio.  Estos  apoyos  se 
sujetan  atándolos  á  las  armaduras.  ||  Caballete  de 
carpintero.  Par  de  maderos  enlazados  en  ángulo  agu- 


CABALLETE  —  CABALLITO 


57 


do  y  unidos  por  el  medio  con  un  travesano.  Con 
este  caballete  y  el  tablón  ó  madero  que  han  de  ase¬ 
rrar  forman  los  carpinteros  un  trespiés  que  asegura 
la  estabilidad  de  la  pieza  durante  la  operación.  || 
Caballete  de  pared.  V.  Albardilla.  ||  Caballete  de 
tornero.  Muletilla  de  metal  donde  se  asegura  la  he¬ 
rramienta  para  tornear  las  piezas.  ||  Caballete  para 
armazón  de  fuelle.  Soporte  que  sostiene  el  fuelle  de 
una  fragua,  formado  por  dos  gruesos  pies  de  madera 
unidos  por  un  travesaño.  [|  Caballete  para  rueda  de 
torno.  Banco  en  el  que  está  empotrada  la  rueda  que 
hace  girar  un  torno. 

Caballete  (Derecho  de).  Hist.  Derecho  que  los 
vasallos  tenían  de  tomar  en  los  bosques  señoriales 
las  vigas  que  debían  formar  el  caballete  de  arma¬ 
dura  de  sus  casas  al  tiempo  de  construirlas.  |j  De¬ 
recho  que  el  señor  cobraba  de  toda  nueva  casa  que 
los  vasallos  construían  en  sus  dominios. 

Caballete.  Imp.  Pedazo  de  madero  que  se  ase¬ 
gura  con  un  tornillo  en  la  pierna  izquierda  de  la 
prensa  de  mano,  donde  descansa  y  se  detiene  la  ba¬ 
rra  ó  manubrio. 

Caballete.  Mar.  Cada  uno  de  los  soportes  del 
gobernalle  ó  del  cilindro  á  que  se  arrollan  los  guar- 
dines  del  timón»  ||  El  ángulo  diedro  obtuso  que 
forma  el  canto  exterior  del  codaste,  y  el  análogo  he¬ 
cho  en  el  canto  interior  de  la  madre  del  timón.  Am¬ 
bos  tienen  por  objeto  el  que  pueda  cerrarse  á  la 
banda  el  timón. 

Caballete.  Mil.  El  caballete  más  sencillo  es  el 
formado  por  dos  pies  de  madera,  en  forma  de  aspa, 
que  se  unen  por  medio  de  un  larguero  horizontal. 
Sirve  algunas  veces,  en  el  servicio  de  ciertas  piezas 
antiguas  para  sostener  juegos  de  armas;  también  se 
emplea  como  taller  para  construir  faginas.  En  las 
baterías  de  cohetes  de  guerra  se  usaba  un  caballete 
para  sostener  los  cohetes  y  darles  dirección  al  lan¬ 
zarlos.  El  caballete  de  puntería  se  emplea  como  so¬ 
porte  del  fusil  en  los  ejercicios  preparatorios  de  la 
instrucción  del  tiro.  ||  Caballete  de  armas.  V.  Armero. 

Caballete  de  puente.  Soporte  fijo  que  se  destina 
á  la  construcción  de  puentes  militares  sobre  barran¬ 
cos  ó  ríos  de  poco  fondo,  que  no  permiten  el  empleo 
de  flotantes;  sirve  para  sostener  las  viguetas,  sobre 
las  que  descansa  el  tablero.  Los  caballetes  pueden 
ser  de  cuatro  ó  de  dos  pies.  Los  primeros  se  compo¬ 
nen  de  una  cumbrera  horizontal  de  4  á  5  m.  de  lar¬ 
go  (figs.  1  y  2),  cua¬ 
tro  pies  inclinados  ó 
montantes  y  los  tra- 
vesaños  y  tornapun¬ 
tas  necesarios  para 
dar  al  conjunto  la  ne¬ 
cesaria  rigidez  y  re¬ 
sistencia.  Su  altura 
varía  de  2  á  4  me¬ 
tros.  Estos  caballe¬ 
tes  son  muy  á  pro¬ 
pósito  para  puentes 
improvisados,  por  la 
facilidad  con  que  se 
construyen  en  el  mis- 
Caballete  de  cuatro  píes  IDO  Sitio  donde  debe 

tenderse  el  puente. 
Seis  hombres  bastan  para  armar  uno  en  tres  horas. 
Cuando  se  hacen  con  maderos  rollizos,  es  preciso 
escuadrar  la  cara  superior  de  la  cumbrera  para  que 
sienten  bien  sobre  ella  las  viguetas. 


El  caballete  de  dos  pies,  llamado  á  la  birago  (fig.  3) 
se  compone  de  una  cumbrera  de  poco  más  de  5°me- 
tros  de  largo,  en  cuyos  extremos  se  han  abierto  dos 
cajas  inclinadas  en 
sentido  inverso,  dos 
pies  que  entran  ajus¬ 
tados  en  estas  cajas, 
pudiendo  correr  por 
ellas  más  ó  menos, 
según  convenga,  dos  Fio.  2 

zapatas,  atravesadas  Caballete  de  cuatro  pieS 

por  los  extremos  in¬ 
feriores  de  los  pies,  que  sirven  para  proporcionar  á 
éstos  un  asiento  firme,  aumentando  la  superficie  de 
apoyo  de  aquéllos  sobre  el  terreno,  y  dos  cadenas  de 
suspensión,  cuyo  objeto  es  ligar  los  pies  con  la  cum¬ 
brera,  suspendiendo  ésta  de  las  cabezas  de  aquéllos. 
En  el  material  de 
puentes  sistema  da¬ 
nés,  hoy  reglamenta¬ 
rio  en  España,  que  es 
un  perfeccionamien¬ 
to  del  Birago,  la  cum¬ 
brera  de  pino,  que 
tiene  4‘19  m.  de  lar¬ 
go  v  una  escuadría 

de  Ó ‘215  X  0‘  157  Fio.  3 

metros,  termina  en  Caballete  &  la  birago 

dos  cabezas  de  acero 

galvanizado,  que  forman  las  cajas  por  donde  pasan 
los  pies;  éstos  también  de  pino,  y  de  0‘157  X  0‘115 
metros  de  escuadría,  son  de  longitud  variable  entre 
2-5  y  5  m.;  las  zapatas  son  de  fundición  maleable  v 
de  forma  elíptica;  el  ángulo  que  forman  los  pies  con 
la  cumbrera  es  de  72°. 

Caballete.  Más.  En  los  pianos,  listón  paralelo 
al  clavijero  que  reposa  en  la  caja  de  resonancia  y 
sobre  el  cual  se  ponen  en  tensión  las  cuerdas. 

Caballete.  Teleg.  Soporte  de  hierro  que  se  co¬ 
loca  sobre  un  edificio  para  sostener  hilos  telegrᬠ
ficos  ó  telefónicos.  En  lo  posible  se  evita  este  sis¬ 
tema,  substituyéndolo  por  postes  de  madera  ó  hierro 
sujetos  á  las  paredes  de  los  edificios,  pues  del  otro 
modo  los  alambres  producen  ruidos  con  las  vibra¬ 
ciones  y  éstas  perjudican  grandemente  á  las  arma¬ 
duras. 

Caballete  de  Casa  (Lomas  del).  Geng.  Monte 
de  Cuba,  prov.  de  Santa  Clara,  mun.  de  Sancti- 
Spiritus.  Estribación  del  nudo  de  Gavilanes,  tiene 
bosque  frondoso  v  enjambres  de  abejas. 

CABALLILLO.  m.  ant.  Caballete  de  un  te¬ 
jado.  ||  ant.  Caballón  (lomo  de  tierra  arada). 

CABALLINA.  Mit.  Sobrenombre  de  la  fuente 
de  Hipocrene  ó  del  caballo  Pegaso,  que  brotaba  al  pie 
del  monte  Helicón  y  estaba  consagrada  á  las  musas. 

CABALLINO,  NA.  adj.  Caballar. 

CABALLISTA,  m.  El  que  entiende  de  caballos. 

||  prov.  And.  Ladrón  de  á  caballo.  ||  Domador  de 
caballos. 

CABALLITERO,  RA.  adj.  amer.  Cuba.  Dícese 
de  las  personas  que  bailan  en  los  circos  ecuestres  y 
otros  sitios  de  diversión. 

CABALLITO,  rn.  dim.  de  Caballo.  ||  amer. 
Hond.  El  caballete  de  la  nariz.  ||  amer.  Perú.  Balsi- 
ta  de  cuero,  compuesta  de  dos  odres  unidos  fuerte¬ 
mente  entre  sí  en  cuyo  centro  va  remando  de  rodi¬ 
llas  un  solo  hombre,  y  que  puede  hacerse  á  la  mar 
cuando  no  pueden  las  demás. 


58 


CABALLITO  —  CABALLO 


Caballito.  Mar, ,  Flotador  empleado  en  la  costa 
septentrional  de  Chile,  para  atravesar  la  zona  de  las 
rompientes.  Consiste  eD  dos  troncos,  comúnmente 
de  palo  bobo,  recubiertos  de  una  es¬ 
pecie  de  enea  llamada  totora,  y  sólida¬ 
mente  unidos  en  ángulo  obtuso,  uno 
en  sentido  horizontal  y  el  otro  oblicuo. 

Se  impulsa  bogando  con  un  canalete. 

Caballito  del  diablo,  m.  Eutom. 

V.  Libélula. 

Caballito.  Geog.  Suburbio  de  Bue¬ 
nos  Aires  (República  Argentina),  es¬ 
tación  del  f.  c.  Oeste,  á  3,380  me¬ 
tros  de  la  plaza  Once  de  Septiembre. 

El  trayecto  de  26  cuadras  está  á  un 
nivel  inferior  al  de  las  calles  recorri¬ 
das  y  para  evitar  entorpecimiento  del 
tráfico  hay  cuatro  vías  paralelas. 

Caballito.  Geog.  Caserío  de  Hon¬ 
duras,  departamento  de  Valle,  círculo 
de  Goascoran  ,  mun.  de  Aramecina. 

CABALLITOS.  m.  pl.  Juego.  Juego  de  azar, 
semejante  á  la  ruleta.  Consiste  en  una  pista  circular 
con  ocho  ranuras,  en  cada  una  de  las  cuales  corre,  in¬ 
dependientemente  de  las  otras,  una  figurita  de  metal 
que  representa  un  caballito  montado  por  un  jockey, 
sostenida  por  una  varilla  que  gira  horizontalmente 
sobre  un  eje  vertical.  Se  pone  en  movimiento  á  estos 
caballitos  por  medio  de  una  manivela  que  hay  en  la 
mesa  de  juego  y  gana  el  que  al  pararse  queda  más 
próximo  á  la  meta.  A  derecha  é  izquierda  de  la  mesa 


Caballitos  (juguetes) 

hay  dos  tapetes  verdes  con  sus  correspondientes 
cuadros  y  números  para  apuntar  ó  hacer  las  puestas. 

Caballitos,  para  niños,  lnd.  Son  los  construidos 
de  cartón  ó  madera  para  servir  de  juguete  á  los  ni- 


i  .  Caballitos  (juguetes) 

ñop,  y  que  se  mueven  por  distintos, mecanismos.  Los 
ináp  comunes  son  los  sostenidos  en:  una  tabla  ó  pea¬ 
na  con  cuatro  ruedas  de  madera. ,  Existen  otros  en 


forma.de  triciclo,,  ó  sea  montados  sobre  tres  ruedas 
de  hierro  que  se  mueven  por  medio  de  una  cadena 
sin  fin  á  la  que  el  niño  impulsa  por  medio  de  una 


Juego  de  los  caballitos  (petits  clievaux) 

doble  manivela  colocada  en  la  cabeza  del  caballito, 
ó  pedaleando  en  la  rueda  delantera.  Los  caballitos 
empleados  por  los  niños,  principalmente  al  hacer  de 
picador  jugando  al  toro,  son  de  cartón,  huecos  y  con 
un  agujero  en  la  parte  de  la  silla  por  donde  pasa  el 
cuerpo  del  supuesto  jinete.  Para  ocultar  las  piernas 
de  éste  lleva  el  caballo  una  gualdrapa  ó  faldellín, 
sobre  el  cual,  á  ambos  lados,  aparecen  figuradas  las 
piernas  del  caballista.  Por  último,  existen  los  caba¬ 
llitos  de  balancín  ú  oscilantes,  cuyas  patas  se  apoyan 
en  dos  maderos  curvados  y  paralelos,  bastante  lar¬ 
gos  para  que  el  caballito  conserve  el  equilibrio.  El 
niño  montado  en  este  caballo  le  imprime  un  movi¬ 
miento  de  vaivén  y  lo  hace  oscilar  á  su  capricho 
como  una  especie  de  mecedora.  Una  variante  del 
anterior  es  el  sostenido  por  un  soporte  central  que 
en  su  parte  inferior  se  apoya  en  un  eje  v  á  cada 
lado  tiene  un  fuerte  muelle  de  acero  en  espiral.  Con 
el  impulso  por  el  pequeño  jinete  inclinando  el  cuer¬ 
po  atrás  y  adelante,  este  aparato  simula  el  galopar 
del  caballo. 

CABALLO.  1.a  acep.  F.  Cheval.—- It.  v  P.  Cava- 
lio. — In.  Horse.  —  A.  Pferd.  —  C.  Cavall.—  E.  Ceyalo. 
—Mecán.  F.  Cheval  vapeur.  -¡-4  It.  Cavallo  á  vapore. — 
In.  Horsepower. — A.  Pferdestárke.  —  P.  Cavallo  de  vapor. 
—  C.  Cavall  de  forsa.  - —  E.  Cevalpovo,-forto.  (Etim.  — 
Del  lat.  caballas:  del  gr.  kabálles.)  m.  Animal  solípe- 
do,  de  cuello  y  cola  poblados  de  crines  largas  y  abun¬ 
dantes  y  de  pelo  castaño,  blanco,  negro,  etc.,  ó  man¬ 
chado  de  estos  ú  otros  colores,  ||  Burro  (armazón  de 
carpintería  para  aserrar  la  madera).  ||  Bubón.  ||  pl. 
Soldados  de,  á  caballo.  ¡|  fig.  amer.  Cuba.  Perso¬ 
na  necia. 

Deriv.  Caballuelo.  Caballuno,  na. 

Caballo  aguililla.  En  algunos  países  de  Amé¬ 
rica,  cierto  caballo  muy  veloz  en  el  paso.  ||  Caballo 
albardón.  ant.  Caballo  de  carga.  ||  Caballo  bar¬ 
dado.  El  que  iba  armado  ó  defendido  por  la  barda. 

||  Caballo  blanco.  Germ.  Empresario.  ||  fig.  Per¬ 
sona  explotable.  ||  Caballo  de  agua.  Caballo  ma¬ 
rino.  ||  Caballo  de,  aldaba.  Caballo  de  regalo. 
Llámase  así  por  estar  generalmente, atado  á  la  aldaba 
sin  trabajar.  ||  Caballo  de  batalla,  fig.  Aquello 
en  que  sobresafe  el  que  profesa  un  arte  ó  ciencia  y 
en  que  suele  ejercitarse  con  preferencia>ji||  fig.  Punto 
principal  de  una  controversia.  ||  Caballo  de  buena 
boca.  fig.  y  fam.  Persona  que  se  acomoda  fácilmente 


CABALLO 


59 


á  todo,  sea  bueno  ó  malo.  Dícese  más  coihúnmente 
hablando  de  la  comida.  ||  Caballo  de  buenas  accio¬ 
nes.  V.  Equitación.  ¡|  Caballo  del  diablo.  Ca¬ 
ballito  del  diablo.  ¡|  Caballo  de  mano.  El  que  se 
engancha  á  la  derecha  de  la  lanza.  ]|  Caballo  de 
mar.  Caballo  marino'  ||  Caballo  de  palo.  fig.  y 
fam.  Caballete  (para  quebrantar  el  cáñamo').  ||  fig. 
y  fam.  Cualquiera  embarcación.  ||  Caballo  de  re¬ 
galo.  El  que  se  tiene  reservado  para  el  lucimiento. 

||  Caballo  de  silla.  El  que  se  engancha  á  la  iz¬ 
quierda  de  la  lanza.  ||  Caballo  marino.  Animal  fa¬ 
buloso  representado  en  el  arte  decorativo  con  cuerpo 
de  caballo  y  cola  de  pescado.  Hipopótamo.  ||  Caba¬ 
llo  mulero.  El  aficionado  á  muías,  y  que  se  encien¬ 
de  demasiado  con  ellas.  ||  Caballo  padre.  El  que 
los  criadores  tienen  destinado  para  la  monta  de  las 
yeguas.  ||  Caballo  recelador.  El  destinado  para 
incitar  lás  yeguas. 

A  caballo,  m.  adv.  Montado  en  una  caballería.  || 
A  caballo  comedor,  cabestro  corto,  ref.  Es  con¬ 
veniente  moderarse  y  refrenar  los  vicios.  ||  A  caba¬ 
llo  nuevo,  caballero  viejo,  ref.  Un  caballo  joven 
requiere  un  jinete  experimentado.  ||  A  caballo  pre¬ 
sentado  ó,  regalado,  no  hay  que  mirarle  el  dien¬ 
te.  ref.  Es  una  impertinencia  harto  grosera  andar 
buscando  faltas  en  la  cosa  que  le  regalan  á  uno.  || 
A  caballo  viejo,  poco  forraje,  ó  poco  verde,  ref. 
A  las  personas  de  edad  hay  que  darles  poco  alimen¬ 
to,  pero  substancioso.  |¡  Al  caballo  has  de  mirar, 
que  Á  la  yegua  no  has  de  catar,  reí.  Expresa  la 
superioridad  del  macho  sobre  la  hembra  en  esta  clase 
de  animales.  ||  A  mata  caballo,  m.  adv.  Atropella¬ 
damente,  muy  de  prisa.  ||  Andar  á  caballo  una  cosa. 
fr*  fig*  y  fam.  amer.  Arg.  Haber  carencia  ó  escasez 
de  ella.  ||  Andar,  ir,  montar  ó  subir  en  el  caballo 
de  san  Francisco,  ó  del  seráfico  padre,  fr.  fig.  y 
fam.  Ir  á  pie?||  Andar,. obscuro  el  caballo,  fr.  Ta¬ 
parse  EL  CABALLO.  |¡  APRETAR  Á  UN  CABALLO,  fr. 
Picarle  para  que  corra..  ||  Asosegarse  uno  en  su 
caballo,  fr.  ant.  Asegurarse  y  afirmarse  en  él.  [| 
Caballo  alazán,  no  esté  contigo  al  San  Juan.  fr. 
Indica  que  el  caballo  alazán  debe  venderse  en  pri¬ 
mavera  cuando  entra  en  calor.  |[  Caballo  corriente 
sepultura  abierta,  fr.  Indica  que1  el  caballo  que» 
dorre  mucho  pone  en  peligro  de  muerte  á  su  jinetéJ 
||  Caballo  de  bienandanza,  calzado  del  pie  de  ca¬ 
balgar  y  De  la  mano  dÉ' la  lanza,  fr.  Significa 
¿jue  todo  buen  caballo  debe  tener  manchas’ blanca 
en  el  pie  izquierdo  y  en  la  mano  derecha.  ||  Cá ba¬ 
leo  «rande,  y  ande  ó  no  ande.  ref.  Censura  á  los 
que  prefieren  el  tamaño,  á  la  buena  calidad  de  las 
cosas.  ||  Caballo  que  alcanza,  pasar  querría,  ref. 
Indica  qne  la  ambición  no  conoce'  límités.  ||  Caba¬ 
llo  QUE  HA  DE  IR  Á  LA  GUERRA,  NI  LE  'COME  EL 
lobo,  ni  le  aborta  la  yegua,  ref.  Expresa  la  idea 
fatalista  de  que  el  destino  ha  de  cumplirse.  ¡||  Qa- 
BÁLLO  QUE  no  SALE  DEL  ESTABLO  SIEMPRE  RELIN-; 
cha.  fr.  Alude  á  los  que  encontrándose  enfermos 
durante  largo  tiempo  anhelan  los  placeres.  ||  Caba¬ 
llo  que  vuELa  no  quiere  espuelaj  fr.  Indica  que 
la  persona  activa  y' amiga  del  trabajo  no  necesita 
ser  excitada.  ||  Caballo  ruIn  muchos  le  loan  y 
pocos  le  han.  ref.  Indica  que  son  escasos  losi  que 
püeden  y  quieren  tener  un  caballo  de  regalo,  aunque 
á  muchos  les  guste.  ||  Caer  bien,  ó  mal,  á  caballo. 
fr:  fig.  y  fam.  Ir  bien  montado,  bien  puesto  y  airoso*, 
ó1  al  contrario.  ||  Dar  Cabállo.  fr.  amer.  Méj.  Tomar 
cuatro  personas  á  otra  por  brazos  y  piernas;  yi  ya 


tendida,  montar  otra  sobre  el  cuerpo  del  paciente,  al 
cual  alzan  y  bajan  como  si  lo  manteasen.  ||  De  ca¬ 
ballo  DE  REGALO  Á  ROCÍN  DE  MOLINERO,  expr.  fam. 
Se  dice  del  que  pasa  de  la  prosperidad  á  la  desgra¬ 
cia.  |  De  Caballos,  m.  adv.  ant.  A  caballo.  ||  De¬ 
rribar  AL  CABALLO  Ó  DERRIBAR  LAS  CADERAS  AL 

caballo,  fr .  Eqnit:  Hacerle  meter  los  pies  para  que 
baje  ó  encoja  las  ancas.  ||  El  caballo  harto  no  es 
comedor,  ref.  El  buey  harto  no  es  Comedor.  || 
Enfrenar  bien  el  caballo,  fr.  Llevar  la  cabeza 
derecha  y  bien  puesta.  ||  Escapar  el  caballo,  fr. 
Hacerle  correr  con  extraordinaria  violencia.  ||  Eso 
QUEREMOS  ,  LOS  DE  Á  CABALLO,  QUE  SALGA  EL  TORO, 
ref.  Expresa  que  es  costumbre  desear  ávidamente  lo 
que  puede  proporcionarnos  gloria  ó  ganancia,  honra 
ó  provecho,  etc.,  aunque  haya  de  conseguirle  á  costa 
de  alguna  dificultad.  ||  Levantar  el  caballo,  fr. 
Sacarle  á  galope.  j|  Llevar  el  caballo,  fr.  Mane¬ 
jarle.  ||  Montar  á  caballo,  fr.  Montar  en  una  ca¬ 
ballería.  ||  Poner  á  caballo,  fr.  Empezar  á  enseñar 
y  á  adiestrar  á  uno  en  el  arte  de  la  equitación.  || 
Ponerse  bien,  ó  mal,  en  un  caballo,  fr.  Caer  bien. 
ó  ma'l,  á  Caballo.  ||  Quien  no  monta  á  caballo  del 
caballo  nunca  se  cae.  ref.  Las  contingencias  pro¬ 
pias  de  las  cosas,  sólo  pueden  recaer  en  los  que  en 
tales  cosas  se  ocupan.  ||  Sacar  bien,  ó  limpio,  el  ca¬ 
ballo.  fr.  En  el  manejo  de  caballería,  v  particular¬ 
mente  en  las  corridas  de  toros,  salir  del  lance  ó  de  la 
suerte  sin  que  el  caballo  padezca,  y  siguiendo  la 
mano  y  el  paso  que  enseñan  las  reglas  del  manejo.  || 
fig.  Salir  bien  de  alguna  disputa  ó*  de;  los  cargos  que 
se  hacen j  || ,  Hacer  alguna  cosa  difícil  ó  peligrosa, 
¡evitando  todo  t daño.  ||  Ser  uno  de  á  caballo,  ir. 
amer.  Arg.  Ser  buen  jinete.  ||  fig;  y  fam.  Fumar  ci¬ 
garro  puro  y  no  de  papel.  ||  Si  ,el  caballo  tuviese 
bazo  y  la  paloma  hiel,  toda  la  gente  se  avendría 
bien,  ref*  Indica  que  es  necesario  ¿oléramos  recípro¬ 
camente,  iporque  todos  tenemos  flaquezas  y  debilida- 
des..  ||  SuBfR  Á  caballo,  fr.  Montar  ái;caballo.  || 
.Suspenderse  el  caballo,  fr.  Asegurarse  sobre  las. 
piernas  con  los  brazos  al  aire.  [|  Taparse  el  caballo. 
fr.  Cubrir  algún  tanto  la  huella  de  una  mano  con  la  de 
la:  otray  ||  Trabajar  un  caballo,  fr,  Ejercitarle  y 
amaestrarle.  ¡|  Trocá'R  el  caballo,  fr.  Mudarle  ó.yoL 
verle  deuiina  mano  á  otra.  ||  Yo  y  mi  qaballo,  ambos* 
tenemos  UN  cuidado,  ref.  Zahiere  á  íos  que  sólo 
piensan  en  comer. 

.  Caballo,  Art.  y  O/.  En  las  fábricas  de  cristal  el 
banco' en  que  se  apoya  la  caña  para  trabajar.  j¡  Entre 
impresores  el  golpe  que  se  da  en  la  forma  con  la 
frasqueta  cuando  no  sé  Cierra  bien  al  echarla;  dase 
el  mismo  nombre  á  la  composición  encaBallada.  || 
Hebra  de  hilo  que  se  cruza  ó  atraviesa  al  formar  la 
madeja  en  el  aspa.  ||  El  alambre  que  se  envuelve 
irregularmente  sobre  otro  formando  desigualdades 
en  la  cubierta  del  canutillo  y  bordones,  al  fabricar 
estos  accesorios  de  guitarra.  ||  Nombre  que  se  aplica 
á  la  figura  de  madera  que  se  usa  en  gimnástica  para 
aprender  á  voltear  y  cuya’  forma  recuerda  la  de  un 
caballo. 

Caballo.  Astron.  Con  el  nombre  de  Caballo  me¬ 
nor  sq  désigna  en  astronomía  la  constelación  limita-: 
da  al  norte  por  el  Delfín  y  Pegaso,  al  este  por.  Pe¬ 
gaso.  al  sur  por  Acuario  v  por  el  Delfín,  al  oeste. 
De  20 h  48 m  2o  sigue  el  límite  el  círculo  horario 
hasta  10°,  luego  el  paralelo  hasta  20h  56m,  el  cír¬ 
culo  Fotario  hasta  12°,  el  paralelo  hasta  21  h  28m.  el 
círculol  hor'ario  hasta  +  2o  y  el  paralelo  liapta 


60 


CABALLO 

Nebulosas  y  conglomerados  más  notables  en  el  Caballo  menor  ( Equulens ) 


Número 
del  catálogo 
de  Droyer 

Ascensión  recta 

Declinación 

Descripción 

1364' 

21h  8™  3 

2°  21' 

Nebulosa  brillante,  pequeña,  redonda. 

1374' 

21  16 

3  34 

Nebulosa  tenue  que  envuelve  dos  estrellas. 

1376' 

21  20  4 

3  54 

Nebulosa  brillante,  redonda,  pequeña. 

1380' 

21  22  1 

2  16 

Nebulosa  brillante,  redonda,  pequeña. 

7078 

21  25  1 

11  44 

Notable  conglomerado  globular,  muy  brillante,  extenso,  irre¬ 
gular,  resoluble  perfectamente. 

20“  48 m.  Heis  cuenta  ana  estrella  de  magnitud, 
cuatro  de  5.a,  11  de  6.a;  en  totalidad  16  estrellas 
visibles  á  simple  vista.  La  constelación  fué  introdu¬ 
cida  por  Tolomeo. 


)  Estrellas  de  color 

_ 

Magnitud 

Color 

Ascensión 

Declinación 

20“  52m  49s 

20  59  36 

21  3  33 

21  16  8 
21  23  31 
21  24  36 

3°  48'  6 

5  6  4 

6  35  8 

6  56  8 

7  45  8 

6  8  6 

65 

55 

6*5 

6 

6-5 

6*5 

Amarillo 

» 

» 

» 

..... 

La  estrella,  cuyas  coordenadas  para  1770  son  AR 
=  20h  52m  14s2)  =  3o  29',  fué  descubierta  por 
Barnard  como  triple,  las  estrellas  componentes  tie¬ 
nen  las  magnitudes  siguientes:  10‘1,  11‘3  y  11 ‘8. 
La  Ay  B  distan  1‘42  y  Ay  C  23‘46.  El  ángulo  de 
posición  en  las  dos  primeras  es  de  84‘7  en  la  A  y  C 
251°, 4  en  1891.83. 

La  e  del  Caballo  menor  á  la  que  Struve  asigna  el 
número  2,737  en  su  catálogo,  es  un  sistema  triple  fí¬ 
sico  de  mucho  interés.  El  movimiento  propio  común 
de  las  tres  componentes  es  de 

0"  204  en  227°,  1 

El  plano  de  la  órbita  de  A  B  pasa  por  el  punto  de 
vista;  por  consecuencia,  varía  sólo  la  distancia  relati¬ 
va  aparente.  La  máxima  elongación  de  las  dos  estre¬ 


llas  se  alcanzó  en  1870  aproximadamente.  El  perío¬ 
do  orbital  es  enteramente  desconocido  (V.  fig.  1). 
Las  coordenadas  del  sistema  en  1880  son: 

AR  =  20h  53m  5S,  D  =  3o  50' 

El  ángulo  de  posición  de  A  y  B  es  de  29  LO, 
distancia  0,35  en  1835,67.  La  estrella  A  es  de  5,  /, 


la  B  de  6,2.  El  ángulo  de  posición  de  B  y  C  es  de 
78°1,  la  distancia  10,85  en  1833,39.  A  y  B  son 
amarillentas,  C  es  blanca  cenicienta. 

La  2  (X)  es  un  sistema  binario  de  color  muy  blan¬ 
co.  Figura  este  sistema  con  el  número  2,742  en  el 
catálogo  de  Struve.  El  movimiento  propio  del  siste¬ 
ma  es  de  0'',055  en  257°, 4.  Coordenadas:  20“  56m  17s 
D— 6o  43'.  Angulo  de  posición  224°7.  Distancia  2"58 
en  la  época  1831,57.  Magnitud  de  las  componentes: 
7,1  ambas. 

Burnham  descubrió  en  esta  constelación  dos  es¬ 
trellas  dobles  que  figuran  en  su  catálogo  general 


10* _ _ 3£ _ yf _ 60" 

Escala 


Fio.  2 

§  EquuleL 


con  los  números  10.707  y  10.709.  La  primera  coin¬ 
cide  acaso  con  un  sistema  descubierto  por  Herschell. 
Coordenadas:  20h  58™  39s,  D  =  7o  17r;  AR  =  20“ 
58m  43s  y  D  =  3o  3'  respectivamente  (1880). 

La  estrella  y  del  Caballo  menor  es  cuádruple. 

Sus  coordenadas  son  AR  (1880)  21h  4m  30s,  D 
=  9o  39'. 


Angulo  de  posición  de  A  y  B.  . 

Distancia . 

Angulo  de  posición  de  A  y  C.  . 

Distancia . 

Angulo  de  posieión  de  A  y  D.  . 
Distancia . 


276°8  ) 
2"13j 


1867,5 


1888,82 

alens}1835’69 


El  grupo  AC  fué  descubierto  por  Burnham,  el  AD 
por  Struve.  El  movimiento  propio  del  sistema  es  de 
0"170  en  169°.  La  compañera  D  es  la  6  Equulei, 
grupo  á  que  Struve  asignó  el  número  54.  El  grupo 
AB  fué  descubierto  por  Knott. 

También  es  cuádruple  el  sistema  19  Equulei, 
descubierto  por  Burnham,  con  un  objetivo  de  9‘4 
pulgadas  en  el  observatorio  de  Dartmouth-Colle- 
ge.  El  sistema  de  A  y  D  fué  descubierto  por  La- 
lande. 


CABALLO 


G1 


Caballos  de  la  baraja 

1.  Dibujo  de  Apeles  Mestres.  —  2  y  5.  Barajas  antiguas.  —  3.  Baraja  española  estampada  en  Alemania.  —  4.  Baraja  común 
(Colección  Apeles  Mestres) 


He  ahí  las  coordenadas: 


AR  (1880)  21h  7m  31s,  D  (1880)  6o  43' 


Angulo  de  posición  de  A  y  B.  . 

Distancia . 

Angulo  de  posición  de  A  y  C.  . 

Distancia . 

Angulo  de  posición  de  A  y  D.  . 
Distancia . 


354°6 

0"62 


1875,82 


32°7  , 
32"55  i 


1898,70 


173°0  > 
183"24) 


1824,99 


La  o  del  Caballo  menor  es  un  sistema  triple  (figu¬ 
ra  2).  La  figura  representa  el  sistema  AB  y  á  dis¬ 
tancia  las  posiciones  de  C:  A  y  B  se  hallan  muv 
juntos  á  0"44,  en  cambio  A  y  C  distan  27"40.  Coor¬ 
denadas: 

AR  (1880)  ==  21*  8™  38s 
B  (1880)  =  9o  31' 

Angulo  de  posición  de  A  v  B  20°6  en  1852,65 
»  »  de  Ay  C  38°8  en  1833,20 

A  las  mismas  épocas  se  refieren  las  distancias.  El 
sistema  AC  fué  descubierto  como  doble  por  Struve  v 
por  triple  por  O.  Struve. 

Una  de  las  estrellas  más  interesantes  en  la  cons¬ 
telación  de  que  nos  ocupamos  es  sin  duda  ninguna 
la  ¡3,  cuyas  coordenadas  son: 

AR  (1880)  =  21h  16m  56%  D  =  6o  18' 


La  estrella  es  en  realidad  quíntuple. 


Angulo  de  posición 

Distancia 

Epoca 

Sistema  A  y  B.  . 

259°  7 

31  "58 

1878,20 

308  7 

67  4 

1877,77 

10  4 

6  03 

1877,73 

275  9 

86  28 

1878.63 

Fué  descubierto  este  sistema  por  Burnham  como 
quíntuple. 

Herschell  fué  quien  por  primera  vez  se  dió  cuenta 
de  su  multiplicidad  sin  llegar  á  percibir  la  B.  Cita- 
remas  finalmente  el  sistema  triple  de  coordenadas.; 


AR  (1880)  =  21h  19m  13%  D  =  8o  52' 


Aagulo  de  posición  A  y  B  .  .  . 

Distancia . 

Angulo  de  posición  A  y  C  .  .  . 
Distancia . .  . 


241  ‘6  \ 
0"57  } 
242-2  / 
26"51  ) 


1875,48 

1828,80 


Caballo.  Blas.  En  heráldica  se  representa  siem¬ 
pre  de  perfil  y  simboliza  la  guerra  y  el  valor.  Vir¬ 
gilio  dice  á  este  propósito:  Bello  armantur  equi, 
bellum  hace  armenia  minantur.  y  Lucrecio  llamaba  á 
los  caballos  casta  belicosa  y  nacida  para  los  triunfos. 
De  la  gran  estimación  que  alcanzó  el  caballo  vino  el 
que  muchos  emperadores  se  hicieran  representar  en 
actitud  ecuestre  y  que  á  su  imitación,  y  por  otras- 
consideraciones  simbólicas,  gran  número  de  caballe¬ 
ros  lo  tomaran  por  armas.  Se  llama  caballo  alegre 
cuando  en  el  escudo  se  le  representa  en  pelo,  sin 
brida  ni  cabestro;  caballo  asustado  cuando  aparece- 
encabritado  y  casi  derecho  con  las  manos  en  el  aire; 
caballo  corriendo  si  tiene  las  piernas  extendidas  sin 
tocar  el  suelo;  caballo  animado  el  que  se  representa 
en  el  acto  de  acometer  y  tiene  el  ojo  de  esmalte,, 
distinto  del  cuerpo,  y  caballo  cabellado  cuando  el  es¬ 
malte  del  cuerpo  es  diferente  del  natural. 

Caballo  Fort.  Recibe  el  nombre  de  Caballo  de 
frisa  la  defensa  accesoria,  que  consiste  en  una  viga 
de  regular  escuadría,  atravesada  normalmente  á  sus 
caras  por  dos  órdenes  de  estacas  largas  y  puntiagu¬ 
das,  perpendiculares  el  uno  al  otro.  Las  estacas  de¬ 
ben  ser  todas  de  la  misma  longitud  y  tener  sus  pun¬ 
tas  endurecidas  al  fuego  ó  guarnecidas  de  hierro. 
Para  unir  entre  sí  los  caballos  de  trisa  llevan  en  un 
extremo  una  cadena  y  un  gancho  ó  anilla  en  el 
opuesto.  Esta  defensa,  bastante  eficaz  para  dificul¬ 
tar  el  acceso  del  enemigo  á  una  posición,  pero  de¬ 
construcción  difícil,  apenas  se  emplea  boy,  aunque 
ha  sido  muy  usada  antiguamente.  Se  recomienda  de- 


un  modo  especial,  sobre  todo  construyéndola  de  hie¬ 
rro.  para  cerrar  espacios  de  limitada  extensión,  ta¬ 
les  como  la  , gola  de  unaobra.  de  fortificación,  la 
brecha  abierta  en  un  muro,  etc.  Créese  que  los  es- 


62 


CABALLO 


pañoles  fueron  los  primeros  en  usarla  el  año  1594 
•en  la  defensa  de  la  plaza  de  Groninga  (Frisia,  Paí¬ 
ses  Bajos)  contra  Mnuricio  de  Nassau,  y  que  de  aquí 
procede  el  nombre  que  se  le  dió  de  caballo  de  Fri¬ 
sia ,  que  corrompiéndose  se  ha  convertido  en  caballo 
de  frisa,  y  aunque  no  falta  quien  niegue  esta  etimo¬ 
logía,  la  circunstancia  de  que  los  alemanes  le  llamen 
spanischer  Reiter  le  da  indudablemente  alguna  auto¬ 
ridad,  pues  parece  dar  á  entender  que  fueron  efecti¬ 
vamente  los  españoles  quienes  introdujeron  esta  cla¬ 
se  de  defensas  en  sus  guerras  de  aquella  época. 

Caballo.  Juego.  En  los  naipes  figura  que  repre¬ 
senta  un  caballo  con  su  jinete.  Va  marcado  con  el 
número  11,  lleva  estampado  el  palo  á  que  corres¬ 
ponde  y  su  valor  es  medio  entre  el  rey  y  la  sota  (tres, 
en  el  tute  y  la  brisca).  ||  Pieza  grande  del  juego  de 
ajedrez.  Camina  en  ángulo  de  tres  en  tres  casas, 
contando  como  primera  aquella  en  que  está  y  como 
tercera  la  casilla  adonde  va  á  parar;  salva  la  segun¬ 
da  en  cualquier  sentido  y  cambia  de  dirección  al 
pasar  á  la  tercera,  que  ha  de  ser  de  distinto  color  al 
de  la  casilla  que  ocupaba.  Es  la  única  pieza  de  aje¬ 
drez  que  puede  saltar  por  encima  de  las  otras  piezas 
al  moverse. 

Caballo  blanco.  Juego  de  azar,  llamado  también 
aduana,  que  se  ejecuta  con  ocho  dados.  En  los  seis 
primeros  hay  puntos  ó  números  desde  uno  hasta  seis 
■en  una  sola  cara,  en  otro  un  martillo,  y  en  el  último 
una  campana.  Se  tiene  un  perrito  en  el  extremo  de 
un  palo,  con  una  cestita  en  la  boca  y  cascabeles  en 
«1  cuello,  un  platito  para  poner  los  tantos  y  cuatro 
cartones,  en  uno  de  los  cuales  hay  pintado  un  edi¬ 
ficio,  en  el  otro  una  campana,  en  el  otro  un  caballo 
y  en  el  último  un  martillo  y  una  campana;  se  subas¬ 
tan  los  cartones  entre  los  jugadores;  con  su  importe 
se  constituye  un  fondo;  cada  uno  de  ellos  por  turno 
ocha  los  dados  cobrando  del  fondo  una  cantidad 
igual  al  número  que  arrojan  los  dados,  á  no  ser  que 
salga  el  martillo,  la  campana  ó  la  campana  y  marti¬ 
llo,  en  cuyo  caso  cobra  aquella  cantidad  el  poseedor 
•del  cartón  respectivo;  si  los  dados  presentan  todos 
■una  cara  en  blanco,  es  el  poseedor  del  cartón  del  ca¬ 
ballo,  el  que  cobra  un  tanto  del  que  los  ha  jugado. 
El  juego  termina  al  agotarse  el  fondo,  siendo  de 
advertir  que  cuando  no  quedan  más  que  21  tantos 
■en  el  mismo  (momento  que  se  indica  con  la  frase 
«queda  la  aduana  abierta»),  el  poseedor  del  cartón 
aduana  percibe  la  diferencia  que  va  entre  la  suma 
<que  forma  la  tirada  de  los  dados  y  la  que  existe  en 


fondo,  hasta  que  se  dé  el  caso  de  que  la  suma  de  los 
números  presentados  por  los  dados  en  alguna  juga¬ 
da,  sea  exactamente  igual  al  fondo,  lo  que  se  llama 
«matar  la  aduana»  por  parte  del  jugador. 

Caballo.  Mar.  V.  Guakdamancebo. 

Caballo.  Mecán.  Recibe  el  nombre  de  caballo  de 
vapor  la  unidad  de  potencia  mecánica  equivalente  á 
75  kilográmetros  por  segundo,  ó  á  735‘46  watts.  El 
watt  es  por  su  parte  igual  á  10"  ergs  por  segundo. 
Se  representa  en  Alemania  y  países  germanos  por 
PS  iniciales  de  las  palabras  Pferde-Stárke,  y  por  HP 
en  los  demás  países.  HP  son  las  iniciales  de  las  pa¬ 
labras  inglesas  horse  power.  Es  de  advertir  que  el 
HP  se  define  en  medidas  inglesas  por  el  trabajo  de 
550  foot-pound-second.  Y,  que  el  pie  inglés  vale 
0,30479449  m,  v  el  pound  ó  libra  lbs,  avoirdupois 
equivale  á  0.45359265  kilográmetros,  de  modo  que 
si  se  calcula  el  número  de  kilográmetros  á  que 
equivale  el  HP  inglés  se  encuentra  un  número  lige¬ 
ramente  superior  á  75.  Así,  pues,  cabrá  distinguir 
entre  el  HP  métrico  y  el  HP  inglés.  El  primero  se 
acostumbra  también  á  representar,  sobre  todo  en 
Francia,  por  N.  Fuera  de  Inglaterra  y  sus  colonias, 
la  abreviatura  HP  se  refiere  siempre  al  caballo  mé¬ 
trico  de  75  kilográmetros  por  segundo. 

Las  iniciales  IPS  ó  IHP  significan  caballos  indi¬ 
cados  ó  caballos  calculados  en  el  indicador.  Las  ini¬ 
ciales  EPS  ó  HPeff  significan  caballos  efectivos. 
BHP  son  las  iniciales  de  brake  horse  power  ó  ca¬ 
ballo  medido  al  freno.  La  locución  caballo  eléctrico, 
significa  potencia  debida  á  una  dínamo  ó  alternador 
que  en  vez  de  estar  expresada  en  kilowats  ó  kilo— 
voltsamperes  para  los  generadores  de  corriente  al¬ 
terna  lo  está  en  su  equivalente  de  caballos  de  vapor. 
El  Congreso  de  Electrotecnia  de  Chicago,  que  tuvo 
lugar  en  1893,  fijó  en  736  X  10 7  ergs  el  valor 
práctico  del  caballo  métrico  y  en  746  X  107  ergs  el 
del  horsé  power  definido  por  550  f.  lbs.  sed. 

Caballo.  Mil .  Según  costumbre  muv  antigua  se 
cuenta  por  caballos  la  fuerza  de  caballería  de  un 
ejército,  entendiéndose  por  tales  los  hombres  mon¬ 
tados  que  la  componen.  ||  A  caballo.  Locución  ad¬ 
verbial  que  literalmente  significa  á  horcajadas,  tal 
como  se  coloca  el  jinete  al  montar  sobre  su  cabal¬ 
gadura.  Por  extensión  se  emplea  también  en  sentido 
figurado  para  indicar  que  una  plaza,  un  atrinche¬ 
ramiento  ó  un  ejército  están  situados  sobre  un  río, 
cqmino,  desfiladero,  etc.,  dominando  á  la  Vez  las  dos 
orillas  ó  los  dos  costados  del  mismo.  [|  ¡A  cabaltó! 


CABALLO 


63 


Voz  de  mando  que  sirve  en  caballería  para  ordenar 
á  la  tropa  que  monte  rápidamente  á  caballo.  En  la 
artillería  de  campaña  y  demás  institutos  montados 
que  tienen  material  de  arrastre,  al  mismo  tiempo 
que  los  conductores  montan  á  caballo,  los  demás 
soldados  ocupan  en  los  carruajes  sus  puestos  de 
marcha. 

Toque  de  á  caballo .  En  guarnición  ó  cantones, 
campamento  ó  vivaque,  es  el  toque  de  alarma  de  los 
institutos  montados,  que  sirve  para  reunirlos,  lo  más 
rápidamente  posible,  eu  el  lugar  designado  de  ante¬ 
mano  para  su  formación.  Al  oirlo,  todo  el  personal 
se  apresura  á  acudir  á  éste  en  traje  de  marcha  y 
con  los  caballos  ensillados;  los  artilleros  atalajan  v 
enganchan,  esperando  órdenes.  ||  Cuando  se  han 
dado  los  dos  primeros  toques  para  una  formación 
con  armas  ( botasillas  y  bridas),  el  de  á  caballo  equi¬ 
vale  ala  orden  de  montar  rápidamente,  sin  tiempos. 
Su  música  es  como  sigue: 


^ilif ir  rrífrtfi 


Toque  de  á  caballo 

Caballo  coraza.  Al  principio  de  la  Edad  Moder¬ 
na  se  llamaban  caballos  corazas,  ó  simplemente  co¬ 
razas,  los  soldados  de  la  caballería  de  línea.  Su 
organización  era  por  compañías  sueltas,  ordinaria¬ 
mente  de  50  á  100  caballos.  Ya  muy  entrado  el  si¬ 
glo  xvii  se  empezó  á  agrupar  éstas  en  trozos  ó  ter¬ 
cios  de  composición  variable,  que  fueron  el  origen 
■de  muchos  de  los  actuales  regimientos.  Así.  por 
ejemplo,  el  trozo  del  Rosellón,  formado  en  1640  por 
la  reunión  de  varias  compañías  de  caballos  corazas 
procedentes  del  condado  de  aquel  nombre,  fué  el 
origen  del  actual  regimiento  de  Bor- 
bón,  número  4  de  caballería. 

Caballo  de  armas.  Hov  se  acos¬ 
tumbra  llamar  así  á  los  caballos  que 
el  Estado  proporciona  gratuitamente 
á  los  oficiales  para  su  servicio. 

Caballo  de  batalla.  En  la  Edad 
Media  era  el  caballo  de  pelea  de  los 
caballeros  y  hombres  de  armas,  que 
solía  llamarse  también  bardado,  á  cau¬ 
sa  de  la  armadura  particular  ó  barda 
(V.)  que  lo  cubría.  Durante  las  mar¬ 
chas  un  escudero  lo  llevaba  de  ma¬ 
no,  mientras  el  señor  cabalgaba  en 
otro  caballo  de  menos  precio  ,  para 
conservar  las  fuerzas  de  aquél,  que 
sólo  debía  montar  en  el  momento  de 
-entrar  en  combate. 

Caballo  ligero.  Actualmente  nom¬ 
bre  genérico  del  jinete  ó  soldado  de 
la  caballería  ligera  (V.  Caballe¬ 
ría).  En  la  Edad  Media,  los  escu¬ 
deros  y  pajes  de  lanza  que  compo¬ 
nían  el  séquito  obligado  de  los  caba¬ 
lleros  ú  hombres  de  armas,  montando  caballos  de 
menos  alzada  y  poder  que  éstos  y  armados  á  la  lige¬ 
ra  constituían  con  el  nombre  de  caballos  ligeros  una 
especie  de  caballería  inferior,  poco  estimada  por  lo 
común  fuera  de  nuestra  patria.  Al  crear  los,  Reyes 


Católicos  en  1493  las  Guardias  Viejas  de  Castilla 
dividieron  su  fuerza  en  hombres  de  armas  y  caba¬ 
llos  ligeros,  que  debían  armarse  d  la  jineta,  á  la  es- 
tradiota  ó  á  la  bastarda.  Poco  después  aquel  nombre 
particular  cayó  en  desuso,  convirtiéndose  en  deno¬ 
minación  genérica,  que  comprendía  por  igual  á  los 
estradiotes,  pistoletes,  herreruelos,  escopeteros  y  arca¬ 
buceros  á  caballo.  En  Francia  fué  Luis  XII  el  prime¬ 
ro  que  organizó  (en  1498)  dos  compañías  de  caballos 
ligeros  (chevau-legers)  como  auxiliares  de  la  gendar¬ 
mería.  Según  la  Ordenanza  de  Blois,  nadie  podía  lle¬ 
gar  á  gendarme  sin  haber  sido  un  año  entero  caballo 
ligero.  Enrique  IV  creó  una  compañía  de  clievau-lé- 
gers  que  formó  parte  de  la  casa  del  rey  y  gozó  de 
muchos  privilegios.  Luis  XIV  aumentó  su  número 
hasta  seis  compañías,  y  en  1776  cada  regimiento  de 
caballería  tuvo  en  Francia  un  escuadrón  de  caballos 
ligeros,  que  poco  después  se  agruparon  formando 
seis  regimientos  de  esta  clase,  suprimidos  en  1784. 
Napoleón  los  restableció,  reclutando  en  Varsovia  un 
regimiento  de  caballos  ligeros  polacos,  que  agregó  á 
la  guardia  imperial,  y  constituyó  su  escolta  en  el  fa¬ 
moso  paso  de  Somosierra  (1808),  y  creando  10  regi¬ 
mientos  franceses  en  1810:  uno  de  la  guardia  y  nue¬ 
ve  de  línea.  La  Restauración  disolvió  el  regimiento 
polaco,  conservando  los  demás,  pero  cambió  su  nom¬ 
bre  por  el  de  lanceros,  con  lo  cual  desapareció  tam¬ 
bién  de  Francia  aquella  denominación  particular. 
Los  Estados  alemanes  de  la  Confederación  del  Rhin 
tuvieron  asimismo  sus  chevau-legers ,  que  sólo  ha  con¬ 
servado  Baviera  después  de  la  fundación  del  Imperio 
alemán,  como  una  concesión  especial  á  los  sentimienl 
tos  particularistas  de  aquella  monarquía.  En  Austria, 
durante  la  guerra  con  los  turcos  cada  regimiento  de 
dragones  tenía  agregados  dos  escuadrones  de  caba¬ 
llos  ligeros,  que  se  convirtieron  en  dragones  á  fines 
del  siglo  xviii.  De  los  demás  Estados  europeos,  Italia 
es  el  único  que  conserva  hoy  esta  denominación  (ca- 
vallegeri),  aplicándola  á  toda  su  caballería  ligera. 


Caballo  de  madera  construido  por  Donatello  y  Capodilista,  para  servir 
de  modelo  para  la  estatua  de  Gattamelata.  (Palacio  de  la  Razón,  Padua) 

Caballo.  Min.  Parte  de  roca  estéril  que  aparece 
en  una  labor  minera  interceptando  el  curso  del  filón 
metalífero.  ||  Especie  de  grúa  sencilla  que  se  utiliza 
para  levantar  y  transportar  grandes  pesos  en  las 
afinerías  de  metales. 


64 


CABALLO 


Caballos  dé  la  Aurora  ó  del  Sol.  Mit.  Cuatro 
son  los  caballos  que  arrastran  el  carro  del  Sol  en  su 
curso  diario.  La  diosa  Aurora  es  quien  abre  las 
puertas  del  día  y  engancha  al  carro  del  Sol  estos 
cuatro  caballos,  llamados  Aetón,  Flegon.  Eous  y 
Pirois.  Ella,  á  su  vez,  monta  en  otro  carro  tirado  por 
caballos  blancos,  precediendo  al  del  Sol.  ||  Caballo 
de  Troya.  V.  Troya. 

Caballo.  Mus.  Estribillo  de  ciertas  canciones  jo¬ 
cosas  que  durante  el  siglo  xviii  estuvieron  de  moda 
en  España,  entre  las  cuales  se  cuentan  las  tiranas, 
villanescas ,  gallardas,  el  magnendoy ,  etc. 

Caballo.  Zool.  Con  este  nombre  se  designan  los 
mamíferos  pertenecientes  á  la  especie  Equus  caba- 
llus  L.,  del  orden  de  los  perisodáctilos,  familia  de 
los  équidos  (algunos  naturalistas  constituyen  con 
esta  familia  un  orden  que  llaman  de  los  solípedos). 

El  género  Equus  L.  comprende  cuadrúpedes  de 
talla  relativamente  grande,  con  la  cabeza  alargada  y 
poco  carnosa,  los  ojos  grandes  y  vivos,  las  orejas 
más  ó  menos  largas,  puntiagudas,  erectas  V  muy 
movibles;  tres  incisivos,  un  canino  ó  ninguno  y  seis 
molares  á  cada  lado  de  cada  mandíbula  (los  caninos 
son  pequeños  y  faltan  á  menudo,  especialmente  en 
las  hembras);  un  solo  dedo,  el  tercero,  bien  desarro¬ 
llado  en  cada  pie,  faltando  por  completo  el  primero 
y  el  quinto  y  estando  reducidos  el  segundo  y  el 
cuarto  al  hueso  metacarpiano  ó  metatarsiano,  rudi¬ 
mentarios;  una  callosidad  córnea  desnuda,  llamada 
castaña  ó  espejuelo,  sobre  la  piel  de  la  cara  interna 
de  cada  pata,  ó  sólo  de  las  anteriores;  pelaje  gene¬ 
ralmente  corto  V  liso,  prolongado  en  la  nuca  for¬ 
mando  una  melena  de  crines  más  ó  menos  largas; 
cola  de  mediana  longitud,  con  crines  largas  en  toda 
su  extensión  ó  sólo  en  la  punta.  Las  especies  vi¬ 
vientes  de  este  género  son  originarias  de.  Asia,  Eu¬ 
ropa  y  Africa;  dos  de  ellas,  el  caballo  y  el  asno,  se 
encuentran  domesticadas  en  casi  todos  los  países. 
En  el  continente  americano,  en  el  cual  no  viven  ac¬ 
tualmente  otras  especies  del  género  Equus  que  las 
importadas  de  Europa,  se  encuentran  abundantes 
restos  fósiles  de  otras  especies  ya  extinguidas  en  la 
época  del  descubrimiento.  Las  vivientes  se  clasifican 
en  tres  subgéneros,  á  saber: 

Subgénero  Equus :  se  caracteriza  por  la  presencia 
de  castañas  ó  espejuelos  en  las  cuatro  extremidades, 
de  crines  largas  en  toda  la  extensión  de  la  cola,  y  de 
melena  generalmente  larga  y  caída.  A  este  subgé¬ 
nero  pertenece  el  caballo  común  ó  doméstico,  que 
no  se  conoce  hoy  en  estado  completamente  salvaje; 
hasta  una  época  relativamente  moderna  vivía  en  li¬ 
bertad  en  las  estepas  del  S.  de  Rusia,  probablemen¬ 
te  asilvestrado,  V  en  estas  mismas  condiciones  se 
encuentra  todavía  hoy  en  las  praderas  de  la  Améri¬ 
ca  del  Norte  y  en  las  Pampas  de  la  del  Sur;  el  ca¬ 
ballo  salvaje  de  las  estepas  rusas  se  llamaba  tarpan; 
los  de  América  reciben  el  nombre  de  mustangs  en  los 
Estados  Unidos,  y  el  de  cimarrones  en  los  países  de 
lengua  española.  Además  del  caballo  doméstico  se 
incluye  también  en  el  mismo  subgénero  un  caballo 
verdaderamente  salvaje  (no  asilvestrado)  descubierto 
por  Przewalski.  en  1879,  en  el  centro  de  Asia;  este 
caballo,  que  es  probablemente  el  mismo  descrito  por 
Pallas  con  el  nombre  de  E.  equ’ferus,  suele  denomi¬ 
narse  hoy  E.  Przewalski,  es  de  mediana  talla  y  for¬ 
mas  algo  bastas,  con  el  pelaje  pardo  á  excepción  de 
la  crin,  las  cerdas  de  la  cola  y  una  línea  á  lo  largo 
del  espinazo,  que  son  de  color  negro;  su  crin  es 


corta  y  erecta.  Según  las  observaciones  de  los  her¬ 
manos  Grum,  vive  reunido  en  rebaños  en  la  Dsun- 
garia,  entre  la  Mongolia  y  el  O.  de  Siberia,  al  S* 
de  ia  cordillera  de  Altai.  El  primer  ejemplar  de  la 
especie  traído  á  Europa  lo  fué  por  Hagenbeck  en 
1901. 

Subgénero  Asinus:  está  caracterizado  por  la  exis¬ 
tencia  de  castañas  sólo  en  las  patas  anteriores,  la 
crin  siempre  corta  y  erecta  y  la  cola  con  cerdas  lar¬ 
gas  sólo  en  la  punta.  En  él  se  incluyen,  además  del 
asno  doméstico,  algunas  especies  de  asnos  salvajes 
de  Asia  y  Africa.  V.  Asno. 

Subgénero  Hippotigris :  se  diferencia  del  anterior 
principalmente  en  el  pelaje,  que  es  siempre  de  colo¬ 
res  claros  V  atigrado,  esto  es,  con  fajas  transversales 
de  color  obscuro.  Las  especies  de  este  subgénero  son 
todas  africanas  y  se  conocen  comúnmente  con  el 
nombre  de  cebras ;  ninguna  de  ellas  existe  en  estado 
de  completa  domesticidad,  si  bien  los  individuos  de 
alguna  se  amansan  fácilmente  V  llegan  á  poder  uti¬ 
lizarse  para  el  trabajo.  V.  Cebra. 

Entre  la  especies  del  género  Equus  L.,  aunque 
pertenezcan  á  diferentes  subgéneros,  son  fáciles  los 
cruzamientos.  Los  principales  híbridos  así  produci-  j 
dos  son  el  mulo,  hijo  de  asno  y  yegua,  y  el  burdéga¬ 
no  ó  macho  romo,  nacido  de  caballo  y  burra  (V.  la 
descripción  de  ambos  en  el  artículo  Mulo);  moder¬ 
namente  se  ha  ensayado  con  relativo  éxito  la  cría 
del  cebroide  (V.  esta  voz),  producto  de  yegua  cu¬ 
bierta  por  cebra  macho.  Generalmente  estos  híbri¬ 
dos  son  infecundos;  se  conocen,  sin  embargo,  algu¬ 
nos  casos  de  fecundidad  bien  comprobada. 

Caballo.  Zootec.  Las  materias  objeto  de  este  ar¬ 
tículo  se  exponen  por  el  orden  siguiente: 

Historia. 

Descripción  de  la  especie  (esqueleto  y  músculos; 
formas  externas;  pelajes;  callosidades  y  cascos;  ór¬ 
ganos  internos;  dientes;  talla,  longevidad  y  tempe¬ 
ramento;  aires). 

Razas. 

Reproducción  y  cria. 

Higiene. 

Utilización. 

Enfermedades. 

Bibliografía. 

Véanse  además  otros  artículos  á  que  se  hace  re¬ 
ferencia  en  el  texto,  como  Atalaje,  Bocado,  Ca¬ 
balleriza,  Carreras,  Doma,  Equitación,  Herra¬ 
dura,  etc. 

Historia 

La  filogenia  del  eaballo  se  conoce  hoy  muy  com¬ 
pletamente,  gracias  á  los  hallazgos  paleontológicos 
realizados  en  las  regiones  occidentales  de  la  América 
del  Norte.  Aparte  de  otros  géneros  pertenecientes  á 
la  misma  familia  (V.  Equidos),  el  género  Equus 
aparece  allí  va,  en  el  plioceno  superior,  bien  carac¬ 
terizado  por  la  presencia  de  un  solo  dedo  en  cada 
pie,  con  el  metácarpiano  ó  metatarsiano  correspon¬ 
diente  bien  desarrollado  y  otros  dos  rudimentarios, 

V  el  cúbito  y  el  peroné  soldados  respectivamente  con 
el  radio  V  la  tibia  y  en  parte  atrofiados;  estos  caba¬ 
llos,  cuya  área  de  difusión  se  extendía,  en  los  últi¬ 
mos  tiempos  del  período  terciario,  por  ambos  conti¬ 
nentes  americanos,  se  extinguieron  antes  de  la  época 
histórica.  En  los  estratos  cuaternarios  y  terciarios  de 
Europa,  hasta  el  plioceno,  se  han  encontrado  tam¬ 
bién  numerosos  restos  fósiles  de  équidos  que,  en  sus 


Caballo,  I 


H.SjnrUn^ 

iáSHr  . 


1.  Caballo  frisón.  — 2.  Po 


Enciclopedia  Uuiz/erial 


|osé  Espasa  é  Hijos,  editores 


Artículo  Caballo 


Caballo,  II 


Caballo,  III 


o  japonés 


Enciclopedia  Universal 


. 


CABALLO 


65 


caracteres  esenciales,  coinciden  por  completo  con  los 
hoy  vivientes.  Desde  principios  del  período  diluvial 
abundaban  en  Europa  los  caballos  salvajes,  cuya  di- 
tusión  se  veía  entonces  favorecida  por  el  carácter  es¬ 
tepario  que  presentaban,  después  de  la  época  gla¬ 
cial,  las  regiones  centrales  del  continente;  la  abun¬ 
dancia.  del  caballo  en  la  época  paleolítica  está  de¬ 
mostrada  por  las  numerosas  representaciones  gráficas 
que  de  él  se  encuentran,  debidas  á  la  mano  del  hom¬ 
bre  prehistórico,  y  por  las  cantidades  sorprendentes 
que  de  sus  huesos  se  han  hallado  en  determinadas 
localidades;  de  la  naturaleza  de  algunos  de  estos  ha¬ 
llazgos  ha  podido  deducirse,  además,  que  el  caballo 
era  uno  de  los  animales  que  más  importante  papel  re¬ 
presentaban  en  la  alimentación  del  hombre  paleolíti¬ 
co.  A  medida  que  fué  poblándose  de  bosques  el  con¬ 
tinente  europeo,  emigraron  hacia  el  E.  los  caballos; 
los  que  quedaron,  desaparecidas  las  condiciones  fa¬ 
vorables  para  su  vida,  degeneraron  rápidamente. 

En  el  estudio  de  los  diferentes  équidos  que  pue¬ 
den  considerarse  como  precursores  de  nuestro  caba¬ 
llo  se  nota  que,  á  medida  que  van  desapareciendo 
dedos  hasta  quedar  uno  solo,  va  creciendo  la  talla  y, 
más  todavía  que  ésta,  la  capacidad  craneana.  Parece 
que  de  muy  antiguo  existieron  en  Europa  dos  razas 
de  diferente  talla,  siendo  la  más  pequeña  la  más  me¬ 
ridional;  de  todos  modos,  en  las  épocas  primitivas  la 
talla  del  caballo  doméstico  debió  ser  generalmente 
reducida;  basta,  para  convencerse  de  ello,  comparar 
la  alzada  de  estos  animales  con  la  estatura  de  sus 
jinetes  en  las  numerosas  representaciones  gráficas 
que  de  unos  y  otros  se  han  conservado  en  monumen¬ 
tos  antiguos.  Esta  comparación  salta  todavía  más  á 
la  vista  en  aquellas  representaciones  en  que  el  hom¬ 
bre,  en  vez  de  cabalgar  sobre  el  bruto,  aparece  ca¬ 
minando  á  su  lado  y  pasándole  el  brazo  por  encima 
del  lomo  para  asir  las  riendas.  Es  verdad  que  en  al¬ 
gunos  monumentos  muy  antiguos  (Nínive,  Persépo- 
lis)  se  ven  también  figurados  caballos  de  gran  alzada 
y  formas  relativamente  pesadas,  pero  los  primeros 
caballos  traídos  de  Oriente  á  Europa  eran,  por  lo 
general,  pequeños;  hasta  la  época  de  Carlomagno  no 
se  empezaron  á  criar  caballos  de  gran  talla  (produ¬ 
cidos  entonces  también  en  Oriente)  capaces  de  so¬ 
portar  un  caballero  con  la  pesada  armadura  entonces 
en  uso.  En  aquellos  tiempos  el  principal  objeto  de  la 
cría  caballar  era  obtener  buenos  corceles  de  guerra, 
y  á  las  necesidades  de  ésta  se  subordinaban  las  cua¬ 
lidades  apetecidas  en  dichos  animales;  por  esta  ra¬ 
zón  fué  aumentando  su  corpulencia  á  medida  que  se 
hicieron  más  pesadas  las  armas  y  armaduras,  del 
mismo  modo  que  más  tarde,  al  desaparecer  las  ar¬ 
maduras  pesadas  y  cambiarse  los  métodos  de  com¬ 
bate,  se  acentuó  la  tendencia  á  la  cría  de  caballos 
más  ligeros.  Por  otra  parte,  ya  en  la  Edad  Media  se 
diferenciaron  bien  los  dos  tipos  principales  de  gana¬ 
do  caballar,  el  europeo  llamado  nórico  y  el  oriental , 
caracterizado  el  primero  por  la  pesadez  de  sus  for¬ 
mas,  la  robustez  de  sus  extremidades,  lo  espeso  de 
su  pelaje,  la  forma  aplanada  de  los  cascos,  la  cara 
carnosa  y  á  menudo  acarnerada  y  la  grupa  caída, 
mientras  que  el  segundo  se  distinguía  por  sus  for¬ 
mas  esbeltas,  remos  delgados,  cascos  casi  cilindricos, 
perfil  de  la  cara  cóncavo  y  grupa  alta,  con  la  cola 
formando  una  continuación  de  la  línea  del  dorso.  Al 
mismo  tiempo  que  fué  adelantando  la  civilización  fué 
desapareciendo  de  Europa  el  caballo  salvaje;  sus  res¬ 
tos  son  ya  raros  en  los  depósitos  de  la  época  neolíti¬ 

BNCICLOPEDIA  UNIVERSAL.  TOMO  X. - 5. 


ca,  en  la  cual  probablemente  no  había  pasado  todavía 
al  estado  de  domesticidad,  y  más  modernamente,  si 
se  conservaron  algunos  descendientes  salvajes  de  los 
caballos  de  la  época  diluvial  (hay  noticias  históricas 
de  ellos  hasta  principios,  del  siglo  xvji)  fué  casi  ex¬ 
cepcionalmente  y  con  un  área  de  dispersión  extrema¬ 
damente  reducida.  En  cambio,  hasta  tiempos  muv 
recientes  se  han  conservado  yeguadas  semisalvajes 
que  vivían  completamente  en  libertad  (la  última,  la 
del  bosque  de  Duisberg,  desapareció  en  tiempo  de 
Napoleón  I)  y  en  las  estepas  del  S.  de  Rusia  ha  vi¬ 
vido,  también  hasta  principios  del  siglo  xix,  un  ca¬ 
ballo  salvaje,  el  tarpan,  del  que  se  supone,  sin 
embargo,  que  descendía  de  caballos  domésticos  asil¬ 
vestrados;  desgraciadamente  no  se  han  conservado 
de  los  tarpanes  esqueletos  ni  pieles  que  permitan  ha¬ 
cer  de  ellos  un  estudio  científico.  En  la  actualidad  el 
único  caballo  verdaderamente  salvaje  es  el  E.  Prze- 
walski  considerado  por  muchos  naturalistas  como 
uno,  cuando  menos,  de  los  progenitores  del  caballo 
doméstico. 

Este  se  encuentra  hoy  en  casi  todos  los  países  ha¬ 
bitados  por  el  hombre  (V..  lám.  Distribución  4geo- 

GRÁFICA  DE  LOS  MAMÍFEROS  DOMÉSTICOS  MÁS  IMPOR¬ 
TANTES  en  el  art.  Animal.)  En  América,  donde  los 
équidos  se  habían  extinguido  por  completo  ya  en 
épocas  geológicas  anteriores  á  la  presente,  fué  im¬ 
portado  de  Europa  el  caballo  á  raíz  del  descubri¬ 
miento  (Colón  llevó  ya  algunos  á  Haití  en  su  segun¬ 
do  viaje),  y  más  tarde  recobró  su  libertad,  en  el 
continente,  constituyendo  las  razas  de  caballos  cima¬ 
rrones  de  las  Pampas,  descendientes  seguramente  de 
los  que  dejaron,  al  abandonar  su  fundación,  los  pri¬ 
meros  fundadores  de  Buenos  Aires,  y  de  cimarrones 
ó  mustangs  de  las  praderas  de  la  América  del  Norte. 

Es  el  caballo  uno  de  los  primeros  animales  some¬ 
tidos  á  la  domesticidad  por  los  pueblos  civilizados 
antiguos;  la  importancia  que  se  le  concede  en  la  mi¬ 
tología  de  aquellos  pueblos,  adornándole  con  cuali¬ 
dades  sobrenaturales,  demuestra  la  estima  en  que  se 
le  tuvo  y  la  preferencia  que  se  le  dió  sobre  otros 
animales  domésticos.  Su  uso  en  la  guerra  es  muy 
antiguo,  si  bien  en  los  primeros  tiempos  no  se  le 
utilizó  como  montura;  en  Egipto  aparece  el  caballo 
en  los  campos  de  batalla,  tirando  los  carros  de  gue¬ 
rra,  en  tiempo  de  la  18a  dinastía  de  Faraones;  pro¬ 
bablemente  había  sido  llevado  allí  desde  el  Asia 
Menor.  Durante  la  dominación  de  las  dinastías  que 
siguieron  á  los  Ramasidas  fué  aumentando  la  impor¬ 
tancia  económica  de  este  animal,  que  llegó  á  abun¬ 
dar  extraordinariamente  en  la  cuenca  del  Nilo.  En 
el  N.  de  Africa  se  criaba  el  hermoso  caballo  bereber 
en  tiempo  de  los  cartagineses,  y  eran  celebrados  los 
jinetes  númidas  y  mauritánicos;  cuando  los  árabes 
islamitas  invadieron  aquella  región  encontraron  allí 
una  raza  caballar  autóctona  poco  inferior  á  la  suya. 
El  Asia  ofrece  en  todas  partes  recuerdos  antiquísi¬ 
mos,  del  caballo  doméstico;  la  mitología  india  (Zen- 
davesta )  lo  menciona  á,  menudo  como  animal  de  tra¬ 
bajó  unas  veces,  destinado  á  los  sacrificios  otras; 
entre  los  persas  representó  un  papel  importante,  y 
aparece  con  frecuencia  en  las  esculturas  del  derruido 
templo  de  Persépolis;  en  Babilonia  se  han  encontra¬ 
do  abundantes  representaciones  gráficas  de  caballos 
con  sus  jinetes  ó  enganchados  á  los  carros  de  gue¬ 
rra;  las  columnas  de  los  palacios  de  los  reyes  asirios 
estaban  adornadas  con  cabezas  de  caballo,  y  en  los 
monumentos  sepulcrales  del  centro  y  E.  de  Asia  se 


66 


CABALLO 


han  hallado  hermosos  trabajos  de  metal  representan¬ 
do  arneses  y  partes  de  caballos.  Los  chinos  atribu¬ 
yen  al  emperador  Chi-mung  la  invención  del  arte  de 
montar  á  caballo,  arte  que  era  practicado  ya  allí  por 
los  potentados  2155  años  a.  de  J.  C.;  los  judíos  y 
fenicios,  en  cambio,  dieron  al  caballo  poca  impor¬ 
tancia  ó,  cuando  menos,  se  ocuparon  muy  poco  de 
su  cría.  No  así  los  escitas  y  partos,  temidos  pueblos 
de  jinetes  que  fueron  dignos  precursores  de  los  hu¬ 
nos,  los  ávaros  (cuya  propia  tradición  les  hace  des¬ 
cender  de  la  unión  de  un  dios  con  una  yegua),  los 
kirguises,  etc.  La  leyenda  árabe,  por  otra  parte,  su¬ 
pone  que  Alá  crió  el  caballo  únicamente  para  servir 
de  montura;  la  cría  caballar  de  los  árabes,  sin  em¬ 
bargo,  no  se  remonta  á  tiempos  muy  remotos,  sino 
que  se  desarrolló  lentamente  más  tarde,  én  especial 
durante  ;el  período  de  expansión  conquistadora  del 
Islam.  En  la  antigua  Grecia  era  estimado  el  caballo 
como  el  más  bello  y  útil  de  todos  los  animales,  digno 
como  tal  de  la  sociedad  de  los  dioses;  aparece  en  la 
mitología  griega  tirando  del  carro  de  Apolo  y  del 
de  Poseidon  y  se  le  representa  con  frecuencia  en  for¬ 
ma  de  caballo  marino  (Hippo-kampos)  ó  de  caballo 
alado  (Pegasos)  que,  con  una  pisada  de  su  casco, 
hace  brotar  la  fuente  Hippokrene.  Es  muy  frecuente 
en  esta  mitología  la  relación  entre  el  caballo  V  el 
agua;  los  mismos  centauros  eran  considerados  como 
demonios  de  las  fuentes.  También  los  griegos  utili¬ 
zaron  primeramente  el  caballo  como  animal  de  tiro 
para  la  guerra;  en  tiempo  de  Homero,  sin  embargo, 
era  ya  practicada  la  equitación.  Conocida  es,  ade¬ 
más,  la  fábula  del  caballo  de  madera  empleada  pol¬ 
los  griegos  para  la  rendición  de  Troya.  Los  roma¬ 
nos,  que  á  consecuencia  de  sus  conquistas  habían 
conseguido  llevar  á  Italia,  para  utilizarlos  en  la  cría, 
caballos  de  todos  los  países  entonces  conocidos,  com¬ 
pletaron  el  desarrollo  de  la  equitación  y  emplearon 
igualmente  á  dichos  animales  para  el  tiro. 

En  el  centro  y  N.  de  Europa  el  caballo  salvaje 
fué  primeramente  animal  de  caza  cuya  carne  era  muy 
apreciada,  como  lo  demuestra  la  abundancia  de  sus 
huesos  mezclados  con  los  del  reno  en  ciertos  depósi¬ 
tos  cuaternarios.  En  la  época  de  las  habitaciones  pa¬ 
lustres  el  caballo  salvaje  había  ya  desaparecido  ó 
cuando  menos  se  había  hecho  muy  raro;  en  cambio, 
los  restos  de  frenos  ó  bocados  de  la  época  del  bron¬ 
ce  hallados  en  dichas  habitaciones  demuestran  la 
existencia,  en  aquella  época,  de  caballos  domésticos 
de  pequeña  talla.  En  la  mitología  germánica  ocupa 
el  caballo  un  lugar  importante;  casi  todos  los  dioses 
germánicos  aparecen  montados,  y  en  los  sacrificios 
se  les  ofrecían  principalmente  caballos.  La  carne  de 
estos  animales  era  uno  de  los  alimentos  preferidos  de 
los  antiguos  germanos  y  eslavos;  su  consumo,  inti¬ 
mamente  relacionado  con  las  ceremonias  del  culto 
idólatra,  fué  desterrado  por  el  cristianismo.  Los  ger¬ 
manos  eran  buenos  jinetes;  también  lo  eran  los  ga¬ 
los,  á  los  que  se  atribuye  la  invención  de  las  herradu¬ 
ras.  En  España  el  caballo  europeo  se  cruzó  ya  de 
muy  antiguo  con  el  bereber  y  más  tarde  con  el  ára¬ 
be.  especialmente  después  de  la  invasión  mahometa¬ 
na;  de  estos  cruzamientos  nació  la  célebre  raza  de 
los  caballos  andaluces  que,  hasta  el  siglo  xvn,  fue¬ 
ron  los  más  estimados  de  Europa. 

Descripción  de  la  especie 

La  palabra  caballo  se  aplica,  en  general,  á  todos 
los  individuos  de  la  especie  Equus  caballas  L.  y 


más  particularmente  al  macho  adulto  de  esta  espe¬ 
cie;  la  hembra  adulta  recibe  el  nombre  de  yegua  y 
los  pequeñuelos  los  de  potro  y  potranca ,  respectiva¬ 
mente;  los  caballos  de  talla  reducida  y  cuerpo  corto 
suelen  llamarse  jacas,  cualquiera  que  sea  su  sexo; 
los  machos  adultos  destinados  á  la  reproducción  se 
llaman  sementales.  En  el  lenguaje  literario  se  apli¬ 
can  también  al  caballo  otras  denominaciones  como 
las  de  corcel,  palafrén,  trotón,  etc. ,  así  como  en  el 
vulgar  ó  familiar  es  frecuente  designar  á  los  caba¬ 
llos  de  mala  calidad  con  nombres  despectivos  tales 
como  jaco,  rocín,  matalón  y  otros. 

