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Full text of "Mariucha, comedia en cinco actos"

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MARIDGHA 



Es propiedad. Queda hecho e4 
depósito que marca la ley. Se- 
rán furtivos los ejemplares q>ue 
no lleven el sello del autor 



B. PÉREZ GALDÓS 



MARIUCHA 

60MEDIA. EN CINCO ACTOS 



Estrenada en el Teatro Eldorado de Barcelona 
el 16 de Julio de 1903 



7 .000 




MADRID 

LIBRERÍA DE LOS SUCESORES DE HERNANDO 
Galle del Arenal, núe: 11. 
1921 



EST* TlP. DE LOS HIJOS *">E TELL© 
IMPüESOB DE CÍ MÁH¿ DE S. M. 
C. de San Francisco, 



PERSONAJES 



María Sra. Guerrero. 

Filomena, Marquesa de Al- 
to-Rey Srta. Gancio. 

Vicenta Pulido, alcaldesa.. Srta. Villar. 

Teodolinda, viuda america- 
na, millonaria Sra. Martí nes* 

Cirila, criada . . • . . Sra. Bueno. 

Menga, jovenzuela, Tende- 
dora en la plaza Srta. Blanco. 

Señora de González Sra. Segura. 

Señorita. Srta. Torres. 

Idem Srta. Villar (D.J 

León Sr. Díaz de Mendosa 

(D. F.) 

D. Pedro de Guzmán, Mar- 
qués de Alto- Rey y de San 

Esteban de Gormaz • Sr, Medrano. 

Cesáreo, su hijo Sr. Díaz de Mendwu 

(D. M.) 

Don Rafael, cura párroco.. Sr. Cirera. 

Corral, plebeyo enrique- 
cido Sr. Guerrero. 

SI Alcalde de Agramante.. Sr. Juste. 

£1 Pocho, mayoral y alqui- 
lador de coches. Sr. Ur quijo, 

Bravo, juez municipal Sr. Soriano Viozca, 

Roldán, contratista. ...... Sr. Manrique Gil. 



Villa da Agramante 1903* 



Esta abra es propiedad, de su autor, y nadie su 
perniso podrá traducirla, ni reimprimirla, en Espa- 
ña, ni en ninguno de los países con los cuales se haya 
celebrado ó se celebren tratados internacionales de 
propiedad literaria. 

Los Gomisiouado8 de la Sociedad de Autores Espa- 
ñolea son los encargados exclusivamente de conceder 
ó negar el permiso de representación, como también 
á*l cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marea ia ley. 



&CTO PRIMERO 



Sala en el palacio de Alto-Rey. El soberbio artesona- 
do es el único vestigio de la antigaa magnificencia. 
Las paredes desnudas; el mueblaje moderno, poce 
elegante; algunas piezas, ordinarias. Puerta al fonda 
y á la derecha. A la izquierda, ventana ó balcón* 
Cerca de éste una mesa de escribir. A la derecha^ 
sillón de respeto, sillas. Es de día. 

ESCENA PRIMERA 

CTRILA, arreglando y limpiando los muebles; CORRAL, EL PO- 
CHO, que entran per el fondo. Corral viste con afectación y ma! 
gusto, ostentando brillantes gordos en la pechera, cadena de re- 
loj muy llamativa y sortijas con piedras de valor, 

POCHO 

¿Dan su permiso? 

CIRILA 

Adelante, 

CORRAL 

¿No han vuelto de misa los señores? 



8 



CIRILA 

No tardarán. (Displicente.) i Vaya, otra vez 
aquí estos moscones! 

POCHO 

Otra vez, y cien más, hasta que.., 

CORRAL 

Perdone la señora Cirila, yo no vengo á 
cobrar. 

CIRILA 

Viene á fisgonear, que es peor, y á meteff 
sus narices en las interioridades de la casa... 

CORRAL 

Ea, no despotrique, señora. 

CIRILA 

(Aparte.) ¡Farsante! 

POCHO 

Yo no hago papeles. Vengo por el aquél 

de mi propio derecho. (Saca un papel y lo mues- 
tra.) El Sr. D. Pedro de Guzmán, Marqués 
de Alto-Rey y de San Esteban de Gormaz, 
es en deber á Francisco Muela, apodado El 
Pocho, la cantidad de... 



9 



CIRILA 

Basta, 

POCHO 

Por cuatro servicios de cocho, 

CIRILA 

¡Agobiar al señor por tal porquería!.*, 

CORRAL 

Ya cobrarás, Pocho. (Dando largas.) Ten pa- 
rtencia... 

POCHO 

j Paciencia?... que es como decir hambre* 

CIRILA 

(Incomodada, señalándoles la puerta.) Hagan el 

favor... Tengo que hacer..* 

POCHO 

Yo espero al señor. 

CORRAL 

Dos preguntas no más, señora Cirila, y 

perdone. Aún no hace un mes que estos se- 
ñores Marqueses vinieron acá de Madrid 



10 



huyendo de la quema. ¿Es cierto que se en- 
cuentran ya en situación tan precaria que...? 

CIRILA. 

Para nadie es un secreto que los que ayer 
fueron poderosos hoy no lo son. 

CORRAL 

Sí: ya saben hasta los porros de la calle 
que Ja casa de Alto-Rey es casa concluida. 
Hace más de veinte años que viene cayendo, 
cayendo, y por fin... (Con afectada pena.) ¡Las 
volteretas que da este mundo loco!... En la 
villa se dice que los señores Marqueses han 
llegado á carecer hasta de lo más preciso 
para la manutención. 

POCHO 

Y que se ven y se desean para poner um 
puchero. 

CIRILA 

jEh... habladurías! 

CORRAL 

(Queriendo internarse por la derecha.) Déjeme» 

déjeme ir á la cocina á ver qué es lo qua 

guisan... 



CIRILA 

(Deteniéndole.) Alto ahí,.. ¡Qué desver- 
güenza! 

POGMO 

¡Si ni tan siquiera tendrán lumbre! 

CORRAL 

Hay que ver... 

POCHO 

(Por Cirila.) ¡Cómo les tapa la miseria! Esta 
no les abandona en la desgracia. 

CORRAL 

Eso es nobleza* 

CIRILA 

Gratitud. Les quiero... 

CORRAL 

Particularmente á la señorita María. 

CIRILA 

¡Mi niña del alma! Yo la crié; la he servi- 
do desde que vino al mundo. Más que cari- 
fio, por ella teigo adoración* 



{3 



POCHO 

Y qué re-bonita, y qué re-maja, y qué re- 
salerosa es la niña, ¡Cristo con ella! No le 
faltará un ricacho que la saque de pobre. 
Anímese, don Faustino... Usted rico, usted 
el más elegante caballero de nuestra villa.. * 
jQué mejor proporción...! 

CORRAL 

(Pavoneándose.) Verdaderamente, no es uno 
saco de paja... De menos nos hizo Dios, 

POCHO 

Pues si yo fuera don Faustino del Corral, 
cualquiera me quitaba á mí esa nifta, ¡Cris- 
to con todos! Si tuviera yo esos diamantes 
en la pechera, esa cadena de reloj y esos 
anillos refulgentes, y lo que hay en casa, 
¡Cristo conmigo! los dinerales que diz que 
tenemos en el Banco, ¿eh?... aguardando co- 
locación... 

CORRAL 

No es tanto, Pocho. Algo se ha trabajado 
y no falta para unas sopas, (a Cirila, f Ahora, 
la última pregunta si usted no se incomoda. 



13 



CIRILA. 

Diga. 

CORRAL 

¿Es cierto que el propietario de este pala- 
ciote de Alto-Rey lo cede gTatuitamente á 
los señores Marqueses? 

CIRILA 

Así lo entiendo. 

POCHO 

¡Y luego dicen...! ¡Vaya, que estos nobles 
tronados siempre caen de pie! Vendió el 
Marqués este caserón hace diez años por un 
pedazo de pan... 

CORRAL 

¿Hase visto mayor locura? Si hubiera es- 
tado yo en Agramante, no se me escapa esa 
ganguita... Compró la casa el sastre Diego Ló- 
pez, que ha sacado ya triple del coste con el 
producto de las estancias bajas y altas que 
tiene alquiladas. Y ahora, el hombre puede 
permitirse un rasgo: cede al Marqués las 
habitaciones mejores... 



44 

«RILA 

(One ha mirado por el fondo.) LOS seflouOS 

vienen. 

CORRAL 

(Aparte al Pooho.) Ten comedimiento, Pocho. 
Hazte cargo de la pobreza... 

POCHO 

¿Pues y la mía? ¡Cristo con...! (Corral le 

motada callar. Se apartan á la izquierda.) 

ESCENA II 

Los miamos ; DON PEDRO , eabizbajo: detiénese en la puerto 
oomo esperando á alguien. Conserva en su miseria la noblesa de 
la figura. Bl traje, aunque revelando bastante uso, es de corte* 
telai elegaates. Aeude Cirila á recogerlo el abrigo j sombrero. 

CIRILA 

¿Y la señora Marquesa? 

DON PUDRO 

Detrás viene con María y el seflor Cura, 

(Entra despacio, abstraído.) ¿Qué... hay visitü? 
CORRAL 

(Oficioso.) Señor Marqués, ¿eómo «• 
valor? 



45 



DON PBORO 
Tirando, amigo, tirando... (Sobresaltado, al 

^er al Pocho.) ¡Otra vez este maldito Pocho! 

CIRILA 

¡Desdichado señor!... ¡A io que hi llega- 
do! ^Vase por la d eres ha.) 

POCHO 

Vuecencia me dijo que hoy... 

DON PEDRO 

(Coa arrebato de cólera, bastón en man».) Dije 4 
usted que le avisaría... 

POCHO 

Perdone vuecencia.., pero... 

DON PEDRO 

Es mucho molestar... ¡Es grande inipoff» 
tinencia..,! 

POIHO 

Necesidad, señor Soy un pobre, 

ÚORRAL 

Paciencia, Pocho. Puedes volver... 



16 



DON PEDRO 

Cuando se le avise... Espere... (se sienta en 

el sillón.) 

POCHO 

(Con entereza.) Podré alimentarme de tron- 
chos de berza, de cortezas de chopo; pero no 
de las buenas palabras de vuecencia. Pá- 
gueme, ó de aquí me voy al Juzgado muni- 
cipal... 

CORRAL 

¡Pocho...! 

DON PEDRO 
(Variando de tono ante la amenaza.) |Qué injUS* 

ta desconfianza!... Pocho, venga usted aquí. 

(Llamándole, cariñoso.) Mi buen amigo... (Le 

loma la mano.) ¿Cómo puede dudar,..? 

POCHO 

No es duda, es pobreza. 

DON PEDRO 
(Dolorido, con afectada mansedumbre.) Vaya, 

vaya, sosiégúese el buen Pocho. (Dándole pal- 



17 

maditas- en la mano.) Y no dude que, COTI el pago, 

tendrá una buena gratificación... Es muy 
justo. (Entran por el fon lo Filomena y don iuf iel.) 

POCHO 

Yo cedo á vuecencia la propina si boy 
mismo.-. 

DON RAFAEL 

{Pocho...! (Con un castañeHe© de lengua como el 
que se usa para echar á los perros, le despide seña- 
lándole la puerta.) 

POCHO 

Ya, ya... (Por d, Pedro.) ¡Cristo con él, con 

SU madre y COn toda SU casta! (Vase rápida- 
mente.) 

ESCENA III 

DON PEDRO, CORRAL, FILOMENA, DON RAFAEL. LaMai- 
qpesa de Alte-Rey revela menos que el Marqués, en su traza y 
vestimenta, la decadencia social. Viste traje negro eleganto; 
mantilla. 

DOW PEDRO 

(laquieto.) ¿Y María? 

DON RAFAEL 



En la plaza quedó con las cte González. 

2 



48 



FILOMENA 

Entretenidita, viendo esos tipos de lo* 
pueblos, los pintorescos trajes, la animación 
del mercado... 

CORRAL 

(Saludándola.) Señora Marquesa, tengo el 
honor... 

FILOMENA 

Señor de Corral, mucho gusto... (Se quita 

b mantilla.) 

DON PEDRO 

(Afectuoso, cogiéndole la mano.) Querido Co- 
rral, sea usted indulgente con mi desgra- 
cia, la cual no sólo me aflige á mí, sino á los 
amigos que vienen á verme, pues poco grato 
ha de serles oir mis lamentos, y ver espec- 
táculos como estas embestidas del Pocho.,. 

CORRAL 

No se hable más de eso. 

DON RAFAEL 

i sobre todo, no se exaspere, Marqués... 
Tómelo con caima... Ya vendrán días ma» 
iores... 



4» 



DON PEDRO 

* Yo confío en que el Gobierno... 

FILOMENA 

Por la Virgen, no me hables de Gobietf» 
nos... 

DON PEDRO 

En la Providencia, sí: á eso voy. Quiero 

decir que Dios inspirará al Gobierno para 
que.,. 

DON RAFAEL 
(Aprobando.) ¡Mucho! 

DON PEDRO 

También espero auxilio de las personas 
de nuestra clase. Imposible que permanez- 
can indiferentes... 

FILOMENA 

Bien podrán ser nuestros iguales 6 el Go- 
bierno instrumentos de que Dios se valga 
para salvarnos. Pero en Dios está toda mi 
esperanza. 

DON RAFAEL 

Sí, sí: Dios... 



20 

DON PEDRO 

(Muy nervioso se levanta y se pasea por laeAec- 
¿Pero á qué espera? 

FILOMENA 

Paciencia, Pedro. Para mirar por nosotros 
allá quedó nuestro hijo Cesáreo... 

DON PEDRO 

(Exasperado.) ¿Pero qué hace en Madrid Ce- 
sáreo, pregunto yo, si no revuelve el mundo 
por sacarnos de este pantano? 

CORRAL 

(Recordando,) Tengo el gusto de anunciar i 
los señores Marqueses que su hijo D. Cesá- 
reo llegará hoy. 

DON PEDRO 

(Gozoso.) (Mi hijo... aquíl 

FILOMENA 

(Gozosa.) [Cesáreo! ¿Cómo lo sabe usted! 

CORRAL 

Por un telegrama que recibió esta mañana 
el Alcalde. 



91 

DON PEDRO 

Me sorprende mucho. 

FILOMENA 

A mí no, sabiendo que está aquí Teodo- 
linda. 

DON PEDRO 

La ricachona americana, la super-mujer, 
poseedora, según dicen, de un capital de 
diez millones de pesos... No creo en cuen- 
tos de hadas; no creo que existan diez mi- 
llones de duros, ni que una viuda los posea* 

DON RAFAEL 

¿Ni creerá usted que le ha dado la vento 
lera de adquirir las propiedades más valió* 
sas de la provincia? 

DON PEDRO 

(Bscóptico.) Tampoco... Ni creo que con esa 
señora, con ese mito, tenga relación el viqje 
de Cesáreo. 

CORRAL 

Que en Madrid fueron novios é cosa tai* 

m ha dicho en Agramante. 



FILOMENA 

Es cierto: en Madrid, el invierno último. 

DON PEDRO 

Pero aquello pasó... pura flirtaiion, galán* 
teo fugaz... 

FILOMENA 

¡Ah!... no sabemos... 

DON PEDRO 

(Malhumorado.) Digo que terminó. 

FILOMENA 

Muy pronto lo afirmas. 

DON RAFAEL 

(Con cierto misterio,) Yo puedo asegurar qne 
ayer, hablando con Teodolinda... 

DON PJSDRO 
(Con súbito interés.) ¿Qué...? 

FILOMENA 
(Lo mismo ) ¿Qué...? 



23 



DON RAFAEL 

Pues hablando ayer con ese Potosí en figu- 
ra humana... f ué á entregarme una canti- 
dad, y no floja, para los pobres... 

DON PEDRO 

¿Y qué dijo? 

DON RAFAEL 

No sé cómo ni por qué nombramos á los 
señores Marqueses de Alto-Rey... Se hablé 
de... 

CORRAL 

Estaba yo presente. Se habló del desastre 
de esta noble familia... 

DON RAFAEL 

Hizo grandes elogios de Cesáreo, de su 
inteligencia, de su gallardía... 

CORRAL 

Y al fin dijo que no pensaba volverj á ca- 
sarse. 

DON RAFAEL 

(Coa viveza y enojo.) No: no dijo eso, Corral* 



u 

CORRAL 

Don Rafael, mire que estoy bien seguro... 

DON RAFAEL 

(Con energía.) No dijo eso, sino todo lo con- 
trario. Y yo me permití aconsejarle... va- 
mos, le indiqué... cuán conveniente le será 
un sostén... un compañero de la vida que le 
ayude á llevar la carga de tan desmedidas 
riquezas. 

DON PEDRO 

(Excitadísimo.) Mi querido Corral, usted, 
que es la gaceta de Agramante, hágame el 
favor de enterarse del telegrama recibido, 
por el Alcalde... si es verdad que viene Ce- 
sáreo... 

FILOMENA 

Y á qué hora... 

CORRAL 

Voy al punto. 

DON PEDRO 

Infórmese también de si esa señora..* 



CORRAL 

Ya saben que alquiló la finca de Legones, 

son magnífico parque... 

DON RAFAEL 

f esta noche da una fiesta... al aire libre. 

CORRAL 

Lo que llamamos garden party, 6 garden 
no sé qué, con baile, buffet, farolitos.. . 

FILOMENA 

Querido Corral, no se entretenga... 

CORRAL 
Vuelvo. (Vase presuroso.) 

ESCENA IV 

m& PEDRO, FILOMENA, DON RAFAEL; después CIRILA. 
FILOMENA 

{Qué paso lleva el oficioso señor! 

DON PEDRO 

Muestrario de pedrería falsa... 



S6 

DON RAFAEL 

Falsa, no: todo lo que lleva al exterior es 
de ley. El corazón sí que es falso, y la vo- 
luntad puro vidrio. 

DON PEDRO 

¿Tiene dinero este hombre? 

DON RAFAEL 

Don Faustino del Corral, ó de los Corra- 
les, no se dejará ahorcar por un milloncejo 
de pesetas. 

FILOMENA 

¡Jesús me valga! 

DON PEDRO 

Hará préstamos en condiciones venta- 
josas. 

DON RAFAEL 

Suele dar dinero al tres por ciento men- 
sual, con garantía hipotecaria. 

DON PEDRO 

Y á retro quizás. El hombre no quiere 
arriesgarse. 



27 



FILOMENA 

¿Y á los pobres no da? 

DON RAFAEL 

¡Oh! sí: en la suscripción para la Casa de 
Misericordia figura con una suma men- 
sual. 

FILOMBNA 

Será considerable. 

DON RAFABL 

Noventa céntimos. 

CIRILA 

(Entrando por el fondo con cartas y periódicos.) El 
Correo. (Dirígese á la mesa de la izquierda, á la qne 
▼a también don Pedro.) 

FILOMENA 

(A la derecha, con don Rafael.) La sordidez, ave 

rastrera, hace casi siempre sus nidos en las 
arcas más llenas de caudales. 

DON RAFAEL 



Así como la caridad, ave del Cielo, suele 
acomodarse en las arcas vacías. ¡Triste hu- 
manidad! 



»8 

FILOMENA 

Por eso yo, en mis angustias actuales» me 
acuerdo de los que aún son más pobres que 

JO- 
DON RAFAEL 
(Elogiando.) ¡Mucho, muchol 
DON PEDRO 

(A Cirila.) Aguárdate, que algo hay que lle- 
var al correo. (En voz alta, mirando el sobre de ana 
carta.) Filomena, carta de tu madre, (La da á 

Cirila, que la lleva á su señora.) 

FILOMENA 

¿Han escrito los niños? 

DON PEDRO 

No; pero me escribe el Rector que están 
buenos y contentísimos... Perico muy apli- 
cado, Ricardillo un poco travieso... 

FILOMENA 

Pero buenos y sanos, que es lo que im- 
porta. (Abre la carta de su madre.) 



29 



DON PEDRO 

{A Cirila, quitándole uaa de las cartas que le ha 

dado.) ¡Qué cabeza! Esta, para Cesáreo, no 
va... Aguarda, voy á concluir ésta. 

FILOMENA 

^Aparte á don Rafael, gozosa, después de leer la car- 
ta.) Para que se vea si tengo razón en poner 
toda mi confianza en el auxilio celestial. Mi 
pobre madre, que hoy sufre también penu- 
ria, aunque no tanta como yo, me manda 
por segunda vez una corta cantidad. 

DON RAFAEL 

¿También por conducto mío? 

FILOMENA 

Sí: usted recibirá el libramiento. 

DON RAFAEL 

Pues mañana mismo... 

FILOMEN/L 



No: no me lo traiga usted. Eso que Dios 
me envía, en su culto y en obras de piedad 
quiero emplearlo. 



3* 



DON RAFAEL 

Fíjese usted, amiga mía, en sus necesidar 

ddflk (Siguen hablando en voz baja.) 

DON PEDRO 
(Cerrada la carta que lia escrito, la da á Cirila.) 

Oye: si viene esa señora á invitarnos. ... 

CIRILA. 

¿Qué señora? 

DON PEDRO 

La super-mujer. ¿Podremos obsequiarla 
con un té? Dime, ¿queda algo de aquel Porto 
riquísimo que trajimos de Madrid? 

CIRILA 

Señor, lo poco que queda resérvelo... (Si- 
gue diciéodole que la despensa está poco menos qua 
▼acia.) 

FILOMENA 

v Aparteádott Rafael.) DÍOS Cuida de üOSOtrOS. 

¿Por qué conducto? Por éste, por otros que 
no podemos presumir. Entre tanto, reúna 
usted lo que ahora manda Dios con lo que 
antes vino, y el total divídalo en tres par* 



SI 

tes: la una sea para sufragios por el alma 
de mi padre, por la de los hermanos míos y 
de mi esposo. La otra, la distribuye usted 
entre los pobres. Con la última parte quiero 
ofrecer á la Santísima Virgen del Rosario 

Un manto nuevo. (Concluye don Pedro de hablar 
con Cirila y ésta se va.) 

DON RAFAEL 

Ya podrá pasarse por este año con el vie« 
Jo. Nuestra Señora es modesta: no se paga 
de ostentaciones... 

FILOMENA 

Don Rafael, es mi gusto; es un anhelo 
ferviente. 

DON RAFAEL 

Bueno, bueno. No hablemos más. (Don Po- 
dro, ea pie junto k la mesa, reconoce papelea oon fe- 
bril inquietud, irascible.) 

DON PEDRO 

Filomena, ¿dónde diablos me habéis 
puesto...? 

FILOMENA 
{Actiiieaáo * su lado.) ¿Qué, hijo? 



Z2 



DQN PEDRO 

Es María la que sabe... (Llamando.) (María, 
Mariuohaf 

FILOMENA 

(Mirando por el balcón.) ¡Esa hija.,.! Eü Si 

pl&za no la veo. 

DON PEDRO 

Pues que la busquen, que la traigan» 

DON RAFAEL 
(Asomándose por el fondo.) ¡Si está aquí, en ai 

patio! Habla con las vecinas que llenan sus 
cántaros en la fuente... Hace fiestas á Im 

Chiquillos. (La llama por señas.) Es la bondad 

misma. 

FILOMENA 

(Con profunda tristeza.) ¡Pobre ángel caído en 
este pozol 



33 



ESCENA V 

Loo mismos; MARÍA por el fondo. Viste con eonollla ele&ane!»» 
sin que en su atavío se conozca la pobreza de la familia. 

MARIA 

(Serena, risueña.) Aquí estoy. 

DON PEDRO 

Pero, hija de mi alma, ¿qué hacías? 

MARÍA 

Me entretuve viendo y examinando núes» 
tra vecindad. En el segundo patio he visto 
unas familias pobres muy simpáticas, unos 
chiquillos saladísimos. He hablado con cuan- 
tas mujeres vi, preguntándoles de qué vi- 
ven, cómo viven, qué comen... Y sus nom- 
bres, edad, familia, todito les pregunté... 
Tengo ese defecto: soy una fisgona insu- 
frible... 

FILOMENA 

Eres una chiquilla. 

MARÍA 

Pues en este patio primero tenemos ve- 
cinos de mucha importancia. A esta parte, 

3 



u 

al extremo de la galería de cristales pof 

donde salimos al patio, tenemos de vecino á 

ua carbonero. 

DON RAFAEL 

Almacén de carbones, sí. El dueflo es un 
hombre excelente, muy trabajador... Le co- 
nozco.. . 

MARÍA 

¡Por cierto que pasé un susto...! Como me 
da por verlo todo, me planté en la puerta 
mirando aquella caverna tenebrosa. De pron- 
to, salió de lo más hondo un hombre horri- 
ble, la cara negra, tiznada; los ojos, como 
ascuas, relucían sobre la tez manchada de 
carbón... Después me eché á reir. El hom- 
bre me dijo: "Señorita, ¿en qué puedo ser* 
virle?, Y yo... 

FILOMENA 

(intorraiiipiéadoia.) j Vaya que ponerte á hlN 
blair con un bruto semejante! 

MARÍA 

{Si as un hombre finísimo; A m& f&aéé 
asombrada di oirlel 



35 



DON RAFAEL 

¡Mucho, mucho! Ya les contará algo 
§se y otros vecinos. 

MARÍA 

Todos me han parecido la mejor gente de] 
mundo, incluso el negro. ¿Y qué me dices, 
papá, del espectáculo de esa plaza, hoy día 
de mercado? Tú no lo has visto; tú, mamá, 
tampoco. 

FILOMENA 

Ya nos fijamos al pasar... * 

MARÍA 

Os aseguro que nunca vi cosa que más 
me divirtiera. ¡Esos pobres campesinos que 
vienen de tan lejos con el fruto de su traba- 
jo!... Venden lo que les sobra, compran lo 
que necesitan. Abrumados llegan, abruma- 
dos parten, con el peso de la vida que va y 
viene, sube y baja... Unos traen grano, 
otros panes, otros hortalizas, cochinitos chi- 
cos tai? monos.. Aquéllos una carguita de 
leña: son los más pobres; éstos cargas de la- 
na: son los más ricos... En todos los puestos, 
en todos los grupos me metía yo con Teresa 



36 



y Iva mona, y á todos preguntaba: ¿De dónde 
sois' ¿Cuánto os valen las hogazas?... Por 
esa carga de leña, ¿qué os dan?... Con esos 
cinco reales, ¿qué compráis ahora? ¿A cómo 
dais la ristra de cebollas?... Y esas enjal- 
mas rojas para los borricos, ¿cuánto valen?.. • 
¿Habéis hecho buen negocio?... ¿Este trigo 
es toda vuestra cosecha?... ¿Compraréis co- 
chinito?... ¿Lo engordaréis hasta que le 
arrastre la barriga?... ¿Y vosotros nunca co- 
méis estos pollos, estos patos?... ¿Qué co- 
méis?... ¿Y vuestros nenes se han quedado 
allá solitos?... Cuando volvéis allá, ¿qué os 
dicen las pobres criaturas? 

FILOMENA 

¡Vaya, que eres de verdad reparona y en- 
torne tida!... un ángel á quien interesan las 
cosas de la tierra más que las del Cielo. 

DON RAFAEL 

(Con calor.) Más, no, sef¿ora; lo mismo. 

MARÍA 

Es que gozo lo indecible, me lo pueden 
creer, viendo este hormigueo de la vida de 
los pequeños: cómo viven, cómo luchan. 



37 

cómo se defienden... Y no sé si reírme ó llo- 
rar cuando pienso que no son ellos más po- 
bres que yo. 

DON PEDRO 

(Melancólico o Más ricos... No hay riqueza 
como la ignorancia. 

FILOMENA 

Riqueza y pobreza, por nuestros deseos se 
miden. 

V 

MARIA 

Ello es que los veo contentos, al menos 
tranquilos, y su contento y su tranquilidad 
se me comunican... Vedme alegre, confiada, 
con muchas ganas de infundiros á todos con- 
fianza y alegría. 

DON PEDRO. 

