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Full text of "Ideal-recuelo; entremés lírico dividido en dos cuadros"

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QT& 


IDEAL-RECUELO 


ENTREMÉS LÍRICO 


dividido en dos cuadros 


I y \ ORIGINAL DE 

6V' 

MANUEL FERNANDEZ DE IiH PUENTE 


música del maestro 


LUIS FOGLIETTI 


Estrenado en el TEATRO CÓMICO de Madrid, la noche del 

23 de Enero de 1915 

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MADRID 

B, Velasoo, imp., Marques dh Santa Ahí, U dup. c 

Teléfono número 661 

1915 











REPARTO 


PERSONAJES 

ACTORES 

LA ALONDRA. ... 


Franco. 

LA SEÑORA CONCHA. 


Castellanos. 

LUISA.... 


Sánchez-Imáz. 

MANOLITA... 


Aguila (M.) 

AMELIA... 


Medero. 

SALUSTIANA... 


Martín. 

PURA.. 


Carreras (P.) 

ROSA........ 


Carreras (M.) 

CRISTINA. *... 


Anchorena. 

ADELA... 


Borda. 

SOLEDAD... 


Román. 

JOSEFA.. ... 


Agüila (J.) 

REMEDIOS .. 


Ortíz, 

SEÑOR ANDRÉS. 


Soler. 

HIPÓLITO.. 


Castro. 

MAESTRO RAMIREZ. 


PONZANO. 

MANUEL...... 


Miranda. 























ACTO UNICO 


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(' 


CUADRO PRIMERO 




Interior de una buñolería. Puerta de entrada al foro. Una o dos la¬ 
terales que comunican con las habitaciones interiores. Mostrador, 
mesas, taburetes. Todo ello pob^e, viejo y feo. 

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ESCENA PRIMERA 


LUISA, MANOLITA, la SEÑA CONCHA y el SEÑOR ANDRÉS 

» • 

Luisa , ¡Pero, padre! 

Concha ¡Pero, Andrés! 

Man. Eso es una broma de usted. 

Anu. Eso es la fija. Mañana mismo pongo un 
anuncio en El Liberal, diciendo: se vende 
un piano en buen uso; Lavapiés, 227, Buño¬ 
lería, darán razón. 

Luisa ¡Y con lo adelantadas que estábamos ya! 

Man. ¿Y hemos de renunciar al arte? 

Concha ¿Pero qué mosca te ha picao? 

And. ¿Y tú me lo preguntas? Echa una mirada 
por el establecimiento. 

Concha Ya está. 

And. ¿Qué ves? 

Concha Que estamos solos. 

And. Pues eso es lo que viene viendo este cura 

desde hace más de un año. Que estamos 
solos, que no se venden arriba de media 











Luisa 

And. 

Lnisa 


And. 

Luisa 

And. 

Concha 

And. 


Concha 

And. 


Concha 

And. 

Luisa 

And. 

Luisa 

And. 


Concha 

And. 


Concha 

And. 


Concha 


docena de cafés y de un par de docenas de 
buñuelos, que el público se ha cansao de fa¬ 
vorecernos y que el Gobierno no se cansa de 
subirnos la contribución. En una palabra, 
que hay que hacer economías o poner ahí 
fuera un papelito que diga: Se traspasa el 
local. ¿Sus vais enterando? 

¿Y por qué vender el piano si en él puede 
estar nuestra salvación? 

¿Cómo es eso? 

¿No estamos aprendiendo a cantar por 
gusto? 

Por gusto de vuestra madre. 

¿No tenemos buena voz, según el maestro? 
Dos grillos. 

¿Dejarás hablar a la chica? 

¡Pero si es que las veo de venir! Si lo que 
estas quieren es debutar de cupleteras, y tú 
eres la que las ha metido ese disparate en 
la cabeza. 

¿Yo...? 

Sí, tú que estás muerta de envidia porque 
la hija de la vecina del segundo, esa que 
llaman La Alondra, ha debutado en el Ma¬ 
drileño hace un mes y ya tiene abrigo de 
pieles, sortijas y vuelve a casa en auto casi 
todas las noches. 

¡Jesús, Jesús, qué hombre! 

La fija. Y entre tú y el hambrón del maes¬ 
tro, que le hace cucamonas a la Luisa... 

¿A mí? 

Sí, señora; a usted. 

Esa es una figuración de usted, padre. 

¡Eso es el evangelio! Y esta noche, cuando 
venga a cobrar los honorarios, le pongo de 
patitas en la calle para siempre. 

Los honorarios... Si el infeliz las enseña de 
balde. 

¿De balde y se desayuna aquí todos los días 
y cena todas las noches con café y churros, 
que no paga? 

¡Pero, qué café y qué churros! 

Eso es, desacredita tú ahora el género. ¡Si 
será mejor la música que enseña él! 

Bien, bien, todo lo que tú quieras; pero ni 
se vende el piano ni se despide al maestro. 


t 


— 7 — 


Luisa 

Man. 

And. 

Concha 

And. 


Hip. 


And. 


Hip. 
Man, 
Hip. 
Man. 
Hip. 
VI AN. 
Hip. 

Man. 

Hip. 


Man. 

Hip. 

Man. 

Hip. 


Man. 

Hip. 

Man. 


Bien dicho. 