Esqueleto  y  músculos.  En  el  estudio  del  cuerpo 
del  caballo  ofrecen  especial  interés  las  partes  del 
esqueleto  y  de  la  musculatura  que  constituyen  la 
base  de  su  utilización  como  motor  animado.  El  es¬ 
queleto  se  distingue  principalmente  del  de  los  demás 
cuadrúpedos  por  su  robustez  que,  unida  á  la  harmo¬ 
nía  de  sus  proporciones,  lo  hacen  capaz  de  gran 
rapidez  de  movimientos  al  mismo  tiempo  que  del 
desarrollo  de  una  fuerza  considerable.  El  cuello, 
largo  y  robusto  y  con  una  musculatura  muy  des¬ 
arrollada  que  contribuye  poderosamente  á  los  movi¬ 
mientos  generales  del  animal  y  á  la  dirección  de  su 
marcha,  está  sostenido  por  las  siete  vértebras  cer¬ 
vicales,  muy  largas  y  fuertes;  la  longitud  de  esta 
región  cervical  es  igual  á  tres  quintos  de  la  del 
resto  de  la  columna  vertebral.  Las  diez  y  ocho  vér¬ 
tebras  dorsales  y  las  cinco  ó  seis  lumbares,  con  sus 
robustas  apófisis  espinosas  cubiertas  sólo  por  la  piel 
y  por  tendones,  constituyen  el  espinazo;  dichas  apó¬ 
fisis,  planas  y  verticales,  son  los  brazos  de  palanca 
que  sirven  de  apoyo  á  los  músculos  del  dorso;  las 
anteriores  de  la  región  dorsal  están  inclinadas  hacia 
atrás,  y  todas  las  de  la  lumbar  hacia  adelante,  en 
consonancia  con  la  dirección  principal  de  los  mús¬ 
culos  que  en  ellas  se  insertan;  además  las  apófisis 
espinosas  de  las  doce  primeras  vértebras  dorsales 
son  bastante  más  altas  que  las  de  todas  las  demás. 
A  consecuencia  de  esta  mayor  altura  resulta  una 
elevación,  en  la  parte  anterior  de  la  línea  del  dorso, 
llamada  cruz;  en  la  primera  porción  de  ésta  se  in¬ 
sertan  los  músculos  de  la  nuca,  que  recubren  las 
vértebras  cervicales,  desprovistas  de  apófisis.  Los 
cuerpos  de  las  vértebras,  unidos  entre  sí  por  arti¬ 
culaciones  rígidas,  forman  la  verdadera  columna 
vertebral,  en  cuyo  interior  se  halla  la  medula;  esta 
columna  constituye  entre  los  apoyos  del  animal,  ó 
sea  entre  las  extremidades  anteriores  y  las  posterio¬ 
res,  una  especie  de  puente  colgante  que,  además  de 
sostener  el  equilibrio  del  tronco  y  del  cuello,  tiene 
que  soportar  directamente  el  peso  del  jinete  ó  de  la 
carga  á  lomo,  é  indirectamente  también  el  del  ca¬ 
rruaje  en  los  caballos  de  tiro.  La  resistencia  de  la 
columna  vertebral  es,  pues,  muy  importante,  y  en 
general  es  mayor  cuando  la  distancia  entre  los  re¬ 
mos  anteriores  y  los  posteriores  es  más  corta;  en  el 
caballo  de  tiro,,  sin  embargo,  no  tiene  tanta  impor¬ 
tancia  como  en  los  de  silla.  Se  considera  además 
muy  ventajosa  la  poca  longitud  de  la  región  lum¬ 
bar,  estimándose  como  excelente  cualidad  la  exis¬ 
tencia  en  ella  de  sólo  cinco  vértebras  en  vez  de  seis 
(esta  circunstancia  se  presenta  á  menudo  en  el  ca¬ 
ballo  árabe,  y  siempre  en  el  asno).  En  la  región  de 
la  cruz  presenta  la  columna  vertebral  una  ligera 
curvatura  con  la  convexidad  hacia  arriba;  esta  cur¬ 
vatura  es  muy  beneficiosa  para  el  tiro.  Con  las  18 
vértebras  dorsales  se  articulan  los  18  pares  de  eos- 


CABALLO 


67 


Esqueleto  del  caballo 

ul'ITZ “í^Tií;  ArtSuiTcL^ei1^ Z^Zri0¡ «"c  Edpina  maxüar-  - 7- Arco  z!somá- 

14.  Occipital.  -  15.  Primera  vértebra  cervical  (atlas^  _  Ifi  qJ ° *  ?  "*?'  ~  «•  Conducto  auditivo.  -  13.  Parietal.- 

18.  Costillas.  —  19.  Prolongación  traqueliana  del  esternón.  —  20.  Esternón^—  21*  Arcosa  ~  *7,  Pnmera  vértebra  dorsal.— 

-23.  Cartílago  del  omoplato. -24.  Espina  del  omoplato. -25  Articulación  Un' 00  ca^tlla®lnoso  de  las  c°stiHas.  _  22.  Omoplato, 
húmero-radial.  _  28.  Olécranon.  -  29.  Radio.  -  30.  Carpo.  _  31 ^  ptsifo  "mJ Húmero.  -  27.  Articulación 

-  34.  Sesamoide.  -  35.  Articulación  de  la  cuartilla.  _  36.  Hueso  de  la  cuartilla  '1  Ata®*rpia“°*  —  33*  Metacarpianos  rudimentarios, 

pie.  —  39  á  42.  Pelvis.  —  43.  Fémur.  —  44.  Cabeza  del  fémur  —45  Rótula  ¿R  \  ,  U-°  6  a  corona-  38<  Tejuelo  ó  hueso  del 

-  49.  Tarso.  -  50.  Calcáneo.  -  51.  Metatarsiano.  -  5^  Met’atarstano!  .  ^  ~  l  ArtlCulacion  de  Ia  ~  47.  Tibia._48.  Peroné, 

de  la  cuartilla.  -  55.  Hueso  de  la  corona.  -  56.  Hueso  del  pie  ó  tejuelo.  lmentari0S-  ~  53*  Articnlacion  de  la  cuartilla.  _  54.  Hueso 

¿.Vértebras  cervicales.  -  B.  Vértebras  dorsales.  -  C.  Vértebras  lumbares  _  T)  A  *.  .... 

no  representado  en  la  figura,  que  constituye  el  ¡squeleii  delí  cTla;!'  “  6  "  enCUentra  el  coxis> 


tillas;  de  éstas,  las  de  los  ocho  primeros  pares,  lla¬ 
madas  costillas  verdaderas,  se  articulan  por  delante 
con  el  esternón,  mientras  que  las  restantes,  denomi¬ 
nadas  falsas  costillas,  no  llegan  á  unirse  por  delante 
(las  de  un  costado  con  las  del  otro)  sino  que  se  unen 
sencillamente  todos  los  extremos  de  las  de  un  mismo 
lado  por  medio  de  un  arco  cartilaginoso  que  parte 
del  esternón.  El  conjunto  de  las  vértebras  dorsales, 
las  costillas  v  el  esternón  constituye  el  tórax,  largo 
v  muy  espacioso,  de  cuya  capacidad  depende  la  de 
los  pulmones,  tan  íntimamente  relacionada  con  las 
funciones  respiratorias  y,  por  ende,  con  la  resisten¬ 
cia  del  animal  para  el  trabajo.  Al  contrario  de  lo 
que  ocurre  en  el  hombre,  en  el  tórax  del  caballo  el 
diámetro  del  dorso  al  pecho  es  mayor  que  el  trans¬ 
versal;  á  esto  es  debido  que  el  dorso  del  caballo, 
dirigido  hacia  arriba,  y  el  pecho,  dirigido  hacia 
abajo,  presenten  más  bien  la  forma  de  aristas  que 
la  de  superficies  planas;  el  esternón  tiene  la  forma 
de  una  quilla  cortante  con  el  extremo  muv  levanta¬ 
do,  y  aunque,  visto  por  delante,  parece'  el  pecho 
muy  ancho,  esta  apariencia  es  debida  únicamente 
al  considerable  volumen  de  los  músculos  que  rodean  | 


la  parte  anterior  del  tórax.  La  superficie  anterior 
del  tronco,  llamada  á  menudo  pecho,  no  es  verda¬ 
deramente  tal,  ya  que  no  está  opuesta  al  dorso  sino 
que  corresponde  á  los  que  en  el  hombre  se  llaman 
hombros;  estos,  ó  mejor  dicho,  las  articulaciones  de 
los  mismos,  están  en  el  caballo  poco  separados  á 
consecuencia  de  la  estrechez  del  tórax,  v  por  su 
misma  proximidad  no  necesitan  de  las  clavículas 
que  efectivamente,  no  existen  en  estos  animales 
En  las  extremidades  anteriores  del  caballo  se  en¬ 
cuentran  el  omoplato,  el  brazo,  el  antebrazo,  el 
carpo,  el  metacarpo  y  un  dedo  con  tres  falano-es 
Los  omoplatos  están  situados  á  los  lados  del  tórax 
(y  no  detrás  como  en  el  hombre)  y  se  unen  á  él  tan 
solo  por  medio  de  músculos  v  tendones.  El  brazo 
tiene  un  solo  hueso,  el  húmero,  relativamente  corto 
dispuesto  oblicuamente  de  adelante  atrás,  junto  ai 
esternón  y  oculto  entre  la  musculatura  del  tronco, 
articulándose  por  su  extremo  superior  con  el  omo¬ 
plato  y  por  el  inferior  con  los  huesos  del  antebrazo; 
esta  última  articulación  es  la  única  que  aparece  ai 
exterior  del  animal,  de  modo  que,  aparentemente, 
en  ella  empiezan  los  remos  delanteros.  El  antebrazo 


68 


CABALLO 


Músculos  superficiales  del  caballo 


1.  Nariz  y  sus  ventanas.  —2.  Orbicular  de  los  labios.  —  3.  Dilatador  de  los  ollares  (piramidal).  —  4.  Elevador  del  labio  anterior.  —5.  Ha¬ 
cinador _ 6.  Masetero.  —  7.  Espina  maxilar.  —  8.  Articulación  del  maxilar  inferior.  —  9.  Parótida.  —  9  a.  Borde  del  atlas - 

■10.  Músculos  de  la  garganta  que  recubren  la  laringe  y  la  tráquea.  —  11.  Vena  yugular.  —  12.  Mastoideo-humeral.  —  12  a.  Situación  de 
la  articulación  escápulo-humeral.  —  13.  Pectoral  superficial.  —  13  a.  Pectoral  profundo.  —  14.  Espíenlo.  -  15.  Gran  dentado. - 
16.  Región  escapular  del  pectoral  profundo.  -  17.  Trapecio.  -  18.  Eminencia  correspondiente  al  acromión.  -  19.  Espinoso  posterior. 
—  20.  Extensores  del  antebrazo  (tríceps).  —  21.  Olécranon.  —  22.  Articulación  del  codo.  —  23.  Extensores  de  la  mano.  —  24.  ^tenso¬ 
res  del  dedo.  —  25.  Flexores  externos  de  la  mano.  —  26.  Flexores  del  tejuelo.  —  27.  Base  del  carpo.  —  28.  Hueso  pisiforme.  — 29.  Ten¬ 
dones  de  los  extensores  de  los  dedos.  -30.  Tendón  del  flexor  del  tejuelo.  -31.  Tendón  del  flexor  del  hueso  de  la  corona - 32.  Flexor 

de  la  cuartilla  (interóseo).  —  33.  Hueso  sesamoide.  —  34.  Tendón  desde  el  sesamoide  al  extensor  del  dedo.— 35.  Dorsal  ancho.— 
36.  Fascia  dorso-lumbar.  -  37.  Fascia  de  la  grupa.  -  38.  Intercostales.  -  39.  Oblicuo  externo  del  abdomen.  -  40.  Babilla.  -  41.  Tro¬ 
cánter  mayor.  - 42.  Extensor  de  la  fascia  lata.  -  43.  Glúteos - 44.  Bíceps  crural.  -  45.  Semitendinoso.  -  46.  Rodilla.  -  47.  Extensor 

del  dedo.  —  48.  Extensor  del  pie  (tendón  de  Aquiles).  —  49.  Flexor  del  tejueio.  —  50.  Calcáneo.  —  51.  Corvejón.  —  52.  Región  donde 
suelen  formarse  los  esparavanes.  —  53.  Tendón  del  flexor  de  la  corona.  —  54.  Tendón  del  flexor  del  tejuelo.  —  55.  Flexor  de  la  cuarti¬ 
lla.  -  56.  Tendones  de  los  extensores  del  dedo.  -  57.  Dedo.  -  58.  Menudillo.  -  58  a.  Sesamoide.  -  59.  Tendón  del  sesamoide  al  exten¬ 
sor  del  dedo.  —  60.  Grandes  venas  interiores  cutáneas  de  la  pierna. 


está  formado  por  dos  huesos,  cubito  y  radio;  el  radio 
es  el  principal  de  éstos,  llegando  desde  la  articula¬ 
ción  con  el  húmero  hasta  el  carpo,  mientras  que  el 
cubito  sólo  existe  en  la  parte  superior  de  la  región, 
soldado  con  el  radio  y  constituyendo  la  tuberosidad 
cubital  ú  olécranon,  situada  á  la  altura  del  esternón 
é  importante  en  cuanto  sirve  de  inserción  á  los  mús¬ 
culos  extensores  del  antebrazo;  este  constituye  la 
región  superior  de  la  parte  libre  de  la  extremidad,  y 
tiene  aproximadamente  la  mitad  de  la  longitud  de 
esta  parte.  Sigue  al  antebrazo  la  mano,  formada  por 
el  carpo,  el  metacarpo  y  el  dedo;  el  carpo  es  una 
articulación  constituida  por  varios  huesos  pequeños 
llamados  unciforme,  poligonal,  cuneiforme.  cuboL 
des,  cónico,  escafoides,  semilunar  y  pisiforme;  reci¬ 
be  muy  comúnmente  el  nombre  de  rodilla,  por  com¬ 
parársele  erróneamente  con  la  del  hombre.  El  me¬ 
tacarpo  contiene  un  solo  hueso  bien  desarrollado  en 


cuva  parte  superior  y  á  los  lados  se  encuentran  dos 
varillas  óseas  delgadas  que  son  los  metacarpianos 
rudimentarios.  El  dedo  está  formado  por  tres  falan¬ 
ges  llamadas  hueso  de  la  cuartilla,  hueso  de  la  co¬ 
rona  y  tejuelo  ó  hueso  del  pie;  detrás  de  la  articu¬ 
lación  del  hueso  de  la  cuartilla  con  el  metacarpo  se 


encuentran  dos  huesos  pequeños,  los  sesamoides,  y 
detrás  del  tejuelo  otro  hueso  pequeño,  el  navicular; 
tejuelo  v  navicular  se  encuentran  ocultos  dentro  del 
casco,  mientras  que  la  parte  libre  del  dedo  consti¬ 
tuye  lo  que  se  llama  la  cuartilla.  Los  movimientos 
de" los  huesos  mediante  las  articulaciones  se  realizan 
casi  en  un  mismo  plano,  cambiando  únicamente  el 
ángulo  que  forman  unos  con  otros;  cuanto  menor  es 
este  ángulo  durante  la  estación  ó  reposo  más  am¬ 
plios  son  los  movimientos;  especialmente  entre  el 
omoplato  y  el  húmero  debe  existir  una  gran  oblicui¬ 
dad.  La  parte  del  cuerpo  sostenida  por  las  extremi- 


CABALLO 


16.  Espaldas. 

17.  Pechos. 

18.  Codillo. 

19.  Antebrazo  ó  bra- 

20.  Rodilla  (carpo). 

21.  Caña  (metacarpo). 
21  a.  Tendones. 

22.  Menudillo. 

23.  Cuartilla. 

24.  Corona. 

25.  Casco. 

26.  Lomo. 

27.  Riñones. 

28.  Grupa. 

29.  Maslo. 

30.  Cola. 

31.  Costillas. 

32.  Vena  torácica  larga. 

33.  Ancas. 

34.  Ijares. 

35.  Prepucio. 

36.  Testículos. 

37.  Muslo  y  nalgas. 

38.  Babilla. 

39.  Pierna. 

40.  Corvejón. 

41.  Castañas  ó  espe¬ 

juelos. 

42.  Ranilla. 


dades  anteriores  suele  denominarse  cuarto  delantero, 
así  como  se  llama  cuarto  trasero  á  la  que  descansa 
sobre  las  posteriores,  y  cuarto  medio  á  la  porción 
del  tronco  que  queda  entre  las  dos.  La  base  del 
cuarto  trasero  es  la  pelvis,  sólido  conjunto  óseo  que 
se  articula  con  el  sacro,  ó  sea  la  última  porción  de 
la  columna  vertebral,  rodea  la  parte  posterior  del 
abdomen  y,  con  la  robusta  musculatura  que  la  re¬ 
cubre,  constituye  la  grupa.  Las  extremidades  pos¬ 
teriores  están  formadas  por  el  muslo,  la  rodilla,  la 
pierna,  el  tarso,  el  metatarso  y  un  dedo;  el  hueso 
del  muslo  es  el  fémur,  que  se  articula  con  la  pelvis 
y  estándolo  ésta  con  el  sacro  hace  que  los  remos 
posteriores  se  unan  á  la  columna  vertebral  directa¬ 
mente  por  medio  de  huesos,  en  vez  de  hacerlo,  como 
las  anteriores,  por  el  intermedio  de  músculos  y  ten¬ 
dones;  dicho  hueso  es  corto  y  está  oculto  entre  los 
músculos  de  la  grupa;  su  posición  es  sumamente 
oblicua.  A  consecuencia  de  estar  el  fémur  oculto 
entre  los  músculos  de  la  grupa,  así  como  la  rótula, 
la  parte  libre  de  la  extremidad  empieza  con  la  pier¬ 
na;  en  esta  existen  dos  huesos,  la  tibia  y  el  peroné, 
soldados  entre  sí.  Con  el  extremo  interior  de  la 
pierna  se  articula  el  tarso,  formado  por  seis  huesos, 
llamados  huesos  del  corvejón,  que  son  el  calcáneo, 
el  astrágalo,  el  grande  y  el  pequeño  escafoides,  el 
cuboides  y  el  piramidal:  en  el  calcáneo  se  inserta  el 
tendón  de  Aquiles.  El  metatarso  y  el  dedo  son  com¬ 
pletamente  semejantes  al  metacarpo  y  dedo  de  los 
remos  auteriores. 

En  la  robusta  musculatura  del  caballo  hay  que 
considerar,  en  especial,  algunos  grupos  de  músculos 
que  contribuyen  principalmente  al  desarrollo  de  la 
fuerza  de  este  animal.  Los  músculos  del  dorso,  que 
envuelven  toda  la  columna  vertebral  hasta  las  apó¬ 
fisis  espinosas  y  la  parte  superior  de  las  costillas, 
son  los  que  mantienen  la  rigidez  del  lomo  bajo  la 


carga,  comunican  los  movimientos  del  cuarto  delan¬ 
tero  al  cuarto  trasero  y  viceversa,  levantau  un  cuarto 
sobre  el  otro  y  están  estrecha  y  principalmente  rela¬ 
cionados  con  el  trabajo  del  caballo  de  silla  ó  de 
carga.  A  su  acción  coadyuvan  los  largos  y  fuertes 
músculos  del  cuello,  que  desarrollan  toda  su  fuerza 
cuando  éste  está  estirado;  estando  el  cuello  levan¬ 
tado,  en  cambio,  es  menor  la  fuerza  de  la  muscula¬ 
tura  dorsal.  Los  músculos  de  la  espalda  ponen  en 
conexión  el  tronco  con  los  remos  anteriores,  v  deter¬ 
minan  los  movimientos  de  éstos;  así,  por  ejemplo,  el 
gran  dentado  suspende  el  tronco  y  el  cuello  sobre  la 
escápula,  el  pectoral  interno  y  el  ancho  dorsal  mue¬ 
ven  el  tronco  hacia  delante  sobre  el  remo  estirado, 
mientras  que  el  mastoideo-humeral  levanta  v  mueve 
hacia  delante  la  extremidad;  este  último  músculo, 
estando  el  cuello  levantado,  levanta  más  la  pata  pero 
la  hace  adelantar  menos;  estando  el  cuello  estirado, 
en  cambio,  la  levanta  menos  pero  le  hace  dar  un 
paso  más  largo.  Los  tres  extensores  del  antebrazo 
(tríceps),  que  partiendo  del  omoplato  van  á  inser¬ 
tarse  en  el  olécranon,  mantienen  rígido  el  remo  bajo 
el  peso  de  la  carga,  y  es  conveniente  que  sean  muy 
robustos.  En  el  antebrazo  se  encuentran  los  flexores 
y  extensores  de  la  mano  cuyos  tendones  sirven  prin¬ 
cipalmente  para  dar  á  las  cuartillas  cierta  elasticidad 
en  las  pisadas.  Los  músculos  del  vientre,  en  particu¬ 
lar  los  dos  oblicuos  abdominales,  se  extienden  desde 
el  tórax  á  la  pelvis,  rodean  la  cavidad  abdominal  y 
sostienen  las  visceras,  contribuyendo  á  ciertos  movi¬ 
mientos  de  éstas.  Los  músculos  de  la  grupa  (fascia 
lata,  largo  vasto,  bíceps  y  semitendinoso)  envuelven 
el  fémur  y  la  rodilla  v,  extendiendo  las  articulacio¬ 
nes  superior  é  inferior  del  fémur,  son  los  que  más 
poderosamente  contribuyen  á  la  progresión,  el  salto, 
etcétera;  por  esta  razón  es  conveniente  que  estén 
muy  desarrollados,  y  que  la  grupa  sea  larga  y  an- 


Caballo 


Cabeza  de  caballo  árabe 
(cuadrada) 


Cabeza  de  caballo  nórico 
(acarnerada) 


Cuello  de  cisne 


Cuello  de  ciervo 


Cruz  normal 


Lomo  ensillado 


Riñones  normales 


Lomo  largo 


Lomo  de  mulo 


Grupa  alta 


Grupa  normal 


Grupa  derribada 


Menudillo,  cuarti¬ 
lla  y  casco  de  un 
remo  delantero 


Formas  externas  del  caballo 


Caballo 


72 


CABALLO 


cha.  La  tibia  está  rodeada  por  los  flexores  y  exten¬ 
sores  del  pie,  y  en  su  borde  posterior  se  encuentra 
el  tendón  de  Aquiles;  la  musculatura  y  tendones  del 
resto  de  las  extremidades  posteriores,  de  la  articu¬ 
lación  tibio-tarsiana  para  abajo,  son  completamente 
análogos  á  los  de  los  remos  delanteros. 

Formas  externas.  En  ellas  presenta  el  caballo 
importantes  variaciones,  propias  unas  de  las  dife¬ 
rentes  razas  y  meramente  individuales  otras.  Las 
buenas  cualidades  de  un  caballo  dependen  princi¬ 
palmente  de  la  harmonía  entre  las  diferentes  partes 
de  su  cuerpo,  y  de  la  correcta  posición  de  las  mis¬ 
mas;  entre  los  caballistas  se  da  gran  importancia  á 
las  diferencias  de  conformación,  usándose  para  desig¬ 
narlas  un  tecnicismo  especial.  La  cabeza  ofrece  en  su 
perfil  dos  tipos  principales:  el  de  la  cabeza  cuadrada 
propia  de  los  caballos  de  sangre  asiática,  con  la  cara 
recta,  descarnada,  y  las  ventanas  de  la  nariz  muy 
dilatadas,  y  el  de  la  cabeza  acarnerada,  con  la  cara 
curvilínea,  carnosa,  las  narices  estrechas  y  los  labios 
algo  caídos;  entre  estos  dos  tipos  existen  numerosas 
formas  intermedias.  El  cuello,  normalmente,  debe  ser 
largo  y  recto,  y  en  su  posición  natural  formar  con 
la  línea  horizontal  un  ángulo  de  unos  45°;  son  fre¬ 
cuentes  los  caballos  que  se  apartan  de  esta  regla,  ya 
por  tener  el  cuello  corto  ó  por  llevarlo  caído  ó  en 
forma  de  cuello  de  cisne  ó  de  cuello  de  ciervo,  etc. 
Las  crines  suelen  ser  más  largas  y  abundantes  en 
los  caballos  bastos  que  en  los  de  sangre.  En  el 
tronco  hay  que  considerar  primeramente  la  cruz, 
que  debe  ser  alta  v  seca;  la  cruz  baja,  corta  ó  grasa 
se  consideran  'como  defectos.  El  lomo  del  caballo 
bien  conformado  es  ancho  y  casi  recto,  v  no  muy 
largo;  hay  caballos  que  lo  tienen  demasiado  hundido 
ó  ensillado,  otros  lo  tienen  demasiado  largo,  y  en 
otros  la  línea  del  espinazo  es  muy  saliente,  dando 
lugar  á  lo  que  se  llama  dorso  de  mulo;  un  lomo  de 
excesiva  longitud  es  causa  de  disminución  de  fuer¬ 
za,  así  como  si  es  demasiado  corto  comunica  dureza 
á  los  movimientos.  Los  costados  deben  ser  anchos  v 
algo  redondeados,  acusando  una  buena  conforma¬ 
ción  de  las  costillas;  el  vientre  debe  presentar  una 
línea  curva  en  harmonía  con  la  del  dorso,  sin  ser 
demasiado  abultado  ni  hundido  como  el  de  un  galgo. 
El  pecho  debe  ser  ancho,  acusando  un  buen  desarro¬ 
llo  de  la  musculatura  de  las  espaldas;  en  cuanto  á 
la  capacidad  respiratoria  del  animal,  tiene  más  im¬ 
portancia  la  conformación  de  las  costillas  que  la  del 
pecho.  La  grupa  debe  ser  larga,  suficientemente 
ancha  y  bien  musculada;  en  sus  líneas  influye  mucho 
la  raza;  puede  ser  alta,  derecha  ó  caída  (derribada); 
esta  última  es  la  más  común  en  los  caballos  de  tiro 
pesado.  En  los  remos  hay  que  apreciar  las  proporcio¬ 
nes  y  la  posición;  es  necesario  que  cada  región  de 
las  extremidades  tenga  la  debida  longitud  y  el  debido 
desarrollo  de  los  músculos  y  tendones.  En  cuanto  á 
la  posición  de  los  remos  estando  el  caballo  parado  (lo 
que  se  llama  los  aplomos ),  en  el  animal  bien  confor¬ 
mado  se  nota  que  las  extremidades  están  en  un  plano 
perpendicular  al  suelo;  hay,  sin  embargo,  numerosas 
variaciones,  todas  más  ó  menos  defectuosas,  de  esta 
posición,  y  así  se  dice  que  el  caballo  es  extendido  ó 
retrasado  de  brazos,  trascorvo,  corvo,  vencido  de 
cuartillas,  adelantado  ó  remetido  de  piernas,  que¬ 
brado  de  corvéjones,  etc.,  por  las  anormalidades  de 
los  aplomos  visto  el  caballo  de  lado,  mientras  que  las 
que  se  notan  mirándolo  de  frente  ó  por  detrás  se 
designan  diciendo  que  el  animal  es  abierto  ó  despa¬ 


rramado  de  brazos  ó  de  piernas,  cerrado  de  unos  ú 
otras,  zambo,  hueco  de  rodillas,  de  corvejones,  etc. 

Pelaje.  Otra  circunstancia  que  hay  que  conside¬ 
rar  en  el  exterior  del  caballo  es  el  pelaje  ó  capa,  cuyo 
color  y  constitución  están  relacionados  con  los  ca¬ 
racteres  de  raza  y  hasta  cierto  punto,  según  se  cree, 
con  el  temperamento  y  carácter  de  los  individuos. 
El  caballo  de  sangre  tiene  el  pelo  delgado,  fino,  el 
pelo  de  la  parte  posterior  de  los  menudillos  (cernejas) 
corto,  y  las  crines  del  cuello  y  de  la  cola  finas  tam¬ 
bién  y  en  muchos  casos  largas;  los  caballos  ordina¬ 
rios,  en  cambio,  tienen  el  pelo  más  grosero,  y  á  ve¬ 
ces  presentan  muy, largo  el  pelo  de  las  cernejas.  Los 
potros  nacen  con  un  pelo  espeso  y  lanoso  que  cam¬ 
bian  á  los  pocos  meses.  En  primavera  suele  caer  á 
todos  los  caballos  una  parte  de  su  pelaje  de  invierno, 
que  se  renueva  luego  durante  el  otoño;  el  pelaje  de 
verano  suele  ser  más  liso  y  lustroso  que  el  de  invier¬ 
no.  Las  capas  ó  pelos  se  dividen  por  su  color  en  sim¬ 
ples  y  compuestas;  las  simples  están  formadas  por 
pelos  de  un  solo  color  (con  excepción  de  las  partes 
llamadas  blancos)  y  las  compuestas  por  pelos  de 
dos  ó  más  colores  mezclados  entre  sí.  Entre  las  ca¬ 
pas  simples  se  encuentran  la  blanca ,  en  la  que,  ade¬ 
más  de  ser  blanco  el  pelo,  lo  es  también,  ó  cuando 
menos  sonrosada,  la  piel;  la  Isabela ,  poco  frecuente, 
amarilla  muy  pálida  con  crines  del  mismo  coLor;  la 
castaña,  de  este  color,  con  la  crin  y  la  cola  negras; 
la  castaña  obscura,  que  es  casi  negra  pero  permite 
apreciar  el  color  castaño  en  los  claros;  la  alazana , 
de  color  amarillo  rojizo  con  la  crin  y  la  cola  del  mis¬ 
mo  color,  á  veces  más  obscuras,  pero  nunca  negras; 
la  negra,  que  puede  serlo  completamente  (negro  aza¬ 
bache)  ó  tener  el  tono  de  la  zarzamora;  en  este  úl¬ 
timo  caso  el  caballo  se  llama  morcillo.  En  cuanto  á 
compuestas,  si  el  caballo  presenta  pelos  las  capas 
blancos  y  negros  entremezclados,  ó  pelos  blancos  so¬ 
bre  piel  negra,  se  llama  tordo ,  tordo  rodado  cuando 
en  el  pelaje  hay,  además,  manchas  redondeadas  que 
aparecen  más  obscuras  por  abundar  en  ellas  los  pe¬ 
los  negros,  y  tordo  mosqueado,  el  que  tiene  manchas 
negras  muy  pequeñas;  el  que  tiene  mezcla  de  pelos 
blancos,  negros  y  alazanes  se  llama  ruano  ( rouan ); 
el  que  tiene  pelo  amarillo  y  negro,  con  la  crin  y  la 
cola  negras,  y  una  línea  también  negra  á  lo  largo 
del  espinazo  (línea  de  mulo),  se  denomina  bayo,  y 
se  llama  pío  el  que  presenta  grandes  manchas  blan¬ 
cas  sobre  capa  de  otro  color.  Hay,  además,  las  ca¬ 
pas  entrepeladas,  en  las  que,  sobre  un  fondo  unifor¬ 
me,  se  presentan  algunos  pelos  escasos  de  otro  color, 
generalmente  blanco,  que  no  alteran  el  color  general 
del  pelaje.  Cuando  en  las  extremidades,  especial¬ 
mente  en  las  rodillas  y  los  corvejones,  existen  fajas 
obscuras  transversales,  el  animal  se  llama  acebrado; 
el  caballo  que  tiene  la  cabeza  negra,  ó  mucho  más 
obscura  que  el  resto  del  cuerpo,  se  llama  cabeza  de 
moro.  Además,  muchos  caballos  presentan  manchas 
blancas  en  la  cabeza  y  extremidades;  estas  manchas, 
llamadas  blancos,  se  utilizan  también  para  designar 
á  estos  animales  con  diversos  nombres.  El  que  tiene 
un  blanco  pequeño  en  la  frente  se  llama  estrellado,  v 
lucero  si  el  blanco  es  grande;  cuando  es  blanca  parte 
de  la  frente  y  toda  la  cara,  el  caballo  se  denomina 
careto,  y  cuando  sólo  lo  es  uno  ó  los  dos  labios,  bebe- 
blanco.  Cordón  es  una  lista  blanca,  estrecha,  á  lo 
largo  de  la  cara.  Calzado  es  el  caballo  que  presenta 
blanco  el  extremo  de  uno  ó  más  remos;  cuando  es 
calzado  de  los  cuatro  se  llama  cuatralbo;  además,  se- 


CABALLO 


'3 


gún  la  extensión  del  blanco  se  dice  callado  alto ,  cal¬ 
zado  bajo  ó  principio  de  calzado.  Hay,  además,  algu¬ 
nas  otras  denominaciones  de  los  caballos  por  matices 
especiales  de  la  capa,  tales  como  overo  (de  color  de 
huevo),  pelo  de  rata,  lobero ,  cervuno,  etc.,  ó  por  la 
presencia  ó  falta  de  ciertas  señales,  como  zaino  (el 
que  no  tiene  ningún  pelo  blanco),  lavado  (el  que 
presenta  el  vientre,  las  axilas  y  los  ijares  de  color 
má3  claro  que  el  resto  del  cuerpo),  nevado  (el  que 
6obre  capa  obscura  tiene  numerosas  manchitas  blan 
cas),  etc. 

Callosidades  y  cascos.  En  las  extremidades  exis¬ 
ten  los  espejuelos,  colocados  en  la  cara  interna 
de  los  antebrazos  y  en  la  postero-inferior  interna  de 
los  corvejones;  los  espolones,  situados  dentro  de  las 
cernejas,  detrás  de  los  menudillos,  y  los  cascos. 
Estos  últimos  presentan  gran  importancia  por  cuanto 
sirven  al  animal  para  apoyarse  en  el  suelo.  El  casco 
está  constituido  por  dos  partes:  una 
interna,  muy  vascular  y  sensible,  y 
otra  externa,  córnea,  sin  sensibili¬ 
dad;  en  esta  última  se  introducen 
los  clavos  que  sostienen  la  herradu¬ 
ra.  Dentro  del  casco  se  encuentra  la 
tercera  falange  del  dedo  ó  tejuelo, 
así  como  el  hueso  navicular:  alrede¬ 
dor  de  estos  huesos  están  diversos  ten¬ 
dones  y  ligamentos,  así  como  otros 
tejidos  y  los  órganos  que  segregan  la 
substancia  córnea.  La  parte  córnea 
del  casco  se  divide  en  tapa,  palma  y 
ranilla;  entre  la  tapa  y  la  palma  existe 
una  faja  de  color  más  claro  que  reci¬ 
be  el  nombre  de  saúco.  La  tapa  es  la 
parte  del  casco  que  se  ve  cuando  éste 
está  apoyado  en  el  suelo;  la  palma  es 
la  parte  inferior,  generalmente  cónca¬ 
va;  la  ranilla,  de  tejido  más  esponjo¬ 
so  y  elástico  que  el  del  resto  del  cas¬ 
co,  está  en  el  interior  de  éste  aloján¬ 
dose  en  el  hueco  posterior  del  mismo. 

Organos  internos.  En  cuanto  á  los 
órganos  internos  del  caballo,  hay  que 
señalar  algunas  particularidades.  El 
velo  del  paladar  es  tan  grande  que 
obtura  completamente  la  parte  poste¬ 
rior  de  la  boca,  impidiendo  la  respi¬ 
ración  por  ella.  La  tráquea  y  el  esó¬ 
fago  corren  á  lo  largo  de  la  parte  in¬ 
ferior  del  cuello,  acompañadas  por  la 
arteria  carótida  primitiva  y  por  la  ve¬ 
na  yugular,  penetrando  por  el  pecho 
en  la  cavidad  torácica;  la  entrada  en 
ésta  es  relativamente  pequeña,  está 
sobre  el  extremo  del  esternón  y  en 
ella  se  encuentran  numerosos  vasos 
sanguíneos  grandes,  de  manera  que 
un  pinchazo  allí  determina  una  rᬠ
pida  y  considerable  hemorragia  y  es 
uno  de  los  medios  más  seguros  y  rᬠ
pidos  de  matar  un  caballo.  El  corazón 
se  encuentra  entre  la  tercera  y  sexta 
costillas,  en  el  ángulo  formado  por  el 
omoplato  y  el  húmero,  cubierto  por 
los  gruesos  músculos  extensores  del 
antebrazo;  detrás  de  estos  músculos  los  pulmones 
llegan  hasta  las  paredes  de  la  caja  torácica,  pudién¬ 
doseles  auscultar  y  percutir.  La  cavidad  abdominal, 


separada  de  la  torácica  por  el  diafragma,  contiene  el 
estómago,  los  intestinos,  el  hígado  y  los  riñones;  el 
estómago  es  relativamente  pequeño;  su  capacidad  no 
pasa  de  12  litros,  mientras  que  el  intestino  delgado 
que  alcanza  una  longitud  de  20  m.  tiene  una  capa¬ 
cidad  de  40  á  50  litros,  y  el  intestino  grueso,  muy 
desarrollado,  tiene  7  m.  de  largo  y  unos  90  litros  de 
capacidad.  Dentro  de  la  pelvis  se  encuentran,  ade¬ 
más,  el  recto,  la  vejiga  de  la  orina  y,  en  la  yegua, 
el  útero. 

Dientes.  El  sistema  dentario  del  caballo  está 
constituido  por  40  piezas;  el  de  la  yegua,  que  care¬ 
ce  casi  siempre  de  caninos,  tiene  sólo  36.  El  estudio 
de  los  dientes  es  muy  importante  por  cuanto  sirve 
de  base  para  la  determinación  de  la  edad.  El  caballo 
adulto  tiene  seis  incisivos  en  cada  mandíbula  (dos 
palas  ó  pinzas,  dos  medianos  y  dos  extremos);  á  cada 
lado  de  los  incisivos  se  encuentra  un  vacío  ó  espacio 


sin  dientes,  llamado  asiento,  en  cuyo  punto  medio 
existe  (en  *el  caballo,  raras  veces  en  la  yegua)  un 
pequeño  canino  ó  colmillo;  al  asiento  siguen,  á  cada 


Dientes  del  caballo 


1.  Mandíbula  superior  invertida  (1,  extremos;  2,  medianos;  3,  palas;  4,  colmillos); 
a,  b  y  c,  premolares;  d,  e  y  f,  molares.  —  2.  Un  incisivo  (pala)  con  las  tablas  del 
mismo  (a,  á  los  5  años;  b,  á  los  10;  c,  á  los  15;  d,  á  los  20).  —  3.  Mandíbula  inferior 
(sin  los  molares)  á  los  4  años.  —  4.  Idem  ídem  á  los  5  años.  —  5.  Idem  ídem  á  los 
6  años.  —  6.  Idem  ídem  á  los  7  años.  —  7.  Idem  ídem  a  los  8  años.  —  8.  Idem 
ídem  ¿  los  9  años.  —  9.  Vista  lateral  de  los  incisivos  y  caninos  de  ambas  mandí¬ 
bulas.  —  10.  Mandíbula  inferior  (sin  los  molares)  á  los  12  años.  —  11.  Idem  ídem 
á  los  15  años.  —  12.  Idem  ídem  ¿  los  20  años. 


74 


CABALLO 


lado  de  cada  mandíbula,  tres  premolares  y  tres  mo¬ 
lares.  Los  primeros  incisivos  que  salen  (dientes  de 
leche)  son  pequeños  y  muy  blancos,  y  caen  antes 
de  los  cinco  años  para  ser  substituidos  por  los  incisi¬ 
vos  permanentes;  los  premolares  se  cambian  tam¬ 
bién,  pero  no  los  tres  molares.  La  parte  de  los  dien¬ 
tes  que  aparece  fuera  de  las  encías  se  llama  corona 
y  tiene  una  longitud  de  1*2  á  2  cm.,  á  veces  más  en 
individuos  muy  viejos;  la  parte  oculta  dentro  de  las 
encías  recibe  el  nombre  de  raíz  y  es  al  principio  muy 
larga,  disminuyendo  con  la  edad  á  medida  que  el 
diente  sale  al  exterior  mientras  su  corona  se  desgasta 
por  el  frotamiento  con  el  diente  opuesto.  La  super¬ 
ficie  superior  de  la  corona,  llamada  tabla,  cambia  de 
aspecto  con  la  edad;  en  los  animales  jóvenes  la  tabla 
de  los  incisivos  presenta  una  fosa  negruzca,  rodeada 
por  un  círculo  de  esmalte  blanco  y  llamada  cornete , 
tintero  ó  ne guilla;  ésta  tiene  en  los  incisivos  inferio¬ 
res  una  profundidad  de  6  mm.,  y  de  12  mm.  en  los 
superiores  (estos  datos  se  refieren  á  los  incisivos  per¬ 
manentes,  ya  que  la  neguilla  de  los  de  leche  es  mu¬ 
cho  menos  profunda).  Como  los  incisivos  se  desgas¬ 
tan  aproximadamente  unos  2  mm.  por  año,  la  neguilla 
de  los  inferiores  debe  desaparecer  á  los  tres  años  de 
desgaste,  y  la  de  los  superiores  á  los  seis  aproxima¬ 
damente.  El  desgaste  de  los  incisivos,  además,  es 
compensado  por  la  salida  de  los  mismos  fuera  de  la 
encía,  y  como  la  raíz  tiene  una  sección  transversal 
diferente  de  la  de  la  corona,  cambia  también,  con  la 
edad,  la  forma  de  la  tabla;  también  cambia  el  án¬ 
gulo  que  forman  los  incisivos  de  una  mandíbula  con 
los  de  la  otra.  El  cambio  de  los  dientes  de  leche  por 
los  permanentes,  la  desaparición  de  las  neguillas  y 
la  modificación  de  la  forma  de  las  tablas  permiten 
determinar  la  edad  del  caballo,  teniendo  en  cuenta 
que  el  orden  por  que  se  realizan  las  evoluciones  de  la 
dentadura  es  la  siguiente: 

Primer  período.  Hasta  cambiar  por  completo  los 
dientes  de  leche  (5  años). 

6  semanas.  Existen  palas,  medianos  y  premola¬ 
res.  todos  de  leche. 

6  á  9  meses.  Han  aparecido  además  los  extremos 
(dentición  completa  de  leche). 

10  á  12  meses.  Ha  aparecido  el  primer  molar 
permanente  á  cada  lado  de  cada  mandíbula. 

Año  y  medio  á  2  años.  Ha  aparecido  el  segun¬ 
do  molar  permanente  á  cada  lado  de  cada  mandí¬ 
bula;  ha  desaparecido  la  neguilla  de  los  incisivos  de 
leche. 

2  años  y  medio.  Se  han  cambiado  las  pinzas  en 
ambas  mandíbulas. 

3  años  y  medio.  Se  han  cambiado  los  media¬ 
nos  y  los  premolares  de  leche  en  ambas  mandí¬ 
bulas. 

4  años  y  medio.  Se  han  cambiado  también  los 
extremos;  existen  por  lo  tanto  todos  los  incisivos 
permanentes. 

5  años.  Han  aparecido  los  últimos  molares  de 
cada  mandíbula;  la  dentición  permanente  es  com¬ 
pleta. 

Segundo  período  .  Hasta  la  desaparición  de 
los  cornetes  en  los  incisivos  inferiores.  Después 
de  aparecer  cada  diente  pasa  medio  año  antes  que 
llegue  á  ponerse  en  contacto  con  su  opuesto,  y 
que,  por  lo  tanto,  empiece  á  desgastarse.  La  ne¬ 
guilla  desaparece  al  cabo  de  tres  años  de  des¬ 
gaste;  la  edad  se  determina,  pues,  añadiendo  3 
años  y  medio  á  la  edad  en  que  apareció  el  dien¬ 


te  permanente.  Por  lo  tanto  la  neguilla  desaparece 

á  los  6  años  (2  4/2  -j-  3  V2)  en  las 

pinzas  . 

á  los  7  años  (3  4/2  "h  ^  V2)  en  l°s 

medianos . 

á  los  8  años  (4  V2  "i-  3  V2)  en  l°s 
extremos . 

Tercer  período.  Hasta  la  desaparición  de  los 
cornetes  en  los  incisivos  superiores.  A  consecuencia 
de  su  mayor  profundidad,  la  neguilla  no  desaparece 
hasta  unos  6  años  y  medio  después  de  la  aparición 
del  diente,  ó  sea 

á  los  9  años  (2  4/2  -j-  6  4/2)  en  las\ 

pinzas  .  .  .  .  . . 1 

á  los  10  años  (3  1/2  -j-  6  */2)  en  losrde  la  mandíbula 

medianos . i  superior. 

á  los  //  años  (4  d/2  -|-  3  4/2)  en  los  j 
extremos . . 

Cuarto  período.  Determinación  de  la  edad  por 
la  forma  de  las  tablas.  Hasta  los  11  años  las  tablas 
son  ovalado-transversas,  esto  es,  con  el  diámetro  de 
derecha  á  izquierda  mayor  que  el  de  delante  atrás; 
después,  á  medida  que  pasan  años,  van  cambiando, 
primero  en  las  pinzas  y  luego  en  los  medianos  y 
extremos,  haciéndose: 

de  los  12  á  14  años:  redondeadas  (ambos  diámetros 
iguales); 

de  los  15  á  17  años:  triangulares  (con  ambos  diáme¬ 
tros  iguales  y  un  vértice  dirigido  hacia  la  cavidad> 
bucal); 

de  los  18  á  20  años:  triangulares  (con  el  diámetro  de 
delante  atrás ,  mayor  que  el  de  derecha  á  iz¬ 
quierda); 

de  los  20  años  en  adelante:  alargado-ovaladas  (con 
el  diámetro  de  delante  atrás  doblemente  largo 
que  el  de  derecha  á  izquierda). 

No  son  raras  las  irregularidades  que  pueden  in¬ 
ducir  á  error  en  la  determinación  de  la  edad  por  el 
estado  de  los  cornetes  ó  neguillas,  ya  que,  por  di¬ 
versas  circunstancias,  los  incisivos  se  desgastan  en 
algunos  individuos  menos  que  en  otros;  se  reconoce 
que  ha  habido  menos  desgaste  que  el  normal  en  que 
las  pinzas  inferiores  tienen  una  longitud  de  más  de 
16  mm.,  en  cuyo  caso  hay  que  contar  un  año  más 
por  cada  2  mm.  de  exceso.  Además,  en  algunas  ra¬ 
zas  precoces  aparecen  más  pronto  de  lo  normal  los 
incisivos  permanentes,  dando  lugar  á  error.  En  ge¬ 
neral  los  datos  suministrados  por  los  cornetes  de  los 
incisivos  inferiores  son  más  exactos  que  los  de  los 
superiores,  y  siempre  la  existencia  ó  falta  de  los  cor¬ 
netes  induce  menos  á  error  que  la  forma  de  las  ta¬ 
blas.  Después  de  desaparecidos  los  cornetes  queda 
algún  tiempo  una  mancha  negra,  pero  sin  depresión. 
Algunas  veces  los  chalanes  producen  neguillas  arti¬ 
ficiales  por  medio  de  hierros  candentes;  éstas  se  re¬ 
conocen  en  que  les  falta  el  círculo  blanco  de  esmalte. 
Los  dientes  de  leche,  por  fin,  se  distinguen  con  fa¬ 
cilidad  de  los  permanentes  por  su  tamaño  y  forma; 
en  caso  de  duda  pueden  contarse  los  molares  que, 
junto  con  los  incisivos  de  leche,  nunca  existen  en 
número  de  más  de  cinco. 

Talla.  Longevidad.  Temperamento.  La  talla  ó  alza¬ 
da  del  caballo  se  mide  siempre  en  la  cruz  y  varía 
mucho  de  unas  razas  á  otras;  los  ejemplares  más  pe¬ 
queños  que  se  conocen  son  los  de  la  raza  de  poneys 


de  la  mandíbula 
inferior. 


Aires  del  caballo 


Andadura 


Trote  corto 


Trote  largo 


Galope  á  la  derecha 


Galope  á  la  izquierda 


Carrera 

(Momento  en  que  los  cuatro  pies  están  en  el  aire) 


Carrera 

(Momento  de  la  «aída  sobre  los  remos  anteriores) 


76 


CABALLO 


de  Shetland,  algunos  de  cuyos  individuos  no  pasan 
de  60  cm.  La  alzada  inedia  está  comprendida  entre 
1‘60  y  1‘70  m.;  entre  los  grandes  caballos  de  tiro 
pesado  hay  muchos  que  pasan  de  esta  talla,  v  algu¬ 
nos,  considerados  como  de  alzada  excepcional,  llegan 
á  pasar  de  2  m. 

La  duración  normal  de  la  vida  del  caballo  es  de 
unos  treinta  años;  algunos  llegan  hasta  los  cuaren¬ 
ta.  La  aptitud  para  el  trabajo  y  para  la  generación 
se  conserva  bien  hasta  los  veinte  años  en  los  caballos 
de  sangre  y  algo  menos  en  los  ordinarios;  existen,  sin 
embargo,  muchos  casos  de  caballos  que  continúan 
trabajando  hasta  una  edad  mucho  más  avanzada,  y 
de  sementales  utilizados  para  la  reproducción  hasta 
contar  más  de  treinta  años. 

El  carácter  de  los  caballos  es  generalmente  apa¬ 
cible;  la  inmensa  mayoría  de  los  caballos  de  mal  ca¬ 
rácter  han  adquirido  su  malignidad  á  consecuencia 
de  malos  tratamientos  ó  de  una  educación  ó  doma 
mal  dirigidas;  éstas  últimas  influyen  sobre  todo  en 
los  caballos  de  pura  sangre,  aumentando  la  excita¬ 
bilidad  de  su  sistema  nervioso;  este  exceso  de  ner¬ 
viosidad  puede  llegar  á  hacerse  hereditario.  En  ge¬ 
neral  el  caballo  es  tímido;  su  temperamento  puede 
ser  vivo  ó  más  ó  menos  apático  (perezoso);  entre  los 
de  temperamento  vivo  (de  mucha  sangre)  los  hay 
fogosos  y  excitables;  los  caballos  suelen  tener  más 
fogosidad  y  las  yeguas  más  excitabilidad.  Los  caba¬ 
llos  de  razas  ordinarias,  y  además  todos  los  cas¬ 
trados,  suelen  ser  más  tranquilos. 

Tienen  algunos  caballos  vicios  ó  resabios,  depen¬ 
dientes  unas  veces  del  carácter  ó  temperamento,  ad¬ 
quiridos  otras;  manifestados  unos  en  el  trabajo,  en 
la  cuadra  otros.  Entre  los  más  frecuentes  figuran  los 
de  cabecear,  de  encabritarse,  de  dar  saltos  de  carne¬ 
ro,  de  sacar  la  lengua  á  un  lado  cuando  se  les  pone 
el  freno,  de  coger  con  los  labios  ó  los  dientes  las 
camas  de  éste,  de  resistirse  á  emprender  la  marcha, 
de  no  querer  partir  sólo  un  caballo  cuando  está  acos¬ 
tumbrado  á  ir  en  compañía  de  otros,  de  asustarse  con 
facilidad,  de  frotarse  con  las  paredes,  árboles,  etc., 
de  salir  escapados  en  dirección  á  la  querencia;  de 
morder,  de  cocear,  de  roer  el  pesebre,  de  resistirse  á 
la  limpieza  ó  á  ser  ensillados  ó  enganchados,  y  al¬ 
gunos  otros.  Muchos  de  estos  vicios  se  evitan  tra¬ 
tando  con  cuidado  al  caballo  desde  joven,  y  reali¬ 
zando  con  inteligencia  la  doma;  una  vez  adquiridos 


anteriores  en  el  trote 


Esquema  del  movimiento  de  los  remos 


es  muy  difícil  hacerlos  desaparecer,  y  en  todo  caso 
se  necesita  para  ello  un  jinete  ó  cochero  muy  hábil 
y  experimentado. 

Aires.  Se  denominan  así  las  diferentes  maneras 
de  moverse  el  caballo  en  su  locomoción.  Los  aires 


suelen  dividirse  en  naturales  y  artificiales  y  en  per¬ 
fectos  é  imperfectos;  entre  los  naturales  y  perfectos 
se  incluyen  generalmente  el  paso,  el  trote,  el  galo¬ 
pe  y  la  carrera;  como  ejemplos  de  aires  artificiales 
pueden  citarse  los  llamados  de  alta  escuela  (galope 
en  tres  pies ,  ba¬ 
lotada,  piruetas  y  D 

otros);  el  principal 
de  los  imperfectos 
es  la  andadura. 

El  paso  es  el  más 
lento  y  seguro  de 
todos  los  aires;  en 
él,  después  que  los 
remos,  sin  abando¬ 
nar  el  suelo,  han 
hecho  avanzar  al¬ 
go  todo  el  cuerpo , 
el  caballo  levanta 
y  adelanta  primero 
una  mano,  después  el  pie  del  lado  opuesto,  luego  la 
otra  mano  y  finalmente  el  otro  pie,  de  modo  que  se 
oyen  clara  y  sucesivamente  las  cuatro  pisadas;  el 
cuerpo  descansa  siempre  sobre  dos  ó  tres  remos  á 
la  vez.  En  el  paso  normal,  largo  y  tranquilo,  las 
huellas  de  los  pies  caen  siempre  sobre  las  de  las  ma¬ 
nos;  en  el  paso  lento  las  de  los  pies  se  retrasan  un 
poco,  y  se  adelantan  en  cambio  en  el  paso  acelerado. 

El  trote,  el  galope  y  la  carrera  son  aires  saltados 
ó  violentos;  en  ellos  las  extremidades  posteriores  no 
sólo  hacen  avanzar  el  cuerpo  sino  que  lo  lanzan  de 
manera  que  en  ciertos  momentos  ninguno  de  los 
cascos  toca  al  suelo.  En  el  trote  el  caballo  levanta 
primero  una  mano  y  el  pie  del  lado  opuesto,  impul¬ 
sa  el  cuerpo  con  los  otros  dos  remos  (principalmente 
con  el  posterior)  y  los  levanta  también  en  seguida, 
quedando  un  momento  en  el  aire  para  caer  luego  so¬ 
bre  los  que  ha  levantado  primero,  y  así  sucesiva¬ 
mente;  come  cada  mano  toca  en  el  suelo  al  mismo 
tiempo  que  el  pie  del  lado  opuesto,  el  oído  no  perci¬ 
be  más  que  dos  pisadas  por  cada  vez  que  se  mueven 
los  cuatro  remos.  Según  la  velocidad  de  los  movi¬ 
mientos  y  el  impulso  que  comunican  al  cuerpo  se 
distingue  entre  trote  ordinario;  trote  corto  y  trote 
largo;  este  último  es  tan  vivo  que  algunos  caballos 
llegan,  con  él,  á  recorrer  un  kilómetro  en  menos  de 
dos  minutos.  El  trote  es  poco  cómodo  para  el  jine¬ 
te,  pero  es  en  cambio  el  aire  violento 
que  resiste  el  caballo  mejor  y  por  más 
tiempo;  es,  además,  la  marcha  nor¬ 
mal  de  los  caballos  de  tiro  ligero.  El 
galope,  en  cambio,  es  el  aire  más  có¬ 
modo  para  el  jinete;  puede  ser  á  la 
derecha  ó  á  la  izquierda,  según  la 
mano  que  el  caballo  levanta  primero. 
En  el  galope  á  la  derecha,  por  ejem¬ 
plo,  se  levanta  primero  ia  mano  iz¬ 
quierda  y  en  seguida  la  derecha,  con 
tal  rapidez  que  á  simple  vista  parece 
que  se  han  levantado  simultáneamen¬ 
te  ;  el  remo  posterior  izquierdo  deja 
luego  el  péso  del  cuerpo  sobre  el  de¬ 
recho,  y  éste,'  después  de  sostener¬ 
lo  un  momento,  lo  lanza;  al  caer  toca  primero  en  el 
suelo  la  mano  izquierda,  después  la  derecha  y  el  pie 
izquierdo  á  la  vez,  y  finalmente  la  mano  derecha,  de 
modo  que  se  oyen  sólo  tres  pisadas.  Cuando  el  caba¬ 
llo  galopa  en  pista  debe  hacerlo  á  la  mano  que  mira 


CABALLO 


77 


al  centro  de  ella;  no  siendo  así  el  galope  resulta 
falso,  como  lo  es  también,  y  aun  peligroso,  el  de  los 
caballos  que  mueven  los  remos  del  cuarto  delantero 
como  en  el  galope  á  la  derecha  v  los  del  cuarto  tra¬ 
sero  como  en  el  galope  á  la  izquierda,  ó  viceversa 
(galope  cruzado).  La  carrera  no  es  más  que  un  galo¬ 
pe  tan  acelerado  que  parece  una  sucesión  de  saltos,  y 
el  oído  no  percibe  más  que  dos  pisadas;  así  como  la 
velocidad  del  galope  ordinario  no  pasa  de  400  m.  por 
minuto,  en  la  carrera  llegan  algunos  caballos  á  re¬ 
correr  1,500  m.  en  dicho  espacio  de  tiempo. 

La  andadura  es  un  paso  imperfecto;  en  ella  levan¬ 
ta  el  caballo  simultáneamente  los  dos  remos  del  mis¬ 
mo  lado,  apoyando  el  cuerpo  sobre  los  otros  dos;  es 
algo  más  rápida  que  el  paso  normal  ú  ordinario,  y 
los  caballos  acostumbrados  á  ella  la  resisten  sin 
fatiga  durante  mucho  tiempo.  Algunos  tienen  natu¬ 
ralmente  el  paso  de  andadura,  otros  lo  adquieren  por 
la  educación.  En  general  la  andadura  es  propia  de 
caballos  de  silla  utilizados  para  recorrer  grandes  dis¬ 
tancias;  es  una  marcha  muy  cómoda  para  el  jinete, 
y  especialmente  para  personas  poco  prácticas  en  la 
equitación. 

Los  aires  artificiales  en  general,  y  muy  especial¬ 
mente  los  de  alta  escuela,  son  propios  de  caballos  de 
silla  adiestrados  para  ellos  y  para  ejecutarlos  á  volun¬ 
tad  del  jinete;  lo  mi$mo  puede  decirse  de  la  mayoría 
de  los  saltos,  exceptuando  los  llamados  de  defensa 
que,  como  los  botes,  lanzadas,  huidas,  etc.,  los  da  el 
caballo  para  resistirse  á  la  voluntad  del  que  lo  monta 
ó  bien  impulsado  por  el  temor.  V.  además  el  ar¬ 
tículo  Equitación. 

Razas 

Las  numerosas  razas  y  variedades  de  ganado  ca¬ 
ballar  hoy  conocidas  pueden  referirse  originaria¬ 
mente  á  dos  tipos:  el  del  caballo  de  sangre  oriental  y 
el  del  caballo  occidental  ó  nórico.  El  tipo  del  caballo 
oriental,  originario  de  Asia,  se  conserva  en  toda  su 
pureza  en  la  raza  árabe,  de  que  se  tratará  más  ade¬ 
lante;  el  caballo  nórico,  descendiente  de  los  antiguos 
caballos  salvajes  de  Europa,  se  caracteriza  por  su 
cuerpo  voluminoso,  cabeza  grande,  pesada  y  poco 
expresiva,  cráneo  estrecho,  cara  generalmente  abo¬ 
vedada  (acarnerada),  ojos,  orejas  y  ventanas  de  la 
nariz  pequeñas,  cuello  redondeado,  grueso  y  á  me¬ 
nudo  corto;  cruz  poco  elevada,  lomo  ancho  y  hundi¬ 
do,  grupa  caída  y  doble,  cola  baja,  pecho  ancho, 
omoplatos  frecuentemente  cortos,  remos  gruesos, 
cascos  anchos,  piel  gruesa  con  el  pelaje  grosero  y 
casi  siempre  muy  largo  el  pelo  de  las  cernejas;  este 
caballo,  de  temperamento  poco  vivo  y  en  algunos 
individuos  casi  letárgico,  es  poco  resistente  para  el 
trabajo  y  envejece  pronto.  Las  condiciones  de  clima 
y  otras  circunstancias  de  los  distintos  países  de 
Europa,  ayudadas  por  la  selección,  han  dado  origen 
á  difererentes  variedades  del  tipo  nórico,  algunas  de 
ellas  notablemente  mejoradas;  el  cruzamiento  de  una 
de  estas  variedades,  inglesa,  con  el  caballo  árabe,  ha 
originado  el  actual  caballo  europeo  de  pura  sangre, 
que  ha  llegado  á  ser  hace  ya  mucho  tiempo  una  raza 
constante  y  que  se  ha  cruzado,  para  mejorarlas,  con 
la  mayoría  de  variedades  europeas.  De  estos  cruces 
han  resultado  los  caballos  llamados  de  sangre  y  de 
media  sangre,  según  el  grado  de  perfeccionamiento 
producido  por  la  introducción,  en  la  cría,  del  pura 
sangre,  persistiendo  además  algunas  razas  no  cruza¬ 
das  muchas  de  ellas  de  poco  valor. 


Si  se  considera  la  iriezcla  de  caracteres  á  que  los 
continuados  cruzamientos  han  dado  lugar,  y  se  aña¬ 
den  á  ella  las  modificaciones  introducidas  en  las  razas 
por  la  selección  encaminada  á  obtener  animales  ade¬ 
cuados  á  los  diferentes  géneros  de  trabajo  que  de  los 
caballos  se  exigen,  se  comprenderá  cuán  difícil  es 
establecer  una  clasificación  racional  de  las  razas  ca¬ 
ballares  fundada  en  caracteres  anatómicos.  En  reali¬ 
dad  lo  que  se  entiende  hoy  por  raza,  tratándose  de 
caballos,  es  el  tipo  criado  en  un  determinado  país, 
en  el  cual  se  ha  hecho  constante;  una  misma  raza  se 
presenta  á  veces  en  distintas  variedades,  y  cada 
raza  ó  variedad  tiene  cualidades  especiales  que  la 
hacen  adecuada  á  un  trabajo  diferente;  de  aquí  la 
distinción  entre  caballos  de  silla  y  caballos  de  tiro, 
entre  ligeros,  pesados,  de  paseo,  de  caza,  de  guerra, 
etcétera,  en  los  primeros,  y  entre  de  tiro  ligero,  de 
arrastre  pesado,  de  labranza,  etc.,  en  los  segundos. 

La  raza  árale,  considerada  como  la  más  antigua  y 
más  fina  de  las  conocidas,  se  conserva  muy  pura  en 
la  región  llamada  Nedschd  de  la  meseta  central  de 
Arabia;  de  los  animales  que  allí  se  crían,  sin  embar¬ 
go,  rarísimas  veces  llega  alguno  al  comercio  euro¬ 
peo.  Los  caballos  árabes  que  se  traen  á  Europa 
proceden,  en  su  mayor  parte,  de  las  fronteras  de  Siria 
y  Palestina.  Como  caracteres  típicos  de  la  raza  se 
consideran  los  siguientes:  talla  mediana,  raras  ve¬ 
ces  mayor  de  1,50  m.;  piel  delgada,  pelo  corto  y 
fino  y  espejuelos  pequeños;  cabeza  descarnada  con 
el  cráneo  muv  ancho,  el  perfil  de  la  cara  recto  y  li¬ 
geramente  cóncavo,  los  orbitales  salientes,  los  ojos 
grandes,  las  ventanas  de  la  nariz  dilatadas;  cuello 
delgado,  graciosamente  encorvado'  con  la  crin  sedo¬ 
sa  y  poco  abundante;  cruz  muy  saliente;  tórax  poco 
ancho  pero  muy  espacioso,  y  espaldas  ligeramente 
caídas:  dorso  y  grupa  rectos;  cola  alta  y  arqueada, 
con  crines  largas  y  sedosas;  remos  finos  y  muy  sóli¬ 
dos  y  cascos  pequeños  y  duros.  La  capa  más  fre¬ 
cuente  y  más  apreciada  es  la  torda,  pero  no  son 
raros  los  árabes  blancos,  bayos  ó  negros.  El  tempe¬ 
ramento  de  estos  animales  es  vivo  y  voluntarioso, 
pero  noble;  son  notables  su  resistencia  en  la  marcha 
y  su  sobriedad;  su  aptitud  principal  es  la  de  ser  ex¬ 
celentes  caballos  de  silla.  Entre  las  variedades  prin¬ 
cipales  de  esta  raza  figuran  la  común  de  Arabia,  de 
talla  algo  mayor  pero  más  basta;  la  persa,  también  de 
talla  elevada  y  muy  fogosa;  la  bereber  ó  berberisca, 
extendida  por  todo  el  N.  de  Africa  (especialmente 
Marruecos  y  Argelia)  que  se  distingue  del  tipo  de 
la  raza  por  tener  el  perfil  de  la  cara  algo  convexo  y 
la  grupa  ligeramente  derribada,  y  procede  quizá  del 
cruce  con  el  primitivo  caballo  bereber,  existente  ya 
allí  antes  de  la  invasión  islamita;  la  de  Egipto,  la 
de  la  Turquía  asiática  (caballos  turcomanos)  y  otras 
de  menor  importancia.  Además,  las  excelentes  cua¬ 
lidades  del  caballo'  árabe  han  hecho  que,  como  hemos 
indicado  antes,  haya  sido  introducida  esta  raza  en 
casi  todos  los  países,  criándola  unas  veces  pura  y 
más  á  menudo  cruzándola  con  otras,  hasta  el  punto 
de  que,  en  la  actualidad,  quizá  las  nueve  décimas 
partes  de  los  caballos  del  mundo  entero  tienen,  en 
mayor  ó  menor  proporción,  sangre  árabe. 

En  Europa  es  indudablemente  Inglaterra  el  país 
que  ha  dado  origen  á  mayor  número  de  razas  caba¬ 
llares,  y  á  gran  parte  de  las  mejores.  La  de  pura 
sangre  inglés  ó  caballo  de  carreras  es  una  raza  re¬ 
lativamente  moderna,  originada  á  principios  del  si¬ 
glo  xviii  uniendo  caballos  padres  de  raza  árabe  con 


78 


CABALLO 


yeguas  inglesas,  y  dando  á  cubrir  á  los  mismos  re¬ 
productores  las  yeguas  procedentes  de  este  cruce 
hasta  más  allá  de  la  cuarta  generación;  las  condi¬ 
ciones  especiales  de  la  cría,  de  la  alimentación  y  de 
la  educación  (training)  unidas  á  una  cuidadosísima 
selección  encaminada  á  acumular  en  los  productos  de 
la  cría  todas  aquellas  cualidades  que  favorecen  la 
velocidad,  han  llegado  á  fijar  esta  raza  tal  como  se 
conoce  hoy  y  como  se  conserva  gracias  á  la  constan¬ 
te  vigilancia  en  la  elección  de  reproductores,  ejerci¬ 
da,  no  sólo  sobre  las  cualidades  de  éstos,  sino  sobre 
la  pureza  de  su  genealogía  anotada  en  el  registro 
llamado  Stud-book,  establecido  ya  en  1791.  El  pura 
sangre  inglés  es  de  talla  más  elevada  que  el  caballo 
árabe  (de  1,60  á  1,65  m.);  las  líneas  de  su  cuerpo 
son  más  alargadas  y  angulosas;  sus  movimientos 
más  bruscos;  su  cuello  es  largo,  delgado,  ligeramen¬ 
te  cóncavo;  su  tórax  profundo,  pero  relativamente 
estrecho.  El  ejercicio  frecuente  y  prolongado  del  ga¬ 
lope  de  carrera  ha  sido  causa  de  una  desviación  del 
fémur  que  se  ha  hecho  hereditaria  y  que  se  traduce 
al  exterior  por  la  elevación  é  inclinación  de  la  grupa. 
La  capa  es  generalmente  castaña  ó  negra.  Esta  raza 
ha  conservado  y  aún  aumentado  las  buenas  cualida¬ 
des  del  temperamento  del  caballo  árabe  (exceptuando 
quizá  la  sobriedad  y  la  rusticidad);  la  velocidad  en 
la  carrera  y  la  aptitud  para  el  salto  son  mucho  mayo¬ 
res.  A  pesar  de  que  generalmente  se  considera  al 
pura  sangre  inglés  únicamente  como  caballo  de  ca¬ 
rreras  ó  como  reproductor  para  mejorar  otras  razas, 
la  experiencia  ha  demostrado  que  es  un  buen  caballo 
de  silla  para  otros  usos,  la  guerra  por  ejemplo;  al¬ 
gunos  caballos  de  esta  raza  utilizados  por  oficiales 
franceses  en  las  campañas  de  Madagascar  y  de  China 
dieron  pruebas  de  vigor  y  resistencia  difícilmente 
superables. 

Además  del  caballo  de  carreras  se  crían  en  In¬ 
glaterra  otras  variedades  de  caballos  de  silla,  gene¬ 
ralmente  de  media  sangre  (cruces  del  pura  sangre 
con  otras  razas);  tales  son  el  roadster,  considerado 
como  caballo  de  camino;  el  hack,  utilizado  como  ca¬ 
ballo  de  paseo;  el  col,  algo  bajo  de  talla,  empleado 
como  caballo  de  campo,  y  el  Jmnter  ó  caballo  de  caza. 
Este  último  tiene  en  Inglaterra,  donde  es  tan  gene¬ 
ral  la  caza  á  caballo,  especialmente  la  del  zorro,  una 
importancia  especial;  algunas  veces  se  utilizan  como 
hunters  caballos  de  pura  sangre,  pero  es  más  frecuen¬ 
te  emplear  cruces  (media  sangre)  de  éstos  con  otros 
como  el  hackney  ó  el  Cleveland  á  fin  de  obtener 
hunters  que,  á  la  velocidad,  reúnan  la  robustez  ne¬ 
cesaria  para  llevar  el  jinete  á  través  de  los  obs¬ 
táculos  y  desigualdades  del  terreno  de  caza. 

Entre  los  caballos  ingleses  de  tiro  ligero,  ó  de 
coche,  figuran  el  castaño  de  Cleveland  ( Cleveland 
hay),  raza  actualmente  constante  en  cuya  formación 
debió  intervenir  primitivamente  el  pura  sangre;  el 
caballo  del  Torkshiref  cruce  del  pura  sangre  con 
el  Cleveland  y  el  trotón  de  Norfolk  ó  hackney,  pro¬ 
ducto  de  diversos  cruzamientos:  ni  el  Norfolk  ni  el 
Yorksire  son  razas  constantes,  sino  que  se  perpetúan 
por  repetición  de  cruzamientos.  Todos  estos  caballos 
van  siendo  substituidos  modernamente,  en  los  coches 
de  lujo,  por  mestizos  nacidos  de  padre  pura  sangre 
7  yegua  de  las  razas  de  tiro  pesado,  Suffolk  ó 
Clydesdale.  El  de  Suffolk  es  un  caballo  sumamente 
corpulento,  propio  para  el  carro  ó  para  la  labranza; 
su  color  es  generalmente  alazán;  en  los  condados  de 
Cambridge  y  de  Lincoln  se  producen  algunos  ejem¬ 


plares  de  talla  excepcional  (más  de  2  m.)  que  son  loa 
mayores  caballos  de  tiro  conocidos.  El  caballo  de 
Clydesdale  es  también  de  gran  corpulencia  y  pare¬ 
cido  al  Suffolk;  tiene,  como  éste,  mechones  de  pelo 
largo  en  las  cernejas;  su  capa  suele  ser  castaña,  casi 
siempre  con  blancos. 

Existen  además  en  Inglaterra  caballos  de  muy 
pequeña  talla,  llamados  poneys;  de  éstos  el  más  co¬ 
nocido  es  el  de  las  islas  Shetland,  cuya  pequeñez  es 
debida  indudablemente  á  las  duras  "condiciones  de 
vida  en  que  se  encuentra  en  un  país  de  invierno 
muv  riguroso  en  el  cual  no  encuentra  el  poney,  á 
veces,  otra  alimentación  que  los  liqúenes  que  crecen 
sobre  las  rocas.  La  talla  de  estos  caballos  no  pasa 
generalmente  de  un  metro,  y  en  algunos  ejemplares 
de  60  cms. ;  el  esqueleto  y  la  musculatura  están 
proporcionalmente  muy  desarrollados;  el  pelaje  es 
largo  y  espeso,  y  las  crines  del  cuello  y  de  la  cola 
muy  largas;  el  paso  es,  á  proporción  de  la  talla, 
muy  rápido.  Son  sumamente  notables  el  vigor  y  la 
rusticidad  de  estos  animales;  gracias  á  éstas,  y  á  la 
facilidad  con  que  trepan  por  los  terrenos  más  escar¬ 
pados,  han  prestado  excelentes  servicios  en  la  expe¬ 
dición  de  Shackleton  al  polo  antártico  (1908-1909). 

En  Francia,  donde  la  cría  caballar  tiene  también 
gran  importancia,  se  produce  en  gran  escala  el 
pura  sangre  inglés  y  el  árabe,  llegándose  actual¬ 
mente,  en  la  cría  del  primero,  á  competir  con  In¬ 
glaterra.  Existe  además  un  excelente  caballo  de 
coche,  el  media  sangre  anglo-normando,  producto 
del  cruce  del  pura  sangre  inglés  con  el  normando, 
antiguo  caballo  del  tipo  occidental;  el  anglo-nor- 
ncando  se  cría  en  los  departamentos  de  Orne,  Eure, 
Calvados  y  Mancha  y,  gracias  á  los  cuidados  de  la 
selección,  es  un  caballo  cada  día  más  apreciado 
para  los  tiros  de  lujo;  últimamente  se  le  utiliza  tam¬ 
bién  para  la  caballería  del  ejército  francés.  Son  no¬ 
tables  también  los  caballos  de  pequeña  talla  de) 
Béarn  y  la  Gascuña,  llamados  comúnmente  jacas 
tarlesas  y  que,  en  realidad,  son  de  la  misma  raza 
que  las  navarras,  y  como  éstas  notables  por  su  vi¬ 
gor,  sobriedad  y  rusticidad;  modernamente,  gracias 
á  la  mezcla  de  sangre  árabe  ó  anglo-árabe,  se  ha  lo¬ 
grado  aumentar  algo  la  talla  de  las  jacas  tarbesas, 
sin  hacerles  perder  sus  antiguas  cualidades,  con¬ 
virtiéndolas  así  en  caballos  de  silla  útiles  para  la 
caballería  ligera  y  muy  apreciados  para  ciertos 
deportes,  como  el  juego  del  polo.  En  la  Camarga 
existe  además  una  raza  muy  rústica,  de  origen  muy 
discutido,  que  vive  al  aire  libre  en  rebaños  semi- 
salvajes;  esta  raza,  sin  embargo,  está  en  camino  de 
extinguirse  gracias  á  los  trabajos  de  saneamiento  de 
aquella  isla  que,  al  convertir  en  laborable  el  suelo 
de  la  misma,  hacen  desaparecer  los  pastos.  Los  que, 
sin  embargo,  deben  considerarse  como  caballos  pro¬ 
piamente  franceses,  son  el  boulonnais  y  el  perckerón 
pertenecientes  al  tipo  nórico.  El  boulonnais ,  seme¬ 
jante  al  inglés  de  Suffolk,  se  cría  en  las  regiones 
próximas  al  Paso  de  Calais;  es  un  caballo  propio 
para  el  tiro  pesado,  con  la  cabeza  grande  y  bien 
formada,  el  cuello  ancho  y  muy  musculoso,  no  muy 
largo,  el  pecho  ancho,  las  espaldas  oblicuas,  los  re¬ 
mos  fuertes  y  bien  proporcionados,  el  pelaje  sedoso,  f 
blanco  ó  tordo;  gracias  á  su  corpulencia  y  su  fogosi¬ 
dad,  puede  arrastrar  á  un  paso  bastante  vivo  cargas 
muy  pesadas;  es  además  notable  por  su  docilidad. 

El  perckerón,  llamado  así  por  criarse  principalmente 
en  la  comarca  de  la  Perche,  y  también  sequanés  por 


CABALLO 


79 


creérsele  originario  de  la  cuenca  del  Sena,  existe  en 
dos  variedades,  una  ligera  ( perdieron  postier)  utiliza¬ 
da  antiguamente  para  las  sillas  de  postas  y  hoy  para 
los  ómnibus  y  los  coches  de  mercancías,  y  otra  pe¬ 
sada,  más  propia  para  el  arrastre  de  grandes  pesos; 
una  v  otra  se  asemejan,  en  las  formas,  al  boulón- 
nais.  El  caballo  percherón  es  objeto  de  un  comercio 
de  exportación,  principalmente  á  la  América  del 
Norte;  esta  circunstancia  ha  sido  causa  de  que,  por 
preferir  generalmente  los  americanos  los  perchero- 
nes  de  capa  obscura,  se  hayan  esforzado  los  criado¬ 
res  franceses  en  dirigir  en  este  sentido  la  selección, 
tendiendo  á  desaparecer  los  caballos  tordos  de  esta 
raza  que  eran  antiguamente  los  más  comunes. 

En  Bélgica  se  cría  con  éxito  un  caballo  de  tiro 
pesado,  el  flamenco  ó  frisón,  de  gran  talla  y  muy 
corpulento,  con  el  cuerpo  largo,  la  cruz  poco  salida, 
la  grupa  redonda  y  bastante  derribada,  los  remos 
robustos  y  los  cascos  anchos  y  aplanados,  y  el  ca¬ 
ballo  ardenés,  también  de  tiro,  pero  de  menor  talla 
v  más  ligero. 

En  Rusia  abundan  en  general  los  caballos  pe¬ 
queños  que,  á  consecuencia  de  las  duras  condicio¬ 
nes  de  la  vida  de  las  estepas,  son  extremadamente 
sobrios  y  rústicos  y,  al  mismo  tiempo,  muy  resis¬ 
tentes  á  la  fatiga;  tales  son  los  que,  en  rebaños  nu¬ 
merosos,  crían  los  kirguises,  kalmucos,  cosacos  y 
bachkires.  En  la  Ukrania  y  en  los  países  del  Cáu- 
caso,  especialmente  en  Eriwan  y  Tiflis,  existen  ra¬ 
zas  de  mayor  talla  y  mejores  formas;  entre  éstas 
merece  citarse  la  de  los  karabaks  que  ofrecen  gran¬ 
des  analogías  con  el  caballo  árabe.  Existen  además 
los  trotones  de  Orlom,  renombrada  raza  de  tiro  li¬ 
gero  originada  por  un  cruce  de  sangres  oriental 
y  danesa. 

En  Alemania  se  producen  principalmente  caba¬ 
llos  de  silla  y  de  tiro  ligero;  la  cría  de  los  de  tiro 
pesado  está  localizada  en  algunos  distritos  como  los 
de  Oldenburgo  y  Holstein,  aparte  de  que  en  la  re¬ 
gión  del  Rhin  y  en  Sajonia  se  crían  caballos  de  raza 
belga.  Los  caballos  oldenburgueses  proceden  de 
una  raza  indígena  mejorada  por  el  cruce  con  semen¬ 
tales  ingleses;  los  de  Schleswig-Holstein,  llamados 
también  daneses,  son  parecidos  á  los  de  Oldenburgo. 
Las  provincias  orientales  de  Prusia,  especialmente 
la  Lituania,  producen  gran  número  de  caballos  de 
silla  propios  para  el  ejército;  existe  además  la  re¬ 
monta  de  Trakehnen,  fundada  por  Federico  Guiller¬ 
mo  I,  en  la  que  se  producen  hermosos  caballos  de 
silla  y  de  tiro  ligero,  de  sangre  anglo-árabe  los  pri¬ 
meros  y  algo  cruzados  con  sangre  del  país  los  se¬ 
gundos. 

El  Imperio  austríaco  tiene  importantes  crías  de 
ganado  caballar:  en  Galitzia  y  Hungría  se  produ¬ 
cen  buenos  caballos  ligeros  de  silla,  generalmente 
de  poca  talla,  y  una  raza  de  tiro  ligero,  la  del  juc- 
ker,  muy  apreciada  en  Alemania.  Austria  produce 
buenos  caballos  de  coche,  y  la  región  de  Pinzgau 
caballos  de  arrastre  pesado.  Es  además  interesante 
la  raza  de  caballos  de  lujo  producida  por  el  estable¬ 
cimiento  de  Kladrub  (Bohemia)  perteneciente  á  la 
casa  imperial;  esta  raza  desciende  de  caballos  anda¬ 
luces  introducidos  allí  en  el  siglo  xvn  y  conserva 
todos  los  caracteres  de  la  raza  andaluza  salvo  la  ta¬ 
lla.  algo  aumentada. 

En  Italia,  donde  existían  antiguamente  los  cele¬ 
brados  caballos  napolitanos,  de  origen  andaluz  y 
hoy  poco  menos  que  extinguidos,  no  quedan  hoy 


apenas  razas  indígenas;  las  razas  finas  que  más  se 
crían  actualmente  en  dicho  país  son  el  pura  sangre 
y  el  liunter  ingleses,  utilizados  respectivamente  para 
las  carreras  y  para  el  ejército. 

España  poseyó  antiguamente  una  de  las  razas  ca¬ 
ballares  más  celebres  de  Europa:  la  andaluza.  Carac¬ 
terizábase  el  caballo  andaluz  por  su  cabeza  grande, 
muy  acarnerada;  cuello  corto,  grueso,  con  crines 
largas  y  sedosas;  cruz  baja  y  carnosa,  lomo  muy 
ensillado,  grupa  redonda  y  derribada,  con  el  naci¬ 
miento  de  la  cola  bajo;  pecho  robusto,  vientre  abul¬ 
tado;  antebrazos  y  piernas  cortos,  cañas  largas, 
cuartillas  débiles,  casi  siempre  vencidas;  cascos  bien 
conformados.  No  era  caballo  de  velocidad  ni  de  re¬ 
sistencia;  tenía  en  cambio  fuego  y  nobleza,  y  era 
muy  majestuoso  en  sus  movimientos,  especialmente 
en  los  de  los  remos  delanteros,  doblando  mucho  la 
rodilla  y  campaneando,  esto  es,  sacando  el  casco 
hacia  fuera  y  levantándolo  casi  á  la  altura  del  codi¬ 
llo.  El  descuido  que  desgraciadamente  ha  reinado 
durante  mucho  tiempo  en  España  en  casi  todo  lo 
referente  á  la  cría  de  los  animales  domésticos,  así 
como  la  preferencia  que  cada  día  más  van  dando 
los  aficionados  á  los  caballos  veloces  y  resistentes 
sobre  los  de  pura  apariencia,  han  sido  causa  de  que 
la  raza  andaluza  vaya  desapareciendo  paulatinamen¬ 
te  hasta  quedar  poco  menos  que  extinguida.  Por 
otra  parte,  los  numerosos  cruzamientos  con  diferen¬ 
tes  razas  extranjeras  han  introducido  en  la  población 
caballar  de  España  tal  diversidad  que  hoy  se  hace 
difícil  hablar  de  una  raza  netamente  española;  los 
tipos  que  más  abundan,  sin  embargo,  son  el  de  un 
caballo  de  mediana  talla  bastante  parecido  á  los 
berberiscos  del  N.  de  Africa  y  los  de  pequeña  talla 
gallegos  y  navarros  llamados  jacas.  Estas,  especial¬ 
mente  las  navarras,  están  dotadas  de  un  tempera¬ 
mento  vivísimo  y  de  una  resistencia  excepcional;  la 
cabeza  suele  ser  de  perfil  recto,  con  los  orbitales 
muy  salientes  y  el  ojo  muy  vivo;  el  cuello  de  me¬ 
diana  longitud;  el  lomo  algo  ensillado,  los  remos 
cortos  pero  muy  fuertes  y  la  grupa  redonda;  las  ca¬ 
pas  más  frecuentes  son  la  castaña  obscura  y  la  negra. 

En  la  América  del  Norte  existe  una  raza  de  tro¬ 
tadores,  producto  del  cruzamiento  del  pura  sangre 
inglés  con  caballos  criollos;  estos  trotadores  se  uti¬ 
lizan  para  la  silla,  pero  más  aún  para  carreras  con 
carruajes  ligeros  de  dos  ruedas.  Existen  además, 
en  ambos  continentes  americanos,  los  caballos  ci¬ 
marrones  ó  mustangs ,  y  las  razas  criollas,  unos  y 
otras  descendientes  de  caballos  importados  de  Eu¬ 
ropa  y  modificados  por  la  influencia  del  clima  y  del 
género  de  vida.  El  caballo  criollo  se  cría  general¬ 
mente  en  yeguadas  semisalvajes  que,  hasta  hace 
pocos  lustros,  solían  estar  formadas  por  gran  núme¬ 
ro  de  cabezas,  especialmente  en  las  Pampas;  estas 
veguadas  se  han  ido  reduciendo  poco  á  poco  para 
dejar  más  lugar  á  la  cría  de  ganado  vacuno  ó  lanar, 
más  productivos.  Los  caballos  que  forman  parte  de 
esas  manadas  se  cazan  á  lazo,  se  ensillan  á  la  fuerza 
y  son  montados  en  seguida  por  los  intrépidos  jinetes 
pampeanos,  que  consiguen  de  este  modo  domarlos 
en  muy  poco  tiempo.  Este  sistema  primitivo  de  cría 
caballar  en  el  que  la  raza,  por»falta  de  selección  y 
de  otros  cuidados,  va  degenerando  paulatinamente, 
se  va  abandonando  de  día  en  día,  siendo  substituido 
por  procedimientos  más  perfeccionados  en  los  que  se 
atiende  más  cuidadosamente  á  la  elección  de  los  re¬ 
productores  y  á  la  alimentación  y  educación  de  los 


80 


CABALLO 


potros;  modernamente,  además,  se  han  importado 
tanto ,  en  los  Estados  Unidos  como  en  diferentes 
Repúblicas  sudamericanas  caballos  padres  y  yeguas 
de  remonta  de  las  mejores  razas  europeas  y  orien¬ 
tales  dando  con  ello  gran  importancia  á  la  cría  ca¬ 
ballar  de  aquellos  países  en  donde  la  cría  de  las 
mencionadas  razas  puras  y  el  cruce  con  los  caballos 
criollos,  que  poseen  innegables  cualidades  de  rus¬ 
ticidad,  vigor  y  resistencia,  están  dando  lugar  á  la 
constitución  de  razas  locales  llamadas  á  competir, 
desde  muchos  puntos  de  vista,  cón  las  mejores  de 
Europa. 

Reproducción  y  cria 

Como  ocurre  con  todos  los  animales  domésticos, 
en  la  cría  del  ganado  caballar  hay  que  atender  con 
cuidado  especial  á  la  elección  de  los  reproductores. 
Al  elegirlos,  no  basta  tener  en  cuenta  sus  cualidades 
individuales,  que  hay  que  procurar  que  sean  inme¬ 
jorables,  presentándose  muy  desarrolladas  aquéllas 
que  hacen  apreciable  la  raza,  sino  que  es  necesario, 
siempre  que  se  pueda,  utilizar  animales  de  genealo¬ 
gía  bien  conocida  y  pura,  á  fin  de  evitar  que,  por  un 
fenómeno  de  atavismo,  se  presenten  en  el  producto 
de  la  cría  caracteres  poco  estimables  de  un  antepa¬ 
sado  de  raza  inferior. 