(Dirígese á la mesa.) Ven aquí, ven aquí... 
Dime, ante todo, dónde metiste las esquelas 

de... (Se sienta.) 

MARÍA 

(Aparte, suspirando,) Corazón mío, poco te 

duró el contento. (Abriendo un cajón de la mesa.) 
¡Si están aquí! 



38 



DON PEDRO 

|Ah! dame*.. 

don r \ F AEL 

Señor Marqués, con su peraia©... ¿Tient 

algo que mandarme? 

DON PEDRO 

(Disponiéndose á escribir una carta.) QueridoCU- 

ra: que no nos olvide en sus oraciones. 

DON RAFAEL 

jAh! por mí no hade quedar, (viendo escri- 
bir á su padre, y sabiendo lo que escribe, María ma- 
nifiesta grao aflicción.) 

FILOMENA 

(Aparte á don Rafael al despedirle.) ¿Se ha fijado 

bien, don Rafael, en lo que le dije de la dis- 
tribución...? 

DON RAFAEL 

I Mucho, mucho! Descuide: lo haré á toda 
conciencia, con plena conciencia de mi de- 
ber. (Vase por el feudo.) 



39 



DON PEDRO 

(Sin dejar de escribir.) Filomena, que me pre- 
paren el baño. 

FILOMENA 

Iré yo misma. No hay que agobiar á la 

pobre Cirila, (Vase por la derecha.) 

ESCENA VI 

MARÍA, DON PEDRO 

DON PEDRO 
(Mostrando á su hija las cartas que ésta sacó.) 

Cuidarás de que hoy mismo lleguen á su 
destino. 

MARÍA 

(Angustiada.) J Ay, papá mío! déjame que te 
diga... ¿No te sientes humillado, degrada- 
do, con pedir limosna de esta manera? 

DON PEDRO 

(irascible.) ¿Y qué he de hacer? ¿Estoy m 
el caso de solicitar un jornal del Ayunta- 
miento, y ponerme á picar piedra en un ca- 
mino, ó á recoger las basuras de las calles? 



10 

MARÍA 

Pues mira tú: yo preferiría eso. 

DON PEDRO 

¿Preferirías verme...? 

MARTA 

Lo haría yo si pudiera... romper piedras, 

barrer las calles de Agramante. 

DON PEDRO 

Toma las cartas y mándalas esta tarde* 
He agregado una... para ese Corral... 

MARÍA 

(Resistiéndose á tomar las cartas.) ¡Ay, DÍOS 
mío, DÍOS mío! (Llorosa, permanece en resisten- 
cia pasiva.) 

DON PEDRO 

(Con severidad.) Obedéceme... No me irri- 
tes... 

MARÍA 

Bueno, papá: haré todo lo quo me man- 
des. (Toma las cartas y las guarda en el bolsillo.) Es 

mi deber... Pero di, ¿no hay otro medio? 



41 

(Recordando.) ¡Ah! me dijeron que viene Ce- 
sáreo. ¿Lo sabías? 

DON PEDRO 

Sí, 

MARÍA 

¿Y no esperas que Cesáreo te traiga...? 
Aguardemos á que llegue... 

DON PEDRO 

Lo que traiga tu hermano, que no será 
mucho, lo necesitará para sí. Está obligado 
4 conservar aquí cierto brillo y... No puedo 
explicártelo. 

MARÍA 

Sin tus explicaciones lo comprendo. ¿Crees 
que se me escapan las ideas tuyas, las ideas 
de toda la familia? Mi hermano hizo la corte 
á esa viuda millonaria... Tal vez ahora... 

DON PEDRO 

No sé... Podría ser... 

MARÍA 

(Coa agudeza.) ¿Y no se te ha ocurrido que 
de estos petitorios podría la dama ricachona 



42 

enterarse? ¡Qué diría, qué pensaría de nos» 
otros! 

DON PEDRO 

v Coufaso.) Sí; pero... Se haría cargo... No 
obstante, la idea de que la viuda se entere, 
me inquieta un poco. 

MARÍA 

Esta mañana, cuando salía yo de la igle- 
sia con Vicenta Pulido, vi á la millonada. 
¡Ay, qué facha, qué cargazón de sedas, de 
plumas, de encajes, de joyas! Cuentan por 
ahí que lleva las ligas recamadas de perlas, 
y que en su casa de Madrid hay más plata 
que en una catedral. 

DON PEDRO 

Lo creo.,. 

MARIA 

Y que las mesas de noche son de marfil, 
y otras cosas... de lápiz-iázuli... Su aspecto 
es de una rastaquouére tremenda y de una 
cursi estrepitosa. 

DON PEDRO 

Nunca la he visto. Dicen que es hermosa. 



43 



MARÍA 

Lo fué el año de la Revolución de Sep- 
tiembre, cuando tú todavía no te habías ca- 
sado. 

ESCENA Vil 

Ux ateo* FILOMTOA, OEIBILjy 
FILOMENA 

(Por U derecha.) Ya tienes el baño pronto. 

DON PEDRO 
Voy... (Al salir detiénese preocupado*) Si VUel- 

Te ese maldito Pocho-., le decís... que ma- 
ñana. (Entra Cirila por el foüdo y habla con María ) 

FILOMENA 

No prometas nunca para mañana... Tó- 
mate más tiempo. 

DON PEDRO 

Tienes razón... Mejor será el lunes... se* 

guro, el lunes. (Vase por la derecha.) 

CIRILA 

La he visto entrar en el patio. 



II 



FILOMENA 

¿Quién? 

CIHILA 

La señora Alcaldesa. Creo que viene acá, 

(Eütra Vicenta por el foado.) 

MARÍA. 
Ya está aquí. (Vase Cirila.) 

KSCENA VIII 

MARÍA, FILOMENA, VICENTA; dwpuéí CIRILA* 
VICENTA 

Amigas muy queridas: un aviso, una pe» 

tición, y me vey al instante. 

FILOMENA 

Ante todo, ¿sabe usted si viene Cesáreo? 
Su marido de usted ha recibido un telegra* 
ma... 

VICENTA 

No sé nada. En casa estuve después de 

misa. Nicolás había salido. 



45 
MARÍA 

¿No se Sienta? (Se sientan la* tres.) 

VICENTA 

Un momento... Lo primero, advertir 4 
ustedes que Teodolinda viene en persona 
á invitarlas. 

FILOMENA 

¿Esta tarde? 

VICENTA 

No: antes de mediodía. ¿Irán ustedes á la 
fiesta veneciana? 

FILOMENA 

La verdad... no quisiéramos... 

VICENTA 

[Por Dios, Marquesa! Esta pobre niña de- 
be distraerse, lucir su belleza... 

FILOMENA 

Sí, sí... María irá con usted... 

VICENTA 

Para mí no hay mayor honra... (A María.) 



46 



Y me enorgullece llevarla á usted conmigo 
aunque á su lado resultaré una facha* 

AJARIA 

|Por Dios, Vicenta!... 

VICENTA 

Usted ha traído todo su guardarropa, do 

última moda, elegantísimo, y yo... 

MARIA 

¿No me dijo usted que esperaba hoy el 
vestido de garden party que encargó á 
Madrid? 

VICENTA 

(Desconsolada. ) Pero no vendrá, ¡qué pena! 
(Saca una carta.) Vean la carta de la modista, 
que ha sido como un rayo... (Lee.) "Imposible 
remitir hoy... w Este contratiempo me ano* 
nada. 

FILOMENA 

Lo comprendo. ¡Contar con una cosa y. «J 

Las modistas son tremendas. 

VICENTA 

Pues ahora viene la súplica. Ea estacón- 
flicto no veo más que una solución: arreglar 



47 



un vestido que estrené el año pasado, cuan* 
do vino el Ministro de Fomento y se alojó en 
mi casa. Pero desconfío de que mi hermana 
y yo podamos arreglarlo con toda la elegan- 
cia que deseo. Ustedes me indicarán.. . Perdo- 
nen mi impertinencia. El puesto que ocupa 
Nicolás me obliga á ser la más elegante del 
pueblo. No quiero hacer mal papel. Nicolás 
se disgustaría con esto más que si perdiera 
las elecciones. 

FILOMENA 

Enseñaré á ustedes un modelo que traje. 

(Las interrumpe Cirila entrando presurosa por el 
fondo.) 

CIRILA 

Señora... ahí sube. 

FILOMENA. 

¿Quién? 

CIRILA 

Esa señora tan... 

VICENTA 

jTeodolinda! 

MARÍA 

ihñra$taquouére..A 



48 



VIGENTE 

(A Filomena.) jVerá usted qué lujo tan des- 
fachatado! (Entra Teodolioda Su figura y vestido 
sol. conformes á lus descripciones que de ella se han 
hecho. Vase Cirila.) 

ESCENA IX 

FILOMENA, MARÍA, VICENTA, TEODOLINDA 



TEODOLINDA 

Señora Marquesa, me perdonará usted que 
haya sido muy inconveniente en la elección 
de hora para mi visita. 

FILOMENA 

¡Oh! el honor que recibimos no sabe hacer 
distinción de horas. (Se sientan: María al extre- 
mo izquierda.) 

TEODOLINDA 

Y hemos de convenir en que la vida de 
campo forzosamente ha de relajar un poco 
la etiqueta social. 



FILOMENA 

Seguramente. 



49 



TEODOÍJNDA 

Perdóneme la señora Alcaldesa si llamo 
campo á esta preciosa villa, tan culta, mo- 
delo de policía y urbanización. 

VICENTA 

Campo es... con casas... dudad... al aire 
libre. 

TRODO LINDA 

Y la más hospitalaria que cabe imaginar. 
Estoy contentísima. La casa que he tomado 
<js una preciosidad... aunque algo pequeña^. 

MARÍA 

(Aparte.) {Jesús! Pequeña dice. ¡Y la edifi- 
caron para convento! Pues que le traigan el 
Escorial. 

TEODOLINDA 

El parque muy frondoso. Sería incompa- 
rable si tuviera lago... 

MARIA 

(Aparte.) ¡Y mucha agua! 

TEODOLINDA 

Y una extensión de quinientas hectáreas* 

4 



50 

FILOMENA 

A propósito de extensiones de tierra, se 
dice que usted adquiere pertenencias mine- 
ras y bienes raíces en la provincia. 

VICENTA 

Y un monte grandísimo, y tres dehesas... 

TEODOLINDA 

Que me gustaría poder juntar en una 
sola, para formar una propiedad verdadera- 
mente regia. 

MARÍA 

(Aparte.) ¡Cuatro dehesas juntas! para que 
esta fiera tenga donde pasearse á sus an- 
chas. 

FILOMENA 

Hará usted todo lo que se le antoje, y no 
habrá ilusión ni capricho que no pueda sa- 
tisfacer. 

TEODOLINDA 

(Cou refinada amabilidad.) Por lo pronto, se- 
ñora Marquesa, aquí me trae la ilusión de 
que usted y su linda hija honren esta noche 
mi casa. 



5\ 

3 

FILOMENA 

Mi esposo y yo agradecemos á usted en el 
alma su invitación, (suspirando.) Nos halla- 
mos bajo el peso de tristezas y desazones 
que excluyen todo regocijo. Pero no priva- 
remos á nuestra hija de esa magnífica fies- 
ta. Cuente usted con María, que irá con la 
señora Alcaldesa. 

TEODOLINDA 

Amiga mía, del mal el menos... Su pre- 
ciosa hija será la flor más lucida de mi jar- 
dín, y la estrella más brillante de mi no- 
che... quiero decir... de la noche de... (Em- 
barullándose, no puede acabar el concepto.) 

FILOMENA 

(Comprendieado.) Sí, SÍ... ya.. # 

MARIA 

- (Aparte.) |Aj, Dios mío, se le *<mbé I» 
cuerda! 

FILOMENA 

María agradece tanta bondad... y tendrá 
mucho gusto.,. 



MARIA 

Grandísimo placer... Será una fiesta es* 
pléndida, nunca vista en Agramante. 

TEODOLINDA 

Las señoras de esta culta villa le darán 
todo su encanto. 

VICENTA 

Y encanto mayor usted... 

MARÍA 

Usted, la amable dueña de la casa, tft 
opulenta anfitrionisa... 

ESCENA X 

£•# r.íamoi; CORRAL, presuroso, por el fondo. 
CORRAL 

Señor Marqués, señoras... 

FILOxME!NFA 

(Alarmada, se levanta.) ¿Qué noticias, Corcal? 
MARIA 

¿Viene mi hermano? 



m 

CORDAL 

Ya está en Agramante... Le vi en la es- 
tación. Salieron á recibirle el Alcalde, el 
Coronel de la zona, el Juez municipal y el 
Contratista de la traída de aguas... Al ins- 
tante vendrá. ¿Y el señor Marqués? (Hace re- 

vereaeia á Teodolinda.) 

FILOMENA 

(A María.) Ve, hija: dale prisa... (Vase María 
por la derecha.) 

CORRAL 

(A Filomena.) Debo anticipar á usted que 
Cesáreo sólo estará en Agramante algunas 
horas. Esta tarde tomará el tren mixto para 
llegar á Santamar, la capital de la provin- 
cia, antes que salga de allí el Ministro de 
la Gobernación, que ha ido á inaugurar el 
nuevo Presidio. 



54 



ESCENA XI 

Los mismos; DON PEDRO; tras él, MARTA., 
DON PEDRO 

Ya sé... ya me ha enterado María... (ATeo- 
ioliuda muy (grife j Señora mía, crea usted 
que me confunde el honor que hace á esta 
humilde casa... 

TEODOLINDA 

La casa y familia, dignas son de todos los 
honores. La casa es un soberbio palacio. Al 
venir aquí, he admirado por tercera vez la 
hermosa fachada plateresca, ¡Qué maravilla, 
señor Marqués! 

FILOMENA 

(Con tristeza.) Esa maravilla y otras ¡ay! 
fueron nuestras 

DON PEDRO 

Cuando Dios quería... 

TEODOLINDA 

j Y quién sabe si volverán, cuando menos 
se piense, á su primitivo, á su ilustre dueño! 



55 



DON PEDRO 

¡Quién sabe...! Cesáreo tal vez, si adquie- 
re, como yo espero y él merece, una eleva- 
da posición en la política... 

TEODOLINDA 

Ya sabe usted que está aquí, 

DON PEDRO 

Le esperamos por instantes. 

CORRAL 

Pronto vendrá. Han querido enterarle del 
asunto de las aguas... 

FILOMENA 

(impaciente.) Mucho tardan. 

VICENTA 

La culpa es de mi marido. 

CORRAL 

(Que ha mirado por el fondo.) Ya vienen, ya 
suben, ya están aquí. (Corren Filomena y María 
al encuentro de Cesáreo. Le abrazan y besan cariño- 
samente. Tras de Cesáreo entran el Alcalde, Roldán y 
Bravo. Don Pedro ha permanecido junto á Teodoliuda.) 



fiS 



ESCENA XII 

Loí mismos; CESAREO, el ALCALDE, ROLDAN BRAVO. 
Rol ián es ordinario, de mediana edad; Bravo, persona lina, abo- 
gado joven. 

CESAREO 

(Goq emoción.) Mamá, te encuentro bien. 
Tú, Mariucha, te has repuesto... Estos ai- 
res... (Avanza. Ye á don Pedro y se abrazan tierna- 
mente.) 

ALCALDE 

Nos hemos permitido secuestrarle pa? 

unos minutos. 

ROLDAN (Contratista), 

Perdonen los señores Marqueses... 

BRAVO {Juez municipal). 

Los intereses del pueblo nos han hecho 
olvidar la felicidad de la familia. 

DON PEDRO 

¡Qué sorpresa, hijo; qué alegría! (indican* 

do la presencia de Teodolinda.) Y no es Una SOI* 

presa sola. 



57 
CESAREO 

(bí ri&iéndosc á Teodolinda.) Ya me dijo el Al- 
calde... (Corral habla con María; Roldán y Bravo con 
Filomena.) 

TEODOLINDA 
¿Que estaba yo aquí? (Alargándole su mano.) 

Pues ha sido de lo más casual... Yo no sos- 
pechaba... 

DON PEDRO 

Con piedra blanca marco esta coinciden- 
cia felicísima. La alegría de verte y el ho- 
nor de esta visita. 

TEODOLINDA 

Ya ve usted, Cesáreo, cómo no se pueden 
áacer profecías. 

CESAREO 

Ya, ya... (Don Pedro habla con el Contratista.) 
TEODOLINDA 

La última vez que estuvo usted en mi 
casa salió diciendo que ya no nos veríamos 
más. 

CESAREO 

Antes profetizó usted otra cosa, Teodollii» 
da, que no fué confirmada. 



58 

TEODOLINDA 

Tal vez... Lo que prueba que todos somos 
muy malos profetas. Aleccionada por la pi- 
cara realidad, que así nos desmiente, ya no 
profetizo, Cesáreo. (Se levanta.) 

DON PEDRO 

(Desconsolado.) ¿Tan pronto? 

TEODOLINDA 

¡Oh! no desconozco lo que son estos mo* 
mentos para una familia cariñosa... 

FILOMENA 

(Acudiendo á despedirla.) Señora, amiga mía... 

CORRAL 

(Aparte á María, con galanteo meloso.) Si usted 

va, ¿cómo he de faltar yo? Iré tras el lucero 
buscando en su brillo un rayito de espe- 
ranza. 

MARÍA 

¡Ay, qué empalagoso! 

TEODOLINDA 
(Despidiéndose de María.) Que UO me falte, por 

Dios. No tendría yo consuelo. 



59 
MARIA 

Mil y mil gracias. 

TEODOLINDA 

(a Cesáreo.) Y usted ¿no querrá dar un vis- 
tazo á mi fiesta? 

CESAREO 

Imposible, Teodolinda. 

DON PEDRO 

Quédate, hijo... 

CESAREO 

Imposible. 

TEODOLTNDA 

Ya no le ruego más. ¡Cuando se obstina 
en hacerse el interesante...! 

CESAREO 

Es absolutamente preciso que yo salga en 
el tren de las cinco. 

TEODOLINDA 

Ya: tiene que conferenciar con el Minis- 
tro. De ello dependerá la salvación de la 
patria» 



60 



CESAREO 

No salvaré á la patria... Quizás salve á 

ana pane de ella. 

TEODOLINDA 

En fin, adiós y buen viaje. Si quiere co- 
mer conmigo... A la una en punto... ¡Pera 
qué tonta! El corto tiempo de que dispone 
pertenece á la familia. 

DON PEDRO 

Antes que nosotros está la cortesía. Irá, 
Teodolinda; aceptará su amable invitación. 

CESAREO 

No, no... 

TEODOLINDA 

Verá usted, Marqués, cómo nos deja mal 
á todos. Adiós, adiós. (Las señoras la acompañan 
hasta la puerta. Corral, con oficiosa galantería, va 
tras ella ofreciéndole el brazo para conducirla hasta 
la calle.) 

VICENTA 

(Al Alcalde.) Nicolás, vámonos. 

ALCALDE 

(Despidiéndose.) Señor Marqués, muy suyo 



61 

siempre. Luego le explicaremos estt asunto 
de las aguas... 

ROLDAN 

El giro que quieren dar al expediente es 
éd lo más desatinado... 

BRAVO 

A todos nos preocupa hondamente... 

DON PEDRO 

A mí también... á mí también... No se 
aparta de mi pensamiento la traída de los 
diez millones... digo, de las aguas, la traída 
de aguas... 

VICENTA 

(A Filomena.) Volveré esta tarde... Veré ese 
modelo... 

MARIA 

(Despidiendo á Tícenla.) Adiós... hasta lue- 
go... 

ROLDAN 

(Despidiéndole del Marqués.) Siempre á SUS 

órdenes... 

BRAVO 

{idem.; Repito..* 



62 
ALCALDE 

Idem*.) Felicidades. (Salen Vicenta, el Alcalde, 
Boldáu y Bravo.) 

FILOMENA 

(Cogieudo á Cesáreo del brazo.) Ven y Verá» 

cómo nos hemos instalado. 

DON' PEDRO 

(Reteniéndole.) Luego irá. Dejadle un rato 

conmigo. (Les hace seña de que se alejen.) 

MARIA 

Pero que sea cortito. También nosotros 
tenemos que charlar... 

FILOMENA 

Déjale ahora. Tienen que hablar á solas. 

(Se va, llevándose á María.) 

ESCENA XIII 

DO£f PEDRO; CESAREO, que se siento, peniativ* 
«poyada la frente en la mamo. 

DON PEDRO 

(En pie.) Acepta, hijo, acepta la invitación 
de esa señora. 



63 
CESAREO 

Convéncete, papá, de que Teodolinda es 
una esperanza inmensamente remota, un. 
sueño... 

DON PEDRO 

Pero... en Madrid, el invierno último, áU 
jiste á tu madre... 

CESAREO 

Sí, lo dije... yo soñaba... creí poder traer 
á casa la lámpara de Aladino. 

DON PEDRO 

Tú le hacías la corte. 

CESAREO 

Sí. 

DON PEDRO 

¿Hubo rompimiento? 

CESAREO 

Absoluto. 

DON PEDRO 

¿Iniciado por tí? 

CESAREO 

Por ella* 



81 



DON PEDRO 

Al invitarte ahora, quizás desea r&ann» 
dar... 

CESAREO 

No la conoces. Teodolinda no es toda ti» 

nidad: tiene inteligencia, sentido práctico* 
que aprendió de los yankees. Conoce biea 
nuestra desgracia, el abismo de descrédito 
en que hemos caído... Teme el ridículo... 
Coquetea con sus millones, como otras co» 
quetean con sus gracias... 

DON PEDRO 

(Suspirando, con gran desaliento.) Bfen*.. 110 

digo nada. 

CESAREO ' 

Pepo con todo... (Dudando.) ¿Iré á comer? 
(Con resolución súbita.) Iré. ¿Qué pierdo en ello? 

(Se levanta.) 

DON PEDRO 

Nada pierdes... ¡Y quién sabe si...! 

CESAREO 

No, papá: hoy, pensar en eso es un dell* 

rio. Podría no serio... (Meditabundo,) 



65 

DON PEDRO 

¿Cuándo? ¿En qué caso? 

CESAREO 

En el caso de que yo adquiriese la posi- 
ción política que busco, que creo tener ya... 
casi casi en la mano, 

don peoro 

Entendido, (impaciente.) Vete, hijo, yete. 
Toma el tren. Por Dios, habla con el Minis- 
tro esta noche, mañana... 

GESAREO 

Esta noche sin falta. 

DON PEDRO 

Yo espero, tragando amargura, sufriendo 
humillaciones, devorando sonrojos. ¿Pera 
qué importa?. . . 

CESAREO 

(Echando mano al bolsillo para sacar su eartera.) 

Y á propósito, papá... Tengo muy poco di* 
ñero, poquísimo.,. 

i 



6rt 



DON PEDRO 

Pues déjalo para tí, que lo necesitará? 

más que nosotros... 

CESAREO 

Tengo lo preciso para llegar á San tama? 
y volverme á Madrid... Pero en San t amar 
está Jacinto Mondéjar, que me ha ofrecido 
prestarme una cantidad... 

DON PEDRO 

Pues á la vuelta me la dará». 

CESAREO 

¿De veras podréis pasar...? (Mostrando la 

cartera, en ademán de abrirla.) 

DON PEDRO 

Pasaremos... Más pasó Jesucristo. Ada- 
lante, hijo... Por delante siempre tú, el úni« 
co redentor posible de la familia. 



07 



ESCENA XIV 

DON PEDRO, CESÁREO, MARÍA; dtspaéa FILOMENA. 
MARÍA 

(Por la derecha, entreabre la puerta y se asorcm 
cautelosa.) Papá y hermano, ¿no me permiti- 
réis curiosear un poquito? 

DON PEDRO 

Entra ya, hijita. 

CESAREO 

(Llamándola cariñoso.) Ven, que aún no he 
podido abrazarte á mi gusto. (Se abrazan.) 
¡Pobre Mariucha! ¡Recluida en este medio 
social tan impropio de tí, entre tanta vul- 
garidad! 

MARÍA 

No creas... Me acomodo perfectamente á 
esta vida provinciana. 

CESAREO 

Papá, á todos recomiendo un exquisito 
cuidado de esta joya. (Coa eataaias»o.) Joya, 



68 

digo: cuerpo y alma de lo más selecto qu»e 
da de sí la humanidad. Velad por ella sin 
descanso. ¡Marincha! (Acariciándola.) ¡Mi Ma- 
riucha! Merece que nos desvivamos por lle- 
varla á su esfera natural, donde luzca, don- 
de brille... 

MARÍA 

Pero, tontín, ¿quieres llevarme á donde 
hay tanta luz? Si alguna tengo en mí, me- 
jor brillaré en la obscuridad. 

DON PEDRO 

¡Ah! Veremos quién está en lo cierto. 

FILOMENA 

Ven, Cesáreo, para que veas cómo nos 
hemos instalado en este medio palacio. No 
nos falta comodidad. 

CESAREO 

Enseñadme vuestra habitación, la de Ma- 
ría... (Vase con Filomena por la derecha.) 



60 



ESCENA XV 

MARÍA; DON PSDRO, que muy excitado y bablando aolo te 

pasea por la escena. 

MARIA 

Papaíto, ¿estás contento? 

DON PEDRO 

(Sin hacerle naso.) El Ministro, si es hombre 
agradecido, le acogerá bien. Recordará que 
le di la mano en sus primeros pasos. 

MARIA 

Dime, papaíto... (Tras él sin lograr que la e§- 
Oche.) 

DON PEDRO 

El Gobierno, la situación en masa, la Ca- 
rona, el país... no permitirán que la casa de 
Alto-Rey acabe d hu i irse... 

MARIA 

Papá... 

Hija mía, no puedo decirte que estoy con- 
tento ni que estoy triste. Me encuentro en 
una expectación solemne... 



7« 



MARIA 

¿Ves algún horizonte? ¿Y por fin, Cesá- 
reo...? Cuén táselo todo á tu hijita... ¿Te ha 
traído...? 

OON PEDRO 

No he querido tomarlo poco que trae, pues 
sería loca imprudencia dejar inerme al gue- 
rrero que se apresta al combate. 

MARIA 

¡Jesús, pues no estás hoy poco imagina* 

tivo! 

DON PEDRO 

Digo que nosotros... 

MARIA 

(Severa.) N080tT0S... 

DON PEDRO 

Nos arreglaremos. 

MARIA 

¿Cómo?... Papá, por la Viigen Santísima, 
tú olvidas el ahogo continuo de esta existen- 
cia; el afán de ayer, de hoy, de mañana, la 
cadena de compromisos, de pequeña* den* 
das, que oprime, que envilece... 



74 

DON PEDRO 

A todo se atenderá. ¿Recogiste las cartas? 

MARÍA 

Las recogí... pensaba quemarlas. 

DON PEDRO 
(Vivamente.) No, por DÍOS. 

ESCENA XVI 

DttN PEDRO, MARIA , LEON. Hállanse el Marqués y su hija 
juDto á la mesa. Entra León y dice las primeras palabras en i» 
puerta. Trae la cara tiznada; viste traje de pana. 

LEON 

El señor Marqués... 

DON PEDRO 

(Aterrado, sin atreverse á mirar á la puerto, cre- 
yendo que el que entra es el Pocho.) ¡Otra vez eS0 

hombre! 

MARIA 

(Mirando á la puerta.) ¿Quién es? 

DON PEDRO 

(sin mirar.) ¡Que vuelva... que se vaya!.** 
Mañana... el lunes... 



71 



MARIA 

(Reconociendo á Leóü.) ¡Papá, si no es el Po- 
cho!... Es nuestro vecino, el carbonero... 
digo, el dueño del almacén de carbones. 

LEON 

[Avanzando respetuoso, pero sin timidez.) Moles- 
taré muy poco al señor Marqués... 

DON PEDRO 

Adelante... Dígame lo que guste. Es us- 
ted tímido. 

LEON 

Tímido no soy... Tengo otros defectos, 
pero ese no. Sé hablar con personas distin- 
guidas. 

MARÍA 

¿Oyes, papá? 