Admirablemente. 

¿Rebelión tenemos? ¡Os vais á acordar de 
mí! 

¡Ya se te pasará! ¡Arriba, niñas! 

¡ A punto está la masa para rebeliones! 


ESCENA II 

i 

DICHOS, HIPÓLITO 

(Sale por la izquierda con un instrumento de hacer 
churros. Con mandil.) ¡Señor Andrés, que está a 
punto la masa para hacer churros! 

Trae acá, hombre; trae acá. (Le coge la maqui- 
nilla.) ¡Si no mirara! (Hace ademán de tirársela a 
su mujer y se va por la izquierda. Se ván por la dere¬ 
cha Concha y Luisa; al ir a salir Manolita, la llama 
Hipólito y quedan los dos solos en escena.) 

¡Manolita! 

¿Qué quieres? 

Decirle a usted una cosa muy importante. 
Mañana me la dirás. 

Ha de ser ahora mismo. 

Pues ahora no es posible. 

¡O me oye usted ó me arrojo a la caldera de 
los churros! 

¡Pero Hipólito!... 

¿Qué diría usted de un hombre joven, rico y 
sin familia, que pudiendo disfrutar del mun¬ 
do y sus placeres, se metiese a dependiente 
de una churrería donde lleva un mes tosien¬ 
do día y noche? 

Que estaba loco. 

¡Loco de amor por una de las hijas del 
churrero! 

¡Caramba! ¿De modo que ese joven...? 

Ese joven chiflado soy yo; usted la que pro¬ 
duce mi locura y el aceite de los buñuelos 
el que me produce la tos. 

¿Y dice usted que es rico? 

Doce mil pesetas de renta. 

¿Y cómo ha tardado usted un mes en de 
clararse? 


— 8 — 


Hip. ¡Usted cree que me ha dejado la tos? ¡Qué 

aceite el que usa su papá, Manolita! 

Man. Pues bien, señor don Hipólito, porque ahora 

no me atrevo ni a tutearle a usted ni a lla¬ 
marle Hipólito á secas. 

Hip. Pues esa es mi mayor aspiración. 

Man. ¿De veras? 

Hip. ¡Como la luz! ¡Qué mayor satisfacción para 

mí que me tutee usted, que nos tuteemos, 
que me llames Hipólito! ¡Qué digo yo Hi¬ 
pólito? ¡Lito nada más, que es más cariñoso! 

(La abraza.) 

Man. Alto, alto; que eso es mucho correr. 

Hip. Es que he estado un mes tomando carrera. 

Man. Ha de saber usted que mis aspiraciones son 

el arte. 

Hip. Y que su papá está por el artesón. Lo sé 

todo. 

Man. Y que me gustaría debutar antes de la boda 

Hip. Yo estoy porque debute usted después. 

Man. ¿No le agradaría a usted que su novia fuese 

una cupletista aplaudida? 

Hip. Con tal de que quiera usted ser mi novia, 

soy yo capaz de meterme también a cuple¬ 
tista. ¿Quiere usted que hagamos un dúo? 

Man. Quieto. Que todo llegará. 

Hip. Un dúo de esos de opereta, en que la tiple y 

el barítono están media hora abrazándose 
y al final se osculean sin reparar que al pú¬ 
blico se le hace la boca agua. Verá usted 
cómo. 

Man. De ninguna manera; ya le he dicho a usted 

que es muy pronto. 

Hip. Bueno; lo dejaremos para mañana. 

Man. Pues consiento en ser su novia de usted con 

dos condiciones. 

Hip. Vengan. 

Man. La primera, que no se ha de enterar nadie 

hasta que yo le avise a usted. 

Hip. Conformes. 

Man. Y la segunda, que ha de conseguir usted de 

mi padre que debutemos mi hermana y yo 
para dar en la cabeza a la vecina del se¬ 
gundo. 

Hip. ¿A la Alondraf 

Man. Justamente. 


— 9 — 




Hip. 

Man. 

Hip. 

Man. 

Hip. 

Man. 
Hip . 
Man 
Hip. 
Man. 


Dificililla es la segunda condición, pero se 
hará lo que se pueda. 

Sin eso no hay nada de lo dicho. 

Mire usted que si tardo ocho días en con¬ 
vencerlo, me quedo sin garganta. 

El que algo quiere, algo le cuesta. 

Deme usted una prueba de cariño para in¬ 
fundirme valor. 

Ahí vá mi mano. 

|JeSÚS, qué fría! (Se la besa.) 

Pero, ¿qué hace usted? 

Darla calor, que bien lo necesita. 

¡Mi padre! ^Hipólito la suelta, ella se va corriendo 
por la derecha.) 


ESCENA III 

HIPÓLITO; a poco el SEÑOR ANDRÉS 

Hip.- ¡Qué susto me ha dado! ¡Me quiere, me 
quiere! Es decir, me quiere pescar las doce 
mil pesetas de renta! Pero qué buena idea 
he tenido fingiéndome rico! ¡Cualquier día 
me responde que sí si la digo que mi padre 
tiene también churrería, y en Cuenca! La 
verdad es que eso de que nos metamos los 
dos a cupletistas me parece muy bien! Y 
que yo, según decían en mi pueblo, tengo 
las grandes condiciones para las tablas. 
¡Toma, mi abuelo estaba empeñado en que 
yo fuera carpintero como él! La cuestión 
está en inventar un duetto gracioso, más 
bien excéntrico; porque eso de cantar a pie 
quieto está muy pasado. ¿Qué tal estaríamos 
los dos subidos sobre un solo taburete? (se 
sube.) Muy estrechos. Mejor seria sobre una 
mesa, (se snbe.) Sí, mejor es. Y una vez aquí 
cantar los dos muy abrazaditos aquello de 
¡Mata la araña, mi niño! 