El  celo  se  presenta  en  la  yegua  á  intervalos  mal 
determinados  y  con  frecuencia  irregulares,  y  se  re¬ 
conoce  en  el  estado  de  excitación  del  animal,  que 
Eelincha  con  frecuencia;  en  los  movimientos  de  la 
vulva  y  en  que  de  ésta  fluye  un  líquido  blanquecino; 
sólo  cuando  están  en  este  estado  deben  presentarse 
al  semental.  El  apareamiento,  llamado  monta,  puede 
realizarse  en  libertad  ó  á  mano.  En  la  monta  en  li¬ 
bertad  el  caballo,  mezclado  con  las  yeguas  en  el  re¬ 
baño  ó  piara,  cubre  á  éstas  á  medida  que  van  en¬ 
trando  en  celo;  este  procedimiento  es  el  más  primi¬ 
tivo,  y  sólo  se  emplea  en  las  yeguadas  que  viven 
constantemente  al  aire  libre  y  ofrece  numerosos  in¬ 
convenientes;  la  selección  es  casi  imposible,  el  se¬ 
mental  se  agota  por  los  repetidos  saltos  sobre  una 
misma  hembra  y  muchas  veces  es  lesionado  por  las 
coces  de  éstas.  En  la  monta  á  mano  se  presenta  al 
semental  la  yegua  trabada,  para  evitar  que  pueda 
cocear  y  herirle;  es  muy  frecuente,  para  reconocer 
si  la  yegua  está  verdaderamente  en  celo  y  evitar  al 
semental  la  excitación  inútil  ante  una  hembra  no 
dispuesta  al  apareamiento,  conducir  primero  ante  la 
yegua  un  caballo  de  poco  valor  al  que  se  denomina 
récela  ó  greñudo ;  sólo  cuando  de  las  actitudes  de 
éste  y  de  la  yegua  se  deduce  que  el  celo  es  verda¬ 
dero  se  presenta  á  ésta  el  semental  que  ha  de  cu¬ 
brirla.  Aunque  casi  durante  todo  el  año  hay  unas  ú 
otras  yeguas  en  celo,  la  monta  se  realiza,  por  lo  ge¬ 
neral,  en  los  meses  de  Febrero  á  Julio,  á  fin  de  que 
nazcan  los  potros  en  la  época  más  favorable,  ó  sea 
en  primavera.  Los  sementales  pueden,  durante  la 
época  de  la  monta,  dar  hasta  tres  saltos  por  día;  es 
conveniente,  sin  embargo,  limitar  este  número  á 
dos  ó  á  uno,  para  evitar  el  agotamiento  del  animal; 
éste,  durante  dicha  época,  debe  recibir  una  alimen¬ 
tación  abundante  y  muv  nutritiva;  fuera  de  ésta 
época  es  conveniente  que  trabaje,  no  sólo  porque 
de  este  modo  el  contacto  con  el  hombre  hace  que  no 
adquiera  la  malignidad  de  carácter  que  se  observa 
algunas  veces  en  los  sementales  ociosos,  sino  por¬ 
que  el  ejercicio  corporal  contribuye  á  la  conserva¬ 
ción  de  su  salud  y  aun  de  su  fecundidad. 


La  gestación  dura,  en  la  yegua,  poco  más  de  once 
meses  (de  trescientos  cuarenta  y  cinco  á  trescientos 
sesenta  y  cinco  días);  la  yegua  preñada  puede  tra¬ 
bajar  durante  los  primeros  meses,  especialmente  en 
el  tiro  al  paso,  evitando  los  aires  violentos;  en  ge¬ 
neral  debe  atendérsela  con  mucho  cuidado,  á  fin  de 
evitar  el  aborto.  Cada  parto  produce, normalmente,  un 
solo  potro;  éste,  después  que  ha  sido  lamido  por  la 
madre,  se  dirige  en  seguida  por  sí  solo  á  las  ubres; 
hay  que  dejarle  mamar  la  primera  leche  ó  colostro, 
que,  con  su  acción  laxante,  sirve  para  desembarazar 
el  intestino  del  recién  nacido  del  meconium  acumu¬ 
lado  durante  la  vida  intra-uterina.  Algunas  veguas 
jóvenes  sobrado  cosquillosas  se  resisten,  al  principio, 
á  que  se  les  acerque  el  potro  á  las  ubres,  siendo  ne¬ 
cesario  obligarlas,  aunque  siempre  con  suavidad. 
No  son  raras  las  anormalidades  del  parto  en  la  ye¬ 
gua,  ya  por  viciosa  presentación  ó  por  otras  causas; 
en  «stos  casos  hay  que  reclamar  cuanto  antes  la  in¬ 
tervención. del  veterinario,  porque  siendo  la  vitalidad 
del  potro  menor  que  la  de  otros  animales  domésti¬ 
cos,  la  prolongación  desmesurada  del  parto  puede 
costarle  la  vida.  Después  del  potro  expulsa  la  yegua 
las  envolturas  fetales;  es  necesario  vigilar  la  expul¬ 
sión  de  estas  membranas,  cuya  retención  produce  á 
veces  en,  las  yeguas  septicemias  muy  peligrosas. 

Durante  las  dos  ó  tres  primeras  semanas  el  potro 
se  deja  constantemente  con  la  madre;  si  ésta  sale  á 
pacer  y  el  tiempo  es  favorable,  puede;  acompañarla 
ya  el  pequeñuelo  á  los  ocho  días  de  nacido.  Si  en 
estos  primeros  días  la  leche  es  demasiado  abundante 
y  no  es  consumida  por  el  potro,  hincha  las  ubres  y 
puede  ser  causa  de  inflamaciones  ó  abscesos;  esto  se 
evita  ordeñando  parcialmente  la  yegua.  A  partir  de 
la  tercera  ó  cuarta  semana  se  suele  separar  el  potro 
á  fin  de  reglamentar  las  horas  á  que  mama;  esta  se¬ 
paración  es  absolutamente  necesaria  si  la  madre 
debe  trabaja!.  En  muchos  casos  se  da  la  yegua  de 
nuevo  al  semental  pocos  días  después  de  parida;  la 
nueva  gestación  no  perjudica  en  nada  la  lactancia. 

El  destete  de  los  potros  se  realiza  al  aparecer  los 
primeros  molares  permanentes,  ó  sea  entre  el  sexto 
y  el  noveno  raes;  debe  ser  gradual,  á  fin  de  acos¬ 
tumbrarles  poco  á  poco  á  la  nueva  alimentación  y 
de  dar  tiempo  á  que  cese  en  la  madre  la  secreción 
láctea.  Es  una  mala  práctica  Ja.  de  destetar  los  po¬ 
tros  antes  de  la  época  indicada;  el  destete  prematuro 
redunda  muchas  veces  en  perjuicio  del  desarrollo 
ulterior  del  individuo. 

Una  vez  destetados  los  potros  es  necesario  pro¬ 
porcionarles  una  alimentación  sana  y  abundante  y 
procurar  que,  á  ser  posible,  salgan  al  aire  libre  to¬ 
dos  los  días;  la  estabulación  continua  es  perjudicial 
para  su  desarrollo.  Los  establos  deben  ser  espacio¬ 
sos  y  en  ellos  deben  estar  los  potros  sueltos;  es  con¬ 
veniente  que  no  estén  solos,  sino  dos  ó  más  en  un 
mismo  establo;  el  suelo  de  éste  debe  ser  llano,  por¬ 
que  la  permanencia  sobre  un  suelo  inclinado  puede 
falsear  los  aplomos  de  los  jóvenes  animales.  Los  que 
deban  ser  castrados  es  conveniente  que  sufran  esta 
operación  antes  que  se  desarrolle  en  ellos  el  instinto 
genésico;  la  castración,  por  lo  general,  influye  en  el 
desarrollo  en  el  sentido  de  aligerar  el  cuarto  delan¬ 
tero,  por  lo  cual  se  suele  castrar  más  jóvenes  á  los 
caballos  de  silla  que  á  los  de  tiro  que  necesitan  un 
cuarto  delantero  más  pesado.  Entre  los  quince  y 
diez  y  ocho  meses  se  empieza  á  herrar  á  los  potros, 
poniéndoles  herraduras  ligeras  y  cuidando  de  no 


Caballo  (Arte) 


Enciclopedia  Universal 


José  Espasa  é  Hijos,  editores 


Artículo  Caballo 


CABALLO 


81 


raspar  la  tapa  del  casco  para  no  privarla  de  su  bar¬ 
niz  natural  que  impide  la  desecación.  A  los  diez  y 
ocho  meses  suele  empezar  la  doma,  que  tiene  por 
objeto  acostumbrarle  al  trabajo  y  adiestrarle  para  él. 

En  la  mayoría  de  los  países  europeos  es  muy  fre¬ 
cuente  que  los  agricultores  que  habitan  comarcas  á 
propósito  se  dediquen  á  la  qría  caballar  con  un  re¬ 
ducido  número  de  yeguas  (á  veces  una  sola)  utili¬ 
zándolas  al  mismo  tiempo  para  el  trabajo.  Aparte  de 
estas  crías  que  podrían  llamarse  particulares,  exis¬ 
ten  establecimientos  especiales  dónde  la  cría  se 
practica  en  gran  escala;  en  estos  establecimientos 
(remontas,  yeguadas)  es  donde,  suelen  producirse 
los  caballos  de  sangre  y  de  lujo.  Gracias  á  la  impor¬ 
tancia  de  la  cría  caballar  y  á  ia  necesidad  de  fomen¬ 
tarla,  entre  otras  razones,  para  surtir  de  caballos  á 
los  ejércitos,  la  mayoría  de  los  Estados  sostienen 
también  establecimientos  de  remonta  v  depósitos  v 
paradas  de  sementales,  facilitando  muchas  veces  és¬ 
tos  á  los  criadores  particulares  á  fin  de  mejorar  las 
razas  ó  de  favorecer  la  producción  de  caballos  con 
aptitudes  determinadas.  Existen  además  en  muchos 
países  asociaciones  que  contribuyen  al  mejoramien¬ 
to  de  la  cría  y  á  la  conservación  de  las  razas  me¬ 
diante  los  registros  genealógicos  ó  Stud-books,  la 
organización  de  carreras,  concursos  hípicos,  etc.,  v 
la  concesión  de  primas  á  los  criadores;  á  todos  estos 
fines  suelen  contribuir  también  los  Estados.  En  Es¬ 
paña,  al  organizarse  la  junta  de  la  Cría  Caballar  del 
Reino  por  Real  decreto  de  24  de  Febrero  de  1897, 
se  le  encomendó  el  estudio  de  varios  asuntos  para 
que  pudieran  llevarse  á  efecto  las  reformas  consi¬ 
guientes  para  el  fomento  y  mejora  de  la  cría  caba¬ 
llar  en  España;  pero  hasta  el  año  1902  no  pudo  lle¬ 
varse  á  cabo  el  primer  censo  del  ganado  caballar  y 
mular,  elemento  indispensable  para  conocer  v  formar 
juicio  de  las  condiciones  que  tiene  el  ganado,  eli¬ 
giendo  sementales  á  fin  de  conseguir  de  una  manera 
progresiva  el  mejoramiento  de  la  raza  y  obtener  el 
caballo  de  silla,  labor,  carrera  y  tiro,  disminuyendo 
en  un  tiempo  relativamente  breve  la  importación  de 
dicho  ganado,  con  notoria  ventaja  para  los  criado¬ 
res  españoles.  En  lo  sucesivo  cada  año  se  formará 
este  censo  encargándolo  á  una  Junta  Central  y  las 
provinciales  y  locales. 

Higiene 

El  caballo  en  general  debe  cuidarse,  para  mante¬ 
nerle  en  buen  estado,  con  gran  atención  y  regula¬ 
ridad.  El  cuidado  debe  extenderse  principalmente  á 
la  alimentación,  la  limpieza  de  la  piel,  la  distribu¬ 
ción  del  trabajo  v  el  alojamiento;  hay  que  cuidar 
también  muy  especialmente  los  cascos. 

La  alimentación  debe  ser  proporcionada  al  traba- 
jo  y  algo  escogida,  ya  que  el  caballo  np  se  acostum¬ 
bra  nunca  como  otros  animales  domésticos  (el  buev 
por  ejemplo)  á  cierta  clase  de  alimentos,  ni  se  man¬ 
tiene  fácilmente  con  solo  el  pasto,  á  no  ser  que  no 
trabaje  ó  trabaje  poco  y  que  pertenezca  al  mismo 
tiempo  á  una  raza  sobria  y  dotada  de  cierta  rustici¬ 
dad.  Los  caballos  que  trabajan  deben  recibir  un  ali¬ 
mento  mixto  formado  por  forrajes  verdes  ó  secos  v 
grano  y  distribuido  en  porcioqes  regulares  (pien¬ 
sos)  que  se  repiten  varias  veces  al  día.  Los  forrajes 
que  más  se  empJean  son  Ja  alfalfa  verde  ó  seca,  la 
paja  de  cereales  v  el  heno;  entre  los  granos  diversos 
cereales  (cebada,  maíz,  avena,  etc.),  habas  y.  en  los 
países  del  Mediterráneo,  algarrobas;  en  algunos  ca- 

knciclopedia  universal,  tomo  x. — 6. 


sos  se  completa  la  alimentación  con  salvado,  harinas 
(de  centeno,  de  linaza,  etc.),  y  zanahorias.  La  ra¬ 
ción  media  de  un  caballo  se  calcula  en  4  ó  5  kg.  de 
avena  y  otro  tanto  de  heno,  ó  sus  equivalentes. 

La  limpieza  de  la  piel  es  uno  de  los  cuidados  que 
más  favorecen  la  salud  del  caballo,  favoreciendo  la 
respiración  cutánea  y  eliminando  el  polvo  y  los  re¬ 
siduos  del  sudor;  para  llevarla  á  cabo  se  utilizan 
principalmente  la  almohaza  y  el  cepillo.  Es  además 
conveniente,  de  vez  en  cuando,  lavar  los  caballos 
con  agua  mediante  una  esponja  y  echarles  agua  en¬ 
cima;  en  verano  es  bueno  bañarlos.  Los  caballos  de 
pelo  largo  y  espeso  se  esquilan,  con  lo  cual  se  acti¬ 
van  las  funciones  de  la  piel  y  se  facilita  la  limpieza. 

Un  caballo  bien  alimentado  y  cuidado  puede  tra¬ 
bajar  sin  inconveniente  doce  horas  al  día,  pero  es  ne¬ 
cesario  dejarle  descansar  las  otras  doce.  El  trabajo 
diario  no  debe  exigírsele  todo  de  una  vez,  sino  alter¬ 
nando  varios  períodos  de  trabajo  con  otros  de  des¬ 
canso;  en  ciertos  casos  se  le  puede  obligar  á  que 
trabaje  en  un  solo  día  bastante  más  de  doce  horas, 
pero  entonces  hay  que  dejarle  descansar  al  día  si¬ 
guiente.  Si  por  cualquier  circunstancia  debe  perma¬ 
necer  algunos  días  sin  trabajar  es  preciso  acortarle 
la  ración  alimenticia  y,  por  poco  que  se  pueda,  no  se 
le  dejará  permanecer  siempre  en  la  cuadra,  sino  que 
se  procurará  sacarle  á  que  haga  ejercicio.  Cuando,  á 
consecuencia  de  un  trabajo  fuerte  y  continuado,  se 
encuentra  el  caballo  cubierto  de  sudor,  es  muv  con¬ 
veniente  enjugarle  y  abrigarlo,  preservándole  muv 
especialmente  de  las  corrientes  de  aire.  En  general 
duermen  los  caballos  muy  poco  y  con  sueño  muy  li¬ 
gero;  algunos  duermen  de  pie,  pero  casi  todos  se 
echan  para  descansar,  aunque  no  duerman  en  esta 
posición.  La  tendencia  de  algunos  caballos  á  no 
echarse  nunca  se  considera  como  un  defecto,  por 
más  que  á  consecuencia  de  la  conformación  de  sus 
músculos  y  tendones  no  se  fatigan,  estando  en  pie, 
tanto  como  otros  cuadrúpedos. 

Los  establos  ó  cuadras  deben  estar  siempre  muv 
limpios  y  aireados;  es  muy  censurable  la  costumbre 
que  existe  en  algunas  regiones  de  cuidar  muy  poco 
de  su  limpieza,  así  como  la  creencia,  tan  equivocada 
como  frecuente  entre  los  labradores  de  algunas  co¬ 
marcas,  de  que  es  necesario  que  hava  telarañas  en 
las  cuadras  para  que  conserven  su  salud  las  caballe¬ 
rías.  Cada  caballo  debe  tener  su  cama ,  formada  por 
paja  abundante,  limpia  y  seca,  para  echarse  sobre  ella. 
La  temperatura  del  establo  debe  procurarse  que  no 
baje  de  15°  C.;  es  muy  conveniente  además  hacer 
de  modo  que  hava  en  él  el  menor  número  posible  de 
moscas,  para  lo  cual,  en  ciertos  casos,  es  una  buena 
precaución  poner  tela  metálica  en  las  ventanas. 
Respecto  á  la  disposición  de  las  cuadras,  pesebres, 
etcétera,  V.  el  artículo  Caballeriza. 

Los  cascos,  que  tanta  importancia  tienen  para  la 
locomoción,  deben  cuidarse  muy  esmeradamente; 
este  cuilado,  sin  embargo,  incumbe  más  al  herra¬ 
dor  que  al  mozo  de  cuadra;  éste  debe  limitarse  á 
limpiarlos  y  untarlos  de  grasa.  En  cuanto  á  la  ma¬ 
nera  de  herrar  los  caballos,  V.  Herradura. 

Utilización  del  caballo 

La  utilidad  de  este  animal  se  funda  principal¬ 
mente  en  su  fuerza,  su  velocidad  en  la  marcha  v  su 
resistencia  á  la  fatiga;  estas  cualidades  no  se  en¬ 
cuentran  nunca  reunidas  en  su  más  alto  grado  de 
desarrollo,  sino  qué  siempre  predomina  alguna  de 


82 


CABALLO 


ellas  sobre  las  demás.  El  predominio  de  una  ú  otra 
de  dichas  cualidades  depende  de  la  raza  ó  variedad 
á  que  el  caballo  pertenece,  y  hace  que  éste  sea  más 
propio  para  un  trabajo  determinado  que  para  otros; 
en  otro  lugar  de  este  articulo  se  ha  indicado  ya  algo 
acerca  de  la  clasificación  de  los  caballos  según  sus 
aptitudes  (caballos  de  silla,  de  coche,  de  tiro  pesado, 
de  labranza,  etc.).  La  fuerza  del  caballo  para  el  tiro 
es,  por  lo  general,  mayor  que  para  llevar  la  carga  á 
lomo;  la  aptitud  para  esto  último  es,  junto  con  la 
velocidad,  la  que  más  se  aprecia  en  los  caballos  de 
silla.  Un  buen  caballo  puede  llevar  á  lomo  un  peso 
igual  á  2/5  del  suyo  propio,  pero  á  medida  que  au¬ 
menta  la  velocidad  de  la  marcha,  este  peso  disminu- 
ve;  hav  que  considerar,  por  ejemplo,  que  el  trabajo 
realizado  llevando  á  lomo  75  kilogramos,  al  paso, 
durante  ocho  horas  (que  representan  un  recorrido  de 
unos  30  kms.)  es  el  mismo  que  el  realizado  llevan¬ 
do  el  mismo  peso  sólo  durante  dos  horas  á  una  velo¬ 
cidad  de  15  kms.  por  hora,  ó  recorriendo  con  él 
4  kms.  en  cuatro  minutos,  que  es  la  mayor  velocidad 
de  carrera  alcanzada.  Por  otra  parte,  la  facultad  del 
caballo  de  desarrollar  en  un  período  dado  de  tiempo 
uu  trabajo  determinado  no  depende  tan  sólo  de  su 
musculatura,  sino  también  de  los  pulmones  y  del 
corazón;  en  este  último  hay  notables  diferencias  de 
unas  razas  á  otras,  ya  que  el  corazón  de  un  pura 
sangre  inglés,  que  pesa  de  5  á  6  kg.,  es  casi  el  do¬ 
ble  del  de  un  caballo  ordinario  de  la  misma  talla. 
V.  Animados  (Motores)  y  los  artículos  Caballería 
y  Equitación. 

Se  utiliza  además  de  los  caballos  la  carne.  La 
piel  de  los  caballos  da  un  cuero  excelente;  las  crines 
se  emplean  para  ciertos  tejidos  y  para  rellenar  al¬ 
mohadones;  los  cascos  se  aprovechan  para  la  fabri¬ 
cación  del  ferrocianuro  potásico;  del  cuerpo  se  obtie¬ 
ne  orasa,  v  los  huesos  tienen  las  mismas  aplicacio¬ 
nes  que  los  de  otros  animales  de  talla  semejante. 

La  carne  de  caballo  tiene  generalmente  un  color 
rojo  obscuro,  y  á  la  larga  adquiere  un  viso  azulado, 
casi  negruzco.  Su  empleo  en  la  alimentación  humana 
es  bastante  limitado.  En  Prusia  se  consumió  en  el 
año  1896  la  carne  de  50,242  caballos,  correspon¬ 
diendo  5,000  á  Berlín.  La  repulsión  que  muchas 
personas  sienten  por  la  carne  de  caballo  es  debida, 
en  parte,  á  su  sabor  dulzaino  poco  agradable,  y 
en  parte  también  á  diferentes  prejuicios;  como  ade¬ 
más  la  cría  y  el  cuidado  del  caballo  resultan  muy 
costosos  comparados  con  los  de  los  demás  animales 
de  carne  comestible,  de  lo  cual  resulta  que  no  es 
posible ,  económicamente ,  matar  caballos  sanos  y 
bien  alimentados  para  utilizar  su  carne,  sino  que 
por  lo  común  sólo  van  á  parar  á  los  mataderos  caba¬ 
llos  inútiles  para  el  trabajo,  por  exceso  de  fatigas, 
por  la  edad,  por  enfermedades  ó  por  accidentes,  la 
repugnancia  que  suele  sentir  el  hombre  por  la  carne 
de  caballo,  no  deja,  pues,  de  estar  hasta  cierto  punto 
justificada.  En  cambio,  la  carne  de  un  caballo  joven 
y  bien  alimentado,  al  que  es  necesario  matar,  por 
ejemplo,  por  haberse  roto  una  pata,  no  debe  repug¬ 
nar,  y,  por  otra  parte,  tiene  un  gran  valor  alimenti¬ 
cio.  La  composición  media,  deducida  de  varios  anᬠ
lisis.  es  la  siguiente: 


Agua 

Materias 

nitrogenadas 

Materias 

grasas 

Glicógeno 

Cenizas 

74‘2% 

21*5% 

2‘5°/0 

0‘8  % 

1‘0  % 

En  la  carne  seca 


Materias 

nitrogenadas 

Materias  grasas 

Glicógeno 

Cenizas 

83*3  % 

9‘7  % 

31  °/o 

3‘9  °/o 

La  carne  de  caballo  es  pobie  en  materias  grasas 
y  está  especialmente  indicada,  por  esta  causa,  para 
la  preparación  de  carnes  ahumadas ,  que  se  distin¬ 
guen  de  las  del  ganado  vacuno  por  su  marcado  co¬ 
lor  rojo  claro. 

Al  hervir  la  carne  de  caballo  aparecen  en  el  caldo 
gotitas  amarillas  de  grasa,  y  al  añadir  ácido  sulfúri¬ 
co  se  percibe  un  olor  especial,  que  recuerda  el  de 
las  cuadras,  debido  probablemente  á  ácidos  grasos 
volátiles.  Parece  que  se  nota  también  este  olor  cuan¬ 
do  se  guisan,  de  cualquier  manera  que  sea,  los  ri¬ 
ñones. 

En  China  es  muy  corriente  cebar  caballos  para 
utilizar  su  carne  como  alimento. 

La  mezcla  de  carne  de  caballo  con  otras  carnes, 
sin  que  se  declare  su  presencia,  es  considerada  como 
una  falsificación.  La  proporción  relativamente  consi¬ 
derable  de  glicógeno  que  contiene  la  carne  de  caba¬ 
llo,  puede  servir  de  guía,  según  Bráutigam  y  Ldel- 
mann,  para  reconocer  esta  falsificación;  sin  embargo, 
como  también  otras  carnes  contienen  glicógeno,  si 
bien  que  en  menor  proporción,  es  de  creer  que  el  re¬ 
conocimiento  cualitativo  del  glicógeno  en  una  carne 
puede  ser  muchas  veces  insuficiente  para  permitir 
asegurar  la  presencia  de  la  de  caballo.  Aun  la  misma 
determinación  cuantitativa,  que  es  mucho  más  impor¬ 
tante,  es  dificultada,  y  en  ocasiones  llega  á  ser  im¬ 
posible,  por  el  hecho  de  haberse  convertido  en  glu¬ 
cosa  el  glicógeno  de  los  embutidos  preparados  con 
carnes  ahumadas.  La  presencia  de  mucha  pimienta 
v  la  de  féculas  hacen  asimismo  insegura  la  deter¬ 
minación  del  glicógeno.  Para  caracterizar  la  carne 
de  caballo,  sirve  también  el  color  amarillo  de  su  gra¬ 
sa  v  el  número  del  yodo  de  la  misma.  Esta  grasa 
tiene  color  amarillo  subido  y  funde  entre  34  y  39°. 
Se  altera  mucho  en  contacto  del  aire,  absorbiendo 
gran  cantidad  de  oxígeno  y  enranciándose.  Su  nú¬ 
mero  del  yodo  está  comprendido  entre  75  y  83.  La 
grasa  de  medula  de  caballo  tiene  una  densidad  com¬ 
prendida  entre  0.920  y  0.925  á  15°.  Funde  entre 
35  v  39°.  Cuando  es  recién  obtenida  y  está  fundida, 
se  presenta  en  forma  de  aceite  de  color  amarillo  cla¬ 
ro  v  contiene  partículas  cristalinas  en  suspensión. 
Su  “número  del  yodo  está  comprendido  entre  77,6 
y  80. 

Enfermedades 

El  número  de  las  dolencias  á  que  está  sujeto  el 
caballo  es  muy  grande,  si  bien  no  todas  se  presen¬ 
tan  con  frecuencia  y  muchas  de  ellas  no  ponen  en 
peligro  la  vida  del  animal  ni  comprometen  su  utili¬ 
zación  para  el  trabajo;  de  las  más  importantes  se 
trata  en  los  artículos  correspondientes  de  esta  Enci¬ 
clopedia,  por  lo  que  bastará  dar  aquí  una  ligera  in¬ 
dicación  de  ellas. 

Las  enfermedades  causadas  por  parásitos  anima¬ 
les  (prescindiendo  de  los  protozoos)  son  relativamen¬ 
te  pocas.  En  el  caballo  se  encuentran  á  menudo  te¬ 
nias.  unas  en  estádo  de  completo  desarrolló  v  otras 
en  forma  de  cisticereos  y  diferentes  anélidos  y  ne- 
mathel minios,  sin  que  por  lo  general  provoquen  al- 


CABALLO 


83 


teraciones  graves  de  su  salud;  no  así  otros  gusanos, 
como  la  Ascaris  niegalocepliala  que  con  frecuencia 
produce  cólicos  y  el  Sclerostomum  armatum  (Btron- 
gylus  armatus )  al  que  se  deben  muchas  veces  ciertas 
perturbaciones  (embolia,  aneurismo)  de  los  vasos 
sanguíneos.  Se  conocen  también  casos  de  alteracio¬ 
nes  graves  de  la  salud  producidas  por  la  penetración 
hasta  ciertas  visceras  de  las  larvas  de  algunos  díp¬ 
teros  ( Gastrophilus  equi  y  otras  especies),  y  de  sar¬ 
na,  tonsurante  ó  no,  debida  á  diferentes  ácaros  ( Bar - 
copies ,  Dermatocoptes). 

En  el  aparato  locomotor  presentan  á  veces  los  ca¬ 
ballos  diferentes  afecciones  de  las  articulaciones,  los 
tendones  ó  los  huesos,  que  se  traducen  muchas  veces 
en  claudicaciones  ó  cojeras;  tales  son  las  exóstosis 
llamadas  esparavanes,  corvas,  corvazas,  trascorvas, 
etcétera.;  callosidades,  edemas,  transvasaciones,  ve¬ 
jigas.  alifafes,  etc. 

Entre  las  enfermedades  infecciosas  que  atacan  al 
caballo  una  de  las  más  frecuentes,  y  la  más  peligro¬ 
sa  de  todas,  es  indudablemente  el  muermo,  cuyo  ba¬ 
cilo  fué  descubierto  por  Ldffler;  adquieren  también 
alguna  vez  la  rabia,  siempre  por  mordedura  de  ani¬ 
males  atacados  de  ella;  presentan  también  el  carbun¬ 
clo,  la  tuberculosis,  la  difteria,  la  fiebre  aftosa,  di¬ 
ferentes  piohemias  y  septicemias,  etc.  Propias  casi 
exclusivamente  del  caballo  (y  de  los  demás  équidos) 
son,  además  del  muermo,  la  peste  africana,  de  etio¬ 
logía  no  bien  conocida,  que  en  diferentes  ocasiones 
ha  sido  causa  de  gran  mortalidad  entre  el  ganado 
caballar  de  Egipto;  el  mal  de  Borna;  la  durina,  que 
afecta  los  órganos  genitales  y  se  transmite  por  el 
coito,  y  algunas  otras.  En  las  regiones  tropicales  de 
Africa  son  atacados  los  caballos  por  la  tripanosomia¬ 
sis  ó  mal  del  sueño,  producida  por  la  presencia  de 
protozoos  en  la  sangre;  origen  semejante  tiene  el  mal 
de  caderas  que  presentan  á  veces  los  caballos  en  al¬ 
gunas  regiones  de  la  América  del  Sur. 

No  son  raras,  además,  diferentes  enfermedades 
más  ó  menos  localizadas;  congestiones  cerebrales, 
vértigos,  epilepsia,  tétanos,  meningitis,  parálisis; 
afecciones  de  las  vías  respiratorias,  tales  como  el 
asma  verdadera  ó  enfisema  pulmonar,  la  llamada 
asma  de  los  caballos  producida  por  parálisis  de  los 
músculos  aritenoideos  (caballos  cortos  de  resuello)  v 
otras;  lesiones  del  corazón;  enfermedades  del  tubo 
digestivo,  ictericia,  nefritis,  nefrolitiasis,  metritis, 
reumatismo  muscular,  eczemas  cutáneos,  etc.  Son 
muy  importantes,  por  cuanto  afectan  á  la  posibilidad 
de  utilizar  el  caballo  para  el  trabajo,  las  afecciones  de 
los  órganos  de  la  visión. 

Bibliogr.  D’Alton,  Naturgeschichte  des  Pferdes 
und  seiner  Rassen  (Weimar,  1810-1817);  Baumeis- 
ter.  Kenntniss  des  Aeusseren  des  Pferdes  (Berlín, 
1891);  Duhouset.  Le  chaval;  allures ,  extérieur,  pro- 
portions  (París.  1881);  Born  y  Moller  Haubuch  der 
Pferdekunde  (Berlín,  1902);  Dünkelberg,  Zuclit- 
rcald  des  Pferdes  (Brunswick,  1898  y  Das  englische 
Vollblut  und  seine  Zuchtwahl  (1902);  Movano,  Tra¬ 
tado  de  la  cria  caballar,  mular  y  asnal  (Madrid, 
1908);  Vicens,  Principios  de  zootecnia  general  aplica¬ 
dos  á  la  cría  caballar  (Madrid,  1906);  Diffloth,  Ra¬ 
ces  chevalines  (París,  1908);  Elevage  et  dressage  du 
cheval  (1908);  Zootechnie  (1904):  Allison,  Bristish 
thoroughbred  horse,  his  history  and  breéding  (Londres, 
1901):  Fawens,  The  horse.  its  care  and  management 
(1903):  Tremayne,  A  B  C  of  the  horse  (1903);  Les- 
bré,  Précis  d'extérieur  dn  cheval  et  des  principaux 


mammiféres  domestiques  (París,  1906);  Barton,  Round 
and  unsound  horses  (1904);  How  to  choose  a  horse 
(1901);  Veterinary  manual  for  horse  owners  (1901); 
Janssen,  Die  Pferderassen  der  Gegenmart  (Wands— 
bech ,  1885);  Neidhart,  XJnterricht  über  Hippologie 
(Viena,  1894);  Schwarznecker,  Pferdezucht;  Rassen, 
Züchtung  und  Haltung  (Berlín,  1902);  Zürn,  Das 
Pjerd  und  seine  Rassen  (Leipzig,  1902);  Fogliata, 
II  commercio  del  cavallo  (Milán,  1909);  Gobert,  Le 
cheval,  son  organisation,  son  entretien,  son  utilisation 
(París,  1907);  Fournier,  Le  demi-sang.  Trotteurs  et 
galopeurs  (París,  1907);  Hvnderick,  Eespéce  chevali- 
ne  a  travers  le  monde  (Amberes,  1907);  Gast,  Essai 
sur  la  Bretagne  lúppique.  Le  postier  bretón,  le  cheval 
de  trait,  le  cheval  de  sang  (París,  1907);  Mac  Fad- 
yean,  Anatomy  of  the  horse  (1902);  Adve,  Horse 
breeding  and  management  (1903);  Fournier,  Traité 
pratique  d' elevage  et  d'entrainement  du  cheval  de 
course  (París  1908);  Bonnefont,  Elevage  et  dressage 
du  cheval  (París,  1908);  Curoty  Fournier,  Comment 
nourrir  le  pur-sang  aux  liaras  et  a  V entrainement?  (Pa¬ 
rís,  1907);  Gallier,  Le  cheval  de  demi-sang,  races 
frangaises  (París,  1908);  Ch.  Richardson,  The  ñero 
booh  of  the  horse  (Londres,  1910);  Wrangel,  Das 
Buch  wom  Pferd  (Stuttgart.  1901);  Simonoffy  Mor¬ 
der,  Die  russischen  Pferderassen  (Berlín,  1896); 
y  Volkers,  Abbildungen  vorzüglicher  Pferderassen 
(Stuttgart,  1892). 

Caballo  marino.  Ictiol.  Nombre  vulgar  de  los 
peces  pertenecientes  al  género  Hippocampus  Leach., 
del  orden  de  los  lofobranquios,  familia  de  los  sing- 
nátidos;  animales  de  forma  característica,  con  el 
tronco  muy  comprimido  lateralmente  y  más  ó  menos 
alto,  la  cabeza  formando  un  ángulo  con  el  tronco,  el 
hocico  prolongado  en  forma  de  tubo,  el  occipucio 
coronado  por  una  especie  de  cresta;  las  placas  cór¬ 
neas  de  la  piel  con  abnltamientos  ó  espinas,  aletas 
dorsal  y  pectorales  (faltan  la  anal,  las  abdominales 
y  la  caudal),  cola  larga,  prensil.  La  cabeza  de  estos 
peces  ofrece  cierta  semejanza  con  la  de  un  caballo, 
circunstancia  á  la  cual  deben  su  nombre  vulgar.  Los 
machos  tienen,  en  la  base  de  la  cola,  una  bolsa  en 
la  que  la  hembra  deposita  su  freza,  que  permanece 
allí  hasta  que  se  desarrollan  los  pequeñuelos.  Com¬ 
prende  este  género  unas  29  especies  que  viven  casi 
todas  en  los  mares  de  los  trópicos;  en  el  Mediterrᬠ
neo  y  en  el  Atlántico  se  encuentra  el  H.  antiquo¬ 
rum  Leach.  (üT.  brevirrostris  Cuv.;  V.  lám.  Pe¬ 
ces,  IV,  fig.  3),  de  15  á  20  cm.  de  largo  y  color 
ceniciento  con  reflejos  azules  y  verdosos,  que  vive 
entre  las  plantas  marinas,  á  las  que  se  agarra  con  la 
cola;  nada  en  posición  vertical  y  se  alimenta  de  toda 
clase  de  animalillos.  Antiguamente  se  usó  en  me¬ 
dicina. 

Caballo.  Geog.  Río  de  la  prov.  de  Cádiz,  en  el 
p.  j.  de  Medinasidonia,  que  nace  en  el  Picacho,  sie¬ 
rra  de  los  Gazules,  y  desagua  en  el  río  Majaceite. 

||  Río  de  la  prov.  de  Badajoz  en  el  p.  j.  de  Mérida, 
que  nace  en  el  término  de  Guareña  y  desagua  en 
la  Regolfa,  que  es  el  punto  donde  se  une  al  Gua¬ 
diana  el  río  de  San  Juan. 

Caballo.  Geog.  Cerro  de  la  prov.  de  Granada, 
sit.  en  el  límite  de  los  p.  j.  de  Granada  v  Orjiva. 
Pertenece  á  la  Sierra  Nevada  y  tiene  una  altura  de 
3,000  m. 

Caballo.  Geog.  Sierra  del  territorio  de  Nueva 
Méjico  (Estados  Unidos)  que  se  extiende  desde 
Cutter  hasta  Rincón  Aeagle,  á  la  izquierda  del  río 


84 


CABALLO  —  CABANA 


Grande  del  Norte.  Tiene  una  altura  de  1,720  ra. 

Caballo.  Geog.  Isla  del  golfo  de  Nicova  (Costa 
Rica),  de  35  millas  de  longitud  y  costas  rocosas 
v  acantiladas.  Está  cubierta  de  bosques  con  buenas 
maderas  de  ebanistería.  La  separa  de  la  isla  Bejuco 
un  canal  llamado  Petter  Haley. 

Caballo  .  Geog .  Rancho  del  Estado  de  Sonora 
(Méjico),  mun.  de  San  José  de  Guavmas;  45  habi¬ 
tantes.  ||  Mina  del  Estado  de  Durango,  mun.  de 
Indé;  40  habits. 

Caballo  (Cerro  del).  Geog.  Montaña  alta  de 
Honduras,  dep.  de  Tegucigalpa,  dist.  de  Reitoca, 
mun.  de  San  Migueleto. 

Caballo  ó  Cavallo  (Manuel).  Biog.  Marino 
italiano  del  siglo  xvi  que  durante  el  sitio  de  Génova 
por  los  franceses  (1513)  consiguió  evitar  que  una 
nave  que  llevaba  á  la  plaza  municiones  de  boca  y 
guerra  cayese  en  poder  del  enemigo,  teniendo  para 
ello  que  pasar  entre  dos  fuegos,  lo  que  le  valió  el 
título  de  Libertador  de  la  Patria. 

CABALLOBLANCO.  Geog.  Aldea  de  la  pro¬ 
vincia  de  la  Coruña,  agregado  al  mun.  de  Serantes. 

CABALLOCANCHA.  Geog.  Aldea  del  Perú, 
dep.  de  Ayacucho,  prov.  y  dist.  de  Huanta;  300 
habitantes. 

CABALLOCOCHA.  Geog.  Población  del  Perú, 
dep.  de  Loreto,  prov.  del  Bajo  Amazonas  al  lado  del 
caño  de  su  nombre,  con  capilla,  oficina  de  correos, 
activo  comercio,  y  cultivo  de  plátanos  y  naranjas:  fué 
fundado  en  1845,  tiene  5,000  habits.  Cerca  está 
la  hermosa  laguna  de  Caballococha  redondeada,  de 
15  kms.  de  circunferencia,  una  de  las  más  bellas  del 
Perú.  De  ella  sale  un  caño  navegable  que  desagua 
en  el  Amazonas.  Es  cabecera  del  dist.  de  su  nom¬ 
bre,  con  20,000  habits. 

CABALLO  HUATANA.  Geog.  Lugar  de  la 
prov.  de  Santiago  del  Estero  (República  Argentina), 
dep.  de  Chova,  mun.  de  Remancito.  ||  Estancia  de 
la  prov.  de  Catamarca,  dep.  de  La  Paz,  en  la  falda 
de  la  sierra  de  Aucaste. 

CABALLO-MAYU.  Geog.  Estancia  y  río  del 
Perú,  dep.  de  Oruro.  prov.  de  Carangas,  á  135 
leguas  del  pueblo  de  Turco.  El  río  nace  en  la  serra¬ 
nía  de  Laramcagua  y  desagua  en  el  Lauca. 

CABALLO  JUAN.  Geog.  Islote  de  forma  pira¬ 
midal,  en  la  costa  N.  de  la  prov.  de  la  Coruña, 
cerca  del  cabo  de  los  Aguillones. 

CABALLO  MUERTO.  Geog.  Caserío  agrícola 
de  Guatemala,  dep.  de  Sacatepequez;  200  habits. 

CABALLÓN.  F.  Billón. — Ir.  Porca,  Cavalletto. — 
In.  Ridge. — A.  Furchenrain. — P.  Camalhao. — C.  Cavalló. 
— E.  Klinbedo.  aum.  de  Caballo.  ||  m.  Agrie.  Nom¬ 
bre  que  se  da  al  lomo  de  tierra  que  se  hace  en  las 
huertas  con  el  azadón  para  plantar  ó  aporcar  las  hor¬ 
talizas:  al  lomo  que  queda  en  la  tierra  arada  entre 
surco  y  surco,  y  finalmente,  al  lomo  que  se  hace  en 
los  riegos  para  contener  ó  regir  la  dirección  de  las 
aguas.  El  cultivo  en  caballones  suele  practicarse  en 
los  suelos  poco  profundos  y  de  humedad  excesiva  me¬ 
diante  los  arados  de  doble  vertedera.  Se  da  el  nom¬ 
bre  de  lomo  á  la  arista  culminante  del  caballón;  re¬ 
guera  al  surco  entre  caballón  y  caballón,  y  respal¬ 
do  al  reborde  inmediato  al  surco.  En  el  cultivo  en 
caballones  se  facilita  el  desagüe  por  las  regueras. 
También  se  conoce  el  caballón  con  los  nombres  de 
caballete  y  camellón. 

Caballón.  Geog.  Sierra  de  la  prov.  de  Valencia, 
en  el  p.  j.  de  Alberique;  se  extiende  paralelamente 


al  Júcar  de«de  Antelle  hasta  el  territorio  de  la  pro¬ 
vincia  de  Cuenca. 

CABALLONES.  Geog.  Ensenarla  de  Cuba 
al  E.  del  puerto  de  Masio,  mun.  de  Trinidad,  pro¬ 
vincia  de  Santa  Clara.  El  alera  ó  Boca  de  Caballo¬ 
nes  se  halla  comprendida  entre  la  punta  del  Mangle 
Prieto  y  la  de  los  Prácticos.  El  canal  de  Caballones 
entre  los  cayos  Jamaicanas  y  el  Llana  en  el  llamado 
Laberinto  de  las  Doce  Leguas. 

CABALLOS.  Geog.  Laguna  de  Colombia,  de¬ 
partamento  de  Nariño,  dist.  de  Barbacoas  donde 
nace  el  río  Caballos  que  desagua  en  el  Pacífico. 
Está  sit.  en  una  llanura  entre  el  Patia  y  el  río  Ta- 
paje  cercada  de  impenetrables  bosques.  Su  bajo  ni¬ 
vel  le  hace  sentir  la  influencia  de  la  marea. 

Caballos.  Geog.  h'ondeadero  de  la  costa  septen¬ 
trional  de  la  República  Dominicana,  junto  la  punta 
del  Algarrobo  y  cerca  de  Puerto  Plata. 

Caballos.  Geog.  Punta  en  la  costa  atlántica  de 
Honduras  que  abriga  Puerto  Cortés. 

Caballos  (Los).  Geog.  Aldea  de  la  República  Do¬ 
minicana,  prov.  de  Santiago,  mun.  de  Jánico. 

CABALLOTE,  m.  ant.  Potro  (como  suplicio  ó 
tormento). 

CABAN.  m.  Reí.  Plegaria  que  rezan  los  creyen¬ 
tes  de  la  religión  mahometana  al  amanecer. 

CABÁN.  m.  Metrol.  Medida  de  capacidad  para 
áridos,  usada  en  Filipinas  y  equivalente  á  7‘506 
litros.  Divídese  en  25  gantas,  200  chupas  y  800 
apatanes. 

CABANA,  f.  ant.  Cabaña. 

Cabana.  Mar.  Caseta  ó  tambucho  en  forma  de 
cajón  que,  situado  sobre  cubierta  y  comúnmente 
móvil  para  poderlo  emplazar  en  el  lugar  más  con¬ 
veniente,  sirve  de  alojamiento  á  una  persona,  por 
regla  general  el  contramaestre.  ¡|  Nombre  dado  á 
una  embarcación  especial  para  la  navegación  fluvial 
que  lleva  en  el  centro  una  cabana  para  servir  de  re¬ 
fugio  ó  alojamiento  al  pasaje.  ||  Embarcación  sólida 
ó  batea  empleada  para  guardar  á  flote  herramientas 
y  materiales  necesarios,  y  que  conviene  tener  á 
mano,  al  carenar  un  buque  dando  la  quilla. 

Cabana.  Geog.  ant.  Ciudad  de-la  Gedroria,  entre 
los  ríos  Tomerus  y  Arabus,  á  orillas  del  mar. 

Cabana.  Geog.  Pueblo  del  Perú,  capital  de  la 
provincia  de  Pallasca,  en  el  dep.  de  Ancachs.  Está 
sit.  en  la  falda  de  un  cerro  inclinado  á  5  leguas  de 
Pallasca  y  á  9  de  Corongo  y  á  3,208  m.  de  altura; 
1,700  habits.  Clima  templado.  Siembras  de  alfalfa 
y  lavaderos  de  oro  en  el  río 
Chuquicara  ó  Tablacacha. 

Minas  de  cobre  y  carbón. 

Cerca  de  la  población  hay 
ruinas  prehistóricas  de  anti¬ 
guos  fortines  cuadrangla¬ 
res.  Es  cabecera  del  distri¬ 
to  ó  mun.  de  Cabana.  ||  Po¬ 
blación  y  mun.  del  dep.  del 
Puno,  vicaría  Baja  de  Lam¬ 
pa.  á  3  kms.  de  Cabanilla, 
de  la  que  le  separa  el  río 
inmediato.  Agricultura,  ga¬ 
nadería  y  minas  de  plata  y 
cobre.  ||  Población  y  muni¬ 
cipio  del  dep.  de  Ayacucho,  prov.  de  Lucanas; 
cultivos  de  maíz,  habas  y  alfalfa. 

Cabana.  Geog.  Municipio  de  1,203  edifs.  v  4,727 
habitantes,  correspondiente  á  la  prov.  de  la  Coruña, 


Escudo  de  Cabana 
(Coruña) 


CABANA  —  CABANAS 


85 


p.  j.  de  Carballo.  Está  formado  por 

las  siguientes 

entidades  de  población: 

Kilómetros 

Edificio 

s  Habitantes 

Cotaredo,  aldea  á . 

8‘6 

10 

38 

Piñeiro,  ídem  á . 

8-1 

23 

97 

Borneiro,  ídem  á . 

3  9 

12 

52 

Briño,  ídem  á . 

5-2 

27 

120 

Dombate,  ídem  á . 

5‘2 

18 

70 

Fontefría,  ídem  á . 

3-8 

15 

63 

Gándara,  ídem  á.  ....  . 

3‘9 

10 

37 

Vilaseca,  ídem  á . 

2‘1 

23 

73 

Vistalegre,  ídem  á . 

4 

10 

26 

Canduas,  ídem  de . 

— 

80 

307 

Revoltas,  ídem  á . 

1‘5 

20 

86 

Sinde.  idem  á . 

1-4 

49 

171 

Ures,  ídem  á . 

0*5 

30 

112 

Aspera,  ídem  á . 

5‘2 

13 

52 

Bosque,  ídem  á  .....  . 

5*9 

5 

28 

Bronllo,  ídem  á . 

5  ‘  1 

17 

74 

Burgo,  ídem  á.  .....  . 

55 

12 

50 

Cabana,  ídem  á . 

109 

12 

62 

Carballal.  ídem  á . 

5‘2 

25 

92 

Meijoada,  ídem  á . 

5‘4 

13 

48 

Neaño,  ídem  á.  .....  . 

5-3 

45 

161 

Puenteceso.  ídem  á  .  .  .  . 

10*9 

12 

58 

Rebórdelo,  ídem  á . 

6‘4 

15 

61 

Fernande,  ídem  á . 

5-7 

12 

52 

Bello,  ídem  á . 

10‘3 

13 

54 

Cardezo,  ídem  á . 

9‘1 

11 

48 

Corcoeste,  ídem  á . 

10 

32 

140 

Cures,  idem  á. . 

10‘1 

13 

58 

Montefuralo,  ídem  á.  .  .  . 

10-2 

20 

54 

Cundíns.  ídem  á . 

6‘5 

10 

44 

Frinle,  ídem  á . 

6-9 

22 

88 

Iñaño,  ídem  á . 

5'9 

33 

142 

Margarida,  ídem  á.  .  .  .  . 

8‘  1 

10 

59 

Beres,  ídem  á . 

6-4 

25 

90 

Esto,  ídem  á . 

5-8 

19 

77 

Rieiro,  ídem  á . 

5‘6 

10 

53 

Ameijenda,  ídem  á . 

11‘3 

35 

136 

Cazón.  ídem  á . 

12;4 

10 

50 

Pedra,  ídem  á . 

11*3 

10 

34 

Piolla,  ídem  á . 

12-4 

11 

47 

Folgoso,  ídem  á . 

11 ‘6 

11 

44 

Mata,  ídem  á . 

13  3 

27 

105 

Riobó,  ídem  á . 

131 

10 

39 

Paradoa,  ídem  á . 

9-8 

10 

33 

Grupos  inferiores  y  edificios 

diseminados . 

— 

353 

1.346 

Las  anteriores  entidades  de  población  están  dis¬ 
tribuidas  en  varias  parroquias.  El  terreno  está  ferti¬ 
lizado  por  el  río  Aliones  y  produce  patatas,  legum¬ 
bres,  lino  y  cereales.  Dista  43  kms.  de  la  Coruña 
que  es  la  est.  más  próxima. 

Cabana.  Geog.  Hay  en  España  varios  lugares  y 
aldeas  de  este  nombre,  que  corresponden  á  los  si¬ 
guientes  municipios  y  provincias:  Abadin  (Lugo). 
Cambados  (Pontevedra),  Cea  (Orense),  Cullereda 
(Coruña),  Meira  (Lugo),  Puentes  de  García  Rodrí¬ 
guez  (Coruña).  Serantes  (Coruña),  Somozas  (Coru¬ 
ña),  Toques  (Coruña),  Trasparga  (Lugo)  y  Villa— 
meá  (Lugo). 

Cabana.  Geog.  Volcan  de  los  Andes  de  la  Repú¬ 
blica  de  Rolivia  á  los  20°6'  latitud  S.  y  7(J°30' 
longitud  O.  de  París.  Tiene  5.100  m.  de  altura 
sobre  el  mar. 

Cabana  (Antonio).  Biog.  Pintor  español,  n.  en 


Valencia  durante  la  primera  mitad  del  siglo  xix  y 
m.  en  Valencia  en  1840.  Dedicóse  á  la  pintura  de 
retratos,  siendo  de  su  mano  los  del  ministro  de  Ha¬ 
cienda  José  Canga  Arguelles,  del  torero  Francisco 
Montes  y  otros  de  personajes  menos  conocidos. 

CABANABONA.  Geog.  Municipio  de  117  edi¬ 
ficios  y  330  habits. ;  correspondiente  á  la  prov.  de 
Lérida,  p.  j.  de  Balaguer,  formado  por  las  siguien¬ 
tes  entidades  de  población: 

Kilómetros  Edificios  Habitantes 


Cabanabona,  lugar  de  .  .  .  _ 

Vilamajor,  ídem  á .  1 

Grupos  inferiores  y  edificios 
diseminados.  .  .'. 


85 

21 


—  11 


Escudo  de  Cabanabona 
(Lérida) 


la 


265 

37 


28 

Está  regado  por  el  río  Rabasa  y  el  terreno  pro¬ 
duce  legumbres,  y  cereales.  . 

Dista  22  kms.  de  Cervera, 
que  es  la  est.  más  próxima. 

CABANA  CONDE. 

Geog.  Pueblo  del  Perú,  de¬ 
partamento  de  Arequipa,  . á 
1  /O  kms.  de  Caylloma  con 
2,000  habits.  y  mun.  de 
2,500.  Cultivos  de  cereales, 
papas,  oca,  acoma,  caña  dul¬ 
ce  y  frutas.  Opalos.  Salinas. 

CABANA  DE  LIMA. 

'•9.9:  Aldea  de  la  provin¬ 
cia  de  Lugo ,  agregado  al 
municipio  de  Barreiros. 

CABANA  DE  OURIA.  Geog.  Aldea  d 
prov.  de  Oviedo,  agregado  al  mun.  d,e  Boal. 

CABANA  DE  VILA.  Geog.  Aldea  de  la  pro¬ 
vincia  de  Lugo,  agregado  al  mun.  de  Barreiros. 

CABANA  MAIOR.  Geog.  Pn  eblo  y  feligresía 
de  Portugal,  en  el  dist.  de  Vianna  do  Castello,  con¬ 
cejo  de  Arcos  de  Valde-Vez,  archidiócesis  de  Braga: 
680  habits. 

CABAÑAL.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de  Oviedo, 
agregado  al  mun.  de  Cangas  de  Tineo. 

CABAN  AMILLE.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de 
Lugo,  agregado  al  mun.  de  Villalba. 

CABANAMOURA.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de 
la  Coruña,  agregado  al  mu¬ 
nicipio  de  Ontes. 

CABANAN  DE  ABA¬ 
JO.  Geog.  Aldea  de  la  pro¬ 
vincia  de  la  Coruña,  agre¬ 
gada  al  mun.  de  Ortigueira. 

CABANÁN  DE  ARRI¬ 
BA.  Geog.  Aldea  de  la  pro¬ 
vincia  de  la  Coruña,  agre¬ 
gada  ál  mun.  de  Ortigueira. 

CABANAS.  Geog.  Mu¬ 
nicipio  de  302  edifs.  y  862 
habitantes;  correspondiente 
á  la  prov.  de  Gerona,  parti¬ 
do  judicial  de  Figueras;  lo 
constituyen  las  siguientes  entidades  de  población: 

Kilómetros  Edificios  Habitantes 

Cabanas,  lugar  de . 

Mases  de  Casa  Torrent, 

caserío  á .  1 

Grupos  inferiores  y  edificios 

diseminados .  —  33  100 

Está  sit.  entre  los  ríos  Llobregat  v  Muga  en  te- 


Escudo  de  Cabanas 
(Gerona) 


—  248  703 


21  59 


86 


CABANAS  —  CABANEL 


rreno  que  produce  vino,  aceite,  legumbres  y  trigo. 
Dista  5  kms.  de  Figueras,  que  es  la  est.  más  próxima. 

Cabanas.  Geog.  Hay  varias  entidades  de  pobla¬ 
ción  en  España,  correspondientes  á  los  siguientes 
municipios  y  provincias: 


Municipios 

!  Provincias 

La  Bola . 

Orense 

Brion . 

Coruña 

Cerdido . 

Coruña 

Forcarev . 

Pontevedra 

Fon . 

Lugo 

Irijoa . 

Coruña 

Lugo . 

Lugo 

Mesia . 

Coruña 

Oroso . 

Coruña 

Ortigueira . . 

Coruña 

Pontevedra . . . 

1  Pontevedra 

Redondela.  .  . . 

Pontevedra 

Rianjo . 

Coruña 

Rodeiro . 

Pontevedra 

Vivero . 

Lugo 

Cabanas  (San  Christobao).  Geog.  V.  San  Chris- 
tcbao  de  Cabanas. 

Cabanas  (San  Juliao).  Geog.  V.  San  Julián  de 
Cabanas. 

Cabanas  (San  Pantaleón).  Geog.  V.  San  Pan- 

TALEÓN  DE  CABANAS. 

Cabanas  (San  Pelayo).  Geog.  V.  San  Pelayo 
de  Cabanas. 

Cabanas  (Santiago).  Geog.  V.  Santiago  de  Ca¬ 
banas. 

Cabanas  (Santa  María).  Geog.  V.  Santa  María 
de  Cabanas. 

CABANAS  ANTIGUAS.  Geog.  Aldea  de  la 
prov.  de  Lugo,  agregada  al  mun.  de  Cervantes. 

CABANAS  DE  SANTA  COMBA.  Geog. 
Aldea  de  la  prov.  de  Lugo,  agregada  al  mun.  de  la 
capital. 

CABANAS  DE  VIERO.  Geog.  Aldea  agrega¬ 
da  al  mun.  de  Vivero,  prov.  de  Lugo. 

GABANES  DE  TORRES  (San  Gregorio 
Magno).  Geog.  Pueblo  y  feligresía  de  Portugal,  en 
el  dist.  y  dióc.  de  Lisboa,  concejo  de  Alemquer, 
sit.  en  la  vertiente  oriental  de  Monte  Junto,  cerca 
del  nacimiento  del  río  Amieiro;  680  habits.  Según 
una  tradición  este  lugar  fué  fundado  en  el  siglo  xm 
por  los  fugitivos  de  Torres  Vedras  y  Villa  Verde, 
quienes  habían  abandonado  sus  viviendas  huyendo 
de  una  epidemia  colérica  que  hizo  horribles  estragos 
en  aquellos  dos  pueblos. 

CABANATUÁN.  Geog.  Ciudad  de  la  isla  de 
Luzón  (Filipinas),  en  la  prov.  de  Nueva  Ecija,  si¬ 
tuada  en  terreno  llano,  á  la  orilla  izquierda  de  un 
río;  10,000  habits.  Cultivo  y  comercio  de  tabaco, 
maíz  y  caña  de  azúcar.  Est.  de  f.  c.  ||  Río  de  la  mis¬ 
ma  provincia  que,  además  del  citado  nombre,  toma 
otros,  según  los  pueblos  por  donde  pasa,  y  desagua 
en  el  río  Grande  de  la  Pampanga. 

CABANCALÁN.  Geog.  Pueblo  de  Filipinas,  en 
la  isla  y  prov.  de  Negros;  6,000  habits. 

CABANDE.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  León, 
agregado  al  mun.  de  Riaño. 

CABANDHA.  Mit.  ind.  Monstruo  del  tamaño 
de  una  montaña,  que  carecía  de  piernas  v  cabeza, 
pero  cuyos  brazos  tenían  una  legua  de  longitud. 


Para  vencerlo  Ram’a  y  Lakman  le  cortaron  los  brazos. 

CABANDI.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de  Oviedo, 
agregada  al  mun.  de  Peñamellera  Baja. 

CABANE  (Filippina).  Biog.  Favorita  de  Jua¬ 
na  I  de  Nápoles,  m.  en  1345.  Casada  con  un  pobre 
pescador,  fué  nodriza  del  hijo  del  duque  de  Calabria, 
y  al  morir  su  esposo  casó  con  un  joven  sarraceno, 
quedando  ambos  al  servicio  del  duque  de  Calabria  y 
después  al  de  su  hijo.  Muerta  la  esposa  de  éste,  Ca¬ 
talina  de  Austria,  pasó  á  ser  aya  de  su  hija  Juana, 
después  reina  de  Nápoles,  siendo  cómplice  de  todas 
sus  locuras  y  aconsejándola,  según  se  dijo,  el  ase¬ 
sinato  de  su  marido  Andrés  de  Hungría.  Puesta  en 
fuga  la  reina,  fué  detenida  Cabane  y  sometida  al 
tormento,  en  el  que  murió,  sin  que  pronunciase  una 
frase  que  pudiera  comprometer  á  su  ama. 

Bibliogr.  Lenglet  du  Fresnoy,  La  Catanoise 
ou  histoire  secrete  des  mouvemens  arrivez  au  royanme 
de  Naples  sous  la  reine  Jeanne  (París,  1731);  Ma- 
thieu,  Histoire  des  prosperitez  malheureuses  d'une 
femme  Cathenoise  (París,  1617). 

CABANEIRO.  Geog.  Aldea  agregada  al  muni¬ 
cipio  de  Abadín,  prov.  de  Lugo. 

CABANEL  (Alejandro).  Biog.  Pintor  francés, 
n.  en  Montpellier  (1823-1889),  cuyo  municipio  le 
pensionó  en  París,  ingresando  en  el  estudio  de  Pi- 
cot,  en  la  Academia  de  Bellas  Artes.  En  1845  ob¬ 
tuvo  el  segundo  gran  premio  y  más  tarde  la  pensión 
de  Roma.  Fiel  á  las  tradiciones  académicas  de  Picot, 
discípulo  de  David.  Cabanel  empleó  en  sus  obras 
formas  convencionalmente  elegantes  y  coloraciones 
apagadas  para  harmonizarlas  con  la  distinción  de 
buen  tono  que  le  reconocían  y  premiaban  los  aficio¬ 
nados,  durante  el  reinado  de  Napoleón  III;  como 


Autorretrato  de  Alejandro  Cabanel 
(Galería  de  los  Oficios,  Florencia) 


retratista,  ocupó  el  primer  lugar  entre  los  artistas 
preferidos,  obteniendo  numerosos  encargos  de  la 
aristocracia,  del  gobierno  y  del  propio  emperador; 
la  exposición  del  retrato  de  Napoleón  III  en  el  Salón 
de  1865.  le  valió  la  medalla  de  honor.  En  1863  ha¬ 
bía  sido  elegido  académico  y  profesor  de  la  Escuela 
de  Bellas  Artes,  sucediendo  en  ambos  cargos  á  Ho- 


CABANEL  —  CABANES 


87 


racio  Vernet.  A  pesar  de  las  acerbas  censuras  de 
gran  parte  de  la  crítica  y  del  odio  que  sus  obras  v 
aun  su  nombre  desencadenaron  entre  los  innovado¬ 
res  de  las  escuelas  pictóricas  francesas,  Cabanel 
gozó  entre  sus  discípulos  de  las  mejores  y  merecidas 
simpatías,  y  siendo  muy  distinto  el  género  de  pintu¬ 
ra  á  que  se  han  dedicado,  demuestra  que  en  sus  en¬ 
señanzas  respetaba  el  talento  ajeno;  entre  los  más 
conocidos,  figuraron  como  discípulos  en  su  estu¬ 
dio:  Enrique  Regnault,  Bastien  Lepage,  Besnard, 
A.  Morot,  Cormon,  Gervex,  Adan,  Bellanger,  J.  J. 
Benjamin-Constant,  Bontigny,  Bontet  de  Monoel, 
Buland,  Garriere,  Carrier-Belleuse,  Chartran,  Col- 
lin.  Desckamps,  Flameng,  Humbert,  Léandre,  Wil- 
lette  y  muchos  otros.  Además  de  los  retratos  del 
emperador  y  de  muchos  personajes  políticos  pintó 
Cabanel  las  siguientes  obras:  El  paraíso  perdido, 
encargo  de  Luis  II  de  Baviera  (1867);  Francisca  de 
Rímíni,  Extasis  de  San  Juan  Bautista,  Lucrecia  y 
Turquino,  Fedra,  Cleopatra ,  una  parte  de  las  pintu¬ 
ras  murales  de  la  iglesia  de  Santa  Genoveva  (antes 
de  la  secularización  del  Panteón  de  hombres  céle¬ 
bres)  representando  hechos  de  la  vida  de  San  Luis; 
La  muerte  de  Moisés ,  Poeta  florentino ,  y  El  naci¬ 
miento  de  Venus  (1861),  una  de  sus  obras  más  cele¬ 
bradas  y  características,  reproducida  y  popularizada 
en  todas  partes  y  por  toda  clase  de  procedimientos. 

Cabanel  (Rodolfo).  Biog.  Arquitecto  inglés,  na¬ 
cido  en  Aquisgrán  (Alemania)  en  1762  y  m.  en  Lon¬ 
dres  en  1833.  Construyó  varios  teatros  y  salas  de 
espectáculos,  que  han  desaparecido  ó  han  sido  trans¬ 
formados  (el  antiguo  Drury-Lane,  el  Cobourg-Thea- 
trer,  etc.). 

CABANELA.  Geog.  Nombre  de  varias  entida¬ 
des  de  población ,  en  los  siguientes  municipios  v 
provincias: 


Municipios 

Provincias 

Abadin . 

Lage . 

Orol . 

Son . 

Valle  de  Oro . 

Lugo 

Coruña 

Lu  go 
Coruña 
Lugo 

C  A  BAÑELAS.  Geog.  Nombre  de  varias  enti¬ 
dades  de  población  en  los  municipios  y  provincias 
que  se  indican: 

Municipios 

Provincias 

Cotobad . 

La  Estrada . 

Quíntela  de  Leirado . 

Ribadumia . 

Ribas  del  Sil . 

Lama . 

Pontevedra 

Pontevedra 

Orense 

Pontevedra 

Lugo 

Pontevedra 

CABANELLAS.  Geog.  Municipio  de  198  edi¬ 
ficios  y  1,039  habits.  (cabanellenses),  en  la  prov.  de 
Crerona,  p.  j.  de  Figueras,  formado  por  las  siguien¬ 
tes  entidades  de  población: 

Kilómetros  Edificios  Habitantes 

Cabanellas,  lugar  á  .  .  .  .  4-4 

Caixás,  ídem  á .  4' 6 

Espinavesa,  ídem  de.  ...  — 

Estela  (La),  ídem  11 

S.  Martín  Sasserfas,  ídem  á  9*9 
Vilademiras.  ídem  á  .  .  .  .  7*1 

Edificios  aislados . 

31  214 

27  167 

54  215 

18  80 

39  192 

22  131 

7  40 

El  terreno  fertilizado  por  el  río  Algama,  produ¬ 
ce  legumbres,  aceite  y  frutas.  Dista  15  kilómetros 
de  Figueras,  que  es  la  es¬ 
tación  más  próxima. 

Cabanellas  (S.  Sebas- 
tiao).  Geog.  Pueblo  y  feli¬ 
gresía  de  Portugal /en  el 
distrito  y  diócesis  de  Bra- 
ganza ,  concejo  de  Miran- 
della,  situado  entre  los  ríos 
Rabacal  y  Tuella;  500  ha¬ 
bitantes.  Es  cuna  del  céle¬ 
bre  capitán  Antonio  Gomes 
de  Costa,  muerto  en  1720. 

Cabanellas  (Santa  Eu¬ 
lalia).  Geog.  Pueblo  y  fe¬ 
ligresía  de  Portugal,  en  el 
distrito  y  archidiócesis  de  Braga,  concejo  de  Villa 
Verde,  sit.  junto  á  la  ribera  derecha  del  río  Cava¬ 
do;  860  habits. 

Cabanellas  (Gustavo  Eugenio).  Biog.  Marino 
de  guerra  y  distinguido  electricista  francés,  n.  en 
París  (1839-1888).  Hizo  las  campañas  de  Italia  v  de 
Méjico  y  bien  pronto  se  dió  á  conocer  por  haber* in¬ 
ventado  un  sistema  de  lanzamiento  de  botes  durante 
la  marcha  del  buque,  inventando  también  las  llaves 
eléctricas,  destinadas  á  transformar  las  corrientes 
originarias  en  locales.  Después  del  sitio  de  París  fué 
encargado  de  las  defensas  submarinas  de  Cherburgo 
y  en  1880  pidió  el  retiro  para  dedicarse  por  comple¬ 
to  á  los  trabajos  científicos.  Escribió  numerosos  ar¬ 
tículos  y  varias  obras,  entre  ellas:  Principes  théo- 
riques  et  conditions  techniques  de  Vapplication  de 
V électricité  au  trasport  et  a  la  distribution  de  l'énerqie 
(1887). 

Cabanellas  (Magín).  Biog.  Médico  español  del 
último  tercio  del  siglo  xix.  residente  en  Barcelona,  á 
quien  se  debe  un  atlas  completo  de  Anatomía  huma¬ 
na  descriptiva,  en  colaboración  con  los  doctores  San- 
¡  chis  y  Batí  1  ó  (1886). 

Cabanellas  (Virgilio).  Biog.  Militar  español, 
jefe  de  infantería  de  marina  que  ha  escrito  las  si¬ 
guientes  obras:  Prácticas  de  la  guerra  y  aplicación 
de  las  tácticas  en  las  columnas  de  operaciones  (1877), 
Sobre  la  alimentación ,  racionamientos ,  etc.,  que  deben 
observar  en  la  isla  de  Cuba  los  cuerpos  de  la  infan¬ 
tería  del  ejército  y  de  marina,  Proyecto  de  reforma 
en  el  sistema  interior  de  los  cuerpos  de  la  infante¬ 
ría  del  ejército  y  de  marina,  v  Doctrinas  militares 
(1890). 

Cabanellas  y  Clavera  (Miguel).  Biog.  Médico 
español,  n.  en  la  Pobla  (Mallorca)  y  m.  en  Madrid 
(1760-1830).  Fué  inspector  general  de  epidemias  en 
V alencia  y  Murcia  y  subinspector  de  medicina  y 
cirugía  de  Madrid  y  encontrándose  en  Sevilla  du¬ 
rante  la  epidemia  de  viruela  ocurrida  en  dicha  ciu¬ 
dad  (1800)  hizo  experimentos  en  su  propia  persona 
con  objeto  de  comprobar  la  eficacia  de  un  tratamien¬ 
to.  Se  le  debe:  Observaciones  sobre  los  gases  ácido- 
minerales  (1801),  Ciencia  de  la  vida  ó  discurso  fisio¬ 
lógico  sobre  la  doctrina  browniana  (1802),  y  Memoria 
para  introducir  en  España  las  fumigaciones  de  Guitón 
de  Morveau  con  motivo  del  contagio  de  Cartagena 
(1805). 

CABANELLINS.  Geog.  Caserío  de  las  islas  Ba¬ 
leares,  agregado  al  mun.  de  Petra. 

CABANES.  Geog.  Municipio  de  2,230  edifs,  y 
3,758  habits.,  correspondiente  á  la  prov.  de  Caste- 


Escudo  de  Cabanellas 
(Gerona) 


88 


GABANES  —  CAB  ANILLA 


llón  de  la  Plana,  p.  j.  de  la  capital;  está  constituido 
por  las  siguientes  entidades  de  población: 

Kilómetros  Edificios  Habitantes 


Borseral  (El),  caserío  á  .  .  9‘6  10  — 

Cabanes.  villa  de  ....  .  —  893  2,877 

Rench  (El),  caserío  á  .  .  .  9‘2  12  8 

Tancat  (El),  ídem  á  .  .  .  .  8‘6  14  21 

Grupos  inferiores  y  edificios 

diseminados .  —  1,301  852 


Está  sit.  en  un  cerro  de  poca  elevación  donde  ha v 
minas  de  plomo  y  turba,  aunque  sin  explotar.  Pro¬ 
duce  cereales,  legumbres, 
hortalizas,  vino  y  aceite: 
Cría  de  ganado.  Tiene  una 
iglesia  de  orden  corintio  y 
en  el  término  se  encuentra 
el  hospedaje  llamado  Desier¬ 
to  de  las  Palmas.  Hacia  el 
N.  de  esta  villa  se  extiende 
una  vasta  llanura  de  4  le¬ 
guas  cuadradas,  conocida 
con  el  nombre  de  Llano  del 
Arco,  por  existir  allí  uno 
que  levantaron  los  roma¬ 
nos,  quizá  para  perpetuar  la 
memoria  de  algún  suceso 
importante,  y  que  á  pesar  de  los  veinte  siglos 
transcurridos  se  halla  en  muy  buen  estado. 

Cabanes  (Agustín).  Biog.  Médico  v  escritor  fran¬ 
cés,  n.  en  Gourdon  en  1862,  autor  de  Murat  incon- 
nu  (1890),  La  lépre  au  mayen  age,  Balzac  ignoré 
(1899),  Curiosités  de  la  medicine  (1900),  Napoleón 
jugé  par  un  Angldis  (1901),  v  Remedes  d’autrefois 
(1905). 

Cabanes  (Francisco  Javier).  Biog.  Militar  v  es¬ 
critor  español,  n.  en  Solsona  (1781-1834).  Tomó 
parte  en  la  expedición  contra  los  ingleses  que  se  ha¬ 
bían  apoderado  de  Menorca  y  se  encontró  en  el  sitio 
y  toma  de  Mahón,  haciendo  además  casi  toda  la  gue¬ 
rra  de  la  Independencia.  Murió  siendo  mariscal  de 
campo  y  escribió:  Campana  de  Portugal  en  1810  y  181 1 
(traducida  del  francés  en  1815),  Memoria  acerca  del 
modo  de  escribir  la  historia  de  la  última  guerra  entre 
España  y  Francia  (1814),  Memoria  sobre  la  navega¬ 
ción  del  rio  Tajo  desde  Aranjaez  hasta  el  Atlántico 
(1829),  Historia  de  las  operaciones  del  ejército  de 
Cataluña ,  primera  campaña :  Guía  general  de  correos 
postas  y  caminos  del  reino  (1830),  y  Memoria  sobre 
los  batios  de  P anticosa  (1832). 

Cabanes  (Guido  de).  Biog.  Trovador  provenzal 
del  siglo  xm,  del  que  quedan  cinco  tenzones  (espe¬ 
cie  de  diálogo)  en  la  mayoría  de  los  cuales  figura  su 
compatriota  y  contemporáneo  Bertrando  de  Sama- 
non.  Por  lo  que  se  desprende  de  sus  composiciones 
debió  vivir  en  tiempos  de  Ramón  Berenguer  IV  v 
de  Carlos  de  Anjou. 

Gabanes  (José  Mariano).  Biog.  Jurisconsulto  v 
arqueólogo  esoañol.  n.  en  Solsona  y  m.  en  Barcelo¬ 
na  (17  /6-1842).  Fué  alcalde  de  Barcelona,  vocal 
de  la  Junta  de  Sanidad,  de  la  Real  Junta  de  Cata¬ 
luña  y  de  la  Comisión  de  Instrucción  pública  de 
esta  provincia,  senador  por  la  de  Lérida  é  individuo 
correspondiente  de  la  Real  Academia  de  la  Historia. 
Se  le  deb e'^Sobre  la  importancia  de  la  numismática 
(Barcelona,  1816),  Para  que  una  nación  logre  el  con¬ 
cepto  de  culta,  rica  y  respetable  no  puede  hacerlo  sin  el 
fomento  de  las  ciencias,  y  entre  ellas  el  de  la  numis¬ 


mática  (Barcelona.  1816);.  Memoria  sobre  vestidos, 
armas ,  monedas ,  pesos  y  medidas  que  se  usaron  en  Ca¬ 
taluña  antes  de  la  entrada  de  los  romanos  (Barcelo¬ 
na,  1817);  Disertación  sobre  las  800  monedas  de  oro 
godas  halladas  en  la  provincia  de  Tarragona  (Barce¬ 
lona,  1818),  Memorias  sobre  el  templo  de  Hércules 
existente  en  Barcelona  (Barcelona,  1838),  v  Memo¬ 
ria  relativa  á  la  iglesia  de  Santa  María  del  Pino,  de 
Barcelona  (Barcelona,  1840L 

Cabanes  (Pedro).  Biog.  Pintor  español  (valen¬ 
ciano)  del  siglo  xv,  cuyo  retablo  pintado  para  la 
capilla  de  la  Diputación  (1493)  se  considera  una  de 
las  mejores  obras  de  la  escuela  valenciana;  consér¬ 
vase  esta  pintura  en  el  convento  de  San  Gregorio. 
En  1506  terminó  el  retablo  encargado  por  la  ciudad 
con  destino  á  la  iglesia  de  Jesús,  por  el  que  recibió 
200  libras  valencianas  en  pago.  En  las  Casas  Con¬ 
sistoriales  de  Valencia  se  conserva  una  tabla  repre¬ 
sentando  La  Cena f  en  la  que  aparece  el  estilo  italia¬ 
no  peculiar  al  artista.  Fué  hermano  de  Martín  Caba¬ 
nes,  que  un  documento  fechado  en  1514  menciona 
como  pintor. 

Cabanes  y  Brunés  (Anselmo  Ignacio).  Biog.  Pe¬ 
dagogo  español,  n.  en  Manresa  y  m.  en  Sóller  (1830- 
1873).  Fué  director  del  colegio  de  San  Ignacio  de 
su  ciudad  natal,  profesor  de  historia  del  colegio  del 
Escorial  y  director  del  Tarrasense.  Se  le  debe°:  Ele¬ 
mentos  de  Historia  Universal,  y  Elementos  de  Arit¬ 
mética  y  Geometría. 

CAB  ANETA  (La).  Geog.  Barrio  de  las  islas 
Baleares,  en  el  mun.  de  Marratxí. 

CABANGA.  Geog.  Pueblo  del  Africa  occidental 
portuguesa,  en  la  prov.  de  Angola,  dist.  de  Loanda, 
concejo  da  Ambaca,  sit.  junto  á  la  margen  derecha 
del  río  Lucalla.  Está  gobernado  por  un  soba  ó  jefe 
indígena  vasallo  de  Portugal.  f  •' 

CABANGA  CAQUITAMBOA.  Geog.  Pueblo 
del  Afinca  occidental  portuguesa,  en  la  prov.  de  An¬ 
gola,  uist.  de  Loanda,  concejo  y  á  40  kms.  de  Am¬ 
baca. 

CABANGÁN  ó  CABANGAAN.  Geog.  Villa 
de  la  isla  de  Luzón  (Filipinas),  en  la  prov.  de  Zam- 
bales,  sit.  en  terreno  desigual;  3.000  habits.  Arroz, 
maíz,  caña  dulce,  abacá,  añil,  cocos,  miel  y  frutas; 
buenas  maderas.  ||  Bahía  de  la  misma  isla,  sit.  en  la 
costa  O.  de  la  prov.  de  Zambales. 

CAB ANGB ANGÁN.  Geog.  Barrio  de  la  pro¬ 
vincia  de  Pampanga  (isla  de  Luzón,  Filipinas),  agre¬ 
gado  al  mun.  de  Bacolor. 

CABANGCALÁN.  Geog.  Pueblo  y  mun.  de 
Filipinas,  en  la  isla  y  prov.  de  Negros  orientales; 
12,600  habits.  Produce  arroz,  maíz,  azúcar  v  tabaco. 

CABANGO.  Geog.  Ciudad  de  la  Guinea  Inferior 
(Africa),  en  el  Congo,  sit.  al  S.  de  las  montañas  Ne¬ 
gras,  á  orillas  del  Tchibombo.  afluente  del  Kassabi. 

CABANIELLAS.  Geog .  Aldea  de  la  prov.  de 
Oviedo,  agregada  al  mun.  de  Tineo. 

CABANILLA.  Geog.  Pobl.  del  Perú,  dep.  del 
Puno,  con  est.  de  f.  c.  y  1,300  habits.  Producción 
de  quina,  cereales  y  ganado.  Preparación  de  chalo¬ 
na.  Es  parroq.uia  de  la  vicaría  Baja  de  Lampa,  dió¬ 
cesis  de  Puno.  A  pocas  leguas  al  NE.  de  la  esta¬ 
ción  hay  la  mina  de  Chacchani,  de  galenas  de  plata 
de  subida  ley.  En  la  misma  dirección  hay  también, 
más  allá,  otros  muchos  asientos  minerales,  como  el 
renombrado  de  Pomasi,  los  de  Lampa,  Azangaro, 
etcétera,  abandonados  á  causa  de  los  crecidos  fletes 
del  ferrocarril  que  hacen  ímprobo  su  trabajo. 


Escudo  de  Cabanes 
(Castellón  de  la  Plana) 


CABANILLAS  —  CABANIS 


CAB ANILLAS.  Geog.  Rio  de  la  prov.  de  Ma¬ 
drid,  en  el  p.  j.  de  Torrelaguna.  Tiene  su  origen  en 
el  monte  llamado  Peñas  de  la  Cabrera,  se  dirige  ha¬ 
cia  el  S.  y  se  interna  en  el  p.  j.  de  Colmenar  Viejo, 
y  después  de  recibir  las  aguas  del  Vadillo,  desembo¬ 
ca  en  el  Guadalix. 

Cabanillas.  Geog.  Mun.  de  la  prov.  de  Navarra, 
p.  j.  de  Tudela.  formado  por  la  villa  de  su  nombre 
y  varios  edificios  y  albergues  diseminados  por  el  tér¬ 
mino;  consta  de  124  edifs.  con  688  habits.  Sit.  so¬ 
bre  una  altura  á  la  izquierda  del  río  Ebro  y  cerca 
del  canal  de  Tauste.  Produce  cereales,  vino,  aceite, 
hortalizas,  cáñamo  y  frutas;  cría  de  ganado.  Dista 
5  kms.  de  Rivaforada.  que  es  la  est.  más  próxima. 

Cabanillas.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  León, 
agregado  al  mun.  de  Cuadros.  ¡|  Villa  de  la  prov.  d¿ 
Soria,  agregada  al  mun.  de  Alentisque. 

Cabanillas.  Geog.  Río  de  la.  meseta  del  Perú,  de¬ 
partamento  del  Puno,  afluente  de. la  orilla  derecha 
del  Lampa,  sistema  del  lago  Titicaca. 

Cabanillas  de  la  Sierra.  Geog.  Mun.  de  la  pro¬ 
vincia  de  Madrid,  p.  j.  de  Torrela'guna,  formado  pol¬ 
la  vilia  de  su  nombre  v  siete  albergues  diseminados 
en  su  término;  consta  de  70  edifs.  v  siete  barracas 
con  306  habits.;  sit.  junto  á  la  carretera  de  Madrid 
a  Burgos,  en  terreno  poco  fértil,  que  sólo  produce 
algo  de  cereales,  legumbres  v  vino.  Est.  en  el  ferro¬ 
carril  de  Valladolid  á  Ariza. 

Cabanillas  del  Campo.  Geog.  Mun.  de  190  edi¬ 
ficios  y  565  habits.,  perteneciente  á  la  prov.  de  Gua¬ 
dalajara,  p.  j.  de  la  capital.  Está  constituido  por  las 
siguientes  entidades  de  población: 

Kilómetros  Edificios  Habitantes 

Cabanillas  del  Campo,  villa 

,  de  . ;  . . 

Balbueno,  ídem  á 
Grupos  inferiores  y  edifi¬ 
cios  diseminados  ....  _  24  44 

Está  sit.  en  una  llanura  al  O.  de  Guadalajara. 
Produce  cereales,  garbanzos,  aceite  y  vino.  Es  no¬ 
table  su  iglesia  parroquial,  de  tres  naves  y  un  alto 
campanario.  Dista  4  kms.  de  Guadalajara,  que  es  la 
estación  más  próxima. 

Cabanillas  del  Monte.  Geog.  Lugar  de  la  pro¬ 
vincia  de  Segó  vía,  agregado  al  mun.  de  Torrecaba- 
lleros. 

Cabanillas  de  San  Justo.  Geog.  Lugar  de  la 
prov.  de  León,  agregado  al  mun.  de  Noceda. 

Cabanillas  González  Alarcia  y  Orogay  (Nico- 
LA  iqoo  ‘  Economista  español,  n.  en  Valladolid 
en  1803  y  m.  en  Madnd,  probablemente,  en  1870 
Estudio  pintura  en  su  juventad  y  después  se  dedicó 
al  comercio,  recorriendo  diversos  países  de  Europa, 
Africa  y  America.  Colaboró  en  gran  número  de  pe- 
ri odíeos  y  escribió  las  obras:  Medios  de  sustituir  el 
papel  moneda  al  numerario  y  notas  sobre  la  utilidad 
de  las  cujas  de  descuentos  (1838),  Ley  sobre  platerías; 

1  abr  te  ación  de  moneda;  Minas;  Manual  de  las  socie¬ 
dades  mercantiles  (Barcelona,  1859). 