DON PEDRO 

(Observándole.) En efecto: su lenguaje, sus 
modales no se avienen con su modesta ocu- 
pación... ¿Y en qué puedo servirle? 

LEON 

Soy inquilino del almacén y vivienda de 
este primer patio á la izquierda. Mi negó- 



73 



ció me pide ya ensanche de local. Quisiera 
que el señor Marqués me arrendase toda la 
crujía, hasta la medianería del Juzgado 
municipal, desalojando el cafetín, que no 
paga alquiler. 

DON PEDRO 

Amigo mío, yo no soy el propietario: lo 
fui. 

MARIA 

Somos simples inquilinos, como usted... 
Ese señor sastre nos ha cedido esta parte no 
más... 

LEON 

¡Ah! Perdone usted: yo entendí que había 
entregado el edificio á los señores Marque- 
ses para que dispusiesen de todo... arriba 
y abajo... 

DON PEDRO 

No, hijo mío. 

LEON 

Así lo entendí. Yo, la verdad, en el caso 
del Sr. López, así lo habría hecho. 

DON PEDRO 

Gracias, amigo, 



74 
MARIA 

(Aparte a sa padre.) ¿Ves qué generoso, qué 
atento? 

LEON 

Dispénseme el sefior Marqués. Mi peti- 
ción resulta una impertinencia. (Hace reve- 
rencia para retirarse.) 

DON PEDRO 

Un momento, vecino... (Con interés.) ¿Y 
qué tal, qué tal ese negocio?... 

LEON 

Pues no voy mal, señor. El desarrollo que 
han tomado en Agramante las pequeñas in- 
dustrias, me ha favorecido mucho. 

MARIA 

¡Vaya, vaya! 

DON PEDRO 

(Risueño.; ¿Con que vamos bien, vamos 
bien? ¿El tráfico marcha? 

LEON 

Sí, señor: marcha á fuerza de atención, de 
diligencia, de trabajo rudo... 



75 



DON PEDRO 

(Sam§j3s*«*0 amable.) Tendrá usted su capi- 
talito 

LEON 

Empiezo á formarlo. 

DON PEDRO 

Bien, joven, muy bien. Y sus ahorros los 
irá usted colocando para obtener nuevas ga- 
nancias... Bien, amigo mío. La vecindad de 
usted es para mí muy grata. 

MARIA 

(Coa interés.) ¿Y todo ese carbón lo trae us- 
ted de las minas, de Im montes? 

LE* 

El mundo está lleno de tesoros, unos es- 
condidos, otros bien á la vista... Para co- 
gerlos, hace falta mucha paciencia, mucha, 
porque... 



76 



ESCENA XVII 

AH)N PtfDRO, MARÍA, LEÓN, FILOMENA, CESAREO. 
FILOMENA 

(Qne viene disputando con su hijo.) No, PO: 611 

la Providencia, sólo en la Providencia debe- 
mos poner nuestra esperanza, 

CESAREO 

Conforme, mamá. Pero de algún media- 
dor se ha, de valer la Providencia. (Vau acer- 
cándose ai centro. Repara en León.) 

MARIA 

(Presentándote.) Nuestro vecino, el comer- 
ciante en carbones... 

LEON 

(Despidiéndose.) Con la venia de los seño- 
res... 

CESAREO 

(Que al verle se ha fijado en ói creyendo descubrir, 
bajo el tizne, un rostro conocido.) Aguarde un 
momento, buen amigo. (León se detiene, rígido, 
parado en firme. Cesáreo le contempla fijamente. León, 
impávido, afronta su mirada.) 



' . 77 

MARIA 

¿Qué... le conoces? 

DON PEDRO 

Es un trabajador bien acomodado; un ex- 
celente vecino. 

CESAREO 

Parécemíe. (Sospechando ) Juraría... (Aban, 
dodando su sospecha.) No, no... Perdone US 
ted... Creí... No es, na. 

LEuN 

(Aparte al retirarse.) Dice que no soy. Tiene 

fazón: no soy. (Hace reverencia y sale.) 

ESCENA XVIII 

MARÍA, DON PEDRO, CESÁREO, FILOMENA; después 
CIRILA. 

FILOMENA 

¿Pero qué»,»? ¿Has visto en él...? 

MARÍA 

(Vivamente.) ¿Alguna persona conocida? 



78 
CESAREO 

Orel ver, al través de lo negro... ¿Os acor- 
dáis de aquel Antonio Sanfelices, sobrino 
del Marqués de Tarfe?... 

FILOMENA 

¡Jesús! El mayor calavera de Madrid. 

DON PEDRO 

¿No fué procesado? 

MARIA 

Sí, sí: Sanfelices. Pero éste no es aquél, 
Cesáreo: es otro. 

CIRILA 

(por el fondo.) Recado de esa señora doña 
Teodolinda... Que esperan al señor don Ce- 
sáreo para comer. 

MARIA 

(Desconsolada.) ¿Y no come con nosotros? 
¿Nuestra compañía no vale más que el 

menú de esa feróstica? 

CESAREO 

Ha llegado el momento de sacrificar hasta 
los más dulces afectos,.. 



79 



DON PEDRO 

(Separándole de su hermana.) Vete pronto, M« 

jo; no te hagas esperar. 

CESAREO 

Voy, SÍ. (A Filomena y María.) Y no partiré 

sin volver acá. Seguro, seguro. (Diríge*e al fon- 
do. Filomena y María van con él, prodigándole cari- 
dos* Permanecen en la puerta despidiéndole.) 

DON PEDRO 

(Junto á la mesa, á la izquierda.) Cirila. 

CIRILA 

Señor. 

DON PEDRO 

No te descuides en traer un buen trozo da 
carne para rosbif... 

CIRILA 

(Con expresión lastimera* indicando la escasez m 

tecurses.) Señor, considere... 

DON PEDRO 

Considero, considero... que no puedo pap 
•arme sin una alimentación muy sólida. 



80 



GTRTLA 

Yo cuidaré, señor; pero ten^a en cuenta... 

DON PEDRO 

(Propendiendo á la irascibilidad.) No ha de fal- 
tar crédito... Y suceda lo que quiera, ¿he de 
consentir que la aneaiia me devore? 

CIRILA 

(Aparte.) Dios nos tenga de su mano. (Dirí- 
gese á Filonieaa: ésta y María vuelven de despedir á 
Cesáreo.) 

MARIA 

(Lloros .) Es una ingratitud.*. 

FILOMENA 

Hija, si así conviene... (A Cirila.) Comere- 
mos. (Van hacia la derecha.) 

CIRILA 

Señora, ¿no sabe...? (Le cuenta que don Pedro 
pide rosbif, etc. Vanse por la derecha.) 



81 



ESCENA XIX 

Id ARIA, DON PEDRO: ¿wvés FILOMELA. 
DON PEDRO 

María, irás esta noche á la fiesta áe Tea- 
Jolinda. 

MARÍA 

(Resignada.) ¡Si vieras, papá, qué sacrificio 
es para mí...! 

DON PEDRO 

No me repliques, (vivamente.) ¡ Ah! lo prin- 
cipal se me olvidaba. No mandes por ahora 
esas cartas. 

MARIA 

jOh, CUántO me alegro! (Las saca del bolsillo.) 
DON PEDRO 

Es que... he pensado... Se mandará sólo 

Una. (Toma las cartas y escoge una entro ellas.) 

Esta: la reproduces, variando el nombre*,. 

MARÍA 

(Suspensa.) ¿Y qué nombre se ; •> 



82 

DON PEDRO 

El do nuestro amable y simpático veci- 
ro... 

MARIA 

(Con gran asombro.) ¡El de la cara negra! 

DON PEDRO 

Verás cómo ese no me desaira. 

MARIA 

(con ansiedad.) ¿Pero qué piensas?... ¿Cuál es 
tu plan? ¿Cómo te atreves á solicitar...? ¡Y 
si luego...! ¡Explícame, papá, por Dios...! 

DON PEDRO 

(Con gran confusión en su mente.) ¡Nopuedo ex- 
plicártelo! ... Siento en mi cabeza un desva- 
necimiento, una debilidad... Principio de 
anemia, por causa de la alimentación in- 
suficiente. 

MARIA 

¡Oh! 

DON PEDRO 

¿Mandarás la carta? (María permanece muda, 
•n profunda meditación. Pansa.) Contéstame- 



83 



MARIA 

(Con resolución animosa, alzando la cabeza.) Sí* 
FILOMENA 

(En ia puerta de la derecha.) ¿Pero no venís á 
comer? 

DON PEDRO 

Sí... ¡tengo Un apetito...! (Dirígese á la puer- 
ta. María permanece inmóvil, meditabunda.) 

FILOMENA 

(A María.) ¿Y tú, Mariucha?... ¿qué haces, 
qué piensas? 

MARÍA 

Nada. (Impetuosa, después que les ve alujarse.) 

¡La muerte, Señor, dame la muerte, 6 en- 
séñame cómo hemos de vivir! 



IW DEL ACTO PBIMBB0 



ACTO SECUNDO 



Crujía baja del palio claustrado eu el palacio de Alto- 
Rey. Todos los huecos de la galería están cubiertos 
de cristalería antigua emplomada, á excepción del 
más próximo á la derecha, que es entrada de una 
glorieta cerrada, en su parte interior, por enrejado 
cubierto de enredaderas. Dicha glorieta se supone 
hecha para ocultar aquel lado del claustro que está 
en ruinas, Al extremo derecho de la galería está el 
arranque de la escalera que conduce á las habitado* 
ues altas de los Marqueses; al izquierdo puerta prac- 
ticable por la cual se sale al centro del patio y á la 
calle. 

En la caja de la izquierda, puerta y reja del almacén 

de carbón. 

Bancos de piedra animados á los cristales. Es prime- 
ra hora de la noche. Claridad viva de luna llena lia- 
mi na la glorieta y arranque de la escalera, y la per* 
ta derecha del escenario. 

BSGENA PRIMERA 

¿¿&J&, CIEI&A. w aatea por la tequiad». 2#éa «•» la «m 
lavada* 

LEÓN 



|Está usted segura de lo qm dfoef Bapf* 



86 



diuu 

¿Otra vez? 

LEÓN 

Es tan extraordinario, tan fuera de lo co- 
. mún, el mensaje traído por usted, que... Oí- 
do ya tres veces, no me determint á creerlo* 

CIRILA 

Pues á la cuarta va la vencida. Mi seño- 
rita, la señorita María, hija de los señores 
Marqueses de Alto-Rey... ¿Duda usted de 
que exista mi señorita? 

LEÓN 

No puedo dudar de lo que he visto. Lo que 
audo es que... 

CIRILA 

¿No se llama usted León, don León ó el 
señor León? ¿No tiene la cara negra? 

LEÓN 

Ya me he lavado... Míreme bien, 1 

CIRILA 

Buen : es usted el sujeto con quien ha- 
blar desea. 



87 



lEÓN 

¿Aquí? 

CIRILA 

La señorita irá esta noche á esa gran fies- 
ta en casa de... 

LEÓN 

Ya... 

CIRILA 

Mis amos, para que la señora Alcaldesa 
no se moleste en venir á buscarla, han de- 
terminado que yo la lleve a casa de la seño- 
ra Alcaldesa... ahí enfrente... La señorita 
baja conmigo... la espera usted... Por aquí, 
según veo, no pasa á estas horas un alma..,. 

LEÓN 

Nadie-. El Juzgado municipal está cerrado 
de noche. 

CIRILA 

Hablan la señorita y usted... delante de 
mí... 

LEÓN 

Hablamos... hablará ella, y me dirá... 
Perdone usted: esta confusión y estas dud&$ 



88 



mías provienen de la obscuridad y del acen- 
to turbado con que usted se expresa. Usted 
entró en mi casa diciendo que traía una car- 
ta para mí... Después... 

CIRILA 

(Interrumpiéndole.) Porque la señorita me 
dió la carta para el señor León, y apenas la 
puso en mis manos, me la arrebató dicién- 
dome: "No, no: nada de carta. Aunque es 
muy penosa esta declaración hablada, pre- 
fiero... „ (Sintiendo rumor ea la escalera.) ¡Ah! ya 
viene, (María desciende cautelosa, aplicando el okío, 
mirando á todos lados. Detiónese á cada peldaño, coa 
temor y ansiedad. Viene vestida para la fiesta noctur- 
na, con traje de extraordinaria elegancia y riqueza. 
Sombrero; abrigo de verano. La luna llena ilumina la 
hermosa figura.) 

ESCENA II 

LEON, CIRILA, MARÍA. 
MARIA 

Aquí está... Me espera. (Parada en el primer 
peldaño, temerosa.) ¡Oh! no me atrevo... le diré 
que se vaya, que me equivoqué... Es n^e- 
dad, locura... 



89 



CIRILA 



(Se acerca á ella, secreteando.) Te aguarda*,* 

¿Qué... temes? 

MARIA 

(Rehaciéndose.) ¡Ay, sí!... Pero más que mi 
miedo podrá el tesón del alma mía. Lo que 
resolví después de mucho meditar, debe ha- 
cerse, se hará... Inspíreme Dios y fortaléz- 
came. Cirila, tú te sientas aquí para avisar- 
me si alguien de casa... 

CIRILA 

Sí, sí: yo estaré al cuidado... (Se sienta eo el 

primer peldaño.) 

MARIA 

(Aparte, avanzando.) Es bueno, es generoso... 
Nos atenderá.. . Con esta esperanza me aven- 
turo... 

LEON 

(Respetuoso.) Señorita... estoy á sus órde- 
nes» 

MARIA 

Gracias... Si me he permitido molestar- 
le... (Aparte.) No sé cómo empezar. Estudié 



90 



un principio muy oportuno... y ya se me ha 

ido de Ja memoria... 

LEON 

Para mí es grande honor... 

MARIA 

(Aparte recordando.) ¡ Ah! ya... (Alto.) Pues mi 

padre... (Aparte.) No era esto... (Alto.) Mi her- 
mano.. • 

LEON 

Su hermano de usted hizo esta mañana 
un reconocimiento minucioso de mi fisono- 
mía. Le estorbaba un poco la máscara dt 
carbón que llevaba yo entonces... 

MARIA 

Signo, emblema de un trabajo honrado. 
(Aparte.) Me parece que voy bien. Debo ga- 
narme su voluntad. (Alto.) Mi hermano cre- 
yó ver en su cara de usted cierto parecido 
con un muchacho de Madrid... un mala ca- 
beza, que dió mil escándalos y cometió... no 
sé qué diabluras... Realmente no existe se- 
mejanza. 

LEON 

¿Que no existe semejanza? ¿Y usted lo 
afirma? 



8* 



MARTA 

(Principiando á sospechar, mirándole atenta.) Sí... 

yo... conocí al tal. Verdad que no recuerdo 
bien su fisonomía. Por eso dije luego: "No 
es aquél, Cesáreo; es otro „ 

LEON 

Su hermano de usted, creyendo ver en 
esta cara facciones conocidas, estaba en lo 
cierto. Soy Antonio Sanfelices. 

MARIA 

(Retrocediendo asustada.) ¡Oh, DÍOS mío! ÜS 

íed... Perdóneme si he dicho... (Aparte.) ¡Ay* 
ahora la he hecho buena. 

LEON 

No tengo por qué perdonarla. Sosiégúese 
usted. 

MARIA 

No haga usted caso. . . Juzgando por lo que 
oí, dije... 

LEON 

¡Si ha estado usted excesivamente benigna 
en la calificación de mis actos! Diabluras ha 
dicho. Fué algo más... Si quiere usted ate- 



9? 

miar mis faltas, diga: complicidad irreflexi- 
va en delitos graves. 

MARIA 

(Asustada.) ¡ Ay, Dios mío! Yo no digo nada, 
ni sé nada de eso... Y no tema que yo le de- 
late, ni que descubra su verdadero nombre. 

LttON 

En realidad, no tengo ya por qué ocultar- 
lo. León es mi segundo nombre de pila. Lo 
adopté como primero en los días más ho- 
rrendos de mi vida, cuando, abandonado por 
unos, de otros perseguido, me vi solo, enea- 
donado á mi conciencia, frente al mundo 
inmenso, que me pareció el conjunto de to- 
das las iras contra mí. Hoy conservo este 
nombre porque en él veo la forma bautismal 
de mi regeneración. IMed, con divina pers- 
picacia, acertaba cuando dijo: "No es aquél, 
Cesáreo; es otro.* 

MAMA 

(Reflexiva.^ Bs USted otro. 

LEON 

El hombre lleva en sí todos los elementos 
del bien y del maL Excelentes personas han 



•3 

caído en la peraicion; santos hay qm fueron 
perversos. 

MARIA 

Si es usted de estos últimos, déjeme qm 
le admire. 

LEON 

Merezco quizás el respeta de usted; admi* 
ración, n©. 

MARÍA 

La desgracia, tal vez la miseria, le han 
obligado á luchar; la- lucha le ha redimido: 
jno es aso? 

LEON 

Criado fui en la holganza.., Puedo decir 
que no tuve padres, porque murieron dejan- 
dome muy niño. Hombre ya, heredé una 
y fortuna, que vino á mis manos cuando la 
I compañía de amigos, peores que yo, me ha- 
bía educado ya en los vicios de la disipación 
y el juego, en el menosprecio de toda recti- 
tud,.. Corrí desvanecido por el mundo, cie- 
go y desmandado. Este vértigo, este correr 
loco, forzosamente habían de precipitarme al 
abismo. Mis amigos iban delante, más cie- 
gos que yo. Si el dinero nos faltaba, ¡qué 
arbitrios, qué combinaciones depravadas 

i 



94 



para procurárnoslo! Por fin, la escasez^nos 
an astró á la desesperación, la desesperación 
á La ^gnomoia, ésta al escándalo, y el es- 
cándalo nos estrelló contra la justicia, y 
nuestros nombres fueron oprobio de fami- 
lias respetables. 

MARIA 

(Con estupor candoroso.) ¡ Jesús! ¿Y por qué, 

dígame, por qué fué usted tan malo? 

LEON 

Oigame, señorita, y vea toda mi maldad. 
Un compañero mío de aquellas locuras dis- 
currió... poner en un documento de crédito 
una firma que no era la suya. (Movimiento de 

reprobación en María; protesta viva de León con mi 

rada y gesto.) Yo no lo hice... me repugnaba. 
Mi complicidad consistió en que pude evitar 
el fraude, y no lo evité... por el provecho 
momentáneo que de él tuve. Mi aturdimien- 
to fué causa de que el menos culpable, yo, 
apareciese más recargado de responsabili- 
dad, y... 

MARIA 

(vivamente.) De todo eso tengo yo una idea 
vaga... En Madrid, por unos días, no se ha- 



bló de otra cosa. Su tío de usted, el Marqués 
de Tarfe... 

LEON 

Mi tío, que hasta entonces no se había 
cuidado de mí, se mostró grande, generoso 
y justiciero ante la deshonra que yo arrojé 
sobre la familia. Con su dinero fué cancela- 
do el infamante documento; por gestión 
suya fué sobreseída la causa que se nos for- 
mó; y tratándome con severidad cruel, no 
tan cruel como yo merecía, me dió lo preci- 
so para irme á Cádiz, donde un amigo suyo 
tenía el encargo de embarcarme para Ame- 
rica. 

MARIA. 

Eso entendí... que se había ido usted á 
Montevideo, al Brasil, no sé... Siga. 

LEON 

Pero estoy importunando á usted con mi 
triste historia, impidiéndole... 

MARIA 

(Vivameute.) No: si eso me interesa más que 
nada. Cuente,.. Se embarcó usted... 



n 

LEON 

A embarcarme iba; pero en el camino caí 
enfermo, y en mi enfermedad y en mante- 
nerme gasté el dinero que llevaba. Solo, 
vagabundo, sin más amparo que el Cielo 
arriba, mucha tierra por delante, entré en re- 
laciones con mi conciencia, y empecé á creer 
que un hombre nuevo alentaba en raí. 

MARIA 

(Con intensa curiosidad.) ¿Pero CÓmO vivía, 

cómo pudo arreglarse? Cuénteme esa parte 
de su historia.... 

LEON 

¿Le agrada á usted? 

MARIA 

Es muy bonita.,, digo, es la más itóteia» 
san te... 

LEON 

Y la más terrible. No podrá usted, con to- 
dos los atrevimientos de su imaginación, re- 
construir las torturas mías, la fatiga inmen- 
sa, el angustioso via crucis tras la caridad 
pública, la miseria, los ultrajes.,, Pero todo 



esto era necesario para que naciese el hom- 
bre nuevo, y allí nació, en aquel vivir dolo- 
roso... 

MARIA 

Refiérame todo, sin omitir nada. (Se sienta 

en el banco de piedra, y escucha poniendo toda su 
alma en el relato.) 

LEON 

Pues mire usted, ni aun en los trances de 
mayor desesperación me decidí á quitarme 
la vida. 

MARIA 

¿No pensó usted en suicidarse? 

LEtN 

Sí pensé alguna vez; pero en el momento 
de consumarlo, me detenía... Me daba lásti- 
ma de matar al hombre nuevo... Me parecía 
que mataba á un niño. 

MARIA 

(ídentiíieándose con la idea.) Sí, SÍ: lo com- 
prendo, lo siento yo... Siga. 

LEéN 

Sin norte ni rumbo, yo atravesaba sierras, 
valles, estepas... Caridad encontré en al- 



93 

prunos lugares; en otros desprecio, palos, 
burlas... 

MARIA 

(Compadecida.) |Ay, qué hambres pasaría, 
pobrecito! 

LEON 

He recogido sobras de las cocinas más mi« 
serables; los pastores me han dado á reba- 
ñar sus sartenes. 

MARÍA 

Y andando, andando siempre, con su crua 
á cuestas. 

T EON 

Con mi cruz... y con mi conciencia, que 

ya no me ponía cara muy adusta. 

MARÍA 

Ya le sonreía, le alentaba... Y usted siem- 
pre adelante. 

LEON 

Hasta que llegué á las minas de Somon- 
te. Allí pedí trabajo. Meló prometieron... 
Entre tanto, ayudaba á los carreteros á car- 
gar carbón. 



09 



MARIA 

Y así vivía,.. 

LEON 

Allí tuve el primer dinero ganado por mí; 
tpero con qué trabajos!... Un día se murió 
ie viejo un pobre borrico que trabajaba con 
un carro pequeño. Yo lo sustituí. 

MARÍA 

¡Jesús! 

LEON 

Y tirando de mi cargamento, aquí lo traje. 
Fué la primera vez que entré en Agraman- 
te... Volví á la mina. Un secreto instinto, 
algo como una naciente vocación del hom- 
bre nuevo, movía mi voluntad, movía mis 
manos á una ocupación que era mi mayor 
gusto... Cuando los carros se ponían en ca- 
mino, yo recogía los pedacitos de carbón que 
caían al suelo. Recogiendo y acopiando toda 
aquella miseria esparcida, llenaba yo una 
cesta de carbón, que vendía luego en los 
pueblos próximos... 

MARÍA 

(Maravillada.) ¡Oh, qué paciencia, Dios mío! 



400 



LEÓN 

En mi afán de llenar la cesta, yo no me 
contentaba con recoger los pedacitos: quería 
recoger hasta los átomos... 

MARÍA 

(Identificándose con la idea.) jLos átomos! E» 

lo que yo digo: cuando pasa un átomo, co- 
gerlo... 

LEÓN 

En esto, yo había escrito á mi tío expli- 
cándole mi deplorable situación: yo estaba 
descalzo, harapiento. Por toda respuesta, 
me mandó á esta villa tres cajas en peque* 
ña velocidad, porte pagado. En ellas venífc 
toda mi ropa. 

MARÍA 

¡Oh, qué bien! Por lo menos, se remedió 
usted de su mayor falta. ¿Y qué hizo enton- 
ces? ¿Se puso usted su ropita y...? 

LEÓN 

No, señorita. ¿De qué me servía todo 
aquel matalotaje tan impropio de mi estado 
mísero? Salvo algunas prendas y el calzado 
más cómodo, vendí toda mi ropa. 



401 

MARÍA 

¡Oh, qué feliz idea!... La ropa elegante.,. 

LEÓN 

La vendí por lo que quisieron darme. ¿Y 
qué hice? Me fui á la mina y compré cuatro 
toneladas de carbón. 

MARTA 

(Animándose, se levanta.) ¡Bravísimo, señor 
hombre nuevot 

LEÓN 

Pagué mi carbón á toca- teja: lo traje acá, 
parte en carro, parte en un borrico, y algo 
también á hombros, en una cesta... 

MARÍA 

Y lo vendió y ganó dinero. 

LEÓN 

Antes de veinte días pude comprar wbl 
cano. 

MARÍA 

gozosa.) Ya veo, ya veo... Se le revelaba á 
usted un mundo. 



402 



LEÓN 

Me sentía poseedor de cualidades nuevas, 
de ideas nuevas, de nuevas aptitudes.. . 
Buscaba en mí, por curiosidad, al hombre 
antiguo, y no lo encontraba. Aquí de la ex- 
presión de usted, que me llega al alma: "No 
es aquél, Cesáreo; esotro.» 

MARÍA 

Su historia, señor mío, me conmueve, 
me anonada. La veo no menos maravillosa 
que las vidas de santos y que las empresas 
de los conquistadores más atrevidas . Lo 
demás... 

LEON 

Lo demás apenas necesita explicaciones: 
honradez intachable; trabajo continuo no- 
che y día; diligencia, prontitud, buena fe; 
cumplimiento exacto, infalible, de todo com- 
promiso comercial... conciencia tranquila, 
robustez, salud... 

MARIA 

(Suspira hondamente.) ¡Cuántos bienes deS- 

pués de tanta adversidad! 



LEON 

Y ahora, señorita, desenmascarado abso- 
lutamente el vecino negro, dígame usted en 
qué puedo servirla. 

MARÍA 

(Aparte.) Después de oirle, siento más ver- 
güenza que antes. (Alto.) No soy digna de 
acercarme á usted con la pretensión de... 
No, no puedo decirlo... Usted ha turbado 
mis ideas... Yo le creía un nombre, infe- 
rior... y ahora es usted tan grande que casi 

110 me atrevo á mirarle. (Inquieto, recorre la es- 
cena.) ¡Oh! no, imposible. Debo retirarme. 

(Llamando en voz baja.) Cirila. (Acude ésta á sd 

lado.) ¡No me atrevo; siento una vergüen- 
za...! 

CIRILA 

En casa no duermen. Tu papá se pasea de 
sala en sala. Debemos irnos. 

MARIA 

(Dudando.) No, no: aguarda... ¡Dios mío, 
qué ansiedad! 

LEON 

Estamos solos, señorita. Puede explicar- 
me... 



104 



MARIA 

No, no, León: me falta valor. Soy una 
pobre señorita mal educada, incapaz de re- 
solver cosa alguna... Lo que yo pretendía, 
lo que me impulsó á llamarle, es algo que á 
sus ojos me rebajaría, y yo no quiero reba- 
jarme á los ojos de usted, de quien ha sabi- 
do ser creador de sí mismo. Hágase usted 
cuenta de que no le llamé, de que no nos he- 
mos visto, y retírese... Le suplico que se 
retire. 

LEON 

(Coa calma, que encubre una calculada expacta^ 
cíóq y deseos de penetrar en las ideas de María.) 

Bien, señorita, en ese caso... (con gran lenti- 
tud.) Si es deseo de usted que me retire... 
poniéndome siempre á sus órdenes... (Se va 

retirando muy despacio, parándose y volviendo la 

cabeza) me retiraré. 

MARIA, 

(Con súbito arranque.) León. (Aparte á Cirila.) 

Sí, sí: lo diré... es preciso. Me volvería loca 
si no lo dijese. Ello es ridículo, humillante; 
¿pero qué importa? (Alto.) Usted comprende- 
rá que no es por mí... que obligada me veo 



«05 



por... Hay duras necesidades... que abru- 
man... 

CIRILA 

(Aparte á María.) Angel, dilo pronto, en dos 
palabras, para que acabe tu agonía. 