¡Mi niño, mata la araña! 

And. (Dentro.) ¡Hipólito! 

HlP. (Sin oirlo y muy entusiasmado.) 

¡Que paece un fraile por gorda 
y un escribano por larga! 

And. (Dentro.) ¡Hipólito! 

Hip. ¡Arza! ¡Toma! ¡Dale! 


— 10 — 


And. (saliendo.) ¡Pero, Hipólito! ¡¡Atiza!! ¿Qué ha¬ 

ces ahí, condenao? 

Hip. Pues... Pues matando una araña qne había 

sobre la mesa. 

And. ¿Y no se te ocurre más que subirte en ella 
pa estropeármela? 

Hip. ¡Si más de lo que está no puede ser! (Baja de 

la mesa.) 

And. Enciende la maquinilla del café, que ya es 
hora de que empiece a venir gente 

Hip. Sí, señor; ya es hora, pero verá usted cómo 

no vienen. 

And. ¡Sí que estamos aviaos hace unos meses! 

Hip. Como que toda la parroquia se reduce al 

maestro Ramírez y ese no paga. 

And. Pues lo que zampe ese esta noche... En fin, 
voy a hacer la última tarea de churros. 

Hip. ¿Pero pa qué se cansa usted? 

And. Es que hago provisiones para ocho días. Así 

me ahorro carbón. 

Hip Pues sí que van a estar buenas las últimas 

ruedas de churros de aquí a ocho días. 

And. ¿Las vas tú a comer? 

Hip. No lo quiera Dios; pero como no las venda 

usted para neumáticos de automóviles... 

And, Bien, bien; tú a lo tuyo y sonsi. (se va por la 

izquierda.) 

ESCENA IV 

HIPÓLITO. A poco el MAESTRO RAMÍREZ 

» 

Hip . El que no haya tomado café de esta casa, 

no sabe lo que es bueno. El gusto no será 
muy refinado, porque de caracolillo tiene 
poco, pero como alimenticio, no hay otro; 
todo es bellota. 

Ram. Buenas noches, Hipólito. 

Hip. Buenas, maestro. ¿De dónde se viene? 

Ram. Del Palas. 

Hip. ¿Del té-tango? 

Ram. Exactamente. Me invitaron unos amigos. 

Hip. Y qué té, ¿eh? 

Ram. ¡Y qué tango, y qué mujeres, y qué de di. 

versiones! 

Hip. ¡Y qué negociazo! 


— 11 — 


Ram. 


Hip. 


Ram. 

Hip. 


Ram. 

Hip. 


Ram. 


Colosal. Aquello es un establecimiento a la 
moderna. ¡Quién pudiera tener otro igual 
aunque más en pequeño! Porque, desengᬠ
ñate, las gentes están ahora por el confort, 
por las atracciones, por el canto, por el bai¬ 
le. ¡Ah, si con el plantel de discípulas que 
tengo, encontrase un industrial establecido 
que me ayudase!... 

¡Sí! Eso es... el té-tango, el café-tango, el 
chocolate tango, el churro tango. ¡Victoria, 
Hipólito, Manolita es tuya! 

Pero, ¿qué te pasa? 

¡Ah, maestro Ramírez, qué idea, qué idea 
tan espampanante acaba usted de darme, y 
qué sarta no interrumpida de buñuelos le 
va a valer a usted! 

¿Pero me quieres explicar?... 

Bástele a usted saber por ahora que tiene 
usted asegurado el recuelo para mucho 
tiempo. 

Pues quedo enterado. 


ESCENA V 

DICHOS y el SEÑOR ANDRÉS 

And. Hombre, celebro mucho verle a usted por 

mi casa. 

R\m. El honor es mío. 

And. Ha de saber usted que estoy harto de músi¬ 

ca, y que mis niñas han hecho ya bastantes 
gorgoritos. 

Ram. ¿Pero es posible, amigo mío? ¿Es posible 
que por causa de usted se malogren dos glo¬ 
riosas esperanzas del arte? 

And. No quiero grillos en mi casa. 

Ram. ¡Grillos! Llama grillos a dos futuras Patis, 
a dos Pascuas, a dos Pencos. 

And. ¿Cómo ha dicho usted? 

Ram. A dos celebridades. 

And. Todo eso es música. 

Ram. Y música divina. 

And. Pues váyase usted con la música a otra 
parte. 

Ram. ¿De modo que me arroja usted de su casa? 

And Y dé usted gracias a que no le pido el im- 


i 


Ram. 

And. 

Ram. 

And. 

Hip. 

And. 

Hip. 


And. 

Hip. 


.1 


And. 

Hip. 


And. 

Hip. 


And. 

Hip. 

Ram. 


Hip. 


And. 

Hip. 

And. 

Ram. 