Cabanillas  y  Malo  (Rafael).  Biog.  Metalúr- 
»•.  e.n,  A,r"adén  y  m.  en  Madrid 
„18°  '  E*tudl°  en  1*  Academia  de  minas  de 

1802  «  K  T/  ,fué  nombra,l°  delineante  en 
1802,  subdirector  de  las  minas  de  Linares  en  1815 

llZn  i’T  8Í^UÍente  á  desempeñar  el  mismo 
cargo  en  el  departamento  de  Almadenejos.  siendo 
llamado  en  1825  para  la  secretaría  de  1¿  Dirección 


151 

15 


483 

38 


89 

general  de  Minas.  En  1822  ascendió  á  inspector  ge- 
neral  de  segunda  y  en  1833  de  primera,  ocupan¬ 
do  desde  183o  hasta  1840  la  dirección  general  del 
ramo  y  la  de  la  Escuela  de  minas  de  Madrid,  intro¬ 
duciendo  notables  y  beneficiosas  reformas,  por  las 
que  fue  condecorado  con  la  cruz  de  Carlos  III  v  la 
gran  cruz  de  Isabel  la  Católica.  En  1843  desempe¬ 
ño  de  nuevo  la  presidencia  y  dirección  del  Tribunal 
bupenor  de  Minas  y  fué  distintas  veces  diputado 
y  una  senador.  Suprimida  la  Dirección  general  de 
Minas,  quedó  Cabanillas  de  vicepresidente  de  la 
Junta  Superior  Facultativa  de  Minería,  caro-0  que 
ocupo  hasta  su  muerte.  Se  le  debe:  Reforma  de  la 
ley  de  minas  de  1825  (1837),  Memoria  sobre  las  mi¬ 
nas  de  Almadén  (1838),  colaborando  además  en  el 
Diccionario  geográfico  de  Madoz  y  en  los  Anales  de 
Minas. 

CAB  ANILLES  (Antonio).  Biog.  Historiador 

E0  ;"'  e“  la  C°ruña  ^  ra*  en  Madrid  (1805- 
1864).  Perteneció  á  la  Real  Academia  de  la  Histo¬ 
ria .  y  escribió:  Diálogos  políticos  y  literarios  y  discur¬ 
sos  académicos,  Historia  de  España,  de  la  que  sólo 
se  publicaron  tres  tomos  (Madrid.  1863)  v  nume- 
ro^  mem^as  entre  ellas  una  Sobre  el  fuero  de 
Madrid  de  1220 .  ■ 

Caba nilles  (Jerónimo).  Biog.  Religioso  francis¬ 
cano  de  pnnc.pios  del  siglo  xvii,  n.  en  Valencia. 
Fue  predicador  elocuente  y  desempeñó  los  cargos  de 
predicador  general  y  apostólico,  calificador  del  San¬ 
to  Uhcio  y  definidor  de  la  provincia. 

Cabanilles  (Juan  Luis).  Biog.  Compositor  v  or- 
gamsta  espanoí,  n.  en  la  Seo  de  Urgel  v  m  en 
1/13.  Fue  organista  de  la  catedral  de  Valencia 
cargo  que  comenzó  á  desempeñar  en  1665,  seo-ún 
la  documentación  del  archivo  de  aquella  catedral  v 
dejo  más  de  800  composiciones.  '  ' 

Cabanilles  (Nicolás).  Biog.  Escritor  español  de 
med.ados  del  siglc  m,  autor  de  un  Manual  de  i.s 
sociedades  Mercantiles  ( Barcelona.  1859). 

CABANIS  (Juan  Luis).  Biog.  Ornitólogo  ale¬ 
ma..,  n.  en  Berlín  (1816-1906).  Estudió  ciencias 
naturales  en  la  universidad  de  Berlín  (1835-1839) 
pasando  después  á  América  del  Norte,  donde  hizo 
exploraciones  geológicas  en  las  dos  Carolinas.  Re¬ 
greso  en  1841  á  Berlín,  habiendo  recogido  coleccio- 
nes;  entro  como  ayudante  en  el  Museo  Zoológico  v 
en  1861  fue  nombrado  conservador  de  la  sección 
ornitológica.  Profesor  desde  1874  se  retiró  en  18S9. 
Ha  colaborado  en  diversas  publicaciones  como  el 
Arc/uv  fur  Natnrgeschichte,  el  Museum  Heineanum 
J  R,V Q°/.oRdternáS  el  JoUrnal  Sñ>'  Ornithologie  que 
desde  1868  fué  órgano  de  la  sociedad  alemanade 
ornitología.  Se  encargó  de  la  parte  ornitológica  en 
a  obra  de  Schomburgk  Reisen  in  British  Guayana, 

U  de  Deckí-n  Reisen  in  Ostafrica  y  la  Fauna  peruana. 

(Martín  de).  Biog.  Médico  francés,  m.  en 
1417.  r  ue  médico  de  Benedicto  XIII  v  se  distin¬ 
guió  en  las  luchas  del  cisma  de  Occidente.  Mar  ¡.ni 
en  su  obra  Archiatri  Pontificales  (II,  335)  enumera 
sus  obras  y  hechos. 

Cabanís  (Pedro  Juan  Jorge).  Biog.  Médico  v 
filosofo  francés,  n.  en  Rosnac  (Charenta  inferior)  eñ 
1/57  y  m  en  1808.  Era  hijo  de  un  ahogado,  y  ha¬ 
biendo  sido  expulsado  del  colegio  por  su  carácter 
turbulento,  que  su  familia  tampoco  pudo  dominar, 
fue  en  viado  á  París  cuando  sólo  contaba  catorce  años 
Es  udI0  con  pasión  la  filosofía  durante  dos  años  y  en 
1816  acompaño  a  Varsovia  á  una  familia  polaca 


90 


CABANIS  —  CABANYAS 


como  preceptor,  y  los  sucesos  políticos  que  allí  pre¬ 
senció  le  descorazonaron  profundamente.  A  su  re¬ 
greso  á  París,  Turgot  le  presentó  á  Mme.  Helvetíus, 
en  cuyos  salones  conoció  á  Condillac,  Diderot, 
Frankliu,  D’Alembert,  Jefferson  y  otros,  con  los 
cuales  entabló  amistad,  que  influyó  no  poco  en  su 
porvenir.  Tradujo  la  litada  para  un  concurso  de  la 
Academia,  pero  no  obtuvo  el  premio  que  esperaba, 
encontrándose  sin  medio  alguno  de  vida.  Habiendo 
caido  enfermo  por  aquella  época,  fué  á  visitar  á 
Dubreil,  quien  le  aconsejó  que  estudiase  medicina 
ofreciéndose  para  darle  lecciones,  que  Cabanis  apro¬ 
vechó  cumplidamente,  si  bien  sus  estudios  fueron 
más  teóricos  que  prácticos,  interesándole  sobre  todo 
la  parte  histórica  y  filosófica  de  la  medicina.  Abrazó 
con  entusiasmo  las  ideas  de  la  Revolución  y  fué  el 
amigo  fiel  de  Mirabeau,  á  quien  facilitó  no  pocos 
materiales  para  sus  discursos,  asistiéndole  en  su  úl¬ 
tima  enfermedad  y  recibiendo  su  último  suspiro.  No 
obstante,  se  le  acusó  de  haberle  envenenado  y  escri¬ 
bió  para  justificarse  el  Journal  de  la  maladie  et  de  la 
mort  de  Mirabeau  (1791),  que  es  una  de  sus  mejores 
obras.  Fué  también  intimo  amigo  de  Condorcet,  á 
quien  facilitó  el  veneno  que  le  produjo  la  muerte 
cuando  se  hallaba  en  la  prisión,  y  con  cuya  cuñada 
casó.  En  1795  fué  nombrado  profesor  de  higiene  de 
la  Escuela  de  París,  y  en  1799  de  medicina  legal  y 
de  historia  de  la  medicina,  pero  el  delicado  estado 
de  su  salud  le  obligó  á  presentar  la  dimisión  de  este 
cargo,  que  no  le  fué  admitida,  renunciando  enton¬ 
ces  á  su  sueldo  en  beneficio  de  los  estudiantes  po¬ 
bres.  Elegido  para  el  Consejo  de  los  Quinientos  re¬ 
dactó  la  proclama  del  Cuerpo  Legislativo  al  pueblo 
francés  después  del  18  Brumario,  lo  que  le  valió  un 
puesto  en  el  Senado.  Formaba  parte  ya  de  la  admi¬ 
nistración  de  los  hospitales  y  había  redactado  un 
informe  ante  el  Cuerpo  de  los  Quinientos,  sobre  la 
reorganización  de  las  escuelas  de  medicina.  Disgus¬ 
tado  de  la  política  de  Napoleón  se  retiró  á  la  vida 
privada,  ocupándose  únicamente  en  la  ciencia  y  vi¬ 
viendo  en  el  campo  en  casa  de  su  suegro  Groudey. 
Se  le  debe:  Observations  sur  les  hópitaux  (París, 
1789),  Essai  sur  les  secours  publics  (1796),  Rapport 
Jait  au  Conseil  des  Cinq  Cents  sur  Vorganisation  des 
Ecoles  de  médecine  (1797),  Degré  de  certitude  de  la 
médecine  (1797),  Quelques  considérations  sur  Vor¬ 
ganisation  sociale  en  general  et  particuliérement  sur 
la  nouvélle  Constitution  (1799),  Coup  d' oeil  sur  les 
révolutions  et  la  reforme  de  la  médecine  (1804), 
Lettre  a  M.  J .  sur  les  causes  premiéres  avec  des  no¬ 
tes,  Observations  sur  les  aftections  catarrhales  en  gé- 
néral  et  particuliérement  sur  celles  connues  sous  le 
nom  de  rhume  de  cerveau  et  rhume  de  poitrine  ( 1803), 
Traité  du  physique  et  du  moral  de  Vhomme  (1802), 
Serment  d'un  médecin,  y  numerosas  memorias,  no¬ 
tas  y  artículos,  habiendo  publicado  Thurot  una 
edición  de  las  Oeuvres  complétes  de  Cabanis  (París, 
1824);  Cabanis  es  ante  todo  un  pensador  y  un  filó¬ 
sofo  que  puede  considerarse  como  el  precursor  del 
positivismo.  Su  objeto  principal  en  la  más  célebre 
de  sus  obras,  Les  rapports  du  physique  et  du  moral 
de  Vhomme,  fué  poner  de  relieve  la  influencia  de  lo 
físico  en  lo  moral  del  hombre,  estudiando  rigurosa¬ 
mente  los  hechos,  pero  afirmando  que  las  verdades 
por  él  descubiertas,  no  pretendió  aplicarlas  á  la 
moral  pública.  En  filosofía  médica  se  mantuvo  á 
igual  distancia  del  entusiasmo  y  el  escepticismo 
probando  la  realidad  de  la  ciencia.  Como  historiador  J 


de  la  medicina,  aparte  algunas  ideas  excelentes,  su 
obra  no  es  más  que  mediana.  Como  prosista  es  algo 
enfático  y  declamatorio,  pero  su  estilo  no  carece  de 
grandiosidad  y  elegancia,  lo  mismo  que  de  una  cla¬ 
ridad  inimitable. 

Bibliogr.  Dechambre,  Dictionnaire  encyclopédi - 
que  des  Sciences  medicales. 

Cabanis  de  Salagnac  (Juan  Bautista.)  Biog. 
Agrónomo  y  jurisconsulto  francés,  n.  en  Issoudun 
(1723-1786).  Introdujo  en  Francia  la  raza  de  los 
carneros  merinos  y  escribió  Essai  stir  la  greffe,  obra 
premiada  por  la  Academia  de  Burdeos  (París,  1764). 

CABANISIA.  f.  Bot.  ( Cabanisia  Schl.)  Género 
de  plantas  de  la  familia  de  las  pontedereáceas,  sinó¬ 
nimo  de  Piaropus  Raf. 

CABANNES.  Geog.  Pueblo  de  Francia,  en  el 
dep.  de  Bocas  del  Ródano,  dist.  de  Arles,  cantón  de 
Orgon,  á  2  kms.  del  río  Durance;  1.500  habits.  En 
sus  cercanías  existen  las  ruinas  de  un  castillo  que 
perteneció  á  los  templarios. 

Cabannes  (Les).  Geog.  Cantón  de  Francia,  en  el 
dep.  de  Ariége,  dist.  de  Foix.  Comprende  25  mu¬ 
nicipios  con  5,400  habits.  ||  Su  cabeza  es  el  pueblo  de 
igual  nombre,  sit.  á  533  m.  de  altura,  junto  á  la  con¬ 
fluencia  de  los  ríos  Ariége  y  Aston;  500  habitantes. 
Tiene  una  capilla  gótica  dedicada  á  la  Virgen  y  en 
sus  inmediaciones  existen  las  pintorescas  ruinas  del 
castillo  de  Verdun  y  el  castillo  de  Gudane  construi¬ 
do  en  el  siglo  xvm.  La  industria  de  este  lugar  con¬ 
siste  en  la  explotación  de  las  minas  de  hierro  y  yaci¬ 
mientos  argentíferos  que  hay  en  su  término.  Posee 
estación  en  la  línea  férrea  de  Foix  á  Ax.  ||  Pueblo  del 
desp.  de  Tarn,  dist.  de  Gaillac,  cantón  de  Cordes, 
á  orillas  del  Cerón;  1,400  habits.  Tiene  curiosos 
monumentos  entre  los  cuales  descuellan  una  antigua 
puerta  del  lugar,  construida  en  el  siglo  xm,  un 
puente  del  siglo  xv,  un  histórico  castillo,  actualmen¬ 
te  en  ruinas  y  la  iglesia  parroquial  de  estilo  gótico 
primitivo.  En  la  plaza  principal  existe  un  busto  del 
vicealmirante  marqués  de  San  Félix. 

CABANO.  Geog.  Río  del  Canadá,  en  la  prov.  de 
Quebec,  condado  de  Temisconta;  desemboca  en  el 
lago  de  este  último  nombre. 

CABANUDE.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de  la 
Coruña.  agreg.  al  mun.  de  Mozaricos. 

CABANS.  Geog.  Pueblo  y  mun.  de  Francia, 
en  el  dep.  de  Dordogne,  dist.  de  Bergérac,  cantón 
de  Cadouin;  1,200  habits.  Su  iglesia  parroquial,  de 
estilo  gótico,  es  de  construcción  moderna.  En  la 
línea  férrea  de  Perigueux  á  Agen,  y  cerca  de  este 
lugar,  existe  un  hermoso  viaducto  de  nueve  arcos 
sobre  el  Dordoña. 

CABANTOUS  (Luis  Pedro  Francisco.)  Biog. 
Jurisconsulto  francés,  n.  en  Limoges  (1812-1872). 
Fué  durante  treinta  años  profesor  de  derecho  civil 
de  la  facultad  de  Aix  y  desde  1863  decano  de  la 
misma.  Se  le  debe:  Etiide  sur  Cujas  '(1839),  Répé- 
titions  écrites  sur  le  droit  administra tif  (1854).  In- 
troduction  a  un  cours  de  jurisprudence,  Des  limites  de 
la  compétence  judiciaire  relativement  aux  questions  de 
propriété  (1857),  Des  limites  de  la  compétence  judi¬ 
ciaire  en  maliére  de  contrats,  de  dette  publique  et  de 
responsabilité  civile  (1858),  V  numerosas  memorias  y 
artículos. 

CABANYAS  (Las).  Geog.  Municipio  de  88 
edifs.  v  379  habits.  perteneciente  á  la  prov.  de  Bar¬ 
celona,  p.  j.  de  Villafranca  del  Panadés.  Está  for¬ 
mado  por  el  lugar  de  su  nombre  V  varios  edificios 


CABANYES 


91 


diseminados  y  sit.  en  terreno  de  buena  calidad  que 
produce  cereales,  hortalizas  y  vino.  Dista  3  kms.  de 
Villafranca  del  Panadés,  que  es  la  est.  más  próxima. 

C  ABAN  YES  (Alejandro  de).  Biog.  Pintor 
español  contemporáneo,  n.  en  Villanueva  y  Geltrú 
(Barcelona)  en  17  de  Marzo  de  1877.  Pertenecen 
sus  obias  á  la  escuela  que  cultiva  el  estudio  al  aire 
libre,  y  su  factura  y  colorido  tienen  condiciones  per¬ 
sonales.  Ha  expuesto  en  Madrid  y  en  Barcelona, 
y  poseen  obras  suyas  el  Museo  Municipal  de  Barce¬ 
lona  y  el  Museo-biblioteca  Balaguer  de  Villanueva 
y  Geltrú,  en  cuyas  Casas  Consistoriales  se  conserva 
un  retrato  de  Víctor  Balaguer,  de  su  mano. 

Cabanyes  (Lorenzo  de).  Biog.  Poeta  y  autor 
dramático  español,  n.  en  Barcelona  y  m.  en  1878. 
Se  le  debe:  Fábulas  políticas  (Barcelona,  1868),  La 
cansó  d' en  Francesch  de  Vilanova  de  Cabelles  (Barce¬ 
lona,  1872),  Al  Deu  de  les  Armades  (Montpellier, 
1875),  y  las  comedias  El  caballero  en  borrico ,  Tras 
de  cuernos  palos,  y  El  Tartufo. 

Cabanyes  (Manuel  de).  Biog.  Poeta  español  na¬ 
cido  en  Villanueva  y  Geltrú  en  1808  y  m.  en  1833. 
Estudió  en  las  universidades  de  Cervera  y  Zaragoza 
y  produjo  varias  composiciones  poéticas,  cortas  en 
número,  pero  que  colocaron  desde  luego  el  nombre 
de  su  autor  á  la  altura  de  los  primeros  líricos  con¬ 
temporáneos.  Las  coleccionó  en  1833,  en  el  libro 
titulado  Preludios  de  mi  lira:  El  Panorama  de  Madrid 
las  reprodujo  en  1840,  y  en  1858  se  reeditaron  en 
Barcelona  con  el  título  de  Producciones  escogidas  de 
D.  Manuel  de  Cabanyes.  Durante  más  de  medio  siglo 
permaneció  poco  menos  que  en  la  obscuridad  el 
nombre  de  Cabanyes,  pero  ingenios  tan  notables 
como  Manuel  Milá  y  Fontanals,  Marcelino  Menén- 
dez  y  Pelayo  y  Miguel  S.  Oliver,  tomaron  á  pechos 
la  reivindicación  de  su  indiscutible  gloria  litera¬ 
ria.  El  primero  publicó  en  Barcelona  en  1854  un 
estudio  crítico  del  poeta,  titulado  Una  página  de  his¬ 
toria  literaria,  que  sirvió  de  prólogo  á  la  edición  de 
Producciones  escogidas  de  1858.  Menéndez  y  Pe- 
layo  expresa  así,  en  el  segundo  tomo  de  su  Horacio 
en  España  (pág.  160),  el  mérito  y  trascendencia  de 
la  labor  poética  de  Cabanyes:  «Nadie  acertó  tan 
completamente  con  la  poesía  horaciana  como  el  in¬ 
signe  lírico  catalán  don  Manuel  de  Cabanyes,  muer¬ 
to  en  la  flor  de  sus  años.  Extraño  y  nuevo  parecerá 
este  nombre  á  muchos  de  nuestros  lectores,  ya  que 
raros  caprichos  de  la  suerte  han  querido  que  perma¬ 
neciese  olvidado,  al  par  que  han  alcanzado  no  poco 
renombre  ingenios  de  las  primeras  décadas  de  este 
siglo  (el  xix)  muv  inferiores  á  él  en  todo.  Cabanyes 
tenía  lo  que  faltó  á  Moratín:  ideas,  sentimientos 
y  vida  poética  propia.  Imitaba  los  modelos  anti¬ 
guos  con  la  libertad  del  verdadero  género  lírico.  Su 
educación  literaria  fué  rica,  fecunda  y  para  aquel 
tempo,  muy  variada.»  Miguel  S.  Oliver,  escribió 
acerca  del  mismo  autor:  «Puede  afirmarse  que  la 
reducida  producción  de  Cabanyes  es  el  tributo  poé¬ 
tico  más  legítimo,  puro  y  elevado  que  ha  podido 
aportar  Cataluña  á  la  lengua  castellana,  incluyendo 
el  del  mismo  Boscán.  En  Cabanyes  se  ofrece  el 
mayor  grado  de  intensidad  artística  que  un  catalán 
de  nacimiento  y  de  residencia  haya  obtenido  jamás 
versificando  en  el  idioma  de  Garcilaso.  Su  importan¬ 
cia  no  es  meramente  formal,  ni  se  funda  tan  sólo  en 
innovaciones  métricas,  sino  que  radica  antes  que 
todo  en  la  substancia,  en  la  inspiración,  en  el  fiúido 
impalpable  de  la  verdadera  poesía.»  Parece  imposi¬ 


ble  que  un  estudiante  muerto  á  los  veinticuatro  años 
y  que  legó  por  toda  herencia  un  cuaderno  de  doce 
composiciones  cortas  y  unas  pocas  más,  no  coleccio¬ 
nadas  todavía,  haya  dejado  una  impresión  tan  pro¬ 
funda  y  duradera  en  el  público  reducido  y  selecto 


Manuel  de  Cabanyes 


que  es  capaz  de  comprenderle.  Su  oda  primera  A  la 
independencia  de  la  poesía  es  al  mismo  tiempo  una 
profesión  de  fe  literaria  y  un  grito  de  dignidad  civil. 
Le  siguen  en  orden  y  mérito  las  tituladas  A  Cintio , 
A  Marcio,  El  cólera  morbo,  La  Misa  nueva  y  la  que 
empieza:  Perdón,  celeste  virgen.  Roca  y  Cornet  le 
dedicó  un  estudio  biográfico  en  1833,  Víctor  Bala¬ 
guer  consignó  sus  méritos  en  el  discurso  de  entrada 
en  la  Real  Academia  Española,  Torres  Amat,  el  pa¬ 
dre  Eduardo  Llanas,  escolapio;  el  escritor  argentino 
Calixto  Oyuela  y  el  reverendo  José  Barauera,  pres¬ 
bítero,  estudiaron  también  su  personalidad  literaria. 
En  1890  le  fué  erigida  una  estatua  en  Villanueva  y 
Geltrú,  su  ciudad  natal,  á  la  entrada  del  Museo- 
Biblioteca  Balaguer. 

Bibliogr.  M.  Milá  y  Fontanals,  Una  página  de 
historia  literaria:  Manuel  de  Cabanyes  (Barcelona, 
1858);  M.  Menéndez  v  Pelayo,  Horacio  en  España 
(Madrid,  1887);  Miguel  S.  Oliver,  Escritores  cata¬ 
lanes  en  castellano  (Barcelona,  La  Vanguardia ,  22 
de  Enero  de  1910);  Torres  Amat,  Diccionario  de 
escritores  catalanes;  Antonio  Elias  de  Molíns,  Dic¬ 
cionario  de  escritores  catalanaes  del  siglo  XIX  (Bar¬ 
celona,  1889);  P.  Blanco  y  García,  Historia  de  la 
literatura  española  en  el  siglo  XIX  (Madrid,  1896); 
Víctor  Balaguer,  Discurso  de  entrada  en  la  Real  Aca¬ 
demia  de  la  Lengua  (Madrid,  1878);  Eduardo  Lla¬ 
nas,  Monografía  de  Manuel  de  Cabanyes  (Barcelo¬ 
na,  1891);  Calixto  Oyuela,  D.  Manuel  de  Cabanyes, 
poeta  lírico  (Buenos  Aires,  1894);  J.  Baranera,  El 
clasicismo  de  D.  Manuel  de  Cabanyes  (Barcelona, 
1910):  Miguel  Costa  y  Llobera,  Horacianes  (Barce¬ 
lona,  1905). 


92  CABANZÓN 

CABANZÓN.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  San¬ 
tander,  agregado  al  mun.  del  Valle  de  Herrerías. 

CABAÑA.  1.a  acep.  F.  Cabane,  hutte.  —  It.  Ca¬ 
parina. — In.  Hut,  cabin. — A.  Hütte. — P.  Cabana. — C.  Ca¬ 
bana. —  E.  Kabano,  pajlotegita  dometo.  (Etim.  —  Del 
célt.  caban.)  f.  Casilla  tosca  y  rústica,  hecha  en  el 
campo  para  recogerse  los  pastores  ó  los  guardas.  || 
Número  considerable  de  ovejas  de  cría.  j|  Recua  de 
caballerías  que  se  emplea  en  portear  granos.  ||  En 
el  juego  de  billar,  espacio  dividido  por  una  raya 
á  la  cabecera  de  la  mesa,  desde  el  cual  juega  el  que 
tiene  bola  en  mano.  ||  En  algunas  provincias,  ca¬ 
bañería.  ||  amer.  Arg.  Estancia,  hacienda  ó  finca 
rural  donde  se  cría  ganado. 

Cabaña  real.  Conjunto  de  ganado  trashumante 
propio  de  los  ganaderos  que  componían  el  concejo 
de  la  Mesta. 

Cabaña.  Arquit.  rur.  Casilla  rústica  que  se  cons¬ 
truye  en  el  campo  con  troncos  de  árboles  y  cubierta 
de  paja,  juncos,  retama,  etc.,  sirviendo  de  albergue 
á  los  pastores  ó  guardas.  Han  supuesto  algunos  que 
la  cabaña  ó  choza  rústica  sirvió  de  iniciación  ó  prin¬ 
cipio  á  la  arquitectura  griega,  como  sirvieron  las 
grutas  naturales  para  el  tipo  de  la  egipcia.  Su  for¬ 
ma  ha  variado  en  cada  país,  siendo  también  distin¬ 
tos  los  materiales  de  que  se  componen,  pero  una  vez 
adoptada  una  forma  se  perpetúa  y  las  que  todavía  se 
hacen  en  las  regiones  del  Mediodía  son  iguales  á  las 
que  se  hacían  en  tiempos  de  Vitrubio.  La  de  más 
antigüedad,  mencionada  en  documentos  escritos  es, 
según  Homero,  la  que  servía  de  refugio  á  Eqmea 
cuando  la  encontró  Ulises.  Ovidio  en  los  Fastos  y 
Virgilio  en  la  Eneida  describen  aquella  en  que  habi¬ 
taba  Rómulo  cuando  antes  de  fundar  á  Roma  era 
simple  pastor.  Las  cabañas  del  Atica,  según  Tucídi- 
des,  eran  de  piezas  de  madera  ensambladas,  pudien- 
do  en  caso  de  guerra  desarmarlas  y  transportarlas. 

Cabaña.  Art.  urb.  Construcción  campestre  que 
en  su  exterior  imita  á  la  cabaña,  teniendo  en  el  in¬ 
terior  las  comodidades  apropiadas  para  residencia 
de  verano.  ¡|  Caseta  de  aspecto  rústico  que  se  suele 
construir  en  los  parques  y  jardines  á  la  inglesa  para 
refugiarse  del  viento  y  la  lluvia.  Su  techo,  de  rastro¬ 
jo,  carrizo  ó  simplemente  de  teja  ó  cinc,  se  procura 
que  sea  muy  volado  para  que  cubra  los  bancos  que 
se  acostumbra  poner  alrededor  de  la  casilla. 

Cabaña.  Art.  y  Of.  Ramaje  donde  el  gusano  de 
seda  hila  su  capullo. 

Cabaña.  B.  art.  Cuadro  ó  país  en  el  que  aparece 
pintada  alguna  cabaña  de  pastores  con  aves  y  ani¬ 
males  domésticos. 

Cabaña.  Caza.  Especie  de  resguardo  cubierto  con 
ramas  de  árbol  para  ocultarse  el  cazador  en  la  caza 
al  acecho.  Suele  tener  forma  circular,  de  unos  2 
metros  de  diámetro  y  con  varios  agujeros  alrededor 
para  poder  disparar  en  todas  direcciones. 

Cabaña,  f.  Ganad.  La  palabra  cabaña  tiene  varias 
acepciones  indicando  la  totalidad  de  rebaños  propie¬ 
dad  de  un  ganadero  (por  ejemplo:  Cabaña  del  Patri¬ 
monio);  el  conjunto  de  ganados  que  pasta  en  una 
serranía,  y  en  este  sentido  se  dividían  en  cuatro  las 
cabañas  de  España,  que  eran:  cabaña  soriana,  leo¬ 
nesa,  segoviana  y  conquense,  y,  por  último,  se  ex¬ 
presa  con  este  nombre  el  conjunto  de  toda  la  gana¬ 
dería.  Sin  embargo,  la  acepción  más  común  es  la  de 
ganado  lanar  trashumante.  En  este  sentido  la  cabaña 
ha  experimentado  todas  las  vicisitudes  de  su  pere¬ 
grinación  á  través  de  pueblos  poco  propicios  á  pres- 


—  CABAÑA 

tarle  su  apoyo  ni  á  dejarle  las  más  elementales 
condiciones  de  vida.  Por  eso  los  reyes  se  vieron 
obligados  á  dictar  leyes  que  la  defendieran  y  ampa¬ 
raran,  terminando  por  ponerla  bajo  su  protección, 
por  ¡o  que  llegó  á  llamarse  Cabaña  Real.  Entre  los 
muchos  privilegios  que  le  fueron  concedidos  figura¬ 
ban  los  de  hacer  puentes,  colocar  redes,  permitir  á 
los  pastores  cortar  leña  y  llevar  sal  para  sus  maja¬ 
das,  descortezar  encinas  para  curtir  las  pieles,  no 
pagar  portazgo,  tributos,  gabelas,  ni  contentas  de 
ninguna  clase,  y  permitirles  el  uso  de  armas,  además 
de  organizar  salvaguardias  para  defender  la  cabaña. 
Dióse  más  tarde  á  los  ganaderos  la  facultad  de  paso 
y  pasto  (llamado  derrotas )  una  vez  recogidos  los 
frutos;  no  se  consideraba  delito  el  abuso  que  come¬ 
tiera  el  ganado  en  propiedad  ajena  y  llegaron  á  per¬ 
judicarse  los  intereses  de  los  municipios  y  del  Esta¬ 
do  por  favorecer  los  de  la  cabaña,  pues  se  establecían 
tasas  para  las  hierbas  y  se  ponía  dificultades  á  las 
subastas  y  adquisición  de  pastos.  Estos  y  otros  pri¬ 
vilegios  dieron  origen  á  verdaderas  rivalidades  entre 
agricultores  y  ganaderos,  pues  además  se  había  pro¬ 
hibido  rigurosamente  la  exportación  de  ganado,  se 
había  creado  un  tribunal  para  entender  exclusiva¬ 
mente  en  los  asunto, s.  de  la  cabaña,  llamado  Concejo 
de  la  Mesta.  y  con,  todo  ello  los  ganaderos  nada 
hicieron  por  la  selección  y  fomento  de  las  razas,  no 
cuidaron  de  aumentar  los  mercados  y  evitar  posibles 
competencias  y  la  depreciación  del  ganado  llegó  á 
ser  tal  que  el  precio  de  una  oveja  apenas  pasaba  de 
medio  duro.  Jovellanos  demostró  lo  pernicioso  de  ta¬ 
les  privilegios,  y  por  decreto  de  4  de  Agosto  de  1823 
se  acotaron  todas  las  tierras,  restableciéndose  el  rec¬ 
to  sentido  jurídico  del  derecho  de  propiedad.  Desde 
entonces  la  cabaña  se  vió  obligada  á  vivir  de  sus  pro¬ 
pios  recursos,  abandonándose  paulatinamente  el  sis¬ 
tema  trashumante  y  desapareciendo  cabañas  tan  re¬ 
nombradas  como  las  del  Patrimonio,  Infantado,  de 
las  Huelgas,  del  Paular,  de  Tamames  y  otras  muchas 
repartidas  en  las  cuatro  serranías  jnencionadas. 

Cabaña  española.  Der.  adm.  Llámase  así  al  con¬ 
junto  del  ganado  criado  ó  recriado  en  toda  la  Penín¬ 
sula,  perteneciente  á  las  cinco  especies  siguientes: 
lanar,  caballar,  vacuno,  cabrío  y  de  cerda,  cualquiera 
que  sea  su  raza,  sin  distinción  de  cotante,  trastermi¬ 
nante  y  trashumante.  Los  ganaderos  forman  la  aso¬ 
ciación  general  de  ganaderos  del  Reino,  que  tiene 
diferentes  derechos  y  privilegios,  aunque  no  los  que 
tuvo  antiguamente. 

En  lo  antiguo  se  distinguía  la  Cabaña  Real  de  ga¬ 
nadería,  que  es  la  que  se  deja  indicada,  y  de  la  que 
trataremos  en  Ganadería  y  Mesta,  de  la  Cabaña  Real 
de  carretería  y  cabañiles.  Era  esta  la  asociación,  her¬ 
mandad  ó  gremio  que  formaban  todos  los  carreteros 
que  en  España  se  dedicaban  al  trajín  y  conducción 
de  efectos  para  el  servicio  público.  A  ella  se  consagra 
el  título  28  del  libro  VJI  de  la  Novísima  Recopilación 
que  la  otorgaba  los  derechos  y  privilegios  siguien¬ 
tes:  libre  circulación  por  todos  los  pueblos  de  los 
carreteros  que  la  formaban  (paralo  cual  las  justicias 
debían  tener  arreglados  los  caminos);  poder  soltar  en 
cualquier  parte  las  caballerías  ó  bueyes  para  pacer 
las  hierbas  y  beber  las  aguas,  respetando,  empero,  los 
olivares,  viñas,  huertas,  prados  de  guadaña  y  dehesas 
concejiles  vedadas  y  acotadas  por  costumbre  antigua, 
si  bien  aun  cuando  entraran  en  los  cuatro  primeros 
lugares,  sólo  debían  abonar  el  daño  causado,  según 
regulación  de  peritos  nombrados  por  ambas  partes,  v 


CABAÑA  —  CABAÑAS 


si  entraban  en  dehesa  vedada,  pagarían  por  cada 
buey  cuatro  maravedís  si  se  les  sorprendía  de  noche, 
y  dos  si  de  día;  soltar  á  pacer  las  caballerías  y  bue¬ 
yes  en  las  dehesas  y  baldíos  comunales  y  de  realengo 
(pues  los  carreteros  se  consideraban  como  vecinos  de 
todos  los  concejos),  así  como  en  las  rastrojeras,  ho¬ 
jas  y  pámpanos  de  las  viñas  alzado  el  fruto;  cortar 
madera  y  leña  de  los  montes  públicos  y  concejiles 
para  componer  sus  carros  V  guisar;  no  pagar  dere¬ 
cho  de  portazgo  por  el  buey  de  remuda  para  cada 
yunta,  V  en  todo  caso  sin  obligación 
de  ir  á  buscar  al  portazguero;  lle¬ 
var  armas  para  su  defensa;  no  im¬ 
pedirles  los  aprovisionamientos,  en 
los  mismos  términos  que  á  los  de¬ 
más  vecinos;  no  embargarles  vendo 
ó  viniendo  para  la  conducción  de  la 
sal,  y  otros. 

Estos  privilegios  fueron  recono¬ 
cidos  primeramente  por  los  Reyes 
Católicos  en  Medina  del  Campo  en 
1497  y  por  otras  disposiciones  pos¬ 
teriores ,  en  su  deseo  de  favorecer 
las  comunicaciones,  el  tráfico  y  el 
aprovisionamiento.  Extendiéronse  y 
aumentáronse  después  por  provisio¬ 
nes  del  Consejo,  y  para  mantener¬ 
los  se  creó  un  «Juez  conservador  de 
carreteros  y  cabañiles  de  Cabaña 
Real»  con  jurisdicción  privativa  y 
apelación  á  la  Sala  de  mil  y  quinientos,  en  lo  de 
dehesas  de  invierno,  y  á  la  de  Justicia  en  todos  los 
demás  asuntos,  teniendo  facultad  para  nombrar  en 
comisiones  ministros  de  las  audiencias,  corregidores 
ó  abogados  para  desagravio  de  la  cabaña  y  carrete¬ 
ría,  avocación  de  causas,  etc.  Existía  además  un 
alguacil-procurador  general  de  la  Cabaña  Real  en¬ 
cargado  de  velar  por  la  observancia  de  los  privile¬ 
gios  antes  indicados. 

Estos  se  consideraron  como  atentatorios  al  derecho 
de  propiedad  individual  al  comenzar  el  siglo  xix, 
por  lo  cual  fueron  suprimidos  por  Decreto  de  las 
Cortes  de  17  de  Junio  de  1821,  restablecido  por  Real 
decreto  de  10  de  Octubre  de  1836. 

Cabaña.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  Oviedo, 
agregado  al  mun.  de  Siero. 

Cabaña.  Greog .  Varias  haciendas  y  estancias  de  la 
República  Argentina,  en  la  prov.  de  Buenos  Aires, 
partidos  de  Cañuelas.  Las  Flores,  Pila,  Rauch.  San 
Antonio  de  Areco,  Saavedra  ( Cabaña  Agua  Blanca), 
Las  Heras  [Cabaña  Plomer),  y  Marcos  Paz  [Caba¬ 
nas  Laura  y  Rivadavia) .  [|  Dos  fincas  rurales  en  la 
prov.  de  Corrientes,  dep.  de  Lavalle  [Cabaña  del 
Toro)  y  Esquina  (Cabaña  Calabria).  ||  Dist.  del  de¬ 
partamento  de  San  Antonio,  prov.  de  Jujuv. 

Cabaña.  Geog .  Caserío  de  Colombia,  dep.  de 
Cauca,  dist.  de  Amaime. 

Cabaña.  Geog.  Rancho  del  Estado  de  Guanajuato 
(Méjico),  mun.  y  dist.  de  Salamanca;  90  habits. 

(/abaña  (La).  Geog.  Caserío  de  la  prov.  de  Ovie¬ 
do,  agregado  al  mun.  de  Nava.  ||  Caserío  de  la 
prov.  y  p.  j.  de  Oviedo. 

Cabaña  de  Silva.  Geog.  Caserío  de  la  prov.  de 
Valladolid,  agregado  al  mun:  de  Olmedo. 

Cabaña  de  Tom.  Geog.  Hacienda  de  Méjico,  Es¬ 
tado  de  Veracruz,  mun.  y  cantón  de  Zongolica:  95 
habitantes. 

CABAÑAL,  adj.  Dícese  del  camino  ó  vereda  | 


93 

por  donde  pasan  las  cabañas.  ¡|  m.  Población  for¬ 
mada  de  cabañas. 

Cabañal  (El).  Geog.  Playa  de  la  costa  oriental 
de  España,  en  la  prov.  de  Valencia,  al  N.  del  puer¬ 
to  de  dicha  ciudad,  llamado  también  El  Grao.  Se 
llama  El  Cabañal  por  haberse  construido  allí  barra¬ 
cas  ó  cabañas  de  pescadores;  en  ella  se  ha  edificado 
el  barrio  llamado  Pueblo  Nuevo  del  Mar.  V.  Pueblo 
Nuevo  del  Mar  y  Valencia. 

CABAÑ  AQUINTA.  Geog.  Villa  de  Asturias, 


capitalidad  del  mun.  de  Aller,  sit.  á  unos  13  kiló¬ 
metros  de  Felechosa  que  es  el  mayor  núcleo  de  po¬ 
blación  del  distrito  municipal. 

Cabañaquinta.  Geog.  Riachuelo  de  la  prov.  de 
Oviedo,  en  el  p.  j.  de  Pola  de  Labiana,  que  tiene 
su  origen  en  las  alturas  de  San  Salvador  de  Cabaña 
Quinta  y  San  Martín  de  la  Vega;  desemboca  en  el 
río  Aller,  cerca  de  Moreda. 

CABAÑA R.  v.  a.  Gemí.  Enterrar. 

CABAÑAS.  Geog.  Mun.  de  809  edifs.  y  2,151 
habitantes,  correspondiente  á  la  prov.  de  Cáceres, 
p.  j.  de  Logrosán,  dióc.  de  Plasencia.  Está  formado 
por  las  siguientes  entidades  de  población: 


Kilómetros  Edificios  Habitantes 


Cabañas,  villa  á . 

9-2 

39 

145 

Navezuelas,  aldea  de  .  .  . 

_ 

320 

855 

Retamosa,  ídem  á . 

13 

124 

333 

Roturas,  ídem  á . 

5‘9 

187 

505 

Solana.  ídem  á . 

7‘5 

103 

313 

Grupos  inferiores  y  edifi¬ 
cios  diseminados  .... 

_ 

36 

_ 

Está  sit.  en  la  vertiente  de 

unos 

montes 

que  son 

ramificación  de  los  de  la  sierra  de  Villuercas,  cerca 
del  río  Almonte.  Produce  cereales,  vino,  frutas, 
aceite,  lino  y  corcho.  En  el  término  hay  minas  de 
blenda,  antimonio  y  plata.  Dista  50  kms.  de  Naval- 
moral  de  la  Mata,  que  es  la  est.  más  próxima.  Anti¬ 
guamente  había  en  Cabañas  una  abadía  de  la  cual 
dependían  los  pueblos  que  ahora  forman  el  muni¬ 
cipio.  Esta  abadía  fué  fundada  por  Fernando  de 
Monroy,  hermano  del  conde  de  Morirov,  en  1590, 
y  dejó  de  existir  en  1848.  Su  vecindario  debió  ser 
mucho  mayor  cuando  estaba  en  su  apogeo,  como  lo 
demuestran  los  cimientos  y  restos  de  casas  que  allí 
se  encuentran.  Los  abades  residían  en  Roturas,  en 
cuya  iglesia  parroquial  se  conserva  el  retrato  del 
fundador,  de  autor  anónimo. 


Barracas  del  Cabañal.  (Valencia) 


94 


CABAÑAS 


Cabañas.  Geog.  Mun.  de  816  edifs.  y  3,526  ha¬ 
bitantes  (cabañeses),  perteneciente  á  la  prov.  de  la 
Coruña,  p.  j.  de  Puentedeume.  Está  formado  por 
las  siguientes  entidades  de  población: 


Kilómetros 

Edificios 

Habitante 

Cabañas,  villa  de . 

_ 

146 

586 

Porta,  aldea  á . 

1 1  ‘6 

11 

53 

Currás,  ídem  á . 

D6 

33 

132 

Pedra  do  Conto.  ídem  á  .  . 

2 

11 

40 

Pena,  ídem  á . 

0‘4 

19 

90 

Salto.  ídem  á . 

2-8 

11 

28 

Barreira,  ídem  á  .....  .. 

2-3 

12 

69 

Feal,  ídem  á  .  .  .  ...... 

2‘  1 

16 

66 

Pedregal,  ídem  á  ...  ..  ..  .  . 

2‘3 

21 

IOS 

Peón  da  Pedra,  ídem  á  ..  . 

3 

25 

112 

Pereiro,  ídem  á . . 

3‘5 

24 

114 

Torre,  ídem  á.  .....  . 

2‘1 

25 

153 

Batán,  ídem  á .  .  .  .  .  .  . 

OH 

33 

123 

Chao  da  Aldea,  ídem  á  .  . 

0‘7 

82 

292 

Modías,  ídem  á  ......  ► 

1 

21 

62 

Podrical,  ídem  á..  .......  .. 

1  ‘5 

24 

86 

Torre,  ídem  á  .  .  . 

0‘4 

25 

127 

Val,  ídem  á .  .  .  .  ...... 

1‘3 

47. 

195 

Martices.  ídem  á  .  .  ..  .  .. 

4‘8 

15 

64 

Jabariz<  ídem  á  ....  .  .. 

6*2 

21 

116 

Grupos  inferiores  y  edifi¬ 

cios  diseminados  .  .  .  .. 

— 

194 

910 

El  terreno,  fertilizado  por  las  aguas  del  Eume, 
produce  cereales,  vino,  legumbres,  hortalizas  y  fru¬ 
tas;  cría  de  ganado,  fábricas  de  aguardientes. 

Cabañas.  Geog.  Mun.  de  la  prov.  y  p.  j.  de  Se- 
govia,  formado  por  las  siguientes  entidades  de  po¬ 
blación: 

Kilómetros  Edificios  Habitantes 


Cabañas,  villa  de .  —  107  261 

Mata  de  Quintanar.  lugar  á  5  5  45  138 

Diseminados .  —  9  13 


Está  sit.  en  terreno  hondo  cerca  del  riachuelo  Po- 
lendos  v  produce  legumbres  y  cereales.  Dista  14  ki¬ 
lómetros  de  Segovia,  que  es  la  est.  más  próxima. 

Cabañas.  Geog.  Mun.  de  la  prov.  de  Zaragoza, 
p.  j.  de  la  Almunia  de  Doña  Godina;  formado  por  el 
lugar  de  su  nombre  y  algunos  albergues.  Tiene  151 
edificios  con  498  habits.  Está  sit.  en  una  llanura  re¬ 
gada  por  las  aguas  del  Alagón  y  del  Ebro,  y  pro¬ 
duce  cereales,  vino,  aceite,  frutas  v  hortalizas.  Dista 
3  kms.  de  Pedrola,  que  es  la  est.  más  próxima. 

Cabañas.  Geog.  Varias  entidades  de  población, 
además  de  las  mencionadas  llevan  este  nombre  y 
pertenecen  á  los  municipios  y  provincias  que  se  citan: 


Municipios 

Provincias 

Calonge . 

Gerona 

Olvera  . 

Cádiz 

Riofrío . 

Avila 

Santa  Cruz  de  Juarros . 

Burgos 

Valencia  de  Don  Juan . 

León 

Cabañas.  Geog.  Mun.  de  Cuba,  prov.  de  Pinar 
del  Río  con  900  kms.2  y  11,552  habits.,  de  los  cua¬ 
les  9,852  blancos,  entre  ellos  1.000  extranjeros  casi 
todos  españoles..  Comprende  los  pueblos  de  Bahía 
Honda,  Ceiba,  Pueblo,  que  pasan  de  2,000  habi¬ 
tantes.  Cabañas  y  San  Miguel,  que  pasan  de  1,000, 
y  otros  menores.  El  pueblo  de  Cabañas,  cabecera 


del  municipio,  tiene  puerto  de  segunda  clase  á  80 
kilómetros  al  E.  de  la  Habana  con  buen  fondo.  Re¬ 
cibe  las  aguas  del  río  de  Cabañas  que  nace  en  las 
lomas  del  corral  del  Cuzco,  y  riega  el  municipio.  || 
Surgidero  de  la  costa  S.  al  occidente  de  Santiago 
de  Cuba.  ||  Punta  de  la  costa  N.,  al  S.  de  Cayo  Bu¬ 
rro,  cerca  de  Baracoa. 

Cabañas.  Geog.  Dep.  déla  República  de  San  Sal¬ 
vador  con  una  extensión  superficial  de  81,900  hec¬ 
táreas  y  una  población  de  43,032  habits.  Limita 
al  N.  con  la  República  de  Honduras  y  el  dep.  de 
Chalatenango,  al  S.  con  los  de  San  Vicente  y  Cus- 
catlan,  al  E.  con  el  de  San  Miguel,  y  al  O.  con  el 
de  Cuscatlan.  Comprende  dos  distritos  y  nueve  mu¬ 
nicipios.  Este  dep.  es  agreste  y  montañoso,  disfruta 
de  un  clima  sano  y  ofrece  bellezas  naturales  como 
las  cascadas  del  río  Lempa  en  la  curva  que  describe 
al  cambiar  su  curso  hacia  el  S.,  los  bellos  paisajes 
de  sus  orillas,  particularmente  en  su  confluencia  con 
el  Titihuapa,  que  eri  la  época  de  la  pesca  atrae  gran 
número  de  vecinos  de  Sensuntepeque  y  el  Cerro 
Grande  sobre  cuya  elevada  cima  cuenta  la  tradición 
que  existió  la  primitiva  población  de  Sensuntepe¬ 
que,  al  NE.  de  la  población  actual.  Las  produccio¬ 
nes  principales  son  añil,  maíz,  arroz,  fríjoles,  caña 
dulce  é  índigo.  Tiene  importantes  yacimientos  me¬ 
talíferos  cerca  de  San  Isidro  que  han  sido  ya  explo¬ 
tados,  minas  de  carbón  cerca  de  Ilobasco,  otra  al 
E.  de  la  capital  del  departamento,  y  otra  á  orillas 
del  Lempa  en  el  paso  San  Juan.  Fuentes  medicina¬ 
les.  Fabricación  de  quesos,  aguardiente,  panela  y 
loza.  El  comercio  es  escaso.  Su  cap.  es  la  ciudad  de 
Sensuntepeque  de  13,000  habits.,  y  las  villas  prin¬ 
cipales  son:  Dolores,  Victoria,  San  Isidro,  Tejute- 
peque  y  Jutiapa. 

Cabañas.  Geog.  Dist.  de  Honduras,  en  el  dep.  de 
Comavagua,  formado  por  los  muns.  de  Minas  de 
Oro,  Esquías  y  San  José  del  Potrero.  [|  Mun.  del 
dep.  de  La  Paz,  dist.  de  Maréala,  que  comprende  el 
pueblo  de  su  nombre  y  los  caseríos  de  San  Antonio 
y  Juniguara.  ||  Mun.  del  dep.  dé  Copán,  dist.  de 
Cucuyagua. 

Cabañas.  Geog.  Hacienda  del  Estado  de  Guerre¬ 
ro,  Méjico,  mun.  de  Ajuchitlán;  400  habits. 

Cabañas  (Las).  Geog.  Mun.  de  169  edifs.  y  342 
habitantes,  formado  por  la  villa  de  su  nombre  y  va¬ 
rios  albergues  diseminados.  Corresponde  á  la  pro¬ 
vincia  de  Palencia,  p.  j.  de  Carrión  de  los  Condes. 
Está  sit.  en  una  llanura  que  riegan  las  aguas  del 
canal  de  Castilla.  Produce  cereales,  legumbres  y 
vino;  fábricas  de  aguardiente  y  curtidos.  Est.  en  la 
línea  de  Madrid  á  Santander. 

Cabañas  (Las)  ó  Barrio  de  San  Pedro.  Geog . 
Caserío  de  la  prov.  de  León,  en  el  mun.  de  Corullón. 

Cabañas  (Trinidad).  Biog.  Político  y  militar  hon- 
dureño  que  se  había  distinguido  en  las  guerras  civi¬ 
les  de  su  país,  siendo  elegido  presidente  de  la  Repú¬ 
blica  er.  1852.  Desempeñando  este  cargo  fomentó  la 
instrucción  pública  y  procuró  que  se  llevase  á  cabo 
la  federación  centroamericana.  En  1855  el  presiden¬ 
te  de  Guatemala  invadió  Honduras,  uniéndose  des¬ 
pués  con  las  tropas  de  San  Salvador  y  Nicaragua  y 
consiguiendo  expulsar  á  Cabañas,  que  ya  no  volvió 
á  figurar  en  la  política. 

CABAÑAS  DE  ABAJO.  Geog.  Lugar  de  la 
prov.  de  Oviedo,  agregado  al  mun.  de  Langreo. 

CABAÑAS  DE  ALISTE.  Geog.  Lugar  de  la 
prov.  de  Zamora,  agregado  al  mun.  de  Riofrío. 


CABAÑAS  — 

CABAÑAS  DE  JARÜLLO.  Geog .  Rancho 
del  Estado  de  Michoacán  (Méjico),  mun.  y  dist.  de 
Ario;  385  habits. 

CABAÑAS  DE  LA  DORNILLA.  Geog.  Lu¬ 
gar  de  la  prov.  de  León,  agregado  al  mun.  de  Cu¬ 
billos. 

CABAÑAS  DE  LA  SAGRA.  Geog.  Mun.  de 
122  edifs.  con  432  habits.  Corresponde  á  la  provin¬ 
cia  de  Toledo,  p.  j.  de  Illescas,  formado  por  el  lugar 
de  su  nombre  y  varios  edificios  diseminados. 

CABAÑAS  DE  OTEO.  Geog.  Lugar  de  la  pro¬ 
vincia  de  Burgos,  agregado  al  mun.  de  Junta  de 
Oteo. 

CABAÑAS  DE  SAYAGO.  Geog..  Mun.  de  la 
prov.  de  Zamora,  p.  j.  de  Bermillo  de  Savago,  for¬ 
mado  por  el  lugar  de  aquel  nombre  y  varios  edi¬ 
ficios  v  albergues  diseminados  por  el  término;  77(5 
habitantes.  Está  sit.  en  el  punto  donde  se  reúnen  dos 
valles,  al  N.  de  Peñasende.  El  terreno,  regado  por 
las  aguas  de  un  arroyo,  produce  cereales,  garbanzos 
y  vino;  fábricas  de  aguardientes.  Dista  5  kms.  de 
Corrales,  que  es  la  est.  más  próxima. 

CABAÑAS  DE  TERA.  Geog.  Lugar  de  la  pro¬ 
vincia  de  Zamora,  agregado  al  mun.  de  Camarzana 
de  Tera. 

CABAÑAS  DE  YEPES.  Geog.  Mun.  de  241 
edificios  y  1,002  habits.  ( cabañiles ),  correspondien-' 
te  á  la  prov.  de  Toledo,  p.  j.  de  Ocaña,  formado  pol¬ 
la  villa  de  su  nombre  y  algunos  edificios  diseminados 
por  el  término.  Está  sit.  en  un  llano  cuya,  tierra  es 
de  buena  calidad  y  produce  vino,  aceite  y.  cereales. 
Dista  5’5  kms.  de  Ocaña,  que  es  la  est.  más  próxi¬ 
ma.  Antiguamente  este  pueblo  se  llamó  Villafranca 
del  Gaitán . 

CABAÑAS  NUEVAS.  Geog.  Lugar  de  la  pro¬ 
vincia  de  Oviedo,  agregado  al  mun.  de  San  Martín 
del  Rey  Aurelio. 

CABAÑAS  RARAS  ó  CABAÑAS  DEL 
PORTIEL  DE  DON  FERNANDO.  Geog.  Mu¬ 
nicipio  de-  402  edifs.  y  1,041  habits.,.  en  la  pro¬ 
vincia  de  León,  p.  j.  de  Ponferrada.  No  corresponde 
á  ninguna  entidad  determinada,  y  sí  á  todas  las  si¬ 
guientes: 


Barrio  de  Abajo  ó  de  la  Ca¬ 

Kilómetros . 

Edificios 

Habitant 

rretera,  barrio  á . 

1-8 

66 

206 

Barrio  de  Arriba,  ídem  á  ., 

3-5 

33 

70 

Caserón  (El),  ídem  á  .  .  .. 

3 

18 

41 

Cortiguera,  lugar  de.  .  .  .. 
Corral  de  Abajo  (El),  ba¬ 

— 

90 

224 

rrio  á.  . . 

3 

20 

41 

Era  (La),.  ídem  á., .......  . 

3‘1 

13 

■  20 

Malladina  (La),  ídem  á  .  . 

3‘4 

20 

65 

Rubios  y  Loma,  ídem  á  . 

2-7 

44 

97 

Santa  Ana,  ídem  á  ...  . 

D8 

28 

80 

Teso  (El),  ídem  á . 

1*7 

14 

40 

Valle  del  Agua,  ídem  á  .  . 

2-6 

35 

108 

Edificios  diseminados  .  .  . 

— 

21 

49 

Está  sit.  en  la  comarca  del  Bierzo,  en  terreno  de 
buena  calidad  pero  de  pocas  aguas;  produce  cerea¬ 
les,  patatas,  hortalizas  y  vino;  cría  de  ganado.  Dista 
5  kms.  de  Ponferrada.  que  es  la  est.  más  próxima. 

CABAÑAS  Y  CRESPO  (Juan  Cruz  Ruiz). 
Biog.  Obispo  de  Guadalajara  (Méjico),  n..  en  Es- 
pronceda  (Navarra)  en  1758  y  m.  en  el  rancho  de 
los  Delgadillos  (Nochistlán)  en  1824.  Casi  á  sus  ex¬ 
pensas  se  construyó  el  seminario  de  su  diócesis,  cu- 


CABAÑUELA  95 

yos  estatutos,  escritos  de  su  propia  mano,  son  muy 
elogiados.  Coadyuvó  á  las  fundaciones  del  colegio 
del  Corazón  de  Jesús  y  del  apostólico  de  Zapopan, 
y  empleó  grandes  sumas  en  la  mejora  de  varios  tem¬ 
plos  de  la  capital  y  alrededores  y  en  la  construcción 
del  hospicio  para  huérfanos.  Por  su  decisión  en  fa¬ 
vor  de  la  independencia  de  América,  el  rey  se  negó 
á  aceptar  la  propuesta  para  el  arzobispado  de  San¬ 
tiago  que  la  Cámara  hizo  á  favor  de  Cabañas. 

CABAÑERA,  f.  prov.  Ar.  Cabañal. 

CABAÑERÍA.  (Etim.  —  De  cabañero.')  f.  Ra¬ 
ción  de  pan,  aceite,  vinagre  y  sal  que  se  da  á  los 
pastores  para  mantenerse  durante  una  semana. 

CABAÑERO,  RA.  adj.  Perteneciente  á  la  ca¬ 
baña.  ||  m.  El  que  cuida  de  la  cabaña. 

Cabañero  (Juan).  Biog.  Militar  español,  m.  en 
1849.  Figuró  en  la  primera  guerra  civil,  en  las  filas 
carlistas,  distinguiéndose  constantemente  por  su  va- 
lor  y  pericia,  por  lo  que  alcanzó  gran  popularidad. 
El  o  de  Marzo  de  1838  penetró  en  Zarag'oza  al 
frente  de  cuatro  batallones  y  400  soldados  de  caba¬ 
llería,  y  aunque  en  el  primer  momento  no  se  le  opu¬ 
so  resistencia,  después  la  guarnición  de  la  plaza  y 
los  nacionales  le  atacaron,  entablándose  una  san¬ 
grienta  lucha,  que  dió  por  resultado  la  retirada  de 
los  carlistas.  Cuando  el  convenio  de  Vergara,  Ca¬ 
bañero  se  acogió  á  él ,  reconociéndosele  el  grado 
de  brigadier,  distinguiéndose  también  al  servicio  del 
gobierno  y  combatiendo  á  sus  antiguos  correligio¬ 
narios  con  no  menor  entusiasmo  que  antes  había 
combatido  á  las  tropas  regulares.  Con  éstas  tomó  par¬ 
te  en  varias  acciones,  v  mandando  una  columna  do¬ 
minó  el  movimiento  cario-republicano  de  Aragón. 

CABAÑEROS.  Geog.  Villa  de  la  prov.  de  León, 
agregado  al  mun.  de  Laguna  de  Negrillos. 

CABAÑES.  Geog.  Aldea  déla  prov.  de  Santan¬ 
der,  agregado  al  mun.  de  Cillorigo-Castro. 

CABAÑES  DE  ESGUEVA.  Geog.  Mun.  de 
479  edifs.,  y  781  habits.  perteneciente  á  la  provin¬ 
cia  y  dióc.  de  Burgos,  p.  j.  de  Leima.  Se  halla  for¬ 
mado  por  las  siguientes  entidades  de  población: 

Kilómetros  Edificios  Habitantes 

Cabañes  de  Esgueva,  villa  de.  —  223  406 

Santibánez  de  Esgueva,  id.  á.  2‘5  221  375 

Edificios  diseminados  ....  —  55  _ 

Está  sit.  junto  al  río  Esgueva,  en  terreno  de  me¬ 
diana  calidad  que  produce  cereales,  hortalizas,  vino 
y  anís.  Dista  22  kms.  de  Roa,  que  es  la  estación 
más  próxima. 

CABAÑIELLES.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de 
Oviedo,  agregada  al  mun.  de  Tineo. 

CABAÑIL,  adj.  Perteneciente  á  las  cabañas  de 
los  pastores.  ||  V.  Mula  cabañil.  ||  m.  El  que  cuida 
de  las  cabañas  de  muías  con  que  se  portean  granos 
durante  el  verano. 

CABAÑILES  (Los).  Geog.  Caserío  de  la  pro¬ 
vincia  de  Murcia,  agregado  al  mun.  de  Blanca. 

CAB AÑINA.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de  Ovie¬ 
do,  agregado  al  mun.  de  Parres. 

CABAÑO  DE  ABAJO.  Geog .  Aldea  de  la 
prov.  de  Lugo,  agregada  al  mun.  de  Pol. 

CABAÑUELA,  f.  dim.  de  Cabaña. 

Cabañuela,  f.  Meteor.  Cálculo  ó  suposición  pura¬ 
mente  fantástica,  por  el  que  se  pretende  pronosticar 
el  tiempo  que  hará  en  cada  mes,  rigiéndose  por  el 
que  hace  en  los  doce  primeros  días  del  año,  ó  dedu¬ 
ciéndolo  de  la  observación  de  las  variaciones  atmos- 


96 


CABAÑUELA  —  CABARRUS 


féricas  acaecidas  en  los  veinticuatro  primeros  días  del 
mes  de  Agosto  del  año  anterior. 

Cabañuela  (La).  Geog.  Cortijada  de  la  prov.  de 
Jaén,  agregado  al  mun.  de  Pontones. 

CABAO.  Geog.  Cerro  de  la  cordillera  Hilera 
Central,  en  la  República  Dominicana,  de  460  m.  de 
altura. 

CABARAY.  Geog.  Sierra  de  Bolivia,  dep.  de 
Oruro,  al  O.  de  los  montes  Tata  Sabaya  y  Sivaray, 
cantón  de  Huachacalla.  Es  muv  agreste. 

CABARCA.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de  Lugo, 
agregada  al  mun.  de  Ribas  del  Sil. 

CABÁRCENO.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de 
Santander,  agregado  al  mun.  de  Penagos. 

CABARCOS.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  León, 
agregado  al  mun.  de  Sobrado. 

Cabarcos.  Geog.  V.  San  Julián  de  Cabarcos  y 
San  Justo  de  Cabarcos. 

CABARDÉS.  Geog.  Antigua  comarca  de  Fran¬ 
cia,  en  la  dióc.  de  Carcasona  (Langüedoc),  com¬ 
prendida  actualmente  en  el  dep.  de  Aude.  Tomó  su 
Dombre  de  los  castillos  de  Cabaret  (Caput  Arietis),  ya 
mencionados  por  Gregorio  de  Tours  en  el  año  585. 
Estas  fortalezas,  así  como  los  territorios  que  las  ro¬ 
deaban,  pertenecieron  á  los  francos,  después  á  los 
visigodos,  y  en  el  siglo  ix  al  conde  de  Carcasona, 
siendo  recibidas  en  feudo  por  los  sucesores  de  este 
príncipe  en  el  siglo  xi.  Durante  la  guerra  de  los 
albigenses,  Simón  de  Moufort  quiso  apoderarse  á 
viva  fuerza  del  castillo  principal,  que  hubo  de  capi¬ 
tular  en  1211,  y  entonces  la  familia  de  Cabaret 
cedió  sus  derechos  á  la  corona,  constituyendo  la  for¬ 
taleza  con  sus  alrededores  una  castellauía  primero  y 
una  veguería  después,  cuyos  habitantes  gozaron  de 
diversos  privilegios,  que  les  fueron  confirmados  en 
1745.  Los  cuatro  castillos  de  Cabaret,  Fleur  de  Es¬ 
pine,  Castelnau  y  Torre  Regina  se  hallan  en  estado 
ruinoso  desde  el  siglo  xvm. 

CAB  ARDI  NOS.  Etnogr.  V.  Kabardía. 

CABARETE.  Geog.  Puerto  de  la  costa  NO.  de 
la  República  Dominicana,  formado  por  la  punta  de  su 
nombre  á  barlovento,  y  la  de  Goleta  á  sotavento, 
que  distan  entre  sí  2  kms.  A  la  entrada  hay  un  ban¬ 
co  de  arena  v  un  arrecife  que  la  hacen  de  difícil  acce¬ 
so.  ||  Aldea  del  distrito  y  mun.  de  Puerto  Plata. 

CABARGA  (Peña  de).  Geog.  Monte  de  la  pro¬ 
vincia  de  Santander,  en  el  p.  j.  de  Santoña;  se  ex¬ 
tiende  de  oriente  á  occidente  desde  el  pueblo  de  So¬ 
bremazas  hasta  el  puente  de  Solea.  Contiene  yaci¬ 
mientos  de  hierro. 

CABARÍ.  Biog.  Ultimo  cacique  charrúa  que  du¬ 
rante  algunos  años  hostilizó  y  opuso  resistencia  á  los 
españoles,  siendo  su  tribu  la  única  que  quedaba  en 
el  Uruguay.  En  1707  fué  batido  seriamente  por  los 
españoles,  siendo,  no  obstante  sus  esfuerzos,  derro- 
tauo  y  muerto.  Los  individuos  de  su  tribu  acabaron 
también  por  desaparecer  poco  á  poco. 

CABARNE.  Mit.  Pastor  de  la  isla  de  Paros  y 
primer  sacerdote  de  Ceres.  Fué  el  que  comunicó  á 
la  diosa  la  noticia  del  rapto  de  Proserpina. 

CABAROÁN.  Geog.  Barrio  de  la  prov.  de  Hocos 
Sur.  isla  de  Luzón  (Filipinas),  agregado  al  mun.  de 
Magringal.  ||  Barrio  de  la  misma  provincia  é  isla, 
agregado  al  mun.  de  Pidig. 

GABARRO  (Ramiro).  Biog.  Actor  y  autor  có¬ 
mico  español  del  último  tercio  del  siglo  xix.  Dirigió 
durante  algún  tiempo  el  teatro  Romea,  de  Madrid, 
y  escribió  las  comedias:  Para  mujeres,  España  (1878); 


La  vuelta  de  los  cubanos  (1882),  y  Cuenca  ante  el 
tiempo  (1889). 

CABARRÚS.  Geog.  Canal  de  la  prov.  de  Ma¬ 
drid,  en  el  p.  j.  de  Buitrago,  que  tiene  origen  en  el 
río  Lozoya,  á  5  kms.  de  Torremocha,  corre  unos  12 
kilómetros  de  N.  á  S.  y  desemboca  en  el  Jarama. 

Cabarrús.  Geog.  Condado  del  Estado  de  Carolina 
del  Norte  (Estados  Unidos),  sit.  en  la  parte  alta  de 
la  cuenca  del  Yadkin;  tiene  una  extensión  de  1,008 
kilómetros  cuadrados  y  una  población  de  21,000  ha- 
tantes.  Su  capital  es  Concord. 

Cabarrús  (Francisco,  conde  de).  Biog.  Econo¬ 
mista  y  político  francés,  naturalizado  español,  n.  en 
Bayona  en  1752  y  m.  en  Sevilla  en  27  de  Abril  de 
1810.  Era  hijo  de  un  comerciante  de  aquella  ciudad 
y  muy  joven  pasó  á  Zaragoza,  donde  casó  con  la  hija 
de  su  principal,  Galabert,  estableciendo  después  una 
fábrica  de  jabón  en  Carabanchel.  No  tardó  en  dedi¬ 
carse  á  los  asuntos  económicos,  entablando  amistad 
con  Arguelles,  Floridablanca  y  otros  que  supieron 
apreciar  las  nada  comunes  aptitudes  de  Cabarrús 
para  la  Hacienda.  Su  proyecto  de  emisión  de  vales  ó 
bonos  reales,  que  fué  aplicado  con  buen  resultado, 
consolidó  su  fama;  en  1782  se  le  confió  la  dirección 
del  Banco  de  San  Carlos,  que  él  había  ideado  y  cuya 
creación  había  propuesto,  y  tres  años  más  tarde  con¬ 
tribuyó  á  fundar  la  Compañía  del  comercio  de  Fili¬ 
pinas,  siendo  nombrado  individuo  del  Consejo  real 


El  conde  de  Cabarriis,  por  Goya 
(Palacio  del  Banco  de  España,  Madrid) 


de  Hacienda.  Aquellas  dos  empresas  fueron  ruda¬ 
mente  combatidas  por  Mirabeau  en  Francia,  pero  no 
fracasaron  poiv  elló.  A  la  muerte  de  Carlos  III,  del 
que  pronunció  lá  oración  necrológica  en  la  Econó¬ 
mica  de  Amigos  del  País,  hubo  Cabarrús  de  aban- 


CABARRUYÁN  —  CABASSE 


97 


donar  los  empleos  que  desempeñaba.  Acusado  por  el 
gobierno  de  Carlos  IV  de  malversación  de  fondos 
públicos,  fué  preso,  no  recobrando  la  libertad  hasta 
dos  años  después  (17921,  concediéndole  entonces  el 
rey,  como  compensación,  el  título  de  conde.  En  1797 


El  conde  de  Cabarrús,  por  Goya 
(Propiedad  del  conde  de  Cabarrús) 


se  le  envió  al  Congreso  de  Rastadt,  y  á  su  regreso  á 
España  fué  nombrado  embajador  en  París,  pero  el 
Directorio  francés  no  quiso  aceptarle,  alegando  que 
un  francés  no  podía  representar  á  un  Estado  extran¬ 
jero  en  el  territorio  de  su  nacimiento.  Permaneció 
algún  tiempo  en  la  capital  de  Francia  como  agente 
secreto  del  gobierno  español;  pasó  después  como  em¬ 
bajador  á  Holanda,  y  al  proclamarse  rey  de  España 
José  Bonaparte,  siguió  á  éste,  aceptando  de  él  la 
cartera  de  Hacienda,  cargo  en  el  que  no  pudo  des¬ 
plegar  sus  dotes  de  hacendista  debido  á  las  circuns¬ 
tancias  excepcionales  por  que  atravesaba  el  país.  De 
su  matrimonio  hubo  una  hija  llamada  Teresa,  que 
casó  con  el  convencional  francés  Tallien  (V.).  Dejó 
Cartas  al  Príncipe  de  la  Paz.  Memoria  presentada  á 
para  la  formación  de  un  Banco  Nacional 
(1  ^82),  Cartas  á  J avellanos  sobre  los  obstáculos  que  la 
naturaleza,  la  opinión  y  las  leyes  oponen  á  la  felici¬ 
dad  pública  (1783),  Sobre  la  unión  del  Comercio  de 
América  con  el  de  Asia  (1784),  y  Memorias. 

CABARRUYÁN  ó  ANDA.  Geog.  Isla  corres¬ 
pondiente  al  archipiélago  filipino  en  la  parte  occi¬ 
dental  del  golfo  de  Lingayen,  de  la  isla  de  Luzón. 
Administrativamente  pertenece  á  la  prov.  de  Zam- 
bales.  ( 

CABAR  SUL.  Mit.  Uno  de  los  dioses  adorados 
por  los  celtas  que  se  establecieron  en  España.  Atri¬ 
búlasele  influencia  bienhechora  en  la  curación  de 
ciertas  enfermedades,  suponiéndose  que  este  poder 

enciclopedia  universal,  tomo  x. — 7. 


se  refiere  á  las  virtudes  curativas  de  los  numerosos 
manantiales  termales  de  la  Península. 

CABARY.  Geog.  Sierra  del  Brasil,  Estado  de 
Amazonas,  mun.  de  San  Gabriel. 

CABASA.  Geog.  ant.  Ciudad  de  Egipto,  citada 
por  Plinio,  en  la  parte  occidental  del  delta,  capital 
del  nomo  Cabasites.  Es  célebre  en  la  literatura  cop- 
ta  por  ser  patria  de  Julio  Agfahs,  quien  según  la 
leyenda  era  el  intérprete  en  jefe  de  la  avgustal  de 
Alejandría  en  el  reinado  de  Diocleciano,  estando, 
por  razón  de  dicho  cargo,  presente  en  la  mayor  par¬ 
te  de  los  interrogatorios  sufridos  por  los  mártires  que 
comparecieron  ante  el  tribunal  del  prefecto.  El  ver¬ 
dadero  nombre  de  esta  ciudad  en  egipcio  es  Cabah- 
sa,  que  se  pronuncia  Cavéhs  ó  Cavahsá,  siendo  cono¬ 
cida  por  los  árabes  con  la  denominación  de  Agfahs. 

CABAS  GALVÁN  (José).  Biog.  Escritor  y 
notable  músico  español,  n.  en  Málaga  en  15  de 
Abril  de  1853.  Es  autor  de  bellas  composiciones 
musicales  y  de  la  partitura  de  no  pocas  zarzuelas  de 
escritores  malagueños.  En  1875  escribió  y  publicó 
una  comedia  en  verso  titulada  Ante  el  capricho  del 
deber,  y  en  1894  publicó  una  Teoría  del  Solfeo. 

CABASILAS  (Nicolás).  Biog.  Teólogo  griego, 
que  floreció  en  la  primera  mitad  del  siglo  xiv.  Fué 
nombrado  arzobispo  de  Tesalónica,  v  tomó  una  parte 
muy  activa  en  la  gran  disputa  suscitada  entre  la 
Iglesia  griega  y  la  latina,  mostrándose  ardiente  ene¬ 
migo  de  esta  última.  Los  escritores  griegos  v  los 
protestantes  le  han  tributado  singulares  elogios,  en 
tanto  que  los  latinos  le  han  censurado.  Entre  sus 
obras  figuran:  Sobre  las  causas  de  la  discordia  eclesiás¬ 
tica,  traducida  al  inglés  por  Gressop  (Londres, 
1560);  Sobre  la  autoridad  del  papa,  t  raducida  al  latín 
por  M.  Flacius  (Francfort,  1555).  [|  Su  sobrino  Ni¬ 
colás  desempeñó  importantes  comisiones  diplomáti¬ 
cas  y  en  1360  sucedió  á  su  tío  en  la  archidiócesis  de 
Tesalónica.  Escribió:  Compendiosa  interpretatio  in 
divinnm  oficium,  un  Tratado  litúrgico  sobre  la  misa 
4en  latín,  por  Hervet;.  Venecia,  1548),  Be  Vita  in 
Christo,  en  seis  libros,  traducido  al  latín  por  Ponta- 
no  (Ingolstadt,  1604);  la  Doctrina  mística,  publicada 
en  alemán  por  Gass  (Greifswald,  1849),  y  otras  que 
quedaron  inéditas. 

Bibliogr.  Fabricius,  Bibliotheca  graeca  (t.  X); 
Gass,  Die  Mystik  des  Nicolaus  Cabasilas  vom  Leben 
in  Christo  (Greifswald,  1849);  Knopfler  (en  Kirch- 
lex.  Vil,  3);  Papadopoulus  Keramens,  Constant. 
Mellen.  philolog.  syllog.  (1881);  Demetracopolas, 
Graecia  ortliodoxa  (76-80);  Hoffmann,  Lex.  biblioth. 
graec.  (III,  145). 

CABASITES.  Geog.  Nomo  del  Bajo  Egipto, 
citado  por  Tolomeo  y  Plinio,  cuya  capital  era  Caba- 
sa.  Sus  habitantes  adoraban  al  dios  Horus. 

CABASPRE  (Juan).  Biog.  Filólogo  español  de 
principios  del  siglo  xvi,  n.  en  Mallorca,  de  cuya 
Escuela  general  fué  profesor.  Fué  también  gran 
propagador  de  las  doctrinas  de  Raimundo  Lulio,  v 
Fernando  el  Católico  le  otorgó  su  amistad.  Escribió 
pocas  obras  y  las  ediciones  de  éstas  son  muy  raras. 

CABASQUIRO.  m.  Jefes  del  distrito  entre  los 
salvajes  de  la  Costa  de  los  Esclavos. 

CABASSE.  Geog.  Pueblo  de  Francia,  en  el  de¬ 
partamento  de  Var,  dist.  de  Brignolles,  cantón  de 
Besse,  á  orillas  del  Isole,  tributario  del  Calami; 
1,140  habits.  Destilerías;  manufacturas  de  tejidos. 

\  acimientos  de  arcilla  de  los  cuales  se  extrae  alu¬ 
minio.  En  sus  inmediaciones  se  encuentran  vastas 


98 


CABASSOLE  —  CABDILLO 


cavernas  calcáreas  v  las  ruinas  de  un  castillo  atri¬ 
buido  á  los  sarracenos. 

CABASSOLE  (Felipe  de).  Biog.  Prelado  ita¬ 
liano,  n.  en  Cavaillon  y  m.  en  Perusa  (1305-1372). 
A  los  doce  años  fué  canónigo  de  su  ciudad  natal,  y 
después  sucesivamente,  arcediano,  obispo  á  los  vein¬ 
tinueve  años,  patriarca  de  Jerusalén  en  1361.  obispo 
de  Marsella  y  cardenal.  Fué  también  regente  dé 
Nápoles  durante  la  minoría  de  edad  de  Juana  y  Ma¬ 
ría,  y  se  retiró  á  Aviñón  después  del  asesinato  de 
Andrés  de  Hungría,  esposo  de  la  reina  Juana.  Pe¬ 
trarca,  que  era  su  amigo,  le  elogió  en  distintas 
ocasiones  y  le  dedicó  su  Vida  solitaria. 

Bibliogr.  Achard.  Hommes  illustres  de  Pro- 
vence  (I,  145);  Albanes.  Arm-sigil.  évég.  Marseill. 
(.1884);  Barjavel.  Biblioth.  Vaucluse  (I,  310);  G'ot- 
tier,  Rect.  camté  Venáis.  ^70-80). 

CABA3SON  (Guillermo  Alfonso  Harang, 
llamado).  Biog.  Pintor  francés,  n.  en  Ruán  en  1814 
y  m.  en  París  en  1884.  Fué  discípulo  de  David 
d’Angers,  de  P.  Delaroche  y  de  la  Escuela  de  Be¬ 
llas  Artes  (1833).  En  el  Museo  de  Ruán  se  conser¬ 
va  su  lienzo  Saint-Romain  domptant  la  Gargonille 
(1855).  Fué  profesor  de  la  Escuela  de  Arte  decora¬ 
tivo.  Grabó  uno  de  los  modelos  para  los  billetes  de 
Banco  de  Francia. 

CABASSUS.  Geog.  ant.  Ciudad  de  Asia,  sit.  en 
Capadocia,  según  Estrabon.  ó  en  Armenia,  según 
Tolomeo.  Es  quizá  la  Kabesós  de  que  hace  mención 
Homero  (llíada,  XIII,  363). 

CABASSUT  (Juan).  Biog.  Religioso  francés  de 
la  congregación  del  Oratorio,  n.  en  Aix  (1604- 
1685).  Aprendió  sin  maestro  el  griego,  el  hebreo,  el 
siriaco  y  el  caldeo,  y  asistió  al  conclave  que  dió  por 
resultado  la  elección  de  Alejandro  VII.  Se  le  debe: 
Notitia  ecclesiastica  historiarum,  conciliorum  et  cano - 
num  (Lvón,  1660):  Juris  canonici  Tlieoria  et  Praxis 
(Lvón,  1767),  Tratado  de  la  usura ,  y  Rorae  subce- 
sivae. 

CABAT  (Agustín).  Biog.  Jurisconsulto  y  escri¬ 
tor  francés,  n.  en  París  en  1848.  Ha  desempeñado 
importantes  cargos  en  la  magistratura,  y  ha  escrito 
Da  calcul  de  la  durée  des  peines  (1878),  Etude  sur 
l'oeuvre  d' Honorat  de  Balzac.  premiada  por  la  Aca¬ 
demia  Francesa  (1888);  Napoleón  Pacifique  { 1898), 
y  La  verité  dans  Vart  (1905). 

Cabat  (Nicolás  Luis),  Biog.  Pintor  francés,  n.  en 
París  (1812-1893).  Fué  discípulo  del  paisajista 
Flers,  pero  aprendió  su  arte  estudiando  la  naturale¬ 
za,  en  los  alrededores  de  París,  en  Montmartre  (an¬ 
tes  de  la  agregación  á  París),  Ville  d’Avray,  Meu- 
don  y  Clamart.  Aun  cuando  pertenecían  todavía  á 
las  concepciones  de  la  estética  romántica,  sus  paisa¬ 
jes  figuran  en  la  escuela  iniciada  por  las  obras  de 
Constable;  en  sus  estudios  de  Italia,  abandonó  el 
camino  que  debían  seguir  más  tarde  Corot  y  Rous¬ 
seau,  limitándose  á  interpretar  profundamente  la 
belleza  del  paisaje,  sin  introducir  en  sus  composicio¬ 
nes  elementos  completamente  ajenos  á  su  esencia. 
Las  ninfas  de  Corot,  redondean  muchas  de  sus  com¬ 
posiciones.  pero  las  escenas  de  pretensiones  históri¬ 
cas  que  pintó  Cabat,  destruyen  con  su  dibujo  y 
coloración  convencional,  todo  el  encanto  de  la  natu¬ 
raleza  bien  estudiada  y  sentida.  Cabat  ingresó  en 
1867  en  la  Academia  de. Bellas  Artes,  y  desde  1877 
á  1885  fué  director  de  la  Villa  Médicis,  la  escuela 
francesa  de  Roma.  Muchos  museos  franceses  poseen 
obras  de  este  paisajista,  que  ocupa  en  la  historia  del 


arte  un  lugar  intermedio  entre  Watelet  y  Francais, 
figurando  en  muy  buen  lugar  en  la  escuela  dé  pai¬ 
saje  de  su  país. 

CABATBATÁN.  Geog.  Monte  de  la  isla  de 
Cebú  (Filipinas),  en  el  término  de  Naga. 

CABATINGÁN.  Geog.  Monte  de  la  isla  de 
Luzón  (Filipinas),  cerca  <te  Cabugas,  en  el  límite  de 
las  provincias  de  Abra  é  llocos  Norte. 

CABATUÁN.  Geog.  Mun.  de  la  isla  de  Panay 
(Filipinas),  en  la  prov.  de  Iloilo;  20.000  habitan¬ 
tes.  Está  sit.  en  una  llanura  junto  al  río  Tigum  ó 
Sagalup.  y  sus  producciones  principales  son  arroz, 
maíz,  tabaco,  café  y  pimienta.  El  pueblo  de  Cabatuán 
fué  fundado  en  1732. 

CABAYÁN.  Geog.  Mun.  de  la  isla  de  Luzón 
(Filipinas);  900  habits.  Está  sit.  á  orillas  del  río 
Agus,  en  su  parte  superior. 

CABAYGUASA.  Geog.  Rancho  del  Estado  de 
Sinaloa  (Méjico),  mun,  y  dist.  de  El  Fuerte;  180 
habitantes. 

CABAYÚ-CUTIÁ.  Geog.  Arroyo  de  la  Repú¬ 
blica  Argentina,  tributario  de  la  izquierda  del  Pa¬ 
raná,  prov.  de  Entremos. 

CABAZA.  (Etim.  —  De  capa.)  f.  ant.  Especie 
de  manto  largo  ó  gabán  que  se  usaba  antiguamente. 

Cabaza.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de  Lugo,  agre¬ 
gada  al  mun.  de  Abadin. 

CABAZÁN.  Geog.  Pueblo  de  Méjico.  Estado  de 
Sinaloa,  dist.  y  mun.  de  San  Ignacio;  440  habits. 

CAB  BEN  ASJRAF.  Biog.  Judío  contempo¬ 
ráneo  de  Mahoma,  á  quien  éste  mandó  dar  muerte, 
resentido  porque  en  muchas  ocasiones  había  peleado 
contra  él.  molestándole  además  en  cuantas  poesías 
satíricas  escribía.  Los  enviados  de  Mahoma  se  pre¬ 
sentaron  de  noche  en  el  domicilio  de  Cab,  y  fingién¬ 
dose  sus  amigos  penetraron  en  sus  habitaciones  y  le 
dieron  muerte. 