MARÍA 

(Con gran esfuerzo.) Mi padre, mi familia... 

LEON 

Yo haré menos violenta esa manifestación, 
anticipándome... 

MARIA 

Sí... hable usted por mí... 

LEON 

El Marqués se halla en situación preca- 
ria... Lo sé: he visto alguna carta dirigida 
por el señor Marqués á personas de la villa... 

MARIA 

¡Oh, qué vergüenza! (Premiosa, trémula.) Mi 
padre me ordenó que escribiese á usted una 
de esas cartas... la escribí... Luego me pa- 
reció, nándole á usted tan humilde, que de 
palabra*.*., sería mejor... Perdone usted mi 
atrevimiento. Mi padre es bueno; sólo que 



106 



el pobre cito sueña con engrandecimientesy 
regeneraciones que no vienen, que no $ ven- 
drán... Es bueno, y mi madre una excelen- 
te señora, y mis hermanitos... (sollozando) 
son muy buenos también... están... en el 
colegio... Tenga compasión de nosotros... 
En mi casa se ha llegado á una situación 
tan... no sé cómo decirlo... tal vez usted no 
lo crea. (Más ahogado el sollozo.) Yo procuro 
oculta^ á mi padre la terrible verdad de 
nuestra miseria. Yo sola la sé, yo y Cirila, 
que más que mi criada, es mi amiga. Los 
demás viven en un mundo de ilusiones, de 
mentiras... Mi hermano los mantiene en el 
engaño... Nos hundimos; rodamos al preci- 
picio, á la abyección... Esto lo veo yo... lo 
veo... pero no puedo remediarlo, no sé re- 
mediarlo... no Sé, no Sé... (Rompe en llanto. Ci- 
rila llora también en silencio.) 

LEON 

Es en usted mérito grande ver la situa- 
ción en su realidad terrible, mirarla cara á 
cara... 

MARIA 

(Más serena.) Sí, señor... la miro... cara á 
cara. 



107 



LEON 

Heroína es usted, y está llamada á entrar 
en batalla con las mayores desdichas... Pero 
usted tiene un corazón grande, un corazón 
valiente, ¿verdad? 

MARIA 

Quiero tenerlo. 

LEON 

Usted no se acobarda ante ningún obs- 
táculo. 

MARIA 

No. (Secándose las lágrimas, animosa.) 
LEON 

Y posee entereza bastante para permane- 
cer serena ante un contratiempo, ante un 
golpe de adversidad... como el que yo voy á 
darle en este momento. 

MARIA 

(Aterrada.) ¡Usted... un golpel 

LEON 

Diciéndole, como le digo, que no puedo 

SOCOrrer á SU familia. (María permanece en muda 



108 



evitación.) No podré esta noche, ni maña- 
na... ni en algunos días podré. 

MARIA 

(Aparte consternada.) ¡Humillación, espanto- 
sa ridiculez! (Llévase las manos al rostro.) 

LEON 

j Cuánto me aflige mi negativa, sólo Dios 

lo sabe! (Decidiéndose á presentar el asunto en sa 
realidad descarnada.) Pero á Una persona tan 

inteligente debo yo completa sinceridad... 
Suprimo las explicaciones sentimentales de 
mi conducta, y daré á usted tan sólo las que 

deben hablar á SU razón. (María continúa expre- 
sando el trastorno de su desengaño.) Haceun mes, 

viendo claro un desarrollo grande de mi 
tráfico, hice á la mina un pedido de consi 
deración. El nuevo ferrocarril me trajo seis 
vagones, luego ocho, luego más. He coloca- 
do ya la mayor parte... Mañana, 10, es el 
día fatal, el vencimiento de las obligaciones 
que contraje. Gracias á mi puntualidad, 
tengo crédito en la Compañía Minera. La 
falta de pago me hundiría, me haría perder 
en un instante la reputación mercantil ad- 
quirida con ímprobo trabajo y privaciones 
de que usted no puede tener idea. 



10» 

MARIA 

(Atónita, pero identificándose con las ideas de 
León.) Sí, sí: ya entiendo, 

LEON 

Allí (Señalando á sn casa) tengo apilada, bi- 
llete sobre billete, duro sobre duro, la can- 
tidad que he de pagar mañana. No me ha 
sobrado nada. ¿Quiere usted que le traiga la 
suma que allí espera... para el pago de una 
deuda sagrada y para la sanción de mi cré- 
dito? (Pausa.) 

MARIA 

(Después de una vacilación momentánea, dice con 
voz firme:) No. 

LEON 

Es usted fuerte, animosa. (Gozoso.) Veo 
que si yo soy de hierro, usted también. 

MARIA 

¿Yo? (Con grave acento y convicción.) Si Dios 

me concede lo que le pido, el bronce será 
menos fuerte que yo, y el acero menos tem- 
plado. 

LEON 



¡Mujer grandel 



no 

MARIA 

Mujer... del tamaño de los acontecimien- 
tos, considero muy bien las razones que us- 
ted me da para... En fin, que no desmerez- 
ca yo á sus ojos; que no me crea... no sé qué 
iba á decir.*, y procure usted olvidar esta 
entrevista... 

LEON 

Eso nunca. Espero que, en un día próxi- 
mo, podré ser menos cruel que he sido esta 

noche. 

MARIA 

(Turbada.) Gracias, infinitas gracias. Retí- 
rese usted... Tiene ocupaciones... Yo tam- 
bién. 

LEON 

Sí... debo retirarme. (Le hace reverencia. Alé- 
jase lentamente; la contempla á distancia. Aparte.) 

¡Dura lección es ésta!... ¡Terrible lección! 
Aprovéchala. (Continúa observándola. Acércase 
Cirila de juevo á María, con ánimo de consolarla.) 

Desdichada víctima social, lucha, padece y 

Vencerás. (Entra en su casa.) 



4tf 



ESCENA III 

MAlUA, CIRILA; después VICENTA» 
CIRILA 

Niña del alma, no te acobardes. Poco ama- 
ble y nada generoso ha estado el vecino. 
Probaremos con otros. (Saca la carta.) Con va- 
riar el nombre... 

MARIA 

(Vivamente, mirando á la parte obscura de la es- 
cena por donde ha desaparecido León, arrebata á Ci- 
rila la carta y la estruja.) Acábese esta ignomi- 
nia. (Rompe ia carta y arroja los pedazos. Aparece 
Vicenta por la puerta del patio. Viste traje para la 

fiesta.) Su proceder duro, casi bárbaro, es 
para mí un aviso del Cielo. Admiro en ese 
hombre la severidad de un maestro infle- 
xible. 

VICENTA ? 

(Apar**.) I Aquí María!... ¡y qué elegante!,.. 

CIKÍLA 

La señora Alcaldesa. 



149 
MARIA 

(Aparte á Cirila.) Apártate... Vigila en la es- 
calera. (Cirila so aleja por la derecha, cautelosa, y 
•guarda sentada eu el primer peldaño.) 

ESCENA IV 

MARIA, VICENTA. 
VICENTA 

¡María... querida! Usted, impaciente por 
mi tardanza, ha bajado á esperarme. 

MARIA 

Sí: esperaba á usted... 

VICENTA 

Vengo retrasada. Cosiendo hasta muy tar- 
de hemos estado mi hermana y yo con el 
dichoso arreglo. (Mostrando su vestido.) Yo que- 
ría que lo viese su mamá. 

MARIA 

Mamá se acuesta muy temprano. 

VICENTA 

(Girando sobre sí.) ¿Qué tal estay?... 



413 

MARIA 

(Riendo.) ¡Horrible! No podía usted discu- 
rrir un arreglo más desatinado. 

VICENTA 

¡Oh, qué pena me da usted!... Pero ya no 
tiene remedio... Vámonos. 

MARÍA 

No: yo no voy. Después de vestida, deci- 
do no ir. 

VICENTA 

Entonces, ¿qué hacía usted aquí? 

MARIA 

Salíamos... (Sin saber qué decir.) IbaiüOS á 

casa de usted para que me viese... 

VICENTA 

(Deslumbrada por la elegancia y riqueza del a tarto 

de María.) ¡Oh, suprema elegancia! Está us- 
ted divina, ideal. 

MARIA 

Vea *jsted, Vicenta: confín traje como 
éste debiera usted presentarse esta noche en 
los jardines de Teodolinda, iluminados a 



414 



piorno. Una toilette así es lo que á usted le 
corresponde, por su posición, por su natural 
elegancia y belleza... y no ese adefesio ba- 
rato, que va pregonando las hechuras ^de 
casa y el aprovechamiento de trapitos. (Bur- 
lándose.) ¡Pobre amiga mía! No puede usted 
imaginar qué lástima le tengo. 

VICENTA 

(Consternada.) No me lo diga usted niás f 
porque hago lo que usted: no ir, 

MARIA 

(Viramente.) No, no, Vicenta. Usted no 
puede faltar. ¡Qué se diría! No, no... De iíír< 
guna manera.., 

VICENTA 

¡Vaya que es desdicha! No tan bueno co» 
mo ese, pero elegantísimo también y de 
gran novedad, es el vestido que yo encar- 
gué. (Furiosa.) ¡Ay ? qué bribona de modista; 
ara cosa de arrastrarla! ... 

HARIA 

(imitando si furia.) De sacarle los ojos. Sf, 
porque con su informalidad la pone i usted 
en un ridículo espantoso. Yo lo siento tanto 
oomo usted, y estoy pensando que... (Pausa.) 



un 



VICENTA 

(Con gran ansiedad, reparando en todas las partea 
4el hermoso vestido.) ¿Qué, hija mía? 

MARIA 

(Gozando coo la ansiedad de Vicenta.) Pienso». • 

que con esta traje estaría usted encantado- 
ra, Vicenta. 

VICENTA 

{Oh, sí...! 

MARIA 

¡Y qué golpe daría usted si con II se pre- 
sentara en el baile! Usted imagínese la graí*- 
diosa decoración del parque y jardines... los 
focos eléctricos, que darán á las mujeres bien 
vestidas un aspecto ideal, fantástico... y por 
fondo el follaje verde, salpicado de loeeci- 
tas... 

VICENTA 

(Entusiasmada.) ¡Oh, incomparable! Cree- 
rían que es el vestido que encargué á Ma- 
drid... María, amiga del alma, ¿es cierto 
lo que sospecho? Me dice el corazón que us- 
ted, con su generosidad sin ejemplo, se dig- 
na^ prestarme... (María hace signos afirmativos, 
lentamente.) ¡Oh, qué alegría! ¿Con que...? 



446 

MARIA 

(Empezando á ponerse grave.) Hay algún ift* 

conveniente. 

VICENTA 

¿Cuál? 

MARIA 

Yo le prestaría á usted con mucho gusto 
mi traje... pero... si luego me lo ven á mí, 
¡qué dirán! 

VICENTA 

(Desconsolada.) ¡Ah, sí...! no había caído... 

MARIA 

No debo prestar á usted mi vestida, no... 
Pero... por otro medio podría lucirlo. (Pa*ü*&, 

expectación de Vicenta.) 

VICENTA 

¿Cómo? 

MARIA 

Comprándolo. 

VICENTA 

(Asustada, cruzando las manos.) ¡María! 



147 

MARÍA 

Vendo esta ropa, que es absurda, irriso- 
ria, en la humilde situación á que ha llega- 
do mi familia. Mi padre es pobre, tan pobre 
que no* lo son más los que mendigan en las 
calles. Ya no hay forma de disimular ni en- 
cubrir nuestra descarnada miseria... 

VICENTA 

(Compadecida.) ¡Pobre amiga de mi alma! 
{Qué pena!... Sí: compro el vestido... com- 
pro todo: traje, sombrero, abrigo... Pero ello 
ha de ser para ponérmelo y lucirlo esta 
noche. 

MARIA 

Tiene usted tiempo 

VICENTA 

(Coa gran impaciencia.) Pero no podemos des- 
cuidarnos. 

MARIA 

Espérese nn poco. Aún tenemos que esti- 
pular... 

VICENTA 

Naturalmente, el precio. 



118 



MARIA 

Que no puede ser corto. Usted, señora 
rica y de buen gusto, puede apreciar... Pí- 
fese bien: este traje es de Redfern, el primer 
^modisto de París... 

VICENTA 

Ya se conoce. 

MARIA 

Rué de Bivoli, 242. Viste á la Emptratri* 
de Rusia y á la Reina de Inglaterra* 

VICENTA 

Y será carísimo. 

MARIA 

Usted figúrese... lis padres encargaron 
y pagaron estos hyosos trapos dos meses há, 
cuando ya eran ppb ps, casi miserables. La 
que ellos dieron en onces á la vanidad, jus- 
to es que la vanidad se lo devuelva. 

VICENTA 

Amiga mía, me hago cargo de las circuns- 
tancias, y sé que me obligan á ser generosa. 
Pije usted un valor razonable, teniendo en 
cuenta que es prenda usada, y no regatea- 



419 

remos. (Impaciente porqae María se quite el vestido.) 

Y ahora... Porque los instantes vuelan, Ma- 
ría. El precio y pago lo arreglaremos ma- 
ñana. 

MARIA 

Perdone usted, Vicenta. Los malditos 
mañanas, causa de tantos desórdenes, están 
abolidos... 

VICENTA 

¿Por quién? 

MARIA 

Por mí. Me propongo cambiar radical- 
mente mi modo de ser. Ya no soy aquélla, 
soy otra. La gravedad, la urgencia del caso 
exigen que esta noche quede todo resuelto y 
concluido: la entrega de la ropa, el pago, 
etc. No he de ser exigente. De lo que cos- 
taron á mi padre este rico traje y sus acce- 
sorios... ya usted ve: todo nuevecito... sólo 
una vez me lo puse en Madrid,... rebajo la 
mitad. 

VICENTA 

Bien. 

MARIA 

Si usted quiere lucirlo esta noche hacién- 
dolo pasar por el que encargó á Madrid» tie» 
ne que darme... 



120 



VICKNTA 

¿Cuánto? 

MARIA 

(Con energía.) No mañana, mañana no, esta 
noche misma, ahora, corra usted á su casa t 
que está bien cerca, dos pasos, y tráigame... 
cuatrocientos duros. 

VICENTA 

(Confusa, sin saber qué hacer.) Pero... Verá U8- 

ted... el caso es que esta noche... Natural- 
mente, no voy á decirle á Nicolás... Quizás 
se opondría. 

MARIA 

Pues entonces, no hay trato. 

VICENTA 

Mañana, amiga mía,.. ma.„. 

MARIA 

(Cortándole el concepto.) No hay amfgUÍtas, 

ni carantoñas, ni mañanas, ni nada de eso* 
¿No sabe usted que soy de bronce? 

VICENTA 

ía lo veo, ya... Pero... No sé cómo arre- 
glarlo... (Con una idea salvadora.) ¡Ah! Si usted 



m 

se aviere á recibir esta noche la mitad, un 
poquito menos... Sin enterar á Nicolás ni á 
nadie, puedo disponer ahora mismo de unas 
novecientas pesetas. 

MARIA 

Acepto, siempre que usted me dé formal 
promesa de entregarme el resto antes de las 
veinticuatro horas... mil cien pesetas. 

VICENTA 

Justas y cabales. Pero no perdamos tiem- 
po... Corro á casa... Nicolás, á quien dije 
q[ue iríamos juntas, ya está allá. Luego le 
diré: "¿no sabes? llegó el vestido...,, Y ma- 
ñana le cuento... En fin, yo lo arreglaré... 
tardaré tres minutos... Que cuando yo ven- 
ga, esté usted despojada... ¿Subiré á su 
casa? 

MARÍA 

No: espéreme aquí. (Se quita el abrigo y som- 
brero.) 

VICENTA 

A prisita, á prisita, para que yo tenga 
tiempo... (Vase corriendo por ei patio.) 



ESCENA V 

11 AHI A, CIRILA; después DON PEDRO, iftfttafc 

CIRILA 

(Deteniendo á María que se dirige á la escalera, lle- 
vando en la mano sombrero y abrigo.) No subas: 
tu papá, inquieto y desvelado, con el torbe- 
llino de sus ilusiones, no hace más que pa- 
sear por toda la casa, y á ratos sale á la ga- 
lería alta. 

MARÍA 

(Indicando la glorieta, junto á la escalera.) Pues 
aquí mismo. (Entrega á Cirila el abrigo, el sombre- 
ro.) Sube corriendo y traeme un peignair. Si 
te preguntan... di... cualquier cosa, que lo 
piden la Alcaldesa y su hermana para mo- 
delo. 

CIRILA 

Voy. (Presurosa sube á la casa.) 

MARÍA 

(Sola desabrochándose.) ¡Qué agradecida es- 
toy á ese hombre! Su negativa me ha puesto 
en el verdadero camino. (Oyese la voz de Don 
Pedro, que en la galería alta llama.) 



DON PEDH9 

{Cirila, Cirila! 

MAMA 

(Con toz muy queda, gozosa.) Sefíor Marqués, 

•eñor papaíto, ya tenemos dinero. 

DON PEDRO 

¿Pero dónde se mete esa...? 

MARIA 

Y sin pedir nada á nadie. 

CIRILA 

(Baja rápidamente con la prenda pedida.) Aqüi 
está. (Señalando la galería alta hacia el fondo.) Ya 

se ha cansado de llamar; ya se ya. 

MARIA 

(Cogiendo el peignoir.) Dáme. (A Cirila qne fija la 
vfata en la reja y puerta de la casa de León.) ¿Qué 

miras? 

CIRILA 

Parecióme ver los ojos del hombre negro 
acechando tras de la reja. 



421 



MARIA 

Ilusión tuya. (Entra en la glorieta. Cirila le des- 
abrocha el vestido.) Nadie más que tú verá el 
nacimiento de la mujer nueva. (Goiosa.) Ci- 
rila, abrázame. 

CIRILA 

¿Estás contenta? 

MARIA 

¿No lo ves?... ¿No notas tú que el mundo 
todo se ha transformado? No, tú no lo no- 
tarás. 

CIRILA 

Es tu alegría. 

MARIA 

No: es el mundo que me sonríe y me di- 
ce: "Soy muy grande. Estoy lleno de teso- 
ros... Ven, toma para tí lo que encuentres, 
que no sea de los demás. Recoge todo," reco- 
ge los átomos... „ 

CIRILA 

Vaya, no delires tú ahora. (Ayudándola ¿ 

cambiar de ropa.) 



125 



MARIA 

(En la glorieta habrá un troco de follaje, tras ot 

«uní se* oculta María al desprenderse de la falda y 

cuerpo.) Es la sociedad que me dice: "Míra- 
me: no soy toda egoísmo, no soy toda vani- 
dad y mentiras. Estoy llena de virtudes: 
búscalas, y en ellas encontrarás la vida.» 

CIRILA 

Es tu ilusión de sustentar á la familia. 

MARIA 

Es Dios que me dice: "Soy la voluntad 
que hizo el mundo. A tí te di la existen- 
cia, y por redimirte sufrí martirio. Adóra- 
me Redentor y mártir... Adórame también 

Creador.» (Vuelve Vicenta presurosa por el fondo. 
Busca á María en el sitio donde la dejó. De la glorieta 
sale María completamente transformada.) 

ESCENA Vi 

MARIA, VICENTA, CIRILA. 
CIRILA 

Aquí, señora. 

VICENTA 

(Llega junto á María y le entrega los billetes*} 

Aquí está. Cuéntelo... 



42 i 
HARIA 

(Toma los billetes sin mirarlos.) Gracias, ami- 
ga mía. 

VICENTA 

¿Y cómo no ha sabido usted?... 

MARIA 

No conviene que se enteren. No pierda us- 
ted tiempo, Vicenta. 

VICENTA 

(Muy impaciente.) Sí: me vestiré al instante, 

(Recoge la ropa.) 

MARIA 

(Coge la mano de Vicenta y la retiene entreias sa« 

yas.) Ahora, júreme por la salud de sus hi- 
jos que me dará lo restante... 

VICENTA 

Antes de las veinticuatro horas. 

MAMA 

Júreme también que me guardará el se- 
creto. 



427 

VICSNTA 

Mi marido j mi hermana tienen que sa- 
berlo. 

MARÍA 

Pero nadie más... Júremelo. 

VICENTA 

Nadie más. Por la salud de mis hijos* 

MARÍA 

Bueno: adiós. ¿Lleva usted todo? 

CIRILA 

Cuerpo, falda... (Le va entregando ledo.) 
MARIA 

Sombrero, abrigo... 

VICENTA 

(Recogiendo todo cuidadosamente.) Está bien» 
MARIA 

Estará usted... 

VICENTA 

(Con entusiasmo.) ¡Oh, elegantísima! Adlís. 

Hasta mañana. (Vaso corriendo.) 



m 

CIRILA 

f Después de mirar por la escalera.) Podem^SSU* 

bir. Tu papá se ha retirado. Nos meteremos 
en mi cuarto. 

MARIA 

Sí. (Contemplándolos billetes.) Dinero de mí 
pobreza, ya estamos aquí frente á frente tú 
J yo... ¿Qué quieres decirme al venir á mí? 
Que desde que te inventaron los hombres 
eres muy malo, y que por malo te han pues» 
to innumerables motes injuriosos... que re» 
vuelves todo el mundo y originas infinitos 
desastres... ¡ Ah! ya veremos eso... Conmigo 
no juegas. ¡No sabes tú en qué manos has 
venido á parar!... ¿Serás bueno, eh?... Se- 
remos amigos. (Los besa y los guarda eu el seno.) 

CIRILA 

Vámonos ya. 

MARIA 

Un momento. (En el centro de la escena, rvelti 

kaeia la casa de León.) ¡Maestr®...! 

CIRILA 

No responde,. . No hay nadie* 



129 
MARIA 

HaWo con su espíritu, mujer. (Alzando más 

la voz y mirando siempre á la izquierda.) Ya HO BOJ 

aquélla... soy otra. 

CIRILA 

(Asustada.) Cállate, niña mía... 

MARIA 

No puedo. Déjame expresar mi alegría, 
mi gratitud... Maestro, buenas noches. (Diri* 

gese á la escalera con paso ligero.) 



FIN DEL AOTO SEGUHnO 



i 



ACTO TERCERO 

Sala baja en el palacio de Alto -Rey. En el fondo dos 
grandes rejas por las cuales se ve un patio con ár- 
boles separado de la calle por un muro bajo ó em- 
palizada. A la izquierda, puerta por donde entran 
los que vienen de la calle. A la derecha, puerta gran- 
de que comunica con el interior.— Mesa grande á la 
derecha, con cajón practicable; á la izquierda otra 
mesa sobre la cual hay piezas de puntilla y cajas de 
flores artificiales, pasamanería. Parte de estos obje- 
tos están á la vista, fuera de las cajas. Debajo de la 
mesa, más cajas. En el fondo grandes armarios an - 
tiguos, con puertas de nogal. En el ángulo de la de- 
recha un perchero con ropa de María. Esta, junto á 
la mesa de la derecha, de perfil al público, toma 
nota de existencias. Viste con elegante sencillez; se 
cubre con un largo delantal. Cirila está mirando á la 
calle por la reja. Óyese lejano rumor de pandereta* 
y cantea populares. 

ESCENA PRIMERA 

HABIA, CIRILA 
MARIA 

¿Pero qué bulla es esa? 

CIRILA 

^ Primer día de ferias. El pueblo quiero 

divertirse. (Dirígese á la mesa de la izquierda.) 



132 



MARIA 

Sigamos. De puntillas quedan.,, dos 
cajas... 

CIRILA 

(Contando piezas de puntilla.) DOS, y estas Cua- 
tro piezas. 

MARIA 

Lástima no haber traído más. 

CIRILA 

Inspirada fué tu invención de esta gran- 
jeria. Los tenderos de aquí traían un géne- 
ro anticuado, carísimo, y más falso que Ju- 
das... y tú, pidiéndolo directamente á la fá- 
brica y contentándote con una ganancia 
corta... 

MARIA 

(Atenta á sus notas.) Doscientas doce. (Haces* 

apuntación en pie.) 

CIRILA 

(Suspendiendo el trabajo.) ¿Sabes, mi ángel, 

que es una maravilla lo que has hecho? En 
poco más de dos meses... 



133 



MARIA 

Dos meses y algunos días desde aquella 
noche... Parece que fué ayer... 

CIRILA 

Cuando le vendiste á doña Vicenta tu 
ropa... ¡Ay, de rodillas debiera adorarte la 
familia! Mira que... Imposible parece... 

MARIA 

Vamos, Cirila, no te entretengas. Si no 
me ayudas, tendré que volver á ponerte en 

la COCina. (Pasa á la mesa de la derecha.) 

CIRILA 

jAy! no, no: déjame aquí. (Vuelve á su tra- 
bajo.) Por cierto que con la nueva cocinera 
están muy contentos los señores. Tu papá 
la llama el jefe. Esta mañana, á más del 
rosbif, ha traído Bernarda unas aves riquí- 
simas, pavipollos que parecen bolas de man- 
teca... un jamón de York... pasas de Corin- 
to para h&ceiplumpiidding... té superior... 
foie-gras... y vino blanco, de ese que lla- 
man Chablis... (Pasa á la derecha.) ¿Pero no sa- 
bes, bobita? (Coa misterio.) Quieren convidar 
á comer al señor de Corral. 



434 



MARIA 



(Vivamente.) |A ese gaznápiro insufrible! 
¡Vaya que es gana de contrariarme! Sabien- 
do mi antipatía, mi repugnancia. 



ESCUNA II 



Las misma?; MENGA. Mozuela del pueblo, vendedora en Ja pia- 
la. Viste pobremente; trae al brazo un gran cesto con sut» varia- 
das mercanoias; en la mano un palo -tarja. Su hablar es áspero y 
descarado. 

MENGA 

(Por la izquierda.) ¿Há lugar, muesama? 

MARIA 

Adelante, Menga. 

MENG 

Si quié que ajustemos la cuenta,., (Saca & * 

bolsón mugriento.) 

MARIA 

Vamos allá. (Se sienta. Saca del cajón de ia me- 
sa una cestilla con dinero y un papel.) 

MENGA 

Léame la apuntación, á ver si hay coníor- 
midá. 



135 



MARIA 

Tienes que darme: pesetas... 

MENGA 

iViva mente.) ¡Noramala con las pessüsf 
iCuénteme por benditos rialesf 

MARIA 

Pues cuatrocientos ochenta reales. Bim 
clarito está. 

MENGA 

No, muesama. 

MARIA 

¿Que no? Pues haz tú la cuenta. 

MENGA 

Cuenta Clara. (Mirando el palo en que tiene he- 
cha la cuenta por cortaduras á navaja.) Sesenta 

piezas. 

MARIA 

Sesenta piezas. 

MENGA 

A siete y medio. Pus son: cuarenta die- 
ces, más cuatro cincos, que hacen veinte, 



136 

menos sesenta medios ríales. Esto sí que es 
claro. 

MARIA 

A ver. (Mirando la tarja.) Ya... es que tú t$ 

descuentas tu corretaje... 

MENGA 

|Pus no! 

MARIA 

¡Pero si del corretaje te llevo yo cuenta 

aparte! (saca otro papel.) Toma: treinta reales 

(Se los da.) 

MENGl 

(Coge su dinero. Saca del bolsón billetes y plata.) 

Cuentas claras: cuarenta y cinco dieces, 
más seis cincos... Ahí tiene.. Ahora, déme 

(Sacando cuenta mental, ayudada de los dedos) 

veinte piezas, y otras veinte, y cinco más. 

CIRILA 

Cuarenta y cinco. Toma, (selas va contando.) 

MENGA 

Las aldeanas no quién otra cosa. Yo les 
digo que to V señorío de Madril lo gasta, la 
Reina mesmamente en sus camisolines... y 



Í37 

que lo train de unas fráicas nuevas de las 
Alemañas, ó del quinto infierno. 

MARIA 

No te quejarás, Menga: bien te doy á 
ganar. 

MENGA 

No hay queja, muesama. Pero vea: siete 
bocas tengo que tapar: mi madre, mi güela 
de padre, mi güelo de madre, y cuatro so- 
brinos mocosos, tamaños así.. 