And. 

Hip. 


Ram. 

Hip. 


porte de todos los cafés y todos los churros 
que se ha zampado usted en dos meses. 

|Qué pena no ser comprendido! 

¡Así que no le he tañao yo a usted! 
iY luego dicen qne la música domestica a 
1 las fieras! 

¿A que todavía le tengo que dar dos patás? 
¡Alto, señor Andrés! Está usted cometiendo 
- una injusticia con ese hombre. 

¿Qué dices tú, renacuajo? 

Ese hombre es merecedor de que usted le 
obsequie con el más reciente de sus churros. 

¿ Eh? .. 

¿Usted se figura que tiene delante un músi¬ 
co modernista? Pues está usted en un error. 
Es la Providencia con melenas, que se ha 
dignado descender a esta buñolería para 
bien de usted. 

¿Es que te burlas, estúpido? 

Eso es, insúlteme usted a mí también, cuan¬ 
do hace un momento nos ocupábamos los 
dos de la prosperidad de esta casa y de que 
el churro y el recuelo volviesen a su antiguo 
esplendor, hoy mortecino. 

Me vais a volver loco entre todos. 

¿Qué diría usted de las personas que le ayu¬ 
dasen a poner este establecimiento al nivel 
de los primeros de Madrid, a llenar de pú¬ 
blico pagano y distinguido esos taburetes 
en los que hace tantos meses no se sienta 
nadie? 

¿Y quién es capaz de hacer ese milagro? 

El maestro Ramírez y menda. 

Sí, señor, sí; nosotros. (Ya estoy al cabo de 
la calle.) 

(No; ahora es cuando está usted más seguro 
de no ir a la calle.) 

A ver, a ver; explicarme eso. 

¿Usted ha estado en el Palas? 

No. 

¿Usted ha asistido a un té-tango? 

No sé lo que es eso. 

Pues eso es una martingala como otra cual¬ 
quiera para ganar dinero. 

Pero mucho dinero. 

Y eso es lo . que debería usted hacer aquí; 


— 13 — 


/ 

R*m. 

Hip. 

And. 

Ram. 

And. 

Ram. 

And. 

Hip. 


And. 

Ram. 

Hip. 


And. 

Hip. 

Ram. 


Hip. 

And. 

Hip. 

And. 

Ram. 

Hip. 


Ram. 

And. 


Hip. 

Ram. 

Hip. 


con la diferencia de que en vez de ser tés- 
tango, serían churros-tango o recuelos-tango. 

Y amenizar las consumaciones con couplets 
y bailes. 

Y poner toda clase de juegos con apuestas 
mutuas. 

¿Unas especies de tiradoras? 

Eso mismo. 

¿Pero dónde está el personal? 

Del personal me encargo yo. 

Y habría que hacer^reformas en la tienda. 
Mucho jabón y mucho estropajo; y, sobre 
todo, que no huela tan mal el aceite... por¬ 
que cuidado si da tos. 

Yo tengo aún algunas economías y podría 
emplearlas en las mejoras. 

¿En qué mejor? 

Lo primero que tiene usted que comprar es 
un chisme de esos alargaos y con pitorro, 
que antes servían para otra cosa, y que aho¬ 
ra sirven para refrescar la atmósfera. 

¿Y si después de gastar el poco dinero que 
me queda no viniese público? 

El que quiera peces... 

Yo le aseguro a usted que esto será una 
mina. 

(Para él.) 

Pues estoy decidido. ¡A ello! 

A ellas; digo, a ello. 

Más vale morirse de una vez que poco a 
poco. 

Hay que anunciar la grata nueva a las se¬ 
ñoras. 

Para luego es tarde. ¡Señá Concha, Manoli¬ 
ta, Luisa! 

Y mejore usted el género, ¿eh? 

Como que si no viene público esta noche, 
nos vamos a tomar en familia todo el café 
para que no quede gota. 

A ver si enferma la familia. 

[Viva el señor Andrés! 

¡Viva el Ideal-Recuelo! 

\ 


MUTACION 


— 14 — 

CUADRO SEGUNDO 


Una sala modesta en casa de Andrés, con puerta de foro y laterales; 

• t ^ 

un piano. Una lámpara eléctrica o bombilla con tulipa. Es de no¬ 
che, y, por consiguiente, estará encendida la bombilla. 


ESCENA PRIMERA 

ANDRÉS, la SEÑA CONCHA* LUISA, MANOLITA, RAMÍREZ, y a 

poco HIPÓLITO 


And. 

Ram. 

Concha 

Luisa 

Man. 

Ram. 

Hip. 


Concha 

Hip. 


Concha 

Hip. 

And. 

Ram. 

Luisa 

Ram. 

Hip. 

Man. 

Hip. 


Ram. 

And. 

Luisa 


¿Cree usted que podremos inaugurar maña¬ 
na el Churro-tango, señor de Ramírez? 
jQué duda cabe! 

Ya ves, hoy es el ensayo general de las atrac¬ 
ciones. 

Con trajes y todo. 

Y poco guapas que vamos a estar. 

Es que tengo un plantel de discípulas. 
¡Paso, paso a la higiene! 

(Sale con un pulverizador grande en forma de lavativa.) 

A ver si nos manchas, tú. 