CAB  BEN  ZOHAIRA.  Biog.  V.  Kaab. 

CABBÉ  ROQUEBRUNE.  Geog.  Pueblo  de 
Francia,  en  el  dep.  de  los  Alpes  Marítimos,  dist.  de 
Niza,  cantón  de  Mentón;  2.870  liabits.  Tiene  est.  en 
la  línea  férrea  de  París  á  Vintimille.  cerca  de  la  cual 
existe  un  túnel  de  560  m.  de  longitud. 

CABCABÉN.  Geog.  Lugar  de  la  isla  de  Luzón 
(Filipinas),  agregado  al  mun.  de  Mariveles. 

CAB-CARRIK.  m.  Art.  y  Of.  Tílburí  de  redu¬ 
cidas  dimensiones,  con  ó  sin  capota,  que  se  constru¬ 
ye  en  Inglaterra,  para  ser  tirado  por poneys,  caballos 
de  poca  alzada. 

CAB-CART.  m.  Art.  y  Of.  Coche  semejante  al 
cab-.carrik ,  para  caballos  de  más  alzada  que  los 
poneys. 

CABCIÓN.  f.  ant.  Caución. 

CABDAL.  (Etim. —  Del  lat.  capitalis,  deriv.  de 
capul,  capitis,  cabeza.)  adj.  ant.  Principal.  Decíase 
de  la  insignia  ó  bandera  que  llevaban  algunos  cau¬ 
dillos,  y  que  usaban  también  algunas  órdenes  mili¬ 
tares  y  varias  ciudades  y  villas.  Diferenciábase  de 
las  demás  banderas  por  carecer  de  farpas. 

CABD ALERO,  RA.  adj.  Principal,  grande. 

CABDELLADOR.  m.  ant.  Caudillo. 

CABDELLAR.  v.  a.  ant.  Cardillar. 

CABDIELLO.  m.  ant.  Cabdillo. 

C ABDILLADOR.  adj.  ant.  Caudillo. 

CARDILLAR,  v.  a.  ant.  Acaudillar. 

Deriv.  Cabdillamiento. 

CABDILLAZGO.  m.  ant.  Empleo  de  caudillo. 

CABDILLO.  m.  ant.  Caudillo 


CABE  —  CABECEAR 


99 


CABE.  (Etim.  —  De  caber.')  m.  Golpe  de  lleno  I 
que  en  el  juego  de  la  argolla  da  una  bola  á  otra,  im¬ 
pelida  por  la  pala,  de  forma  que  llegue  al  remate  del 
juego,  con  que  se  gana  raya. 

Cabe  á  paleta,  Cabe  de  paleta,  Cabe  de  pala. 
Hg.  y  fam.  Ocasión  ó  lance  que  impensadamente  se 
■ofrece  para  lograr  lo  que  se  desea.  ||  Cabe  de  pale¬ 
ta.  En  el  juego  de  la  argolla,  suerte  que  consiste  en 
quedar  las  dos  bolas  á  tal  distancia,  que  por  lo  me¬ 
aos  cabe  entre  ellas  la  pala  con  que  se  jueg’a. 

A  cabe  perdido,  fuego  le  digo.  ref.  Expresa  que 
cuando  no  se  logra  una  cosa  á  buenas,  hay  que  acu¬ 
dir  á  la  fuerza.  ||  Dar  un  cabe.  fr.  fig.  y  fam.  Causar 
un  perjuicio  ó  menoscabo. 

Cabe.  (Etim. — De  cabo,  orilla,  borde.)  prep.  ant. 
Cerca  de.  junto  á.  U.  aún  en  lenguaje  poético. 

Cabe.  Geog.  ant.  Ciudad  de  España,  cuya  situa¬ 
ción  no  se  conoce  á  punto  fijo,  aunque  Ceán  Bermú- 
dez  opina  que  corresponde  á  la  actuai  Peñarrubia, 
cerca  de  la  villa  de  Teba,  en  donde  se  ha  encontra¬ 
do  un  pedestal  con  la  inscripción  Rep.  Cabensium. 

Cabe.  Geog.  Río  de  la  prov.  de  Lugo,  que  nace  en 
la  fuente  Cabude  y  va  á  desaguar  en  el  Sil  después 
•de  unos  55  kras.  de  curso.  En  él  se  pescan  buenas 
truchas. 

CABEANCA.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  Oren¬ 
se,  agregado  al  mun.  de  Cañedo. 

CABEAR.  v.  a.  ant.  Poner  cabos,  extremos, 
puntas  ó  vivos.  ||  Igualar  y  ajustar  una  cosa  con 
otra. 

CABELA.  Geog.  Pueblo  y  feligresía  de  Portu¬ 
gal,  en  el  dist.  y  dióc.  de  Guarda,  concejo  de  Ceia; 
"377  habits. 

Cabeca.  Geog.  Punta  y  ensenada  del  Brasil,  en  la 
costa  del  mun.  de  Cabo  Frío,  Estado  de  Río  Ja¬ 
neiro. 

Cabeca  Baa.  Geog.  Pueblo  y  feligresía  de  Portu¬ 
gal,  en  el  dist.  y  dióc.  de  Braganza,  concejo  de 
Torre  de  Moncorvo;  368  habits. 

Cabeca  da  Egreja.  Geog.  Pueblo  y  feligresía  de 
Portugal,  en  el  dist.  y  dióc.  de  Braganza,  concejo 
de  Yitihaes:  240  habits. 

Cabeca  de  Calvo.  Geog.  Río  de  Portugal,  en 
•el  dist.  de  Faro.  Nace  en  la  sierra  Monchique  y  tras 
un  curso  de  25  kms.  desemboca  en  el  Atlántico. 
Pasa  junto  al  pueblo  de  Alfezur,  puyo  término 
riega. 

Cabeca  de  Cavallo.  Geog.  Sierra  del  Brasil,  Es¬ 
tado  de  Parahvba  del  Norte,  mun.  de  San  Juan  de 
Cariry. 

Cabeca  de  Cobra.  Geog.  Pueblo  del  Africa  occi¬ 
dental,  en  el  Congo  portugués,  dist.  de  Sonho. 

Cabeca  de  Leño.  Geog.  Cabo  existente  en  el  ex¬ 
tremo  O.  de  la  isla  de  Sal,  archipiélago  africano  de 
Cabo  Verde. 

Cabeca  de  Mouro.  Geog.  Pueblo  y  feligresía  de 
Portugal,  en  el  dist.  y  dióc.  de  Braganza,  concejo  de 
Torre  de  Moncorvo,  cerca  del  río  Duero;  410  habi¬ 
tantes. 

Cabeca  de  Porco.  Geog.  Canal  del  Estado  de 
Marañón  (Brasil),  que  desemboca  frente  la  extremi¬ 
dad  oriental  de  la  isla  Igoronhon. 

Cabeca  de  Preto.  Geog.  Lago  del  Brasil,  Estado 
de  Para,  entre  la  orilla  izquierda  del  Trombetas  y  va- 
tías  montañas. 

Cabeca  dos  Mortos.  Geog.  Isla  de  Portugal,  al  E. 
de  la  de  Culatra,  próxima  al  litoral  del  dist.  de 

Faro. 


Cabeca  Quebrada.  Geog.  Sierra  del  Brasil,  Esta¬ 
do  de  Espíritu  Santo,  entre  ios  municipios  de  Gua- 
raparv  y  Anchietta.  ||  Río  del  mismo  Estado,  afluen¬ 
te  del  Benavente. 

Cabeca  Santa.  Geog.  Pueblo  v  feligresía  de  Por¬ 
tugal.  en  el  dist.  de  Oporto,  concejo  de  Penaful: 
800  habits. 

CABEZADA.  Geog.  Pueblo  de  la  isla  de  Boa- 
Vista,  archipiélago  de  Cabo  Verde,  Africa  occiden¬ 
tal  portuguesa.  Pertenece  al  concejo  v  feligresía  de 
Rabil.  '  . 

CABEZADAS.  Geog.  Sierra  del  Brasil,1  Estado 
de  Pernambuco,  junto  al  río  Ipojuca. 

CABE^AHI.  Geog.  Río  del  Brasil,  Estado  de 
Parahvba  del  Norte,  que  desagua  en  el  Atlántico 
entre  el  cabo  Lucena  y  la  barra  del  río  Mirim. 

CABESpAO.  Geog.  Villa  y  feligresía  de  Portu¬ 
gal,  en  el  dist.  y  dióc.  de  Evora,  concejo  de  Mora, 
sit.  en  una  colina  cuyo  pie  riegan  los  ríos  Avis  y 
Tera;  1.610  habits.  El  título  de  villa  le  fué  otorgado 
en  1578  por  el  rey  don  Sebastián. 

CABECARA  ó  CABEQUERA.  Geog.  Re¬ 
gión  de  Costa  Rica,  territorio  de  Talamanca,  en  los 
valles  del  Alto  Coen.  que  estaba  habitada  por  los  in¬ 
dios  de  su  nombre.  El  terreno  es  fértilísimo,  aunque 
inaprovechado.  Los  indios,  casi  extinguidos,  se  han 
internado  en  las  cabeceras  del  Zaherí. 

CABELAS.  Geog.  Río  del  Brasil,  Estado  de 
Minas  Geraes,  nace  cerca  de  la  sierra  Gaviáo  y  des¬ 
emboca  en  el  Arassuahv. 

CABECEADA,  f.  amer.  Arg .  Cada  uno  de  los 
movimientos  ó  inclinaciones  de  cabeza  que  hace  el 
que,  sin  estar  acostado,  se  va  durmiendo. 

CABECEADERO.  m.  Min.  Punto  ó  sitio  del 
hastial  pendiente  en  el  que  se  apoya  el  extremo  su¬ 
perior  de  un  marco  ó  estemple. 

CABECEADO,  (Etim. — De  cabecear .)  m.  Ma¬ 
yor  grueso  que  se  daba  á  la  extremidad  del  palo  de 
algunas  letras,  como  la  h,  l,  p,  q,  etc. 

CABECEADOR,  m.  ant.  Testamentario. 

Cabeceador.  Mar.  Se  dice  del  buque  ó  embarca¬ 
ción  propensa  á  cabecear. 

CABECEAMIENTO,  m.  Cabeceo, 
cabecear.  l.aacep.  F.  Brander,  hocher  la  téte, 
brimbaler. — It.  Crollare  il  capo,  dondolare. — In.  To  nod ,  to 
hod. — A.  Den  Kopf  schiitten. — P.  Cabecear,  abanar  a  cabega. 
— C.  Brandar,  dar  caparrades. — E.  Balanci  la  kapon.  v.  n. 
Mover  la  cabeza,  inclinándola  con  frecuencia  adelan¬ 
te,  atrás  ó  á  los  lados.  |j  Mover  la  cabeza  á  los  lados 
significando  que  no  se  asiente  á  lo  que  se  pide  ó  se 
oye.  [|  Dar  cabezadas,  inclinando  la  cabeza  hacia  el 
pecho,  cuando  se  duerme  una  persona  que  está  sen¬ 
tada.  ||  Mover  los  caballos  la  cabeza  con  frecuencia  de 
arriba  abajo.  ||  Moverse  el  buque,  alzando  y  bajando 
alternativamente  la  popa  y  la  proa.  ||  Moverse  dema¬ 
siado  hacia  adelante  y  hacia  atrás  la  caja  de  un  ca¬ 
rruaje.  ||  Inclinarse  á  una  parte  más  que  á  otra  una 
cosa  que  balancea  y  que  debe  estar  en  equilibrio.  || 
v.  a.  Dar  á  los  palos  de  las  letras  el  correspondiente 
grueso.  ||  Coser  en  los  extremos  de  las  esteras  ó  ropas 
unas  listas  ó  guarniciones  que  cubran  la  orilla  y  la 
hagan  más  fuerte  y  de  mejor  vista.  ||  Echar  un  poco 
de  vino  añejo  en  las  cubas  ó  tinajas  del  nuevo  para 
darle  más  fuerza.  ||  Poner  de  nuevo  pie  á  las  calce¬ 
tas.  [|  amer.  Cnb.  Unir  cierto  número  de  hojas  de 
tabaco,  atándolas  por  la  parte  de  la  base.  ■ 

Cabecear.  Agrie.  Dar  los  surcos  de  cabecera. 

Cabecear,  v.  n.  Art.  y  Of.  Dícese  entre  tipógra- 


100 


CABECEAR  —  CABECERA 


fos  para  indicar  que  la  composición  ó  los  grabados 
no  asientan  bien  en  la  platina.  ||  Entre  carpinteros, 
poner  cabezas  en  los  tableros  de  madera.  ||  Poner  los 
encuadernadores  cabezadas  á  un  libro.  ||  Cabecear 
los  maderos.  Torcerse  ó  combarse. 

Cabecear.  F.  c.  Marchar  la  locomotora  con  un 
movimiento  análogo  al  de  un  buque,  lo  que  es  debi¬ 
do  al  mal  repartimiento  del  peso  cuando  las  travie¬ 
sas  de  junta  de  los  carriles  forman  distintas  rasan¬ 
tes  por  estar  unas  bajas  y  otras  altas  ó  cuando  corren 
por  una  línea  con  pendientes  cortas  y  alternadas.  Dí- 
cese  también  arfar. 

Cabecear.  Mar.  Acto  de  arfar  ó  moverse  con  vio¬ 
lencia  un  buque  de  proa  á  popa.  Se  dice  cabecear 
sobre  el  ancla  cuando  un  buque  fondeado  cabecea 
extraordinariamente  á  causa  de  la  mucha  mar,  y  más 
comúnmente  se  aplica  cuando  ello  tiene  efecto  estan¬ 
do  con  el  ancla  á  pique  ó  con  poca  cadena  fuera  del 
escobén. 

Cabecear.  Mil.  Se  dice  que  cabecea  la  columna 
que  no  sigue  en  su  marcha  la  línea  recta,  haciendo 
ondulaciones  por  falta  de  cuidado  del  guía. 

CABECEIRA.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de 
Lugo,  agregada  al  mun.  de  Abadin.  [|  Otra  en  la 
misma  provincia,  agregada  al  mun.  de  Vivero. 

Cabeceira  Grande.  Geog.  V.  Cabaceira  Grande. 

Cabeceira  Pequeña.  Geog.  V.  Cabaceira  Pe- 
quena. 

CABECEIRAS.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de 
Lugo,  agregada  al  mun.  de  Vivero. 

Cabeceiras.  Geog.  Sierra  del  Brasil,  Estado  de 
Bahía,  mun.  de  Arriacho  de  Sant’Anna. 

Cabeceiras  de  Basto.  Geog.  Concejo  del  dist.  de 
Braga  (Portugal).  Tiene  una  superficie  de  24  kiló¬ 
metros  cuadrados  con  una  población  de  16,300  ha¬ 
bitantes.  Está  regada  por  los  ríos  Beca  y  Tamega,  v 
produce  cereales,  vino,  aceite  y  castañas.  Su  indus¬ 
tria  principal  es  la  pecuaria,  siendo  abundante  la 
caza.  Comprende  17  feligresías  y  su  cabecera  es  el 
lugar  de  Refojos.  |]  Villa  del  concejo  de  su  mismo 
nombre,  sit.  junto  á  las  márgenes  del  Tamega.  en 
un  fértil  valle  que  tiene  18  liras,  de  largo  y  distante 
53  de  la  ciudad  de  Braga,  que  es  la  est.  más  próxi¬ 
ma;  1,290  habits.  Tiene  hospital,  casa  de  caridad, 
escuelas  para  uno  y  otro  sexo,  sociedades  recreati¬ 
vas  v  estación  postal  de  segunda  clase.  Es  pobla¬ 
ción  muy  antigua,  datando  sus  fueros  de  1514,  en 
que  le  fueron  concedidos  por  el  rey  don  Manuel. 
Formó  junto  con  Celorico  de  Basto  un  concejo  lla¬ 
mado  Térras  de  Basto. 

CABECEO,  m.  Acción  y  efecto  de  cabecear. 

Cabeceo.  Mar.  Tal  nombre  se  da  á  las  oscilacio¬ 
nes  de  un  buque  en  el  sentido  de  su  longitud  oca¬ 
sionadas  por  la  agitación  del  mar.  El  cabeceo  se 
dice  que  es  vivo  cuando  las  olas  se  suceden  rápida¬ 
mente  unas  á  otras;  duro  si  las  olas  son  cortas, 
ahuecadas  y  frecuentes,  y  blando  ó  lento  al  ser  las 
olas  muy  largas  ó  tendidas.  El  arrumaje,  la  disposi¬ 
ción  de  la  carga  y  el  velamen  tienen  considerable 
influjo  en  la  naturaleza  del  cabeceo.  ||  Estay  de  ca¬ 
beceo.  El  estav  volante  ó  suplementario  que  se  colo¬ 
ca  cuando  la  mar  es  brava. 

CABECEQUIA.  m.  prov.  Ar.  Persona  encar¬ 
gada  de  inspeccionar  las  acequias  ó  riegos. 

CABECERA.  1.a  acep.  F.  Chevet. — It.  Cappezale. 
— In.  Bed’s  head,  headboard. — A.  Kopfende  (des  Bettes). — 
P.  Cabeceira. — C.  Capsalera,  espona.  —  E.  Kapapogilo.= 
10.  acep.  F.  Capitale.  —  It.  Capo.  —  In.  Chief  city.  — 


A.  Haupt,  Hauptstadt. — P.  y  C.  Capital.  — E.  Cefurbo.= 
11.  acep.  F.  Vignette,  dentelle. — It.  Testata. — In.  Head 
piece. — A.  Zierleiste,  Titelvignette. — P.  Cabeceira. — C. 
Vinyeta. —  E.  Vinjeto.  (Etim. — De  cabeza.)  f.  Principio 
ó  parte  principal  de  algunas  cosas.  ||  Lugar  prefe¬ 
rente  ó  parte  principal  de  algún  sitio  donde  se  reú¬ 
nen  varias  personas,  y  en  la  que  se  colocan  ó  se 
sientan  las  más  dignas  ó  de  mayor  categoría.  ||  Par¬ 
te  superior  de  la  cama  donde  se  colocan  las  almoha¬ 
das.  ||  Fuerza  que  se  pone  á  la  estera  para  el  corte.  || 
Especie  de  respaldo  que  impide  que  se  caigan  hacia 
atrás  las  almohadas,  si  la  cama  está  separada  de  la 
pared,  ó  que  se  rocen  con  ésta,  si  está  unida.  ||  Tra¬ 
tándose  de  la  mesa,  el  lugar  más  distinguido  en  el 
cual  toma  asiento  el  sujeto  de  mayor  categoría, 
el  cabeza  de  casa  ó  la  persona  á  quien  se  quiere  hon¬ 
rar,  que  es  por  lo  común  el  que  está  más  distante  de 
la  entrada  de  la  pieza.  ||  La  misma  persona  que  ocu¬ 
pa  aquel  sitio.  ||  Origen  de  un  río.  ¡|  Punto  fortificado 
de  un  puente.  ¡|  Capital  ó  población  principal  de 
una  nación,  provincia,  territorio  ó  distrito.  |¡  Graba¬ 
do  que  en  los  libros  impresos  suele  ponerse  al  prin¬ 
cipio  de  cada  capítulo.  ||  Cada  uno  de  los  dos  extre¬ 
mos  del  lomo  de  un  libro.  ||  Almohada.  ||  ant.  Cabe¬ 
za  ó  principio  de  un  escrito.  ||  ant.  Albacea  ó  testa¬ 
mentario.  ||  ant.  Oficio  de  albacea.  ||  ant.  Capitán  ó 
cabeza  de  un  ejército,  provincia  ó  pueblo.  ||  Gemí. 
El  que  lleva  la  banca  en  el  juego. 

Estar  ó  asistir  á  la  cabecera  de  un  enfermo. 
fr.  Asistirle  continuamente  para  todo  lo  que  nece¬ 
sita. 

Cabecera.  Arquit.  Parte  principal  ó  testero  de  una 
iglesia,  donde  se  encuentra  el  santuario  y  que  en  la 
cruz  de  la  planta  representa  simbólicamente  el  sitio 
donde  Cristo  apoyó  su  cabeza.  Cuando  el  santuario 
es  sencillamente  un  rectángulo,  la  cabecera  es  un 
muro  paralelo  á  la  fachada  principal,  pero  otras  ve¬ 
ces  está  formado  por  uno  ó  tres  ábsides  y  en  las 
grandes  iglesias  consta  de  ábside  principal  ó  capilla 
mavor,  deambulatorio  ó  giróla  K  v  ábsides  menores 
ó  capillas  absidales  (V.  Abside).  Durante  la  Edad 
Media,  la  cabecera  ofrece  algunas  variaciones,  con¬ 
forme  á  los  varios  estilos.  En  las  primitivas  iglesias 
del  primer  período  románico  la  cabecera  es  muy 
sencilla  por  la  cortedad  de  dimensiones  y  la  falta  de 
vanos.  Consta  en  el  segundo  período  de  un  muro 
perforado,  con  alguna  arcada  ó  ventana,  y  en  el 
tercero  se  encuentran  los  ábsides  divididos  al  exte¬ 
rior  por  fajas  horizontales  que  forman  varias  zonas 
v  que  con  otras  verticales  constituyen  comparti¬ 
mientos. 

También  suelen  tener  columnas  en  los  frentes  ó 
éstos  aparecen  coronados  de  tejaroces  con  canecillos, 
substituidos  en  ocasiones  por  arcaturas  ó  por  gale¬ 
rías  adornadas  con  motivos  ornamentales  del  estilo 
á  que  corresponden  ó  con  incrustaciones  de  taracea. 
Por  encima  del  ábside  suele  sobresalir  coronado  por 
acrótera.  y  en  forma  de  piñón,  el  arco  triunfal  ó  sea 
el  que  forma  la  embocadura  de  aquél,  separándole 
del  crucero  que  en  un  principio  se  adornaba  más  que 
los  otros  arcos  torales  por  su  interior  y  se  decoraba 
con  pinturas  y  esculturas.  Los  mismos  caracteres 
presentan  el  ábside  y  los  que  le  rodean  en  las  igle¬ 
sias  con  deambulatorio. 

Las  divisiones  en  zonas  y  los  canecillos  desapare¬ 
cieron  en  el  estilo  ojival  empleándose  muy  poco  los 
tejaroces  y  algo  más  unas  fajas  rematadas  regular¬ 
mente  por  balaustradas,  pero  lo  más  característico 


CABECERA  —  CABECILLA 


101 


del  estilo  se  traducía  en  esta  parte  de  las  construc¬ 
ciones  en  rasgadas  ventanas,  esbeltos  botareles,  er¬ 
guidos  pináculos  y  audaces  y  floridos  arbotantes. 

Cabecera.  Art.  y  Of.  Contrafuerte  que  se  pone 
para  reforzar  la  parte  cortada  de  las  esteras  para 
que  no  se  deshaga  la  pleita.  ||  Cabecera  de  aire  ó  de 
viga.  Cabo  de  viga  que  conduce  la  cubierta  de  un 
techo  hasta  la  fila  más  alta  de  las  piedras  de  la  pa¬ 
red.  ||  Cabecera  de  barra.  Extremo  de  grandes  di¬ 
mensiones,  de  una  barra  de  hierro  que  se  reduce, 
por  medio  de  la  forja,  al  grueso  general  de  toda  la 
barra. 

Cabecera.  Der.  Es  la  parte  ó  comienzo  de  los  es¬ 
critos  judiciales  en  que  se  consigna  el  nombre  del 
pleiteante,  ó  más  comúnmente  del  procurador  cole¬ 
giado  que  lo  representa,  el  juicio  que  motiva  el  pro¬ 
cedimiento  y  la  persona  ó  personas  contra  las  cuales 
se  siguen  los  autos.  ||  El  principio  de  las  escrituras 
públicas  en  que  consta  la  localidad  en  que  se  otorga 
el  documento,  el  notario  que  lo  autoriza,  los  nom¬ 
bres,  apellidos,  edad,  estado,  nrofesión  y  vecindad 
de  los  otorgantes,  sus  cédulas  personales  y  la  cali¬ 
dad  con  que  otorgan.  ||  El  principio  de  todo  escrito, 
instancia,  solicitud,  etc. 

Cabecera.  Hidrog.  En  las  bahías,  ensenadas  y 
puertos,  el  punto  de  la  costa  ú  orilla  interior  que 
más  dista  de  la  boca.  ||  El  punto  situado  en  la  falda 
de  una  montaña  y  en  donde  nace  un  río  que  corre 
encallejonado  hasta  desembocar  en  la  llanura  ó  en  la 
orilla  del  mar. 

Cabecera.  Impr.  Parte  de  la  rama  que  se  pone  en 
el  lugar  más  próximo  al  cilindro  de  la  máquina.  || 
La  imposición  que  se  coloca  en  este  lado  de  la  rama. 

||  Viñeta  que  ocupa  un  principio  de  página. 

Cabecera.  Mil.  Es  voz  antigua,  equivalente  á  ca¬ 
pitán  ó  caudillo  de  una  tropa,  pueblo  ó  distrito.  |¡ 
Cada  una  de  las  viguetas  de  madera  que  se  ponen 
sobre  el  tablero  de  los  puentes  militares,  cerca  de  los 
bordes,  para  trincar  los  tablones. 

Cabecera.  Min.  Jefe  de  una  cuadrilla  de  barre¬ 
neros. 

Cabecera.  Geog.  Caserío  de  la  prov.  de  Canarias, 
agregado  al  mun.  de  Ingenio. 

Cabecera.  Geog.  Pueblo  ó  barrio  rural  de  Cuba, 
prov.  de  Matanzas,  mun.  de  Pedro  Betancourt  ; 
3,349  habits.  |¡  Otros  dos  en  la  prov.  de  Santa  Cla¬ 
ra.  mun.  de  Camajuaní  y  Yaguajav,  con  6,020  y 
4,810  habits.  respectivamente. 

Cabecera.  Geog.  Dos  pueblos  del  Estado  y  Repú¬ 
blica  de  Méjico,  en  los  muns.  de  Donato  Guerra  y 
Teju pilco,  con  850  v  575  habits.  respectivamente. 

Cabecera  (La).  Geog.  Barrio  rural  de  Cuba,  pro¬ 
vincia  de  Camagüev,  mnn.  de  Ciego  de  Avila,  con 
7,305  habits. 

Cabecera  del  Valle.  Geog.  Así  se  llama  en  Bo- 
livia  y  el  Perú  á  la  zona  hipsométrica  de  la  falda 
oriental  de  los  Andes,  comprendida  entre  la  puna  v 
el  valle.  Su  altura  media  es  de  3,C58  m.  y  goza  de 
una  temperatura  templada  (media  15°. 2)  aunque  más 
tresca  que  la  del  valle.  Prosperan  allí  todas  las  plan¬ 
tas  de  Europa. 

CABECERAS.  Geog.  Lugarejo  de  Chile,  pro¬ 
vincia  de  Curicó,  dep.  de  Vichuquén,  mun.  de  Pa¬ 
redones;  750  habits. 

Cabeceras.  Geog.  Aldea  de  Honduras,  dep.  de 
Comavagua,  dist.  de  Cabañas,  mun.  de  Minas  de 
Oro. 

CABECERÍA,  f.  Terquedad,  obstinación,  por-  i 


fía  y  contumacia.  Puede  significar  también  prima¬ 
cía  ó  preeminencia,  per  derivarse  de  cabeza,  aunque 
en  sentido  extensivo.  Es  voz  usada  por  los  clásicos 
aunque  no  figure  en  los  diccionarios. 

CABECERO,  RA.  adj.  ant.  Cabezudo.  ||  m. 
ant.  Cabeza  de  casa.  ||  ant.  Albacea.  ||  Que  está 
á  la  cabeza  ó  en  primera  línea.  U.  t.  c.  s. 

Cabecero.  Art.  y  O/.  El  madero  horizontal  de  la 
parte  superior  de  un  casco  de  puerta  ó  de  ventana. 

Cabecero.  Min.  Una  clase  de  capataz  que  vigila 
de  15  á  20  obreros. 

Cabecero.  Más.  Pieza  de  madera,  colocada  en  el 
interior  de  las  cajas  de  pianos,  que  sirve  para  suje¬ 
tar  el  diapasón. 

CABECIANCHO,  CHA.  adj.  Ancho  de  cabeza. 

CABECICO.  Geog.  Cortijada  de  la  prov.  de  Al¬ 
mería,  agregada  al  mun.  de  Pulpí. 

CABECICOS  DE  LA  RAMBLA  GRAN¬ 
DE.  Geog.  Casas  de  labor  de  la  prov.  de  Almería, 
en  el  mun.  de  Huércal-Overa. 

CABECIL.  (Etim. — De  cabeza .)  m.  Rodete  he¬ 
cho  de  orillo,  ó  de  una  rodilla,  que  llevan  las  muje¬ 
res  para  sostener  el  cántaro  derecho  sobre  la  cabeza. 

CABECILLA.  Mil.  F.  Chef  de  partisans. — It.  Capo 
di  faziosi.  —  In.  Leader  of  rebels.  —  A.  Führer,  Háuptling. 
— P.  Chefe  dos  rebeldes. — C.  Cap  de  colla,  capdill,  davan- 
ter. — E.  Rlbelestro.  f.  dim.  de  Cabeza.  ||  com.  íig.  y 
fam.  Persona  de  mal  porte,  de  mala  conducta  ó  de 
poco  juicio.  ||  m.  Jefe  de  rebeldes. 

Cabecilla.  Art.  y  Of.  Entre  cereros  la  parte  su¬ 
perior  del  cirio. 

Cabecilla.  Mil.  Así  se  suele  llamar  al  que  en  una 
guerra  civil  manda  fuerzas  contrarias  á  las  del  go¬ 
bierno  constituido.  Fruto  espontáneo  del  espíritu  be¬ 
licoso  propio  de  ciertos  pueblos,  el  cabecilla  es  uno 
de  los  elementos  que  mayores  estragos  han  causado 
en  las  contiendas  civiles,  imprimiéndolas  por  lo  re¬ 
gular  un  carácter  de  belicosidad,  especial.  Su  inne¬ 
gable  arrojo,  su  conocimiento  del  país  en  que  ope¬ 
ra  y  la  ligereza  de  su  partida,  libre  de  todas  las 
trabas  que  embarazan  los  movimientos  de  las  tropas 
regulares,  le  permiten  llevar  á  cabo  algunas  veces 
operáciones  arriesgadas,  que  rodean  su  nombre  de 
una  aureola  de  prestigio,  á  veces  exagerado,  que  le 
convierte  poco  menos  que  en  un  héroe  legendario. 
En  realidad,  y  sin  que  esto  quiera  decir  que  no  ha¬ 
ya  habido  cabecillas  de  verdadero  mérito,  refractario 
como  es  por  naturaleza  á  toda  disciplina,  v  no  te¬ 
niendo  por  lo  regular  más  guía  que  su  instinto,  sus 
éxitos  no  dependen,  tanto  de  las  cualidades  militares 
que  se  le  atribuyen,  como  del  apoyo  que  encuentra 
en  la  población  rural,  unas  veces  por  simpatía  hacia 
la  causa  que  defiende  y  otras  por  el  temor  que  ins¬ 
piran  sus  procedimientos  despóticos  y  á  menudo 
crueles  con  los  que  considera  poco  afectos  á  su  per¬ 
sona.  Cuando  cuenta  con  esta  cooperación  efectiva 
del  vecindario,  que  se  traduce  en  un  espionaje  uni¬ 
versal  y  celosísimo,  merced  al  cual  está  perfecta¬ 
mente  enterado  de  los  planes  y  movimientos  del 
enemigo,  mientras  que  éste  suele  ignorarlo  todo  ó 
recibir  informes  falsos  que  le  despistan  y  le  hacen 
caminar  á  ciegas,  el  cabecilla  es  un  adversario  for¬ 
midable  para  las  tropas  regulares,  que  se  hallan 
continuamente  expuestas  á  sufrir  las  consecuencias 
de  sus  propios  errores  ó  de  los  audaces  golpes  de 
mano  que  aquél  ejecuta  casi  siempre  sobre  seguro. 
Entonces  es  cuando,  emboscado  en  las  fragosidades 
del  terreno,  sorprende  convoyes,  copa  pequeños  des- 


102 


CABECITA  —  CABELL 


tacamentos  y  hasta  se  atreve  á  hacer  frente  en  posi¬ 
ciones  ventajosas  á  fuerzas  muy  superiores:  ó  bien 
esquiva  si  le  conviene  su  encuentro,  burla  la  perse¬ 
cución  de  las  columnas  que  van  á  sus  alcances  y 
cuando  su  situación  llega  á  ser  comprometida,  di¬ 
suelve  su  pai’tida  y  desaparece  como  una  sombra  del 
teatro  de  sus  hazañas,  reapareciendo  lejos  de  allí 
para  volver  á  él  tan  pronto  corno  las  circunstancias 
se  lo  permiten.  Pero  si  esta  cooperación  le  falta, 
ó  si,  dividida  la  población  por  sus  opiniones  políti¬ 
cas,  encuentran  en  ella  las  fuerzas  leales  el  mismo 
apoyo  que  las  rebeldes,  á  duras  penas  puede  soste¬ 
nerse,  luchando  contra  los  mayores  recursos  de  aqué¬ 
llas  y  contra  la  superioridad  de  su  táctica;  pronto  se 
ve  reducido  á  la  impotencia  y  no  le  queda  otro  re¬ 
medio  que  huir  como  pueda  de  la  activa  persecución 
de  que  es  objeto,  contemplando  cómo  le  abandonan 
sus  más  celosos  partidarios  en  cuanto  le  hace  blanco 
de  sus  rigores  la  veleidosa  fortuna. 

CABECITA.  f.  dim.  de  Cabeza. 

CABELO  ALTO.  Geog.  Sierra  de  Portugal, 
dist.  de  Castello  Branco.  Tiene  399  m.  de  altura 
máxima  y  se  prolonga  hasta  la  villa  de  Rosmaninhal, 
siendo  también  conocida  con  este  último  nombre. 

CABELO  DA  RAINHA.  Geog.  Pico  culmi¬ 
nante  de  la  sierra  de  Alvellos  (Portugal),  dist.  de 
Castello  Branco.  Tiene  1,080  m.  de  altura. 

CABELO  DA  SOBRE IRO.  Geog.  Sierra  de 
Portugal,  en  el  dist.  de  Oporto  y  cerca  del  río  Duero. 
En  su  cima  más  elevada  existe  una  piedra  que  mar¬ 
ca  la  divisoria  de  los  concejos  de  Gondomar  Paiva, 
Feira  y  Arouca,  por  cuyo  motivo  se  da  también  á 
osta  sierra  el  nombre  de  Cuatro  concelhos. 

CABEQO  DA  V1DE.  Geog.  Villa  y  feligresía 
de  Portugal,  dist.  y  dióc.  de  Portalegre,  concejo 
de  Alter  do  Chao;  1,700  habits.  Tiene  un  estableci¬ 
miento  de  aguas  sulfurosas  indicadas  contra  los  reu¬ 
matismos  articular  y  gotoso,  neuralgias,  dispep¬ 
sias.  afecciones  cutáneas  dependientes  del  artritismo 
y  nefrolitiasis. 

CABEZUDA.  Geog.  Punta  de  la  costa  del  Bra¬ 
sil,  Estado  de  Santa  Catalina,  frente  á  las  bocas  del 
Itajahy.  (|  Punta  de  la  isla  de  San  Sebastián,  Esta¬ 
do  de  San  Pablo. 

CABEZUDO  (Santissimo  Sacramento).  Geog. 
Pueblo  y  feligresía  de  Portugal,  dist.  de  Castello 
Branco,  concejo  de  Certá,  dióc.  de  Portalegre;  1,030 
habitantes. 

Cabecudo.  Geog.  Lago  del  Brasil,  Estado  de 
Pará,  orilla  izquierda  del  río  Trombetas,  algo  más 
arriba  del  lago  Yukiri-assú. 

CABEZUDOS  (S.  Christovao).  Geog.  Pueblo 
y  feligresía  de  Portugal,  dist.  y  archidiócesis  de  Bra¬ 
ga,  concejo  de  Villa  Nova  de  Famalicao,  cerca  del 
río  Ave;  430  habits. 

CABEDANTOY.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de  la 
Coruña,  agregada  al  mun.  de  Capela. 

CABEDELLO.  Geog.  Lengua  arenosa  del  lito¬ 
ral  portugués,  en  la  parte  S.  de  la  boca  del  Duero  y 
al  lado  del  castillo  da  Foz.  Sirve  de  resguardo  á  una 
ensenada  formada  por  el  río  y  es  sumamente  peligro¬ 
sa  para  la  navegación.  En  1833  construyeron  los 
miguelistas  en  ella  una  batería. 

Cabedello.  Geog.  Fuerte  que  defiende  la  entrada 
del  puerto  de  Parahvba  (Brasil). 

CABEDERO,  RA.  adj.  ant.  Que  tiene  cabida. 

CABEDO.  Geneal.  Corrupción  de  Quevedo  y 
apellido  común  á  algunas  familias  de  la  aristocracia 


portuguesa,  que  descienden  todas  del  español  dnn 
Diego  Díaz  de  Quevedo,  que  fijó  su  residencia  en 
Portugal  en  1460. 

Cabedo  (Antonio  Justino  Simoes  de).  Biog.  Es¬ 
critor  portugués,  n.  y  m.  en  Lisboa  (1823-1862). 
Escribió  numerosos  artículos  en  los  periódicos  v  las 
obras  Cartas  satyricas,  Bernardices  contemporáneos. 

Cabedo  (Gonzalo  Mendes  de  Vasconceli.os). 
Biog.  Jurisconsulto  portugués,  n.  en  Setúbal  y 
m.  en  la  misma  ciudad  en  1604.  Fué  profesor  de  la 
universidad  de  Coimbra  y  representó  á  su  país  en 
Roma,  debiéndosele  una  Vida  de  la  reina  santa 
Isabel. 

Cabedo  (Jorge  de).  Biog.  Jurisconsulto  y  políti¬ 
co  portugués  (1525-1604).  Canciller  del  reino,  al 
unirse  España  y  Portugal,  fué  nombrado  consejero 
de  Estado  de  su  país  con  residencia  en  Madrid,  es¬ 
cribiendo  por  encargo  de  Felipe  II  una  obra  titula¬ 
da  Divisiones  Lusitanae  senatus  (Lisboa  y  Francfort, 
1602  y  1604),  en  laque  apoyaba  las  pretensiones  del 
rey  de  España  á  la  corona  de  Portugal.  Se  le  debe 
también  De  patronatibus  ecclesiam  regalis  coronae  m 
Lusitaniae  (Lisboa,  1603). 

Cabedo  de  Vasconcellos  (José).  Biog.  Escritor 
portugués,  m.  en  1730  y  autor  de  una  obra  sobre 
genealogía. 

Cabedo  de  Vasconcellos  (Miguel).  Biog.  Poeta 
portugués,  n.  en  Setúbal  y  m.  en  Lisboa  (1525- 
1579).  Desempeñó  varios  cargos  en  la  magistratura 
y  fué  también  gobernador  de  Lisboa.  Escribió  va¬ 
rios  poemas  en  latín  que  se  imprimieron  en  Roma 
en  1597. 

CABEIRA.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de  Lugo, 
agregada  al  mun.  de  Abadín.  ||  Otra  en  la  misma 
prov.  de  Lugo,  agregada  al  mun.  de  Pastoriza. 

CABEIRAS.  Geog.  Aldea  del  mun.  de  Arbó, 
prov.  de  Pontevedra. 

CABEIRO.  Geog.  Cabo  de  la  costa  de  la  Coru¬ 
ña,  al  S.  de  la  ría  de  Muros.  Forma  un  frontón  es¬ 
carpado  en  su  parte  occidental,  ebcual  está  coronado 
por  un  cerro  árido  y  peñascoso  llamado  Alto  de  Ca- 
beiro.  Entre  este  cabo  y  el  de  Corbeiro  hay  una  gran 
ensenada,  que  también  se  denomina  de  Cabeiro. 

Cabeiro.  Geog.  En  el  mun.  de  Cabañas,  provin¬ 
cia  de  la  Coruña,  y  en  el  de  Redondela,  prov.  de 
Pontevedra,  hay  respectivamente  parroquias  de  este 
nombre,  formadas  por  varias  aldeas. 

CABEL  (María  Josefa  Dreullette  de  Cabu, 
llamada).  Biog.  V.  Dreullette  (María  Josefa, 
llamada  Cabf.l). 

CABELL.  Geog.  Condado  del  Estado  de  Virgi¬ 
nia  (Estados  Unidos)  en  la  parte  occidental  del  Es¬ 
tado,  á  la  derecha  del  Ohío.  Tiene  una  extensión 
superficial  de  1,290  kms.“2  y  su  población  es  de 
16,000  habits.  Su  cap.  es  Barboursville.  Además 
del  río  Ohío  lo  riegan  las  aguas  del  Guyandotte,  y 
produce  principalmente  maíz  y  avena. 

Cabell  (Jacobo  Lorenzo).  Biog.  Médico  norte¬ 
americano,  n.  en  Nelson,  Virginia  (1813-1889). 
Estudió  en  Pensilvania,  Baltimore,  Filadelfia  y  Pa¬ 
rís.  y  más  tarde  fué  nombrado  profesor  de  anatomía 
v  cirugía  en  la  universidad  de  Virginia.  Durante  la 
guerra  civil  tuvo  á  su  cargo  la  superintendencia  de 
los  hospitales  militares  del  ejército  confederado,  y 
ulteriormente  presidió  la  Conferencia  Nacional  de 
Sanidad.  Escribió:  The  Testímony  of  Modern  Science 
to  tlie  JJnity  of  Manhind  (1858). 

Cabell  (Onofre).  Biog.  Músico  y  teólogo  espa- 


CABELLADO  —  CABELLERA 


103 


ñol,  n.  en  Barcelona  y  m.  en  Alguer  (Cerdeña)  en 
1618.  Formó  parte  de  la  escolanía  de  Montserrat  y 
tomó  el  hábito  de  la  orden  benedictina  en  dicho  mo¬ 
nasterio  en  1596.  Fué  vicario  general  y  visitador  de 
la  diócesis  de  Alguer,.  y  dejó  un  Psalterio  vesperal  y 
ferial,  ilustrado  por  el  monje  Pedro  Navarro. 

CABELLADO,  DA.  adj.  ant.  Cabelludo. 

Cabellado.  Blas.  Dícese  cuando  en  la  figura  de 
un  escudo  se  representa  el  cabello  con  esmalte  dis¬ 
tinto  del  natural. 

CABELLADURA.  f.  ant.  Cabellera. 

CABELLA  LIGURE.  Geog.  Pueblo  y  munici¬ 
pio  de  Italia,  en  la  prov.  de  Alejandría,  dist.  de 
Novi  Ligure;  2,100  liabits. 

CABELLAR,  v.  n.joc.  Echar  cabello.  U.  t.  c.  r. 
||  Ponerse  cabello  postizo.  U.  t.  c.  r. 

CABELLEIRA.  Geog.  Sierra  del  Brasil,  Esta¬ 
do  de  Govaz,  mun.  de  Río  Verde.  Está  formada  en 
parle  de  lomas  redondeadas  y  por  otra  parte  de  con¬ 
trafuertes  ásperos  y  muv  pintorescos. 

CABELLEJO.  m.  dim.  de  Cabello. 
Cabellera.  1.a  acep.  F.  Chevelure.  —  It. 
Chioma,  capigliatura. — In.Hair.  —  A.  Haar,  Kopfhaar. — 
1*.  Cabelleira.  —  C.  Cabellera. — E.  Hararo.  (Etim. — De 
cabella .)  f.  El  pelo  de  la  cabeza,  especialmente  el 
largo  y  tendido  sobre  la  espalda.  ||  Pelo  postizo.  || 
Ráfaga  luminosa  de  que  aparecen  rodeados  los  co¬ 
metas  crinitos. 

Cabellera.  Hist.  La  cabellera  ha  sido  considera¬ 
da  en  todo  tiempo  como  adorno  muv  preciado  del 
cuerpo  humano,  siendo  objeto  de  exquisitos  cuidados 
por  parte  del  hombre  y  la  mujer.  En  especial  ésta  la 
ha  tomado  en  todos  los  tiempos  y  todos  los  pueblos 
como  elemento  auxiliar  en  el  embellecimiento  de  su 
persona,  siendo  como  remate  del  cuadro  de  la  belleza 
física  en  el  bello  sexo,  así  como  los  hombres  han  sim¬ 
bolizado  en  la  barba  la  virilidad  de  su  sexo. 

En  Egipto  los  hombres  llevaban  la  cabeza  afeita¬ 
da  ó  cortada  al  rape,  á  partir  de  las  primeras  dinas¬ 
tías.  De  esta  práctica  no  se  libraban  los  sacerdotes, 
y  aun  fuera  de  Egipto  los  sacerdotes  de  Isis  se  afei¬ 
taban  el  cabello.  Los  hombres  del  campo,  como  los 
fellahs  modernos,  llevaban  cubriéndoles  toda  la  par¬ 
te  del  cabello  un  casquete  de  cuero  ó  de  lana.  Los 
faraones,  les  príncipes,  altos  dignatarios  y  los  sol¬ 
dados  y  aun  los  hombres  y  las  mujeres  de  clase  aco¬ 
modada  cubrían  sus  cabezas  con  una  gran  peluca, 
que  equivalía  al  actual  turbante  de  los  orientales.  En 
los  tocados  que  se  colocaban  sobre  las  pelucas  de  los 
personajes  reales  no  dejaba  de  destacarse  por  delan¬ 
te  el  áspid,  emblema  de  los  faraones.  A  veces  divi¬ 
dían  la  cabellera  artificial  en  gran  número  de  me¬ 
chas  muy  finas  de  ordinario  arrolladas  en  espiral  ó 
formando  bucles  ó  rizos  muy  apretados  en  sentido 
vertical;  á  veces  formaban  cor.  ella  trenzas  dispuestas 
en  varias  líneas,  regulares  y  también  muy  apretadas. 
Las  damas  llevaban  la  peluca,  que  era  negra  v  abun¬ 
dante,  encuadrando  el  rostro,  del  que  hacía  resaltar 
la  palidez,  sobre  el  cabello  largo  y  dispuesto  en  este¬ 
rillas.  El  cabello  bajaba  formando  cordones  que  caían 
unos  sobre  la  espalda  y  otros  sobre  los  hombros  ó  so¬ 
bre  el  pecho.  Los  cabellos  eran  arreglados  en  triple 
esterilla,  cuyos  extremos  quedaban  sueltos  ó  reunidos 
en  conjunto  dos  ó  tres  por  medio  de  un  cordón  de 
lana  colocado  en  el  extremo.  Los  que  caían  á  los  la¬ 
dos  eran  cogidos  por  un  peine  ó  una  cinta  ó  en  oca¬ 
siones  los  apretaba  uu  alfiler  por  delante.  A  los 
niños  desde  su  primera  infancia  se  les  afeitaba  igual¬ 


mente  la  cabeza,  dejándoles  sólo  algunos  bucles  por 
lo  común  unidos,  formando'  un  solo  bucle  bastante 
grueso  sobre  la  frente,  en  los  lados  y  por  detrás  v 
señaladamente  una  larga  mecha  que  partía  de  la  co*- 
ronilla,  que  era  trenzada  y  bajaba  cerca  de  la  oreja. 
En  el  momento  de  llegar  á  la  adolescencia  les  era 
cortada  y  muy  probablemente  ofrecida  á  alguna  di¬ 
vinidad.  No  se  tardó  en  tomarla  como  símbolo  de  la 
infancia  y  como  emblema  del  dios-niño,  Horo,  v  pasó 
con  el  tiempo  á  serlo  del  príncipe  heredero  y  luego 
de  la  princesa  heredera,  que  la  llevaban  fija  en  la 
peluca. 

Los  caldeos  y  asirios  parece  que  tomaron  la  ca¬ 
bellera  y  la  barba  como  señal  de  dignidad,  como 
más  tarde  en  la  alta  Edad  Media,  en  las  Gallas,  se 
ve  en  los  reyes  cabelludos  del  período  merovingio. 
Sus  cabellos  estaban  separados  por  una  raya  en 
medio  de  la  frente.  Bajaban,  cubriendo  las  orejas, 
hacia  atrás  hasta  lo  alio  de  los  hombros,  donde  se 
terminaban  en  una  especie  de  rodete,  ó  sea  una  ma¬ 
sa  de  cabello  redondeado,  de  bucles  regulares,  des¬ 
plegada  en  abanico  y  rizada  según  el  mismo  estilo  de 
la  barba.  La  cabellera  estaba  apretada  por  una  dia¬ 
dema  de  oro  ú  otro  metal,  bello  trabajo  de  orfebre¬ 
ría.  decorada  con  florones,  ó,  para  los  reyes,  por  una 
tiara  cónica,  de  que  pendían  dos  cintas  hacia  atrás. 
Esta  ultima  circunstancia  se  ve  también  en  las  dia¬ 
demas  de  los  altos  dignatarios,  cuyas  cintas  se  ter¬ 
minaban  en  franjas.  En  los  monumentos  en  que  se 
hallan  representados  prisioneros  asirios  se  ven  sobre 
las  cabelleras  de  éstos  unos  gorros  redondos. 

La  cabellera  de  los  medos  estaba  cubierta  por  otra 
artificial  rizada  en  su  terminación,  sobre  la  que  iba 
la  tiara,  acanalada  y  que  era  como  un  bonete  de  gra¬ 
duado  ó  de  magistrado  de  nuestros  días,  algún  poco 
más  alta  y  más  ancha  en  su  parte  superior.  La  de 
los  persas  era  parecida  á  la  anterior  y  la  tiara  era  un 
gorro  redondo,  puesto  en  lo  alto  de  la  cabeza,  á  la 
que  se  sujetaba  por  una  cintita  cogida  alrededor  del 
occipucio.  Los  lietheos,  pueblo  del  Asia  Menor,  que 
alcanzó  cierta  nombradla  en  determinado  período, 
usaban  el  cabello  trenzado,  según  se  nota  en  los  ba¬ 
jos  relieves  rupestres  que  se  conservan,  llevando  sus 
sombreros  altos  y  puntiagudos  á  modo  de  las  cape¬ 
ruzas  de  los  penitentes  de  los  siglos  medios  v  con¬ 
gregantes  actuales.  Los  indios  se  dejaban  bastante 
largo  el  cabello  y  se  lo  cuidaban  con  esmero.  En 
los  hombres  caía  en  trenzas  de  esterilla  sobre  la  es¬ 
palda  y  sobre  ella  llevaban  una  mitra  parecida  á  un 
turbante.  Los  jóvenes  en  tiempo  de  luto  tejían  su 
cabellera  en  forma  de  estera  oue  caía  hacia  atrás. 
Eu  tiempo  normal  la  dejaban  flotar,  rizada,  á  lo  lar¬ 
go  de  las  mejillas,  ó  la  reunían  en  nudo  sobre  la 
frente.  Entre  los  árabes  las  mujeres  tenían  hermo¬ 
sos  y  largos  cabellos  negros,  trenzados  ó  rizados, 
que  adornaban  con  granos  de  coral  y  cascabeles  y 
cubrían  con  pañolitos  de  lana,  negros  en  las  madres 
v  encarnados  en  las  jóvenes.  Los  beduinos  apre¬ 
ciaban  en  mucho  la  longitud  de  los  cabellos,  y  por 
la  manera  de  arreglárselos  se  distinguían  sus  tri¬ 
bus.  Unos  se  dejaban  una  corona  de  cabello  entre 
las  sienes  y  las  orejas,  que  tenían  costumbre  de 
ofrecer  al  dios  Orotal.  en  tanto  que  otros  se  los  de¬ 
jaban  colgar  esterados.  Los  hebreos ,  hombres  v  mu¬ 
jeres.  llevaban  el  cabello  largo  y  se  lo  trenzaban.  Ce¬ 
lebrada  ha  sido  la  cabellera  de  Absalón,  que  le  costó 
la  vida.  Las  mujeres  encerraban  sus  cabellos  en  file¬ 
tes  de  seda  y  oro  y  mezclaban  con  ellos  collares  de 


104 


CABELLERA 


perlas,  coral  é  imágenes  de  metal.  Los  nazaritas,  du¬ 
rante  todo  el  tiempo  del  nazareato,  no  podían  cortarse 
el  cabello.  Terminado  este  tiempo,  el  nazarita  afei¬ 
taba  su  cabeza  en  la  entrada  del  tabernáculo  y  echa¬ 
ba  el  pelo  en  el  fuego  del  sacrificio  de  las  víctimas 
pacíficas.  Uno  de  los  que  profesaron  entre  los  uaza- 
ritas  fué  Sansón,  que  debió  su  fuerza  á  su  cabellera, 
la  que  le  fue  cortada  por  Dalila,  quedando  así  iner¬ 
me.  Los  hebreos  marcaban  el  luto  rasurándose  la 
cabeza;  así  como  los  egipcios  lo  indicaban  dejándose 
crecer  el  cabello.  Untaban  con  aceite  sus  cabelleras 
y  las  perfumaban.  Los  pueblos  del  Asia  Menor,  en 
especial  la  gente  joven,  llevaban  la  cabellera  en  bu¬ 
cles  cavendo  sobre  los  hombros.  El  cabello  de  los 
orientales  era  negro  y  sus  cabelleras  fueron  famosas 
por  su  Hermosura. 

En  Grecia.  Los  pueblos  clásicos,  según  los  tes¬ 
timonios  de  Apulevo  y  Ovidio  (El  Arte  de  amar J, 
fueron  los  que  dieron  al  cuidado  de  la  cabellera  la 
más  grande  importancia.  Su  historia  en  Grecia  ofre¬ 
ce  dos  períodos:  el  anterior  á  las  Guerras  Médicas  y 
el  que  sigue  á  este  acontecimiento.  El  primero,  para 
el  estudio  minucioso  de  la  cabellera,  se  abre  con  la 
aparición  de  un  modelo,  consistente  en  una  cabeza 
en  marfil,  representativa  de  un  personaje  cubierto 
con  una  tiara,  al  estilo  de  las  de  Tróada,  Yalvsos  y 
Micenas,  y  encontrado  en  una  tumba  de  Spata.  En 
las  muestras  de  cabelleras  de  este  período,  nótanse 
las  trazas  del  Oriente,  La  cabellera  se  dividía  hacia 
los  lados  y  por  delante  en  una  infinidad  de  pequeños 
bucles  alargados  ó  trenzas  de  variedad  casi  tan  com¬ 
plicada  como  las  de  los  pueblos  del  Asia.  La  longi¬ 
tud  del  cabello  es  general,  pero  no  universal,  en  los 
monumentos  del  estilo  arcaico,  pues  se  encuentran 
algunos  vasos  en  que  se  ven  cabelleras  cortas¿  Como 
también  aparecen  algunos  monumentos  en  que  las 
cabelleras  penden  á  lo  largo  del  cuello  en  mechas 
alargadas.  Las  diferentes  modas  seguidas  en  la  dis¬ 
posición  de  las  cabelleras  son  comunes  á  los  dos  se¬ 
xos.  Los  cabellos  van  recogidos  hacia  atrás  en  una 
masa  espesa  que  acaba  en  un  nudo  en  su  extremi¬ 
dad,  como  se  ve  en  algunas  estatuas  de  atletas,  lla¬ 
madas  Apolos,  del  período  arcaico  (siglos  vm  al  y 
a.  de  J.  C.)  ó  reunidos  allí  por  una  cinta,  ó  bien 
bajan  por  detrás  sin  estar  amontonados,  y  están  su¬ 
jetos  por  cordones  cruzados.  A  veces,  en  los  hom¬ 
bres.  se  ve  rodear  á  la  cabeza  una  como  esterilla  de 
trenzado,  separando  la  parte  superior,  cuyos  cabellos 
se  mantienen  lisos,  de  los  bucles  que  en  abundancia 
caen  sobre  la  frente:  en  las  mujeres  hace  este  oficio 
una  cintita.  En  ciertos  casos  se  arrollaban  los  cabe¬ 
llos  alrededor  de  un  largo  alfiler.  Poco  antes  de  las 
Guerras  Médicas  las  mujeres  atenienses  (Tucídides 
dice  que  también  la  llevaban  los  viejos)  usaban  una 
especial  ornamentación  del  cabello  llamada  corimbo  o 
cróbilo ,  consistente  en  reunir  el  cabello  en  la  cima 
de  la  cabeza,  donde  lo  mantenían  con  una  cinta,  un 
filete  ó  una  pieza  de  tela,  adornándolo  con  un  alfiler 
de  oro  en  forma  de  cigarra.  Los  dioses  y  los  héroes 
homéricos  tienen  larga  cabellera:  la  de  Júpiter  es 
abundante  y  perfumada  con  ambrosía;  á  la  de  Apolo 
no  la  tocan  jamás  las  tijeras.  Las  diosas  presentan 
bellas  cabelleras  rizadas.  La  particularidad  del  arre¬ 
glo  de  la:  cabellera  de  los  dioses,  muestra  el  peculiar 
carácter  de  los  mismos.  En  las  ondulaciones  de  los 
espesos  bucles  que  le  circundan  el  rostro,  se  ve  en 
Júpiter  su  majestad  y  altivez;  el  desorden  y  la  agita¬ 
ción  del  cabello  coronado  de  ramas  de  pino,  mues¬ 


tran  bien  el  carácter  de  Neptuno;  Apolo  lleva  cabe¬ 
llos  rubios,  anudados  sobre  la  frente  y  flotando  por 
encima  de  la  nuca;  Juno  lleva  el  velo  de  las  esposas; 
los  de  Venus  están  en  nudo  sobre  la  cabeza  y  cogi¬ 
dos  por  una  sencilla  cinta,  etc. 

En  el  segundo  período  (siglo  v),  la  influencia  de 
los  pueblos  de  Oriente  dejó  de  sentirse  en  Grecia,  v 
se  introdujo  la  innovación  de  reservar  las  cabelleras 
largas  para  uso  exclusivo  de  las  mujeres.  Los  hom¬ 
bres  se  dejaban  el  cabello  de  longitud  mediana,  sin 
llegarles  al  cuello,  v  se  lo  rizaban.  Los  niños  lo  lle¬ 
vaban  largo,  cortándoselo  al  llegar  á  la  pubertad, 
constituyendo  el  acto  una  ceremonia  que  tenía  efecto 
en  el  tercer  día  de  la  fiesta  de  los  Apatnria.  La  cabe¬ 
llera  cortada  era  ofrecida  á  Artemisa  ó  á  Apolo  en 
Delfos  ó  en  Délos,  ó  se  hacía  con  ella  una  consagra¬ 
ción  á  un  río.  En  las  mujeres  se  efectuó  también  un 
cambio  consistente  en  disminuir  los  adornos.  En  mu¬ 
chos  casos,  como  las  jóvenes  de  la  Procesión  de  las 
Panateneas,  en  el  friso  del  Partenón,  se  dejaban  caer 
la  cabellera  libremente  sobre  los  hombros,  indicando 
ser  las  tales  cores,  ó  doncellas,  pues  las  mujeres  ca¬ 
sadas  llevaban  recogido  el  pelo.  En  ocasiones,  la 
terminación  del  cabello  era  encerrada  en  una  bolsa. 
Vense  ejemplos  de  cabellos  levantados  en  forma  de 
corona  alrededor  de  una  cinta  y  cogidos  por  una 
trenza.  En  otros  casos  son  rizos  flotantes  que  caen 
por  ambos  lados  de  la  cabeza,  cabellos  separados  en 
secciones  y  que  se  reúnen  en  moño  detrás  de  la  ca¬ 
beza,  etc.;  las  variedades  del  peinado  en  las  mujeres 
se  presentan  en  una  rica  profusión  de  ejemplos.  La 
célebre  cabellera  de  Berenice  (V.  Berenice)  presenta 
el  tipo  de  cabellos  rizados  alrededor  de  la  cara  y 
hasta  en  la  nuca,  separados  por  una  cinta  del  resto 
del  pelo  de  la  cabeza.  En  caso  de  haber  gran  abun¬ 
dancia  de  cabello,  se  le  fijaba  en  lo  alto  de  la  cabeza, 
en  doble  arco,  como  se  ve  en  la  Venus  de  Médicis, 
la  Diana  con  la  cierva  y  el  Apolo  de  Belvedere, 
pues  tal  costumbre  se  la  ve  ya  en  vigor  en  los  pri¬ 
mitivos  tiempos  de  nuestro  estudio.  Las  mujeres  se 
perfumaban  la  cabellera  con  aceites  preciosos.  De 
unos  anillos  que  les  caían  sobre  la  frente  suspen¬ 
dían  pequeñas  cigarras  de  oro.  Se  peinaban  y  riza¬ 
ban  el  cabello,  y  desde  el  siglo  v  a.  de  J.  C..  sabían 
teñírselo  de  negro  y  de  rubio.  Ni  desconocieron  el 
uso  de  cabelleras  postizas  (galerus).  El  duelo  se  ma¬ 
nifestaba  desde  los  tiempos  arcaicos  con  el  corte  del 
cabello,  que  podía  ser  de  una  sola  mecha.  Con  el 
sacrificio  de  la  cabellera  se  hacía  un  acto  expiato¬ 
rio  por  los  que  tenían  que  purificarse  de  un  asesi¬ 
nato.  Los  esclavos  griegos  llevaban  rigurosamente 
afeitada  la  cabeza.  En  todos  los  países  griegos,  la 
cabellera  ofrecía  con  poca  diferencia  las  mismas  va¬ 
riedades.  A  las  jóvenes  espartanas,  que  llevaban  los 
cabellos  largos  y  libres,  en  el  día  de  sus  nupcias  se 
les  rasuraba  por  completo  la  cabeza. 

En  Etruria,  en  los  tiempos  del  período  arcaico,  se 
diferencian  poco  las  cabelleras  de  los  hombres  y  las 
mujeres.  Después,  los  hombres  llevan  el  cabello 
corto  v  aplastado  contra  la  frente;  las  mujeres,  que 
se  arreglan  el  cabello  según  la  mayoría  de  las  mues¬ 
tras  de  la  Grecia,  no  se  lo  anudan  de  ordinario. 

En  Roma.  Los  primitivos  romanos,  sin  ninguna 
cultura,  llevaban  con  la  barba  inculta  el  cabello,  por 
lo  general,  largo  y  mal  peinado.  Desde  el  siglo  v 
antes  de  J.  C.,  en  que  fueron  á  Roma  los  primeros 
barberos  y  peluqueros,  los  hombres  llevaron  el  pelo 
corto.  Cuando  habían  escapado  de  un  gran  peligro. 


CABELLERA 


105 


se  afeitaban  enteramente  la  cabeza.  En  tiempo  de  la 
República,  el  cabello  era  corto  y  recto,  como  lo  deja 
-ver  el  busto  de  Bruto.  Durante  el  Imperio,  eran  ri¬ 
zados,  y  bajaban  sobre  la  frente  en  tiempo  de  Augus¬ 
to  y  de  Tiberio.  Durante  el  reinado  de  Nerón  se  pen¬ 
só  en  dirigirlos  hacia  atrás.  En  tiempo  de  Domiciano 
■eran  muv  rizados,  y  en  los  de  Filipo  y  Gordiano  vol¬ 
vieron  á  usarse  rectos.  Los  jóvenes  elegantes  usaron 
-en  su  cabellera  muchos  bucles,  dispuestos  en  varias 
líneas,  de  las  que  escapaban  rizos  perfumados.  En  un 
principio,  las  mujeres  romanas  llevaban  cabellera  que 
anudaban  por  detrás  de  la  cabeza,  y  para  fijar  los 
cabellos  se  servían  de  agujas  de  metal  ó  marfil,  lla¬ 
madas  comaíoriae,  y  para  separarlas  de  otras  que 
llamaban  discrimínales .  En  la  época  imperial  se  mul¬ 
tiplicaron  grandemente  las  variedades  en  la  disposi¬ 
ción  del  cabello,  en  número  difícil  de  contar,  dice 
Ovidio,  como  lo  es  contar  las  encinas  de  un  bosque 
ó  las  abejas  del  Hybla.  Las  modas  en  esta  materia 
se  implantan  y  son  adoptadas  por  cortesanas  y  damas 
con  singular  afición,  siendo  las  emperatrices  quienes 
las  dirigen.  Pueden  reducirse  á  tres  las  múltiples 
formas  de  llevar  el  cabello,  ó  sea:  cabellos  separa¬ 
dos  por  medio  de  una  raya  en  medio  de  la  frente, 
que  penden  libremente  y  se  unen  anudados  sobre  la 
nuca;  cabello  visible  ensortijado  y  el  resto  en  bucles 
alrededor  de  la  cabeza,  comprendiendo  la  frente  y 
las  mejillas;  cabello  trenzado,  forma  en  la  que  se  le 
enrollaba  en  torno  de  la  cabeza  formando  por  en¬ 
cima  de  la  frente  una  alta  diadema,  formándose  así 
la  acumulación  de  cabello  llamada  por  los  poetas 
erbis  coniarum.  Una  moda  que  tuvo  mucha  dura¬ 
ción  consistía  en  rizar  todo  el  cabello  delantero  hacia 
muy  abajo  sobre  la  frente  y  sobre  las  sienes;  des¬ 
pués  se  trenzaba  todo  el  cabello  en  esterillas  muy 
finas,  apretadas  y  reunidas  detrás  de  la  cabeza  en 
un  nudo  enrollado.  Llamábase  tutulus  á  la  manera 
particular  con  que  las  damas  romanas  reunían  el  ca¬ 
bello  en  la  cima  de  la  cabeza  en  forma  de  cono,  por 
encima  del  cual  se  ponían  con  frecuencia  el  velo;  an- 
nulus,  un  peinado  en  que  los  cabellos  se  arregla¬ 
ban  como  anillos  alrededor  de  la  parte  posterior  de 
la  cabeza  (ejemplo,  Plotina,  mujer  de  Trajano);  gra¬ 
das,  á  la  disposición  en  líneas  sobrepuestas  de  los 
bucles;  cincinnus,  al  bucle  colgante  en  tirabuzón,  á 
la  manera  de  una  barrena;  toras,  á  la  cabellera  en 
grandes  trenzas,  ó  mejor,  una  cuerda  de  cabellos. 
Los  romanos,  como  los  griegos,  usaban  pelucas  que 
agregaban  á  la  cabellera  natural  para  aumentar  la 
belleza  de  la  persona.  Este  uso  en  el  tiempo  del  Im¬ 
perio  se  hizo  universal,  llegando  las  mujeres  á  llevar 
en  la  cabeza  un  verdadero  monumento  de  trenzas  y 
esterillas.  Muchas  veces  las  damas  romanas  se  afei¬ 
taban  la  cabeza  para  mejor  acomodarse  la  peluca; 
las  coquetas  cambiaban  varias  veces  al  día  de  pelu¬ 
ca.  Gastábanlas  de  varios  colores:  las  cortesanas  las 
usaban  blancas,  azules  ó  amarillas.  Había  apasiona¬ 
miento  por  las  pelucas  rubias,  que  llevaban  á  veces 
sobre  pieles  de  cabrito  y  que  eran  empolvadas  en 
oro.  En  el  período  imperial  se  generalizaron  los  per¬ 
fumes,  como  el  empleo  de  cintillas  y  del  hierro  para 
el  rizado,  usado  también  en  Grecia  desde  antiguos 
tiempos.  La  excepcional  importancia  que  daban  al 
color  del  cabello  las  damas,  hacía  que  cuidasen  casi 
siempre  de  teñirlo. 

En  la  disciplina  de  la  Iglesia.  San  Pablo  reco¬ 
mienda  á  los  hombres  que  no  lleven  los  cabellos  lar¬ 
gos;  en  cambio  la  mujer  debe  dejárselos  crecer.  Pero 


dice  á  éstas  que  han  de  tener  sencillez  en  el  cuidado 
de  su  cabellera;  que  se  abstengan  de  llevar  esterillas 
v  otros  peinados  complicados.  San  Jerónimo  censuró 
el  desarreglo  de  las  que  dejaban  crecer  los  cabellos  y 
les  agregaban  adornos.  Tertuliano  reprobó  antes  los 
cuidados  excesivos  que  los  cristianos  empleaban  en  su 
cabellera.  San  Clemente  de  Alejandría  recrimina  du¬ 
ramente  la  práctica  de  las  cristianas  de  agregar  á  su 
cabellera  los  cabellos  que  han  sido  de  otros.  Los 
cristianos  que  cedían  en  muchas  ocasiones  á  la  co¬ 
rriente  general  llevaban  pelucas.  He  aquí  el  estado 
del  cuidado  del  cabello  en  tiempo  de  san  Clemente 
de  Alejandría,  según  las  palabras  que  de  este  santo 
padre  que  se  transcriben:  «En  cuanto  á  las  mujeres, 
debe  bastarles  hacer  sus  cabellos  más  dóciles  y  man¬ 
tenerlos  en  los  modestos  nudos  de  una  cinta  senci¬ 
lla:  cuanto  más  sencillamente  va  arreglada  su  cabe¬ 
llera,  tanto  más  es  verdadera  y  digna  del  pudor  de 
su  sexo  resalta  su  belleza.  Todos  esos  pliegues,  esas 
trenzas,  esos  bucles  que  entrelazan  unas  con  otras, 
las  hacen  parecer  cortesanas  y  las  afean  en  vez  de 
embellecerlas,  haciéndolas  arrancar  violentamente 
aquellos  cabellos  que  no  obedecen  á  sus  caprichos... 
Todas  esas  cintillas,  todas  esas  redecillas  de  formas 
y  colores  diferentes  con  que  sujetan  y  envuelven  su 
cabellera;  todas  esas  trenzas  innumerables  que  en¬ 
lazan  unas  con  otras  con  mil  cuidados  atentos  y  re¬ 
buscados:  todos  esos  espejos  de  forma  y  materia 
magníficas,  con  cuya  ayuda  componen  ellas  su  ros¬ 
tro  y  su  continente,  á  fin  de  mejor  seducir  á  aquellos 
que,  como  niños  privados  de  razón,  se  dejan  prender 
en  estos  engañadores  encantos;  todos  estos  cuidados, 
todos  estos  esmeros  proclaman  su  oprobio  y  su  co¬ 
rrupción.»  Las  pinturas  de  las  catacumbas  acreditan 
que  las  mujeres  cristianas  se  contentaban  con  divi¬ 
dir  la  cabellera  en  dos  secciones.  Las  exhortaciones 
de  san  Pablo  se  han  seguido  siempre  en  la  Iglesia 
latina.  En  la  griega  los  sacerdotes  dejan  crecer  sus 
cabellos  como  su  barba.  En  las  catacumbas  se  ve  á 
Cristo  con  sus  largos  cabellos  separados  por  una  raya 
en  medio  de  la  cabeza.  La  iconografía  bizantina  se 
aproxima  mucho  á  la  de  las  catacumbas.  En  los  mo¬ 
saicos  y  marfiles  de  la  época  bizantina  los  hombres 
llevan  el  cabello  de  una  longitud  media,  cortado  en 
ángulo  recto  sobre  la  frente,  y  las  mujeres  con  pei¬ 
nados  redondos  que  encuadran  el  rostro.  Desde  los 
primeros  siglos  la  Iglesia  impuso  á  los  eclesiásticos 
la  obligación  de  llevar  la  tonsura  (V.  esta  palabra), 
la  que  desde  el  tiempo  de  los  paganos  consistía  en 
una  cabellera  que  se  dejaba  lo  más  corta  posible. 
Después,  cuando  el  culto  cristiano  se  hizo  público, 
se  les  obligó  á  afeitarse  la  cabeza  dejándose  á  lo  más 
una  corona  de  pelo,  llamada  después  la  corona  cleri¬ 
cal  ó  monástica.  Algunas  órdenes  religiosas  tienen 
la  cabeza  enteramente  rasurada.  Los  franciscanos  se 
arreglan  el  cabello  en  el  llamado  cerquillo.  Después 
de  algunos  siglos  se  introdujo  la  práctica  de  la  rasu¬ 
ra  desde  los  monasterios  de  hombres  en  los  de  mon¬ 
jas,  donde  se  corta  el  cabello  á  los  que  visten  el  hábi¬ 
to.  En  la  actualidad  la  tonsura  clerical  es  una  cere¬ 
monia  que  efectúa  el  obispo  haciendo  cinco  cortes 
de  cabello  del  tonsurando  para  luego  abrírsele  con 
la  navaja  de  afeitar  la  coronilla  que  va  ampliándose 
en  cada  una  de  las  órdenes  sagradas. 

En  la  Edad  Media,  los  galos  se  dejaban  crecer 
libremente  los  cabellos  que  llevaban  flotando  como 
largas  crines  y  cuidaban  de  teñírselos  de  rubio.  Los 
germanos  tenían  como  una  ignominia  la  cabellera 


106 


:abellera 


corta  y  trataban  como  los  anteriores  de  darles  un 
tinte  dorado.  Los  suevos  esteraban  la  cabellera  y  la 
cogían  en  un  gran  nudo  en  la  parte  alta  de  la  cabeza. 

Después  de  la  decadencia  de  los  merovingios,  la 
cabellera  larga,  patrimonio  de  los  pueblos  tranco- 
germánicos,  perdió  su  prestigio  y  cada  uno  se  la 
arregló  á  su  gusto,  dejándose  para  los  jóvenes  el  uso 
de  los  cabellos  largos.  Hacia  el  siglo  ix  se  usó  el 
corte  del  pelo  en  redondo,  dejándolo  caer  hasta  la 
mitad  del  cuello.  Los  mahometanos  se  hacen  rasurar 
la  cabeza  que  cubren  con  un  casquete  y  luego  con  un 
turbante.  Sin  embargo.  Mahoma  llevaba  el  cabello 
suelto,  aunque  corto.  Ciertas  órdenes  de  derviches 
conservan  su  cabellera,  mas  no  la  dejan  flotar  sobre 
sus  hombros:  la  dividen  de  ordinario  en  dos  copos 
que  abultan  por  detrás  bajo  el  turbante.  Los  musul¬ 
manes,  bramanes  y  budistas  llevan  el  cabello  corta¬ 
do  y  con  una  sola  mecha  en  la  coronilla.  V.  Peluca 
y  Peinado. 

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Cabellera  de  Berenice  (Coma  Berenices). 
Astron.  Constelación  del  cielo  boreal  introducida 
por  Hiparco;  Tolomeo  designa  con  el  nombre  de 
plokamos  á  tres  estrellas  de  la  misma,  y  Sufi  la  de¬ 
nominaba  aldhajira,  que  significa  la  trenza.  Figuró 
durante  mucho  tiempo  como  apéndice  del  León, 
hasta  que  Tyelio-Brahe  le  asignó  un  asterisco  inde- 

180° 


pendiente.  En  el  atlas  de  Baver  en  vez  de  la  cabe¬ 
llera  se  halla  dibujado  un  haz  de  espigas  junto  á  las 
cuales  hállase  el  Boyero  empuñando  una  hoz.  Sobre 
el  origen  del  nombre  de  cabellera  de  Berenice,  Y.  lo 
dicho  en  Berenice  III,  reina  de  Egipto. 

Limita  la  constelación  en  que  nos  ocupamos  con 
los  Perros  de  Caza  al  norte,  con  el  Boyero  al  E.,  al 
S.  con  la  Virgen  y  al  O.  con  el  León.  El  límite 
es  el  que  á  continuación  se  indica:  desde  el  punto 
12h  0m  15°,  sigue  el  círculo  horario  hasta  alcanzar 
los  31°  de  declinación,  sigue  luego  el  paralelo  hasta 
13h  40m  de  allí  en  línea  oblicua  va  hasta  el  punto 
I3h  26m  23°,  sigue  luego  el  círculo  horario  hasta 
15°  y  el  paralelo  hasta  volver  á  12h  0m.  Esta  cons¬ 
telación  es  muy  rica  en  estrellas  v  pequeñas  nebu¬ 
losas.  Entre  las  estrellas  dobles,  mencionaremos  de 
un  modo  especial  las  siguientes: 


La  estrella  68  Comae,  que  en  el  catálogo  de  Stru- 
ve  figura  con  el  número  1.639,  cuyas  coordenadas 
en  1880  son: 

A  R  =  12>*  18'" 25%  D  =  26°  15' 

es  doble  binaria  de  período  lento.  El  ángulo  de  po¬ 
sición  descrita  por  la  estrella  secundaria  ha  sido  de 
300°  de  1828  á 1905,  pero  el  período  no  es  conocidó 
aún  (fig.  1) . 

La  estrella  11  Comae,  cuyas  coordenadas  en  1880 
son: 

A  121'  14'»  39%  Z>  =  18°  27' 

con  un  ángulo  de  posición  43°5  distancia  9,08  en 
la  época  1883.66  lleva  el  número  52  en  el  catálogo 
de  Hough.  La  estrella  principal  tiene  un  movimien¬ 
to  propio  de  0"  16b  en  302°8,  movimiento  del  que' 
participa  la  secundaria.  La  primera  es  de  5.a,  la  se¬ 
gunda  de  13.a  magnitud. 

La  estrella  55  Comae,  es  extraordinariamente 
blanca  y  constituye  también  un  sistema  doble  con 
estrellas  de  7.a  magnitud.  Figura  en  el  catálogo  de 
Struve  con  el  nú¬ 
mero  1  ,633.  El 
ángulo  de  posición 
vate  245°  1  y  la 
distancia  8//74  en 
1831.40.  Su  A  R 
=  121'  14'"  39*.  v 
D  =  27°  44'. 

La  12  Comae 
que  en  el  catálo¬ 
go  de  Herschel  y 
South  lleva  el  nú¬ 
mero  143  tiene  una 
componente  blanca 
y  otra  roja,  la  pri¬ 
mera  de  5.a  y  la 
otra  de  8.a  magni¬ 
tud.  La  estrella  principal  tiene  según  Auwers  un 
movimiento  propio  de  0"  024  en  284°7;  Burnhain 
descubrió  otra  estrella  de  12'5  de  magnitud  cerca 
de  la  principal.  Sus  coordenadas  en  12,J  16m  28s  en 
A  lt  y  26°  31m  en  declinación  (1880). 

La  estrella  designada  por  Struve  con  el  número 
1,643  es  doble:  sus  componentes  son  de  8,4  y  8,7 
magnitud,  el  movi¬ 
miento  relativo  de 
la  secundaria  es 
lento  y  retrógrado 
(fig.  2).  Sus  coor- 
denenadas  A  R  = 

12h  21"'  1 3S,  D  = 

27°  42'. 

La  estrella  1  7 
Comae  es  triple. 

Sus  coordenadas 
en  =  13»  22'" 

55 s.  D  =  26°  35 
(1880). 

La  estrella  24 
tiene  una  compo¬ 
nente  amarilla  y 
otra  muy  azul,  la 
primera  es  de  4,7 
vía  segunda  de  6,2  magnitud.  El  ángulo  de  posi¬ 
ción  es  de  271°9,  la  distancia  20//42  en  1830,03 
A  R  =  121'  29'"  6S,  D  =19°  2'  (1880). 


Fig.  3 

E  1678 


CABELLERA 


107 


Nebulosas  y  congloyierados  más  notables  en  la  constelación  de  la  Cabellera  de  Berenice 


Número 
del  catálogo 
«le  Dreyer 

Ascensión 

recta 

Declinación 

Descripción 

759' 

121 

0- 

1  0 

20°  49’ 

Nebulosa  bastante  brillante  v  extensa. 

4090 

12 

0 

5 

20  51 

Nebulosa  muy  fina  y  reducida  en  la  proximidad  de  una  es¬ 
trella  de  15.a  magnitud. 

4092 

12 

0 

7 

21  2 

Nebulosa  sutil,  bastante  pequeña,  redonda,  cercana  á  una 
estrella  de  11.a  mag-nitud. 

4104 

12 

1 

5 

28  44 

Nebulosa  brillante  aunque  poco  extensa.  En  el  centro  pre¬ 
senta  un  incremento  de  brillo. 

762' 

12 

3 

1 

26  19 

Nebulosa  brillante,  pequeña,  redonda,  con  un  núcleo  de 
12.a  magnitud. 

4126 

12 

3 

5 

16  42 

Nebulosa  muy  pequeña,  redonda,  tenue,  algo  más  brillante 
en  la  parte  central,  entre  dos  estrellas  muv  pequeñas. 

4147 

12 

5 

0 

19  6 

Conglomerado  brillante,  perfectamente  bien  resuelto,  bastan¬ 
te  extenso,  regular,  con  un  ligero  aumento  gradual  de  bri¬ 
llo  en  la  parte  central. 

4152 

12 

5 

5 

16.  35 

Nebulosa  brillante,  extensa,  redonda,  resoluble,  con  un  in¬ 
cremento  gradual  de  brillo  en  la  región  central. 

4192 

12 

8 

7 

15  27 

Nebulosa  brillante  y  extensa,  con  un  incremento  súbito  de 
brillo  en  la  región  central. 

4196 

12 

9 

5 

28  5S 

Nebulosa  brillante,  con  la  misma  particularidad  que  la  an¬ 
terior. 

4237 

12 

12 

1 

15  53 

Nebulosa  brillante,  extensa,  resoluble. 

42 15 

12 

12 

6 

30  10 

Nebulosa  muv  brillante,  resoluble. 

4251 

12 

13 

8 

14  59 

Notabilísima  nebulosa  en  espiral,  con  tres  ramas,  brillante, 
redonda,  con  un  incremento  gradual  de  brillo  en  la  parte 
central. 

4274 

12 

14 

8 

30  10 

Nebulosa  muv  brillante,  con  núcleo. 

780' 

12 

14 

9 

26  19 

Nebulosa  brillante,  con  un  núcleo  de  12‘5  magnitud. 

4314 

12 

17 

5 

30  27 

Nebulosa  muy  brillante  y  extensa,  en  la  proximidad  de  una 
estrella. 

4321 

12 

17 

9 

16  23 

Notabilísima  nebulosa  espiral,  con  dos  ramas,  tenue,  exten¬ 
sa,  resoluble,  provista  de  núcleos. 

4340 

12 

18 

5 

17  17 

Nebulosa  brillante,  pequeña,  redonda. 

4350 

12 

18 

9 

17  15 

Nebulosa  muy  brillante  y  pequeña. 

4382 

12 

20 

4 

18  45  ; 

791' 

12 

22 

0 

23  11  j 

Nebulosa  muy  brillante,  cerca  de  una  estrella. 

4426 

12 

22 

2 

28  23 

Conglomerado  tenue. 

4494 

12 

26 

4 

17  20 

Nebulosa  con  núcleo,  muy  brillante. 

4523 

12 

28 

6 

15  43 

Conglomerado  de  estrellas  y  nebulosas;  en  la  proximidad  se 
halla  una  estrella  doble. 