MARIA 

Pero tú ganas mucho. Eres gran comer- 
cian ta. 

CIRILA 

Pues no llevas aquí poco material, (Miran- 

áo el contenido del cesto.) 

MARIA 

¿Qué vendes, á más de la puntilla? 

MENGA 

(Mostrando sus mercancías.) Poca COSa: vendo 

cangrejos, peines, cuerdas de guitarra, ale- 
luyas para los chicos, y velas para los di- 
funtos. 



438 



CIRILA 

jAy, qué allegadora! 

MAHU 

OÍOS la protegerá. (Entra Vicenta por la iz- 
quierda.) 

ESCENA Ih 

Lab mismas VICENTA 

VICENTA 

lQueridísima...f 

MARIA 

I 3h, Vicenta...} (Se levanta. Alegre va a §a 
«centro.) ¿Qué hay, qué noticias me trae? 

VICENTA 

(Con entusiasmo.) Hija, las flores y pájaros 
para adorno de sombreros han tenido una 
aceptación colosal. ¡Qué feliz idea! No lle- 
gaban acá más que porquerías anticuadas... 
Me ha dicho Joseftta que se queda con todo* 
y que le mande usted la factura. 



439 



MARIA 

Bien. (Destapa cajas y le muestra más flores y 

©tros objetos.) Tengo más, mucho más... Mire, 
mire: aquí más flores... pájaros lindísimos... 
Aquí cascos de paja... ¡Vea usted qué cosa 
más elegante! 

VICENTA 

(Con grande admiración.) ¡Oh, qué maravilla! 
MARIA 

(Sigue mostrando.) Vea la encajería para 
adorno de vestidos. 

MENGA 

(Acercándose con Cirila y admirando aquellos pri- 
mores.) Miá, miá, lo que trujo pa las señoras 
de acá... ¡Hale con ellas, muesama, y engá- 
ñelas y sáqueles la enjundia, que son bien 
ricachonas! 

VICENTA 

Ha tenido el talento de adivinar los ade- 
lantos de esta villa... 

MENGA 

¡Qué no discurrirá ésta, si tié los dimo- 
nios en el cuerpo! 



uo 

CIRILA. 

Los áng eles tiene, que no demonios, bruta 

MENGA 

Lo mesmo da... que hay dimonios del 
Cielo. 

CIRILA 

¡Jesús, qué blasfemia! 

MENGA 

O angélicos de los infiernos... Dígolo por- 
que ésta paiz un dimonio, y es, como quien 
dice, santa... Ea, dame lo mío, 

CIRILA 

(La va cargando de piezas.) Santa 8S: 110 lo Sfcc 

bes tú bien. 

. MENGA 

Acomodando su carga en el cesto y en la cabeza.) 
Echa más... ¡Arre ahora! 

MARIA 

¡Adiós Menga, ricachona! 

MENGA 

(Abrumada con su carga.) Adiós, Santa Ma- 
riucha. (Vase por la izquierda.) 



441 

MARIA 

(A Cirila.) No te necesito por ahora. Acom- 
paña UIl Tatito á mamá. (Vase Cirila por la de- 
reeha.) 

ESCENA IV 

MARIA, VICENTA, 
VICENTA 

Josefita colocará desde luego parte de es- 
tos primores. Ha estado usted felicísima. 
Agramante será dentro de poco un pequeño 
Madrid. Como dice Nicolás, la ola del luje 
avanza, avanza... 

MARIA 

Tendrá Josefita muchos encargos. 

VICENTA 

Como que se verá muy mal para poder 
cumplir. Ya sabe usted que para la inaugu- 
ración del nuevo teatro tendremos aquí la. 
compañía del Español. Nos abonaremos... 
todo el señorío. 



H2 
MARIA 

Y venga lujo, vengan ñores y encajes... y 
sombreros grandísimos, que son lo más pro 
pió para teatro. 

VICENTA 

Lo más elegante. 

MARIA 

Así da gusto ver las butacas, hechas un 
bosque de plumas. 

VICENTA 

En nuestro lindo coliseo, desplegará la 
aristocracia agramantina un lujo... (Sin re- 
cordar el adjetivo.) ¿Cómo se llama al lujo?... 
¡Ah! inusitado. 

MARIA 

rtíien por Agramante! 

VICENTA 

Y ahora, otra cosa. (Se sienta frente á ella.) Y 
esto que voy á decirle, querida mía, es un 
(íntico desagradable..* 



1*3 



MARIA 

{Alarmada.) ¿Qué, Vicenta? 

VICENTA 

No, María, no es para asustarse... Soy su 
mejor amiga; me intereso mucho por usted, 
y quiero prevenirla de ciertos rumores... 

MARIA 

(Serena,) ¿A ver, á ver?... ¿Qué dicen de mí? 

VICENTA 

Naturalmente, todo el mundo encuentra 
muy extraordinario, encuentra inverosímil 
que una mujer sola pueda., 

MARIA 

¿Levantar del suelo á una familia, soste- 
nerla en una pobreza decorosa?... ¡Vaya con 
ai milagro! ¿Y de esto se asombran? 

VICENTA 

Se asustan, se escandalizan. Este compra 
y vende de una señorita noble, hija de Mar- 
queses, no está en nuestras costumbres. 



144 



MARIA 

Ni ello les cabe en la cabeza á estas mu- 
jercitas encogidas y para poco... Como si lo 
es lu viera oyendo, Vicenta... dirán que una 
mujer no puede ganar dinero... 

VICENÍA 

Honradamente. Se lo digo á usted con to- 
da esa crudeza para que se indigne. 

MARIA 

No, amiga mía: si no me indigno. 

VICENTA 

jY se queda tan fresca! 

MARIA 

Cuando me determiné á sacar á mis pa* 

dres de la miseria, por los medios que usted 
conoce, ya conté con que me habían de to- 
mar por loca, 6 por otra cosa peor... y forti- 
fiqué mi alma contra esos ataques... que no 
podían faltar. 

VICENTA 

¿De modo que usted no teme...?. 



4 45 



MARIA 

¿Alo que llaman la opinión, á la falsa 
crítica, á la mentira maliciosa? No la temo. 
Todo es pura espuma, y yo soy roca. 

VICENTA 

Dios la conserve á usted en esa fortaleza 
y serenidad. 

MARIA 

Con ellas me va muy bien: nadie viene á 
turbarme... 

VICENTA 

¿Nadie? (Picaresca.) Eso no es verdad; que 
por ser usted mujer de tanto mérito, no le 
falta el asedio de pretendientes, alguno tan 
enfadoso como el pobre Corral... 

MARIA 

jMentecato como ese! 

VICENTA 

Loco está por usted, y á los desdenes res- 
pande con mayor exaltación... La verdad: 
yo, en el caso y en las circunstancias de 
usted... 

40 



U6 

MARÍA 

(Imponiéndole silencio.) No siga, Vicenta, se 
lo suplico... y hablemos de otra cosa. (Tran- 
sición rápida á las ideas aleares.) Hablemos de 
esto, de mi lindo comercio. ¿Sabe usted que 
tengo que ver á Josefita y acordar con ella 
plazos, precios...? 

VICENTA 

Iremos juntas. Yo también tengo que vei> 
la. ¿Vamonos ahora? 

MARÍA 

Dentro de un rato, si le parece bien. 

VICENTA 

(En actitud de despedirse.) Viene Usted á mi 

cosa, ó llama desde el balcón... (Recordando.! 
jAh!... Otra cosa: ya decía yo que se me ol- 
vidaba lo más importante... Esta tarde em- 
piezan las ftesUs de la Virgen délas Mieses..* 
Es la locura de Agramante. Mañana y pa- 
sado, gran baile popular en el campo que 
rodea el Santuario, al pie del monte. Es cos- 
tumbre de las señoras principales, en días 
tan alegres, sacar de las arcas los mantones 
de Manila.., 



447 
MARIA 

¿Y bailan? 

VICENTA 

Baila sólo el pueblo. Nosotras organiza- 
mos meriendas, paseamos en el bosque, nos 
reunimos las amigas, formamos corros..* 

MARIA 

¡Oh, ai!... Un rato de expansión, al aire li- 
bre, entre personas amables, me agradará 
mucho... 

VICENTA 

Pues allá nos vamos. Yo tengd mam* 
tonea... 

ESCENA V 

MAJUA, VICENTA; LBOH, par 1» imakr*. 

LEON 

(En la puerta, gozoso, gallardo, deicubriéadose.) 

Saludo á María, estrella de la mañana, ta- 
ire de marfil, asiento de la sabiduría. 

MARIA 

Ora pro nobis. (Riendo.) ¡Cómo viene hoy! 

(Ocupa su sitio en la masa.) 



4 48 

VICENTA 

(Aparte.) {Jesús, qué saludos tan poético» 
nsa este hombre carbonífero! 

LEON 

Señora Alcaldesa, Dios la guarde. (A Ma- 
ría.) Hoy, más que ningún día, anhelaba yo 
teñir á tomar sus órdenes. 

VICENTA 

(Aparte.) ¡Y entra aquí como en su casa! 
Pues yo no me voy sin enterarme... (Retirán- 

áose á la izquierda.) 

MARIA 

No se aparte usted, Vicenta. Todo lo que 
hablemos León y yo puede usted oírlo. 

LEON 

Tratamos de negocios. (Saca una voluminosa 
cartera y 1» pone en la mesa.) Señora Alcaldesa, 

acérquese usted. Aquí no hay secreto, por- 
que los arrebatos de mi admiración'por esta 
señorita sin par, de nadie los recato... quie- 
ro que sean públicos. 

VICENTA 

Y lo serán... Ya empiezan á serlo. 



449 

MARIA 

Vaya, vaya, tenga juicio. 

VICENTA 

(Maliciosa.) Creo haber oído,., que María 
debe á usted sus conocimientos mercantiles. 

LEON 

No merezco el honor de llamarme su 
maestro. Si esto se dice, será porque algún 
ejemplo de mi azarosa vida le sirvió de lec- 
ción saludable. De aquellos ejemplos ha sa- 
cado su ciencia; de su ciencia, sus triunfo» 
y la reparación de su casa y familia* 

VICENTA 

¿Es cierto, amiga mía? 

MARIA 

Cierto será cuando él lo dice, Vicenta, 

VICENTA 

Bien* (Á León coa picardía.) Sab* aradio a* 
alumna. 

LEON 

¡Que SÍ Sabe! (Observando á Marta, qu*«onríe.) 

Vea usted esos ojos, que peneyrau en toda 
la realidad humana. 



♦so 

VICENTA 

¡Los ojos!... Esa es la ciencia que á usted 
le fascina, señor mío. 

MARIA 

No le haga usted caso, Vipenta. Hoy le 
desconozco: el hombre más aplomado y más 
sereno d^l mundo, se nos presenta como un 
cadete sin juicio... ¿Qué le pasa á usted hoy? 

LEON 

Me pasa... Pues verá usted: hoy he des- 
pertado con una idea luminosa, que repen- 
tinamente brotó en mí como una inspira- 
ción. Pensé... 

MARIA 

(Con gran interés, levantándose y pasando al cen* 

tro.) ¿A ver, qué ha pensado el hombre? 

LEON 

Muy sencillo... Pienso... como si Dios 
murmurara en mi alma... pienso que des- 
pués de tanto penar, después del largo es- 
pacio de soledad y afanes en mi trabajosa 
vida, ya merezco el descanso, la alegría. 
Acábese mi Purgatorio y denme el Cielo, 
que ya tengo bien ganado. 



m 

VICENTA 

¿Y quién es usted para decíi y afirmar 
que lo merece ya? 

MARIA 

Eso sólo Dios lo decide. 

LEON 

Pues... á eso voy. Creo que Dios ha decL 
dido mi indulto. 

MARIA 

¿En qué se funda para creerlo así? 

LEON 

En que... hoy, hoy ha dispuesto Dios... 
algo que estimula mis esperanzas. Y al ha- 
berlo así, me ha dicho... 

VICENTA 

¿Dios?... ¿Pero habla Dios con los comer- 
cian tes? 

LEON 

Alguna vez... Pues me ha dicho... " Pobre 
alma, acábese tu suplicio... ven... llama á 
la puerta de mi Cielo... No faltará un ángel 
que te abra...„ 

\ 



15i 



VICENTA 

¿Y ha llamado ustad? 

LEON 

Voy á llamar. 

VICENTA 

(Aparte.) Sin duda estorbo para el llama- 
miento... Pero aquí me planto. 

MARÍA 

(Queriendo variar de conversación.) En fin, lo- 
quinario, ¿viene usted ó no á que pongamos 
en orden nuestras cuentas? 

LEON 

No... Digo, sí... vengo á eso-., y á otra 
cosa. Empecemos por las cuentas. 

VICENTA 

(Apartándose.) ¡Ay, ay, ay! Estas cuenteci- 
tas... me parece á mí que es el diablo quien 
las arregla. 

LEON 

(Saca da su cartera un papel.) Liquidación de 
azulejos. 

I 



453 



VICENTA 

¿Qué, también vende alfarería? En el nom- 
bre del Padre... 

LEON 

Alfarería y cerámica superior. ¿A qué ese 
«sombro? Mi discípula pidió á Sevilla dos 
partidas de azulejos: la una superior, con 
reflejos metálicos... la otra ordinaria. A mí 
me dio el encargo de colocarlas... ¿Pero no 
ha visto usted el zócalo del nuevo salón del 
Ayuntamiento? 

VICENTA 

Y los portales de las casas nuevas... sí. 

LEON 

(A María.) La clase superior se ha vendido 
ya totalmente. La otra ya irá saliendo- Li- 
quidaremos las dos... 

MARIA 

No: liquidemos sólo la partida realizada. 

pCEÑTA 

(Aparte.) E§t$g partiditas y estas liquida- 

Oioncitas... jay} (Suspira.) 



154 



LEON 

(Saca billetes de su cartera.) Son Ochocientas 

treinta y dos... Rebajadas las letras de Aguí 
ló Hermanos, Pasamanería, que pagué,' re- 
sultan... 

MARIA 

(Después de hacer rápida cuenta.) No tiene US 

ted que darme más que cuatrocientas cator 
ce, con diez céntimos. 

LEON 

Hija, no: seiscientas veintiocho. 

MARIA 

¿Y su comisión, no la descuenta? 

LEON 

Deje usted. Otra vez será. 

MARIA 

No, no. ¡Lucido está el maestro! ¡Vaya un 
ejemplo que me da!... No hacemos más tra- 
tos si no descuenta ahora mismo.. 

LEON 

Bueno, bueno: no riña. (Contando.) Cuatro- 
cientas catorce... No discuto con usted nin- 



m 

gima de las formalidades mercantiles, y tomo 
lo que, según convenio, me corresponde. Es* 
to no quita para que esté dispuesto ahora y 
siempre á dar á usted mi hacienda toda mi 
vida, y mil vidas si mil tuviera 

VICENTA 

(Aparte.) ¡Ay, Dios mío, esto está perdido! 

MARIA 

Pues con esto, unido á lo que me trajo us- 
ted ayer por las vajillas de porcelana supe- 
rior y la cristalería de Bohemia (Contando en 
la cesta del dinero) ..*y otras cosillas, tengo en 
mi caja más de dos mil pesetas. . . V erdad que 

hay aquí Un ingreso... (Picaresca.) 

LEON 

¿De qué? 

MARIA 

¡Curiosón!... Esto es una partida secreta... 
un dinerito que me ha caído del Cielo. No 
puedo decir más. 

VICENTA 

(Aparte maliciosa.) ¡Qué cielo será ese, Señor, 
de donde caen estos dineritosl 



456 
MARIA 



Bueno, bueno. Pues lo que debo á usted 
sigo pagándolo en partiditas... Abóneme 
otras trescientas pesetas. (Se las pone delante.) 

LEON 

¿De veras no las necesita? Antes que los 
principios, está la conveniencia de usted. 

MARIA 

(insistiendo.) No, hijo: cuando digo que... 

VICENTA 

(Aparte.) ¡También le presta dinero! 

LEON 

(a Vicenta.) Estos son negocios, esto es ley 
y mutuo auxilio comercial, señora Alcal- 
desa. 

MARÍA 

Llevamos nuestras cuentas con todo rigor. 

LEON 

Aquí no hay engaño ni misterio. Señora 
mía, está usted en la casa de la sinceridad, 
ide la honradez más pura. 



457 



VICENTA 

Sí, sí— Pero estos tratos y combinado- 
nes... 

LEON 

(Con brío.) A gritos los digo yo en medio de 
la calle. Y puesto á descubrir mi alma, gri- 
taré también que quiero á María, que la 
quiero con amistad, con respeto, con amor: 
la trinidad del querer... 

MARIA 

(Riendo.) ¡Qué sutil y qué hiperbólico, Dios 
mío! 

VICENTA 

¿Pasión tenemos?... Ya dije yo..* 

LEON 

Culto fervoroso que no quiere ni debe 
ocultarse. 

MARIA 

Basta ya... Cállese la boca. Sea usted dis- 
creto. 

LEON 

No puedo callar. La realidad presente me 
ordena la indiscreción. 



158 



MAMA 

(confusa, turbada.) ¿Qué realidad es esa que 
ayer no existía y hoy sí? 

Í.EON 

Ha llegado la ocasión de que todos los 
buenos afrontemos la verdad de la vida, y 
despreciemos todo artificio por imponente 
que sea. 

MARIA 

(coa graa confuaíón.) ¿Qué dice?... ¿qué pasa? 

LEON 

Cualquier suceso inesperado abre á la v<h 
luntad humana caminos nuevos. 

VICENTA 

Ya, ya. {Coa pretensiones áe aguda».) CrÍSͧ 
comercial... ¿no es eso? 

LEON 

Sí, señora... crisis. 

MARIA 

¿Crisis en el comercio de usted 6 en ú 

mío? 



159 



LEON 

En los dos... No, no: en el de usted, 

VICENTA 

Subida inesperada en el precio de los ar* 
tículos. 

LEON 

Sí... Artículo hay que ha estado por los 
suelos, y ahora sube, sube... 

MARIA 

No entiendo... 

VICENTA 

Y vendrá la quiebra. 

LEON 

Para impedir la ruina de mi amiga, le 
propongo mi apoyo comercial. 

MARIA 

¿Cómo? 

VICENTA 

Es muy sencillo... asociándose... 



«60 



LEON 

Propongo un negocio comanditario..- sck 
bre nuevas bases... Formulado lo traig* 

aquí. (Saca de en cartera un pliego sellado.) 
MARIA 

(Con gran curiosidad, tomándolo.) A ver, á V©r.*# 
(Trata de abrirlo.) 

LEON 

No, no: la índole delicada de este nuevo 
negocio exige que usted no se entere de él 
hasta que pueda consagrarle toda su aten- 
ción... en la soledad. 

VICENTA 

Ya... estorbo. 

MARIA 

No. (Persistiendo en su confesión.) ¡Si Gff 

amor, Vicenta: es...! 

VICENTA 

¿Que no? Abra usted y lea. 

LEON 

Ahora no. 



m 

VICENTA 

¡Si bien s claro lo dijo antes! Huido del 
Purgatorio, se atreve á llamar á las puertas 
del Cielo. 

LEON 

He llamado, sí... ¡y con alma! 

VICENTA 

Me parece que no le abrirán, señor mío. 

(Mira alternativamente á León y á María. Pansa. María 
mira al suelo, á León; mira 3a carta. Con los ojos ex- 
presa todo: alegría, expectación, miedo de dará cono- 
cer sus sentimientos ante su amiga. ) 

LEON 

(Que ha recogido rápidamente su cartera y som- 
brero.) Si no me abren, si soy despedido, 
volveré al lugar de suplicio y expiación. Sé 
padecer; conozco el dolor; viviré recogido y 
encerrado en el desconsuelo infinito... sin 
que por eso flaquee mi fe cristiana. Siem- 
pre diré: Dios en las alturas, María en la 
tierra. María es la paz; María es la esperan- 
za, la flor y el fruto de todo bien... (Se retira 

lacia la izquierda.) He llamado y espero. (Hace 
ligera reverencia y se va. María le sigue con la mira- 
da. Permanece absorta,) 

44 



ESCENA VI 

MARIA VICENTA; después CIRILA* 

VICENTA 

«Mirándola con severidad.) Lea usted... lea 
para sí. Hágase cuenta de que está sola. 

MARIA 

(Vencida de la curiosidad, rasga ei sobre; desdobla 

con febril maco el papel, y lee rápidamente.) a Eü 

previsión de una crisis próxima...,, ¿Ve us- 
ted? no es nada. Cosa de política, de comer- 
cio... 

VICENTA 

Amiga querida, estoy asustada. Preveo 
cosas muy graves. 

MARÍA 

¿Por qué? 

VICENTA 

Ya sabe usted cuánto la quiero. Lo que 
he visto y oído aquí paréceme un principio 
de grandes desastres. 

MAMA 

/(Abrasada de curiosidad, vuelve á desioblar la car- 
ta.; Permítame un instante. (Lee para sí.) "Orí- 



463 



SÍS de familia...,, (Se interrumpe al oír la voz (te 
Giriia; vuelve á replegar la carta.) 

> CIRILA 

(Entraodo por la derecha.) Los señores Mar- 
queses bajan ahora. 

VICENTA 

Yo me voy. (Retrocede.) Hemos quedado en 
ir juntas á la romería. Vendrán conmigo 
las de González. Por Dios, María, que no se 
arrime á usted ese hombre, que no caiga en 
la estúpida presunción de acompañarla... 

MARIA 

(Sin oír lo que dice,) Bien... SÍ... Has til ?UO 

go, amiga mía. 

VICENTA 

Adiós. 

MARIA 

(Ba cuanto la re salir, lee rápidamente saltando ét 

una carilla á otra.) * Este inmenso amor mío, 
hijo de la adversidad, tiene de ra madre la 

firmeza y la esperanza.. 

CIRILA 

(Miraado por la derecha.) Ya vienen... 



4 64 



MARIA 

(Lee saltando.) "Soy incandescente. Ardo: 
no me consumo. Siempre espero. (Saltando.) 
...alma superior, fuerte... La vida armóni- 
ca... eficaz. (Repliega la carta y la esconde al sentir 
la voz de su padre.) 

ESCENA VII 

MARIA, CIRILA, DON PEDRO, FILOMENA, DON RAFAEL. 
DON PEDRO 

Hijita del alma, los ratos que utos roban 
tus quehaceres nos parecen siglos. 

FILOMENA 

Y siglos de tristeza, porque debemos de» 
cirte... 

DON RAFAEL 

¿Qué?... ¿Ya empiezan á reñirla? 

DON PEDRO 

¿Quién habla de refiir? Adorada Mariu- 
cha, tus ideas de mujer entendida'^ labo- 
riosa han sido el remedio de nuestra desdi- 
cha. Pero... 



165 



FILOMENA 

Te Agradecemos en el alma lo primero 
que hiciste por nosotros... 

DON PEDRO 

La venta de tu ropa de lujo nos pareció 
un rasgo de cariño filial. Lo demás... 

MARIA 

¿Lo demás qué...? 

DON RAFAEL 

Lo diré yo. Es que no pueden habituar- 
se... cuestión de sangre, de nacimiento..* 
no se acomodan á estos menesteres mercan- 
tiles. 

MARIA 

Bah, bah. (Acariciándoles.) Por Dios, queri- 
dos papas, reflexionad en lo que consumi- 
mos; y si habéis pensado mejor arbitrio para 
vivir decorosamente, decídmelo... Peroaho» 
ra no. (impaciente.) Estoy de prisa. 

FILOMENA 

¿Tienes aue salir? 



166 



MARIA 

Voy con Vicenta á casa de Josefita. 

DON PEDRO 

j Ya... Pues vete, vete. 

FILOMENA 

¿Volverás pronto? 

MARIA 

(Eu ej^ ángulo de ia derecha, quitándose el di an- 
ta].) En seguida... Dime, papaíto: de las ie- 
mesas ( le esperanzas que te hace mi herma* 
no, ¿ha resultado algo positivo? 

DON PEDRO 

(Con tristeza.) Nada, hija mía. 

MARIA 

Ya ves que ni le han hecho diputado, ni 
le ha salido aquel negocio, ni nada... 

FILOMENA 

Pero en su última carta nos dice, con 
cierto misterio, que no tardarán en despe- 
jarse los horizontes. 



H1 
MARIA 

(Arreglándose ) No OS fiéis de horizontes, íil 

de las nubes esperéis nada bueno. Miradme 
á mí, que quiero ser vuestro cielo, y más 
aún vuestra tierra. Dejadme que os gobier- 
ne, que os cuide, que os alimente... Sed mo- 
destos, sencillos, y no soñéis con grandezas 
alcanzadas por arte de magia. ;vueive al cea- 
tro ya vestida, el sombrero en la mano.) Mil VOCeS 

os lo he dicho y hoy os lo repito. El noble 
arruinado no debe obstinarse en aparentar 
la posición perdida. Hágase cuenta de que se 
ha caído de la altura social, y al caer... na- 
turalmente... cae el pueblo.... en el pueblo 
de donde todo sale y á donde todo vuelve* 

DON PEDRO 

¿Pueblo nosotros?... Shocking. 

MARIA 

(Expresión de incredulidad y burla en el Marqués 

y Filomena.) ¿No lo creéis, dudáis?... Pues no 
dudéis nunca del amor ni de la abnegación 
ée vuestra hija. 

FILOMENA 

(Poniéndole el sombrero.) Sí, SÍ... No duda* 

mos u .. Pero no íe detengas, hija. 



4íí3 
DON PEDRO 

{Desecado que saiga.) Lo primero tusasuntos. 

MARÍA 

No tardaré. (Indica á Cirila las cajas que ha de 
llevar. | 

DON RAFAKL 
(Aparte a María, junto á la puerta,) ¿Vol verá US- 

ted pronto? 

MARIA 

(Apjrte a don Rafael, coa vivo afáü.) Sí: espére- 

me usted aquí, don Rafael. Tengo que ha* 
blarle. 

DON RAFAEL 

¿Cosa de importancia'/ 

MARMV 

De inmensa importancia y gravedad. 

DON RAFAEL 

Aquí estaré. (Sale María, seguida de Cirila co* 
cajas.) 



ESCENA VIH 



DON PEDRO, FiLOMMiA, DON RAFASL. 
DON PEDRO 

(Esperando que se aleje.) Ahora, aprovechan- 
do SU ausencia... (A Filomena, que se asoma á la 

puerta.) ¿Está lejos? 

FILOMENA 

Ya están en la calle... Registremos todo. 

(üirígense los dos á ia mesa de escribir.) 

DON RAFAEL 

¿Pero qué hacen? 

DON PEDRO 

(Probando á abrir el cajón de la mesa.) Veamos 

si se encuentra aquí k clave de este mis- 
terio. 

FILOMENA 

(Dándole ua manojito de llaves.) Prueba COU es- 

tas llaves, 

DON RAFAEL 

Pero, señor Marqués... 



470 



DON PEDRO 

Alguna habrá que sirva. (Probando llaves.) 
Esta no va... probemos otra. 

DON RAFAEL 

Permítanme que les diga... 

DON PEDRO 

Sí: que es cosa fea esta violación de cerra* 
duras... 

FILOMENA 

Pero se trata de un sér adorado... 

DON PEDRO 

Que no queremos que se nos extravíe. 

FILOMENA 

Nos encontramos frente á un tremenda 
enigma... 

DON PEDRO 

(Probando otra llave.) A ver ésta... Señor don 
Rafael, el enigma es éste: ¿cómo se puede 
atender á las necesidades de esta familia, y 
pagar el colegio de ios niños, vendiendo flo- 
ree de trapo y jugando á las tiendas? 



/ 

DON RAFAEL 

Puede ser, cuando ella lo hace. 

DON PEDRO 

Pero de veras, don Rafael, ¿usted no duda? 

FILOMENA 

¿No sospecha...? 

DON RAFAEL 

(Con energía.) Ni sospecho ni dudo. Yo creo 
en María. 