No tenga usted cuidado; esto es inofensivo 
para la ropa y destruye toda clase de mias¬ 
mas. ¿A que hace dos días no nota usted el 
olor del aceite? 

Efectivamente. 

Pues es el mismo de antes; conque ya ve 
usted si tendrá esto virtud. 

¿Encontró usted ya las dos tiradoras que 
faltaban? 

Vaya, Las hijas del sereno de esta calle. 

¿Y saben tirar? 

Mucho. 

Esas tiran de espaldas. 

¿Tan feas son? 

Feas, no; pero la una tartamudea atrozmen¬ 
te, y la otra espurrea cuando habla; parece 
un chisme de estos. 

Estate quieto, bárbaro. 

¿Pero y ese ensayo? 

Debemos esperar a que vengan todas las 
que faltan. 


— 15 — 


Ram. 

Hip. 

Man. 

And. 

Hip. 

And. 

Hip. 


Manuel 

And. 

Manuel 

x4melia 

Luisa 

Concha 

And. 

Manuel 

Luisa 

Sal. 

Luisa 

Ram. 

And. 

Sal. 

And. 

Ram. 


Concha 

Amelia 

Manuel 


Luisa 

Amelia 

Sal. 


Ya irán llegando; empecemos por el duetto. 
Pues a vestirse tocan, Manolita. 

Yo estoy en seguida. (Se va por la izquierda.) 
¿Pero va a cantar tú también? 

Sí, señor. 

¿Entonces no va a hacer aquí nadie buñue¬ 
los más que yo? 

Puede que los hagamos todos, (se va por la 
derecha.) 


ESCENA II 


DICHOS, MANUEL, SALUSTIANA y AMELIA 


(Sereno del comercio, de servicio.) ¿Hay permiso? 
Adelante, Manuel. 

Que salud haiga. Aquí tienen ustedes a las 
chicas. 

Buenas noches. (Marcando las eses.) 

(Adiós, la manga de riego.) 

Bien venidas. 

No sabía yo que tuviese usted unas hijas 
tan crecidas, Manuel. 

Pues con licencia de usted, sí lo están. 
Siéntense ustedes. 

Mu... u... u... chas gra... gra... gracias. 

(Sí que tartamudea* sí.) 

Discípulas mías de canto. 

¿Las dos? (Con gran extrañeza.) 

¿Le cho... cho... choca a us... us... ted? 

Éra cu... curiosidad nada más. (¿A que me 
contagio yo también?) 

Pues esta señorita aprende canto; porque 
ha de saber usted que a los tartamudos no 
se íes nota su defecto cuando cantan. 

¿De veras? 

Sí, Señora. (Marcando las eses.) 

Toma, como que mi hija todo lo pide en 
casa cantando, y charla con su hermana que 
es un gusto por medio de la música. 

Sí que es curioso. 

Diles alguna cosa a estos señores, Salustiana. 
(Con música de la Marcha lteal.) Hablo IllUy bien 
cantando, y así no se me nota la tarta¬ 
mudez. 


16 — 


And. 

Sal. 

Luisa 

Concha 

Manuel 

And. 


Hip. 

Ram. 


Hip a 

Man. 

Hip. 

Man. 

Hip. 

Man. 


Hip. 

Man. 


Pues tiene usted razón, (cantando.) 

Y cuando quiero con alguien hablar, salgo 
muy bien del paso con la Marcha Real. 
Admirable. 

Un asombro. 

Ahí quedan las chicas, y ya daré una vuelta 
a la hora del recuelo. 

Con mucho gusto. 

(Se va Manuel foro.) 

/ 

ESCENA III 

DICHOS, MANOLITA é HIPÓLITO 

(Dentro.) Maestro, anuncie usted el primer 
número del programa y venga música. 

«La modistilla y el soldado de cuota.» Duet- 
to cómico. 


Música 

(Salen a escena Manolita, de modistilla, que va a en¬ 
tregar, e Hipólito, de soldado de cuota.) 

I 

¿Dónde va la modistilla 
más bonita de la villa? 

A entregar voy ya. 

Pues llevemos ese lío 
cual si fuese suyo y mío. 

Eso sí que no. 


Pues no es justo que de ir lejos 
vaya a pie, 

y aunque sorche nada más 
yo la ofrezco mi H. P. 

Hasta el alma su fineza 
me llegó, 
mas a su H. P. 

digo N. O. 

Se guasea de mí 
Me parece que sí. 


— 17 


Hip , 

Man. 

Hip. 

Man. 

Hip. 


Hip. 

Man. 

Hip. 

Man. 

Hip. 

Man. 


Hip. 

Man. 

Hip. 

Man. 

Hip. 

Man. 

Hip. 

Man. 

Hip. 


Todos 

Luisa 

Sal 

Luisa 


Oiga usted, pollita. ¿Va usted muy 1 jos a 
entregar? 

A la Guindalera. 

¿Y dónde tiene usted el taller? 

En Santa Cruz. 

¡Caray! ¡Pues ahora me explico el desarrollo 
muscular! 


II 

El domingo venidero 
en la Bombi yo la espero. 

Puede usted esperar. 

Que aunque estoy bien educado 
sé bailar el agarrado. 

Yo no sé bailar. 

Pues si quiere yo le doy 
á usted lección, 
que de bailes sé yo más 
que .-el sargento, de instrucción. 