4555 

12 

30 

7 

27  4 

Nebulosa  brillante,  irregular,  algo  más  brillante  en  la  parte 
central,  cerca  de  una  estrella  de  12.a  magnitud. 

4559 

12 

31 

0 

28  31 

Nebulosa  bastante  brillante,  especialmente  en  la  parte  cen¬ 
tral,  cerca  de  un  conjunto  de  tres  estrellas. 

4565 

12 

31 

4 

26  32 

Nebulosa  brillante  y  muy  extensa,  con  núcleo  de  10.a  mag¬ 
nitud. 

4651 

12 

38 

1 

16  56 

Nebulosa  brillante,  resoluble. 

4702 

12 

44 

0 

27  46 

Conglomerado  muy  apretado. 

4710 

12 

44 

7 

15  42 

4725 

12 

45 

6 

26  3  : 

Nebulosa  muy  brillante. 

4793 

12 

49 

8 

29  29 

Nebulosa  muy  brillante,  cerca  de  una  estrella  de  8.a  magnitud 

4826 

12 

51 

8 

22  13 

Notable  nebulosa  muy  brillante,  con  núcleo  brillante. 

4922 

12 

56 

6 

29  51 

Nebulosa  brillante,  en  la  proximidad  de  estrellas  de  11.a  v 
12.a  magnitud. 

5024 

13 

8 

0 

18  42 

Conglomerado  globular  de  estrellas  apretado,  irregular,  bri¬ 
llante,  sobre  todo  en  el  centro. 

5053 

13 

11 

5 

18  12 

Conglomerado  muy  tenue  de  estrellas  de  15.a  magnitud. 

Estrellas  variables 


Designación 
de  la  estrella 

Periodos  (rf,  días;  E,  número  entero) 

Ascensión  recta 

|  Declinación 

íviagi 

Máxima 

|  Minima 

R  Comae 

llh  59m  7® 

19°  20'  3 

7‘4  —  8  . 

<  13*5 

10  Diciembre  1856  *-}—  *3(5 1  'y,  8  E. 

108 


CAI3ELLIAU  —  CABELLO 


El  sistema  binario  cuyas  coordenadas  son  A  R— 
12°  39,n  26s,s'/2  =  15°  2  tiene  la  particularidad  de 
que  el  movimiento  relativo  es  rectilíneo  (fi g.  3). 

En  el  catálogo  de 
Struve  lleva  el  nú¬ 
mero  1,678.  Es  un 
sistema  análogo  á 
la  61  del  Cisne.  Se¬ 
gún  Rechenberg  el 
movimiento  propio 
de  la  estrella  prin¬ 
cipal  es  de  0"077 
en  295°  4,  y  el  de 
la  secundaria  B  = 

0.686  en  92°3. 

Notable  es  tam¬ 
bién  el  sistema  30 
Comae,  una  de  cu¬ 
yas  componentes 
es  de  6.a  y  la  otra 
de  18.a  magnitud;  el  ángulo  de  posición  es  de  3o  á 
una  distancia  de  35  á  40"  en  1820  A  #=12“  45"' 
52s,  #=10°  17’  (1880).  Esta  estrella  fué  descu¬ 
bierta  por  Herschel,  en  cuyo  catálogo  lleva  el  núme¬ 
ro  6,287.  La  posición  asignada  por  Herschel  no  es 
correcta.  La  estre¬ 
lla  principal  tie¬ 
ne  un  movimiento 
propio  de  0"115 
en  287°  7. 

Doble  es  tam¬ 
bién  el  sistema  de 
la  32  y  33.  amari¬ 
lla  una  y  blanca  la 
otray  de  5,3  y  6,1 
magnitud  respec¬ 
tivamente.  Sus 
coordenadas  son 
12“  46m  14 s  A  R 
v  17°  43'  #.  en 
1880. 

El  sistema  bina¬ 
rio  de  la  35  Comae 
se  halla  represen¬ 
tado  en  la  figu¬ 
ra  4.  El  movimien¬ 
to  relativo  es  ex¬ 
traordinariamente 
lento.  A  R  =  12“ 
47m  23s,  #  =  21° 
54'.  En  realidad 
el  sistema  es  triple.  La  figura  representa  las  com¬ 
ponentes  A  y  C.  Las  magnitudes  en  5.  7,8  y  9  res¬ 
pectivamente.  La  distancia  entre  A  y  C  es  mucho 
mayor  que  la  que  hay  entre  A  y  B,  hallándose  en  la 

relación  de  7.——  en  1830. 

1,43 

Notable  es  el  sistema  de  la  42  de  la  Cabellera  se¬ 
ñalado  por  Struve  con  el  número  1,728.  El  período 
de  esta  binaria  es  el  menor  de  los  períodos  de  las  es¬ 
trellas  que  figuran  en  el  catálogo  de  Struve.  Ofrece 
la  particularidad  de  que  el  plano  de  la  órbita  casi 
pasa  por  la  cierra  de  modo  que  la  trayectoria  se  pre¬ 
senta  muy'- alargada  en  un  ángulo  de  posición  de 
190°.  Hay  una  ocultación  cada  trece  años  aproxima¬ 
damente.  O.  Struve  calculó  la  órbita  así  como  See 
en  su  Evolution  of  Stellar  Systems.  El  movimiento 
propio  del  sistema  es  según  Portes,  de  0,468  en 


180° 


Escala 
Fig.  5 
0.£.  266 


288,7.  Las  coordenadas  son  A  #=13“  4m  10%  #= 
18°10'  (1880).  Las  dos  componentes,  amarillas  son 
de  6.a  magnitud. 

La  estrella  201  es  también  doble, 
lia  estrella  designada  por  O.  Struve  con  el  núme¬ 
ro  266,  A  #  =  13“  22m  35s,  #=16°  20'  es  doble. 
La  figura  5  indica  sus  posiciones  relativas. 


Estrellas  de  color 


Magni¬ 

tud 

Color 

Ascensión 

recta 

Declinación 

12“  8m  1» 

28°  49'  9 

4-7 

Amarillo. 

12  31  59 

17  38  7 

5-8 

» 

12  41  39 

17  7  7 

52 

» 

12  47  13 

17  37  3 

6‘3 

» 

12  54  0 

17  56  8 

4-8 

Rojo  amarillento. 

13  1  25 

23  9  9 

5*8 

Anaranjado. 

13  3  8 

28  4  8 

6*8 

Rojo. 

CABELLIAU  (Jorge).  Biog.  Monje  benedic¬ 
tino  del  monasterio  de  San  Pedro  de  Oldenburgo, 
que  floreció  por  los  años  de  1569.  Se  le  debe  la 
Historia  de  la  ciudad  de  Oldenburgo  y  del  monaste¬ 
rio  de  San  Pedro,  destruido  éste  por  los  holan¬ 
deses. 

CABELLICI.  Geog.  ant.  Ciudad  de  la  Galia, 
en  la  prov.  Yiennensis.  Actualmente  Cavaillón. 

cabello.  F.  Cheveu. — It.  Capello.  —  In.  Hair. 
— A.  Haar. — P.  Cabello. — C.  Cabéll. — E.  Haro.  (Etim. 
—  Del  lat.  capillus.)  m.  Cada  uno  de  los  pelos  que 
nacen  en  la  cabeza.  |¡  Conjunto  de  todos  ellos,  (j 
pl.  Nervios  que  tienen  los  carneros  en  las  agujas. 
[I  Barbas  de  las  mazorcas  de  maíz  ||  Hacen  notar 
los  filólogos  que  este  substantivo  en  francés  suele 
usarse  en  plural,  mientras  los  buenos  hablistas  cas¬ 
tellanos  lo  acostumbran  usar  en  singular.  Observan 
además  qne,  después  de  los  sentidos  antes  indicados, 
tiene  también  el  metafórico  yle  cosa  de  poca  entidad, 
razón  ligera,  ocasión  leve,  ó  fundamento  sin  subs¬ 
tancia. 

Deriv.  Cabelluelo. 

Cabello  merino.  El  crespo  y  muy  espeso. 

Asirse  de  un  cabello,  fr.  fig.  y  fam.  Aprove¬ 
charse  de  la  menor  circunstancia  para  conseguir 
alguna  cosa.  ||  Cabellos  y  cantar,  no  cumplen 
ajuar,  ó  no  es  buen  ajuar,  ref.  La  mujer  muy 
amiga  de  componerse  y  divertirse,  raras  veces  es 
buena  para  los  quehaceres  domésticos.  [|  Cada  ca¬ 
bello  hace  su  sombra  en  el  suelo,  ref.  Aconseja 
no  despreciar  ninguna  cosa  por  insignificante  que 
parezca.  ||  Cortar  ijn  cabello  en  el  aire.  fr.  fig. 
Tener  gran  perspicacia  ó  viveza  en  comprender  las 
cosas,  por  difíciles  que  sean.  ||  En  cabello,  m.  adv. 
Con  el  cabello  suelto.  ||  En  cabellos,  m.  adv.  Con 
la  cabeza  descubierta  y  sin  adornos.  ||  Estar  de 
cabellos  en  alguna  parte,  fr.  Estar  detenido  por 
fuerza  ó  violentamente.  ||  Estar  pendiente  de  un 
cabello,  fr.  fig.  y  fam.  Estar  en  riesgo  inminente 
alguna  cosa.  ||  Estar  uno  colgado  de  los  cabe¬ 
llos.  fr.  fig.  y  fam.  Estar  con  sobresalto,  duda  ó 
temores,  esperando  el  fin  de  algún  suceso.  |]  Hacer 
ó  hacerse  el  cabello,  fr.  ant.  Recortarlo  ó  pei¬ 
narlo.  ||  Hender  un  cabello  en  el  aire.  loe.  fig. 
Cortar  un  cabello  en  el  aire.  ||  Llevar  á  uno 
en  un  cabello,  fr.  fig'.  v  fam.  Indica  la  facilidad 
que  hay  de  inclinar  á  lo  que  se  quiere  al  que  es 


CABELLO 


109 


muy  dócil.  |¡  Llevar  á  uno  de,  ó  por,  los  cabe¬ 
llos.  fr.  Llevarle  contra  su  voluntad  ó  con  violen¬ 
cia.  ||  No  faltar  un  cabello,  fr.  fig.  y  fam.  No 
faltar  la  parte  más  pequeña  de  una  cosa.  ||  No  mon¬ 
tar  un  cabello  una  cosa.  fr.  fi g.  v  fam.  Ser  de 
muy  poca  importancia.  ||  No  tocar  á  uno  ni  en  un 
solo  cabello,  fr.  No  ofenderle  ni  en  lo  más  míni¬ 
mo.  ||  Partir  un  cabello  en  el  aire.  fr.  fig-.  Cor¬ 
tar  un  cabello  en  el  aire.  ||  Podérsele  ahogar 
Á  uno  con  un  cabello,  fr.  fig-.  y  fam.  Estar  muv 
acongojado  y  falto  de  espíritu.  ||  Ponérselos  cabe¬ 
llos  de  punta  ó  tan  altos,  fr.  Erizársele  á  uno 
por  algún  susto,  espanto  ó  temor.  (Esta  locución  no 
es  castizamente  castellana.)  ||  Tirar  á  uno  de  ó  por 
los  cabellos,  fr.  Llevar  á  uno  de  ó  por  cabe¬ 
llos.  ||  Tocar  á  uno  en  un  cabello  ó  en  la  punta 
de  un  cabello,  fr.  fig.  Ofender  á  alguno  en  cosa 
muy  leve.  ||  Traer  una  cosa  por  los  cabellos. 
fr.  fig.  Aplicar  con  violencia  alguna  autoridad,  sen¬ 
tencia  ó  suceso  á  otra  materia  con  la  cual  no  tiene 
relación  ni  conexión.  ||  Un  cabello  hace  su  sombra 
en  el  suelo,  ref.  Cada  cabello  hace  su  sombra  en 
el  suelo.  ||  Hablar  de  los  cabellos.  Pretender 
fama,  buscar  estimación,  anhelar  nombre  ruidoso  ó 
solicitar  honra  vana. 

Cabello.  Anat.  Pelo  que  se  desarrolla  sobre  el 
tegumento  craneal,  que  por  esta  razón  ha  recibido  el 
nombre  de  cuero  cabelludo.  Recubren  la  casi  tota¬ 
lidad  de  la  superficie  craneal,  estando  marcado  su 
límite  por  una  línea  sinuosa  y  festoneada  que  par¬ 
tiendo  de  la  región  suboccipital  asciende  simétri¬ 
camente  por  cada  lado  de  la  cabeza  encima  de  las 
regiones  mastoideas  y  auriculares  para  reunirse  en 
la  parte  superior  y  media  de  la  cara  que  abarca  en 
una  doble  curva  de  concavidad  dirigida  abajo.  La 
distribución  del  cabello  tiene  lugar  mediante  los 
llamados  torbellinos  ó  conjuntos  de  curvas  cuya 
reunión  da  origen  á  disposiciones  aun  más  comple¬ 
jas  llamadas  cruces.  Esta  regla,  sin  embargo,  no  es 
igual  para  todos  los  pueblos.  (V.  Cabello.  Antrop.) 
La  abundancia  de  cabello  ofrece  grandes  diferen¬ 
cias  individuales.  Cuanto  más  fino,  mayor  es  su  nú¬ 
mero  en  un  espacio  determinado.  Ninguna  región 
puede  compararse  tampoco  al  cuero  cabelludo  por 
la  riqueza  en  el  sistema  piloso.  Es  más  espesa  la 
cabellera  en  la  mujer  que  en  el  hombre.  Sus  cabe¬ 
llos  son  sedosos,  fluxuosos  y  tenues  cuando  su  diᬠ
metro  es  pequeño,  ofreciéndose  recios  y  rectilíneos 
en  caso  contrario.  La  longitud  de  los  cabellos  aban¬ 
donados  á  su  crecimiento  natural  es  diferente  según 
los  individuos,  y  mayor  en  la  mujer  que  en  el  hom¬ 
bre.  El  color  presenta  muchas  variedades  que  pen¬ 
den  átres  tipos  principales:  el  negro,  el  rubio  v  el 
rojo.  Son  flexibles  y  elásticos,  lo  que  permite  cam¬ 
biar  artificialmente  su  disposición  y  aspecto.  Su 
elasticidad  es  notable  en  el  sentido  d*e  su  longitud 
pudiendo  alargarse  casi  una  tercera  parte  sin  rom¬ 
perse.  Su  fuerza  de  resistencia  es  considerable.  Son 
higrométricos  é  idioeléctricos.  Para  su  estructura, 
V.  Pelo. 

Cabello.  Antrop.  Las  particularidades  del  cabello 
han  servido  alguna  vez  para  caracterizar  los  diferen¬ 
tes  grupos  del  género  humano.  Borv  de  St.  Yincént 
en  1825  admitió  dos  grandes  grupos:  lisotricos  ó  de 
cabellos  lisos,  y  ulótricos  ó  de  cabellos  encrespados. 
Isidoro  Geoffrov  St.  Hilaire  tomó  por  base  la  inser¬ 
ción  de  los  cabellos,  atribuyendo  únicamente  á  la  raza 
hotentote  la  inserción  circular,  mientras  que  en  los 


demás  sería  angulosa.  Entre  estas  últimas  unas 
tendrían  el  cabello  liso  y  otras  encrespado,  lo  que 
introduciría  una  nueva  subdivisión,  figurando  en  el 
primer  subgrupo  las  razas  caucásica,  americana, 
hiperbórea,  malaya  y  mogólica,  y  en  la  segunda  los 
cafres,  etiopes  y  melanesios.  Broca,  Pruner  Bey  v 
Háckel  aumentaron  la  importancia  de  los  caracteres 
taxonómicos  derivados  de  la  cabellera.  Se  admite  en 
antropología  el  cabello  liso,  el  ondulado  que  descri¬ 
be  largas  curvas  onduladas,  el  de  tirabuzones  en  que 
á  partir  de  cierta  longitud  se  encorvan  formando 
anillos  en  general  incompletos  y  bastante  anchos,  el 
rizado  cuando  forma  en  toda  su  longitud  anillos  me¬ 
nores  que  los  precedentes,  el  lanoso  que  no  sólo 
describe  anillos  más  pequeños  aun  sino  que  se  arro¬ 
llan  V  ensortijan  con  sus  vecinos,  de  modo  que  cons¬ 
tituyen  pequeños  mechones  encrespados  que  recuer¬ 
dan  la  lana.  La  forma  extrema  de  las  cabelleras 
lanosas  se  llama  de  granos  de  pimienta.  Cuando  tie¬ 
nen  una  longitud  mayor,  los  granos  de  pimienta  se 
alargan,  formando  franjas  en  espiral.  Se  llaman,  por 
fin,  cabelleras  de  estropajo  las  de  cabellos  gruesos, 
duros,  recios  y  largos  que  describen  curvas  rápidas 
y  muy  pequeñas,  mezclándose  con  sus  vecinos  y 
constituyendo  en  conjunto  una  enorme  masa  globu¬ 
losa  que  puede  tener  más  de  30  cm.  de  diámetro. 
Según  Haeckel,  el  cabello  otrece  como  carácter  mor¬ 
fológico  un  signo  de  raza  rigurosamente  transmisible 
por  herencia.  Admite  dos  grupos  fundamentales  en 
el  género  humano:  ulótricos  y  lisotricos.  Los  prime¬ 
ros,  de  cabellos  lanosos,  se  subdividen  en  dos  sub¬ 
grupos:  el  de  cabellera  en  mechones  ó  lofocomos  y  el 
de  franjas  en  espiral  ó  eriocomos ,  incluyéndose  entre 
los  primeros  los  papuas  y  hotentotes,  y  entre  los  úl¬ 
timos  los  cafres  y  los  negros.  Entre  los  lisotricos 
figuran  ocho  razas,  divididas  en  dos  grupos:  el  de 
cabellos  rectos  ó  euticomos  y  el  de  cabellos  ondulados 
ó  euplocomos.  El  primer  subgrupo  incluye  los  aus¬ 
tralianos,  los  malayos,  los  mogoles,  las  razas  árticas 
y  americanas.  Al  segundo  pertenecen  los  dravidios. 
nubios  y  mediterráneos.  Pruner  Bev  relacionó  las 
diferencias  en  la  disposición  general  del  cabello  con 
diferencias  precisas  y  constantes  en  la  forma  del  mis¬ 
mo.  La  figura  de  sección  es  circular  en  los  cabellos 
lisos,  ovalada  y  comprimida  en  los  de  tirabuzones  y 
rizados,  elíptica  y  fuertemente  aplanada  en  los  en¬ 
crespados.  Cuanto  más  aplanado  es  el  cabello  tanto 
mayor  sería  su  tendencia  á  arrollarse.  El  cruzamien¬ 
to  de  razas  se  traduce  en  el  cabello  por  la  fusión  y 
yuxtaposición  de  caracteres  inherentes  al  de  los  pa¬ 
dres.  Se  han  notado,  además,  las  correlaciones  orgᬠ
nicas  con  los  ojos  ó  el  cutis,  los  dientes,  el  peinado 
natural  ó  artificial,  pero  sobre  todo  el  color  es  el  que 
ha  servido  para  describir  las  razas  contemporáneas. 
Broca,  en  1864.  formó  una  escala  cromática  de  la 
coloración  de  los  cabellos  con  más  de  60  matices, 
que  constituye  un  círculo  completo,  pasando  del  ne¬ 
gro  al  blanco  por  el  castaño  y  el  gris  y  volviendo  del 
blanco  al  negro  por  el  castaño  y  el  rojo.  En  general, 
el  cabello  del  hombre  es  castaño  ó  negro.  El  color 
claro  es  propio  exclusivamente  de  ciertas  poblaciones 
europeas,  como  los  escandinavos,  los  pelasgos  v  al¬ 
gunas  tribus  germánicas.  También  se  han  encontra¬ 
do,  en  mayor  ó  menor  proporción,  en  el  ramo  finés 
de  los  turanios,  los  armenios,  los  semitas  de  Siria  v 
los  berberiscos  del  Atlas.  Muchos  observadores  afir¬ 
man  que  el  predominio  de  los  cabellos  negros  va 
creciendo  de  día  en  día  y  que  llegará  uno  en  que 


110 


CABELLO 


la  cabellera  rubia  no  será  más  que  una  reminiscencia 
atávica.  La  cabellera  humana,  en  resumen,  ofrece 
una  importancia  que  no  ha  disminuido  en  la  clasi¬ 
ficación  anatómica  de  las  razas  humanas  aun  después 
de  la  determinación  de  caracteres  de  orden  más  ele¬ 
vado.  Pero  la  determinación  de  grupos  humanos,  no 
atendiendo  más  que  á  la  cabellera,  no  es  de  un  mé¬ 
todo  natural  ni  científico.  Por  otra  parte  y  á  excep¬ 
ción  de  algunos  tipos  muy  especiales  pueden  encon¬ 
trarse  entre  nosotros  ejemplares  de  todas  las  cabelle¬ 
ras  humanas.  Esto  significa  que  hay  que  proceder 
formando  medios  proporcionales,  como  sucede  en  los 
caracteres  craneológicos. 

Bibliogr .  Espinard,  L'  Anthropologie  (París, 
1901);  Darwin,  Origin  of  Species;  Bory  de  St.  Yin- 
cent,  Essai  zoologique  sur  le  genre  humain  (París, 
1895);  Broca,  Instrnctions  générales  sur  í anthropo¬ 
logie;  Haeckel,  Hisloire  de  la  création  des  é tres  orga- 
nisés  (París,  1874);  Müller,  Allgemeine  Ethnographie 
(Viena,  1873);  P.  Urraburu,  Elementos  de  Antropo¬ 
logía  (Madrid,  1892);  Nott  und  Gliddon,  Types  oj 
Manhind  (Londres,  1910);  P.  Camper,  Les  différences 
réellcs  qui  presentent  les  traits  du  visage  des  hommes 
dans  les  diferents  pays  { Utrech,  1791);  J.  Hunter, 
De  hominum  varietatibus  (Edimburgo,  1775):  Des- 
moulins,  IJis.oire  naturelle  des  races  (París,  1826); 
Ponchet,  Pluralité  des  races  humaines  (París,  1864); 
Brinton,  Races  and  peoples  (Nueva  York,  1890); 
Mellon,  Le  cuir  chevelu  dans  V anthropologie  (Mali¬ 
nas,  1908).- 

Cabello.  Der.  Entre  los  germanos  la  cabellera 
era  signo  de  condición  libre,  así  como  era  sagrado  el 
juramento  por  los  cabellos,  por  eso  el  deudor  insol¬ 
vente  presentaba  las  tijeras  á  su  acreedor  para  que 
le  cortase  los  cabellos  en  expresión  de  que  se  cons¬ 
tituía  su  esclavo  hasta  el  pago  de  la  deuda,  y  la 
amante  se  cortaba  la  cabellera  sobre  la  tumba  de  su 
amado.  Entre  los  lombardos,  según  dice  Ducange  y 
lo  comprueba  la  ley  longobarda  (lib.  I,  tít.  17)  la 
reconciliación  de  dos  personas  sellábase  cortando  y 
mezclando  algunos  cabellos  de  los  reconciliados,  se 
confirmaban  las  donaciones  colocando  algunos  cabe¬ 
llos  sobre  el  altar,  y  se  juraba  una  conspiración  cor¬ 
tándose  un  mechón  de  pelo,  unos  á  otros,  los  con¬ 
jurados.  En  las  mujeres  la  cabellera  era  signo  de 
virginidad  y  soltería,  pues  no  se  la  cortaban  ó  reco¬ 
gían  hasta  que  se  casaban  (de  donde  la  locución  don¬ 
cella  en  cabellos  para  designar  á  la  joven  soltera). 

Los  francos  se  cortaban  la  cabellera,  limitándose 
á  dejarla  de  cierto  tamaño;  sólo  la  familia  real,  des¬ 
cendiente  de  los  merovingios,  la  conservaba  intac¬ 
ta  desde  su  nacimiento,  como  símbolo  de  su  derecho 
á  la  dignidad  real;  podían,  sin  embargo,  cortársela 
.temporalmente,  ya  dejándola  á  la  altura  del  cuello, 
nomo  los  otros  francos,  ya  rapándose  al  estilo  roma¬ 
no  (lo  que  era  más  humillante  é  iba  por  lo  general 
•acompañado  de  la  tonsura  eclesiástica);  pero  mien¬ 
tras  los  cabellos  no  creciesen  de  nuevo  y  llegasen  á 
.cierta  medida,  quedaban  en  suspenso  los  derechos 
■á  la  soberanía. 

Ni  siquiera  eso  estaba  permitido  entre  los  go¬ 
dos,  los  cuales,  sin  excepción,  tanto  el  rey  como  el 
simple  ciudadano,  por  costumbre  no  interrumpida, 
una  vez  cortada  su  cabellera,  habían  de  renunciar  á 
toda  participación  en  los  cargos  políticos  y  civiles, 
•quedándoles  abierta  solamente  la  carrera  eclesiásti¬ 
ca;  el  godo  que  cortaba  sus  cabellos  á  la  romana  de¬ 
claraba  por  ello  renunciar  á  su  nación  y  hacerse  ro¬ 


mano:  recuérdese  que  Wamba  hizo  cortar  el  cabello 
á  Paulo  y  sus  secuaces,  y  que  Ervigio  lo  hizo  cor¬ 
tar  á  Wamba.  Montesquieu  dice  que  una  larga  ca¬ 
bellera  era  la  mejor  diadema  de  los  reyes  godos,  v 
por  eso  en  la  colección  de  medallas  de  los  reyes  go¬ 
dos  publicada  por  Velázquez  en  1759  todos  los  bus¬ 
tos  están  representados  con  los  cabellos  largos,  par¬ 
tidos  sobre  la  frente,  y  cayendo  por  ambos  lados  del 
rostro. 

Compréndese,  por  ello,  que  la  decalvación  fuera 
usada  como  pena  entre  los  visigodos.  En  el  Fuero 
Juzgo  se  impone  esta  pena  [deformiter  decalvare, 
turpiter  decalvare )  á  los  adivinos  (Ley  3.a,  tít.  2.°, 
lib.  VI)  v  á  los  homicidas  (Ley  12,  tít.  5.°,  lib.  VI). 
Las  expresiones  deformiter,  turpiter  decalvare  se  tra¬ 
ducen  en  la  versión  castellana  de  dicho  cuerpo  legal 
por  señalar  en  la  frente,  desfolar  la  frente  layda- 
mientre  (feamente),  y,  según  Alfonso  el  Sabio,  en  la 
Crónica  General,  se  trasquilaba  en  crüces.  Quien  de¬ 
calvare  á  un  hombre  libre  sufría  la  pena  del  talión, 
si  bien  cabía  la  composición  (Ley  3.a,  tit.  4.°,  libro 
citado). 

El  respeto  al  cabello  se  conservó,  al  menos  en  Es¬ 
paña,  durante  toda  la  Edad  Media.  Continuó  siendo 
el  cabello  tendido  signo  de  integridad  y  soltería  en 
la  mujer  y  se  reputaba  como  grave  delito  tocarlo  con 
violencia.  La  ley  VI  del  Fuero  de  Plasencia  dispone 
que:  «Todo  home  que  por  cabellos  á  mugier  tomare, 
peche  diez  maravedís  si  firmar  pudiere»,  y  en  el 
Fuero  de  Baeza  se  lee:  «Todo  aquel  que  á  mugier 
prisiere  por  los  cabellos,  peche  X  morabitinos»;  le¬ 
yes  repetidas  con  corta  variación  en  casi  todos  los 
fueros  municipales:  los  de  Logroño,  Miranda  y  Pa- 
lencia  imponen  igual  pena  por  mesar  á  otro  los  ca¬ 
bellos  que  por  mesarle  la  barba  (V.  Barba),  y  el 
Fuero  Viejo  de  Castilla  impone  la  compensación  de 
cinco  sueldos  por  cada  presa  de  cabellos. 

Por  el  contrario,  para  los  clérigos  se  prohibió  des¬ 
de  muy  antiguo  el  uso  de  larga  cabellera;  los  monjes 
al  tomar  el  hábito  ofrecían  los  cabellos  á  Dios,  como 
se  hace  aún  en  la  tonsura.  El  concilio  romano  de  721 
ordenó  á  los  clérigos  la  reforma  de  las  cabelleras, 
que  se  habían  prolongado  más  de  lo  que  permitía  la 
tonsura  eclesiástica.  La  disciplina  actual  obliga  al 
clérigo  á  llevar  el  pelo  corto,  y  no  le  permite  usar 
peluca  sin  previa  dispensa. 

Cabello.  Hig.  El  cuero  cabelludo  es  asiento  ince¬ 
sante  de  fenómenos  de  exhalación  y  secreción.  Hay 
ante  todo  la  exhalación  acuosa,  que  se  hace  sensible 
con  el  nombre  de  sudor;  el  flúido  sebáceo  que  debe 
proteger  el  cuero  cabelludo  y  revestirle  de  una  capa 
aisladora  y  que  favorece  sus  movimientos;  por  fin, 
una  producción  furfuráceav  escamosa  que  resulta  de 
la  renovación  de  las  capas  superficiales  de  la  epider¬ 
mis.  En  estado  normal  todos  estos  actos  se  realizan 
naturalmente,  y  los  productos  de  la  excreción  cutᬠ
nea  se  eliminan  á  medida  que  se  van  formando.  No 
hav  necesidad  entonces  más  que  de  cuidados  higié¬ 
nicos  insignificantes.  Pero  en  otras  ocasiones  la 
ausencia  de  limpieza  ó  malos  hábitos  de  conserva¬ 
ción  de  la  cabellera  conducen  á  la  retención  anormal 
de  materias  segregadas  que,  acompañadas  de  los  cor¬ 
púsculos  y  materias  orgánicas  de  la  atmósfera,  irri¬ 
tan  la  piel  y  provocan  una  exageración  de  sus  fun¬ 
ciones  secretorias,  estableciéndose  así  un  círculo 
vicioso.  El  primer  cuidado  higiénico  de  la  cabellera 
debe  ser,  pues,  no  hacer  nada  que  pueda  impedir  la 
libre  salida  de  los  residuos  y  polvillo  que  se  forman 


CABELLO 


111 


espontáneamente  en  el  cuero  cabelludo.  Se  preven¬ 
drá  con  el  peine  toda  intricación  de  los  cabellos, 
dándoles  una  dirección  conveniente  y  la  justa  medi¬ 
da  de  areación.  El  peine  fino  no  se  usará  sino  á  in¬ 
tervalos  más  lejanos  y  sin  violencia.  El  cepillo  ser¬ 
virá  para  arrastrar  lo  que  hubiere  escapado  á  la 
acción  del  peine.  En  los  primeros  tiempos  de  la  exis¬ 
tencia  se  limpiará  la  cabeza  del  niño  con  una  espon¬ 
ja  empapada  en  agua. tibia  para  quitar  la  grasa, 
pero  si  ésta  se  acumula  en  costras,  se  acudirá  á  un¬ 
ciones  con  aceite  de  almendras  dulces,  cold-cream  ó 
vaselina,  ó  bien,  si  el  niño  es  mayor,  se  reblandece¬ 
rán  con  cataplasmas.  Si  aparecen  parásitos,  se  des¬ 
truirán  con  unciones  de  ungüento  napolitano  ó  locio¬ 
nes  de  sublimado  al  1  por  500.  No  hay  nada  tan  per¬ 
judicial  como  mojarse  continuamente  los  cabellos,  ya 
por  una  mal  entendida  limpieza,  ya  para  aumentar 
su  flexibilidad  v  brillo.  El  pelo  pierde  su  barniz  pro¬ 
tector,  se  hace  frágil  y  se  empaña,  viniendo  más  ó 
menos  tarde  la  alopecia  y  la  calvicie.  La  costumbre 
de  lavarse  la  cabeza  con  agua  fría  todos  las  mañanas 
•es  más  inconveniente  aún  que  la  de  mojársela  con 
agua  tibia.  El  peinado  tiene  su  importancia  higiéni¬ 
ca  particularmente  en  la  mujer,  siendo  el  más  reco¬ 
mendable  el  que  deje  á  los  cabellos  una  libertad  ma¬ 
yor.  Se  arrollarán  de  modo  que  en  todo  caso  pueda 
penetrar  el  aire,  no  se  empleará  violencia  alguna  y 
se  soltarán  para  dejarlos  en  reposo  durante  una  par¬ 
te  del  tiempo  dedicada  al  tocado  cotidiano.  En  el 
hombre  no  es  recomendable  el  cabello  largo  por  no 
poder  dedicarle  generalmente  el  cuidado  que  exige. 
Tampoco  es  buena  práctica  de  llevarlos  al  rape,  ya 
•durante  todo  el  año,  ya  en  ciertas  estaciones.  El  ca¬ 
bello  constituye  en  efecto  un  abrigo,  una  cubierta 
protectora,  v  privarse  de  ella  totalmente  es  rebelarse 
•contra  los  fines  de  la  misma  naturaleza.  En  los  niños 
■es  aún  más  absurda  la  costumbre  de  cortarles  los  ca¬ 
bellos  al  rape,  pues  en  esta  edad  la  cabeza  necesita 
todavía  mayor  protección.  Las  agujas,  peines,  círcu¬ 
los,  con  que  las  mujeres  adornan  su  peinado,  es  ne¬ 
cesario  qué  conserven  una  perfecta  limpieza,  pues 
•tienen  tendencia  á  incrustarse  de  grasas  de  la  cabe¬ 
llera.  Estos  cuidados  deben  ser  más  exquisitos  aún 
con  el  cepillo.  El  cepillo  mecánico,  muy  racional  en 
cuanto  á  su  fin,  ofrece  los  grabes  inconvenientes  de 
sacudir  demasiado  la  cabellera  y  prestarse  mal  á  la 
limpieza,  lo  cual  hace  correr  el  peligro  de  contagios 
parasitarios.  Los  hierros  para  modificar  por  el  rizo  la 
dirección  del  cabello,  ofrecen  tanto  más  inconve¬ 
niente  cuanto  es  más  rígido  é  inflexible  por  su  natu¬ 
raleza.  El  contacto  ardiente  del  hierro  deseca  el 
pelo,  lo  vuelve  frágil,  le  quita  el  lustre  y  le  da  la 
apariencia  de  artificial.  El  corte  de  los  cabellos, 
practicado  periódicamente  y  con  moderación,  es  útil 
en  el  adulto  por  la  ligera  excitación  del  bulbo  pelí- 
fero  que  determina  y  que  es  favorable  al  crecimiento 
•del  pelo.  En  los  primeros  años  de  la  vida  es  comple¬ 
tamente  inútil,  como  no  sea  á  intervalos  muy  largos. 
La  práctica  de  refrescar  la  cabellera  ó  cortarla  lo 
más  cerca  posible  del  cuero  cabelludo  de  cuando  en 
•cuando,  está  indicada  cuando  los  cabellos  escasean  y 
caen,  sin  que  pueda  invocarse  ninguna  causa  patoló¬ 
gica  local  ó  general.  En  otros  casos  servirá  para  re¬ 
gularizar  el  crecimiento  desigual  de  la  cabellera.  El 
empleo  de  la  navaja  debe  reservarse  para  los  casos 
de  alopecia  que  sobrevienen  durante  la  convalecen¬ 
cia  de  enfermedades  graves,  pero  entonces  se  trata 
de  un  caso  patológico.  Las  pinzas  depilatorias  se 


han  usado  para  arrancar  las  canas  sin  más  resul¬ 
tado  que  hacerlas  reaparecer  después  más  blancas 
todavía.  Los  cosméticos  se  emplean  diariamente  sin 
más  objeto  que  favorecer  las  disposiciones  de  la  ca¬ 
bellera  y  aun  sin  motivo  alguno  real. ,  Este  hábito, 
que  degenera  en  abuso,  hace  más  difícil  la  limpieza 
del  cuero  cabelludo  por  los  elementos  extraños  que  le 
añade  y  el  inconveniente  es  tanto  mayor  cuanto  más 
activas  son  las  propiedades  de  aquellos  cuerpos.  El 
mejor  cosmético  será  el  más  simple  é  inofensivo, 
como  una  mezcla  de  medula  de  buey  y  aceite  de  al¬ 
mendras  amargas.  Cuando  los  cabellos  están  secos, 
se  hallan  indicados  los  cosméticos  para  suplir  la  in¬ 
suficiencia  de  la  secreción  fisiológica.  En  cambio,  en 
las  personas  que  tengan  el  cabello  naturalmente 
graso,  están  indicadas  las  lociones  con  una  solución 
débil  de  subborato  sódico,  clorato  sódico  ó  potásico, 
ó  aun  amoníaco  en  agua  destilada.  Los  perfumes 
para  el  cabello,  y  los  cosméticos  llamados  fijadores, 
que  tienen  por  objeto  fijar  ó  mantener  los  cabellos, 
no  sé  emplearán  sino  con  una  extrema  reserva.  Para 
reparar  las  pérdidas  de  la  cabellera  se  han  dado  in¬ 
finitos  remedios.  Prescindiendo  de  los  que  el  charla¬ 
tanismo  y  la  superstición  han  elaborado,  nos  con¬ 
cretaremos  á  indicar  el  extracto  de  quina,  la  tintura 
de  cantáridas,  el  tanino,  el  sulfato  de  hierro,  la  tin¬ 
tura  de.  árnica  (V.  Calvicie).  Para  teñir  la  cabellera 
de  negro  se  han  aplicado  el  aceite  de  enebro,  la 
nuez  de  agallas,  las  infusiones  de  nogal,  corteza  de 
granado,  negro  de  marfil,  carbón  de  corcho,  etc.  Las 
sales  de  plomo  y  de  plata,  usadas  con  dicho  fin,  son 
peligrosas  porque  siempre  es  posible  la  intoxicación 
(V.  Canicie).  En  cuanto  á  las  diversas  prendas  de 
vestir  que  están  destinadas.  á  cubrir  la  cabeza,  men¬ 
cionaremos  ante  todo  el  sombrero  de  copa.  Además  de 
pesado  é  incómodo  dificulta  la  circulación  sanguínea 
del  cuero  cabelludo,  comprime  ciertos  nervios,  con¬ 
centra  é  inmoviliza  una  masa  de  aire  que  se  calienta  é 
impregna  de  humedad  criando  una  plétora  congestiva 
en  la  cabeza  que  no  puede  menos  de  influir  desfa¬ 
vorablemente  en  la  vitalidad  del  cabello.  Entre  los 
demás  sombreros  los  de  paja,  algodón,  paño  de  teji¬ 
do  ligero  y  permeable,  no  están  exentos  de  incon¬ 
venientes.  Los  de  seda,  fieltro  y  piel  son  dignos 
de  iguales,  objeciones  que  el  sombrero  de  copa. 
Pueden  aplicarse  á  la  gorra  las  mismas  reflexiones. 
El  quepis  es  ligero,  de  poco  volumen  y  ofrece  serias 
ventajas.  La  boina  y  el  gorro  catalán  conservan  en 
el  cabello  una  humedad  y  calor  excesivos,  suma¬ 
mente  perjudiciales.  El  casquete,  moldeándose  estre¬ 
chamente  sobre  el  cráneo,  le  forma  una  cubierta 
impermeable,  le  calienta  por  su  contacto  y  condensa 
el  vapor  perspiratorio  de  modo  que  impide  la  aeración 
de  la  cabellera.  De  aquí  que  su  uso  deba  proscribir¬ 
se.  En  la  mujer  es  muy  recomendable  que  lleve  la 
cabellera  al  aire  libre,  y  la  costumbre  de  envolverla 
en  pañuelos  más  ó  menos  espesos  nunca  se  condena¬ 
rá  bastante.  En  cuanto  al  sombrero,  todas  las  venta¬ 
jas  que  pueda  tener  no  compensan  sus  inconvenien¬ 
tes.  Los  niños,  tan  pronto  como  tengan  un  desarrollo 
suficiente  de  cabellera,  será  preferible  que  perma¬ 
nezcan  con  la  cabeza  descubierta,  pues  de  este  modo 
se  fortalece  el  cuero  cabelludo  disminuyendo  su  im¬ 
presionabilidad.  En  cuanto  á  las  pelucas/ por  lige¬ 
ras  que  se  supongan,  constituyen  una  causa  de  irri¬ 
tación  para  los  tegumentos  craneales  y  de  destrucción 
ó  disminución  para  los  cabellos  restantes.  El  falso 
tupé  exige  el  empleo  de  resortes  que  toman  su  pun- 


112 


CABELLO 


to  de  apoyo  en  el  cabello  mismo  y  producen  conti¬ 
nuos  estiramientos.  Otras  veces  llevan  materia? 
aglutinantes  que  perjudican  la  limpieza  del  cuero 
cabelludo  y  no  hace  sino  contribuir  al  arrancamiento 
del  cabello  natural.  Mencionemos,  además,  el  posible 
contagio  de  afecciones  parasitarias.  La  cabellera  ar¬ 
tificial  deberá  ser  todo  lo  ligera  posible,  permeable 
al  aire  y  el  vapor  de  la  traspiración  cutánea,  sin  re¬ 
sortes  ni  materias  aglutinantes,  limpiada  con  fre¬ 
cuencia  y  en  todo  caso  renovada.  Por  fin,  se  retirará 
cuantas  veces  sea  posible  para  airear  y  refrescar  la 
cabeza. 

Cabello.  Pal.  V.  Pelada,  Tiñas,  Tricorrexis 
nudosa,  Piedra,  Moniletrix,  Plica,  Alopecia, 
Calvicie,  Canicie,  Sífilis,  Eczema  y  Tricofitia. 

Cabello.  Quím.  V.  Pelo. 

Cabello.  Repost.  Recibe  el  nombre  de  Cabellos 
de  Angel  una  compota  que  se  prepara  con  una  clase 
especial  de  calabazas  que  va  llevan  aquel  nombre,  y 
de  la  que  se  separan  los  filamentos  que  han  de  cons¬ 
tituir  la  parte  integrante  de  la  compota;  para  ello  se 
cuece  la  calabaza  al  horno  ó  bien  se  la  hace  hervir 
en  agua,  con  lo  que  los  filamentos  se  separan  por 
simple  presión;  ei  procedimiento  para  confitarlos  es 
el  que  se  sigue  para  todas  las  compotas  de  frutas. 

Cabello.  Geog.  Arroyo  de  la  República  del  Uru¬ 
guay,  dep.  de  Artigas,  afluente  del  Yucutuá. 

Cabello  de  Velha.  Geog.  Pequeña  bahía  del 
Brasil  en  la  costa  del  Estado  de  Marañón. 

Cabello  (Domingo).  Biog.  Militar  español,  m.  en 
Nicaragua  (1725-1801).  Tomó  parte  en  la  campaña 
de  Méjico  y  desempeñando  el  cargo  de  subinspector 
de  las  tropas  de  la  isla  de  Cuba  (1789)  se  encargó, 
por  ausencia  de  Ezpe'eta,  del  mando  de  las  mismas, 
ascendiendo  al  año  siguiente  á  brigadier.  Fué,  por 
último,  comandante  general  de  Nicaragua. 

Cabello  (Francisco).  Biog.  Escritor  y  político 
español,  n.  en  1802  en  el  pueblo  de  Torrijos  de 
Campos  (Teruel),  y  m.  en  1850.  Fué  corregidor  y 
juez  de  primera  instancia  de  Tarazona  y  Daroca, 
jefe  político  de  Teruel.  Castellón  y  Valencia,  ma¬ 
gistrado  de  la  Audiencia  de  Madrid,  ministro  de  la 
Gobernación,  diputado  á  Cortes  en  las  legislaturas 
de  1840,  1841,  1842  y  1843  por  las  provincias  de 
Teruel  y  Castellón,  y  senador  vitalicio.  Desde  su 
juventud  militó  en  el  partido  progresista,  defen¬ 
diendo  con  constancia  los  principios  de  aquella  agru¬ 
pación.  Escribió:  Historia  de  la  guerra  última  en 
Aragón  y  Valencia ,  en  dos  tomos. 

Cabello  de  Balboa  (Miguel).  Biog.  Escritor  es¬ 
pañol  del  siglo  xvi,  n.  en  Archidona  (Málaga).  Es¬ 
tudió  la  carrera  eclesiástica  y  escribió:  Miscelánea 
antartica  y  origen  de  los  indios  y  de  los  incas  del  Perú, 
cuyo  manuscrito  existía  en  la  biblioteca  del  conde- 
duque  de  Olivares. 

Cabello  de  Carbonero  (Mercedes).  Biog.  Es¬ 
critora  contemporánea  peruana,  á  quien  se  debe  El 
condé  León  Tolstoi,  v  las  novelas  El  mártir  y  Blanca 
Sol. 

Cabello  Izarra  (Segundo).  Biog.  Pintor  español 
contemporáneo,  n.  en  Astorga  (León)  en  1868. 
Aficionado  desde  niño  á  la  pintura,  recibió  las  pri¬ 
meras  lecciones  de  este  arte  de  su  padre  Luis  Ca¬ 
bello,  profesor  de  dibujo  y  matemáticas  de  la  Acade¬ 
mia  de  Infantería:  más  tarde,  fué  discípulo,  en  Ma¬ 
drid,  de  Cecilio  Plá.  Se  ha  dedicado  especialmente 
á  la  enseñanza  del  dibujo,  habiendo  sido  profesor 
por  oposición  en  varios  institutos  de  segunda  ense¬ 


ñanza,  en  el  del  Cardenal  Cisneros  y  en  la  escuela 
de  artes  industriales  de  Madrid.  Ha  sido  premiado 
con  dos  terceras  medallas  en  las  Exposiciones  de 
1899  y  1901,  de  Madrid,  y  en  la  de  París  de  1900 
obtuvo  mención  honorífica. 

Cabello  y  Aso  (Luis).  Biog.  Arquitecto  español,, 
n.  en  Madrid  en  1833.  Terminó  sus  estudios  en 
1858  y  fué  pensionado  por  el  gobierno  para  pasar  á 
Roma,  siendo  nombrado  á  su  regreso  (1864)  profe¬ 
sor  auxiliar  de  la  Escuela  de  Arquitectura  de  Ma¬ 
drid,  y  más  tarde  (1875)  profesor  en  propiedad  de 
las  asignaturas  de  Conocimiento  de  los  materiales 'de¬ 
construcción  y  de  Salubridad  e  higiene  de  los  edificios r 
que  aun  explica.  Cabello  y  Aso  ha  sido  maestro  de 
todos  sus  comprofesores,  menos  del  director,  y  de  to¬ 
dos  los  individuos  que  pertenecen  á  la  sección  de  ar¬ 
quitectura  de  la  Academia  de  San  Fernando,  de  la 
cual  es  también  socio,  así  como  de  otras  muchas 
entidades.  Es  autor  de  varios  proyectos  y  obras  de 
importancia  y  ha  escrito:  Teoría  artística  de  la  Ar¬ 
quitectura,  que  ha  servido  de  texto;  La  estética  de 
las  artes  del  dibujo,  El  barroquismo  en  las  artes  plás¬ 
ticas  de  España,  y  numerosos  artículos  y  folletos. 

Cabello  y  Lapiedra  (Fernando).  Biog.  Escritor 
y  abogado  español,  n.  en  Madrid  en  1872.  Es  funcio¬ 
nario  del  ministerio  de  Fomento  y  acompañó,  por 
encargo  del  gobierno  .  á  los  obreros  que  fueron  á 
Francia  y  á  Bélgica  para  perfeccionarse  en  sus  res¬ 
pectivos  oficios.  Ha  colaborado  en  numerosas  revis¬ 
tas  españolas  y  americanas  y  ha  escrito  varias  obras- 
teatrales,  en  colaboración  con  su  hermano  Javier, 
entre  las  que  podemos  citar:  El  cuarto  de  la  planchaT 
La  velada  de  San  Juan,  Aire  puro,  Día  de  prueba, 
y  Viaje  de  verano. 

Cabello  y  Lapiedra  (Luis  María).  Biog.  Arqui¬ 
tecto  español,  n.  en  Madrid  en  1863.  Pertenece  á 
varias  sociedades  profesionales  españolas  v  del  ex¬ 
tranjero  y  ha  sido  arquitecto  municipal  de  Valencia. 
Se  le  deben  importantes  proyectos,  tales  como  el 
monumento  á  Legazpi.  junto  con  Querol.  ya  reali¬ 
zado;  la  restauración  del  claustro  de  la  Catedral  de 
Ciudad  Rodrigo,  en  ejecución;  el  del  edificio  de  la 
Real  Academia  de  Medicina,  próximo  á  realizarse; 
el  de  las  obras  de  reforma  de  la  iglesia  Magistral  de 
Alcalá  de  Henares,  también  en  ejecución,  y  el  de¬ 
pósito  de  cadáveres  de  la  Facultad  de  Medicina  de 
Madrid,  ya  terminado.  Ha  sido  también  secretario- 
del  Congreso  internacional  de  Arquitectura  celebra¬ 
do  en  Madrid  en  1904.  y  en  la  actualidad  es  arqui¬ 
tecto  del  ministerio  de  Gracia  y  Justicia.  Ha  escrito 
varias  obras,  entre  ellas:  El  arte,  los  artistas  y  la 
Exposición  de  Bellas  Artes;  Madrid  y  sus  arquitectos , 
Exmrsión  por  la  España  árabe,  Habitaciones  econó¬ 
micas,  Nuevos  estudios  acerca  del  arte  contemporáneo , 
y  La  capilla  del  oidor. 

Cabello  y  Madurga  (Pedro).  Biog.  Pedagogo  es¬ 
pañol,  m.  en  1888.  Fué  regente  de  la  Escuela  Nor¬ 
mal  de  Madrid,  director  de  la  de  sordomudos  y  cie¬ 
gos,  profesor  de  las  infantas  doña  Paz  y  doña  Eulalia 
y  oficial  del  ministerio  de  Fomento.  Se  le  debe:  Ejer¬ 
cicios  metódicos  para  facilitar  el  estudio  de  la  Historia 
de  España  (1863),  Exposición  metódica  de  la  consti¬ 
tución  democrática  de  la  monarquía  española. 

Cabello  y  Negrete  (Francisco).  Biog.  Escritor 
español  de  fines  del  siglo  xvn  y  principios  del  xviií, 
n.  en  Málaga.  Fué  canónigo  lectoral  de  Antequera, 
catedrático  de  teolog-ía  moral  y  examinador  sinodal 
del  obispado  de  Málaga.  Escribió:  Oración  fúnebre 


CABELLO 

en  las  honras  reales  que  á  la  tierna  memoria  del  Rey 
N.  S.  don  Ltús  I  de  Castilla  consagraron  en  la  santa 
iglesia  colegial  de  A  fueguera  sus  dos  ilustrísimos  Ca¬ 
bildos  los  días  28  y  29  de  Noviembre  de  este  año  de 
1724  (Granada,  1725). 

Cabello  y  Ruiz  (Eusebio).  Biog.  Músico  español, 
n.  en  Calatayud  y  m.  en  Madrid  á  principios  del 
siglo  xx,  organista  que  fué  de  las  iglesias  de  San 
Lorenzo  y  de  San  José,  de  la  corte.  Dejó  algunas 
obras  religiosas. 

CABELLOS  DE  VENUS,  m.  pl.  Bot.  Nom¬ 
bre  vulgar  de  la  especie  Cuscuta  europaea  L.,  de  la 
familia  de  las  convolvuláceas.  V.  Cuscuta. 

Cabellos  de  Venus.-  Mineral .  Nombre  con  que 
se  conoce  una  variedad  de  rutilo  que  se  presenta 
•en  forma  de  cristales  filiformes  que  atraviesan  las 
masas  de  cuarzo. 

CABELLOSO,  SA.  adj.-ant.  Cabelludo. 

CABELLUDA.  Geog.  Sierra  del  Brasil,  Estado 
•de  Minas  Geraes,  entre  las  feligresías  de  Santa  He¬ 
lena  do  Sacramento  y  Santa  Margarida.  ||  Otra  en 
«1  Estado  de  Govaz,  orilla  derecha  del  río  Corumbá. 

CABELLUDO,  DA.  F.  Chevelu.  —  It.  Capelluto. 
—  In.  Hairy.  —  A.  Haar=..»,  behaart.  —  P.  Cabelludo. 
— C.  Pilos,  pelos,  pelut. — E.  Multhara,  longhara.  adj.  De 
mucho  cabello.  (|  Dícese  de  la  fruta  ó  planta,  que  está 
poblada  de  hebras  largas  y  vellosas.  ¡|  V.  Cuero 
cabelludo. 

Cabelludo.  Geog.  Arroyo  del  Uruguay,  dep.  de 
Soriano,  tributario  del  arroyo  Bequeló.  Antes  se 
llamó  Caballada. 

CABEMBA.  Geog.  Lago  del  Africa  occidental 
portuguesa,  en  la  prov.  de  Angola,  dist.  de  Loauda, 
'concejos  de  Icolo  v  Bengo. 

CABEN.  Geog.  Caserío  de  Guatemala,  dep.  de 
San  Marcos,  mun.  de  San  Pedro  Sacatepequez; 
350  habits. 

CABENCA.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  Ponte¬ 
vedra,  agregado  al  mun.  de  Cerdedoy 

CABENDA.  Geog.  V.  Cabinda. 

CABER.  1.a  acep.  F.  Teñir,  saisir.  —  It.  Capere, 
«apire. —  In.  To  enter,  to  have  room.  —  A.  Fassen. — 
P.  Caber.  —  C.  Cabré,  capiguer.  —  E.  Enspaci,  enhavi. 
■(Etim. — Del  Jat.  capere,  coger.)  v.  n.  Poder  conte¬ 
nerse  una  cosa  dentro  de  otra.  ||  Tener  lugar  ó  en¬ 
trada.  ||  Tocarle  á  alguno  ó  pertenecerle  alguna  cosa. 

||  Ser  posible.  ||  Ser  capaz  uno  de  lo  que  se  le  achaca 
b  imputa.  ||  ant.  Admitir.  ||  ant.  Tener  parte  en  al¬ 
guna  cosa  ó  concurrir  á  ella.  ||  v.  a.  Coger,  tener 
•capacidad.  ||  ant.  Comprender,  entender.  ||  Este 
verbo  presenta  las  siguientes  formas  irregulares: 
-Indic.  pres.:  quepo:  preL  perf.:  cupe,  cupiste,  cupo , 

> cupimos ,  cupisteis,  cupieron;  fut.:  cabré,  cabrás,  ca¬ 
brá,  cabremos ,  cabréis,  cabrán ;  imper.:  quepa  él, 
quepamos  nosotros,  quepan  ellos;  subj.  pres,:  quepa, 
quepas,  quepa,  quepamos,  quepáis,  quepan;  pret. 
iraperf.:  cupiera,  cabría,  cupiese,  cupieras,  cabrias, 
cupieses,  cupiera,  cabria,  cupiese,  cupiéramos,  cabría¬ 
mos,  cupiésemos,  cupierais,  Cabríais,  cupieseis,  cupie¬ 
ran,  cabrían,  cupiesen;  fut.,  cupiere,  cupieres,  cu¬ 
piere,  cupiéremos,  cupiereis ,  cupieren. 

Cuanto  cabe.  En  cuanto  cabe,  En  lo  qué  cabe 
Lo  que  cabe.  expr.  En  cnanto  es  dable  ó  se  puede 
exigir.  ||  No  cabe  más.  expr.  con  que  se  da  á  enten¬ 
der  que  una  cosa  ha  llegado  en  su  línea  al  último 
punto.  ||  No  caber  en  sí.  fr.  fíg.  Tener  mucha  so¬ 
berbia  y  vanidad.  ||  Todo  cabe.  fr.  fig.  Todo  es  po¬ 
sible  ó  puede  suceder.'  ||-  Todo  -cabe  en  fulano,  fr. 


-  CABERO  113 

figw  y  fam.  Da  á  entender  que  alguno  es  capaz  de 
cualquiera  acción  mala. 

CABERA.  (Etim.  —  Del  gr.  Kabeiroi,  nombre 
de  unas  divinidades  pelásgicas).  f.  Entom.  ( Cabera 
Tr.)  Género  de  lepidópteros  nocturnos  de  la  familia 
de  los  geométridos,  subfamilia  de  los  dendrométri- 
dos;  mariposas  con  los  palpos  muy  pequeños,  esca¬ 
mosos,  las  tibias  anteriores  tan  largas  como,  el  pri¬ 
mer  artejo  de  los  tarsos,  las  alas  blancas,  las  antenas 
del  macho  pectinadas,  aserradas  en  los  extremos;  las 
larvas  son  cilindroideas.  con  la  cabeza  redondeada. 
Comprende  este  género  tres  especies  europeas,  entre 
ellas  las  siguientes: 

C.  pusaria  L.,  de  25  á  30  mm.  de  ancho,  color 
blanco  con  salpicaduras  grises  y  líneas  pardo-grisᬠ
ceas  en  las  alas;  es  frecuente  de  Mayo  á  Julio;  la 
oruga,  verde  con  manchas  pardas  bordeadas  de 
blanco,  vive  de  Julio  á  Octubre  sobre  los  alisos  y 
abedules;  inverna  en  estado  de  crisálida. 

C.  exanthemaria  Scop.,  del  mismo  tamaño  que  la 
anterior,  blanca,  con  abundantes  salpicaduras  y 
fajas  transversales,  en  las  alas,  de  color  pardo;  es 
común,  desde  Mayo  á  Agosto;  la  larva  vive  sobre 
los  abedules,  los  sauces  y  los  avellanos. 

Cabera  (La).  Geog.  Caserío  de  la  prov.  de  Cádiz, 
en  el  mun.  de  Algodonales. 

CABEREA,  Mit.  Una  de  las  hijas  de  Proteo  y 
de  la  ninfa  Torona.  Se  unió  á  V.ulcano,  de  quien 
tuvo  á  los  G'abiros  y  á  las  ninfas  Cabíridas. 

CABERIA  ó  C ASIRIA.  Mit.  Sobrenombre  de 
Ceres  y  Proserpina,  con  cuyo  nombre  se  las  ado¬ 
raba  en  un  bosque  sagrado  de  Beocia,  en  donde  no 
entraban  los  ajenos  al  culto.  Unos  soldados  de  Jer- 
jes,  que  profanaron  el  recinto  con  su  presencia,  sé 
vieron  acometidos  de  tal  furia  que  Se  arrojaron  al 
mar,  donde  perecieron.  Varios  soldados  de  Alejan¬ 
dro  que  cometieron  igual  delito  fueron  aniquilados 
por  el  rayo. 

CASERÍAS,  f.  pl.  ant.  Mil.  Según  Janguas  y 
Miranda,  en  el  Diccionario  de  Antigüedades  de  Na¬ 
varra,  en  la  acepción  de  milicia,  cuberías  era  lo  mis¬ 
mo  que  caballos.  Recibían  el  mismo  nombre  las  ren¬ 
tas  que  recibían,  del  rey  los  caballeros  y  ricos  hom¬ 
bres,  con  la  obligación  de  servirle  en  la  guerra  con 
cierto  número  de  caballos.  Esta. palabra  se  substi¬ 
tuyó  por  la  de  huestes  hacia  el  año  1276  y  después 
por  la  de  mesnaderos,  aunque  alguna  vez  se  u^ai*on 
las  tres  indistintamente. 

CABERNET.  m.  Vit.  Nombre  con  que  se  cono¬ 
cen  en  Francia  dos  variedades  de  vid  tardías,  que 
se  cultivan  principalmente  en  la  Gironda.  El  Caber¬ 
net  Saúvignon  [Petit  Cabernet,  Petit  Vidure,  Na'var- 
re)  es  una  vid  vigorosa  y  rústica  que  produce  uvas 
de  color  azul  negruzco  y  requiere  un  terreno  de 
buena  calidad,  y  el  Cabernet  Jranc  ( Gros  Cabernet  ó 
Cavmenet,  Grosse  Vidure,  Carbonet,  Petit  fer^  Bre¬ 
tón,  Veronais,  Arronya)  es  una  vid  más  vigorosa 
que  la  anterior  que  da  igualmente  uvas  de  color, azul 
negruzco  y  se  desarrolla  bien  en  todos  l.os  terrenos 
menos  en  los  calcáreos  y  margosos.  Las  dos  varie¬ 
dades  suministran  un  vino  tinto  fuerte,  delicádo  y 
de  excelente  bouquet. 

cabero,  RA.  F.  Emmancheur.  —  lt.  Falegname 
de  manichi. —  In.  Handle-maker.  —  A.  Stielmacher.  — k 
P.  Cabeiro. — C.  Manegador.  —  E.  Tenilfiksiisto.  (Etiim 
— De  cabo,  fin.)  adj.  ant.  Ultimo,  postrero,  que  está 
en  lps  cabos  ó  extremos.  U.  t.  c.  s.  ||  amer.  Méj. 
Díñese  del  caballo  que  va  en  el  extremo  exterior  de 


enciclopedia  universal,  tomo  x. — 8. 


114 


CABERO  —  CABESTRILLO 


la  cobra.  Se  aplica  también  á  las  vigas  que  están  en 
los  extremos  ó  cabos  de  los  techos,  junto  á  las  pa¬ 
redes. 

Cabero.  (Etim. — De  cabo.)  m.  En  Andalucía 
baja,  el  que  tiene  por  oficio  echar  cabos,  mangos  ó 
astiles  á  herramientas  rurales,  c©mo  azadas,  azado¬ 
nes,  escardillos,  etc.,  y  hacer  otras  de  madera,  como 
rastrillos,  horcas,  aijadas,  etc. 

Cabero  (Crisóstomo).  Biog.  Religioso  bernardi- 
no  y  teólogo  español,  n.  en  Guadalajara  á  fines  del 
siglo  xvi,  y  m.  en  Alcalá  en  10  de  Mayo  de  1653. 
Desempeñó  la  cátedra  de  filosofía  moral  en  la  célebre 
universidad  de  Alcalá,  en  cuya  ciudad  gozó  de  mu¬ 
cha  representación.  Fué  orador  de  reconocida  fama, 
teólogo  y  filósofo  reputadísimo,  y  se  solicitaba  su 
dictamen  en  graves  asuntos  de  conciencia.  Sus  obras 
fueron  declaradas  de  texto  en  las  escuelas  de  Alcalá. 
Escribió:  Brevis  svmmitlarvm  recapitulado ;  svccinta- 
que  totius  Logicae  aviscerado  (Valladolid,  1623).  Ve¬ 
tusta  svmmnlarvm  complutensis  svmma  perpolita ,  et 
illustrata;  Commentaria  tam  in  octo  libros  Physico- 
rvm,  quam  in  dúos  de  Generatione,  etc.;  Corruptione. 
etcetera ,  tres  de  Anima  Philosophi  stagyritae.  Com¬ 
mentaria  in  Primam  secundae  D.  Thomae. 

Cabero  (Francisco  García).  Biog.  Médico  espa¬ 
ñol  de  la  primera  mitad  del  siglo  xvm.  Escribió  co¬ 
mentarios  sobre  el  Teatro  critico ,  de  Feijóo,  y  una 
obra  titulada  Instituciones  de  albeitaría  y  examen  de 
practicantes . 

Cabero  (Pablo).  Biog.  Jurisconsulto  español, 
m.  en  la  Habana  en  1711.  Fué  gobernador  político 
de  aquella  ciudad  en  substitución  del  marqués  de  la 
Torre,  al  que  debía  residenciar  por  encargo  del  go¬ 
bierno. 

CABER  RES.  m.  pl.  Etnogr.  Tribu  india  de  Ve¬ 
nezuela  que  habitaba  antiguamente  las  orillas  del 
Guaviare.  Fueron  muy  guerreros  y  también  antro¬ 
pófagos.  Sostuvieron  grandes  luchas  con  los  caribes, 
que  no  lograron  someterlos. 

CABERT  (Beato).  Hagiog.  Religioso  domini¬ 
co,  m.  en  1240.  Es  llamado  indistintamente  Cho,bert. 
Galbert  y  Albert  por  los  hagiógrafos.  Véanse  Que- 
tif-Echard  ( Script .  Praedic,  I,  467)  y  Truchet 
(ffagiol.  Maurienne,  291-334). 

CABESSA.  f.  Bol.  Sinónimo  de  Adapangia. 

CABESTANY.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  Lé¬ 
rida,  agregado  al  mun.  de  Sant  Pere  des  Arquells. 

Cabestany.  Geog.  Pueblo  de  Francia,  en  el  de¬ 
partamento  de  los  Pirineos  Orientales,  dist.  y  can¬ 
tón  de  Perpiñán;  1,500  habits.  Es  patria  del  famo¬ 
so  trovador  Guillermo  de  Cabestany. 

Cabestany  (Guillermo  de).  Biog.  Trovador 
del  Rosellón.  Se  cree  que  vivía  aún  en  1212.  Fué 
escudero  de  Margarita  ó  Sirminda,  esposa  de  Rai¬ 
mundo  de  Castel  Roussillón,  y  enamoróse  de  ella, 
siendo  correspondido.  Conocedor  el  esposo  de  es¬ 
tos  amores,  hizo  asesinar  á  Cabestany,  mandando 
después  su  corazón  á  la  noble  dama  y  haciendo  que 
lo  comiese.  Margarita  declaró  que  jamás  había  pro¬ 
bado  tan  rico  manjar,  y  que  en  lo  sucesivo  no  toma¬ 
ría  ningún  otro.  Raimundo  se  lanzó  sobre  ella  espa¬ 
da  en  mano,  y  entonces  la  desgraciada  se  arrojó 
desde  un  balcón.  También  se  cuenta  que  Alfonso  II 
de  Aragón  hizo  encarcelar  á  Raimundo,  dejándole 
morir  de  hambre.  Esta  romántica  historia,  corno  la 
del  castellano  de  Coucy.  se  aplica  á  distintas  perso¬ 
nalidades,  y  probablemente  su  origen  es  una  leyen¬ 
da  oriental.  Se  conservan  de  Cabestany  siete  cantos, 


cinco  de  los  cuales  han  sido  publicados  por  Rav-* 
nouard  en  su  Colección  de  poesías  originales  de  los  tro¬ 
vadores.  Víctor  Balaguer,  Féli#  Gras  y  otros  poetas 
catalanes  y  provenzales.  tomaron  los  amores  de  Ca¬ 
bestany  como  tema  de  varias  leyendas  y  tragedias. 
Algunos  autores  escriben  Cabestaing  y  Cabestainy, 
equivocadamente. 

Bibliogr.  Beschnilt,  Die  Biographie  des  Trouba - 
donrs  Cabestaing  and  ihre  histor.  Wert  (Marburgo,. 
1879);  Hueffer,  Der  Troubadour  Guilhem  de  Cabes¬ 
tany  (Berlín,  1869);  Gastón  París,  Le  román  dit 
chatelain  de  Couri  (París,  1879);  M.  Milá  y  Fonta- 
nals,  De  los  Trovadores  en  España  (Barcelona,  1889). 

Cabestany  (José).  Biog.  Economista  español  de- 
la  segunda  mitad  del  siglo  xix,  á  quien  se  debe,  en 
colaboración  con  Rafael  Burgall,  un  Cuadro  sinóptico 
de  la  Economía  política  (1874). 

CABESTRADO,  DA.  adj.  Que  lleva  cabestro- 
ó  ramal. 

CABESTRAJE,  m.  Conjunto  de  cabestros.  |j 
Propina  ó  dinero  que  se  da  á  los  vaqueros  que  han 
conducido  con  los  cabestros  la  res  vendida.  ||  ant. 
Acción  de  poner  el  cabestro  á  las  bestias. 

CABESTRANTE,  m.  Cabrestante, 
cabestrar.  F.  Enchevétrer. — It.  Incapestrare. 
— In.  To  halter. — A.  Halftern. — P.  Encabrestar. — C.  Po¬ 
sar  un  ramal.  —  E.  Kolbridi.  v.  a.  Echar  cabestro  á  las 
bestias.  ||  v.  n.  Cazar  con  buey  de  casbestrillo. 

CABESTREAR,  v.  n.  Seguir  sin  repugnancia 
la  bestia  al  que  la  lleva  del  cabestro. 

CABESTRERA.  (Etim. — De  cabestro.)  t.  Pes¬ 
ca.  Nombre  de  varias  cuerdas  de  las  redes  y  artes  de¬ 
pesca,  que  tienen  usos  diferentes.  Como  son:  cada 
uno  de  los  cabos  que  sirven  para  unir  por  sus  extre¬ 
mos  las  distintas  piezas  de  red  que  forman  la  alma¬ 
draba;  el  que  se  emplea  para  mantener  fondeadas  las- 
nasas;  el  que  sostiene  calado  el  trasmallo;  el  que  va 
en  cada  cabeza  de  las  andanas  de  red,  etc. 

Cabestrera  (La).  Geog.  Caserío  de  la  prov.  de 
Cádiz,  agregado  al  mun.  de  Jerez  de  la  Frontera. 

CABESTRERÍA,  f.  Taller  donde  se  hacen  ca¬ 
bestros  y  otras  obras  de  cáñamo,  como  cuerdas,  jᬠ
quimas,  cinchas,  etc.  ||  Tienda  donde  se  venden. 

CABESTRERO,  RA.  adj.  prov.  And.  Se  dice 
de  las  caballerías  cerriles  que  empiezan  á  sufrir  el  ca¬ 
bestro.  ||  m.  El  que  hace  ó  vende  cabestros  y  otras 
cosas  de  cáñamo  del  mismo  género. 

Cabestrero.  Pesca.  Red  cónica  en  forma  de  man¬ 
ga,  de  unos  10  á  12  metros  de  largo,  y  cuyas  ma¬ 
llas  van  disminuyendo  de  luz  de  la  boca  á  la  punta 
ó  copo. 

CABESTRILLO.  1.a  acep.  F.  Echarpe.— It. 
Sciarna. — In.  Sling. — A.  Armschlinge,  Binde. — P.  Cabres- 
tilho.  —  E.  Skarpo,  brakbandajo.  dim.  de  Cabestro.  || 
m.  Banda  ó  aparato  pendiente  del  cuello  ó  del  hom¬ 
bro,  para  sostener  la  mano  ó  el  brazo  lastimados.  || 
ant.  Cadenita  de  oro,  plata  ó  aljófar,  que  se  traía  al 
cuello  por  adorno. 

Cabestrillo.  Art.  y  Of.  Abrazadera  de  hierro 
que  coge  y  sujeta  la  hoja  de  las  sierras  braceras.  || 
Aro  de  hierro,  llamado  también  brida  de  azuela,  que 
asegura  al  mango  la  hoja  de  la  azuela  de  mano.  |j 
Abrazadera  de  hierro  que  pasa  por  encima  de  la  llan¬ 
ta  de  la  rueda  y  la  sujeta  á  la  pina.  En  la  actualidad 
no  se  emplea. 

Cabestrillo.  Ardil,  ant.  Pieza  de  hierro  que  en 
el  antiguo  material  español  de  artillería  abrazaba  el 
perno  pinzote,  y  servía  para  evitar  el  desgaste  de 


CABESTRILLO  —  CABET 


115 


éste  al  rozar  con  la  parte  interior  del  argollón  de 
contera.  ||  Antiguamente  se  llamaban  también  así,  y 
mejor  cabestros,  las  abrazaderas  que  en  los  carruajes 
servían  para  sujetar  las  llantas  á  las  pinas. 

Cabestrillo.  Cir.  Vendaje  contentivo  del  ante¬ 
brazo  y  brazo.  V.  Vendaje. 

Cabestrillo.  Mar.  Pequeño  ramal  de  cabo  de 
poca  mena  que,  hecho  firme  á  un  cáncamo  por  uno 
de  sus  chicotes  y  con  un  as  de  guía  en  el  otro,  em¬ 
plean  en  sus  trabajos  los  constructores  de  velas. 

CABESTRO.  1.a  acep.  F.  Chevétre,  licou. — It.  Ca- 
pestro,  cavezza. — In.  Halter. — A.  Halfter. — P.  Cabresto. 
— C.  Ramal,  capsaló,  bon  manyach. — E.  Kolbrido.  (Etim. — 
Del  lat.  capristum .)  m.  Ramal  ó  cuerda  que  se  ata  á 
la  cabeza  de  la  caballería  para  llevarla  ó  asegurarla. 
||  El  buey  manso  que  va  con  un  cencerro  al  cuello 
delante  de  las  vacas  ó  toros  para  que  le  sigan.  ||  ant. 
Cabestrillo.  ||  Amer.  Anticipo,  dinero  anticipado. 

Llevar  ó  traer  del  cabestro  .á 
uno.  fr.  fig.  y  fam.  Llevar  ó  traer 
DE  LOS  CABEZONES  Á  UNO. 

Cabestro.  Cir.  V.  Fronda  de  la 
cabeza. 

Cabestro.  Taurom.  Buey  manso, 
generalmente  con  un  cencerro  al 
cuello,  que  sirve  para  guía  de  las 
toradas.  Se  prefiere  para  esto  los  ca¬ 
bestros  más  viejos,  y  son  indispen¬ 
sables  para  arropar,  ó  sea  rodear  al 
ganado  bravo,  impidiendo  que  un 
toro  se  desmande  ó  salga  de  la  tora¬ 
da.  Sin  su  ayuda  sería  imposible 
conducir  el  ganado  bravo,  separarlo 
de  las  madres,  apartar  las  reses  pi¬ 
cadas  de  las  otras,  hacer  los  encie¬ 
rros  ó  retirar  en  la  plaza  un  toro  al 
corral.  En  las  marchas  el  vaquero 
va  delante  á  caballo,  y  en  las  ancas 
de  la  jaca  forma  punta  un  cabestro, 
siguiéndole  otros  detrás,  á  los  costa¬ 
dos,  que  encierran  á  los  toros  bra¬ 
vos.  Conocen  y  atienden  á  la  voz  del 
mayoral,  y  éste,  si  un  toro  se  apar¬ 
ta  del  grupo,  va  en  su  busca  con  los  zagales  y  tres 
ó  cuatro  cabestros  de  los  más  maestros  (los  más  vie¬ 
jos).  que  al  llegar  al  toro  huido  lo  arropan  hasta 
volverlo  al  punto  de  partida. 

CABESTROS.  Geog.  Ranchería  del  Estado  de 
Veracruz  (Méjico),  municipio  de  Tantima;  138  ha¬ 
bitantes.  Está  á  58  m.  de  altura  sobre  el  mar. 

CABET  (Esteban).  Biog.  Comunista  francés, 
n.  en  Dijon  en  2  Enero  de  1788  y  m.  en  los  Esta¬ 
dos  Unidos  en  1856.  Era  hijo  de  un  tonelero,  y  él  mis¬ 
mo  ejerció  el  oficio  hasta  los  doce  años.  Después  estu¬ 
dió  medicina  y  derecho,  decidiéndose  al  fin  por  la  abo¬ 
gacía  y  estableciéndose  en  su  ciudad  natal.  Marchó 
á  París  donde  se  afilió  á  la  sociedad  de  los  carbona¬ 
rios  y  formó  parte  del  Comité  de  Dirección,  siendo 
elegido  diputado  en  1831  y  figurando  en  la  extrema 
izquierda.  Publicó  su  obra  Histoire  de  la  Révolution  ele 
1830  (París.  1832) y  fundó  en  1833  la  hoja  dominical 
Le  Populaire  donde  publicó  en  1834  un  artículo  que 
le  costó  ser  condenado  á  dos  años  de  cárcel,  pero  pudo 
huir  á  Londres  donde  se  empapó  en  las  doctrinas 
de  Moro  y  Campanella  y  continuó  combatiendo  al 
gobierno  de  Luis  Felipe.  La  amnistía  de  1839  le 
permitió  volver  á  Francia  publicando  al  año  siguiente 
Histoire  populaire  de  la  Réoolntion  franpaise  ele  1789 


a  1830.  En  1842  escribió  su  Voy  age  en  I carie,  román 
philosophigue  et  social,  que  le  hizo  romper  con  los  re¬ 
publicanos,  y  es  un  idilio  comunista  del  que  se  han 
hecho  numerosas  ediciones  y  traducciones.  Como 
órgano  de  sus  tendencias  comunistas  publicó  de 
nuevo  Le  Populaire,  pero  dándole  un  carácter  más 
moderado  que  le  enemistó  con  los  comunistas  exalta¬ 
dos  ó  babouvistas;  erigiendo  frente  á  éstos,  que  esta¬ 
ban  representados  en  la  prensa  por  L' Humani taire,  el 
grupo  de  comunistas  icarianos.  En  1847  redactó  los 
estatutos  de  una  sociedad  para  la  fundación  de  la 
colonia  icariana  en  Red  River  (Tejas)  con  un  millón 
de  acres  de  terreno,  exhortando  á  sus  adeptos  á  que 
emigrasen  á  ella  viviendo  en  comunidad  de  bienes, 
como  lo  hicieron  muchos  en  2  de  Enero  de  1848.  El 
mismo  Cabet,  después  de  las  jornadas  de  Junio  en 
París,  se  embarcó  para  Tejas  con  otros  compañeros; 
pero  como  los  pobladores  de  la  colonia  en  lugar  de 


la  felicidad  que  esperaban  no  encontraron  más  que 
miseria  y  abandono,  inculparon  cruelmente  á  Ca¬ 
bet,  y  los  más  desesperados  le  acusaron  de  estafa  por 
haber  malversado  los  200,000  francos  recogidos  por 
subscripción,  condenándole  el  Tribunal  del  Sena  á 
dos  años  de  cárcel  y  cinco  de  pérdida  de  derechos 
civiles  en  1849,  lo  que  le  hizo  regresar  á  Francia, 
para  apelar  de  la  sentencia,  consiguiendo  que  le  ab¬ 
solviera  el  Tribunal  de  Apelación  en  1851.  Cuando 
el  golpe  de  Estado  se  refugió  en  Nauvoo  (Illinois, 
Estados  Unidos)  donde  fundó  otra  colonia  icariana 
de  la  que,  contradiciendo  totalmente  sus  principios, 
se  proclamó  dictador  en  1856.  Una  sublevación  de 
la  mayoría  de  los  colonos  le  privó  de  la  dirección, 
obligándole  á  huir,  junto  con  los  más  adictos,  esta¬ 
bleciéndose  entonces  en  San  Luis  del  Misurí,  donde 
falleció.  Sus  partidarios  fundaron  una  nueva  comu¬ 
nidad  icariana  en  Cheltenham  y  en  1888  quedaban 
aún  en  los  Estados  Unidos  algunos  adeptos  de  Ca¬ 
bet  que  practicaban  el  sistema  de  éste.  Además  de 
las  obras  antes  citadas  y  del  Almanach  icarien  que 
editó  desde  1844,  escribió:  L' émigration  de  M.  Gui- 
zot  a  Gand,  Le  Saint  est  dans  V  Union,  Réalisation 
de  la  communauté  d' Icarie,  Le  vrai  ehristianisme 
selon  J .  C.  (París,  1846),.  Eau  et  feu,  Guerre  de 


CABETE  —  CABEZA 


116 

i’opposition,  Notre  procés  en  scroquerie  (París,  1849), 
Procés  et  acquittement  du  citoyen  Cabet  (París,  1849), 
y  La  Colonie  Icarienne  imx  Etats  Units  (1856).  Las 
doctrinas  económico-sociales  de  Cabet,  que  resume 
en  el  Viaje  d  Icaria,  descansan  todas,  en  último 
análisis  —  como  dice  René  Bazin,  —  sobre  el  culto 
del  hombre,  el  odio  á  la  sociedad  natural  y  la  satis- 
-facción  de  las  pasiones,  constituyendo  una  aplica¬ 
ción  del  materialismo  en  materia  económica.  Según 
Cabet,  el  hombre  sólo  puede  lograr  la  felicidad  por 
medio  de  la  fraternidad  y  de  la  igualdad  absoluta,  en 
substitución  de  una  libertad  peligrosa;  la  propiedad 
individual  y  la  herencia  se  oponen,  según  él,  á  esa 
felicidad  y  deben  desaparecer  en  el  período  que  él 
llamó  de  la  constitución  definitiva.  En  tal  estado  so¬ 
cial  quiere  completamente  obligatorio  el  matrimonio 
legal;  los  bienes  de  toda  clase  de  los  asociados  for¬ 
man  el  capital  social,  así  como  el  total  del  territorio 
forma  el  dominio  social.  Todos  los  individuos  de  la. 
nueva  sociedad  deben  trabajar  igual  número  de  ho¬ 
ras  y  las  profesiones  deben  proveerse  por  concurso 
atendiendo  á  las  naturales  disposiciones  de  los  indi¬ 
viduos.  El  trabajo  es  retribuido  según  su  naturaleza. 
El  hombre  á  los  sesenta  y  cinco  años  y  la  mujer  á 
los  cincuenta  tienen  derecho  al  descanso  absoluto. 
Antes  del  período  definitivo  admitió  el  de  transi¬ 
ción  que  debía  durar  cincuenta  años,  en  los  que  se 
mantiene  el  derecho  de  propiedad  y  los  gobernantes 
deben  trabajar  con  la  mira  de  conseguir  á  no  tardar 
la  total  igualdad  social.  Como  la  naturaleza  humana 
es  inmutable,  al  hacer  la  aplicación  de  sus  teorías 
se  encontró  con  que  sus  partidarios  querían  tener 
derechos  excluyentes  sobre  la  mujer  y  los  bienes,  y 
él  mismo  quiso  arrogarse  una  autoridad  enorme, 
para  imponer  su  sistema,  con  lo  cual  vino  á  echar 
éste  por  tierra. 

Bibli  ogr.  Lux,  E.  Cabet,  und  der  ikarische 
Kommunismus  (Stuttgart,  1894);  Shaw,  Ikaria. 
Ein  Beitrag  zur  Geschichte  des  Kommunismus  (Stutt¬ 
gart.  1896). 

CABETE.  (Etim. — De  cabo,  extremo.)  m.  He¬ 
rrete. 

CABETICÁN.  Geog.  Barrio  de  la  prov.  de 
Pampanga  (isla  de  Luzón,  Filipinas),  agregado  al 
ra.un.jde  Bacolor. 

CABET UTÜ.  Geog,  Río  del  Brasil  afluente  de 
la  orilla  derecha  del  Tapajós,  entre  los  ríos  das  Tro¬ 
pas  y  Cádiriry. 