DON PEDRO 

(Lanzando ana exclamación de alegría ai sentir qit 
•cubre la cerradura.) ¡Ah! (Tira del cajón.) 

FILOMENA 

|Abierto! (se aproxima coíj viva curiosidad.) 
DON PEDRO 

Venga usted, señor Cura, y examine... 

DON RAFAEL 

(Alejándose.) Yo no: soy confesor; pero no 
ftbro las conciencias con llave falsa. 



472 
FILOMRNA 

(Dando pri*a á don Pedro.) Registra pronto, potf 

■i vuelve. 

DON PEDRO 

(Sacando coa gran respeto la cestüla del dinero.) 

¡Santa Bárbara, cuánto dinero! (Se asombra de 

su contenido.) 

FILOMENA 

\ Mirando el dinero sin contarlo.) Pasa de qui- 
nientas pesetas.,. 

DON PEDRO 

(Contando á la ligera.) Doscientas... Cuatro... 
Seis... Y también mil... (Más asombrado.) ¡Y 

también dos mil!... Y aquí un sobre que 
contiene billetes. ¿A ver, qué dice aqaií? 
(Ue el sobre.) * Dinero del Cielo.» 

DON RAFAEL 

(Aparte.) ¡Ahora es ella! 

DON PEDRO 

Tanto dinero me pone en gran confusión* 

FILOMENA. 

Y á mí. 



473 



DON RAFAEL 

A mí no- Dios ha favorecido á la mifia en 
sus negocios. 

DON PEDR€> 

La legítima ganancia no puede ser tan 
grande. 

FILOMENA 

No nos hará creer don Rafael ^ue Dios 
multiplica los billetes de Banco. 

DON RAFAEL 

¿No multiplicó los panes y los peces? 

DON PEDRO 

Amigo mío, no estamos en los tiempos 
bíblicos. 

DON RAFAEL 

En los tiempos bíblicos y en todos los 
tiempos, Dios hace lo que le da la gana. 

FILOMENA 

Y este dinero bajado del Cielo, ¿qué sig- 
nifica? Yo no lo entiendo. 



174 



RON PEDRO 

Queridísimo Cura, ¿no comprende usted 
que hay misterio? 

DON RAFAEL 

Misterio habrá. Pero mi fe religiosa me 
ha . ido á creer lo que no entiendo. 

Creo en María. 

FILOMENA 

oii Pedro.) Sigue, A ver si los papeles 

nos aclaran el enigma. 

DON PEDRO 

(Pone La cestilla donde estaba. Saca papeles») 

Cuentas... facturas... 

FILOMENA 

Lee. <- ¿¿ 

DON PEDRO 

(Leyendo.) "Letras pagadas por León..» 

Saldo con León...» 

FILOMENA 

¿Y esto, don Rafael?... ¿Qué dice de esta 
ingerencia del carbonero en los asuntos da 
eü Iftija? 



DON RAFAEL 

(imperturbable, paseándose.) Creo en Mariu- 
cha, 

DON PEDRO 

(Examinando otro papel.) Una Cuenta de SUS 

gastos... (Lee.) "Caja de puros Henry Clay 
para papá... la pensión de los niños... (Aizan- 
ioia voz.) Pagado a León...,, 

FILOMENA 

(Que también ha examina do papeles.) Y aquí: 
•Cobrado de León...,, Esto ya es demasiado, 

DON PEDRO 

(Repitiendo.) ¡Debido á León... entregado á 
León... recibido de León!... ¡Pero esto es 

Una Cueva de leones! (Se levanta indignado.) 
FILOMENA 

(Con disgusto.) Déjalo ya... tapa... cierra. 

DON PEDRO 

(A Don Rafael.) ¿Qué significa la repetición 
é% este maldito nombre en todos los apun- 
tes, en todas las cuentas? 



178 



DON RAFAEL 

No sé... Con leones y sin leones, creo en 
Mariucha; creo en la que ha sido y es ima- 
gen de la Providencia, mensajera de lo» 
consuelos que Dios envía á una desgraciada 
familia... 

FILOMENA 

¡Oh, quién pudiera creer... i (Oye»» la* 
ees de Corral y Bravo dentro.) 

DON PEDRO 

¡Si esa fe se nos pudiera comunicar! .. # 
¡Ah! ¿Qué voces son esas? 

ESCENA IX 

DON PEDRO, FILOMENA, DON RAFAEL, CORRAL, BRAVO» 
CORRAL 

(En la puerta, ambos coa grandes aspavientos de 
alegría, descubriéndose.) j Vivan los señores Mar- 
queses de Alto-Rey! 

BRAVO 

¡Vivan...! 



*77 



CORRAL 

¡Viva el muy ilustre caballero, la nobi- 
lísima dama j la elegantísima señorita, el 

elegantísimo ángel..! (Notando la ausencia de 
María.) ¿Pero no está el ángel.,.? 

BRAVO 

¡Vivan todos, vivaaaanl 

DON PEDRO 

(Eq gran confusión;} ¿Pero qué es esto?.*. ¿Por 
qué tanto júbilo?... 

DON RAFAEL 

¿Os ha picado la tarántula? (Don Rafael lie** 

aparte á^Bravo para interrogarte.) 

FILOMENA 

(Muy impaciente.) Explíquenos, Corral... 

DON RAFAEL 
(Aparte á Bravo, oída su explicación.) ¿Per© €•- 

verdad? 

BRAVO 

He visto los telegramas..» 



478 



DON RAFAEL 

jDios nos asista! Esta gente se va á volver 
loca. 

CORRAL 

(a los Marqueses.) No les doy la noticia sino 

á cambio de una promesa. 

DON i>EDRO 

(vivamente.) Sí, sí... por prometido, por 
prometido. 

CORRAL 

Promesa, seguridad quiero de que han de 
influir en el ánimo del ángel de la casa.,, 
para que... 

DON PEDRO 

Bueno, bueno.., se hará... Diga... 



ESCENA X 

Loa miamos; el ALCALDE, MARIA, CIRILA, que entran porl» 
izquierda. 

ALCALDE 

¿Qué ..? ¿Se me han anticipado estos locos? 

DON PEDRO 

/Abrasado de impaciencia.) Alcalde, ¿quéhay? 



179 



ALCALDE 

Qut? me debe usted una merienda en el 
campo. He ganado la apuesta. 

DON PEDRO 

¡Ah! (Quédase con la palabra atravesada en la 
garganta.) 

FILOMENA 
(A María.) ¿Hija... qué? 

MARIA 

(Sin mostrar alegría, pero sin afectación de pena.) 

Queridos padres, vuestras esperanzas son 

realidad. Mi... (Iba á decir «mi bermano:» se co- 
rrige.) Vuestro hijo será antes de una sema- 
na... el esposo de Teodolinda. 

DON PEDRO 

¡Jesús!... ¡Oh!... (Quiere hablar y no puede. 
Queda como paralizado.) 

ALCALDE 

La noticia es de las que al modo de cen- 
tella pueden herir. Por esto Cesáreo se sirve 
de mí como pararrayos. Vean los telegra- 
mas. Son de ayer: han venido con retraso. 

(Les alarga los telegramas. Filomena los arrebata.) 



180 
FILOMENA 

Déme... 

DON PEDRO 

No, no... mentira... no creo... (Es acometido 

de una violenta perturbación nerviosa.) 

FILOMENA 

(Leyendo trémula, la vez cortada.) "Casamien- 
to... lunes próximo... Teodolinda... abraza 
á sus padres... amorosa hija...» 

DON PEDRO 

(Alelado.) No creo... no creo... Millones de 
pesos... diez... Falso, falso... no existen... 
iantasía números. . . ilusión. . . mentira. . . 

FILOMENA 

(Mostrando lo» telegramas.) Pero, hijo, mira... 

DON PEDRO 

(Tiemblan sus manos: su mirada divaga. Cae en el 

■iugb. Acude Mana á su lado.) Tele... telegramas 
mentira... déla elec... elec... tricidad. (Com- 
pungido, con amago de parálisis.) Quieren vol... 
volverme loco. Quieren ma... ma... tarme. 



481 
MARIA 

Cree, papá, y alégrate* 

DON PEDRO 

(Abrazando á su espesa coa infantil temara.) ¡Fi- 
lomena! 

FÍLOMENA 

Tanto padecer ha tenido al fin su término. 

DON PEDRO 

(Abrazando á sa hija.) ¿Hija del alma, ángel 
del Cielo...! 

MARÍA 

(En brazos de sa padre.) Ya eres feliz, papaíto 
^Herido. (Entra Cirila con an vaso de agaa.) 

OuN PEDRO 

(Levántase y acnde á ellos.) Don Rafael, Al- 
calde, Corral, Juez.,. ¿Pero es verdad? 

DON RAFAEL 

Sí: creo en María... (Corrigiéndose.) Creo m 

Cesáreo... (Se aparta con Bravo.) 

ALCALDE 

Dios no abandona í los buenos 



482 



MARIA 

(Ofreciéndole el vaso de agua.) Bebe UI1 poqui- 
to de agua, y serénate. (Continúan María y su 
madre animándole con cariñosas expresiones. Forman 
grupo junto á una de las rejas del fondo.) 

DON RAFAEL 

(Con Bravo á la izquierda.) Con este inandito 

casorio, que no sé si es obra de Dios ó del 
mismo diablo, tendremos al don Cesáreo de 
perpetuo cacicón, ó feudal amo de todo este 

territorio c (Se agregan el Alcalde y Corral.) 
BRAVO 

Sátrapa y mandón de Agramante para i* 
áster num. 

CORRAL 

Ayer fueron inscritas en el Enristro las 
Alboreas. 

ALCALDE 

Y las pertenencias más ricas d# ¿tomonte 
son suyas. 

DON RAFAEL 

Y el aire, y el sol, y la luna,., j nuestra 

respiración, y hasta las pulgas que fci 

Can. (Incomodado se aleja del grupo,) 



183 



DON PEDRO 

(Que ha leído con infantil risa los telegrama*) 

Bien claro está. (Lee.) Saldré... recoger fa- 
milia... 

MARIA 

Pero no dice cuándo. 

FILOMENA 

Será hoy, mañana... 

DON PEDRO 

Naturalmente, iremos á la boda... Ya 

Creo, ya creo. (Su crisis nerviosa se resuelve súbi- 
tamente en una inquietad ó desvarío mecánico. Reco- 
rre la escena con paso inseguro; después en actitud 
gallarda y altanera.) 

MARIA 

(Siguiéndole.) Papá, ten calma... 

DON PEDRO 

(A Filomena, que también le sigue.) Inmediata- 
mente, dlspón los equipajes... 

FILOMENA 

Recogeremos todo. Puede llegar Cesárea 
de un momento á otro... 



481 



DON PEDRO 

¡Adiós, maldito Agramante; adiós, triste 

destierro...! 

MARIA 

Papá, no maldigas esta tierra de nuestro 

descanso. 

ALCALDE 

Lo que es alegría para ustedes es pesar 

para nosotros. Se van. (Don Pedro, María, Corral, 
Bravo forman grupo á la izquierda hablando de si se 
van ó no pronto. Filomena pasa á la derecha, donde 

está don Rafael meditabundo.) 

FILOMENA 

Ahora, mi venerable amigo, me toca á nu 
estar alegre, en premio de la alegría que dí 
á los pobrecitos enfermos, á quienes usted 
socorrió con mis ahorrillos... 

DON RAFAEL 

¡Mucho, mucho!... Pues se pusieron con» 
tontísimos, y se arreglaron, vivieron.., 

FILOMENA 

¿Y eran enfermos graves...? 



185 



DON RAFAEL 

Gravísimos, amiga mía... Socorrí á una 
familia en la cual estaban todos,. . 6 casi tor 
dos, locos perdidos, 

FiLOMENA 

¿Furiosos? 

DON RAFAEL 

Así, así,., Eran más bien pacíficos, 

FILOMENA 

Pues ahora, en acción de gracias, el pri- 
mer dinero que caiga en mis manos será 
para... 

DON RAFAEL 

(Coa gracejo irónico.) Otro man tito para la 
Virgen,.. 

" FILOMENA 

Y que será espléndido < 

DON RAFAEL 

-¡Oh, sí: mucho, muchoí Manto bordado 
de perlas y esmeraldas, con una orla en que 
se repita esta dulce leyenda- Creo en Ma« 



186 

ría. (Ti lome na cruza las manos con emoción beatífi- 
ca. Siguen hablando. Don Pedro continúa rodeado de 
lodos en el otro grupo, rebosando satisfacción.) 

CORRAL 

Ahora, señor Marqués, como si lo viera, 
me le hacen á usted Embajador. 

DON PEDKO 

(Vanidoso, sin perder su dignidad.) No diré que 

no. Quizás lo aceptaría por complacer al 
Gobierno, y porque me conviene tomar las 
aguas de Carlsbad. (a María.) Y á tí te proba- 
rán muy bien las de Charlottenbrünn, en 
Silesia. 

MARIA 

¿A imt ¡Si estoy reventando de salud! 

(Apartada de todos los grupos, se sienta junto á una de 
las rejas. Su actitud es de inquietud y melancolía.) 

DON PEDRO* 

Y para tí, Filomena, están indicadas las 
de Teplitz, en Bohemia. 

FILOMELA 

No hagas proyectos, hijo, que ya es hora 
de sentar la cabeza. 



487 

DÓN RAFAEL 

¿Y qué falta le hacen á usted embajadas, 
don Pedro? 

DON PEDRO 

En todo caso, alguna de las que no dan 
quebraderos de cabeza y son puestos de 
pura etiqueta: por ejemplo, la de San Pe- 
Éersburgo. 

CORRAL 

Vale más que le hagan á usted embajado* 
en Agramante. 

ALCALDE 

En este territorio, sí, donde ha de tener 
Cesáreo tanta propiedad... 

DON PEDRO 

Ya puede mi hijo ir pensando en mejorar 
los cultivos. Yo tengo pasión por la agri- 
cultura. (Jactancioso.) 

DON RAFAEL 

¡Mucho, mucho! (Explicando don Pedro sos 
planes agrícolas van pasando al centro. María y Corral 
quedan á la izquierda.) 



488 

CORRAL 

(Aparte i María.) Por última vez, Mariqal- 
ta.., 

HARIA 

¡Por última vez! Ya respiro. 

CORRAL 

Allá va mi... ultimátum... 

MARIA 

(Goü fingida benevolencia.) ¡Ah! don FaustiftO. 

Mis padres pican ahora muy alto. Y si va 
papá, como parece probable, á la embajada 
de San Petersburgo, de fijo querrán casarme 
con un príncipe ruso. 

CORRAL 

¿Es burla?... ¡Ah, ingrata, ingratal 

DON PEDRO 
María. (Acude María al grnpo del centro.) 
CORRAL 

(Aparte, despechado.) ¡Bromitas á mí! Yave-^ 
rá mi ángel las que yogaste... (Caviloso, pasa 

á la derecha.) 



489 



BOtf PEDIO 

Ya podéis Ir preparando te merienda.», 

FILOMENA 

De eso me encargo yo. ¿Cuántos...? (Do* 

Pfcdro, María, Filomena y el Alcalde quedan á la 12-» 
quierda ocupándose de 3a merienda, PasaE áls 
cha Corral, Bravo y don Rafael.) 

BRAVO 

(á Corral.) Dése usted por muerto* Faus- 
tino. 

DON RAFAEL 

Tu papel ya no es cotizable. 

BRAVO 

(Zumbón.) Han bajado horrorosamente los 
brillantes... Y yo pregunto: ¿continuará en 
alta el carbón? 

DON RAFAEL 

4 

(indignado.) ¿Qué decís ahí, farsantes, envi- 
diosos? (indignado, se retira.) 



190 



BRAVO 

(solo coa Corral.) Don Cesáreo se encargará 
de dar un corte a esta ignominia... Sólo 
que... me temo que llegue tarde. 

CORRAL 

Para que llegue á tiempo, estoy yo aquí, 
que madrugo... Ya estoy pensando el tele- 
grama que voy á poner... esta misma tarde, 

DON PEDRO 

(Contestando á Filomena.) No, no... no me COÜ- 

formo con invitar á los presentes. 

MARIA 

¿Pues á quién...? 

DON PEDRO 

Convido á todo el Ayuntamiento, á los 
Juzgados de primera instancia y municipal, 
á la oficialidad de la zona, á la Guardia ci- 
yil> á los maestros de las escuelas públicas, 
al clero parroquial... 

FILOMENA 

¡Hijo, por Dios...! 



491 



DON RAFAEL 

Déjele usted. Dios á todo proveerá. (Oye** 

rumor lejano de alegría popular: voces, guitarras» 

panderetas.) Ya comienza el festejo. 

DON PEDRO 

Alegría del pueblo, eres mi alegría. 
ESCENA XI 

1*0 mismo*; VICENTA, SEÑORA y SEÑORITAS DE GONZA- 
LEZ ¿as vnaWo con mantón de Manila y claveles en el pelo. 
Una de las señoreas trae un manojo de claveles, y Vicenta an 
mantón en caja ó pañuelo. 

VICENTA 

A dar á te dos mi enhorabuena y á lle- 
varnos á Marín. 

SEftORA DE GONZÁLEZ 

Señora Marquesa, reciba usted nuestros 
plácemes. 

SfcftORITA 1. a 

Señor Marqués, nos alegramos infinito. 

DON PEDRO 

Gracias, mil gracias, señora y señoritas... 



VICENTA 

fWoMrando el mantón á María.) Para USted trai- 
go éste, que será de su gusto. 

MAMA 

|0h, sí... está muy bien! (lo desdobla.) 

SEÑORITA 2.» 

A ver á ver. (Se lo pone.) ¡Oh, qué bienf 

FILOMENA 

J Admirable! (Todos aprueban. Soenan más cer- 
ca los cantos y músicas popnlares.) 

DON PEDRO 

jOh ... todo es júbilo? 

SEÑORITA I » 

(k María.) Ahora los claveles. (Con ademán át 

ponérselos. Maria se sienta.) 

MARIA 

(Dejándose adornar.) Ponédmelos á vuestro 
gusto. 

BRAVO 

(Aparte á Corral, señalándole á María.) ¡Vea Us- 
ted qué preciosidad! 



>,93 

CORRAL 

(Torciendo el rostro ) No la miro; no quiero 
mirarli % Se me va la vista; me da el vértigo, 

(Pasan por el foro animados grupos de mozas del pue- 
blo, coa mantón de Manila, tocando panderetas; mu- 
chachos con guitarras y bandurrias. Marchan al son 
de un pasacalle.) 

(Para ver k muchedumbre alegre, acuden á las re- 
jas todos menos María, que permanece á la derecha en 
actitud silenciosa y triste. Don Rafael á ella se apro- 
xima.) 

D®N RAFAEL 

(A y aria.) Hija mía, veo que no está usted 
yiegre, y aquí vengo yo. 

MARÍA 

(Consternada.) Lo que á mis buenos padre* 
tanto regocija, á mí me anonada. 

DON RAFAEL 

Pero usted es un corazón fuerte, y afron- 
tará valerosalas desventuras que la esperan. 

MARIA 



(Máj kB^Mtá.j ¿Y cree Usted padre...? 

4ó 



194 

DON RAFAEL 

Lo veo muy difícil. A los fuertes se é&bv 
la rerdad. Lo creo imposible. 

MARIA 

¿Desdicha inmensa si usted me aband*»*ta? 

DON RAFAEL 

Yo no. ¡Creo en Mariucha! 

MARIA 

Pues prométame hacer lo que yo le diga, „ 
Usted me ha dado la mayor prueba de esti- 
mación y confianza entregándome, para ayu- 
darme á sostener á la familia, el dinero de] 
Cielo. 

DON RAPABL 

Era lo más cristiano. 

MARIA 

Dígame: ¿pasado mañana habrá tambita 
testa? 

DON RAFAEL 

Ya lo creo: será el gran día. Tiene usted 
% ue venir con mis sobrinitas 4 la alborada» 

y después,.. 



195 
MARIA 

Pues pasado mañana... 

DON RAPARL 

A 

¿Qué tengo que hacer? 

MARIA 

Bien poca cosa: no separarse de mí, Ir 

Siempre á mi lado. (Permanece meditabunda y 
llorosa.) 

DON RAFAEL 

¿Y no es más que eso? Iré con usted, á 
donde quiera. 

DON PKDRO 

(Que se aparta de la reja, eon los dornas, visto ya 
«i paso de la multitud alegre*) Mariucha, ¿peía 

no has visto...? (La observa llorosa.) Hija mía! 
¿lloras? 

MARIA 

(Secándote las lágrimas.) No, ÜO, p&paíto: M 

que... 

DON RAPAIL 

Lloraba de gozo. 



496 



DON PEDRO 

Vamos, ven, y confundamos nuestro goío 
con la alegría popular. 

FILOMENA 

Alegre está todo: el Cielo, la villa, el 
pueblo. 

MARIA 

(Rehaciéndose, con potente esfuerzo, hace rápida 
transición de la tristeza al contento: su pecho se en* 
aranena, «as ojos resplandecen.) Y yo, también. 
(Con efusión de su alma cogiendo el brazo de don Ra- 
fael.) Yo también soy pueblo... porque soy 
pobre. 

DON PEDRO 
(Un poco sorprendido de la frase.) ¿Qué, qué? 
MARIA 

Llevadme á la fiesta, al campo, al' sol... 
al sol, que es la pompa de los humildes. 



jms D&L a oto tkbcsro 



ACTO CUARTO 



Explanada de la Ermita del Cristo, á la sabida del 
monte,— Al fondo, entre follaje, la ermita. Junio é 
día ana escalerilla tallada en la roca, que da paso 
al monte, cuya espesara se extiende en plano ascen- 
dente por todo el foro.— A la izquierda, arbustos por 
entre los cuales se abre no sendera que couduce á 
ia Villa. Sita se supone que está muy cerca, y á un 
nivel más baje que la escena.— A 1a derecka, muco 
ruinoso con portalada sin puerta. Da aquí parte un 
sendero, que se sopona coodace ai ferial, al Santua- 
rio de las VÜeses, á la fltetaatoa del ferrocarril y á 
pantos lejanos de la Tilla,— En el «entro, un casta- 
ño corpulento que cubre coa sas ramas toda la es- 
cena. Junta al tronco, un banco de manipostería, 
musgoso* Efl de día. 

mamx primera 

LXON, <|ue antro por la uquíertia. 

LEOlN 

tíraüta dej. Cristo: es ésta... Arbol corpa* 

lentos (Lo sánala.) Y JO aqilí. (Dudando. Saca coa 
(elidí presteza ana carta.) Lo lia kído cien vece* t 

y aun ma asaltan dudas. (Lee.) "Sa laermi- 



198 



ta... al pie del castaño....» Para mayor clari- 
dad añade: «entre el hospital de la Miseri- 
cordia...» allí está la Misericordia (Señala un 
punto cercano y fcajo) «y San Pedro...» aquél es 
San Pedro. (Lo señala) Tampoco puede haber 
duda en la fecha. La carta dice: «mañana.» 
La escribió anoche. Luego mañana es hoy... 
Bien claro está: aquí dará contestación á la 
carta que puse en su bendita mano .. Aquí, 
antes de la procesión... Y vendrá con don 
Rafael... Un murmullo interior me dice que 
está próxima la ocasión culminante de mi 
existencia... María... No, no es looa jactan- 
cia creer que corresponde al amor mío. Esto 
se conoce, esto se ve, se siente, se respira... 
T ahora... (Gran confusión) aquí al dar á mi 
carta respuesta verbal, me dirá... (Mayor con * 
fusión.) Yo me vuelvo loco... ¿qué es esto? 
¿Qué universo nuevo, con nueva luz, se des* 

Cubre ante mí? (óyenee toques de campana, leja- 
nos.) Ya están en misa mayor. (Corre á la de- 
recha.) Ya vienen. (Vuelve ai centro.) No me di- 
ce si debo hacerme el encontradizo ó si... 
¿Lo dirá la carta?... Ya no hay tiempo. 
(Mirando.) Ya se acercan... Esperaré y ella 

misma me indicará... (Se oculta entre los arbus- 
tos de la izquierda. Entran María y don Rafael por la 
derecha. 



m 



ESCENA II 

'ímS, MASIA, DON KAfASL 

MARIA 

(Eo la portalada dándole la mano.) Ull pasito 

más y ya estamos. ¡Ay! no sé cómo pedirle 
que me perdone la molestia de esta camina- 
ta. <Ve á León y con un signo le manda esperar.) 

DON RAFAEL 

Por ser usted quien es, Mariquita, y por 
la fe que en su soberana virtud tiene este 
Cura, voy con usted al fin del mundo... Ea, 
¿está contenta de mí? 

MARIA 

Contenta y agradecida lo que no puede 

Imaginarse. (Le conduce al banco.) 

DON RAFAEL 

Bueno... Pues recapitulemos. Usted, al 
manifestarme la grave resolución de no se- 
guir á sus padres á Madrid... 

MARIA 

interrumpiéndole.) Resolución fundada prin- 
cipalmente... 



200 



DON RAFAEL 

Déjeme concluir... Para fundamentar m 
propósito de resistencia... alegaba usted, en- 
tre ( tras razones, un sentimiento que... 

(Vivamente,) Sentimiento que usted cono» 
tía ya... 

LEON 

(Aparte.] ¡Oh, divina mujer! 

DON RAFAEL 

Lo conocía, y aconsejé á usted... En fin, 
admitamos el hecho con toda su fuerza, 
Ayer dije á usted que para dar su verdade- 
ro valor á ese sentimiento, es menester co- 
nocerlo de un modo indudable en su re... 

MRÁIA 

(Impaciente, con gran viveza,) Claro, en uno f 

otro. 

DON RAFAEL 
íLa manda callar y sigue.) .. .CÍprOCidad, en SU 

reciprocidad. Total: que tengo que oirá los 
dos. 



201 



MARÍA 

Justo* 

DON RAFAEL 

Pues ya estamos aquí. (Contando.) Usted, 
uno; yo, dos. ¿Y el tercero? 

MARIA 

¡Si está aquí! 

LEON 

{Avanzando, por indicación de María. Se descubre.) 

Aquí, don Rafael, con toda la verdad que 
llevo en mi alma. 

DON RAFAEL 

Pues vea yo esas conciencias..- la de us- 
ted, que la de Mariucha ya me la sé de me- 
moria. 

LEON 

(Señalando el árbti #gaote.) Y que no es éste 

mal confesonario, ¿verdad, don Rafael? 

90 N RAFAEL 

¡Mucho!... Arbol secular, ¡cuántas decla- 
raciones de enamorados, cuántos lamentos 
de tristes, cuántos planes de ilusos y soña- 
dores habrás ©ida! Oigamos ahora til y yo. 



SO -2 

y Dios con nosotros, la historia de estos po» 
bres corazones, que ciegos corren á una ba- 
talla imposible. 

MARIA 

Por Dios, no sea tan pesimista. 

DON RAFAEL 

Ea... á nuestro asunto. Señor don León* 
declare usted. (María se retira á una distancia et 
que puede escuchar.) 

LEON 

Declaro... 

DON RAFAEL 

Cómo tuvo principio ese.*, esa inclina- 
ción... 

LEON 

Una noche, dos meses há, fui llamado por 
María... 

DON RAFAEL 

Eso ya lo sé... cuando le pidió á usted un 
socorro para su familia, y usted no pudo 
dárselo. (Riendo.) ¡Graciosísimo! Ya me lo ha 
contado ella. 



203 



LEON 

Aquella noche fué... 

DON RAFAEL 

Cuando le vendió eí vestido á esa fanta* 
•tasa... ¡Buen golpe, de maestro!... Ade- 
lante. 

LEON 

Desde aquel punto y ocasión, señor Cura, 
•e encendió en mí un fuego de amor tan 
▼hro... 

DON RAFAEL 

{Mucho, mucho! 

LEON 

María emprendió para el sostenimiento de 
su familia una serie de trabajos que hacen 
de ella una grande heroína. 