Al té tango del Palas 
lléveme usted, 
y una vez allí 
té tomaré. 

Ya la tengo chalá. 

Qué loquísimo está. 

Además, la obsequiaré a usted con un bo¬ 
cadillo. 

¡Ay, no me hable usted de bocadillos que 
me conmuevo! 

Pues a mí se me hace la boca agua. 

Me parece que tocan retreta. 

No; es paso de ataque. 

Pues apretemos el paso. 

Apretemos, que de eso se trata. 

(La coge de la cintura y hacen mutis bailando.) 

Hablado 

*. * - •* 

¡Bien, bien! 

í a saiustiana.) Oiga usted, joven, ¿es que le 
ha parecido a usted mal? 

¿Co... por.., por qué di... dice us... usted eso? 
Porque como le estaba usted guiñando el 


2 


Sal . 


Concha 

Sal.. 


Luisa 

Sal. 

Concha 

Amelia 

Luisa 

Hip. 

And. 

Hip. 

And. 

Hip. 

Ram. 

Luisa 


ojo a su hermana mientras cantaba la mía, 
creí que se reía usted de ella. 

(Con música de «El Himno de Riego».) 

¡Yo estoy muy bien educada, 
y no me río de na... adié! 

Estaba usted haciendo guiños. 

¡Señora, permítame usted! Si yo el ojo gui¬ 
ñé, aunque no lo noté, por mi gusto no fué, 
es que soy muy nervio osa, y no lo puedo 
evitar, y por esa razón tomo yo la Emulsión! 
Eso es otra cosa, y usted dispense. 

No, no... 

No creo que sea tan grande la ofensa para 
no dispensar. 

Quiere decir mi hermana, que no hay de 
qué, ¿saben? 

Pues para otra vez, que lo diga cantando y 
la entenderemos. 

¿Qué le ha parecido a usted este soldado de 
cuota? 

¡Ah! ¿pero eres de cuota? 

¿No lo ha notao usted en la distinción? 

Pues hijo, te había tomao por un patatero. 
Sí que es ceguera, sí. 

Ahora las tiradoras, Luisita. 

Voy a ver si se han vestido ya las compañe¬ 
ras. Vengan ustedes conmigo para salir jun¬ 
tas. (Se va izquierda con Salustiana y Amelia.) 


ESCENA IV 

DICHOS, PURA y ROSA; luego la ALONDRA 


Pura 

And. 

Pura 

Ram. 

Pura 

Ram. 

Rosa 

Ram, 


Pura 


¿Hay lisensia? 

Adelante. 

¿El maestro Ramírez? 

Servidor. ¡Calle, mis queridas discípulas, 
americanitas! 

¡Che, mi amigo! ¿Cómo le va? 

Tanto gusto. 4 

El gusto es nuestro, ¿sabe? 

Tengo la satisfacción de presentar a ustedes 
a las señoritas que van a bailar el tango. 

(Todos saludan.) 

El tango no, maestro. 


19 — 


Rosa 

Pura 

And. 

Pura 

Hip. 

Rosa 

Man. 

Hip. 

Pura 

Hip. 

Ram, 

And. 

Rosa 

And. 

Pura 

And. 

Rosa 

Pura 

Man . 

And. 

Concha 

And. 

Pura 

Concha 

M AN 

Concha 

Man. 

Concha 

Alón. 

Man. 

Concha 

Man. 

Alón. 

Concha 

Alón. 

And. 

Hip. 

Alón. 

Ram. 


El tango lo baila ya todo el mundo. 

Ahora nos traemos otro bailesito. 

Pues venga el que sea, que con esas caras y 
esos cuerpos no se puede bailar nada mal. 
No se venga con macanas. 

Vaya un par de americanitas de abrigo. 
¡Qué cosa bárbara, ché! 

(Toma americanas.) (Le pellizca.) 

¡Ay! 

¿Qué le pasa, mi amigo? 

Nada. Es que iba a decir: ¡Ay, qué gracia 
tiene esta señorita! 

Ya verá usted qué kake bailan. 

Pues duro y a él. 

Hay que desnudarse primero. 

¿Pero eso se baila sin ropa? 

No haga el sonso. Con otra ropa que traemos 
aquí. 

¿Y qué hacen ustedes que no se visten? 

¿Y cómo no? 

¿Dónde entramos? 

En esa habitación. (Por la derecha.) 

¿Necesitan ustedes doncella? 

¡Andiés! 

Lo decía para que las ayudase Manolita. 
Estimando, mi amigo. (Se van por la derecha.) 
No siento más, si no que no esté aquí la 
Alondra para que se muriera de envidia. 
Pues quedó en venir así que acabara en el 
Madrileño. 

¡Ah! ¿pero la invitásteis al ensayo? 

Con toda intención. 

Muy bien hecho: así verá esa gata que hay 
quien canta mejor que ella. 

¿Se puede? 

Adelante. 

¡Usted por aquí; qué satisfacción! 

Bien venida la célebre cupletista. 

¡No tanto, hija, no tanto! 

Vaya que sí. 

Buenas noches, vecinos. 

Buenas noches. 

Tengo un verdadero placer... (Entiende la mano 

que ella no toma.) 

¿Qué tal, maestro? 