CABEZA.  1.a  acep.  F.  Téte.  —  It.  Capo.  —  In. 
Head.  —  A.  Kopf,  Haupt.  —  P.  Cabega. — C.  Cap.  —  E. 
Kapo.  (Etim. — Del  lat.  caput.)  f.  Parte  superior  del 
cuerpo  del  hombre  y  superior  ó  anterior  del  de  mu¬ 
chos  animales,  que  contiene  el  encéfalo  y  los  princi-' 
pales  órganos  de  los  sentidos.  ¡  Parte  superior  de 
ella,  que  empieza  desde  la  frente  y  ocupa  todo  el 
casco.  ||  Principio  ó  una  y  otra  extremidad  de  al¬ 
guna  cosa.  ||  Parte  superior  del  corte  de  un  libro.  || 
Parte  superior  del  armazón  de  madera  y  barrotes 
de  hier.ro  á  que  va  sujeta  la  campana.  ||  Cumbre  ó 
parte  más  elevada  de  un  monte  ó  sierra.  [|  fig.  Ma¬ 
nantial,  origen,  principio.  ||  fig.  Juicio,  talento  y 
capacidad.  ||  Superior,  jefe  que  gobierna,  preside 
ó  acaudilla  una  comunidad,  corporación  ó  muche¬ 
dumbre.  ||  Jefe  principal  de  una  familia  que  vive 
reunida.  ||  fig.  Persona  (individuo  de  la  especie 
humana).  ||  fig.  Res.  ¡  Capital  (de  reino,  provin- ; 
cia  ó  distrito).  ||  ant.  Capítulo  (de  un  libro).  ||  ; 
ant.  Encabezamiento.  ||  amer.  Ecuad,  La  cama  y 


el  dental  del  arado.  ||  pl.  Juego  que  consiste  en  po¬ 
ner  en  el  suelo  ó  en  un  palo  tres  ó  cuatro  simula¬ 
cros  de  cabeza  humana  ó  de  animales,  y  enristrarlas 
con  espada  ó  lanza,  ó  herirlas  con  dardo  ó  pistola, 
pasando  corriendo  á  caballo.  ¡  pl.  amer.  Méj.  Por 
antonomasia  las  de  carnero  asadas. 

Cabeza  de  ajos.  Conjunto  de  los  bulbos  que  for¬ 
man  la  raíz  de  la  planta  llamada  ajo.  ||  Cabeza  de 
alcornoque,  fig.  Persona  necia  ó  estúpida.  ||  Cabe¬ 
za  de  barangay.  En  Filipinas,  jete  de  un  barangay 
(véase),  encargado  de  cobrar  el  tributo  y  demás 
contribuciones  que  paga  cada  individuo,  y  de  otros 
servicios.  ||  Cabeza  de  casa.  El  que,  por  legítima 
descendencia  del  fundador,  tiene  la  primogenitura  y 
hereda  sus  derechos.  ||  Cabeza  de  chorlito,  fig.  v 
fam.  Persona  de  poco  juicio.  ||  Cabeza  de  chorlo. 
fig.  V  fam.  amer.  Arg.  Cabeza  de  chorlito.  || 
amer.  Arg.  Persona  de  poca  memoria.  |¡  Cabeza 
de  fierro,  ant.  Testa  de  ferro.  ||  Cabeza  de 
Ganado  mayor.  Cabeza  mayor  ||  Cabeza  de  gi¬ 
gante.  prov.  And.  El  botón  de  la  planta  llamada 
girasol.  ||  Cabeza  de  hierro,  fig.  Persona  terca  y 
obstinada  en  sus  opiniones.  ||  fig.  La  que  no  se 
cansa  ni  fatiga  por  mucho  tiempo,  aunque  se  ocupe 
continuamente  en  algún  trabajo  mental.  ||  Cabeza 
de  la  Iglesia.  Atributo  ó  título  que  se  da  al  papa 
respecto  de  la  Iglesia  universal  ó  católica.  ||  Cabeza 
del  dragón.  Aslron.  Nodo  boreal.  ||  Cabeza  de 
linaje.  Cabeza  de  casa.  ||  Cabeza  de  lobo.  amer. 
Méj.  Pretexto  que  alguno  toma  para  sacar  prove¬ 
cho.  ||  Cabeza  de  olla.  Substancia  que  sale'  en  las 
primeras  tazas  que  se  sacan  de  la  olla.  ||  Cabeza  de 
pared.  Alb.  La  que  presenta  su  grueso  á  la  vista.  |j 
Cabeza  de  partido.  Ciudad  ó  villa  principal  de  un 
territorio,  que  comprende  distintos  pueblos  depen¬ 
dientes  de  ella  en  lo  judicial  V  gubernativo.  ||  Cabe¬ 
za  de  perro.  Celidonia  menor.  |[  Lance  del  juego 
del  crucillo  ó  de  los  alfileres,  cuando  el  jugador  no 
logra  formar  cruz  con  ellas.  ||  fig.  Modo  de  santiguar¬ 
se  precipitada  v  descompasadamente,  sin  hacer  bien 
las  cruces  necesarias.  ||  Cabeza  de  proceso.  Auto  de 
oficio  que  provee  el  juez  mandando  averiguar  el-  de¬ 
lito  en  causas  criminales.  ||  Cabeza  de  tarro,  fig.  y 
fam.  Persona  que  tiene  la  cabeza  grande.  ||  fig.  y  fam. 
Persona  necia.  ||  Cabeza  de  testamento.  Principio 
de  él  hasta  donde  empieza  la  parte  dispositiva.  ||  Ca¬ 
beza  de  viejo,  amer.  Hond.  Flores  blancas,  como  de 
Rigodón,  que  produce  una  especie  de  cardón  ó  tuna 
v  que  sirve  para  cercas.  |¡  Cabeza  dura.  fig.  y  fam. 
amer.  Arg.  Cascos  duros.  ¡  Cabeza  mansa.  Anti¬ 
guamente  el  derecho  de  primogenitura,  el  total  de 
una  herencia,,  la  porción  de  tierra  suficiente  para  el 
pasto  de  un  par  de  bueyes,  y  lo  que  basta  para  la 
subsistencia  de  un  labrador.  ¡  Cabeza  mayor.  La 
de  algún  linaje  ó  familia.  ¡El  buey,  el  caballo,  ó 
la  milla  respecto  del  carnero  ó  la  cabra.  ¡  Cabeza 
menor.  El  barbero  ó  la  cabra  respecto  del  buey,  el 
caballo. ó  la  muía.  ¡  Cabeza  moruna.  La  del  caballo 
de  color  claro,  que  la  tiene  negra.  ||  Cabeza  perdida, 
Carp.  y  Cerraj.  La  de  un  clavo  ó  tornillo  cuando  que¬ 
da  oculta  dentro  de  la  pieza  en  que  se  ha  introduci¬ 
do.  ||  Cabeza  redonda,  fig.  y  fam.  Persona  de  rudo 
entendimiento  y  que  no  puede  comprender  las  cosas. 

||  Cabeza  torcida,  fig.  y  fam.  Persona  hipócrita.  ¡' 
Cabeza  vana.  fig. .v  fam.  La  que*  está  débil  ó  flaca 
por  enfermedad  ó  demasiado  trabajo:  ||  Mala  cabe¬ 
za.  fig.  v  fam.  Persona  que  procede  sin  juicio  ni 
consideración.  v» 


Cabeza 


Por  Hans  Baldung 


Por  Miguel  Angel  Por  Velázquez;  Por  Leonardo  de  Vinci 

(Galería  de  los  Oficios,  Florenci^) 


Por  Alberto  Durero  .  por  Andrés  del  Sarto 

(Galería  de  los  Oficios,  Florencia) 


Por  Rembrandt 
(Galería  de  Cassel) 


f:  I 

¡t  -  ‘C 

fililí  V 

¿Jt 

ti 

Por  Antonio  van  Dyck.  (Museo  de  Lyón)  por  Jordaens.  (Museo  de  Amiens) 


118 


CABEZA 


Abrir  la  cabeza,  fr.  fig.  y  fam.  Descalabrar.  || 

A  LA  CABEZA,  EL  COMER  LA  ENDEREZA,  ref.  Cuando 
el  dolor  de  cabeza  proviene  de  debilidad  de  estóma¬ 
go  se  remedia  tomando  alimento.  ||  Alzar  la  cabeza. 
fr.  fig.  y  fam.  Recobrarse  ó  restablecerse  alguno  de 
una  enfermedad.  ||  Salir  alguno  de  la  pobreza  ó  des¬ 
gracia  en  que  se  hallaba.  ||  Andársele  á  uno  la 
cabeza,  fr.  fig.  y  fam.  Estar  perturbado  ó  débil,  pa- 
reciéndole  que  todo  lo  que  ve  se  mueve  á  su  alrede¬ 
dor.  ||  Estar  amenazado  de  perder  la  dignidad  ó  em¬ 
pleo.  ||  Aprender  de  cabeza,  fr.  ant.  Aprender  de 
memoria.  ||  Asomar  la  cabeza,  fr.  fig.  Acercarse  ó 
estar  muy  próxima  una  persona  ó  cosa.  ||  A  UN  vol¬ 
ver  de  cabeza  ó  de  ojos.  expr.  En  un  momento,  en 
un  instante.  || -Bajar  la  cabeza,  fr.  fig.  y  fam. 
Obedecer  y  ejecutar  sin  réplica  lo  que  se  manda.  || 
fig.  y  fam.  Conformarse,  tener  paciencia  cuando  no 
hav  otro  remedio.  ||  Cabeza  calva,  peinada  desde 
el  alba.  ref.  La  persona  poco  exigente,  pronto  y  fᬠ
cilmente  se  ve  satisfecha.  ||  Cabeza  con  cabeza. 
expr.  Da  á  entender  que  las  junturas  ó  empalmes  de 
las  diferentes  piezas  están  labradas  á  tope  en  sus 
extremos.  ||  Cabeza  loca  no  quiere  toca.  ref.  Mo¬ 
teja  á  la  persona  que,  fuera  de  ocasión,  lleva  descu¬ 
bierta  la  cabeza.  ||  También  expresa  que  la  persona 
atrouada  y  de  poco  juicio,  no  suele  admitir  correc¬ 
ción.  ||  Calentarse  la  cabeza,  fr.  fig.  Dedicarse 
afanosamente  á  algún  trabajo  mental.  ||  amer.  Arg. 
Calentarse  los  cascos.  ¡  Cargársele  á  uno  la 
cabeza,  fr.  Sentir  en  ella  pesadez  ó  entorpecimiento. 

||  Casarme  quiero;  comeré  cabeza  de  olla  v  sen¬ 
tarme  he  primero,  ref.  Denota  las  ventajas  que 
consigue  el  que  es  cabeza  de  familia.  ||  Dar  á  algu¬ 
no  en  la  cabeza,  fr.  fig.  Frustrar  sus  designios, 
triunfar  de  él.  ¡|  Dar  con  la  cabeza  en  las  paredes. 
fr.  fig.  y  fam.  Precipitarse  alguno  en  un  negocio  con 
daño  suyo.  |¡  Dar  de  cabeza,  fr.  fig.  y  fam.  Caer  al¬ 
guno  de  su  fortuna  ó  autoridad.  ||  Porfiar  indiscre¬ 
tamente.  ||  Darle  en  la  cabeza  á  alguno,  fr.  Por¬ 
fiar  indirectamente.  ||  Débil  de  cabeza,  expr.  Fla¬ 
co  de  cabeza.  ||  De  cabeza,  m.  adv.  De  memoria. 
Se  usa  con  los  verbos  aprender,  hablar,  tomar,  etc. 

||  m.  adv.  Por  fuerza,  violentamente,  contra  la  propia 
voluntad.  ||  Dejar  encabeza  de  mayorazgo  alguna 
cosa.  fr.  Vincularla.  ||  De  mi  cabeza,  de  su  cabeza, 
etcétera,  fig.  De  propio  ingenio  ó  invención.  ||  Des¬ 
componérsele  Á  alguno  la  cabeza,  fr.  Turbársele 
á  uno  la  razón  ó  perder  el  juicio.  ||  Doblar  ó  do¬ 
blegar  la  cabeza,  fr.  fig.  v  fam.  Bajar  la  cabeza. 
||  Dolerle  á  uno  la  cabeza,  fr.  fig.  y  fam.  Estar 
próximo  á  caer  de  su  privanza  y  autoridad.  ||  Do  no 
hay  cabeza  raída,  no  hay  cosa  cumplida.  ||  ref.  In¬ 
dica  que  los  eclesiásticos  suelen  ser  el  apoyo  de  sus 
familias,  la  esperanza,  el  amparo,  el  consuelo  de  sus 
ancianos  padres.  ||  ¡Duro  y  á  la  cabeza!  expr.  fam. 
Exhorta  á  no  cejar  del  rumbo  emprendido,  sino  á 
seguirlo  con  constancia.  ||  Echar  de  cabeza,  fr. 
Tratando  de  vides  y  otras  plantas,  enterrarlas  sin 
cortarlas  para  que  arraiguen,  y  poderlas  después 
trasplantar.  ||  Echar  de,  ó  por  la  cabeza,  fr.  amer. 
Mej.  Descubrirla  parte  que  alguno  ha  tenido  en  un 
negocio  ó  enredo  ||  En  cabeza,  loe.  adv.  En  primer 
lugar.  ||  amer.  Arg.  Con  la  cabeza  descubierta.  || 
En  cabeza  de  alguno,  loe.  En  representación  ó  á 
nombre  suyo.  ||  En  cabéza  de  mayorazgo,  loe.  fig. 
y  fam.  Indica  la  dificultad  que  alguno  tiene  en  des¬ 
prenderse  de  una  cosa,  por  la  mucha  estimación  que 
hace  de  ella.  ||  Encajársele  á  uno  en  la  cabeza 


alguna  cosa.  fr.  Afirmarse  uno  en  el  dictamen  ó 
concepto  que  tiene  hecho  de  ella,  y  perseverar  en  él 
con  obstinación.  ||  Escarmentar  en  cabeza  ajena. 
fr.  Tener  presente  el  suceso  trágico  ajeno  para  evi¬ 
tar  la  misma  suerte.  (|  Estar  en  cabeza  de  mayoraz¬ 
go  ALGUNA  COSA.  fr.  ESTAR  VINCULADA.  ||  ESTAR  EN 
cabeza  un  buque,  fr.  Mar.  Tener  colocados  todos 
los  maderos  de  cubierta  que  se  llaman  cabezas.  || 
Flaco  de  cabeza,  fr.  Se  dice  de  la  persona  poco 
firme  en  sus  juicios  é  ideas.  ||  Hablar  de  cabeza  j 
fr.  Hablar  de  memoria  ó  de  repente.  ||  Hacer  ca¬ 
beza.  fr.  Ser  el  principal  en  algún  negocio.  ||  ant. 
Hacer  frente  al  enemigo.  ||  Mar.  Declinar  la  proa 
hacia  sotavento,  cuando  se  leva  el  ancla  para  dar  la 
vela.  ||  Aproar.  |  Hacer  cabeza  de  bobo.  fr.  fig. 
y  fam.  Ser  cabeza  de  bobo.  ||  Henchir  á  uno  la 
cabeza  de  viento,  fr.  Adular  á  alguno,  lisonjearle. 

||  Hundir  de  cabeza,  fr.  Echar  de  cabeza.  ||  Ir  ca¬ 
beza  abajo,  fr.  fig.  y  tam.  Decaer,  arruinarse  por 
grados.  ||  Irsele  á  uno  la  cabeza,  fr.  Perturbarse  el 
sentido  y  á  veces  la  razón.  ||  Andársele  á  uno  la 
cabeza.  ||  La  cabeza  blanca  y  el  seso  por  venir. 
ref.  Expresa  que  no  faltan  viejos,  que  á  pesar  desús 
canas  obran  con  la  irreflexión  de  los  jóvenes  vicio¬ 
sos.  ||  Lavar  la  cabeza  del  asno,  perdimiento 
de  jabón,  ref.  Perdida  es  la  lejía  en  la  cabeza 
del  asno.  ||  Levantar  cabeza,  fr.  fig.  y  fam.  Alzar 
cabeza.  ||  Levantar  uno  de  su  cabeza  alguna  cosa.  ¡ 
fr.  fig.  y  fam.  Inventar  alguna  noticia  ó  suceso.  || 
Lograr  cabeza  de  lobo.  fr.  fam.  Aprovecharse  uno 
de  la  ocasión  para  su  negocio.  ||  Llenar  á  uno  la 
cabeza  de  viento,  fr.  fig.  y  fam.  Henchir  á  uno 

LA  CABEZA  DE  VIENTO.  ||  LLEVAR  UNO  EN  LA  CABEZA, 
fr.  fig.  y  fam.  Recibir  algún  daño  ó  perjuicio,  en 
vez  délo  que  pretendía.  ||  Llevar  uno  en  la  cabeza 
alguna  cosa.  fr.  fig.  y  fam.  Tener  uno  en  la  cabeza 
alguna  cosa.  ||  Mala  cabeza.  Se  dice  de  la  per¬ 
sona  que  procede  sin  juicio  ni  consideración.  || 
Más  vale  ser  cabeza  de  ratón,  que  cola  de 
león.  ref.  Expresa  que  es  preferible  ser  el  pri¬ 
mero  en  una  comunidad  reducida,  que  el  último 
de  una  más  importante  y  grande.  ||  Meter  cabe¬ 
za.  fr.  amer.  Méj.  Encapricharse.  ||  Meter  á  uno 
en  la  cabeza  alguna  cosa.  fr.  y  fig.  fam.  Persua¬ 
dirle  de  ella  eficazmente.  ||  Hacérsela  comprender  ó 
enseñársela,  venciendo  con  trabajo  su  torpeza  é  inep¬ 
titud.  ||  Meter  la  cabeza  dentro  de  un  puchero. 
fr.  fig.  y  tam.  Da  á  entender  que  uno  ha  padecido 
equivocación  en  alguna  materia,  y  mantiene  su  dicta¬ 
men  con  gran  tesón  y  terquedad.  ||  Meter  la  cabeza 
en  alguna  parte,  fr.  fig.  v  fam.  Tener  entrada  ó 
ser  admitido  en  punto  donde  se  pueda  medrar.  || 
Meterse  de  cabeza,  fr.  fig.  v  fam.  Entrar  de  lleno 
en  algún  negocio.  ||  Metérsele  á  uno  en  la  cabeza 
alguna  cosa.  fr.  fig.  v  fam.  Figurársela  con  poco  ó 
ningún  fundamento  y  obstinarse  en  considerarla 
cierta  ó  probable.  ||  Perseverar  en  un  propósito  ó 
capricho.  ||  No  haber  dónde  volver  la  cabeza,  fr. 
fig.  No  encontrar  auxilio,  carecer  de  todo  favor  y 
amparo.  ||  No  levantar  cabeza,  fr.  Estar  muy  ata¬ 
reado,  especialmente  en  leer  y  escribir.  ¡|  No  acabar 
de  convalecer  de  una  enfermedad,  padeciendo  fre¬ 
cuentes  recaídas.  ||  No  poder  salir  de  la  pobreza  ó 
miseria.  ||  No  tener  dónde  volver  la  cabeza,  fr. 
No  HABER  DÓNDE  VOLVER  LA  CABEZA.  ||  OTORGAR  DE 
cabeza,  fr.  Bajarla  para  decir  que  sí.  ||  Pasarle  á 
uno  una  cosa  por  la  cabeza.  fr.  fig.  v  fam.  Anto- 
jársele,  imaginarse.  ||  Pasársele  á  alguno  la  cabe- 


CABEZA 


za.  fr.  Resfriarse.  ||  Perder  la  cabeza,  fr.  Faltar  la 
razón  ó  el  juicio,  [j  Atolondrarse,  hacerse  calavera. 

||  Pesarle  á  alguno  la  cabeza  más  que  los  pies. 
fr.  Estar  borracho.  ||  Podrido  de  cabeza,  expr.  fig. 
ant.  Loco.  ||  ant.  fig.  Necio.  ||  Poner  alguna  cosa 
sobre  la  cabeza,  fr.  Hablando  de  las  cédulas  ó  des¬ 
pachos  reales  es  una  demostración  del  respeto  y  re¬ 
verencia  con  que  se  reciben.  ||  fr.  fig.  Manifestar  el 
aprecio  que  se  hace  de  alguna  cosa.  ||  Poner  en 
CABEZA  DE  MAYORAZGO  ALGUNA  COSA  fr.  DEJAR  EN 
CABEZA  DE  MAYORAZGO  ALGUNA  COSA.  [|  PONERSE  EN 
la  cabeza  alguna  cosa.  fr.  Ofrecerse  á  la  imagina¬ 
ción  sin  antecedente  ni  motivo.  ||  Por  su  cabeza,  m. 
adv.  Por  su  dictamen,  sin  tomar  consejo.  ||  Que¬ 
brantar  la  cabeza,  fr.  fig.  Humillar  la  soberbia  de 
alguno,  sujetarle.  ||  Cansar  con  pláticas  y  conversa¬ 
ciones  necias  ó  pesadas.  (|  Quebrarse  la  cabeza. 
fr.  fig.  y  fam.  Hacer  ó  solicitar  alguna  cosa  con  vi¬ 
vísimo  ahinco  y  perseverancia,  ó  buscarla  con  mu¬ 
cha  solicitud,  especialmente  cuando  es  muy  difícil  ó 
imposible  su  logro.  Quebrásteme  la  cabeza  y  ahora 
me  untas  el  casco,  ref.  Moteja  al  que  con  adulación 
c  intempestivo  halago,  pretende  reparar  el  grave 
<laño  que  antes  ha  causado  al  mismo  sujeto.  ||  Que¬ 
darle  Á  uno  la  cabeza  hueca,  fr.  fig.  irón.  Se 
dice  del  que  ha  salido  con  una  pata  de  gallo,  pero¬ 
grullada  ó  vaciedad.  ||  Quien  cabeza  tiene,  no  ha 
MENESTER  BONETE,  ref.  CABEZA  LOCA  NO  QUIERE  TOCA. 

||  Quitar  á  uno  alguna  cosa  de  la  cabeza,  fr.  fig. 
y  fam.  Disuadirle  del  concepto  que  había  formado 
■ó  del  ánimo  que  tenía.  ||  Romper  á  uno  la  cabeza. 
fr.  Descalabrarle  ó  herirle  en  ella.  ||  fig.  y  fam.  Mo¬ 
lestarle  y  fatigarle  con  discursos  impertinentes.  || 
Romperse  la  cabeza,  fr.  fig.  y  fam.  Cansarse  ó  fa¬ 
tigarse  con  el  estudio  ó  cualquier  trabajo  intelectual. 

||  Sacar  la  cabeza,  fr.  fig.  y  fam.  Manifestarse  ó 
dejarse  ver  cualquier  persona  ó  cosa  que  no  se  había 
visto  en  algún  tiempo.  [|  fig.  y  fam.  Gallear,  empe¬ 
zar  á  atreverse  á  hablar  ó  hacer  alguna  cosa  el  que 
•estaba  antes  abatido  ó  tímido.  ||  Manifestar  algún 
•deseo.  ||  Sacar  uno  de  su  cabeza  alguna  cosa.  fr. 
fig.  y  fam.  Levantar  uno  dé  su  cabeza  alguna 
•cosa.  ||  Sentar  la  cabeza,  fr.  fig.  y  fam.  Hacerse 
juicioso  y  moderar  su  conducta  el  que  era  turbu¬ 
lento  y  desordenado.  ||  Ser  cabeza  de  bobo.  fr.  To¬ 
mar  pie  ó  pretexto  de  alguna  cosa  para  abonar  de 
de  este  modo  actos  vituperables.  ||  Subirse  á  la  ca¬ 
beza.  fr.  Explica  el  aturdimiento  que  ocasionan  en 
«lia  los  vapores  del  vino,  tabaco,  etc.  ||  Tener  en  la 
cabeza  alguna  cosa.  fr.  fig.  y  fam.  Tenerla  presen¬ 
te  con  todo  cuidado.  ||  Tener  la  cabeza  á  las  once, 
ó  Á  pájaros,  fr.  fig.  y  fam.  No  tener  juicio;  estar 
distraído.  ||  Tener  la  cabeza  llena  de  aire.  fr.  fig. 
y  fam.  Tener  poco  juicio;  estar  distraído.  ||  Te¬ 
ner  mala  cabeza,  fr.  fig.  y  fam.  Proceder  sin 
juicio  ni  consideración.  [|  Tocado  de  la  cabeza. 
expr.  fig.  y  fam.  Dícese  de  la  persona  que  empieza 
á  perder  el  juicio.  ||  Tomar  de  cabeza,  fr.  Aprender 
de  memoria.  ||  Torcer  la  cabeza,  fr.  fig.  Enfer¬ 
mar.  ||  Morir.  ||  Volverla  á  los  lados  en  señal  de 
disgusto  ó  desprecio.  ||  Tornar  cabeza  á  alguna 
cosa.  fr.  Tener  atención  ó  consideración  á  ella.  || 
Venirle  á  uno  á  la  cabeza  alguna  cosa.  fr.  fig. 
y  fam.  Ocurrírsele  alguna  idea.  ||  Vestirse  por  la 
cabeza,  fr.  fig.  y  fam.  Ser  del  sexo  femenino  una 
persona.  ||  Por  ext.  pertenecer  una  persona  al  estado 
eclesiástico,  en  atención  á  vestir  traje  talar.  ||  Volar 
la  cabeza,  fr.  Quitarla,  cortarla.  ||  Volverse  cabeza. 


119 

fr.  fig.  amer.  Méj.  Aturdirse,  apurarse.  ||  Volvér¬ 
sele  Á  uno  la  cabeza,  fr.  Perder  la  cabeza. 

Es  conveniente  incluir  en  este  lugar  algunas  lo¬ 
cuciones  y  modismos  impropios  usados  con  la  voz 
cabeza.  Es  el  primero  perder  la  cabeza  en  sentido 
de  perder  la  vida.  La  frase  perder  la  ca¬ 
beza  en  castellano  sólo  puede  significar 
perder  el  seso,  perder  el  tino  y  discreción, 
perder  el  juicio  ó  perder  el  entendimien¬ 
to,  sentidos  todos  muy  conformes  con 
la  acepción  de  la  voz  Cabeza.  Los  fran-  Marcadece- 
ceses  también  admiten  el  sentido  meta-  rámicacon 
fórico  de  perdre  la  téte,  pero  no  dejan  (Dem)beZa 
de  la  mano  el  sentido  literal,  que  hace 
de  la  voz  téte  un  equivalente  de  vida,  de  modo  que 
perdre  la  téte  viene  á  significar  ambas  cosas;  morir  y 
enloquecer .  Pero  como  la  palabra  cabeza  no  equivale 
á  vida  en  castellano,  no  puede  aceptarse  por  usual  y 
corriente  la  frase  perder  la  cabeza  en  el  sentido  de  per¬ 
der  la  vida.  La  frase  gritar  á  plena  cabeza,  tomada  del 
francés  para  expresar  la  acción  de  vocear,  no  puede 
aceptarse  en  castellano  porque  la  voz  no  se  forma  en 
la  cabeza,  sino  en  la  garganta.  En  lugar  de  á  plena 
cabeza  debe  usarse:  á  voz  en  grito,  d  voz  en  cuello,  d 
poder  de  gritos,  etc.  Hay  que  advertir  también  que  la 
frase  cabeza  coronada  es  una  mala  traducción  de  téte 
couronnée,  debiendo  en  castellano  decirse  testa  coro¬ 
nada,  real  personaje,  monarca,  soberano,  etc.  Véase 
Baralt,  Diccionario  de  galicismos  (art.  Cabeza );  Cap- 
manv,  Arte  de  traducir  (pág.  197),  y  al  P.  Juan  Mir, 
Prontuario  de  hispanismo  y  barbarismo  (t.  1, 277-283). 

Cabeza.  Anat.  Se  llama  así  la  extremidad  redon¬ 
deada  de  ciertos  huesos  como  el  fémur  y  el  húmero. 
También  se  da  este  nombre  á  la  porción  más  volu¬ 
minosa  de  ciertos  órganos  blandos  como  el  epidídi— 
mo,  el  páncreas.  ||  Segmento  más  elevado  del  cuerpo 
humano.  Colocada  encima  del  cuello  y  desbordán¬ 
dolo  por  delante,  por  detrás  y  lateralmente,  está 
separada  de  él  por  la  base  del  cráneo,  ó  más  exacta¬ 
mente  por  la  protuberancia  occipital  externa,  la 
línea  occipital  superior,  la  base  de  la  apófisis  mas- 
toides  y  el  borde  inferior  del  arco  zigomático.  Se 
articula  sólidamente  con  la  columna  vertebral  en  la 
unión  de  su  tercio  posterior  con  sus  dos  tercios 
anteriores  gracias  á  la  articulación  occípitoatloidea. 
Su  forma  difiere  mucho  según  la  cara  que  se  consi¬ 
dere.  Por  la  posterior  tiene  la  forma  de  un  cuadri¬ 
látero  irregular  cuyo  borde  inferior  que  corresponde 
á  la  región  de  la  nuca  está  representado  por  una 
línea  que  pasa  de  una  á  otra  apófisis  mastoide,  el 
borde  superior  convexo  responde  á  las  dos  parieta¬ 
les,  y  los  bordes  laterales  son  dos  líneas  que  van  de 
la  eminencia  parietal  á  la  apófisis  mastoide  corres¬ 
pondiente.  La  cara  anterior  es  de  forma  cuadrilátera 
pero  mucho  más  alta,  pues  está  formada  no  solamente 
por  el  cráneo  sino  por  la  cara.  Su  borde  superior  con¬ 
vexo  y  redondeado  corresponde  á  la  curva  frontal  y  el 
inferior  está  formado  por  el  cuerpo  del  maxilar  infe¬ 
rior.  Lateralmente  la  cara  presenta  el  aspecto  de  un 
ovoide  cuya  extremidad  mayor  situada  hacia  atrás 
corresponde  al  occipucio  y  cuya  extremidad  menor 
colocada  hacia  adelante  está  representada  por  la  bar¬ 
ba.  El  eje  del  ovoide  craneal  representado  por  el  diᬠ
metro  occípitomentoniano  es  muy  oblicuo  de  atrás 
adelante  y  de  arriba  abajo.  Vista  por  arriba  ( norma 
vertic.alis  de  Blumenbach)  aparece  bajo  la  forma  de 
un  ovoide  cuya  extremidad  mayor  es  posterior.  Pero 
aun  conservando  siempre  este  tipo  ovoide  la  cabeza 


120 


CABEZA 


29.  30  31.  32  33.  34  35  36  37  38 


Filigranas  de  papel  con  una  cabeza 

1.  Siena  (1313  á  14)  y  Pisa  (1315).  —  2.  Bourg  (1470  á  73).—  3l  Narbona  (1503).  —  4.  Lyón  (1470).—  5.  Catellane  (1433).  —  6.  Vicencia  (1420)» 
—  7.  Vicencia  (1425).  —  7  bis.  Limoges  (1542).  —  8.  Provenza  (1483),  Ginebra  (1480)  y  Forcalquier  (1494) _ 9.  Coblenza  (1560)  y  Franc¬ 
fort  (1571).  —  10.  Zong  (1545),  Lucerna  (1546)  y  Colmar  (1557).  —  11.  Viena  (1540),  Wurtzburgo  (1516  á  34)  y  Stuttg;art  (1538  á  45). _ 

12.  Perpiñán  (1380).  —  13.  Augsburgo  (1425),  Nuremberg  (1391)  y  Palatinado  (1389).  —  14.  Neuweilnau  (1430).  —  15.  Genova  (1332). _ 

16.  Grenoble  (1332)  y  Provenza  (1332).  —  17.  Florencia  (1431). — 18.  Palermo  (1462)  y  Catania  (1462).  —  19.  Montpellier  (1346).— 20.  Es¬ 
paña  (1352),  París  (1355  á  77)  y  Palermo  (1364  á  68).  —  21.  Perpiñán  (1402).  —  22.  Florencia  (1375)  y  Perpiñán  (1381).  —  23.  Clermont- 

Ferrand  (1521).  — 24.  Stuttgart  (1580  á  83). —  25.  Neuweilnau  (1515),  Brunswick  (1519;  y  Duseldorf  (1518).  —  26.  Mantua  (1558). _ 

27.  Rhynsburgo  (1466),  Holanda  (1465  á  67)  y  Troyes  (1468).  —  28.  Troyes  (1387)  y  Aube  (1576).  '—  29.  Berpiñdn  (137.1).  —  30.  Veron* 
(1390),  Berlín  (1375  á  77)  y  Venecia  (1381).  —  31 .  Magdeburgo  (1388).  —  32.  Silly  (1435).  —  33.  Leiden  (1399).  —  34.  Lyón  (1389).  — 
35.  Grenoble  (1365  á  69).  —  36.  Chateauduri  (1384).  —  37.  Nápoles  (1480)  y  Arezzo  (1484)  —  38.  Frutigen  (1400)  y  Francfort  del  Main. 


presenta  variedades  muy  numerosas  según  los  indi¬ 
viduos  y  razas.  La  altura  de  la  cabeza  sé  mide  por 
Jal  distancia  que  separa  el  vértice  del  mentón,!  que 
es  término  medio  de  18  á  20  cm.  ó  sea  el  13  por  100 
de¡  la  talla.  Las  mediciones  comparadas  entre  ambos 
sexos  han  establecido  que  la  mujer  tiene  en  general 
la  cabeza  un  poco  más  desarrollada  que  el  hombre. 
El  desarrollo  de  la  cabeza  varía  con  la  edad.  Muy 
voluminosa  en  el  recién  nacido,  va  decreciendo  (pro¬ 
porcionalmente  á  la  talla)  á  medida  que  se  acerca  á 
la  edad  adulta.  La  tabla  de  Quetelet  expresa  bien 
estas  diferencias. 


Altura  proporcional  de  la  cabeza  según  las  edades , 
siendo  la  talla  —  100 


Hombres 

Mujeres 

Hoinbres 

Mujeres 

Al  nacer  . 

23 ‘1 

23‘3 

15  años. 

14‘5; 

144 

!  5  años  '. 

IT  5 

19‘7 

20  » 

13‘8t 

13‘9 

10  » 

164 

16‘3 

30  » 

13‘0 

14‘0 

La  cabeza  comprende  dos  partes:  el  cráneo  y  la 
cara.  El  primero  situado  arriba  y  atrás  es  una  gran 
cavidad  ósea  que  contiene  él  encéfalo.  La  cara 
situada  abajo  y  adelante  es  un  mácizo  óseo  donde  sé 
aloja  la  porción  inicial  de  los  conductos  respiratorio 
v  digestivo,  y  una  parte  de  los  aparatos  sensoriales. 
Para  i  el  estudio  anatómico  i  completo  de  la  cabeza, 
V.  Cráneo  y  Cara. 

Cabeza.  Antrop.  V.  Craneología. 


Cabeza.  Arquit.  Se  llama  cabeza  de  dónela  al  pa¬ 
ramento  aparente  que  en  lo  exterior  del  muro  pre¬ 
senta  la  dovela;  cabeza  de  muro ,  al  extremo  de  un 
muro  de  un  grueso  mayor  al  que  presenta  en  el  res¬ 
to;  cabeza  de  pared,  la  que  presenta  su  grueso  á  la 
vista;  suele  tener  una  cadena  de  sillería;  cabeza  de  una 
piedra  ó  de  sillar,  la  superficie  exterior  ó  paramenta 
que  se  ve  del  sillar  colocado  en  un  muro. 

Cabeza.  Arquit.  nav.  Nombre  con  el  que  se  designa 
el  extremo  superior  de  aquellas  piezas  de  construc¬ 
ción  naval,  que  integran  un  buque,  y  cuya  posición 
normal  es  vertical  ó  inclinada,  tales  conao:  el  co¬ 
daste,  las  ligazones  y  varéngas.  los  palos,  el  timón, 
etcétera.  En  las  planchas,  tablas  y  tablones  se 
llama  cabeza  cada  uno  ó  cualquiera  de  sus  extremos. 
Las  cabezas  de  las  planchas  y  de  los  tablones; 
lo  mismo  en  los  buques  de  madera  que  en  los.de 
hierro,  no  deben  estar  en  la  misma  sección  vertical, 
para  no  crear  líneas  débiles.  Tampoco  deben  corres¬ 
ponder  las  cabezas  de  las  dichás.  piezas  con  los 
escapes  de.  la  .quilla.  En  los  buques  de  hierro  debe 
haber,  porfío  menos,  dos  hiladas,  entre  dos  juntas 
situadas  una  sobre  otra,  horizontal rhen te  y  cuanda 
menos  mediar,  entre  los  escapes  de  dos  hiladas  con¬ 
tiguas,  un  intervalo  igual  á  dos  veces  la  anchura  de 
las;  piezas  de  que  están  formadas  las  hiladas.  Res¬ 
pecto  á  la  tablazón  de  madera  de  las  cubiertas  debe 
haber  al  menos  tres  hiladas  intactas  .entre  las  cabe¬ 
zas  de  dos  tablones  que  apoyan  sobre  un  misma 
bao.  La  unión  de  dos  piezas  por  testa,  y  á  tope  se 
,  dice  cabeza  con*  cabeza  y  estar  , en  cabeza,  o  encabezado 


Cabezas  de  clavo 


í 


Cabezas  de  clavo  de  hierro  forjado  y  de  diversos  estilos  ( gótico,  renacimiento  y  árabe).  Colección  Rusiñol.  Cau  Ferrat.  Sitges  (Barcelona) 


CABEZA 


121 


un  buque  al  estar  armadas  todas  las  piezas  principa¬ 
les  del  esqueleto,  que  se  denominan  maderos  de 
cuenta  y  también  cabezas  (V.). 

Careza.  Art.  y  Of.  Parte  superior  de  un  clavo, 
tornillo,  perno,  remache,  etc.,  donde  se  golpea  al 
embutirlo  en  otro  cuerpo.  ||  Especie  de  barrote  la¬ 
brado  al  mismo  grueso  de  un  tablero  al  que  se  pone 
escoplado  y  sujeto  por  medio  de  espigas  que  salen 
del  mismo  tablero.  j|  Extremo  de  cualquier  pieza  de 
construcción.  |j  La  primer  capa  de  porquería  que  se 
encuentra  en  un  pozo  ó  letrina  y  debajo  de  la  cual 
están  las  aguas.  ||  El  vuelo  que  en  los  puentes  ó 
tablones  de  andamio  queda  entre  el  último  punto  de 
apoyo  y  el  extremo.  ||  Cabeza  de  barrena.  Extremo 
del  pistolete  ó  barrena  donde  se  dan  los  martillazos 
para  abrir  el  barreno.  ||  Cabeza  de  biela.  El  extremo 
por  donde  este  órgano  de  la  máquina  se  enlaza  con 
los  demás  á  los  que  sirve  de  transmisor.  ¡¡  Cabeza  de 
cabria.  Pieza  de  hierro  forjado  que  se  interpone 
entre  los  pies  de  esta  máquina  y  las  une  por  me¬ 
dio  de  un  perno  que  sirve  de  eje  á  una  polea.  Lle^a 
un  anillo  en  su  parte  anterior  y  en  la  posterior  un 
morterete  para  asegurar  el  peón.  ||  Cabeza  de  campa¬ 
na.  La  parte  superior  de  ella  compuesta  de  maderos 
fuertemente  sujetos  por  cinchos  ó  barrotes  de  hierro, 
y  cuyo  conjunto  afecta  la  forma  de  una  pirámide 
invertida.  ||  Cabeza  de  clavo.  La  parte  del  mismo 
donde  se  le  golpea  al  clavarlo.  Tienen  distintas  for¬ 
mas,  como  de  gota  de  sebo,  punta  de  diamanteóte. 

||  Cabeza  de  fuelle.  La  parte  del  mismo  donde  están 
las  visagras  y  el  cañón.  ||  Cabeza  de  gota  de  sebo.  La 
de  algunos  clavos  de  cabeza  maciza  en  forma  dé 
casquete  esférico.  ||  Cabeza  de  pestillo.  La  parte 
gruesa  del  mismo  que  al  echar  la  llave  sale  de  la 
cerradura  y  penetra  en  el  cerradero.  Por  ser  parte 
que  se  ha  de  ver  se  Juna  y  pule  con  más  cuidado  que 
el  resto  del  pestillo.  ||  Cabeza  de  madero.  V.  Cogo- 
lla.  |  Cabeza  de  pilote.  Extremidad  superior  de  éste, 
Que  se  sierra  para  asentar  encima  el  emparrillado.  || 
Cabeza  de  sonda.  Parte  superior  de  la  sonda,  ó  man¬ 
go  destinado  á  sostener  y  manejar  la  varilla  de 
aquélla.  Consiste  en  una  barra  de  hierro  terminada 
por  un  anillo  de  hierro  para  colgarla  de  la  cabria  y 
debajo  dos  agujeros  que  se  cruzan  en  ángulo  recto, 
por  los  que  se  introducen  las  palancas  para  comuni¬ 
car  á  la  sonda  movimientos  de  rotación.  ||  Cabeza  de 
tornillo.  Parte  superior  del  mismo  que  sobresale  ó 
sienta  sobre  la  pieza  que  se  ha  de  sujetar  á  otra. 
Suele  ser  cilindrica  ó  semiesféricaj  con  una  muesca 
para  que  en  ella  penetre  v  agarre  el  destornillador  al 
meterlo  y  sacarlo.  También  se  hacen  de  cabeza  tala¬ 
drada  para  introducir  una  barreta  que  lo  haga  girar. 

||  Cabeza  de  traviesa.  Cada  uno  de  sus  extremos  que] 
para  mayor  duración  y  seguridad  deben  estar  cu¬ 
biertos  por  el  balasto.  ||  Cabeza  de  vastago.  Extremo 
de  la  varilla  del  émbolo.  ||  Cabeza  de  viga  de  puente. 
La  extremidad  por  donde  se  apoya  con  los  estribos. 

II  Cabeza  embutida  ó  perdida.  La^dp  un  clavo  ó  tor¬ 
nillo  cuando  penetra  en  la  pieza  donde  se  pone  hasta 
quedar  oculto  en  ella. 

Cabeza.  Blas.  En  heráldica  se  da  el  nombre  de 
cabeza  de  ciervo  á  la  cabeza  de  dicho  animal  que  se 
representa  con  cuernos  y  casi  siempre  de  frente  Si  se 
dibuja  de  perfil  se  advierte  que  es  blasonada.  ||  Cabe¬ 
za  de  moro.  Se  llama  así  á  toda  cabeza  negra  coloca¬ 
da  de  perfil.  Si  ciñe  enfrente  una  venta  ó  cinta  de 
otro  color  se  dice  tortillada  de  tal  esmalte. 

Cabeza.  Bot.  Cabeza  de  clavo.  Sinónimo  de  pi¬ 


mienta  de  la  Jamaica.  V.  Pimienta.  ||  Cabeza  de  pollo. 
Nombre  vulgar  de  la  especie  Carlina  corymbosa  L. 
de  la  familia  de  las  compuestas.  V.  Carlina. 

Cabeza.  Equit.  Se  emplea  como  medida  cuando 
un  caballo  gana  una  carrera  llevando  á  otro  de  ven¬ 
taja  la  cabeza  al  pasar  por  la  meta.  Así  se  dice:  gana 
por  una  cabeza. 

Cabeza.  F.  c.  Se  llama  cabeza  de  carril  ó  de  riel  á 
la  extremidad  por  donde  se  acercan  unos  á  otros,  y 
cabeza  de  tren,  al  principio  del  mismo  ó  parte  delan¬ 
tera  donde  se  engancha  la  locomotora  que  lo  ha  de 
arrastrar. 

Cabeza.  Hidrog.  En  los  cabos  y  puntas  de  tierra 
que  se  internan  en  el  mar  se  llama  cabeza  el  extremo 
más  avanzado.  ||  La  parte  alta  é  inmediata  á  la  su¬ 
perficie  del  agua,  de  los  arrecifes,  bajíos,  escollos, 
etcétera.  ||  Cabeza  de  agua.  Marea  de  sicigias. 

Cabeza.  Impr.  La  parte  superior  de  un  molde.  || 
Linea  ó  líneas  que  indican  el  asunto  que  se  trata  en 
el  texto  que  sigue. 

Cabeza,  lnd.'  Las  primeras  porciones  de  un  lí¬ 
quido  destilado.  Usase  más  en  plural  y  aplicado  con 
preferencia  á  la  destilación  de  alcoholes. 

Cabeza.  Mar.  En  un  buque  cada  uno  de  sus  ex¬ 
tremos  de  proa  y  popa,  más  comúnmente  él  prime-- 
ro  de  ellos,  por  lo  que  se  dice:  hacer  cabeza  como 
equivalente  de  aproar,  y  cabeza  á  la  mar  al  presen¬ 
tar  un  buque  que  está  á  la  capa  su  proa  á  la  mareja¬ 
da  por  efecto  de  haberse  largado  velas  á  proa;  antes 
se  empleaba  tal  frase  para  decir  que  un  buque  al 
estar  cerca  de  tierra  se  ponía  á  capear  con  la  proa 
hacia  fuera  por  precaución  y  á  fin  de  no  acercarse  á 
ella  sin  antes  tomar  las  debidas  precauciones.  ||  Ca- 
bezá  de  branque.  V.  Caperol.  ||  Cabeza  de, cabrestante. 
La  parte  alta  de  tal  máquina  formada  por  el  sombre¬ 
ro,  que  es  donde  se  aplica  el  esfuerzo  cuando  para 
funcionar  el  aparato  se  hace  uso  de  fuerza  muscular. 

||  Cabeza  de  espigón .  Extremidad  saliente  de  un  es¬ 
pigón,  muelle  ó  atracadero.  ||  ¡Cabeza,  dé  timón.  La 
parte  alta  ó  extremo  superior  de  su  mecha,  donde  va 
hecha  firme  la  caña.  ||  Cabeza  de  turco.  Laboró  espe¬ 
cie  de  barrilete  que  en  forma  de  turbante  se.  hace  en 
el  contorno  de  un  cabo  para  adorno  ó  impedir  que  al 
cogerlo  con  la  mano  se  escapóle.  Por  esto,  se  guarne? 
ce  con  cabezas  de  turco  los  guardamancebos  de  los 
portalones. 

Cabeza.  Mil.  El  jefe  de  un  ejército,  insurrección, 
motín,  etc.  ||  Grupo  ó  fila  de  hombres  que  van  de¬ 
lante  de  una  fuerza  formada  y  en  marcha.  |)  Cabeza 
de  ariete.  La  maza  de  hierro  ó  de  bronce,  común¬ 
mente  en  forma  de  cabeza  de  carnero,  con  que  gol¬ 
peaba  los  muros  la  antigua  máquina  militar  denomi¬ 
nada  ariete  (V.j.  |¡  Cabeza  de  barrena.  Se  denómina 
así  en  las  barrenas  que  se  emplean  para  la  fabrica¬ 
ción  de  cañones  y  fusiles,  la  parte  de  la  herramienta, 
en  cuya  superficie  lateral  se  colocan  las  cuchillas  que 
ejecutan  el  trabajo.  ||  Cabeza  de  cohete.  La  parte  de¬ 
lantera  de  dicho  artificio,  donde  iba  el  provectil,  en 
los  cohetes  á  la  Congréve,  ó  el  mixto  incendiario  ó 
de  iluminación,  en  los  destinados  respectivamente  á 
estos  usos  (V.  Cohete).  ||  Cabeza  de  columna.  La 
fracción  que  en  una  columna  marcha  delante  de  los 
demás.  ||  Cabeza  de  hilera.  El  soldado  que  ocupa  el 
primer  lugar  en  una  hilera.  ||  Cabeza  de  la  guerra, 
Antiguamente  se  usó  á  veces  esta  locución  para  de¬ 
signar  el  centro  principal  de  resistencia  de  uno  cual¬ 
quiera  de  los  dos  bandos  ó  ejércitos  que  toman  parte 
en  una  campaña.  ||  Cabeza  de  motín.  El  promovedor 


CABEZA 


122 

de  la  sedición,  ó  sea  el  primero  que  levanta  la  voz 
en  sentido  subversivo,  excitando  á  la  sedición  ó  al 
motín.  La  ordenanza  le  denomina  también  motor 
(V.  Sedición,  Rebelión,  etc.).  ||  Cabeza  de  puerco. 
Nombre  que  daban  los  germanos  al  cúneo  ó  cuna 
que  formaban  ordinariamente  para  combatir  (véase 
Cúneo).  [|  Cabeza  de  trinchera.  El  origen  ó  principio 
de  los  aproches  que  se  construyen  para  el  ataque  in¬ 
dustrial  de  una  plaza.  ||  Cabeza  de  zapa.  El  extremo 
más  avanzado  de  cada  una  de  las  trincheras  de  apro- 
che  que  se  construyen  en  el  ataque  industrial  de 
una  plaza.  Como  para  estos  trabajos  se  hace  siempre 
uso  de  la  zapa  llena  (V.),  las  cabezas  de  zapa  presen¬ 
tan  siempre  partes  de  diferente  anchura  y  profundi¬ 
dad,  que  reciben  el  nombre  de  formas  (V .)  y  son  pro¬ 
ducidas  por  la  manera  especial  de  conducir  el  trabajo, 
para  que  no  se  estorben  los  que  lo  ejecutan.  ||  Tam¬ 
bién  se  llaman  cabezas  de  zapa  los  grupos  de  zapado¬ 
res  que  trabajan  simultáneamente  en  las  trincheras 
para  adelantar  los  aproches. 

Cabeza.  Min.  En  Honduras  se  llama  así  el  resi¬ 
duo  que  contiene  plomo  y  plata  y  que  queda  después 
de  hecha  una  quema.  ||  Cabeza  de  bomba.  Parte  su¬ 
perior  ó  primer. cuerpo  de  una  bomba,  de  las  coloca¬ 
das  en  las  minas.  ||  Cabeza  de  cuadrilla.  Minero 
entibador.  ||  Cabeza  del  banco.  La  arista  superior  for¬ 
mada  por  las  caras  de  la  excavación  de  este  nombre. 

(|  Cabeza  de  la  veta  del  filón.  Parte  superior  de  este 
criadero  que  algunas  veces  suele  asomar  á  la  super¬ 
ficie  del  terreno. 

Cabeza.  Más.  Clavijero. 

Cabeza.  Pat.  Se  da  el  nombre  de  cabeza  de  Me¬ 
dusa  á  la  dilatación  de  las  venas  situadas  alrededor 
del  ombligo  adoptando  la  forma  de  corona.  Se  debe 
á  k  compresión  de  la  vena  cava  ó  de  la  vena  porta 
en  el  curso  de  la  cirrosis  atrófica  del  hígado.  Obe¬ 
dece  al  paso  de  la  sangre  por  la  vena  umbilical  que 
ha  quedado  permeable  ó  la  paraumbilical  que  llega 
después  á  las  subcutáneas  del  ombligo  distendién¬ 
dolas. 

Cabeza.  Pint.  y  Escul.  Se  dice  en  pintura  y  en 
escultura  de  la  dimensión  de  la  altura  del  rostro 
humano.  Dícese  de  una  figura  que  mide  siete  cabe¬ 
zas  y  media  de  altura,  cuando  su  altura  es  igual  á 


Estudio  de  cabezas.  (Dibujo  de  F.  Boucher) 


cuatro  veces  y  media  la  dimensión  del  rostro,  de  la 
cara  v  del  cráneo  unidos  y  medidos  verticalmente.  (| 
Cabeza  de  carácter.  Se  designa  también  así  en  estilo 
académico  un  rostro  de  expresión  enérgica,  aunque 
convencional.  Cabeza  de  carácter,  figura  de  expre¬ 
sión,  son  locuciones  casi  sinónimas.  Se  han  estable- 
cido  concursos  en  los  cuales  los  concurrentes  repro¬ 


ducen  un  modelo  al  cual  se  da  actitud  enérgica  indi¬ 
cando  una  pasión  violenta.  A  causa  de  esta  actitud, 
los  movimientos  de  los  músculos  están  muy  acusados, 
siendo  más  fáciles  de  copiar  y  el  carácter  de  la  figu¬ 
ra  muy  acentuado.  También  se  dice  que  un  grupo  ó 
que  un  paisaje  tiene  carácter,  cuando  se  presenta  de 
un  modo  típico,  personal  y  que  se  impone,  bien  por 
la  línea,  bien  por  el  color.  ||  Cabeza  de  carnero.  Mo¬ 
tivo  de  ornamentación  que  se  compone  de  una  ca¬ 
beza  de  carnero  vista  de  frente,  y  cuyos  cuernos 
están,  por  lo  común,  enlazados  por  una  guirnalda. 

Cabeza.  Táct.  nav.  La  nave  ó  unidad  flotante 
primera  ó  que  va  delante  de  las  demás  en  una  línea 
ó  columna;  y  así  se  dice:  buque  cabeza  de  línea  y  bu¬ 
que  cabeza  de  columna. 

Cabeza  de  barangay.  (En  tagalo  ulo  ng  balan- 
gay .)  Adm.  Representante  natural  y  jefe  del  baran¬ 
gay,  en  Filipinas,  según  especificaba  el  Reglamento 
de  21  de  Marzo  de  1889.  Como  tal  ejercía  las  fun¬ 
ciones  de  carácter  administrativo,  económico  y  de 
gobierno  que  las  leyes  le  conferían.  El  cargo  de  ca¬ 
beza  de  barangav  era  anterior  ála  dominación  espa¬ 
ñola  v  fué  respetado  por  ésta,  fundándose  en  las 
prescripciones  de  las  Leyes  de  Indias  (tít.  Vil, 
lib.  VI)  que  prevenían  que  se  conservaran  los  dere¬ 
chos  de  los  caciques  y  señores  de  pueblos  respetando 
la  sucesión  hereditaria.  Al  llegar  los  españoles  á 
Filipinas  se  encontraron  con  que  los  reyezuelos,  ré¬ 
gulos  y  caciques  ejercían  autoridad  en  diversos  pa¬ 
rajes,  v  realmente  los  barangay  eran  los  datos  ó  jefes 
de  cierto  número  de  familias  á  ellos  subordinadas  y 
compuestas  de  cien  cailians  (en  tagalo  sácopes ,  y  en 
Nueva  Vizcaya  ó  Isabela  de  Luzón  gaddan,  miembro 
del  balangay  ó  barangay).  La  conservación  de  este 
cargo  respondía  á  la  necesidad  de  crear  un  cuerpo 
de  recaudadores  para  los  tributos,  empadronando  á 
los  de  su  cabecería  anualmente  con  arreglo  al  bando 
de  30  de  Enero  de  1799,  y  obligándolos  asimismo 
á  concurrir  á  los  trabajos  comunales  y  deberes  que 
tenían  para  el  pueblo.  Cuidaban  además  los  cabezas 
de  barangay  de  sostener  la  paz  y  concordia  entre 
los  vecinos.  Por  decreto  de  6  de  Marzo  de  1  /90  se 
ordenó  que  el  cargo  de  cabeza  de  barangay  fuera 
hereditario,  aunque  después  pasó  á  ser  electivo,  sal¬ 
vo  en  algunas  provincias  como  en  Batangas  donde 
por  decreto  de  1857  se  declaró  válida  la  renuncia 
de  un  cabeza  de  barangay  de  Bawang  en  favor  de 
su  hijo.  Al  dictarse  la  descentralización  de  las  fun¬ 
ciones  municipales  en  1893  se  prescribió  por  decreto 
de  19  de  Mayo  de  aquel  año  que  para  ocupar  el  car¬ 
ero  era  preciso  ser  natural  ó  mestizo  de  sanglev 
(chino),  mayor  de  veinticuatro  años  y  vecino  del 
pueblo  con  dos  años  de  residencia.  El  cabeza  for¬ 
maba  parte  de  la  principaba  (municipio),  y  además 
de  dársele  el  título  de  don  adquiría  el  derecho  de 
principal  á  los  diez  años  de  servicios,  después  de  los 
cuales  se  le  guardaban  las  mismas  consideraciones 
que  al  capitán  ó  gobernadorcillo  (alcalde)  y  quedaba 
exento  de  quintas,  polos  y  servicios.  Al  posesionar¬ 
se  los  norteamericanos  de  hilipinas,  y  con  arreglo  á 
la  orden  general  número  40,  de  29  de  Marzo  de 
1900,  al  dictársela  nueva  ley  municipal,  dejó  de  ser 
cargo  oficial,  en  la  organización  dada  á  los  munici¬ 
pios  (V.  Barangay.  Adm.,  t.  VII,  pág.  624). 

Cabeza  del  Dragón.  Astron.  Es  la  estrella  f, 
de  cuya  observación  dedujo  Bradlev  la  Aberración. 
V.  Aberración  y  Dragón.  ' 

Cabeza  de  Medusa.  Astron.  Es  la  estrella  Algol 


CABEZA 


(V.  Perseo).  También  se  denomina  Cabeza  del  dia¬ 
blo  ó  de  Goliath. 

Cabeza  de  puente.  Fort.  Obra  ó  conjunto  de 
obras  defensivas  que  tienen  por  objeto  asegurar  la 
posesión  de  un  puente  ó  el  paso  de  un  río  caudalo¬ 
so.  Las  primeras  se  suelen  llamar  cabezas  de  puen¬ 
te  defensivas  (d'arrét)  y  las  segundas  de  maniobra, 


Cabeza  de  puente.  (Nuremberg) 


porque  su  misión  es  facilitar  los  movimientos  del 
ejército  de  una  á  otra  orilla,  ya  sea  en  el  avance,  ya 
en  la  retirada.  Unas  y  otras  pueden  ser  permanen¬ 
tes  ó  pasajeras,  pero  por  regla  general  sólo  son  per¬ 
manentes  las  que  se  establecen  alrededor  de  aquellos 
puentes,  cuya  importancia  para  la  defensa  del  terri¬ 
torio  es  bastante  grande  para  obligar  al  enemigo  á 
apoderarse  de  ellos,  aun  á  costa  de  los  mayores  sa¬ 
crificios.  Las  cabezas  de  puente  defensivas  deben 
ser  permanentes  cuando  aquéllos  están  situados  so¬ 
bre  ríos  fronterizos,  en  cuyo  caso  sirven  para  impe¬ 
dir  que  el  enemigo  se  apodere  de  ellos  antes  de 
romperse  las  hostilidades,  ó  inmediatamente  des¬ 
pués,  y  pueda  invadir  el  país,  si  no  se  logra  volar¬ 
los  oportunamente.  Fuera  de  este  caso,  bastará  pol¬ 
lo  regular  construirlas  con  fortificaciones  de  campa¬ 
ña  ó  provisionales  si  la  importancia  del  puente  asilo 
aconsejase;  pero  las  reglas  para  su  organización  se¬ 
rán  siempre  las  mismas  en  todos  los  casos.  Como  la 
defensa  es  más  eficaz  cuando  se  dominan  las  dos 
orillas,  siempre  que  se  puédase  construye  un  atrin¬ 
cheramiento  delante  de  la  entrada  del  puente,  en  la 
orilla  enemiga,  y  fuertes  permanentes,  ó  una  línea 
de  reductos  y  baterías  (según  los  casos)  en  la  opues¬ 
ta,  que  defiendan  el  acceso  á  aquélla,  haciendo  con¬ 
verger  sus  fuegos  también  sobre  el  mismo  puente  v 
su  desembocadura,  para  evitar  que  una  vez  tomado 
aquél  pueda  el  enemigo  pasar  el  puente,  como  no 
sea  á  costa  de  grandes  pérdidas.  Las  cabezas  de 
puente  de  maniobra  deben  ser  también  permanentes 
cuando  éstos  atraviesan  ríos  fronterizos,  ó  tan  inme- 


123 

diatos  á  la  frontera  que  permiten  invadir  inmediata¬ 
mente  ei  país  enemigo;  las  demás  pueden  ser  provi¬ 
sionales,  siempre  por  supuesto  que  sus  elementos 
esenciales  estén  construidos  desde  el  tiempo  de  paz. 
En  ambos  casos  las  fortificaciones  comprenden  una 
línea  exterior  de  fuertes,  situados  sobre  la  orilla 
enemiga,  ó  más  inmediata  al  enemigo,  y  dispuestos 
como  los  de  un  campo  atrincherado,  y  un  atrinche¬ 
ramiento  interior,  ó  segunda  línea  de  defensa,  que 
puede  ser  continua,  apoyando  sus  extremos  en  las 
orillas  del  río,  ó  estar  constituida  por  dos  ó  más 
fuertes,  unidos  entre  sí  y  con  las  orillas  por  medio 
de  líneas  de  trincheras.  Las  distancias  de  los  fuer¬ 
tes  exteriores  al  puente  deben  ser  bastante  grandes 
para  proteger  eficazmente  el  paso  de  las  tropas  por 
él,  y  encerrar  á  la  vez  un  área  suficiente  para  que 
el  ejército  pueda  concentrarse  á  su  amparo,  va  sea 
para  el  avance  ó  el  despliegue,  ya  para  la  retirada. 
A  veces  las  cabezas  de  puente  tienen  una  organiza¬ 
ción  semejante  en  las  dos  orillas  del  río,  llamándose 
entonces  dobles ;  su  principal  aplicación  se  encuen¬ 
tra  en  aquellos  casos  en  que  el  río  es  paralelo  á  la 
línea  de  operaciones.  Como  ejemplo  de  cabezas  de 
puente  sencillas  podemos  citar  las  fortificaciones  de 
Düppel  en  el  estrecho  de  Alsen  (guerra  de  los  du¬ 
cados),  y  como  doble  cabeza  de  puente  la  de  Borgo- 
forte  sobre  el  Po  (186G)  y  la  que  constituyó  Dresde 
en  las  campañas  de  1813  y  186G.  La  importancia 
estratégica  de  una  obra  de  esta  clase  no  es  necesa¬ 
rio  encarecerla.  Basta  considerar  la  libertad  de  que 
goza  un  ejército  cuando,  gracias  á  aquélla,  puede 
operar  á  su  albedrío  por  ambas  orillas  v  mantener 
aseguradas  sus  comunicaciones,  y  lo  peligroso  que 
es  siempre  el  paso  de  un  puente,  como  de  todo  des¬ 
filadero,  al  frente  del  enemigo.  La  falta  de  una  ca¬ 
beza  de  puente  en  Studienka  acarreó  el  tremendo 
desastre  del  ejército  francés  (1812)  en  el  paso  del 
Beresina.  Cuando  se  quiere  asegurar  la  retirada  á 
través  de  un  río  caudaloso  de  un  ejército  que  dispo¬ 
ne  de  uno  ó  varios  puentes,  no  hay  más  remedio 
que  improvisar  una  cabeza  de  puente,  organizán- 
dola  con  arreglo  á  los  principios  expuestos  para  las 
de  maniobra,  con  atrincheramientos  de  campaña, 
que  deberán  ser  bastante  fuertes  para  detener  a¡ 
enemigo  y  dar  tiempo  á  que  el  ejército,  concentrado 
detrás  de  ellos,  pueda  pasar  el  río  sin  apresura¬ 
mientos  que  suelen  ser  fatales.  Un  recinto  exterior 
de  obras,  unidas  por  trincheras  donde  sea  preciso, 
y  construidas  á  bastante  distancia  del  puente  (1  á 
4  kms.)  sobre  la  orilla  enemiga;  otra  línea  interior 
de  defensa,  inmediata  á  la  entrada  del  puente,  que 
puede  ser  el  mismo  pueblo  ó  caserío  que  hav  gene¬ 
ralmente  á  las  inmediaciones  de  toda  obra  de  este 
género,  y  algunas  baterías  bien  situadas  en  la  ori¬ 
lla  amiga  para  batir  con  sus  fuegos  todo  el  terreno 
del  frente,  bastan  por  lo  regular  para  conseguir 
aquél  fin.  Una  vez  terminado  el  paso  del  río  se  vue¬ 
la  el  puente  si  es  permanente,  ó  se  retira,  si  es  do 
circunstancias,  para  evitar  que  los  aproveche  el  ene¬ 
migo  para  la  persecución. 

Cabeza  parlante.  Mecán.  Aparato  representando 
una  cabeza  humana  y  cuyo  mecanismo  interior  pue¬ 
de  producir  cierto  número  de  palabras.  El  primer 
autómata  de  esta  clase  fué.  según  se  cree,  uno  cons¬ 
truido  por  el  célebre  matemático  del  siglo  xm  Alber¬ 
to  el  Grande,  que  dió  á  su  autor  fama  de  hechicero 
por  lo  que  él  mismo  lo  rompió.  Para  la  reina  Cata¬ 
lina  de  Suecia  construyó  Valentín  Merbiz  una  cabe- 


124 


CABEZA 


za  parlante  que  contestaba  á  varias  preguntas  en 
distintos  idiomas.  No  existiendo  datos  concretos  so¬ 
bre  el  mecanismo  de  Merbiz  se  sospecha  que  su 
aparato  se  limitaba  á  abrir  y  cerrar  la  boca  siendo 
debidas  las  palabras  que  pronunciaba  á  algún  ven¬ 
trílocuo  que  contestaba  inmutable  ante  el  público  á 
las  preguntas  que  éste  le  hacía  ó  á  un  tubo  acústico 
que  acababa  en  la  boca  de  la  cabeza  parlante.  De 
esta  suerte  era  la  cabeza  encantada  que  don  Quijote 
y  Sancho  vieron  en  Barcelona,  en  casa  de  su  hués¬ 
ped  Antonio  Moreno,  quien  la  mandara  construir  á 
imitación  de  una  fabricada  en  Madrid  por  un  estam¬ 
pero.  Cervantes  la  describe  de  esta  forma:  «La  tabla 
de  la  mesa  era  de  palo,  pintada  V  barnizada  como 
jaspe,  y  el  pie  sobre  que  se  sostenía  era  de  lo  mis¬ 
mo,  con  cuatro  garras  de  águila  que  dél  salían 
para  mayor  firmeza  del  peso.  La  cabeza,  que  parecía 
medalla  y  figura  de  emperador  romano,  y  de  color 
de  bronce,  estaba  toda  hueca,  y  ni  más  ni  menos  la 
tabla  de  la  mesa,  en  que  se  encajaba  tan  justamente 
que  ninguna  señal  de  juntura  se  parecía.  El  pie  de 
la  tabla  era  así  mismo  hueco,  que  respondía  á  la  gar¬ 
ganta  y  pechos  de  la  cabeza;  y  todo  esto  venía  á  res¬ 
ponder  á  otro  aposento  que  debajo  de  la  estancia  de 
la  cabeza  estaba.  Por  todo  este  hueco  de  pie,  mesa, 
garganta  v  pechos  de  medalla  y  figura  referida  se 
encaminaba  un  cañón  de  hoja  de  lata  muy  justo,  que 
de  nadie  podía  ser  visto.  En  el  aposento  de  abajo, 
correspondiente  al  de  arriba,  se  ponía  al  que  había 
de  responder,  pegada  la  boca  al  mismo  cañón,  de 
modo  que  á  modo  de  cervatana  iba  la  voz  de  arriba 
abajo,  y  de  abajo  arriba,  en  palabras  articuladas  y 
claras,  y  desta  manera  era  imposible  conocer  el  em¬ 
buste»/  De  1780  á  1783  construyó  el  abate  Miral 
dos  cabezas  parlantes,  presentadas  el  2  de  Julio  de 
este  último  año  á  la  Academia  de  Ciencias  de  París. 


Cabeza  parlante,  por  Gustavo  Doré 
(Lámina  de  la  ilustración  del  Quijote) 


Las  dos  cabezas  descansaban  sobre  una  plataforma 
calada,  sostenida  por  columnas  corintias  que  se  apo¬ 
yaban  en  una  base  con  decorado  estilo  Luis  XVI. 
Entre  las  columnas  colgaba  un  paño  en  que  aparecían 
las  palabras  que  habían  de  .pronunciar  las  cabezas 


parlantes.  Las  primeras  palabras,  pronunciadas  por 
una  de  las  cabezas,  eran:  El  rey  da  la  paz  á  Europa, 
á  la  que  contestaba  la  otra  cabeza,  que  ceñía  una  co¬ 
rona:  La  paz  corona  de  gloria  á  un  rey ,  estableciéndo¬ 
se  en  esta  forma  un  diálogo.  La  Academia  de  Ciencias 
dió  un  fallo  muy  honroso  para  el  abate  Miral.  dicien¬ 
do  que  sus  inventos  arrojaban  mucha  luz  sobre  el 
funcionamiento  del  órgano  vocal.  Rivarol  «logia 
grandemente  el  invento  del  abate  Miral  y  Montuchat 
afirma  que  fué  vendido  á  un  aristócrata  extranjero 
en  una  gran  cantidad.  Durante  el  siglo  xvm  v  prin¬ 
cipios  del  xix  se  construyeron  varias  cabezas  ó  figu¬ 
ras  parlantes  de  un  mecanismo  semejante,  aunque 
más  complicado,  al  de  los  pájaros  cantores  fabrica¬ 
dos  en  Suiza.  Una  de  ellas,  según  los  periódicos  de 
la  época,  era  debida  al  barón  de  Kempelen,  autor 
de  un  célebre  jugador  de  ajedrez.  No  obstante,  la 
superchería  de  algunos  vividores  sorprendió  muchas 
veces  la  credulidad  del  vulgo,  presentando  supues¬ 
tas  cabezas  parlantes  que  no  eran  otra  cosa  que  una 
figura  sobre  una  mesa  bajo  la  cual  se  ocultaba  el 
hombre  que  respondía  á  las  preguntas  ó  un  ventrí¬ 
locuo  que  hacía  igual  servicio  al  lado  del  aparato. 
Conocidísima  es,  también,  la  cabeza  parlante  de  que 
tanto  se  ha  abusado  en  barracones  de  feria.  Suele 
consistir  en  una  mesa  sobre  un  suelo  cubierto  de 
paja  y  con  espejos  verticales  en  sus  lados  para  simu¬ 
lar  que  la  paja  continúa  y  la  luz  pasa  por  debajo  de 
la  mesa.  Sobre  ésta,  en  el  centro  aparece  la  cabeza 
parlan  ce  sobre  un  plato  con  un  trapo  rojo.  Como  se 
comp-ende  el  plato  aquel  no  tiene  más  que  la  orilla 
bordeando  un  agujero  de  la  mesa  por  donde  un  hom¬ 
bre  oculto  bajo  de  ésta  saca  la  cabeza. 

Cabeza..  Gcog.  Dos  ranchos  del  Estado  de  Duran- 
go  (Méjico),  en  el  mun.  de  Nazas  v  San  Bartolo; 
175  y  75  habits.  respectivamente. 

Cabeza.  Geog.  Aldea  de  la  República  de  Pana¬ 
má.  prov.  de  Los  Santos,  dist.  de  Pédasí. 

Cabeza.  Geog.  Aldea  del  Perú,  dep.  de  Piura, 
prov.  de  Huancabámba.  En  la  misma  provincia  hay 
otra  llamada  Cabeza  Segunda. 

Cabeza.  Geog.  Isleta  del  archipiélago  de  Merghi, 
en  el  mar  de  las  Indias,  sit.  cerca  de  la  costa  del  Im¬ 
perio  de  Birmania,  al  N.  de  la  isla  de  Tenasserim. 

Cabeza  de  Aguas.  Geog.  Aldea  de  la  República 
Dominicana,  dist.  de  Barahona,  mun.  de  Neiva. 

Cabeza  de  Aínas.  Geog.  Caserío  de  la  prov.  de 
Murcia,  en  el  mun.  de  Ricote. 

Cabeza  de  Béjar  (La).  Geog.  Mun.  de  303  edi¬ 
ficios  y  722  habits.,  formado  por  el  lugar  de  este 
nombre  v  cinco  edifs.  v  albergues.  Corresponde  á  la 
prov.  de  Salamanca,  p.  j.  de  Béjar,  dióc.  de  Pla- 
sencia.  Está  sit.  en  la  falda  del  cerro  denominado 
Castillo  de  Moros,  en  terreno  peñascoso.  Produce 
patatas,  cereales  y  lino:  cría  de  ganado;  fábricas  de 
telas  de  lienzo  y  lana  hilada.  Dista  2’5  kms.  de  Fuen¬ 
tes  de  Béjar,  que  es  la  est.  más  próxima. 

Cabeza  de  Boy.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  d.e  Pon¬ 
tevedra,  agregado  al  mun.  de  Meis. 

Cabeza  de  Buey.  Geog.  Monte  de  la  prov.  de 
.Ciudad  Real,  en  el  p.  j.  de  Infantes;  alcanza  una 
, altura  de  1.154  m.  sobre  el  nivel  del  mar. 

Cabeza  de  Campo.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de 
León,  agregado  al  mun.  4e  Comilón. 

Cabeza  de  Cejo.  Geog.  Monte  de  la  prov.  de 
Huelva.  en  el  p.  j.  de  la  Palma;  su  altura  es  de  382 
metros,  y  en  él  tiene  sus  fuentes  el  río  Carumbal. 

Cabeza  de  Damas.  Geog,  Isla  de  Portugal,  cerca 


CABEZA 


de  la  de  Sao  Lourenco  y  próxima  al  litoral  S.  del 
dist.  de  Faro,  al  cual  pertenece. 

Cabeza  de  Diego  Gómez.  Geog ,  Lugar  de  la  pro¬ 
vincia  de  Salamanca,  agregado  al  mun.  de  Sando. 

Cabeza  de  Enmedio.  Geog.  Isla  próxima  á  la  cos¬ 
ta  de  la  prov.  de  Huelva,  al  S.  de  la  isla  de  Condó  y 
próxima  á  la  desembocadura  del  Guadiana.  Su  te¬ 
rreno  es  improductivo  y  en  ella  sólo  existen  algunas 
chozas  habitadas  por  pescadores. 

Cabeza  de  Tramontanos.  Geog.  Mun.  de  318 
edificios  y  725  habits.,  formado  por  las  siguientes 
entidades  de  población: 

Kilómetros  Edificios  Habitantes 


125 


de  tejidos  de  jerga,  lienzos,  bayetas  y  paños,  tejas, 
adrillos  y  curtidos.  Tiene  una  buena  iglesia  parro¬ 
quial  bajo  la  advocación  de  Santa  María,  y  cuatro 


291  670 


Cabeza  de  Framontanos,  lu¬ 
gar  de .  . 

La  Zarza  de  Don  Beltrán, 

,ídemá .  4‘9  26  55 

Diseminados .  .  \  _ 

Corresponde  á  la  prov.  y  dióc.  de  Salamanca, 
p.  j.  de  Ledesma.  El  terreno,  fertilizado  por  las 
aguas  del  riachuelo  Grosin,  produce  cereales  v  pa¬ 
tatas,  y  en  él  se  cría  ganado.  Dista  11  kras.  "de  la 
fiontera  de  Portugal  y  35  de  Bogajo,  que  es  la  es¬ 
tación  más  próxima. 

Cabeza  de  Hierro.  Geog.  Entidad  de  población 
constituida  por  una  est.  de  f.  c.  y  una  fábrica  de 
harinas  en  la  prov.  de  Badajoz,  mun.  de  Mérida. 

Cabeza  de  Hierro.  Geog.  Uno  de  los  picos  de  la 
cordillera  del  Guadarrama,  en  la  prov.  de  Madrid, 
p.  j.  de  Torrelaguna.  Tiene  una  altura  de  2,376  me¬ 
tros  y  á  sus  pies  nace  el  río  Manzanares. 

Cabeza  de  la  Aceña.  Geog.  Cortijada  de  la  pro¬ 
vincia.  de  Cádiz,  agregada  al  mun  de  Jerez  de  la 
Frontera. 

Cabeza  de  la  Almagrera.  Geog.  Casas  de  labor 
de  la  prov.  de  Badajoz,  en  el  mun.  de  Cabeza  del 
Buey. 

Cabeza  de  Lagarto.  Geog.  En. la  costa  del  Perú, 
piov.  de  Santa,  dist.  de  Huarmey,.  punta  ó  mogote 
en  que  terminan  unos  barrancos  de  piedra  obscura 
que  defienden  la  bahía  de  Huarmey  por  el  lado  S. 

Cabeza  de  la  Horma.  Geog.  Monte  de  la  prov.  de 
Madrid,  en  el  p.  j.  de  San  Lorenzo  del  Eseorial.  Se 
levanta  entre  el  río  Cofia  y  el  cerro  de  Almenaro 
siendo  su  altura  de  1,106  ra. 

Cabeza  del  Asno.  Geog.  Monte  de  la  prov  de 
Murcia,  en  el  p.  j.  de  Cieza;  tiene  763  m.  de  altura.* 

Cabeza  del  Buey.  Geog.  Mun.  de  1,695  edifs.  v 
8.879  habits.  ( capusboveuses ),  correspondiente  á  la 
prov  de  Badajoz,  p.  j.  de  Castuera.  Está  formado 
por  las  siguientes  entidades  de  población: 

Kilómetros  Edífic 

Aliso,  casas  de  labor  á. 

Almorchón,  lugar  á 


Cabeza  del  Buey  (Badajoz).  - 


La  iglesia  parroquial 

ermitas  en  el  término,  una  de  ellas,  llamada  de 
Nuestra  Señora  de  Belén,  fué  convento  de  la  orden 
del  Temple.  Cortés  supone  que  Cabeza  del  Buey  es 
la  antigua  Turobriga.  Tiene  est.  en  la  línea  férrea  de 
Madrid  á  Ciudad  Real  y  Badajoz. 

Cabeza  del  Caballo.  Geog..  Mun.  de  617  edifi¬ 
cios  y  931  habits.,  formado  por  las  siguientes  enti¬ 
dades  de  población: 

.  Kilómetros  Edificios  Habitantes 

Cabeza  del.  Caballo,  lugar 

de .  _  414 

Fuentes  de  Masueco,  ídem  á  4‘5  199 

Diseminados  .  . .  4 


741 

190 


¡  Habita 


Artobas,  caserío  á  .  . 

Cabeza  de  la  Almagrera,  ca 

sas  de  labor  á . 

Cabeza  del  Buey,  villa  de 
Grupos  inferiores  y  edifi - 
.  cios  diseminados  .... 

Está  sit.  en  una  de  las  vertientes  de  la  sierra  del 
Pedregoso  cerca  del  límite  con  las  prov.  de  Ciudad 
Real  y  Córdoba.  El  terreno,  que  tiene  parte  de  sie¬ 
rra  y  parte  de  llano,  produce  cebada,  centeno,  acei¬ 
te,  hortalizas  y  garbanzos;  hay  también  cría  de  gana¬ 
do  y  minas  de  hierro  y  plomo  argentífero.  Fábricas 


1*2 

10 

4 

6‘1 

52 

194 

8-5 

11 

63 

1 

17 

13 

— 

1.535 

8,157 

— 

70 

148 

Corresponde  á  la  prov.  y  dió-c.  de  Salamanca, 
p.  j.  de  Vitigudino.  El  lugar  de  Cabeza  del  Caballo 
está  sit.  á  orillas  del  riachuelo  Sardón  de  los  Alamos, 
y  el  terreno  produce  cereales  y  garbanzos.  Dista 
27  kms.  de  Lumbrales,  que  es  la  est.  más  próxima. 

Cabeza  del  Caballo.  Geog.  Monte  ó  sierra  de  la 
prov.  de  Cáceres,  en  el  p.  j.  de  Montánchez;  es  de 
forma  casi  circular  y  tiene  media  legua  de  períme¬ 
tro.  Está  lleno  de  arbustos,  jarales  v  encinas. 

Cabeza  del  Ceño.  Geog.  Moute.de  la  prov.  de 
Albacete,  en  el  p.  j.  de  Yeste,  término  municipal  de 
Molinicos;  tiene  una  altura  de  1.267  m. 

Cabeza  del  Griego.  Geog.  Cerro  de  la  prov.  de 
Cuenca,  en  el  p.  j.  de  Huete,  término  municipal 
de  Saelices.  Parece  que  en  él  existió  antiguamente 
una  ciudad  importante,  porque  ya  en  el  siglo  xvi  se 
encontraron  allí  varias  construcciones  arruinadas, 
entre  ellas  restos  de  murallas.  V.  Ergávica. 

Cabeza  del  Mar.  Geog.  Seno  ó  mar  interior  de 
Chile,  en  el  territorio  de  Magallanes,  que  comunica 
con  el  estrecho  dé  este  nombre  por  el  canal  de  Pec- 
ket.  Por  este  canal  sólo  pueden  pasar  péqueñas  em¬ 
barcaciones,  pues  en  la  marea  baja  tiene  un  vado  que 
se  atraviesa  á  caballo. 

Cabeza  del  Muerto.  Géog.  Loma  de  Cuba,  pro¬ 
vincia  de  Santa  Clara,  entre  Trinidad  y  Cienfue^os. 
Forma  parte  de  las  lomas  de  San  Juan,  grupo  de 
Guamuhaya;  818  m.  de  altura. 


126 


CABEZA 


Cabeza  del  Negro.  Geog.  Caserío  de  la  prov.  de 
Canarias,  agregado  al  mun.  de  Icod. 

Cabeza  de  los  Jinetes.  Geog.  Lugar  próximo  á 
la  ciudad  de  Granada,  célebre  en  la  historia  de  Es¬ 
paña  por  la  batalla  que  allí  hubo  en  24  de  Junio  de 
1431  entre  las  tropas  del  rey  Juan  II  de  Castilla  y 
las  del  rey  de  Granada,  y  en  la  que  éstas  últimas 
fueron  derrotadas. 

Cabeza  del  Real.  Geog.  Sierra  de  la  prov.  de 
Badajoz,  en  el  p.  j.  de  Mérida,  término  municipal 
de  Zarza  de  Alange. 

Cabeza  del  Río.  Geog.  Lugar  del  Estado  de  Oa- 
xaca  (Méjico),  mun.  de  Santa  María  Zacatepec;  320 
habitantes. 

Cabeza  del  Rosario.  Geog.  Aldea  de  la  Repúbli¬ 
ca  Dominicana,  al  S.  de  la  ciudad  de  Azua,  á  cuyo 
municipio  está  agregada. 

Cabeza  del  Tío  Lorenzo.  Geog.  Caserío  de  la 
prov.  de  Almería,  en  el  mun.  de  Antas. 

Cabeza  del  Toro.  Geog.  Rancho  del  Estado  de 
San  Luis  de  Potosí  (Méjico),  mun.  y  dist.  de  Ciudad 
del  Maíz;  65  habits. 

Cabeza  de  Manzaneda.  Geog.  Monte  de  la  pro¬ 
vincia  de  Orense,  en  el  p.  j.  de  Puebla  de  Trives; 
forma  parte  de  la  sierra  de  Queija,  y  su  altura  es  de 
1,178  m. 

Cabeza  de  Negro.  Geog.  Punta  de  la  costa  del 
Uruguay,  dep.  de  Soriano,  á  orillas  del  río  de  aquel 
nombre,  más  arriba  de  la  punta  de  los  Amarillos. 

Cabeza  de  Palalogos.  Geog.  Monte  de  la  isla  de 
San  Jorge  (archipiélago  portugués  de  Azores).  Tie¬ 
ne  952  m.  de  altura. 

Cabeza  de  San  Cristóbal.  Geog.  Caserío  de  la 
prov.  de  Murcia,  agregado  al  mun.  de  Mazarrón. 