DON RAFAEL 

¡Mucho! ¡Si no ha nacido otra que se le 

fguale! (Risueño, «on ingenua admiración.) 
LEON 

Yo la ayudaba m sus empresas mercan- 
tiles. 



204 



DON RAFvRL 

También lo sé... Adelante. 

LEON 

Como la ayudó usted dándole el dinerito 
del Cielo... 

DON RAFAEL 

Le habría dado el de la tierra si lo hubie- 
ra tenido. Le di el del Cielo porque no tenía 
otro... Bueno: con que la amó usted... 

LEON 

La amé por su abnegación, por su piedad 
filial, por la valentía que desplegaba en 
aquella lucha... la amé también por su be- 
lleza... todo hay que decirlo... 

•ON RAFAEL 

Naturalmente... Si fuera un coco de fea, 
todo eso de la abnegación y de la valentía 
habría sidt música... 

LEON 

La amé p#r su talento incomparable, por 
esa dignidad, unida á la gracia... 



20& 

DON RAFAEL 
(Moderando el entusiasmo descriptivo de Leo«.) 

Bueno, bueno. Bien á la vista está su mé- 
rito... 

LEON 

Yo bien sé que no la merezco: ella es 
grande; yo, aunque también de padres ilus- 
tres, soy un infeliz hombre, atado á un bajo 
comercio. A la presente condición humilde 
he venido por mis errores de óteos rifas, de 
días muy lejanos, don Rafael, (eos 
calor.) Aberraciones de las que yá estoy co- 
rregido, radicalmente corregido, bien lo sa- 
be usted. Abierta está mi alma á los ojos de 
Dios. Los de usted también han entrado en 
ella... 

MARIA 

(sin acercarse.) Créalo, don Kaiaei, si cree 
en mí. 

don Rafael 

Creo... Su enmienda y reforma no son 
nuevas para mí. 

LiON 

María conoce mi amor. Yo adivino el su- 
yo. Si ella y Dios me deparan la dieha íse- 



10(5 

feble de llamarla mi esposa, creeré que esta 
no es la Tierra, sino el Cielo. 

DON RAFAEL 

Tierra es, y bien dura y triste... valle de 
Lágrimas. (Suspirando.) Bien. Ya puede usted 
i cercarse, María, y decirme... (Ma ría se acerca, 
ios ojos bajos) aunque casi no es preciso... 

MARIA 

(Coa modestia.) Le quiero por su inteligen- 
cia, por sus desgracias, por el inmenso es- 
fuerzo moral que significa su regeneración, 
consumada por él mismo, solo con su con- 
ciencia. Por esto, y por gratitud, le quiero, 

J decidida estoy... á... (Vergonzosa, enmudece.) 
DON RAFAttL 

Acabe, hija... Ya, para lo que falta... 

LEON 

¡Oh, júbilo inmenso! (Con viro euttiiam*, 
•brazaadtádoalataeL) Déjeme Usted qiT la 

abrace... 

DON RAFAEL 

Apriete, apriete. Ya puede estar orgullo» 
so. (Coa prómuHuo.) Pero..» 



107 



MARIA 

¿Pero qüé...? (Vivamente, atacándole por un 

lado.) Usted no nos abandona; usted hace 
suya nuestra causa. 

LEON 

(Atacándole por el otro lado.) Usted sabe dar á 
Dios lo divino, lo humano á los hombres. 

DON RAFAEL 

(Apartándoles.) Sí, sí: sé todo eso... pero sé 
también que contra ese afecto... todo lo san- 
to y noble que se quiera... se alza un poder 
tiránico, incontrastable. 

MARIA 

¿Pero nada significa nuestra voluntad? 

LEOM 

¿Manifestada ante la religión, ante usted? 

DON RAFAEL 

¡Dios Uno y Trino, que no pueda yo.. J 
Si por la religión se resolviera... pronto os 
arreglaría yo... (Gon ademán de bendecir.) Pero 

*1 mundo ha venido á parar á un enre- 
do, á una confusión tal de todas las cosas, 
por el sin fin de leyes, preocupaciones, prác- 



208 

ticas y corruptelas, que vuestra noble aspi- 
ración no podrá escapar, no, de la inmensa 
red... Sucumbiréis, sucumbiremos, hijos 
míos... Debo deciros todo lo que sé... que es 

muy grave. (Ambos se aproximan, ansiosos.) 
MARIA 

Sé que viene mi hermano en la disposi* 

ción más hostil... 

LEON 

Los Marqueses sin duda se opondrán... 

DON RAFAEL 

No creo imposible reducir á los Marque- 
ses... jPero á don Cesáreo, que viene con la 
cabeza llena de viento y la voluntad infla* 
mada de insolentes resoluciones...! Oidme. 
Debéis saber toda la verdad, por triste que 
sea. 

LOS DOS 
(Cod gran ansiedad.) Sí, SÍ... 

DON RAFAEL 

¿Sabéis por qué precipita su viaje don Ce- 
sáreo?... 

MARIA 



Llegará hoy. 



209 
DON RAFAEL 

Viene hoy, porque debió de recibir ttft 
largo telegrama en que pérfidamente se le 
llama para que impida el oprobio de la fa- 
milia... 

MARIA 

¡Estúpida maldad! 

DON RAFAEL 

Se le habla de María enloquecida, fasci- 
nada por un... 

LEON 

Imagino los horrores que dirán de mí. 

MARIA 

¿Quién puso ese telegrama? 

LEON 

¿El Marqués? 

MARIA 

¿La Alcaldesa? 

DON RAFAEL 

Es cosa del tontaina de Corral, ayudad* 
f or Bravito, el juececftlo. 

44 



210 



MARIA 

¡Infames! 

DON RAFAEL 

Pues con esa requisitoria indecente, y 
algo que días atrás escribieron otras perso- 
nas, don Cesáreo, el hoy omnipotente don 
Cesáreo, viene dispuesto á que su hermana 
se someta; y para esto no ha de emplear 
contra ella medios violentos. No la cogerán 
á usted ni la maniatarán para llevársela á 
viva fuerza. No harán nada de esto, porque 
no es preciso. 

MARIA 

(God grao ansiedad. ) ¿Pues qué harán? 

DON RAFAEL 

El feudalismo de nuestra edad revuelta 
no necesita apelar á esos medios. 

LEON 

Ya sé. Cesáreo está á punto de ser feudal 
tirano de este país. 

DON RAFAEL 



Hoy traen los periódicos, con la noticia de 
la boda, otra que viene á ser la confirma- 
ción de ese feudalismo. 



311 



LOS 199 

¿Qué? 

DON RAFAEL 

El Gobierno, deseando recompensar... m 
sé qué es lo que recompensa, ni el misiw* 
Gobierno lo sabe... concederá á Teodolinda 
y á Cesáreo el título de (Coa énfasis) Duques 
de Agramante. 

LEON 

Muy lógico: en sus manos está toda k 
gran propiedad rústica y minera, 

DON RAFAEL 

Y con la propiedad, la influencia; y con la 
influencia, los resortes de toda autoridad. 

MARIA 

De autoridades oorrompidaa.«« 

DON RAFAEL 

Putrefactas, sí; pero que echan la Imm* 
dera, ¡y ay del que cogen! 

MARIA 

¿Pero todos...? 



21* 



DON RAFAEL 

Todos serán instrumentos de Cesáreo... 
lo son ya, porque la adulación madruga, 
hya mía; no espera que venga el poder: co- 
rre á su encuentro. 

MARIA 

¿Y todos esos enemigos, jueces, alcalde», 
vendrán contra nosotros? 

LEON 

(Comprendiendo.) No: contra mí solo. Ya veo 
claro el ardid de guerra. Es en Tardad dia- 
bólico y terrible.., 

MARIA 

Ya entiendo. León... 

LEON 

Yo «eré el perseguido. 

DON RAFAEL 

El vilipendiado, el encarcelado tal 
(Óyese repique de campanas, lejano, al cml se anea 
pronto otros sonidos de campanas más presumas, ¿* 
timbre diferente.) 

MARIA 

¿Por qué delito? 



2*3 

LEON 

Por el viejo: por mis locuras de hace años 
en Madrid. 

DON RAFAEL 

Ayer estovo Bravito en el Juzgado bus- 
cando un exhorto que, según él, debió venir 
hace dos años, y quedó sin cumplimiento. 

LEON 

No encontrarán exhorto. ¿Mas para qué lo 
mecesitan? Harán lo que quieran. 

DON RAFAEL 

Asegura Bravo que el Duque de Agra- 
mante traerá de Madrid todo el artificio le- 
gal bien preparado. 

MARÍA 

Que traiga lo que quiera. (Animosa.) Contra 
tales armas, levantaremos la verdad inex- 
pugnable. 

LEON 

Y nueskas voluntades firmísimas: somos 
de hierro. 



su 



MARIA 

6omos de bronce. (Con grare acento uno y 
•tro, dando á sus declaraciones gran solemnidad.) 
Aquí, ante nuestro pastor de almas, hace- 
mos juramento solemne de ser el uno para 
el otro, por encima de toda tiranía, de todo 
poder, sea el que fuere. (Se dan las manos. El 

son de campanas aumenta en intensidad por agregar- 
se notas más cercanas, agndas y graves, que armonU 
zan con las primeras.) 

LEON 

Nos juramos eterno amor, fidelidad cons» 
tan te... 

MARIA 

Mutuo auxilio en las tribulaciones. Jura- 
mos hacer de nuestras existencias una sola. 

(Continua el crescendo de las campanas. Se agregan 
las notas graves de k iglesia de la Misericordia y de 
San Pedro, próximas, y la del Cristo, que está en es- 
cena.) 

LEON 

Juramos morir antes que renunciar á 
muestra unión santa. 

MARÍA 

Juramos, y así lo declaramos ante Dios y 



215 

ante SU ministro. (Llega al máximum de intensi- 
dad el concierto de campanas. Pansa de recogimiento 
religioso y solemne. Las voces de María y León espi- 
ran entre las vibraciones del metal... El campaneo se 
va extinguiendo gradualmente por el silencio de las 
más próximas, sonando las más lejanas, basta que 
sólo se oigan las lejanísimas.) 

DON RAFAEL 
(Quedándose como en éxtasis, orando.) HijOS 

míos, dij érase que sobre vosotros ha deseen* 
4ido una suprema bendición... 

LEON 

Ya estamos unidos. 

DON RAFAEL 

(Asustado.) No, no: todavía no. 

LEON 

(Con gran entusiasmo y efusión.) En el Cielo ha 

sonado ese himno... 

MARIA 

Trae á nuestras almas toda la alegría del 
Universo* 

DON RAFAEL 

(Asustadizo.) No, no creáis eso: no os aluci- 
néis. Es la procesión de la Virgen, que pa* 



216 

s¿ por la calzada del Refugio... No está!» 
unidos, ni 6é si llegaréis á estarlo en forma* 
(Coa viva emoción.) Hijos míos, el Cielo está 
con vosotros, la tierra no. 

(Aparecen por la derecha Corral y Bravo, oimf* 
raudo burlones; prorrumpen eo risas.) 

ESCENA III 

Loa miianci; CORRAL, BRAVO. 

LEON 

¿Quién va? 

DON RAFAEL 

¿De qué se ríen? ¿Qué buscan aquí? 

CORRAL 

(Borlón.) Sigan, sigan. 

BRAVO 

Don Rafael, creímos que estaba usted *& 

la procesión. 

CORRAL 

Estaba aquí, repicando en el Crista» 



Íí7 
DON RAPAS!» 

Mis procesiones andan par dentro» y a» 
nacesii&n repiques. 

CORRAL 

(Ja, jai. , . 

BRAVO 

(Ja» jai ¿Pero estaba diciéndoies misa? 

DON RAFAEL 

Misa no; les decía... que sois unos gran- 
des mentecatos, 

CORRAL 

Gracias.., Y este señor nos ha dado el 
quién vive como un centinela.., ¿Es esto 
«astillo, reducto, fortaleza? 

BRAVO 

Quizas lugar sagrado donde no pódeme» 
entrar sin permiso... del señor acólito* 

LEON 

(Aptirto, soateaiéndoseO ¡Canalla! 

MARÍA 

ikpáxte») ¿Ralea vil! 



218 



CORRAL 

Pues entramos para tener el gusto de en 
eontrar á esta señorita... 

BRAVO 

Y el disgusto de decirle que sus padres, 
creyéndola perdida en el monte... (Corre hacia 

la derecha y llama, agitando el pañuelo.) 

CORRA! 

Andan locos buscándola.. . 

DON RAFAEL 

Los perdidos sois vosotros. Ni esta seño- 
rita ni nadie se pierde viniendo conmigo. 

BRAVO 

^Llamando.) ¡Ehl 

J50N RAFAEL 
(Aeereáftdose á Braro.) ¿Pero á quién llamas* 

condenado? 

BRAVO 

Aquí están^ aquí. 



2f 9 
DON RAFAEL 
(Meando á los que vienen.) Estos no podían 

faltar: la entrometidísima Vicenta y el Al- 
caldillo. 

MARIA 

Ya no me importa... Que vengan. 
ESCENA IV 

Los nimios; VICENTA: después el ALCALDE 
VICENTA 

¡Ah! queridísima... ¡Qué susto nos hemos 

llevado! (Al yer á León se santigua.) 

MARIA 

¿Pero no venía con usted su marido? 

VICENTA 

Ha retrocedido para mandar aviso á los 
señores Marquers... 

LEON 

Por lo visto es, además de Alcalde, prego* 
mero* 



220 
MARIA 

Dejémosle... Pregone todo lo que quiera, 

VICENTA 

Yo... acelerando el paso, he llegado 4 
tiempo... 

MARIA 

De salvarme, (irónica.) Extraviada en el 
monte, á punto estaba ya de que me comie- 
ran los lobos. 

VICENTA 

Gracias que se extravió usted con el pa*» 
ter. 

DON RAFAEL 

Díme, Vicentita: ¿al salir do ta casa, de- 
jaste todo bien arreglado? 

VICENTA 

Sí, señor. 

DON RAFAEL 

¿Los nenes bien apafiadicos... la ropa do 

Nicolás corriente de zurcidos y arreglos? 

VICENTA 

¿Por qué me lo dice? 



121 



DON RAFAEL 

Porque si tienes quehaceres en tu es&su, 
aquél es tu puesto... Aquí no nos haces nin- 
guna falta. 

VICENTA 

(Picada.) Don Rafael, yo sé mi obligación 
en mi casa... y en las ajenas. 

ALCALDE 

(Por la derecha, presuroso.) Avisados ya los se- 
ñores, que estaban afligidísimos buscando á 

SU querida hija. (Salada á Marta friafiftente.) Se- 

fiorita, la compañía de don Rafael pone á sal- 
vo el decoro de usted. 

LEON 

51 decoro detesta señorita no há menester 
de acompañamiento para resplandecer como 
•lsol. 

DON RAFAEL 

¡Mucho, mucho! 

ALCALDE 

Nadie le ha dado á usted la palabra* 

LEON 

Yo la tomo. 



ALCALDE 

¿Con qué derecho? 

LEON 

No es derecho: es deber, deber mío... 

ALCALDE 

¡Qué atrevimiento! (a María.) Por conside- 
ración á usted, no le contesto con la dureza 
que me impone mi autoridad. 

BRAVO 

(a León, coa grosería.) x^migo, ¿se le ha que- 
mado á usted el establecimiento? Porque si 
no, no entiendo de dónde pueden salir tan* 

tos humos. 

CORRAL 

Pues no es poco orgulloso... 

LEON 

Sí que lo soy. Alguna razón habrá para 

ello. 

ALCALDE 

pM&rafcdb por la derecha.) Ya SUbsn, ya... 
MARIA 

(Asustada.) Mis padres. 



223 



ALCALDE 

(Á Vicenta, aparte.) Ve á su encuentro; di 
íes.., 

VICENTA 

Ya... 

ALCALDE 

Y para desentendernos de este desagra- 
dable asunto, retírate á casa. 

VIC8NTA 
Bien. (Yase por la derecha.) 

DON RAFAEL 

(Al Alcaide.) Quédate tú. Como autoridad, 
convendría que estuvieras presente. Sabrás 
que ante mí se han dado promesa recíproca 
de matrimonio.;. 

ALCALDE 

{Dios nos asista!... Huracán tenemos... 
No puedo quedarme, don RafaeL Tengo que 
bajar á la estación. 

DON RAFAEL 

Verdad que llega el amo. 



224 

ALCALDE 

Hacia la estación van ya todo* ios amigos» 

CORRAL 

Nosotros también. 

BRAVO 

En marcha* (Salen los tres b&biamác afcoprite» 
da mente») 

MARIA 

(Viéndoles partir.) ¡Caterva infame! Servídte* 
res de' la injusticia, de la mentiré social» 
Dios os confunda. 

ESCENA ? 

MASIA, LEON, DON RAtAlk 
DON RAFAEL 

(Mirando por la derecha.) Cerca vienen ya BJ 
terrible choque se aproxima. 

LEON 

Yo les diré... 



£25 

DON RAFAEL 

No, hijo. (A Mana.) Mi opinión es que nos 
deje solos. 

LEON 

¿Debo retirarme? 

MARIA 

Sí. 

LEON 

¿Debo esconderme? 

MARIA 

No, no... afrontemos la lucha con honra» 
da entereza. 

LEON 

Sin huir el cuerpo, sin volver la cara. Te- 
nemos razón... y basta. (Retírase presuroso por 
b izquierda.) 



4t 



826 



HSClíNA VI 

MARCA. DON RAFAEL, DON PEDRO, FILOMENA. 

DON PEDRO 
(Consternado, trémulo.) María, Mariucha..» 

nuestro buen amigo el Alcalde nos ha dado 

conocimiento... - 

MARIA 

¿Os ha dioho...? 

FILOMENA 

jQue ama* á ese hombre...! 

MARIA 

¿Pero no os ha dicho mi juramento, el 
suyo...? 

DON PEDRO 

Juramentos que nada significan si reco- 
noces tu error... 

MARIA 

Yo no falto á lo que prometo y juro. Lo 
que sabéis es resolución tornada y sostenida 



til 

por la misma alma %m en días aciagos lu- 
chó con la miseria... 

DON PEDRO 

Ya Timos el tesón tuyo de entonces.., 

MARIA 

Pues imaginadlo duplicado, y taréis A da 
«hora. 

DON PUDRO 

ISevero.) ¿De modo que te obstinas...? 

FILOMENA 

Hija, no me hagas olvidar el inmenso ca- 
riño que pusimos en tí... 

MARIA 

Ese cariño siempre lo mereico. El amor 
que os tongo, ahora también se duplica. 

FILOMENA 

(Con maternal oariño.) ¡Oh, qué dolorl... jTÚ, 

María, separar tu existencia de la nuestra. . .1 

MARIA 

Yo sacrificaría mis afectos, mi juventud, 
mi existencia, cuanto soy y lo poco que val- 



go, si viera que con ese sacrificio lograba 
vuestro bien; pero no es así. 

DON RAFAEL 

María vivirá siempre para sus padres. 
Unanse á ella y serán felices. 

DON PEDRO 

Ella es la que tiene que unirse á nos* 
otrog*. Hemos determinado partir hoy mis- 
mo... 

FILOMENA 
¡Oh, Dios mío! (Afligidísima.) 

MARIA 

(Con viva emoción acude á Filomena.) Madlt 

querida, ¿por qué te atormentas? Papaíto* 
si creíste en mí, ¿por qué no crees ahora? 

DON PEDRO 

(Besándeia.) María, Mariucfoa, mi encanto* 
mi alegría... ven... 

FILOMENA 

(Los tres están un momento abrazados.) Mi CÍeÍ0 f 

mi gloria... ven... siempre juntos... Seráf 
feliz al lado nuestro... Piensa en tus herma- 
nitos... en Cesáreo. 



229 
MARIA 

(Con movimiento de horror.) jOh, no! (Se separa 
de ellos. Recobra súbitamente su entereza.) 

DON PEDRO 

Ven... Partiremos. 

MARIA 

(Con aceato grave, retirándose más.) Yo. dolo- 
rida de esta separación, destrozada el al- 
ma... me quedo aquí. Partid vosotros. 

DON RAFAEL 

No ablandarán este bronce. 

MARIA 

Queridos padres, habréis de decidiros 

pronto, porque el caso no admite dilación. 
Escoged ^ntre estos dos caminos: ó vais con 
Cesáreo, ó venís conmigo. 

DON PEDRO 

No podemos someternos á tan horriM« 

dilema. 



sai 

FILOMENA 

Tú con nosotros... 

MARIA 

(Intentando de nuevo moverles por la ternura.) 

¿Pero no estáis contentos de mí? En estos 
días de Agramante, que empezaron angus- 
tiosos y luego se volvieron risueños, apaci- 
bles, ¿qué os ha faltado? ¿No teníais cuanto 
necesitábais, y sobre lo necesario, algo de lo 
superfluo, más grato por ser muy bien me- 
dido?. . . Pues si esto teníais y esto os ofrezco, 
¿por qué preferís ahora correr hacia un mun< 
do de vanidades, donde no seréis más que 
un reflejo desconsolado de grandezas ajenas? 

DON PEDRO 

A la sombra de la posición de jmestw 
hijo, podremos restablecer nuestra posición. 

MARIA 

A la sombra del poderoso, los nobles em- 
pobrecidos se llaman parásitos , y jo m üú 
quiero para tí este nombre. 

DON PEDRO 

(Irritad©.) ¡María! 



231 



FILOMENA 

(Severa y orguiiosa.) ¡Oh! No pensarías así SÍ 
no estuvieras trastornada por una pasión 
absurda... Por la Virgen, señor Cura: ayú- 
denos á domarla. 

DON RAFAEL 

En ella veo la razón, en ella la verdad. 

FILOMENA 

Ese amor es loco, insano, y lo combatire- 
mos como el mayor de los oprobios. 

DON PEDRO 

(Arrogante.) No lo consentiremos. 

FILOMENA 

Tú misma, mirando á tu linaje, á noso» 
tros, deb&s rechazarlo. 

MARÍA 

No, no. 

FILOMENA 

¿Na merecemos que sacrifique su inclina- 

CÍÓB? 



2 53 



DON RAFAEL 

(Con energía*) Más merecedora es ella de que 
ustedes sacrifiquen su orgullo . 

DON PEDRO 

No es orgullo, es dignidad, y ésta no pue» 

de sacrificarse. 

MARIA 

(Cortando la disputa.) Padre y madre muy 
queridos, uo nos entendemos. Partid si así 
lo habéis determinado. No iré con vosotros, 

DON PEDRO 

(iracundo.) Esto ya es intolerable. 

FILOMENA 

(Con gran severidad.) HemOS ÜlVOCado tu Ca* 

riño filial; ahora reclamamos tu obediencia . 

MARIA 

En esto no puedo obedeceros. (Con entona- 
ción vigorosa y grande entereza.) Marqués de AJto- 

Rey, tu hija, tu Mariucha, no comerá ja- 

más el pan de Teodoiinda. 



833 
DO* PSDSO 

(Confuso.) ¿Qué dice? 

MARIA 

(Con gradual energía.) ¿Habéis olvidado el ori- 
gen de ese pan, del amasijo de riquezas que 
lleva sobre sí la que será esposa de vuestro 
hijo? Yo os lo recordaré. Fué su fundamen- 
to la odiosa, la infame esclavitud. El padre 
de Teodolinda vendía negros, y su primer 
esposo los compraba... ¿Este comercio os 
parece más honroso que el mío?.., Ved ese 
caudal aumentado rápidamente con la usu- 
ra de sangre humana, más inicua que la del 
dinero... vedlo crecer, crecer luego en mon- 
tones de oro, y hacerse fabuloso, negociando 
en medio de las corrupciones coloniales... 
Ese pan es el que vais á comer. Yo antes 
moriré que probarlo: me envenenaría el al- 
ma. Prefiero el pan amasado en el suelo po- 
bre de mi patria, santificado con mi trabajo 

(Con tiera energía, apretando los puños), extraído ¡á 

pulso! con inmensas fatigas de la tierra du- 
ra, de la tierra madre en que todos nacimos. 



234 



DON PEriR O 

(Desconcertado.) No puedo renegar del apo* 
yo que nos trae Cesáreo. 

FILOMENA 

Mi pobre hija delira. 

DON RAFAEL 

Tolerancia, Marqués, en nombre de Dios. 

DON PEDRO 

Obediencia en nombre de mi autoridad, 

FILOMENA 

Que renuncie á ese amor afrentoso. (Asien- 
te dou Pedro.) 

MARIA 

(Rebelándose.) Afrentoso habéis dicho, y 
contra eso tengo que protestar con toda la 
fuerza de mi alma honrada y de mi con- 
ciencia pura. 

FILOMENA 

Si es inútil, María, que pretendas extra- 
viarte. No lo consentiremos. 



DON PEDRO 

Medios le sobran a Cesáreo *ara... 

MARIA 

(Disnarándese.) Los medios que empleará 
mi hermano, vosotros no podréis autorizar- 
los: son un delito... En otros tiempos, cuan- 
do estorbaba una persona, se le daba muer- 
te; en éstos, no más humanos, pero si mas 
hipócritas, á esa persona que estorb¿ la 
mata legalmente, civilmente... y esto, vos- 
otros, nobles de raza, no podéis consentirlo. 
Si lo consentís... 

FILOMENA 

No es cosa nuestra. Cesáreo, que reía por 
la familia, sabe k que tiene que nacer. 

Mari a 

Pues si Cesáreo saoe lo que tiene hacer, 
sabed vosotros... 

DON PEDRO Y FILOME-XA 
,SiQiültane<imeüte, con gr¿& *Bsiée«-d. ¿Qué? 



236 



MARIA 

Que habéis perdido á vuestra hija, que se 
os ha muerto vuestra hija. (Apártase ha** el 

fondo.) 

DON PEDRO 

¡María! 

FILOMENA 

¡Hija! 

MARIA 

Dejadme. Soy libre. (Apártase máe.) 

DON RAFAEL 

La ley le concede ya libertad... 

MARIA 

Y yo la tomo. 

FILOMENA 

¡Qué sería de tí, pobre criatura, si...í 

MARIA 

Antes de aprender á libertarme aprendí 
á vivir por mí misma. 



DON PEDRO 

(Enaltado.) Pero yo te traigo á la obedien- 
cia. Eres mi hija. 

MARIA 

Ya no soy vuestra. Soy mía, mía. (sobe 

por la escalerilla del fondo.) 

FILOMENA 

(Aterrada.) ¡Huye de nosotro»! 

DON RAFAKL 
Y yo COn ella. (Sube tras de María.) 

ESCENA VII 

Loe míímoi; CESAREO, el ALCALDE, ROLDAN, CORRAL f 
algunos SEÑORES de Agramante. 

CESÁREO 

(Por la derecha, presuroso, alarmado por lo que 
le han referido y por lo que ve al llegar.) ¿Qué...? 

¿Qué ocurre...? 

DON PEDRO 

(Atribulado.) ¡Cesáreo! 



238 

FILOMENA 
(Idem.) ¡Hijo mío! 

DON" PEDRO 

¡María... huya de nosotros! 

FILOMENA 

(Señala la ligara de María, que en mi andar in- 
cierto se oculta y reaparece entre el follaje.) Hija 

adorada... hija loca... ven. 

CESÁREO 

(Risueño, presuntuoso, confiado en sí mismo.) Es- 
tad tranquilos. Yo la someteré. 

MARIA. 

(Desde lo alto.) Soy libre. 

OESÁRBO 

(Imperioso.) ¡María! 

I>ON PEDRO 
{Dolorida y cariñoso.} jMariuchal 



M4RIA. 

(Subiendo más.) No me llaméis... Desde este 
tostante sólo á Dios tengo por padre. (Huye 

por el monte. Don Rafael va tras ella. Consternación 
de los padrea. Cesáreo arrogante , confiado ea ú 
mismo.) 



Itt? we# ¿oro cu*! to 



ACTO QUINTO 



Almacén de hulla. Local grande, de sólidos maros y 
techo abovedado. 