Siempre a sus órdenes. 


— 20 — 


Alón. 


Ram. 

Alón. 

i. 

Ram. 

Alón. 

Concha 

Alón. 

Hip. 

Luisa 

Ram. 

Hip. 


Ha de saber usted que su couplet me han 
gustado mucho y que ya me lo sé de me¬ 
moria. 

Qué satisfacción para mí. ¿Y cuándo tendré 
el gusto de oírselo? 

Cuando usted quiera. 

Pues para luego es tarde. 

Así que acaben ustedes el ensayo. 

¿Antes o después del bufete? 

Entre churro y churro. 

(Eso es una aíusión.) 

(Dentro.) Maestro, cuando usted guste. 

Vamos allá. 

Segundo número del programa. Las tirado¬ 
ras. ¡Apuestas mutua*! 

c 


ESCENA V 

« i 

DICHOS, LUISA, SALUSTIANA, AMELIA, ADELA, CRISTINA, 

REMEDIOS y JOSEFA 

v' * 

Salen a escena una tras otras y evolucionan durante todo el número, 
Luisa delante y detrás de ella todas las demás. Vestirán falda negra, 
blusa blanca y llevarán en la cabeza y cintura, lazos de un solo color 
cada una, y distintos unas a otras. Llevarán escopetas de salón 


Música 

I 

Luisa Tiradoras de salón, 

las mejores de Madrid. 

Todas Las que triunfan con razón, 

estamos hoy aquí. 

Luisa Ha de verse en la mujer 

hermosura y juventud. 

Todas Y apuntar es menester 

con gran exactitud. 

Luisa Unos vienen a jugar, 

y esos pierden con venir. 

Todas Y otros vienen a observar 

y ganan al salir. 

Luisa Nuestro afán de complacer 

nos aplaude la opinión. 


— 21 — 


Todas 


Luisa 


Todas 


Luisa 

Todas 

Luisa 

Todas 

Luisa 

Todas 

Luisa 

Todas 


Luisa 


Todos 

Concha 

Alón. 

Hip. 

Man. 

Alón. 

Ram. 

Alón. 

Luisa 


Y hay quien viene a ver 
la posición. 

Y a punto de tirar 
les oigo murmurar... 

¡Tiradora seductora, 
vé que apuesto yo por ti: 
gana el premio para mí! 

¡Tiradora seductora, 
quiéreme, 

quiéreme como yo a ti! 

II 

Va el partido a comenzar 
y a ganarle salgo aquí. 

Yo esta vez voy a ganar 
como antes le ofrecí. 

Con cuidado apuntaré 
porque cobre mi talón. 

En su obsequio tiraré 
con mucha precisión. 

Que me van a retirar 
si no apuesta usted por mí. 

En el modo de mirar 
le digo a usted que sí. 

Agradezco su favor 
y de fijo ganaré. 

Míreme, señor, 
va por usted. 

Y a punto de tirar, 

etc., etc. 

Hablado 

¡Bien, bien! 

¿Qué opina usted de estas tiradoras? 

Que dan en el blanco. 

Y que dejan sin blanca a medio Madrid. 

Y ahora, tu cuplet. 

Si no merece la pena. 

¿Por qué se lo ha aprendido usted entonces? 
Perdone usted, maestro, lo decía por mí. 
Pero qué modesta es. 


— 22 


Concha 

Man. 

Señoritas 

Alón, 

Ram. 


Alón. 


Todos 


Una cosa atroz. 

No tienes más remedio que complacernos. 

Sí, sí; que cante, que cante. 

Pues peor es hacerse rogar. Venga de ahí, 
maestro. 

Con verdadero gusto. 

Música 

(La Alondra, que habrá venido vestida de aldeana a 
capricho y con un abrigo encima, se quita este, se 
adelanta al proscenio y canta; todos la rodean, que¬ 
dando a un lado de ella el señor Andrés y al otro Hi¬ 
pólito. Todos cuantos hay en escena, menos Ramírez 
que figura tocar el piano, imitan los ademanes y el 
baile de la Alondra.) 

I 

Soy la más hermosota 
de las muchachas 
que hay en mi aldea, 
y el elemento joven 
en torno mío 
revolotea. 

Como a nadie prefiero 
quieren que elija 
novio formal; 
mas yo no me decido 
pues quiero á todos 
en general. 

Por eso tras de mí, 
diciendo van así. 

¡Alón, alón! 

¡Alondra, no seas coqueta, 
no seas ansiosa, 
ni pizpireta, 
ni revoltosa, 
ten corazón! 

¡Alón, alón! 

¡Alondra, tiende tu vuelo, 
vete a otra parte, 
porque en el suelo 
van a dejarte 
sin un alón! 


23 — 


Alón. 


Unos 

Otros 

Alón. 

Ram. 

Concha 

Ram. 

And. 

Luisa 

Alón. 

Man. 

Hip. 

Concha 

Alón. 

Jos. 

Sol. 

Cris. 

Rem. 

Adela 

Alón. 

Luisa 


II 



Tanto el señor Alcalde, 
como el albéitar, 
que es ya un abuelo, 
creen que soy alondra 
a quien se caza con espejuelo; 
y para deslumbrarme 
me mandan joyas 
de similor, 

y yo, el regalo acepto, 
pero me río 
del cazador. 