Cabeza  de  San  Juan.  Geog.  Punta  de  la  isla  de 
Puerto  Rico,  frente  la  isla  Culebra. 

Cabeza  de  Tablas.  Geog.  Se  denomina  asi  á  la 
isla  de  Tablas,  formada  por  Romblón,  Sibuyan  y 
otras  isletas  que  formaban  la  prov.  de  Romblón,  hoy 
perteneciente  á  la  de  Capiz.  El  punto  más  alto  se 
eleva  á  2,045  pies  sobre  el  nivel  del  mar. 

Cabeza  de  Tigre.  Geog.  Lugar  de  la  República 
Argentina,  prov.  de  Córdoba,  á  orillas  del  Saladillo, 
donde  tueron  fusilados  en  1810,  por  orden  de  la 
Junta  revolucionaria,  los  esclarecidos  personajes  Li- 
niers,  Moreno,  Concha,  Rodríguez  y  Allende,  que 
habían  organizado  una  contrarrevolución  en  Córdo¬ 
ba.  Pertenece  al  dep.  de  Marcos  Juárez.  ||  Laguna 
del  Chaco,  en  los  llanos  de  Manso,  donde  hubo  una 
antigua  misión. 

Cabeza  de  Toro.  Geog.  Recalada  ó  fondeadero  en  el 
golfo  de  Samaná  (República  Dominicana),  entre  la 
punta  de  los  Corrales  al  E.  y  la  de  Patosa  al  O.  || 
Varias  aldeas  en  los  municipios  de  Bová,  Samaná  y 
Neiva. 

Cabeza  de  Toro.  Geog.  Ranchería  del  Estado  de 
Chiapas  (Méjico),  mun.  y  dep.  de  Tonalá;  65  habi¬ 
tantes. 

Cabeza  de  Vaca.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de 
Orense,  agregado  al  mun.  de  la  capital. 

Cabeza  de  Vaca.  Geog.  Lugar  de  Chile,  agiegado 
al  mun.  de  San  Antonio,  dep.  de  Copiapó.  Minera¬ 
les  de  plata  (en  estado  nativo),  níquel,  cobalto,  plo¬ 
mo  (galenas),  etc. 

Cabeza  de  Vaca.  Geog.  Montaña  de  Honduras, 
mun.  de  La  Ceiba,  dep.  de  Atlántida.  En  ella  nace 
el  río  Cuero,  que  desemboca  en  el  golfo  de  Hon¬ 
duras. 


Cabeza  de  Villaverdé.  Geog.  Monte  de  la  pro¬ 
vincia  de  Albacete,  en  el  límite  de  los  p.  j.  de  Roda 
y  Alcaraz;  tiene  una  altura  de  1,061  m. 

Cabeza  Gorda.  Geog.  Monte  de  la  prov.  de  Ma¬ 
drid,  en  el  p.  j.  de  San  Martín  de  Valdeiglesias, 
junto  al  límite  con  la  prov.  de  Avila;  1,187  m.  de 
altura.  ||  Sierra  de  la  prov.  de  Toledo,  en  el  p.  j.  de 
Madridejos,  que  forma  el  límite  de  los  términos  de 
Camuñas  y  Villafranca  de  los  Caballeros.  ||  Cordillera 
de  la  prov.  de  Badajoz,  en  el  p.  j.  de  Herrera  del 
Duque,  término  de  Fuenlabrada  de  los  Montes.  En 
ella  tiene  su  origen  el  río  Peloche. 

Cabeza  Gorda.  Geog.  Cortijada  de  la  prov.  de 
Jaén,  agregada  al  mun.  de  Segura  de  la  Sierra. 

Cabeza  la  Mora.  Geog.  Cortijada  de  la  prov.  de 
Jaén,  agregada  al  mun.  de  Segura  de  la  Sierra. 

Cabeza  la  Vaca.  Geog.  Mun.  de  916  edils.  y 
2,936  habits.,  correspondiente  á  la  prov.  de  Bada¬ 
joz,  p.  j.  de  Fregenal  de  la  Sierra.  Consta  de  las 
siguientes  entidades  de  población: 


Ki 

Arroyo  de  la  Vaca,  casas  de 

lómenos 

Edificios 

Habitantes 

labor  y  molinos  á  ...  . 
Bustrera  ó  Martín  Gil,  ca¬ 

2 

25 

— 

sas  de  labor  y  huertas  á  . 

0‘2 

13 

— 

Cabeza  la  Vaca,  villa  de  .  . 
Canalejas  ú  Horno  del  Vi¬ 
drio,  casas  de  labor  y  de 

778 

2,922 

huertas  á . 

Grupos  inferiores  y  edificios 

4 

16 

2 

diseminados . 

— 

84 

12 

Está  sit.  al  N.  de  la  sierra 

de  Tudia,  en 

terreno 

áspero  fertilizado  por  las  aguas  del  río  Ardila.  Pro¬ 
duce  carbón  vegetal,  cereales,  corcho,  aceite,  casta¬ 
ñas,  bellotas  y  hortalizas;  cría  de  ganado  Dista 
19  kms.  de  Fregenal  de  la  Sierra,  que  es  la  estación 
más  próxima. 

Cabeza  Malos.  Geog.  Riachuelo  de  la  prov.  de 
Ciudad  Real,  en  el  p.  j.  de  Valdepeñas.  Tiene  su 
origen  en  el  término  de  Niso  del-Marqués,  se  dirige 
hacia  el  S.,  y  al  llegar  al  Molino  de  Canillas,  des¬ 
emboca  en  el  Magaña. 

Cabeza  Prieta.  Geog.  Sierra  del  territorio  de  Ari- 
zona  (Estados  Unidos);  se  extiende  desde  el  poblado 
de  los  Pozos  hasta  la  frontera  de  Méjico  en  dirección 
de  NO.  á  SE. 

Cabeza  (Bernabé).  Biog.  Escritor  español  de 
principios  del  siglo  xix,  á  quien  se  debe  una  Memo¬ 
ria  para  la  historia  de  las  persecuciones  de  la  Iglesia 
católica  y  sus  ministros  en  Espa <  a  en  los  últimos 
tiempos  de  la  cautividad  de  Fernando  VII  (Madrid, 
1814). 

Cabeza  (Juan).  Biog.  Cantor  de  la  corte  de  Feli¬ 
pe  IV,  de  cuya  vida  no  se  conoce  ninguna  noticia, 
sabiéndose  solamente  que  gozó  de  gran  influencia  en 
la  corte  de  aquel  rey.  Según  un  autor  francés,  en 
Zaragoza  existe  un  epitafio  dedicado  á  Cabeza. 

Cabeza  de  Vaca  (Alvar  Núñez).  Biog.  Véase- 
Núñez. 

Cabeza  de  Vaca  (P.).  Biog.  Escritor  español  á 
quien  se  debe  un  Tratado  de  los  medios  de  mejorar 
nuestra  situación  política  (Valladolíd,  1858). 

Cabeza  León  (Salvador).  Biog.  Jurisconsulto  v 
escritor  español,  n.  en  Betanzos  en  1864.  En  1887 
tué  nombrado  profesor  auxiliar  de  la  facultad  de 
derecho  de  Santiago,  y  en  1903  obtuvo  por  oposi¬ 
ción  la  cátedra  de  derecho  internacional  públic.o  y 


CABEZADA 

privado  de  la  misma  facultad.  Pertenece  á  distintas 
sociedades  científicas  y  literarias,  entre  ellas  la  Real 
Academia  Gallega.  Fué  vicepresidente  de  la  Sección 
arqueológica  de  la  Exposición  regional  gallega  de 
1909.  y  desde  1907  es  archivero-bibliotecario  de  la 
Sociedad  Económica  de  Santiago.  Ha  dirigido,  junto 
con  Alfredo  Braña  v  Barcia  Caballero,  la  edición  de 
las  obras  de  Díaz  de  Rábago,  escribiendo  un  prólo¬ 
go  para  ellas.  Ha  colaborado  en  numerosos  periódi¬ 
cos  de  España  v  América,  y  ha  escrito  varias  obras, 
de  las  que  podemos  citar  Primicias  (La  Coruña, 
1892). 

CABEZADA.  5.a  acep.  F.  Tétiére.  —  It.  Capes- 
tro. —In.  Head-stall.  —  A.  Kopfgestell.  —  P.  Cabecada. 
—  C.  Cabessada.  f.  Golpe  dado  con  la  cabeza.  ||  El 
que  se  recibe  en  ella,  chocando  con  un  cuerpo  duro. 

|j  Cada  movimiento  ó  inclinación  que  hace  con  la 
cabeza  el  que,  sin  estar  acostado,  se  va  durmiendo.  || 
Inclinación  de  cabeza,  como  saludo  de  mera  corte¬ 
sía.  ||  Guarnición  de  cuero  ó  seda  que  se  pone  á  las 
caballerías  en  la  cabeza,  y  sirve  para  afianzar  el  bo¬ 
cado.  ||  Cordel  con  que  los  encuadernadores  cosen 
las  cabeceras  de  los  libros.  ||  En  las  botas,  cuero  que 
cubre  el  pie.  ||  Parte  más  elevada  de  un  terreno.  || 
amer.  Cuba.  Alveo  ó  madre  del  río,  y  también  fuen¬ 
te  de  donde  nace  un  río. 

Cabezada  potrera.  La  de  cáñamo  que  se  pone  á 
los  potros. 

Algo  valen  cabezadas  oportunamente  dadas. 
ref.  Explica  que  hav  diferencias  y  respetos  que  sue¬ 
len  traer  buenos  resultados.  ||  Dar  cabezada,  fr.  In¬ 
clinar  la  cabeza  hacia  abajo  en  señal  de  respeto  y 
deferencia,  ó  en  manifestación  de  algún  afecto.  || 
Dar  cabezadas,  fr.  Inclinar,  torcer  y  volver  á  ende¬ 
rezar  repetidas  veces  la  cabeza  el  que  dormita  ó  se 
deja  vencer  del  sueño.  ||  Darse  de  cabezadas,  fr.  fig. 
y  fam.  Fatigarse  en  inquirir  ó  averiguar  alo-una 
cosa,  sin  poder  acertar  con  ella.  ||  Discurrir  mucho  v 
en  vano  ó  inútilmente.  ||  Golpearse,  chocar  entre  sí 
dos  ó  más  cabezas.  [|  Darse  de  cabezadas  por  las 
paredes,  fr.  fam.  Darse  contra  las  paredes. 

Cabezada.  Art.  y  O/.  Armazón  de  correas,  senci¬ 
llo  y  resistente,  que  se  coloca  en  la  cabeza  de  las 
caballerías,  y  según  su  objeto  recibe  distintos  nom¬ 
bres.  ||  Cabezada  de  brida.  La  que  se  emplea  para 
sostener  el  bocado,  compuesta  de  testera,  frontalera, 
muserola,  ahogadero,  carrilleras  y  portamozo.  [|  Ca¬ 
bezada  de  pesebre.  La  usada  para  atar  el  animal  al 
pesebre  con  el  ronzal  que  lleva  á  propósito:  consta 
de  testera,  frontalera,  muserola,  ahogadero,  carrille¬ 
ras  y  anilla  del  ronzal. 

Cabezada.  Mar.  Acción  de  bajar  el  buque  la  proa 
al  arfar. 

Cabezada.  Taurom.  Encontrón  ó  golpe  que  da  el 
toro  con  la  cara  ó  testuz,  después  de  humillar  y  an¬ 
tes  de  derrotar,  ó  sea  en  el  momento  de  llegar  á  la 
mitad  de  la  acción  de  levantar  el  bulto  que  hubiere 
enganchado.  No  es,  sin  embargo,  condición  precisa 
que  coja  el  animal  para  dar  la  cabezada. 

Cabezada  (La).  Geog.  Caserío  de  la  prov.  de  Ca¬ 
narias.  en  el  mun.  de  Arico.  ||  Lugar  de  la  prov.  de 
Oviedo,  agregado  al  mun.  de  San  Martín  del  Rey 
Aurelio. 

Cabezada  del  Valle  de  Arriba.  Geog.  Caserío 
de  la  provincia  de  Canarias,  en  el  mun.  de  Her- 
migua. 

CABEZADAS  (Las).  Geog.  Mun.  de  74  edifi¬ 
cios  y  20/  habits.,  correspondiente  á  la  prov.  de 


CABEZAL 


Guadalajara,  p.  j.  de  Atienza.  Consta  de 
guientes  entidades  de  población 

las  si- 

Kilómetros 

Edificios 

Habilantes 

Las  Cabezadas,  lugar  de.  .  — 

29 

106 

Robredarcas,  ídem  á  5  5 

Grupos  inferiores  y  edifi¬ 

19 

101 

cios  diseminados  .  .  — 

26 

_ 

Su  producción  principal  es  la  de  cereales.  Dista 
27  kms.  de  Espinosa  de  Henares,  que  es  la  est.  más 
próxima. 

Cabezadas  (Las).  Geog .  Aldea  de  la  prov.  de  Ca¬ 
narias,  agregada  al  mun.  de  Barlovento.  ||  Aldea  de- 
la.  prov.  de  Canarias,  agregada  al  mun.  de  Tijarafe. 

Cabezadas  de  Cuevas  de  Agua.  Geog  Caserío  de 
la  prov.  de  Canarias,  en  el  mun.  de  Garafia. 

Cabezadas  de  las  Indias.  Geog .  Aldea  de  la  pro¬ 
vincia  de  Canarias,  agregada  al  mun.  de  Fuenca- 
liente. 

Cabezadas  de  la  Verada.  Geog.  Caserío  de  la 
prov.  de  Canarias,  en  el  mun.  de  Garafia. 

CABEZADOR.  m.  ant.  Cabezalero  ó  albacea. 

CABEZAJE,  m.  ant.  El  ajuste  ó  derecho  por 
cabeza. 

A  cabezaje,  m.  adv.  ant.  Por  cabezas. 

Cabezaje.  Hist.  de  la  Hac.  púb.  Impuesto  que 
pagaban  los  moros  que  se  quedaban  en  los  reinos 
cristianos  españoles  después  de  la  reconquista  de 
éstos.  Era  una  capitación,  pues  se  pagaba  un  tanto- 
por  cabeza,  y  de  ahí  su  nombre.  En  realidad  era 
común  á  moros  y  judíos:  en  el  primer  caso  se  llama¬ 
ba  morería  y  también  cabezaje  de  moros,  y  se  pactaba 
generalmente  en  la  rendición  ó  toma  de  ciudades,  á 
la  manera  de  lo  que  hacían  los  árabes  con  los  cris¬ 
tianos  cuando  conquistaban  las  de  éstos;  este  impues¬ 
to  alcanzó  un  considerable  desarrollo  merced  á  la» 
victorias  de  san  Fernando,  á  quien  los  moros  de 
Sevilla  se  comprometieron  á  pagar  594,000  reales- 
semanalmente.  El  cabezaje  de  los  judíos  se  denomi¬ 
naba  aljamas  ó  juderías,  y  se  fijó  primeramente  en 
80  dineros  por  cabeza,  en  recuerdo  de  las  treinta 
monedas  de  Judas;  pero  sufrió  posteriormente  gran¬ 
des  aumentos. 

CABEZAL.  F.  Chevet,  traversin.  —  It.  Capezzale. 
In.  Bolster.  —  A.  Kopfkissen,  Querkissen.  —  P.  Cabecal. 
—  C.  Traverser.  m.  Almohada  pequeña,  comúnmente- 
cuadrada  ó  cuadrilonga,  en  que  se  reclina  la  cabeza. 

|j  Pedazo  de  lienzo  con  varios  dobleces,  que  se  pone 
sobre  la  cisura  de  la  sangría,  v  que  en  cirugía  sirve 
también  para  otros  usos  análogos.  ||  Almohada  larga 
que  ocupa  toda  la  cabecera  de  la  cama.  ||  Colchonct- 
to  angosto  de  que  usau  los  labradores  para  dormir 
en  los  escaños  ó  poyos  junto  á  la  lumbre.  ||  amer. 
Arg.  Cada  uno  de  los  dos  travesanos  que  tiene  la 
escalera  del  carro  ó  carreta  delante  y  detrás,  y  que 
descansan  eu  los  limones. 

Deriv.  Cabeza  tejo. 

Cabezal.  Art.  y  O/.  Parte  de  los  coches  que  va 
sobre  el  juego  delantero,  v  se  compone  de  dos  pila¬ 
res  labrados  con  su  asiento,  de  dos  piezas  chicas  lla¬ 
madas  tijeras,  de  otra  que  cubre  la  clavija  maestra  y 
de  la  telera.  ||  ant.  Almohada  larga  que  ocupa  toda 
la  cabecera  de  la  cama.  ||  Cada  uno  de  los  palos  que 
atraviesan  y  sostienen  la  hoja  de  las  sierras  brace¬ 
ras.  ||  Calero  que.  en  el  banco  se  pone  debajo  del  ma¬ 
dero  que  se  labra;  generalmente  son  dos.  Usanse 
también  para  ponerlos  debajo  de  las  pilas  de  made¬ 
ra,  con  el  fin  de  que  las  primeras  piezas  no  toquen 


128 


CABEZAL  —  CABEZARADOS 


en  el  suelo.  ||  Travesano  horizontal  que  une  los  lados 
del  marco  en  que  se  mueve  la  compuerta  de  un  ca¬ 
nal  y  sirve  al  mismo  tiempo  de  tuerca  al  tornillo  ó 
husillo  con  que  se  maneja  aquélla.  ||  En  los  molinos 
de  pólvora  es  la  pieza  de  madera  en  que  estriba  la 
palometa.  [|  Todo  lo  que  sirve  de  encabezamiento  ó 
para  encabezar.  ||  Mar.  Trozo  de  madera  de  la  longi¬ 
tud  y  grueso  conveniente,  que  sirve  de  puntal  á  otro. 
||  f.  En  lo  escrito  y  en  los  impresos,  la  línea  ó  líneas 
de  la  primera  página  que  preceden  al  tratado  ó  al 
sumario  del  primer  capítulo,  las  cuales  suelen  ser  de 
letra  más  gruesa  que  las  siguientes.  ||  Cabezal  para 
torno.  Pieza  cuadrada,  de  madera,  en  que  se  pone  el 
husillo  de  un  punto  de  torno. 

Cabezal.  Cir.  Vendaje. 

Cabezal.  Mar.  Tarugo  ó  trozo  de  madera  em¬ 
pleado  para  servir  de  apoyo  á  algún  otro  madero, 
percha  ó  pieza  de  la  arboladura  ó  madero  de  res¬ 
peto. 

Cabezal.  Min.  La  capa  ó  madero  horizontal  de 
una  partida  de  mina. 

Cabezal  de  cureña,  de  pinzote  ó  de  enlace. 
Artill.  ant.  En  los  antiguos  avantrenes  de  Gribean- 
val,  la  pieza,  ensamblada  en  las  tijeras,  que  llevaba 
en  su  centro  el  perno  pinzote. 

CABEZALERÍA.  f.  ant.  Albaceazgo. 

CABEZALERO,  m.  Der.  for.  En  Aragón  y 
Navarra  se  llama  así  al  albacea  (V.  esta  palabra). 
En  Galicia  y  Asturias  denomínase  cabezalero  aquel 
forero  que  está  encargado  de  reunir  las  fracciones 
de  la  pensión,  cuando  ésta  se  paga  entre  varios, 
para  entregarlas  en  nombre  de  todos  al  señor  directo. 
V.  Enfiteusis  y  Foro. 

Cabezalero  (Juan  Martín).  Biog.  Pintor  espa¬ 
ñol,  n.  en  Almadén  en  1633  y  m.  en  Madrid  en 
1673.  Fué  discípulo  de  Juan  Carreño.  Eminente¬ 
mente  realista,  todas  sus  obras  poseían  un  alto  inte¬ 
rés  dramático,  y  en  la  composición,  dibujo  y  colori- 


Asunto  místico,  por  Juan  Martín  Cabezalero 
(Museo  del.  Prado,  Madrid) 


do  aventajó  á  todos  sus  contemporáneos;  durante  su 
corta  carrera,  pintó  varias  obras  muy  alabadas  por 
los  críticos  de  su  tiempo.  El  Museo  del  Prado  de 


Madrid  posee  dos  obras  de  Cabezalero  :  un  Asunto 
místico  (núm.  2,148  b  del  catálogo),  en  el  que  bri¬ 
llan  todas  las  dotes  citadas,  y  El  Juicio  de  un  alma 


El  juicio  de  un  alma,  por  Juan  Martín  Cabezalero 
(Museo  del  Prado,  Madrid.  Número  2,148  del  Catálogo) 


(núm.  2,148  a).  En  la  capilla  de  la  Orden  Tercera, 
de  Madrid,  se  conservan  cuatro  magníficas  composi¬ 
ciones  de  este  pintor,  representando  otros  tantos  pa¬ 
sajes  de  la  Pasión  (Ecce  Homo ,  La  Calle  de  Amargu¬ 
ra,  La  Crucifixión  y.  El  Calvario);  en  la  capilla  del 
Sepulcro  de  San  Plácido  (Madrid)  se  conservan  al¬ 
gunos  frescos  que  corroboran  la  justicia  de  las  ala¬ 
banzas  dedicadas  al  malogrado  artista  de  la  escuela 
de  Madrid.  Ceán  Bermúdez  cita  otras  obras  que  no 
han  llegado  hasta  nuestros  días. 

CABEZALLERA.  Geog.  Monte  de  la  prov.  de 
Albacete,  que  forma  el  límite  entre  los  p.  j.  de  Yes- 
te  y  Alcaraz;  1,361  m.  de  altura.  En  él  tienen  su 
origen  varios  riachuelos  que  desembocan  en  el  río 
Mundo. 

CABEZAMESADA.  Geog.  Mun.  de  327  edi¬ 
ficios  y  976  habits.,  perteneciente  á  la  prov.  de  To¬ 
ledo,  p.  j.  de  Quintanar  de  la  Orden.  Está  consti¬ 
tuido  por  la  villa  de  su  nombre  y  algunos  grupos 
inferiores.  Se  encuentra  sit.  junto  al  río  Riansares, 
en  terreno  llano.  Produce  cereales,  vino  y  legum¬ 
bres;  cría  de  ganado.  Dista  16  kms.  de  Santa  Cruz 
de  la  Zarza,  que  es  la  est.  más  próxima.  En  las  cer¬ 
canías  de  esta  población  hay  varias  ermitas  arruina¬ 
das,  una  de  las  cuales  se  cree  que  fué  antiguamente 
una  fortaleza. 

CABEZARADOS.  Geog.  Mun.  de  323  edifs.  y 
2,273  habits.,  perteneciente  á  la  prov.  de  Ciudad 
Real,  p.  j.  de  Almodóvar  del  Campo.  Está  consti¬ 
tuido  por  las  siguientes  entidades  de  población: 

Kilómetros  Edificios  Habitantes 


Cabezarados,  villa  de  .  .  .  —  198  1,208 

Casas  de  Muzas,  barrio  á  .  2  120  1,054 

Edificios  diseminados  ...  —  5  11 


CABEZARCA  —  CABEZAS 


129 


Está  sit.  en  una  llanura  rodeada  de  cerros;  pro¬ 
duce  cereales,  legumbres  y  vino.  Dista  13  kms.  de 
San  Quintín,  que  es  la  est.  más  próxima. 

CABEZARCA.  Geog.  Caserío  de  la  prov.  de 
Málaga,  que  forma  parte  del  mun.  de  Casarabo- 
□  ela. 

CABEZARREDONDA.  Geog.  Cortijada  de  la 
prov.  de  Cádiz,  agregada  al  mun.  de  Alcalá  de  los 
Gazules. 

CABEZARRÜBIAS.  Geog.  Mun.  de  309  edi¬ 
ficios  y  997  habits.,  correspondiente  á  la  prov.  de 
Ciudad  Real,  p.  j.  de  Almodóvar  del  Campo.  Lo 
constituye  la  villa  de  su  nombre  y  varios  edificios  di¬ 
seminados.  Está  sit.  al  N.  de  Almadén,  en  la  sierra 
de  Alcudia,  cerca  del  lugar  donde  nacen  los  ríos 
Jandula  y  Muías;  el  terreno  es  pizarroso  y  produce 
cereales,  legumbres  y  patatas;  cría  de  ganado;  hay 
además  minas  de  plomo.  Dista  11  kms.  de  Puerto- 
llano,  que  es  la  est.  más  próxima. 

CABEZAS.  Mar.  Partes  ó  piezas  principales 
de  que  consta  el  esqueleto  del  casco  de  un  buque, 
tales  como  la  quilla,  la  roda,  el  codaste,  las  cuader¬ 
nas,  etc. 

Cabezas  de  las  bitas.  Extremos  de  la  cruz  que  so¬ 
bresalen  de  los  costados  de  la  bita,  conocidos  tam¬ 
bién  por  tetas. 

Cabezas.  Min.  Las  cenizas  que  sirven  para  enlo¬ 
dar  las  juntas  de  los  aludes,  el  hollín  de  éstos  y  los 
demás  residuos  de  la  destilación  del  mineral  de  azo¬ 
gue.  Suelen  éstos  someterse  á  una  preparación  me¬ 
cánica  para  extraer  el  mercurio  que  contienen.  Tam¬ 
bién  se  hace  con  ellos  las  llamadas  bolas  de  bacisco, 
que  se  someten  á  una  nueva  destilación. 

Cabezas.  Numis.  Se  llaman  cabezas  acoladas  las 
que  en  una  medalla  ó  moneda  figuran  superpuestas 
de  perfil,  la  una  delante  de  la  otra. 

Cabezas  de  clavo.  Art.  dec.  Adorno  caracterís¬ 
tico  de  la  arquitectura  románica,  aunque  las  verda¬ 
deras  cabezas  de  clavos  sirvieron  también  de  adorno 
en  todas  las  épocas  para  puertas,  ventanas  y  distin¬ 
tos  muebles.  Consistían  las  romanas  en  una  serie  de 
puntas  de  diamante,  en  ocasiones  con  estrellas  de 
cuatro  radios  intercaladas.  Las  de  oro  ó  bronce  usa¬ 
das  en  el  adorno  y  sujeción  de  los  tableros  de  arcas, 
puertas,  cinturones,  etc.,  eran  designados  por  los 
romanos  con  el  nombre  genérico  de  bulla.  Los  más 
importantes  de  la  época  romana  son  los  de  bronce 
de  la  puerta  del  Panteón  de  Agripa,  siendo  también 
notables  algunos  ejemplares  descubiertos  en  Hercu- 
lano  y  Pompeya.  En  algunos  bajos  relieves  y  pintu¬ 
ras  egipcias,  caldeas,  asirias,  griegas  y  etruscas  apa¬ 
recen  representados  unos  adornos  á  modo  de  cabezas 
de  clavos  que  á  la  vez  sirven  de  sujeción  y  decorado 
á  tableros  de  madera.  Los  clavos  de  bronce  se  siguie¬ 
ron  empleando  para  sujetar  los  herrajes  ó  simple¬ 
mente  como  decoración  hasta  el  siglo  xii,  comenzan¬ 
do  en  el  siguiente  en  esta  clase  de  adornos  el 
hierro  forjado. 

Entre  los  de  bronce  usados  hasta  aquélla  figuran 
clavos  de  espiga  larga  y  cabeza  semiesférica  recu¬ 
bierta  de  un  casquete  de  latón  ajustado  y  sujeto  por 
medio  de  una  soldadura,  sin  aparecer  señales  de 
martillazos.  También  se  cubrían  las  cabezas  de  estos 
clavos  con  carátulas  de  bronce,  como  las  que  ador¬ 
nan  la  puerta  de  la  fachada  sur  de  la  catedral  de 
Augsburgo,  pertenecientes  al  siglo  xii.  Son  también 
muy  notables  los  de  la  basílica  de  San  Juan  de  Le- 
trán  y  la  capilla  de  San  Juan  del  baptisterio  de 


Constantino,  en  Roma;  los  de  la  puerta  principal 
de  la  catedral  de  Tarragona  y  los  de  la  Cartuja  de 
Aula  Dei  (Zaragoza).  Los  de  hierro  forjado  se  ha¬ 
cían  calados,  repujados  y  cincelados;  de  forma  de 
puntas  de  diamante,  lobulados,  polifacetados,  cóni¬ 
cos  ó  imitando  rosetones  y  flores.  Para  evitar  que 
el  clavo  se  embutiera  en  el  tablero  cuando  éste  no 
tenía  revestimiento  metálico,  se  ponía  sujetando 
una  arandela  ó  planchuela  de  hierro,  cuyo  reborde 
se  remachaba  en  la  madera  para  que  no  quedase  en 
resalte,  otras  veces  esta  arandela  se  trabajaba  igual¬ 
mente  y  constituía  todo  ó  parte  del  adorno  de  la  ca¬ 
beza.  Las  cabezas  de  clavo  adquirieron  mayor  rique¬ 
za  de  ornamentación  en  el  período  ojival,  llegando  á 
construirse  en  el  siglo  xv  con  dos  arandelas,  en  vez 
de  una,  colocadas  en  oposición  para  que  el  dibujo 
resulte  más  complicado  y  dándoles  un  modelado  más 
acentuado.  Siguiendo  el  gusto  de  la  arquitectura 
aparecen  nuevas  formas  de  clavos,  entre  otras  las  que 
representan  animales  ó  escudos.  En  muchas  pobla¬ 
ciones  españolas,  y  especialmente  en  las  ciudades 
que  conservan  notables  construcciones  de  la  época, 
como  1  oledo,  Avila,  Sevilla,  Segovia,  Granada, 
Guadalajara  y  Zamora,  se  ven  hermosos  ejemplares 
de  cabezas  de  clavo  pertenecientes  á  la  Edad  Media 
y  del  Renacimiento.  Los  forjadores  españoles  de  este 
último  período  se  distinguían  por  lo  vigoroso  del  di¬ 
bujo  en  tanto  que  en  los  italianos  predominaban  las 
formas  minuciosas  V  delicadas.  Son  igualmente  in¬ 
teresantes  y  artísticos  los  clavos  dorados  de  los  var¬ 
gueños  y  arcones,  sobre  fondo  de  terciopelo  gene¬ 
ralmente  rojo,  ó  cuero  repujado.  Entre  las  coleccio¬ 
nes  más  importantes  de  clavos  de  hierro,  miéntanse 
las  del  Museo  Victoria  y  Alberto  (South  Kensing- 
ton)  de  Londres,  en  la  que  figuran  muchos  ejempla¬ 
res  españoles;  la  del  Museo  Nacional  Germánico  de 
Nuremberg  y  la  del  pintor  Santiago  Rusiñol.  insta¬ 
lada  en  el  museo  llamado  Can  FerratAle  Sitges.  La 
que  perteneció  á  un  coleccionista  de  Segovia  y  estu¬ 
vo  depositada  muchos  años  en  el  Museo  Arqueológi¬ 
co  Nacional  de  Madrid,  se  halla  en  venta  actualmen¬ 
te  en  Londres.  Dase  el  mismo  nombre,  en  arquitec¬ 
tura.  á  los  modillones  que  adornan  las  portadas  v 
fachadas  de  algunos  templos  de  estilo  románico  y  de 
otros  edificios.  Suelen  estar  unidas  y  talladas  en 
punta  de  diamante  ó  separadas  y  representando  ca¬ 
rátulas  ó  cabezas  de  formas  fantásticas. 

Bibliogr.  Luis  Labarta,  Hierros  artísticos  (Bar¬ 
celona.  1901). 

Cabezas  redondas.  Hist.  Apodo  con  el  que  en  In¬ 
glaterra  designaban  los  partidarios  de  la  corte,  du¬ 
rante  la  guerra  civil  de  Carlos  I  y  hasta  el  tiempo 
de  Carlos  II,  á  sus  enemigos  los  parlamentarios  di¬ 
rigidos  por  Cromwell,  porque  llevaban  muy  rapado 
el  pelo,  mientras  que  los  realistas,  á  imitación  del 
monarca,  lo  llevaban  largo,  formando  bucles. 

Cabezas.  Geog.  Pueblo  de  Bolivia,  dep.  de  Santa 
Cruz,  cabecera  de  la  tercera  sección  de  la  prov.  de 
Cordillera. 

Cabezas.  Geog.  Lugar  de  Cuba,  barrio  rural  de 
la  prov.  y  á  26  kms.  de  Matanzas,  agregado  al  mu¬ 
nicipio  de  Alacranes;  3,731.  habits.  Antiguamente 
era  cabecera  de  municipio.  Está  á  orillas  del  río 
Santa  Bárbara  ó  Cañas  en  el  camino  de  Matanzas  á 
Nueva  Paz.  ||  Otro  en  la  prov.  de  Pinar  del  Río. 
mun.  de  Mantua;  515  habits.  ||  Otro  en  la  misma 
prov.  y  mun.  de  la  capital  con  1,521  habits.  Vegas 
de  tabaco. 


enciclopedia  universal,  tomo  x.  —  9. 


130 


CABEZAS  —  CABEZAYELLOSA 


Cabezas.  Geog.  Pequeño  cerro  del  Uruguay,  de¬ 
partamento  de  Maldonado,  dist.  de  Cañas.  Tiene  su 
historia  trágica.  En  tiempos  de  la  dominación  espa¬ 
ñola  tres  negros  esclavos  asesinaron  á  sus  amos  v 
se  ocultaron  en  los  bosques  inmediatos  á  este  para¬ 
je  llevándose  prisionera  á  la  hija  de  aquéllos.  Orga¬ 
nizóse  su  persecución  y  fueron  aprehendidos,  des¬ 
cuartizados  y  sus  cabezas  colocadas  sobre  unas 
estacas  en  este  cerro. 

Cabezas  (Las).  Geog.  Caserío  de  Honduras,  agre¬ 
gado  al  mun.  de  Choluteca,  dep.  de  igual  nombre. 

Cabezas  Altas.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  Avila, 
agregado  al  mun.  de  Navatejares. 

Cabezas  Bajas.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  Avi¬ 
la,  agregado  al  mun.  de  Navatejares. 

Cabezas  de  Alambre.  Geog.  Mun.  de  72  edifs.  y 
195  habits.,  perteneciente  á  la  prov.  de  Avila,  par¬ 
tido  judicial  de  Arévalo.  Está  constituido  por  el 
lugar  de  su  nombre  y  varios  edificios  diseminados 
por  el  término.  Produce  cereales,  hortalizas  y  vino. 
Dista  18  krns.  de  Arévalo,  que  es  la  estación  más 
próxima. 

Cabezas  de  Bonilla.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de 
Avila,  agregado  al  mun.  de  Bonilla  de  la  Sierra. 

Cabezas  del  Pasto.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de 
Huelva,  agregada  al  mun.  de  la  Puebla  de  Guz- 
mán. 

Cabezas  del  Pozo.  Geog.  Mun.  de  142  edifs.  y 
395  habits.,  perteneciente  á  la  prov.  de  Avila,  par¬ 
tido  judicial  de  Arévalo.  Lo  constituye  el  lugar  de 
su  nombre  y  varios  edifs.  diseminados  por  el  tér¬ 
mino.  Está  sit.  en  el  camino  que  va  de  Arévalo  á 
Alba  de  Tormes.  El  terreno,  que  es  llano,  produce 
cereales,  legumbres  y  vinos;  fábrica  de  encajes. 
Dista  24  kms.  de  Arévalo,  que  es  la  estación  más 
próxima. 

Cabezas  del  Villar.  Geog.  Mun.  de  337  edi¬ 
ficios  y  1,066  habits.  (cabezudos),  perteneciente  á  la 
prov.  de  Avila,  p.  j.  de  Piedrahita.  Está  constitui¬ 
do  por  el  lugar  de  su  nombre  y  varios  grupos  infe¬ 
riores  y  edifs.  diseminados,  y  se  encuentra  sit.  en 
terreno  de  mediana  calidad  y  escabroso.  Produce 
legumbres  y  cereales;  cría  de  ganados.  Dista  18  ki¬ 
lómetros  de  Peñaranda  de  Bracamonte,  que  es  la 
est.  más  próxima. 

Cabezas  de  San  Juan  (Las).  Geog.  Mun.  de 
1.281  edifs.  y  4,593  habits.,  formado  por  la  villa 
de  este  nombre  y  varios  grupos  inferiores.  Corres¬ 
ponde  á  la  prov.  y  archidióc.  de  Sevilla,  p.  j.  de 
Utrera.  Está  sit.  al  NO.  de  ia  sierra  de  Gibalbin,  y 
al  NE.  de  Lebrija,  en  terreno  de  monte  bajo  y  ma¬ 
risma,  regado  por  los  arroyos  Alocaz,  el  Mosquete 
y  el  Salado.  Produce  cereales,  garbanzos  y  aceite, 
barrilla  dulce  y  amarga;  cría  de  ganado  y  canteras 
de  cal  y  yeso.  Aduana  marítima  de  cuarta  clase.  Esta¬ 
ción  de  f.  c.  en  la  línea  de  Sevilla  á  Jerez  y  Cádiz. 
En  la  historia  del  siglo  xix  es  célebre  esta  villa  por 
haberse  sublevado  en  ella  (l.°  de  Enero  de  1820) 
el  general  Rafael  del  Riego,  al  frente  del  segundo 
batallón  de  Asturias  que  formaba  parte  del  ejército 
expedicionario  para  reprimir  la  sublevación  de  Amé¬ 
rica  proclamando  la  Constitución  de  1812.  Para 
premiar  este  alzamiento  las  Cortes  de  1821  conce¬ 
dieron  á  la  villa  el  título  de  ciudad,  dándole  por 
armas  un  castillo  con  dos  brazos  con  esposas  en  su 
parte  superior,  y  en  el  centro  una  cadena  rota,  ro¬ 
deado  con  la  inscripción  Ayuntamiento  Constitucio¬ 
nal  de  las  Cabezas,  pero  no  habiéndose  rehabilita¬ 


do  este  decreto,  continuó  siendo  villa  la  población. 

Cabezas  de  San  Juan  (Las).  Geog.  Caserío  de 
Puerto  Rico,  agregado  al  mun.  de  Fajardo,  p.  j.  de 
Humacao;  775  habits. 

Cabezas  Rubias.  Geog.  Mun.  de  356  edifs.  v 
1 ,138  habits.  perteneciente  á  la  prov.  de  Huelva, 
p.  j.  de  Valverde  del  Camino.  Está  constituido 
por  la  villa  de  su  nombre  y  edifs.  diseminados  por 
el  término.  El  terreno  lo  riega  el  río  Malagón,  v 
produce  cereales. 

Cabezas  (Bernabé).  Biog.  Valeroso  guerrillero 
que  el  día  28  de  Junio  de  1809  al  frente  de  su  par¬ 
tida,  compuesta  de  20  caballos,  acometió  á  50  ji¬ 
netes  franceses  en  Valencia  del  Ventoso  (Badajoz), 
matando  siete,  y  aunque  los  imperiales  se  vieron 
reforzados  no  cesó  el  bravo  Cabezas  en  su  empeño 
de  destruirlos,  llegando  á  retarlos  cuerpo  á  cuerpo, 
hasta  que  logró  su  huida  y  completa  dispersión  con 
numerosas  bajas. 

Cabezas  (Miguel).  Biog.  Funcionario  español 
que  fué  intendente  de  Puerto  Rico.  Se  le  debe  Lec¬ 
ciones  de  ciencia  social  (Madrid,  1887). 

Cabezas  (Tomás).  Biog.  Librero  español  de  me¬ 
diados  del  siglo  xvii.  En  su  establecimiento  de  Za¬ 
ragoza  editó  muchas  obras  curiosas,  entre  ellas 
Modo  fácil  y  nuevo  para  perfeccionarse  los  maestros 
en  la  destreza  de  las  armas ,  por  don  Luis  Pacheco 
de  Narváez,  maestro  de  armas  del  rev  (Zaragoza 
1658). 

Cabezas  Altamirano  (Juan  de  las).  Biog.  Pre¬ 
lado  español,  n.  en  Zamora  en  la  última  mitad  del 
siglo  xvi  y  m.  en  1615.  En  Febrero  de  1602  fué 
nombrado  obispo  de  Cuba  y  Florida;  en  Abril  de 
1604  mientras  visitaba  la  parte  oriental  de  aquella 
isla  fué  secuestrado  con  todo  su  séquito  por  el  pira¬ 
ta  francés  Gilbert  Guiron  que  le  retuvo  ochenta 
días  en  su  poder  y  exigió  por  su  libertad  un  fuerte 
rescate;  pero  poco  después  el  bandolero  fué  derro¬ 
tado  y  muerto  por  unos  campesinos  diocesanos  de 
Cabezas.  Este  fué  el  primer  prelado  que  visitó  la 
Florida  siendo  nombrado  en  1810  obispo  de  Guate¬ 
mala  y  después  de  Arequipa  (Perú),  pero  murió  an¬ 
tes  de  tomar  posesión  de  esta  última  sede.  Fundó  en 
Santiago  de  Cuba  el  seminario  Tridentino,  constru¬ 
yó  en  la  Habana  el  primer  palacio  episcopal  y  ense¬ 
ñó  á  los  indios  cestas  el  uso  del  fuego. 

Cabezas  de  Herrera  (José).  Biog.  Periodista  y 
funcionario  español,  m.  en  Madrid  en  1889.  Ocupó 
elevados  empleos,  fué  redactor  de  El  Eco  del  País  y 
diputado  á  Cortes,  y  se  le  deben  notables  escritos, 
entre  ellos  El  marqués  de  Campo  y  la  Sucursal  del 
Banco  Peninsular-Ultramarino ,  establecido  en  Mani¬ 
la  (1883);  Informe  remitido  por  el  Consejo  de  Ultra¬ 
mar  sobre  la  conveniencia  de  establecer  en  Filipinas 
Bancos  hipotecarios  (1889). 

Cabezas  Moriel  (Ruperto).  Biog.  Periodista  es¬ 
pañol  que  en  1890  dirigía  el  periódico  Osuna  al 
día.  Se  le  debe  una  obra  titulada  El  juego  ante  el 
derecho  constituido ,  el  derecho  constituyente,  la  moral, 
el  interés  y  la  conveniencia  social  y  privada  (Madrid 
1888). 

CABEZAVELLOSA.  Geog.  Mun.  de  385  edi¬ 
ficios  y  912  habits.,  perteneciente  á  la  prov.  de  Cá- 
ceres,  p.  j.  de  Plasencia.  Lo  constituye  el  lugar  de 
su  nombre  y  casas  diseminadas  por  el  término.  Está 
situado  en  terreno  quebrado  y  áspero,  y  produce  ce¬ 
reales.  hortalizas,  vino  y  aceite.  Dista  3  kms.  de  la 
est.  de  Oliva  v  Villar,  que  es  la  más  próxima. 


CABEZAVELLOSA  —  CABEZON 


131 


Cabezón  (Valladolid).  — El  puente  de  piedra  sobre  el  Pisuerga 


Cabezavellosa.  Geog.  Mun.  de  113  edifs.  y  269 
habitantes,  constituido  por  el  lugar  de  este  nombre. 
Corresponde  á  la  prov.  y  dióc.  de  Salamanca,  parti¬ 
do  judicial  de  la  capital.  Está  sit.  en  terreno  rodeado 
de  colinas,  que  produce  cereales,  legumbres  y  alga¬ 
rrobas.  Dista  16  kms.  de  Salamanca,  que  es  la  esta¬ 
ción  más  próxima. 

CABEZAZO,  m.  Cabezada,  testarada. 

CABEZCOLGADO,  DA.  adj.  ant.  Cabizbajo. 

CABEZO.  (Etim. — De  cabeza .)  m.  Cerro  alto  ó 
cumbre  de  una  montaña.  ¡]  Montecillo  aislado.  || 
Cabezón  (lista  de  lienzo  doblado). 

Cabezo.  Hidrog.  Pequeño  banco  ó  montón  de  are¬ 
na  que  en  forma  cónica  se  eleva  hasta  cerca  de  la 
superficie  del  agua,  constituyendo  un  peligro  para 
la  navegación.  ||  El  escollo  ó  roca  pequeña  y  de  cima 
redondeada  que  sobresale  del  agua  ó  dista  poco  de 
su  superficie. 

Cabezo.  Geog.  Monte  de  la  prov.  de  Alicante,  en 
el  p.  j.  de  Monóvar.  Está  constituido  por  tierras  sa¬ 
litrosas  cuyo  núcleo  es  de  sal;  tiene  manantiales  de 
agua  salada,  y  en  él  hay  muchas  cuevas,  de  las  cua¬ 
les  la  principal  es  la  llamada  de  la  Pared. 

Cabezo.  Geog.  Mun.  de  290  edifs.  y  925  habitan¬ 
tes,  en  la  prov.  de  Cáceres,  p.  j.  de  Hervás.  Está 
formado  por  las  siguientes  entidades  de  población: 


Cabezo,  lugar  á . 

Kilómetros 

5‘5 

Edificios 

66 

Habitantes 

200 

Ladrillar,  caserío  de.  .  . 

.  _ 

126 

392 

Mesías  (Las),  ídem  á  .  . 

.  11 

52 

176 

Riomalo,  ídem  á  ...  . 

5‘5 

46 

157 

Está  sit.  en  un  terreno  áspero,  quebrado  y  mon¬ 
tañoso,  que  produce  maíz,  centeno,  aceite,  hortalizas 
y  frutas;  minas  de  pirita  de  cobre;  fábricas  de  teji¬ 
dos.  Dista  47  kms.  de  Ciudad  Rodrigo,  que  es  la  es¬ 
tación  más  próxima. 

Cabezo.  Geog.  Caserío  de  la  prov.  de  Badajoz,  en 
el  mun.  de  los  Santos.  ||  Caserío  de  la  prov.  de  Mur¬ 
cia,  en  el  mun.  de  Lorca. 

Cabezo  ó  Barrio  de  las  Cuevas.  Geog.  Barriada 
de  la  prov.  de  Alicante,  en  el  mun.  de  Benferri. 


Cabezo  (El).  Geog.  Nombre  de  varias  entidades 
de  población  pertenecientes  á  los  municipios  v  pro¬ 
vincias  que  se  indican: 


Municipios 

Provincias 

Cehegín . 

Murcia 

Huércal-Overa . 

Almería 

Pedrola . 

Zaragoza 

Valle  de  Santa  Ana . 

Badajoz 

Vallehermoso . 

Canarias 

Cabezo  de  Aínas.  Geog.  Caserío  de  la  prov.  de 
Murcia,  en  el  mun.  de  Ricote. 

Cabezo  de  la  Jara.  Geog.  Sierra  de  la  prov.  de 
Almería,  en  el  p.  j.  de  Vélez-Rubio. 

Cabezo  de  la  Plata.  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de 
Murcia,  agregado  al  municipio  de  la  capital. 

Cabezo  del  Conquero.  Geog.  Caserío  de  la  pro¬ 
vincia  de  Huelva.  en  el  municipio  de  la  capital. 

Cabezo  del  Tío  Lorenzo.  Geog.  Cortijada  de  la 
prov.  de  Almería,  en  el  mun.  de  Antas. 

Cabezo  de  San  Cristóbal.  Geog.  Caserío  de  la 
prov.  de  Murcia,  en  el  mun.  de  Mazarrón. 

Cabezo  de  Torres.  Geog.  Caserío  de  la  prov.  de 
Murcia,  agregado  al  municipio  de  la  capital. 

CABEZOGORDO,  Geog .  Caserío  de  la  prov.  de 
Murcia,  en  el  mun.  de  Torre-Pacheco. 

CABEZÓN,  NA.  adj.  fam.  Cabezudo,  que  tiene 
mucha  cabeza.  U.  t.  c.  s.  ¡|  fig.  y  fam.  Testarudo, 
terco,  porfiado.  ¡|  m.  aum.  de  Cabeza.  ||  Lista  de 
lienzo  doblado  que  se  cose  en  la  parte  superior  de  la 
camisa,  y,  rodeando  el  cuello,  se  asegura  con  unos 
botones  ó  cintas.  ||  Abertura  que  tiene  cualquier  ro¬ 
paje  para  poder  sacar  la  cabeza.  |¡  ant.  Encabeza¬ 
miento.  ||  amer.  Costa  Rica.  Renacuajo. 

Cabezón  de  cuadra.  Cabezada  (correaje  al  que 
está  sujeto  el  ronzal).  ||  Cabezón  de  picadero  ó  de 
serreta.  Cabezada  que  consta  de  una  media  caña 
de  hierro,  ó  sea  la  serreta  que  se  apoya  en  la  terni¬ 
lla  de  la  nariz  del  caballo  y  sirve  para  gobernarlo 
cu-ando  no  es  suficiente  el  bocado.  Esta  serreta  es  de 


132 


CABEZON 


dos  montantes,  con  dos  pilares  laterales  con  sus  co¬ 
rrespondientes  anillas,  y  otra  central  y  más  fuerte 
para  la  cuerda.  Tiene  además  ahogadero,  trocillo  y 
latiguillo.  Este  cabezón  se  usa  en  el  ganado  de  tiro 
ó  de  carga  y  muy  poco  en  el  de  silla,  por  ser  dema¬ 
siado  castigo  para  el  animal,  dificultándole  además 
la  respiración. 

Agarrar  á  uno  de  los  cabezones,  fr.  fig.  y  fam. 
Cogerlo  por  el  pescuezo.  ||  Llevar,  ó  traer,  de  los 
cabezones  Á  uno.  fr.  fig.  y  fam.  Llevarle  adonde  se 
quiere  contra  su  voluntad. 

Cabezón.  Hist.  En  el  antiguo  sistema  de  la  admi¬ 
nistración  de  Hacienda  pública,  se  llamaba  así  al 
padrón  ó  lista  de  los  contribuyentes  y  contribucio¬ 
nes,  y  á  la  escritura  de  obligación  de  la  cantidad 
que  se  había  de  pagar  de  alcabala  y  otros  impuestos. 

Cabezón.  Geog.  Municipio  de  462  edifs.  y  1,147 
habitantes  ( cabezoneros ),  en  la  prov.  de  Valladoiid. 
dióc.  de  Palencia,  p.  j.  de  Valoría  la  Buena.  Lo 
constituye  la  villa  de  su  nombre  y  algunos  edificios 
y  albergues  aislados.  Está  sit.  junto  al  río  Pisuerga, 
en  su  orilla  izquierda,  y  cerca  del  monte  Altamira; 
el  terreno  es  llano  y  produce  cereales,  vino  y  horta¬ 
lizas;  cría  de  ganado.  Est.  de  f.  c.  en  la  línea  de 
Madrid  á  Hendava.  Fué  antiguamente  muy  impor¬ 
tante  esta  villa,  la  cual,  según  la  tradición,  era  ma¬ 
yor  que  Valladoiid.  Alfonso  III  de  León  la  pobló  en 
906.  dándole  privilegios,  y  fué  adjudicada  en  dote  á 
Leonor  de  Inglaterra,  esposa  de  Alfonso  VIII. 

Cabezón.  Geog.  Rancho  del  Estado  de  Zacatecas 


una  gran  llanura,  rodeada  de  montañas,  y  en  ella  se 
encuentran  los  pueblos  pertenecientes  á  los  munici¬ 
pios  de  Cabezón  de  la  Sal  v  Mazcuerras.  Se  hizo 
célebre  este  valle  durante  la  primera  guerra  civil 
(1834)  por  haber  sido  el  lugar  donde  por  primera 
vez  fueron  batidas  las  fuerzas  carlistas  mandadas  por 
los  jefes  Arroyo  y  Bárcena. 

Cabezón  de  la  Sal.  Geog.  Mun.  de  896  edifs.  y 
2,879  habits.,  en  la  prov.  de  Santander,  p.  j.  de  Ca- 
buérniga.  Está  formado  por  las  siguientes  entidades 
de  población: 

Kilómetros  Edificios  Habitantes 


Bustablado,  lugar  á.  .  .  . 
Cabezón  de  la  Sal,  villa  de. 

Cabrojo,  aldea  á . 

Carrejo,  lugar  á . 

Casar,  ídem  á . 

Duna,  aldea  á . 

Hontoria,  lugar  á . 

Periedo,  ídem  á . 

Santibáñez.  ídetn  á  .  .  .  . 

Vernejo.  aldea  á . 

Grupos  inferiores  y  edi¬ 
ficios  diseminados  .  .  . 


5-2 

38 

68 

_ 

348 

1,249 

53 

32 

88 

1-2 

62 

220 

6 

98 

304 

5-2 

15 

40 

1-6 

96 

338 

5-2 

40 

142 

1*7 

39 

165 

1*7 

36 

94 

_ 

92 

171 

Está  sit.  en  una  llanura  al  pie  de  una  montaña,  y 
en  el  valle  de  su  mismo  nombre.  Varios  arroyos 
afluentes  del  Saja  fertilizan  el  terreno,  que  produce 
maíz,  frutas  y  hortalizas;  cría  de  ganado.  Est.  de  fe.- 
rrocarril  en  la  línea  de  Santander  á  Llanes. 


(Méjico),  mun.  y  partido  de  Ojo  Ca¬ 
liente;  385  habits.  ||  Hacienda  del 
Estado  de  Jalisco,  mun.  y  cantón  de 
Ameca;  1,140  habits. 

-.  Cabezón.  Geog.  Arroyo  del  Uru¬ 
guay,  dep.  de  Canelones,  afluente 
del  Solís  Grande,  orilla  derecha.  || 

Banco  de  arena  en  las  bocas  del  Pla¬ 
ta.  en  la  parte  central;  deja  paso  am¬ 
plio  por  ambos  lados. 

Cabezón  de  Cameros.  Geog.  Mu¬ 
nicipio  de  80  edifs?.  v  193  habits.,  en 
la  prov.  de  Logroño,  p.  j.  de  Torre¬ 
cilla  de  Cameros,  formado  por  la  villa 
de  su  nombre  y  algunos  edificios  di¬ 
seminados.  El  terreno  es  escabroso  y 
de  mediana  calidad,  pero  fertilizado 
por  las  aguas  de  un  arroyo,  produce 
cereales  v  hortalizas.  Hay  también 
fábricas  de  palas  de  madera.  Dista 
30kms.  de  Fuenmavor,  que  es  la  est.  más  próxima. 

Cabezón  de  la  Sal.  Geog.  Valle  de  la  prov.  de 
Santander,  en  el  p.  j.  de  Cabuérniga.  Lo  constituye 


Cabezón  de  Liébana  (Santander).  —  Vista  general 

Cabezón  de  la  Sierra.  Geog.  Municipio  de  120 
edificios  y  338  habits.  en  la  prov.  de  Burgos,  parti¬ 
do  judicial  de  Salas  de  los  Infantes,  formado  exclu- 


CABEZÓN  —  CABEZOTA 


133 


divamente  por  la  villa  de  su  nombre.  Está  sit.  en  un 
barranco,  en  terreno  fuerte,  regado  por  las  aguas  de 
dos  arroyos.  Produce  cereales,  legumbres  y  frutas; 
cría  de  ganado.  Dista  55  kms.  de  Aranda  de  Duero, 
que  es  la  est.  más  próxima. 

Cabezón  de  Liébana.  Geog.  Mun.  de  902  edifs.  y 
2,243  habits.,  en  la  prov.  de  Santander,  p.  j.  de  Po¬ 
tes,  constituido  por  las  siguientes  entidades  de  po¬ 
blación: 

Kilómetros  Edificios  Habitantes 


Aceñaba,  aldea  á . 

2 

17 

34 

Aniezo,  lugar  á . 

5 

68 

153 

Buvezo,  ídem  á . 

Cabezón  de  Liébana,  lu¬ 

6 

67 

192 

gar  de . 

— 

96 

270 

Cahecho,  ídem  á . 

4 

49 

110 

Cambarco,  ídem  á  ...  . 

4 

34 

121 

Cos  (La),  aldea  á . 

4 

32 

75 

Frama,  lugar  á . 

2 

73 

248 

Lamedo,  aldea  á . 

7 

45 

136 

Lubavo,  ídem  á . 

2 

11 

35 

Luriezo.  lugar  á . 

6 

68 

122 

Perrozo,  ídem  á . 

3 

90 

245 

Piasca,  ídem  á . 

4 

59 

105 

San  Andrés,  ídem  á.  .  .  . 

4 

57 

125 

Torices,  ídem  á . 

4 

62 

123 

Ubriezo,  aldea  á . 

4 

22 

32 

Yebas,  ídem  á . 

Grupos  inferiores  y  edi¬ 

4 

25 

57 

ficios  diseminados  .  .  . 

— 

61 

60 

El  municipio  está  sit.  á  ambos  lados  del  río  Bu¬ 
llón  ó  Valdeprado;  el  terreno  es  en  general  monta¬ 
ñoso  y  tiene  algunos  valles;  produce  cereales,  vino, 
patatas,  legumbres  y  frutas.  Dista  36  kms.  de  Mon- 
tabliz,  que  es  la  est.  más  próxima.  Durante  la  guerra 
de  la  Independencia  fué  incendiado  el  lugar  de  Ca¬ 
bezón  de  Liébana,  por  haberse  resistido  sus  habi¬ 
tantes  á  que  entrara  en  él  una  división  del  ejército 
inglés. 

Cabezón  de  Valderaduey.  Geog.  Municipio  de 
80  edifs.  y  145  habits..  en  la  prov.  de  Valladolid, 
p.  j.  de  Villalón,  formado  por  el  lugar  de  su  nombre 
y  algunos  edificios  y  albergues  diseminados.  Está 
situado  á  la  derecha  del  río  Valderaduey,  en  terreno 
que  produce  cereales,  hortalizas  y  legumbres.  Dista 
19  kms.  de  Villada,  que  es  la  est.  más  próxima. 

Cabezón  (Félix  Antonio  de).  Biog.  Célebre  or¬ 
ganista  y  compositor  español,  n.  en  Castrillo  de 
Matajudíos.  barrio  de  Castrojeriz  (Burgos)  en  1510. 
ó  en  Madrid,  según  otros  autores,  y  m.  en  la  corte 
en  26  de  Marzo  de  1566.  Era  ciego  de  nacimiento, 
ó  por  lo  menos  desde  muy  niño,  y  se  cree  que  estu¬ 
dió  en  Palencia  con  el  organista  Tomás  Gómez.  De 
su  juventud  se  sabe  bien  poca  cosa,  y  ya  en  la  edad 
madura  era  organista  y  clavicordista  del  rey.  ense¬ 
ñando  á  la  vez  á  nufnerosos  discípulos.  Habiendo 
enviudado,  abrazó  el  estado  eclesiástico.  Acompañó 
á  Felipe  II,  cuando  aun  no  era  rey,  á  los  Países 
Bajos,  y  á  su  regreso  se  detuvo  en  Génova,  donde 
se  hizo  admirai  por  todos  cuantos  le  oyeron  en  la 
misa  celebrada  en  la  iglesia  mayor  con  motivo  de 
la  visita  de  Felipe  II.  Sus  composiciones  debieron 
ser  numerosísimas,  pero  hasta  nosotros  han  llegado 
muy  pocas  de  ellas,  debido  á  la  circunstancia  de 
que  al  morir  su  hijo  Hernando,  que  se  proponía  la 
publicación  de  todas,  no  pudo  hacerlo  más  que  con 
una  parte,  titulada  Obras  de  música  para  tecla,  arpa 


y  mímela  (Madrid,  1573),  que  contiene  una  serie 
de  ejercicios  progresivos,  himnos,  tientos,  motetes, 
etcétera,  «las  migajas  que  caían  de  su  mesa»,  según 
dice  el  referido  Hernando,  encargando  la  publica¬ 
ción  de  las  restantes  al  rey,  que  no  llegaría  á  cum¬ 
plir  el  encargo,  por  cuanto  dichas  obras  se  han  per¬ 
dido.  Modernamente  el  maestro  Pedrell  ha  reprodu¬ 
cido  en  notación  moderna  las  Obras  de  música  para 
tecla,  arpa  y  vihuela,  que  comprenden  cuatro  volú¬ 
menes  de  su  Hispaniae  Schola  Música  sacra,  y  Rit- 
ter  incluye  uno  de  los  tientos  de  Cabezón  en  su 
Géschichte  des  Orgespiels.  Dejó  además  un  tratado 
de  Música  teórica  y  práctica ,  y  según  M.  Dhen. 
bibliotecario  de  la  Musical  de  Berlín,  es  autor  de 
la  primera  composición  para  cuarteto  de  cuerda  que 
se  ha  escrito  en  Europa.  Cabezón,  como  organista, 
fué  el  punto  de  partida  de  la  brillantísima  escuela 
que  colocó  en  primera  fila  el  nombre  de  España  du¬ 
rante  los  siglos  xvi  y  xvn,  y  como  compositor  ha 
sido  llamado  el  Bach  español  del  siglo  XVI.  Feli¬ 
pe  II  le  mandó  erigir  un  monumento  en  la  iglesia 
de  San  Francisco  el  Grande,  grabándose  en  él  el 
siguiente  epitafio: 

Hoc  situs  est  Félix  Antonius  Ule  sepulchro 
Organici  quondam  gloria  primi  chori: 

Cognomen  Cabezón ;  cur  sequar ?  Inclyta  quando 
Fama  ejus  térras,  spiritus  astra  colit, 

Occidit,  heu!  tota  Regis plangente  Philippi 
Aula:  tam  rarum  perdíait  illa  decus. 

El  monumento  desapareció  al  ser  derribado  el 
antiguo  templo  de  San  Francisco  para  dar  lugar  á 
la  construcción  del  que  ahora  existe. 

Bibliogr.  Felipe  Pedrell,  Intimitats  sobre  'l  des- 
cubriment  y  publicado  de  les  obres  de  Cabezón;  F. 
Lliurat,  Breus  notes  biográfques  y  bibliográ fiques  so¬ 
bre  Antoni  de  Cabezón;  Vicente  María  Gibert,  Cabe¬ 
zón,  organista  (en  la  Revista  Musical  Catalana,  But- 
lletí  del  «Or/eó  Catalá»,  año  VII;  Marzo,  1910;  nú¬ 
mero  75);  Biografía  eclesiástica  completa,  redactada 
por  diversos  literatos:  Madrid,  Aguado;  Barcelona 
Grau  (1848). 

Cabezón  (Hernando  de).  Biog.  Organista  v 
compositor  español,  hijo  de  Félix  Antonio,  m.  en 
1602.  Sucedió  á  su  padre  como  organista  de  la  cor¬ 
te.  Se  conocen  algunas  composiciones  suyas  que  in¬ 
tercaló  en  la  edición  de  las  obras  de  su.  padre,  pu¬ 
blicadas  por  él.  ||  Su  hermano  Juan  fué  también 
excelente  organista,  y  en  el  volumen  Obras  de  músi- 
ca^para  tecla,  arpa  y  vihuela  aparece  una  glosa  suva 
de  una  canción  de  la  época. 

Cabezón  (Mariano).  Biog.  Pedagogo  argentino, 
n.  en  la  prov.  de  Salta  y  m.  en  1852.  Fué  director 
y  preceptor  de  la  Escuela  Normal  de  Buenos  Aires 
en  1826.  y  fundó  en  1828  escuelas  en  Salta  y  Chu- 
quisaca.  Durante  mucho  tiempo  corrió  á  su  cargo  la 
renombrada  Escuela  de  la  patria.  Su  nombre  se  ha 
perpetuado  con  la  escuela  llamada  «Mariano  Cabe¬ 
zón». 

CABEZONADA.  (Etim. — De  cabezón,  ■  terco.  1 
f.  fam.  Acción  propia  de  persona  terca  ú  obstinada. 

Cabezonada  (La).  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de 
Huesca,  agregada  al  mun.  de  Toledo. 

CABEZORRO,  m.  aum.  fam.  Cabeza  g’rande  v 
desproporcionada. 

CABEZOS  (Los).  Geog.  Cayos  frente  las  costas 
de  Cárdenas  (Cuba).  Están  entre  el  canal  del  Rosa¬ 
rio  y  el  cayo  Bahía  de  Cádiz. 

CABEZOTA,  f.  aum.  de  Cabeza.  ||  com.  fam. 


134 


CABEZTORNADO  —  CABIAC 


Persona  que  tiene  la  cabeza  muy  grande.  ||  fig.  y 
fam.  Persona  terca,  testaruda.  U.  t.  c.  adj. 

CABEZTORNADO,  DA.  adj.  ant.  Con  la  ca¬ 
beza  ó  el  rostro  vuelto  hacia  otra  parte. 

Estar  cabeztornado.  fr.  fig.  y  fam.  ant.  Estar 
de  mal  semblante,  de  mala  voluntad. 

CABEZUDO,  DA.  adj.  Que  tiene  mucha  cabe¬ 
za.  ||  fig.  y  fam.  Terco,  obstinado.  ||  m.  pl.  Nombre 


Cabezudos 


que  se  da  en  varias  partes  á  los  disfrazados  de  ena¬ 
nos  de  gran  cabeza  que  se  exhiben  en  algunas  fies- 
las,  especialmente  en  las  procesiones. 

CABEZUELA,  f.  dim.  de  Cabeza.  ||  Harina 
más  gruesa  del  trigo  después  de  sacada  la  flor.  || 
Botón  de  la  rosa.  ||  com.  fig.  y  fam.  Persona  de  poco 
juicio. 

Cabezuela.  Art.  y  Of.  Entre  alfareros  la  pieza 
aobre  la  cual  se  coloca  la  pella  de  barro  que  se  trata 
de  tornear.  ||  En  los  telares  de  terciopelo,  cuenteci- 
11a  de  vidrio  que  favorece  el  movimiento  de  vaivén. 

||  Entre  guarnicioneros  término  usado  para  desig¬ 
nar  la  perilla  de  la  silla  de  montar. 

Cabezuela,  f.  Bot.  Nombre  que  se  da  á  la  inflo¬ 
rescencia  formada  por  la  reunión  de  flores  sentadas  ó 
casi  sentadas  sobre  un  receptáculo  común  y  rodeada 
de  numerosas  brácteas  que  constituyen  el  involucro. 
Como  tipo  de  inflorescencia  en  cabezuela  puede 
citarse  la  de  las  compuestas. 

Cabezuela.  Geog.  Municipio  de  396  edifs.  y 
1,842  habits.  (cabezueleños),  en  la  prov.  de  Cáceres, 
p.  j.  y  diócesis  de  Plasencia,  formado  por  la  villa  de 
su  nombre  y  diversos  edificios  diseminados.  Está  si¬ 
tuado  en  una  de  las  vertientes  de  Sierra  Llana,  en 
un  valle  á  la  orilla  izquierda  del  río  Yeste.  Produce 
cereales,  vino,  aceite,  castañas  y  diversas  frutas, 
especialmente  cerezas;  cría  de  ganado;  fábricas  de 
curtidos.  Dista  33  kms.  de  Plasencia,  que  es  la 
estación  más  próxima.  La  villa  de  Cabezuela  es  de 
origen  romano,  y  actualmente  forma  parte  del  valle 
de  Plasencia. 

Cabezuela.  Geog.  Municipio  de  204  edifs.  y 
765  habits..  en  la  prov.  y  diócesis  de  Segovia, 
p.  j.  de  Sepúlveda,  formado  por  la  villa  de  su  nom¬ 
bre  y  algunos  albergues  en  el  término.  Está  situado 
en  una  llanura  regada  por  las  aguas  de  un  arroyo. 
Produce  cereales,  hortalizas  y  legumbres;  cría  de 
ganado  Dista  38  kms.  de  Segovia,  que  es  la  esta¬ 
ción  más  próxima. 

Cabezuela.  Geog.  Monte  del  término  de  Castil- 


blanco,  p.  j.  de  Herrera  del  Duque,  prov.  de  Ba¬ 
dajoz. 

Cabezuela.  Geog.  Barrio  rural  de  Cuba,  prov.  de 
Oriente,  mun.  de  Holguín;  532  habits.  Toma  su 
nombre  del  río  de  las  Cabezuelas  que  baja  de  las 
lomas  del  Breñoso  y  desemboca  en  el  Salado. 

Cabezuela  (La).  Geog.  Caserío  de  la  prov.  de 
Valencia,  en  el  mun.  de  Cortes  de  Pallás. 

Cabezuela  de  Barranda.  Geog.  Caserío  de  la 
prov.  de  Murcia,  en  el  mun.  de  Caravaca. 

Cabezuela  de  Salvatierra.  Geog.  Municipio  de 
115  edifs.  y  280  habits.  en  la  prov.  de  Salamanca, 
p.  j.  de  Alba  de  Tormes,  constituido  por  el  lugar  de 
su  nombre  y  seis  albergues.  Está  sit.  en  un  terreno 
que  produce  cereales  y  legumbres.  Dista  4  kms.  de 
Guijuelo,  que  es  la  estación  más  próxima. 

CABEZUELAS.  Geog.  Caserío  de  la  prov.  de 
Murcia,  en  el  mun.  de  Yecla. 

Cabezuelas  (Conde  de  las).  Geneal.  Usó  por  pri¬ 
mera  vez  este  título  Gregorio  Baillo  de  la  Beldad  y 
Cárdenas,  ministro  del  Consejo  Supremo  de  Hacien¬ 
da,  siéndole  concedido  en  1690  por  Carlos  II.  Des¬ 
de  1899  está  en  posesión  de  él  don  Ramón  Baillo  y 
Baillo. 

CABEZUELO.  m.  dim.  de  Cabezo. 

Cabezuelo.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  Avila, 
agregado  al  mun.  de  la  Carrera. 

Cabezuelo  (El).  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de 
Huelva.  agregada  al  mun  de  Alájar. 

CABGÁN.  Geog.  Isleta  del  archipiélago  de  Fili¬ 
pinas  ,  cerca  á  la  de  Leyté ,  en  la  embocadura  del 
puerto  de  Palompón. 

CABGIAK.  ffist.  Tribu  de  turcos  orientales, 
descendiente  de  Cabgiak.  Este,  según  la  leyenda, 
nació  en  el  momento  en  que  se  libraba  un  combate 
entre  Oghuz  Khan  é  Itborat.  Seguían  al  ejército  de 
aquél  algunas  mujeres,  y  una,  que  estaba  encinta, 
al  saber  la  noticia  de  la  muerte  de  su  esposo  en 
la  pelea,  se  sintió  con  los  dolores  de  parto,  refugián¬ 
dose  en  un  tronco  de  árbol  hueco  para  dar  á  luz. 
Por  esta  razón  el  niño  se  llamó  Cabgiak  (corteza  de 
árbol),  y  fué  adoptado  por  Oghuz.  Tuvo  el  así  naci¬ 
do  numerosa  descendencia  que  llegó  á  ocupar  gran¬ 
des  territorios  al  N.  del  mar  Caspio  y  de  allí  salie¬ 
ron  los  Kipt-chak  y  Urbeks  que  invadieron  los  do¬ 
minios  de  los  príncipes  descendientes  de  Gengis 
Khan. 

CABÍ.  Geog.  Caserío  de  Colombia,  dep.  del 
Cauca,  aist.  de  Quibdó. 

CABIA.  Geog.  Río  de  la  prov.  y  p.  j.  de  Bur¬ 
gos,  formado  por  varios  manantiales  que  brotan  en 
Revilla  del  Campo  y  Salguerito;  se  une  al  Arlanzón 
junto  al  pueblo  de  este  nombre.  Llámase  también 
río  Ausin. 

Cabía.  Geog.  Municipio  de  247  edifs.  y  500  habi¬ 
tantes,  en  la  prov.  y  diócesis  de  Burgos,  p.  j.  de  la 
capital,  formado  por  la  villa  de  su  nombre  y  algunos 
edificios  diseminados  por  el  término.  Está  sit.  entre 
los  ríos  Arlanzón  y  Cabía  ó  Ausín.  Produce  cereales, 
legumbres  y  trutas;  fábricas  de  harina  y  hornos  de 
caí  y  tejas.  Dista  5  kms.  de  Quintanilleja,  que  es  la 
estación  más  próxima. 

Cabía.  Biog.  Ulema  turco,  m.  en  945.  Se  convir¬ 
tió  al  cristianismo  cuyas  doctrinas  predicó  por  lo 
que  Mufti  Xemseddy  Effendi  le  mandó  prender  y 
matar. 

CABIAC  (Claudio  de  Bañe,  señor  de).  Biog. 
Teólogo  francés,  n.  en  Nimes  (1578  1658),  que 


CABIAGNÁ  —  CABILDO 


135 


aunque  educado  en  los  principios  del  calvinismo,  fué 
convertido  por  los  jesuítas  de  Tournon  y  llegó  á  ser 
un  ardiente  católico.  Publicó  en  1658  una  obra  titu¬ 
lada  La  Escritura  abandonada  por  los  ministros  de  la 
religión  reformada ,  en  la  cual  condena  el  protestan¬ 
tismo,  y  que  produjo  gran  número  de  conversiones. 

CABIAGNÁ.  Geog.  Lago  de  los  Andes  argenti¬ 
nos.  V.  Aluminé. 

CABIAL,  m.  Cavial. 

CAB1ANCA  (Jacobo).  Biog.  Poeta  italiano, 
n.  en  Vincenza  á  principios  del  siglo  xix  y  hov  com¬ 
pletamente  olvidado,  no  obstante  la  pureza  de  su 
forma  y  la  nobleza  de  sentimientos  que  campea 
en  sus  obras.  Se  le  debe:  La  Veglia  delle  nozze 
(Padua,  1830),  Lucrezia  degli  Obizzi  (Padua,  1830), 
Speronella  Dalesmanina  (Padua,  1832).  La  montogna 
di  santa  Odilla  (Padua,  1838),  II  Cavalier  fedell 
(Milán,  1838),  La  Madre  (Milán,  1843),  Giovani 
Tonesio  (Liorna,  1846),  U  Ultimo  dei  Kónigsmark 
(Milán,  1857),  y  Angélica  Montanini  (Trieste,  1857). 

CABIAO.  Geog.  Ciudad  de  la  isla  de  Luzón  (Fi¬ 
lipinas),  en  la  prov.  de  Nueva  Ecija,  diócesis  de 
Manila,  sit.  á  orillas  de  un  afluente  del  río  Grande 
de  la  Pampanga;  8,000  habits.  Produce  principal¬ 
mente  tabaco,  v  sus  montes  abundan  en  buenas  ma¬ 
dejas.  ||  Riachuelo  de  la  isla  de  Luzón,  en  la  pro¬ 
vincia  de  Nueva  Ecija.  Lleva  en  sus  arenas  algunas 
partículas  de  oro. 

CABIAS.  Geog.  Río  de  la  isla  de  Luzón,  afluen¬ 
te  del  río  Grande  de  la  Pampanga.  Su  corriente 
arrastra  partículas  de  oro. 

CABIATE.  Geog.  Pueblo  y  mun.  de  Italia,  en 
la  prov.  y  dist.  de  Como;  2,040  habits.  Tiene  her¬ 
mosas  quintas  de  recreo.  Est.  de  t.  c. 

CABIBIJÁN.  Geog.  Río  de  la  isla  de  Luzón 
(Filipinas),  en  la  prov.  de  Tayabas;  desemboca  en 
el  golfo  de  Guinovangán. 

CABIBLANCO.  m.  Amer.  Cuchillo  ó  faca  que 
se  lleva  en  el  cinto. 

CABICASTRO.  Geog.  Cabo  en  la  costa  de  la 
prov.  de  Pontevedra,  que  forma  la  punta  N.  de  la 
boca  de  la  ría  de  Pontevedra. 

CABICORP.  Geog.  Torre  de  la  prov.  de  Caste¬ 
llón,  en  el  término  de  Alcalá  de  Chisvert.  En  este 
lugar  hubo  una  ciudad  romana,  á  juzgar  por  las 
ruinas  y  monedas  que  allí  se  han  encontrado. 

cabida.  F.  Contenance. — It.  Contenenza.  —  In. 
Capacity.  —  A.  Gehalt,  Inhalt.  —  P.  Contende.  —  C.  Ca- 
buda. — E.  Euhavo,  loko.  (Etim. — De  caber.)  f.  Espa¬ 
cio  ó  capacidad  que  tiene  una  cosa  para  contener 
otra. 

Tener  cabida  ó  gran  cabida  en  alguna  parteó 
con  alguna  persona,  fr.  fig.  Tener  influjo,  crédito, 
valimiento. 

Cabida.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  Guadalajara, 
en  el  mun.  de  Colmenar  de  la  Sierra. 

CABIDO,  DA.  (Etim. — De  caber.)  adj.  ant. 
Bien  admitido,  estimado.  ||  En  la  orden  de  San 
Juan,  caballero  ó  fraile  que  por  opción  ó  derecho 
disfrutaba  ó  beneficiaba  una  encomienda.  ||  m.  Mo¬ 
jón  ó  término. 

CABIESES.  Geog.  Barrio  de  la  prov.  de  Vizca¬ 
ya,  en  el  mun.  de  Santurce. 

CABIEDES.  Geog.  Lugar  de  la  prov.  de  San¬ 
tander,  en  el  mun.  de  Valle  de  Valdáliga. 

CABIELLA  (La).  Geog.  Aldea  de  la  prov.  de 
Oviedo,  mun.  de  Ponga. 

CABIHAH  ó  CAHIBAH.  Biog.  Favorita  del  | 


califa  Al-Motaguakil  y  madre  de  Mutar,  que  le  suce¬ 
dió  en  el  trono.  Poseyendo  inmensos  tesoros  neo'ó 
á  su  hijo  las  cantidades  necesarias  para  pagar  á  las 
tropas,  por  lo  que  éstas  se  sublevaron  contra  el  cali¬ 
fa  y  le  dieron  muerte.  Su  sucesor,  Mothadi.  encar¬ 
celó  á  la  avarienta  madre,  que  había  preferido  ver 
morir  á  su  hijo  antes  que  desprenderse  de  una  parte 
de  lo  que  poseía,  y  la  hizo  dar  todos  sus  tesoros 
(869). 

CABIL.  Biog.  Es  el  Caín  de  los  árabes.  V.  Caín. 

CABILA.  (Etim.  —  De  igual  voz  árabe,  que  sig¬ 
nifica  tribu.)  f.  Cada  una  de  las  tribus  de  Berbería, 
que  habitan  en  la  región  del  Atlas. 

Cabila  ó  Cabyla.  Geog.  ant.  Ciudad  de  laTracia 
al  O.  de  Mesembrva,  de  la  cual  distaba  unos  100  ki¬ 
lómetros.  Filipo  de  Macedonia  confinaba  en  ella  á  los 
criminales. 

CABILDADA,  f.  fig.  y  fam.  Resolución  atro¬ 
pellada  é  imprudente  de  alguna  comunidad  ó  ca¬ 
bildo. 

CABILDANTE,  m.  Cabildero.  ||  fam.  Capitu¬ 
lar.  ||  amer.  Arg.  y  Perú.  Individuo  de  un  cabildo 
secular  ó  municipio. 

CABILDEAR.  F.  Briguer.  —  It.  Brigare,  broglia- 
re.  —  In.  Tocanvass.  —  A.  Umtriebe  machen.  —  P.  v  C. 
Intrigar. —  E.  Intrigi.  (Etim. — De  cabildo.)  v.  n.  Ges¬ 
tionar  con  actividad  y  maña  para  ganar  voluntades 
en  un  cuerpo  colegiado  ú  otra  corporación. 

Deriv.  Cabildeo. 

CABILDERO.  m.  El  que  cabildea. 

CABILDO.  1.a  acep.  F.  Chapitre.  —  It.  Capitolo. 
—  In.  Chapter.  —  A.  Kapitel,  Versammlung.  —  P.  Capitu¬ 
lo. —  C.  Capítol.  —  E.  Gildo,  kanonikaro.  (Etim. — Del 
lat.  capitulum.)  m.  Cuerpo  ó  comunidad  de  eclesiás¬ 
ticos  de  una  iglesia,  catedral  ó  colegial.  ||  En  al¬ 
gunos  pueblos,  cuerpo  ó  comunidad  que  forman  los 
eclesiásticos  que  hay  con  privilegio  para  ello.  || 
Ayuntamiento,  corporación  municipal  y  edificio  de 
las  Casas  Consistoriales.  [|  Junta  celebrada  por  un 
cabildo.  [|  Sala  donde  se  celebra.  [|  Capítulo  que 
celebran  algunas  órdenes  religiosas  para  elegir  sus 
prelados  y  tratar  de  su  gobierno.  ||  Junta  de  her¬ 
manos  de  ciertas  cofradías,  aunque  sean  legos.  |¡ 
amer.  Ciiba.  Reunión  de  negros  v  negras  bozales. 

Decidlo  en  cabildo  y  allí  seréis  respondido. 
ref.  Las  cosas  públicas  deben  tratarse  en  público,  v 
no  en  secreto,  para  que  las  resoluciones  que  acerca 
de  ellas  se  tomen,  sean  prudentes  y  acordadas. 

Cabildo.  Der.  ecles.  Acerca  de  esta  importantí¬ 
sima  institución  eclesiástica,  se  indicará:  concepto, 
etimología,  origen  y  desarrollo  histórico,  organiza¬ 
ción  y  atribucines. 

Concepto.  Corporación  que  constituve  como  el 
Senado  ó  Consejo  del  Obispo  en  las  catedrales  v  en¬ 
cargada  de  la  solemne  celebración  del  oficio  divino 
en  las  Colegiatas.  Los  clérigos  que  la  forman  se  de¬ 
nominan  canónigos  ó  capitulares.  (V.  Canónigo.) 

Por  lo  dicho  se  comprende  que  existen  dos  clases 
de  cabildos:  los  cabildos  catedrales  y  los  cabildos  co¬ 
legiales  ó  de  colegiata,  imitación  de  aquéllos. 

Etimología.  La  palabra  «cabildo»  se  formó  de 
la  voz  capítulo,  derivada  del  latín,  caput-itis,  ya  por 
la  costumbre  de  leer  en  las  reuniones  algún  capítulo 
de  la  Regla  ó  de  la  Sagrada  Escritura,  ya  por  cons¬ 
tituir,  juntamente  con  el  obispo,  la  cabeza  y  centro 
del  régimen  de  la  diócesis. 

Origen  y  desarrollo  histórico.  Todo  principado 
necesita  un  Senado,  y  toda  autoridad  de  importancia 


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CABILDO 


un  Consejo.  De  ahí  que  los  obispos,  desde  los  primeros 
tiempos,  tuvieran  á  su  lado  el  Presbiterio  ó  reunión  de 
todos  los  clérigos  de  una  misma  diócesis,  que,  bajo 
la  autoridad  de  aquél,  ejercían  los  cargos  que  se  les 
confiaban  (Y.  Presbiterio).  Así,  pues,  en  los  prime¬ 
ros  tiempos  como  en  cada  diócesis  no  había  más  que 
una  iglesia  (Catedral),  todos  los  clérig’os  componían 
el  Capítulo  ó  Senado  del  obispo,  como  expresamente 
dice  San  Gregorio  (Can.  7,  dist.  95