A la derecha, primer término, un ventanal; á la iz- 
quierda un estante con herramientas y otros obje- 
tos, pedazos de ñejes, tablas, etc. El foro está divi- 
dido: á la izquierda, un cuerpo saliente, que es una 
de las habitaciones particulares de León, con una 
puerta frente al público, y otra lateral que da al 
foro, y almacenes. Por la derecha de este foro se 
▼a á la calle. 

Utensilios propios del comercio de carbón. Banquetas 
y muebles toscos. Es de día. 

ESCENA PRIMERA 

El ALCALDE, que entra por el fondo; DON RAFAEL, ojie sai» 
por la patria ptquesa del fondo. 

ALCALDE 

(Sorprendido.) ¿Pero estaba usted aquí? 

DON RAFAEL 

¿Pues dónde querías que estuviese? Mi 
papel es consolar á los oprimidos, como el 
tuyo adular á los poderosos. 

46 



242 



ALCALDE 

No estamos para sermones. Dígame, ¿han 
vuelto á su casa los señores Marqueses? 

DON RAFAEL 

Sí. 

ALCALDE 

¿Y la Marquesita? 

DON RAFAEIf 

En mi casa, 

ALCALDE 

Dijeronme que avanzó monte arriba largfr 
trecho... 

DON RAFAEL 

Desolada, quería ser como fiera vagabun* 
da del bosque. Yo no podía seguirla. La re* 
duje al fin... Los padres, en cuanto se ente- 
raron de que estaba en mi casa, corrieron 
allá. Escena de lágrimas... desmayo de Fi- 
lomena, pucheros del papá... Pero Mariucha 
Inflexible. Se ha encastillado en su potente 
voluntad, y cualquiera la rinde. 



243 



ALCALDE 

¡Contentos están de usted los Marqueses 
y don Cesáreo! 

DON RAFABL 

Ya, ya... Si á todo trance querían some- 
ter á María por el terror, y martirizarla en 
su propia casa 6 en un convento, valiéranse 
de otros de mi oficio, que los hay, vaya si 
los hay, dispuestos para eso y para mucho 
más; pero este Cura no es de esa euerda... 

ALCALDE 

¡Qué demonio! D. Cesáreo ha de mirar 
por el decoro de la familia, por el lustre de 
su nombre. 

DON RAFAEL 

(Burlón.) ¡Mucho, mucho! Lustre nuera á 
«osas viejas, y barnizar coa oro y púrpura 
las grandezas podridas... 

ALCALDE 

Reconozcamos que ia posición que tendrá 
don Cesáreo dentro de unos días le dará un 
poder formidable... 



244 



DON RAFAEL 

¡Malditas posiciones, que son como lo» 
castillos roqueros de antaflo, de dondb*sale 
toda asolación de pueblos, todo el atropello 
y vejámenes de personas! 

ALCALDE 

Pero fíjese usted... Si Mariquita se sato 
con la suya... Lo que yo digo... 

DON RAFAEL 
(Interrumpiéndole.) Cállate. Todo lo que tú 

puedas decirme me lo sé de memoria. Es el 
lenguaje del servilismo, que entre las pisa- 
das de los poderosos cultiva su interés. ¡El 
decoro de la familia, el nombre! Vale más 
un cabello de Mariucha que todos los nom- 
bres y remoquetes de los innumerables fan- 
tasmones que pueblan eC mundo. 

ALCALDE 

(Queriendo explicarse,) Oigame... JO digo 

que... 

DON RAFAEL 
(Sin l Ajerie caso, con calor.) ¡Las posiciones! 

¡Que m i dé Dios vida para verlas arrasadas, 
hecha ti bla rasa de todo este feudalismo in- 
decente! ^a; abur. 



*4S 

alcaldi 

Aguarde: nosea tan vivo. 'Aitontario." Ten« 
go que advertirle... 

DON R AFAKL 

¿Ordenes del bajá de tres colas... del Ex- 
celentísimo Sr. Duque...? 

ALCALDB 

Ordenes mías. Primero: no conviene que 
visite usted á este hombre. Segundo. Pues- 
to que tiene á la fierecilla en su casa, exhór- 
tela, aconséjela con todo el sermoneo que 
usted sabe emplear cuando quiere, y una 
vez dueño de ella 

DON RAFAEL 

Le echo al cuello una soga, y la traigo al 
redil paterno. 

ALCALDE 

Sin soga ó con soga, entendiendo por ésta 
la autoridad religiosa ;y moral. Antes de las 
tres ha de estar la señorita bien catequiza- 
da y bien amansada en casa de sus padres, 
para que puedan tomar todos el tren de las 
cuatro... 

DOX RAFAEL 

Bien, Nicolás. ¿Lo manda el amo? 



$46 



ALCALDE 

Lo manda el sentido común; lo manda 
también el señor Obispo, ¡ojo! qua es muy 
amigo de don Cesáreo y... 

DON RAFAEL 

(Ríeodo.) Mucho, mucho... ¡ja... ja!... ¿Coa 
que á las tres? 

ALCALDE 

Lo m*s tarde. 

DON RAFAEL 

Pues la traeré, hijo; traeré á la Cerecilla..* 
No te incomodes. La verdad es que tenga 
yo un miedo fenomenal á mi señor Duque, 
y al Obispo, y á tí... ¡Mucho, mucho...! (Va» 
riendo p#rel fondo.) 

ESCENA II 

£1 ALCALDE, ROLDAN, CORRAL, **r •) focdft. 
ROLDAN 

Risueño va el curita... 

ALCALDE 

Déjale, que ya le cortarán la risa... ¿Y 
don Cesáreo? 



247 
CORRAL 

Ahora salía del Juzgado. 

ALCALDE 

¿Y el Juez...? 

CORRAL 

Enteramente á su devoción. 

ROLDAN 

Según eso, á este hombre se le puede can- 
tar el responso. 

ALCALDE 

Yo entiendo que cederá en cuanto vea la 
que se le viene encima... El mismo* será el 
que desencante á la encantada señorita... 
Para mí, á eso tira don Cesáreo... 

CORRAL 

Entiendo que no cede. Está enamoradí 
simo del ángel. Lo que hará será suicidarse 
y me alegro. 

ALCALDE 

{Hombre...! 

CORRAL 

Digo que allá me espere muchos aflos. 



148 



ESCUNA ra 

Lftf CESAREO,, pof «1 feafo 

CESÁREO 

(ai Atilde.) ¿Vió usted á ese maldito Cura; 

le dijo...? 

ALCALDE 

Que se arregle como pueda, ya por lo reli- 
gioso, ya por lo moral, para encadenar á la 
rabel cte... 

CESAREO 

Muy bien. 

ALCALDE 

Y traerla á casa de sus padres. 

CESAREO 

O convencida ó resignada: no hay otro re- 
medio. Y ello ha de ser pronto... 

ALCALDE 

Sí: para que tengan tiempo de tomar el 
tren... 

CESAREO 

Pues adelante... Ba: suélteme usted la 
ñera. Verán qué pronto la amanso, (a Roidáa 
7 corral.) Señores, despéjenmela cueva..* 



CORRAL 

Aguardaremos fuera,.. (Vanae corral y Roi- 

4án por al foro. El Alcalde entras, aa las habitaciones 
ie Leoii y sale em aeguida.) 

ALCALDE 

¿Le dejo á usted solo? 

CESAREO 

Sí... En cuanto hable usted con el Cura, 
hágame el favor de pasar á casa de mis pa- 
dres y advertirles que estén prevenidos... 
que vendrá María, que partiremos todos... 

ALCALDE 

Está bien... (Retirase él Alcalde por el foro; 
«parece León.) 

KSC&NA ÍV 

LfiON, CESAREO. (Este se \mt* los guantes oon presteza y loé 
aneja sobre el baaco de cerrajería.) 

(Coa fría urbaüidad.) Siento que venga usted 
á este almacén, lugar tan impropio para vi- 
sitas,.. Hubiera ido yo á donde se me de- 
signara... 



no 



CESAREO 

Aquí estamos bien, señor... (Vacilando en ei 
tratamiento. ) Creo inútil... y tonto... que nos 
engañemos dando yo á usted un nombre 
que no es el suyo. De antiguo nos conoce- 
mos, Antonio Sanfelices. 

LEON 

(Con gran tranquilidad, en pie.) Ese 6S mi nom- 
bre. A punto estuvo usted de conocerme 
aquel día en la sala de Alto-Rey... El pol- 
vo de carbón me sirvió de máscara... 

CESAREO 

Tras el velo negro creí ver el rostro del 
que fué mi amigo, del que dejó de serlo... 
no por culpa mía. 

LEON 

Por mi culpa, jes verdad. Muchos amigos 
dejaron de saludarme. Algunos, pocos, me 
favorecieron con un trato de pura fórmula* 

CESAREO 

Yo fui de esos. 

LEON 

Nuestro trato había sido hasta entonce» 
muy cordial. Nos tuteábamos. 



CESAREO 

Cierto. 

LEON 

Y aun pareció que quería msie«l distin- 
guirme con una benevolencia de pura fór- 
mula. 

CESAREO 

Benevolencia que tú... (yivameüte, con trao- 
■ición de la rigidez á la sinceridad.) Perdone us- 
ted: siento vivas ganas de tutearle ahora 
como antes.. . Me sale de dentro. 

LEON 

Yámí. 

CESAREO 

No porque el tuteo sea más familiar, más 
Intimo, sino porque es... 

LEON 

Más rencoroso... 

CESAREO 

Más expresivo... 

LEON 

Puede une desfogar su pecho.*. 



KM 

CWSARKO 

Sí, sí... Pues decía yo que no merecía» 

mí benevolencia. 

Yo creo que sí la merecía. 

CKSA.R20 

Hoy, con el mismo sentimiento compasi- 
vo miraría yo tu mengua... Pero resulta 
que no te avienes á llevarla solo, y quieres 
compartirla con una familia ilustre.. . 

LEON 

(Inalterable en su tranquilidad.) No doy ni qui- 
to mengua, ni con nadie la comparto, por- 
que no existe. 

CESÁREO 

¿Que no existe? ¿Quién la ha borrado? 

LEON 

(Con orgullo y convicción.) Yo la he borrado, 
yo. (insistiendo.) Digo que yo la he borrado, y 
basta. Si la conciencia humana no pudiera 
ennegrecerse y limpiarse como esta cara 
mía, que viste tiznada de carbón y^ahora 
ves blanqueada por el agua, no seríamos 
hombres, seríamos animales* 



253 

CESAREO 

Retóricas... Eso se dice. 

LEON 

Y se hace. Puedes creerlo, puede» dudar- 
lo. No tengo interés en convencerte. 

CESAREO 

Si, en efecto, lavaste tu afrenta, ¿por qué 
no procuraste que así lo comprendiese tu 
tío el Marqués de Tarfe, el noble anciano 
que...? 

LEON 

Por escrito le dije lo mismo que de pala- 
bra te he dicho á tí. Pero no me creyó. Como 
tú, me dijo: "Retóricas. „ 

CESAREO 

¿Sabes que murió tu tío? 

LEON 

Lo sé. 

CESAREO 

¿Sabes que en su testamento no te dejó 
BÍ el más pequeño legado? 

LEON 

Lo sé. No esperaba herencia ni legado. Y 



la verdad, no sentí la preterición de mi 
nombre en el testamento. Me satisface más 
vivir de lo que he adquirido con mi trabajo. 
Cada uno tiene su manera de borrar lo que 
fué, para dar mayor vida y realce... á lo 
*|ue es . 

(CESAREO 

¿Y de la causa que se te formó no tiene» 

noticia reciente? 

LEON 

Si no recuerdo mal, me dijo el Marqués 
al despedirme, que se había sobreseído la 
causa. Supe que mis compañeros de infortu* 
nio fueron absueltos libremente. Por absuel* 
to me tuve también. 

CESAREO 

Pues no lo estás. 

LEON 

¿Lo sabes tú? 

CKSARIO 

Antes de venir aquí, quise conocer los 

antecedentes jurídicos de Antonio* Sanfe- 
lices. En el Juzgado vi que el expediente no 
está sobreseído, y que fácilmente se le pone 
en tramitación. 



255 



LEON 

¡Pues no te has dado poca tarea! ¡Tanto 
interés en contra mía! ¿Es por la justicia? 
(Coa severidad.) No: es porque amo á tu her- 
mana. 

CESAREO 

Por ambas cosas. Por ia justicia en el 
concepto general, por la justicia en mi pro- 
pia casa. Con una acción sola impongo cas- 
tigo á quien lo merece, y corto el paso al 
hombre manchado que pretende entrar en 
ini familia. 

LEON 

¡Y con ese fin desentierras mi proceso,., 
y le das impulso en Madrid, y aquí te ro- 
deas de autoridades serviles para consumar 
tu obra, que quiere ser justicia, escarmien- 
to, preservativo de la familia, y al fin ven- 
ganza, porque eso viene á ser en realidadl 

CESAREO 

Justicia, venganza, preservativo, escar- 
miento, llámalo como quieras, y entrégate; 
ríndete ante un hecho contra el cual nada 
podrás 



LBON 

¿Que no podré?. . . Bueno, (ge crma* de brtut 

y le mira, expresando una calma efltoici* Ptim. Gé* 
•A reo le mira.) 

CESAREO 

(Con expectación.) ¿Desistes?... |T§> d*8 por 

vencido? 

'león 

No desisto. Persigúeme sin piedad. Cual- 
quiera que sea mi situación, amaré á tu 
hermana... 

CESAREO 

(Sin qnitar de él loa ojos,) COB amor dte 6H^ 

sueño nada más. 

LEON 

Con el amor que siento ahora, el cual na 
se satisface sino haciéndola mía para siem* 
pre. 

CESAREO 

(Airado.) Te prohibo nombrar á mi her* 
mana. 

LEON 

¡Si su nombre está siempre en mí, cuan- 
do no en mis labios, en mi pensamiento! 



257 



¡Prohibirme que piense! Tú á prohibir, yo á 
pensará veremos quién gana. 

CESAREO 

(Enardeciéndose ante la calma de León.) Esa es- 
tudiada calma, esa serenidad burlona no es 
más que la expresión de un cinismo repug- 
nante que merece castigo, y me veré obli- 
gado á dártelo. 

LEON 

(imperturbable.) Muy bien. Pues ese castigo 
de mis maldades caiga sobre mí. I nipón me- 
ló pronto, tú... con tu propia mano. No te 
importe estar en mi casa. 

CESAREO 
¿Despreciativo.) Yo UO: la ley. 

LEON 

jÁh! es verdad: ya no me acordaba. Tú, 
creyéndome deshonrado, no puedes medir 
conmigo tus armas de caballero... ¿Y para 
qué habías de exponer tu vida, si ahí tienes 
la ley, auxiliar cómodo y barato, y puedes 
aniquilarme con tu poder feudal sin ningún 
riesgo? Yo, que nada puedo, sucumbiré, y 
tú quedarás triunfante, con la satisfacción 
de haberte librado de un enemigo sin de- 

4 7 



reamar ni una gota de sangre, sin un ras- 
guño, sin la menor molestia,.. 

CESAREO 

¿Qué quieres decir? ¿Que temo batirme 
contigo? 

LEON 

En otras circunstancias no lo temerías. 
Hoy, ¿para qué habías de temer lo que no 
necesitas?... Pues ni con el duelo, si el due- 
lo fuera posible, ni con écharme á los lobos 
de la Curia, conseguirás que yo desista, No 
sabes, no podrás saber nunca, Cesáreo, á 
dónde llega mi resistencia. El día en que 
creíste reconocerme, tu hermana dijo: "No 
es aquél, Cesáreo; es otro.,, Gran verdad 
salió de aquel divino labio. No soy aquél: 
soy otro. 

CESAR KO 

Palabrería, orgullo, afectación, (contiene su 

ira; trata de dominar á León en otra forma, sugi- 
riéndole ideas de amargara y desesperación.) Si la 
ley te coge en su garra y no te suelta, que 
no te soltará, caerás en grande abatimien- 
to... perderás tu negocio.., no volverás á ver 
á mi hermana, ni oirás siquiera su nombre. 
Ninguna ilusión te consolará, y el amor mis- 



mo se te ha de convertir en un vacío angus- 
tioso, que te inspirará el horror de la vida* 
Tus días serán solitarios, tus noches ^erán 
lúgubres. No te quedará más consuelo que el 
sueño, el eterno olvidar, el eterno dormir, 

LEON 

(Calmoso, risueño.) Ya veo tu idea. Y es in- 
geniosa, Cesáreo... Claro, no me queda más 
que una solución: el suicidio. 

CESAREO 

No es solución: es fatalidad. 

LEON 

¡Ah, Cesáreo, qué mal me conoces! He 
padecido tanto, tanto; he llevado la carga de 
la vida en condiciones tales, que el yivir era 
para mí lo mismo que llevar á cuestas un 
cadáver... Pues aunque llegue á ser mi vida 
más abrumadora de lo que fué, aunque so- 
bre ella pongas los desconsuelos más negros 
y las tribulaciones más horribles, subiré con 
ella á todos los calvarios. No, Cesáreo: yo.*. 

ÜO me mato. (Se sienta impávido.) 

CESAREO 

(Aparte, coa f uso, paseándose ) ¡DüfO CO&O Una 
peña! 



260 

LKON 

Si son tabas con mi suicidio, desecha esa 
esperanza... Busca otra. 

CESAREO 

(Fogoso, con arranque de sinceridad.) ¿Cuál? 

¿Pbr quó camino desaparecerás y se perderá 
de vista tu existencia...? 

LEON 

Por ninguno. Todo lo soporto: deshonra, 
miseria, cárcel. De todas esas muertes resi> 
cito. 

CESAREO 

María te olvidará. 

LEON 

María no olvidará á su maestro. 

CESAREO 

Se avergonzará de haber querido á HA 
criminal. 

LEON 

Nunca. María cree en mí> 

CESAREO 

Dejarás de verla. 



26* 



LEON 

Esperaré. 

CESAREO 

A tí y á ella, por medios distintos, quita- 
remos toda esperanza. 

LEON 

¡Aboliría esperanza! ¡Pues de Dios se dice 
que no quita la esperanza, y la vas á qui- 
tar tú! 

CESAREO 

(Exasperado gradualmente, su ira va creciendo 
hasta llegar al paroxismo.) Yo no Consiento, no 

puedo tolerar, no quiero, no quiero que en- 
tres en mi familia. 

LEON 

No tengo interés... Con tal que tu herma* 
na entre en la mía... 

CESAREO, 

(Cegándose más.) Infame, soy caballero j 
castigaré tu insolencia. 

v jEON 

Yo soy estóicc, y no temo ningún cas» 
tigo. 



262 



CESAREO 

Cínico: pues no te rindes, expiarás los 
delitos que cometiste y quedaron impunes. 

LEON 

Está bien; es justo. Pero ni por ese me- 
dio, ni por el duelo, que como caballero na 
puedes aceptar, ni por el suicidio, que yo 
rechazóle librarás de mí. No te queda más 
recurso que el asesinato... Asesíname, si te 

atreves. (Sio perder su serenidad, se levanta.) 

CESAREO 

(Frenético, disparado ya y con rabia impulsiva.) 

jPues sí: me atrevo... el asesinato... el cri- 
men! (Ciego, se precipita hacia el banco de cerraje- 
ría que está tras él, y palpando basca mn arma.) ¡Te 

mato... villano!... ¡Muerte!... 

LEON 

(Acercándose.) ¿Buscas Un arma? (Señalando 
al estante, en el cual, entre variedad de herramien- 
tas, hay cuchillos, limas y hacha.) Ahí tienes. Es- 
coge lo que te parezca mejor. Yo estoy des* 
armado. 



¿63 



CESAREO 

(Exaltado, bascando.) Esto... (Coge ana lima y la 
suelta con repugnancia.) No: esto 110. (Coge un ha- 
cha.) Esto... tampoco. (Lo arroja con desdes.) 

LEON 

¿Ves? No puedes. Tu naturaleza rechaza 
la brutalidad... Y hay en mí una fuerza 
ante la cual tu orgullo acaba por rendirse. 

CESÁREO 

SL. tu cinismo. 

LEON 

No: mi razón... la razón que me asiste. 

CESAREO 

(Pasándose la mano por los ojos.) No Sé qué es 
esto. (Cae desalentado en un banco, por la brusca se- 
dación que sigue al desmedido esfuerzo.) No es co- 
bardía; no me creerás cobarde. (Se lleva la ma- 
no al rostro. Aparecen por el fondo don Rafael, María, 
y tras ellos tres personas (que no hablan), Cirila, otra 
criada, el sacristán de la parroquia sin sotana, que 
trae un saco de damasco rojo con ropas eclesiásticas 
y varios objetos de culto envueltos en telas, crucifi- 
jo, candeleros, libro de ritual. Entran sin ser vistos en 
las habitaciones particulares de León por la puerta 
lateral uel foro. María permanece en escena.) 



26 i 
LEON 

(Acercándose á Cesáreo.) Sí lo eres. Valiente 

serías para matarme. Te falta valor para re- 
conocer que eres injusto. (Acércase María lenta- 
meóte.) 

ESCENA T 

LEON, CESAREO, MARIA, DON RAFAEL; 
después el ALCALDE. 

CESAREO 

Fija la vista en el suelo, fatigado.) Soy justi* 

ciero. 

MARIA 

No puede ser justiciero el que antes no 
sabe ser justo. 

CESAREO 

(Aterrado por la voz y la presencia de María») 

¡María! 

MARIA 

(Serena y grave.) Hermano querido: ni las 
acciones violentas ni las voces airadas va- 
len conmigo. Con pocas palabras pondré yo 
fin á esta lucha, y haré que prevalezca sobre 
tu justicia egoísta y menguada, la verdade- 
ra justicia. ¿Decides matarle? Pues también 
á mí. 



265 



CESAREO 

(Vacilante, turbado.) Matar... matar no. 

MARIA 

¿Decides el tormento curial, legal, 6 como 
quieras llamarlo? Pues aquí estoy para com- 
partirlo. (Aparece el cura por la puerta del foro.) 

ALCALDE 

(Entrando presuroso por el fondo.)! Señor don 

Cesáreo, el maldito Cura pretende ganar- 
nos la partida. 

CESAREO 
(Alarmado.) ¿Qué hay? 

LEON 

(Que ha hablado con don RafaeL) Nada, que 

cuando la razón quiere vencer, emplea los 
medios más sencillos. Como es inquebran- 
table resolución de María compartir mi 
suerte... 

DON RAFAEL 
[Vivamente, adelantándose.) Y como no es de- 

coroso que, al partir hoy los señores Mar- 
queses, permanezca en Agramante su hija... 
soltera... 



2ti6 
CESAREO 

Yo he determinado que parta con nos- 

CU"OS. 

DON RAFAEL 

Espérese un poco... yo he determinado 
casarla. 

CESAREO 

jOh burla villana, desprecio de mi nom- 
bre, de mi familia! 

ALCALDE 

(Furioso.) Esto no puede ser. Yo mande 
que... 

DON RAFAEL 

Y yo desobedezco... No te canses en man- 
dar cosa alguna. Aquí, señor Duque, aquí 
mismo les caso. 

CESAREO 

¡Pero se atreve...! 

DON RAFAEL 

¡Que si me atrevo! Van á verlo. (Dirígese á 

U habitación del fondo; abre la puerta. Se ve que es- 
tán improvisando una capilla. En la mesa del fondo 
ban puesto ya un paño de altar y el Santo Cristo. Con- 
tinúan preparando y adornando ei altar.) 



ALCALDE 

¿Qué hacen ahí? 

DOI$ RAFAEL 

Todo está bien dispuesto, y m© faltará 
ningún requisito. 

CESAREO 

(Airado.) ¿Pero no saue usted que incurre 
en responsabilidad? 

DON RAFAEL 

Firme en mi conciencia, yo afrento esa 
responsabilidad. 

ALCALDE 

Se le formará proceso... 

CESAREO 

Le sentaremos la mano. 

DON RAFAEL 

Yo siento el pie sobre la cabeza del feuda- 
lismo. . . Cierto que no podré aplastarla; pero, 
por de pronto, hago rabiar al poderoso y le 
trastorno sus planes inicuos. 

alcai.de 
Se incoará el expediente, 



DON RAFAEL 

Tillo será inútil... y tonto, porque yo caso 
á estos jóvenes, y á ver, caballeros, quién 
es el guapo que los descasa. 

MARIA 

Hermano mío, si la crueldad y el odio pre- 
valecen en tí, aquí nos tienes: somos do» al- 
mas para el sufrimiento. 

CESAREO 

El odio^no existe. Otro sentimiento me 
mueve ya. Solviéndose hacia el Alcalde.) Mi her- 
mana ha muerto... Muerta la lloraremos... 
Vámonos. 

DON RAFAEL 

En nombre de Cristo, yo le incito á usted 
á la concordia, á la mansedumbre, al amor, 

(Pausa.) 

CESAREO 

(Vacilando, se pasa la mano por los ojos.) Qui- 
siera... (Después de breve lucha interior.) No... 
imposible... imposible. (Para sí, consternado.) 

¡Muerta Mariucha!... No puedo... no quiero 

verla... (Sale precipitadamente; tras ól el Alcalde.) 



269 



ESCENA ÚLTIMA 

MARIA, LEON, DON RAFAEL. 

DON RAFAEL 

(Suspirando.) ¡CófílO ha de ser! (Dirígese á la 
habitación del fondo; se quita la esclavina.) ¿Está 
todo pronto? (Se ve que han puesto los caade- 
leros. Encienden las velas. Cirila pone sobre el altar 
búcaros con flores. Don Rafael les da prisa; sacan las 
ropas, capa, estola, y las colocan sobre un sillón.) 

MARIA 

(Afligida.) ¡Me lloran muerta! 

LEON 

(Estrechándole las manos.) Los muertos SOI1 

ellos, vida mía. 

MARIA 

(Con efusión.) Yo vivo, sí; yo estoy viva. 
Vivo en mi conciencia, vivo en mis deberes, 
en las obligaciones de mi casa, de nuestra 
casa. Yo estoy viva. En mí rebosa la salud, 
estalla la alegría, y enciende el alma todas 
sus luces: la fe, la esperanza, el amor. Yo 
estoy viva. (Fijándose ea el ventanal, ve a.ue pasan 



270 

■na padrea ;*or el exterior.) jAh, León... WÍfflp 

'os... mis padres...! 

LEON 

Sí... Van hacia la estación, 

MARIA 

(Acercándose.) Véalos yo un instante. ¡Po- 
bres padres míos! Van tristes, agobiados... 

LEON 

Como si asistieran á su propio entierro. 

MARIA 

(Con viva compasión.) Ya se alejan... Cesáreo 
se une á ellos... les habla... les dice que he 
muerto. Mira, mira... lloran... ¡Pobrecitos 
de mi alma! 

LEON 

Lloran; pero siguen... Se van... Por va- 
nas pompas abandonan los afectos más pu- 

1'uS... 

MARÍA 

Aceleran el paso... Ya no les veo... 

LEON 

(Enlazándola por la cintura, la retira del venteo*!,) 

Son la generación que fué, que ya vivió y 

pasa. 



874 

MARÍA 

jQué tristeza despedir á los que se van ' 
para siempre! 

LEON 

Consolémonos pensando en la eficacia de 
nuestro destino. Si una generación nos vuel- 
ve la espalda y desaparece, abramos nues- 
tros brazos esperando á la que ha de venir. 

MARÍA 

Delante de nosotros hay mucha vida, afa- 
nes, alegrías... 

LEON 

El cuidado inmenso de las vidas presen- 
tes... de las Vidas futuras... (Aparece don Ra- 
t\e\ en la puerta del foro, dispuesto á revestirse; tras 
él, el sacristán le ofrece la capa pluvial; el monaguillo 
le alarga la estola.) 

DON RAFAEL 

(Les llama con cariñosa jovialidad.) ¡ Juventud, 
1MJUÍ! (María y León, lanzando uoa exclamación de 
júbilo, corren hacia él.) 



FIN DE LA COMEDIA