Y luego, tras de mí, 
diciendo van así. 


¡Alón, alón! 
etc., etc. 



Hablado 

¡Bravo, bravo! 

Admirable. 

Tantas gracias. 

¿Y el cuplet? ¿Qué les ha parecido a ustedes 
el cuplet? 

No está mal. 

(¡Eche usted margaritas a puercos!) 

¡Lástima que no cante usted en mi estable¬ 
cimiento! 

Ella pica más alto. 

Si no tuviese pensado retirarme... 

¿Cómo? 

¿Que se retira usted? 

¿Y cómo es eso? 

Me caso. 

¡Qué suerte! 

¡Y en los tiempos que corren! 

Quién pudiera decir lo mismo. 

Eso sí que es caerle a una el gordo. 

Según quien sea el novio. 

Un hombre rico. 

Entonces no diga usted más: el gordo es. 


— 24 — 


Sal. 


Man. 

Concha 

Man. 

And. 

Man. 


Hip. 

And. 

Man. 

Hip. 

Concha 

Hip. 

Luisa 

Hip. 

And. 

Hip. 

Man. 

And. 

Concha 

Hip. 

And. 

Man. 

Alón. 

Hip. 

Man. 

And. 

Man. 

And. 

Hip. 

Man. 

And. 


Concha 

Man . 

Concha 

Man. 


(Con música de ‘Al Alimón».) 

¡Reciba usted, 
reciba usted, 
r completa enhorabuena! 

(A mí no me achica esa.) Pues yo sé de al¬ 
guien que pronto seguirá tu camino. 

¿A quién te refieres? 

¿A quién va a ser, madre? A mí misma. 
¿Pero tú tienes novio sin permiso mío? 
Como tengo la seguridad de que les ha de 
parecer a ustedes muy bien... ¿No es verdad, 
Hipólito? 

(Atiza, me he caído.) 

Ah, ¿pero Hipólito le conoce? 

Es muy amigo suyo. 

Mucho. 

¿Es buen mozo? 

Ringulín, ringular. 

¿Es fino? 

Más bien gordo. 

¿Es rico? 

Eso dice él. 

Doce mil pesetas de renta, padre. 

Ya es algo. 

¿Y cómo se llama? 

(¡Que me la gano, que me la gano!) 

Venga el nombre. 

Pues se llama Lito. 

Eso no es nombre de persona. 

Es una contracción. • 

Justo, de Hipólito; pero como él se empeña 
en que le quite el hipo... 

¿Pero es éste? 

El mismo. 

¡Pues el que le quita el hipo a ese soy yo! 
¡Estese usted quieto, señor Andrés! 

Que tiene mucho dinero, padre. 

Lo que tiene este es muy poquísima ver¬ 
güenza. Si no sabré yo que su padre tiene 
churrería en Cuenca.- 

¿Churrería y en Cuenca? A la calle ahora 
mismo. 

¡Ay, que me ha engañao, que me ha en- 
gañao! 

¿Pero del todo, hija de mi alma? 

Del todo no, madre. 


— 25 — 


Alón. 

Luisa 

Hip. 

And. 

Hip. 

And. 

Hip. 


Perdónele usted, señor Andrés. 

Perdónele usted, padre. 

Señor Andrés, perdóneme usted. 

¡Vaya usted a freír buñuelos! 

¿Me echa usted a la calle? 

No, hombre, no; que vayas a freír buñuelos 
y te dejes de músicas. 

Nada, que no salgo de hacer churros. 


ESCENA ULTIMA 


DICHOS, PURA y ROSA; luego MANUEL 


Pura 

Ram. 

Hip. 

And. 


Todos 

Alón. 

Sal. 


Manuel 


And. 

Manuel 

And. 

Ram. 

Concha 

Hip. 

Manuel 

Hip. 

Concha 


(Asomándose por la derecha.) ¿Pero cuándo llega 
nuestro turno, maestro? 

Ahora mismo. 

Venga música. 

Y venga baile. 

Música (Baile) 

Hablado 


¡Bravo, bravo! (Aplauden todos.) 

Con estas atracciones se va usted a hacer 
rico, vecino. 

(Música del * Alirón.) 

No está mal, 
no está mal, 

me ha gustado el kake-wal. 

(por el foro, con un periódico.) Señor Andrés: 
vea usted El Heraldo. Sernos víztimas de la 
tiranía. 

¿Qué pasa, Manuel? 

Suprimidas las tiradoras de Real orden. 
¡Atiza, nos ha fastidiao el Ministro de la Go¬ 
bernación! 

Esto no puede quedar así. 

Hay que ver al Ministro ese. 

Al Ministro ese no le puede ver nadie. 

¡Eh, joven! 

Está muy ocupado. 

¿Y qué van a hacer ahora estas pobres mu¬ 
chachas? 


And. 


Ram. 

Todos 

Hip. 


¿Que qué van a hacer? Quedarse de cama 
reras en mi establecimiento. 

¡Viva el señor Andrés! 

¡¡Viva!! 

(Al público.) 

Y aquí acaba la función, 
que si resulta un buñuelo 
no fué tal nuestra intención: 
danos, pues, tu aprobación, 
para el Ideal-Recuelo. (Telón.) 



FIN DEL ENTREMÉS 

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